Così fan tutte

Una obra considerada inmoral en el siglo XIX… ¡a mi me sigue pareciendo inmoral hoy día! o Como me vi seducido por una ópera

Sinopsis:

Mozart por Michael Haneke

El director de cine austríaco vuelve a la ópera con la dirección musical de Sylvain Cambreling. 

Mozart es el compositor estrella de la nueva temporada del Real. Gerard Mortier ha programado tres óperas del genio de Salzburgo, ‘La flauta mágica’ , ‘Don Giovanni’ y ‘Cosi fan tutti’.

Con una trama en la que dos jóvenes deciden probar la fidelidad de sus prometidas, ‘Cosi fan tutte’ constituye la última de las tres óperas de la trilogía surgida de la colaboración entre la música de Mozart y los textos del libretista Da Ponte.

Dos actos, tres hombres y tres mujeres, dos parejas y prácticamente el mismo número de arias para todos los solistas hacen de esta ópera un auténtico homenaje a la simetría, tan característica de la ópera italiana del siglo XVIII.

La profunda y compleja mirada de Michael Haneke será la que dé forma escenográfica a este montaje que cuenta con Annett Fritsch en el papel de Fiordiligi.

Haneke ya sabe lo que es dirigir ópera. En 2006 colocó a ‘Don Giovanni’ entre rascacielos en la Opera Nacional de París también con Sylvain Cambreling en el podio de dirección.

La pasión, el deseo y el amor se apoderan del escenario del Real.

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Las charlas siguen siendo en la sala Gayarre… que pesadilla, luego todo el mundo se junta de una manera como si hubiese un incendio para bajar a la sala; y por si fuera poco, no sé que pasa con los guardarropa que ahora se colapsan totalmente sin ningún sentido cuando antes nunca pasaba… vaya usted a saber porqué.

Pero hay que decir muy en favor del Teatro Real que han vuelto los programas como es debido (aunque lamentablemente ha desaparecido la Revista del Real, o eso parece, no se encontraba un sólo ejemplar en todo el teatro): preciosos, con imágenes, descripciones de la ópera, biografías… etc, e incluso unos inesperados poemas y un relato de Cortázar, todo un ejemplo de un trabajo bien hecho con el que entretenerse en el siempre ameno entreacto que se puede pasar en los salones Felipe V y Carlos III y para poder llevarse un gran recuerdo de la función.

Crítica:

El arte siempre ha sido algo importante en todas las sociedades y en todas las épocas, no en vano los poderosos lo utilizaron de un modo u otro (como símbolo de poder, prestigio… dando lugar a un nuevo género, el arte aulico o arte al servicio del poder); y desde luego también ha sido utilizado para mover las conciencias… en cualquier caso, en lo que creo que estaremos todos de acuerdo, es que el arte (si lo es) nunca nos deja indiferentes y siempre nos provoca algo (acerca de las sensaciones que provoca el arte escribí hace un tiempo también).

Pues bien, a mi “Così fan tutte” me dejo sentimientos y emociones bastante contradictorias y no todas buenas, por una parte, levantó mi deseo y excitación sexual (sí, es que a mi las óperas y el arte en sí me produce muchas emociones, es más, no dejo de olvidar que este mismo año salí conmocionado de otra ópera de este mismo teatro -aunque la sensación era bastante más pura y positiva-), puesto que, anda que el argumento, no tenía tela (y ciertas emociones, especialmente las que pueden hacerte sentir incómodo, a uno no le gusta que se las remuevan mucho)… y por otro lado, no dejaba de pensar en lo terriblemente inmoral y las terribles malas acciones que habían cometido los manipuladores y los protagonistas llevados por estos últimos… sin embargo, he de admitir que la decadencia (moral, física, personal, social… de cualquier tipo) siempre me ha fascinado, con lo que la ópera tenía otros alicientes para calmar mi airado sentido de la moralidad que empezaba a asomar.

Y es que no era para menos, es una historia en la que se está hablando continuamente del deseo, de la fidelidad y lo que se sufre manteniéndola, y uno ve esa persecución continua (en la que no sabes bien que te excita más, si ser el perseguidor o el perseguido en ese tremendo juego de seducción al que en el fondo estás deseando que sucumban o sucumbir), y no deja de preguntarse si también hubiera caído iremediablemente… precisamente lo comentaba al final de la función, ¿realmente se puede escapar si te ves en semejantes circunstancias acosado a todas horas (y encima malinfluenciado) y por algo que no te esperas? (aunque también se puede hacer pesado y que la atracción desaparezca por eso… a saber). En cualquier caso, con esa temática, y viendo como las chicas sufren, uno acaba deseando que caigan y caer uno mismo, al principio te parecen tontas, pero luego ya es en plan “sí por Dios, sucumbe ya, que ya no puedo más de excitación sexual, represión y continencia yo tampoco, y eso que no van tras de mí sino de ti”.

