El éxtasis artístico

No es la primera vez que se habla en Universo de A de como influye el arte en la sociedad (como ejemplos podríamos poner estos artículos: uno sobre el arte en general y otro que concreta en el cine y en su eterna pregunta de si es arte o industria), pero la verdad, nunca he profundizado en comentar en como lo hace en el individuo, como se enfrenta este cara a cara con una obra de arte, y en concreto, los amantes del arte. Creo que este artículo es una gran idea puesto que podré profundizar en esa idea (y ya de paso, porque en este blog parece que no se conciben los artículos sencillos y rápidos de escribir, acabé profundizando muchísimo más sumando otros dos artículos, uno sobre el placer del conocimiento y otro con citas que reflexionan acerca del deleite de adquirirlo).

Hay mucha gente a la que no le gusta hacer ningún tipo de actividad cultural: las considera aburridas, y todo tipo de aprendizaje una imposición hacia la que no sienten ningún tipo de placer. Por ello, muchos se preguntan como puede haber personas que vayan a ver constantemente exposiciones, determinado tipo de películas tan alejadas de lo comercial o acudan a cualquier otro tipo de concierto que no sea de un grupo que esté sonando ahora mismo en la radio. Si eres de ese tipo de personas, aquí encontrarás respuestas a esas preguntas.

Existe algo que los amantes del arte vamos buscando siempre desesperadamente (y por eso nos gusta tanto), que es el placer artístico y el enorme deleite intelectual que eso supone, pues te ves transportado, deslumbrado, y te das cuenta de que todo el tiempo que has estado esperando ha merecido la pena sólo para vivir ese momento concreto.

Por ello buscamos, nos pasamos la vida recorriendo lugares artísticos para experimentar esa ocasión, eso que algunos incluso han definido como “orgasmo artístico” (y creedme, lo es), en el que todo lo que hay alrededor desaparece y sólo puedes decir “¡Por Dios, que maravilla!, ¡pero esto… esto es absolutamente precioso!, ¡merece la pena vivir sólo para ver esto!”, y te produce tal sensación de felicidad, te embarga tal éxtasis que es muy difícil de explicar a las personas que desgraciadamente nunca lo han sentido (o no han recibido ese don, aunque habiendo tantas formas de arte, todo el mundo se emociona en mayor o menor grado con una o con otra), pues es un placer supraterrenal, algo tan espiritual (obviamente, no en el sentido religioso de la palabra) que no puedes sentir otra cosa sino un inmenso placer y felicidad….

Naturalmente, el encuentro de tales tesoros no sucede todos los días, pero el momento en el que se descubren es, como ya digo, tan increíble, que entre tanto no te importa buscarlos de forma insaciable, puesto que una vez que lo experimentas deseas con toda tu alma vivir y sentir ese goce una y otra vez, de modo que realmente te vuelves insaciable… y eso te llevará a un recorrido permanente e interminable por todo el arte y todas las formas artísticas, con el sólo propósito de volver a sentir esa emoción por excelencia, ese “orgasmo artístico”, ese éxtasis mental inigualable.

Por el medio te encontrarás con placeres medios, bajos, otras obras que te produciran indiferencia y finalmente las que directamente no te gustarán o te aburrirán, lo que desalienta en la búsqueda (que no es fácil, ¿cuántas veces vamos a un sitio esperando que nos encante y al final nos decepciona?, sentimiento al que se acumula el saber el tiempo que has invertido en ello, el esfuerzo físico o el dinero que has gastado para poder verlo) haciendo pensar por un momento en considerar que ha sido tiempo perdido (por la decepción o el desagrado, como ya digo, uno va siempre buscando la emoción y el deleite), pero como ya comento, cuando aparece la gran obra, entonces quedas totalmente compensado, porque la emoción que te invade es tan inmensa y tan perfecta, que ninguna otra cosa importa.

Todo esto puede ser aplicado en cualquier disciplina artística (y unos lo experimentan con unas y no con otras, pocos afortunados lo sienten con casi todas): arquitectura (a mi por ejemplo, muchas veces me dejan impresionado los interiores de algunos palacios, y me deslumbran por toda su riqueza, su simbolismo, el programa iconográfico e iconológico tan bien trabajado, el pensar en todos los personajes importantes que han pasado por allí, todos los grandes y pequeños acontecimientos que sucedieron y que ahora soy parte de ellos… pero no sólo eso, a veces, simplemente caminando podemos encontrarnos con calles maravillosas, llenas de edificios admirables en los que a lo mejor ni nos habíamos fijado), pintura (¿es que a caso la belleza de una pintura no te puede dejar fascinado durante minutos enteros? la miras una y otra vez, descubres poco a poco todos sus detalles, luego la miras de forma general, descifras sus símbolos…), escultura (¡cuántas veces nos quedamos admirados de la perfección y el encanto de una de estas obras que también fascinan enormemente), música (como no acordarse de esa melodía que nos estremece, que en cuestión de instantes manipula todas nuestras emociones y las cambia, que atrae recuerdos, y que nos transporta a todo tipo de sentimientos), literatura (ese pasaje inolvidable, eses momentos de constante y larga lectura que tanto placer producen, con tu imaginación desatada dejándose llevar por las palabras que evocan imágenes y personajes en tu mente… y cuándo uno lee mucho, debo decir que uno de los olores que más gusta es esa deliciosa fragancia a viejo en las páginas de un libro -de biblioteca, por ejemplo- que te hace entender que el objeto que tienes en las manos tiene mucha historia…) teatro (las emociones en directo a flor de piel; en la ópera las voces que se elevan triunfantes para expresar todo tipo de exaltación o la estética belleza superior del ballet, pues pocas cosas hay más bellas que el lenguaje construído con la danza…) o el cine (el gusto por contar historias, viejo como la humanidad de formas tan diversas; ¿cómo no recordar esa secuencia que nos enternece una y otra vez?, ¿ese momento glorioso en el que somos tan felices como el protagonista? y especialmente en el género musical, esos números inolvidables llenos de alegría y esplendor que hacen que sólo puedas preguntarte “¿por qué la vida no es así?, ¡la vida debería de ser así!” y que te hacen saltar de pura felicidad…).

Como ya digo, pocos son los afortunados que pueden gozar de todas las disciplinas, pero aún así, estoy convencido de que todos podemos disfrutar de una o dos, y en general, por experiencia sé que cuánto más se educa uno en eses temas, más sencillo es que amplie sus horizontes. Lamentablemente eso no siempre se hace pues mucha gente considera las actividades culturales aburridas, si habéis leído todo lo de arriba entenderéis porque lo considero un craso error. Evidentemente, sin saber mucho, uno no puede lanzarse a verlo todo de repente, pero sí puede hacerlo poco a poco, y así ir descubriendo y profundizando en lo que le gusta, un placer llevará a otro, y así.

Y en definitiva, yo confieso que soy uno de esos hedonistas del arte, que busco (y después de lo que habéis leído supongo que entenderéis porqué, ya que si no lo habéis hecho, mucho me temo que no lo haréis nunca, aunque, como ya digo, yo creo que todo el mundo puede sentirse, ya sea en mayor o menor grado, identificado con estas sensaciones que describo) continuamente ese éxtasis artístico, “orgasmo artístico”, deleite intelectual o como se quiera llamar, porque la verdad sea dicha, como la mayoría de los placeres, una vez que se prueba, ya no hay marcha atrás y puedo aseguraros que algunos de esos momentos de éxtasis se cuentan entre los momentos más felices de toda mi vida.

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29 respuestas a El éxtasis artístico

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  2. Pingback: El placer del conocimiento | Universo de A

  3. plared dijo:

    Interesante tu articulo y desgraciadamente como debería de ser, no como es. En este mundo de prisas el arte ha dejado de ser algo importante, lo clásico ya para que contarte…..

    Ahora todo y el arte no es ajeno a ello, se vende a través de marketing, de creadores de opinión y de medios de comunicación. Que muchas veces hacen pasar por genialidades, lo que no son mas que chapuzas bien vendidas.

    El arte no es que hay muerto, simplemente ya no interesa mas que a cuatro realmente. A los demás los que le vendan o este en ese momento de moda, principalmente para consumo rápido y como el clásico es imperecedero…pues olvidado queda

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  5. Uff, por fin encuentro un momento para contestarte, entre diferentes cosas de mi vida no virtual y el “pago de la deuda” a Universo de A, ¡no hay quien pueda! jajajaja.
    Tienes razón en parte, cierto que la globalización y el capitalismo atroz que vivimos han convertido el arte muchas veces sólo en una inversión y la firma en todo el mérito que debe tener una obra, y que como tú dices, muchas veces se convierte en arte lo que difícilmente subsistirá o pasará la prueba del tiempo… pero no te equivoques, eso es de siempre.
    Quiero decir que los grandes mecenas de todas las épocas siempre se fijaron en la firma, y se peleaban por tener a tal o cual artista en su corte a quien querían hacer destacar, no olvides que una de las variantes del arte es el arte aulico, es decir, el arte al servicio del poder.
    En cuanto al resto de lo que comentas, yo creo que es una cuestión de educación y cultura que fácilmente puede mejorar en el caso del arte más complicado y elitista, pero no olvides, que directa o indirectamente siempre estamos rodeados de arte, si algo ha demostrado el ser humano a través de la historia, es que no puede prescindir de él.
    De todos modos, espero que mi artículo despierte la curiosidad por el éxtasis artístico y su búsqueda.
    En cualquier caso, estoy convencido de que podemos mejorar a través del arte (para más detalles, leer: https://universodea.wordpress.com/2007/02/23/por-amor-al-arte/).

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