Pues bien, si a mi, persona del siglo XXI me ha provocado todo eso (y aunque soy consciente de que en muchos aspectos la obra sólo es un reflejo de su tiempo y que nuestra moralidad burguesa y nuestro sentido de lo que es la pareja y el matrimonio ha cambiado totalmente; pues entre otras cosas antes los matrimonios no eran sino un ventajoso contrato decidido por los padres)… ¡que provocaría en épocas anteriores!, ¡por Dios, (lo digo medio en serio, medio en broma pero lo digo), esta ópera es una auténtica bomba de relojería de liberación sexual que da auténtico miedo!, ¡qué barbaridad!.

Y otra cosa de lo más sorprendente, no deja de resultar increíble que una obra escrita en el siglo XVIII, con una temática sobre temas amorosos, de moral y de infidelidad, no se haya quedado desfasada en absoluto y en nada (salvo alguna que otra parte, pero muy poco), ¿no resulta increíble si lo piensas?, ¿ha habido la evolución que todos creemos y de la que parecemos estar tan seguros en estos aspectos o sólo ha sido aparente e insustancial? (otro interesantísimo debate que esta obra puede suscitar, aunque, por cierto ya traté en parte este tema en cierto artículo).

Sin embargo, y dejándo a parte eso, lo cierto es que la historia es muy del estilo de “Las amistades peligrosas”, es decir, dos malvados (la criada especialmente, ¡menuda zorra! -toda ópera que se precie tiene que llevarte a amar o a odiar a los personajes con todas tus fuerzas-) se conjuran mediante una apuesta para engañar a dos hombres y que ellos mismos se encarguen de probar la fidelidad de sus parejas que ellos creen incorruptibles… y ahí es dónde el argumento patina; pero vamos a ver, hombres de Dios, ¿a quién se le ocurre dedicarse a hacer una apuesta en la que pase lo que pase vas a acabar perdiendo y que por encima si pones mucho empeño en ella -como hicieron estos chicos- lo vas a perder todo?; en cualquier caso, tras hacer todo tipo de barbaridades y de que las chicas sean perseguidas incesantemente y acosadas por todos los lados y de todas las formas posibles, naturalmente sucumben, y por supuesto nadie es feliz, muy especialmente cuando se rebela la terrible verdad de la apuesta, y todos saben la horrible, espantosa verdad con la que tendrán que vivir el resto de sus vidas… sí, lo cierto es que, aunque la ópera tendría un formato originalmente totalmente cómico (pensémoslo: historias de equívocos, disfraces, malosentendidos… es la más vieja tradición de la comedia de enredo), la verdad es que se convierte en un auténtico, terrorífico drama que incluso se acerca a la tragedia, pero todo muy subyacente, lo cual nos recuerda otras obras de Mozart, por otra parte.

Así pues, el libreto, aunque se le han criticado ciertas incoherencias, sí que las tiene, pero en general la historia está bien construída, quizás los personajes no estén todo lo bien perfilados que deberían, pero que la historia mueve y logra interesar, de eso no hay ninguna duda.

En lo que respecta a la música, no me ha parecido en absoluto la mejor obra de Mozart, tiene algunos momentos realmente buenos (algunas arias -especialmente las del personaje de Fiordiligi-, y sobre todo aquellos en los que la música contradice el libreto creando un inteligentísimo sarcasmo), pero la realidad es que finalmente se te queda más el argumento que la música; en cualquier caso, es muy del estilo de Mozart, pero no creo que sea la mejor de sus obras, en absoluto.

Y en lo que respecta a esta producción, llega el momento de hablar de la puesta en escena, llevada a cabo por el famoso director de cine Michael Haneke (autor de películas como “La cinta blanca” o la recientemente oscarizada “Amor”) que no es la primera ópera que dirige y que ha sido traído al Teatro Real por el siempre original (en ocasiones demasiado) director de este, Gerard Mortier, seguramente con la intención de seguir consiguiendo que entre estrenos mundiales y prestigiosos montajes como este realizados por grandes nombres y desde luego las mejores voces, este teatro madrileño se convierta en una referencia mundial.

En cualquier caso, personalmente, el cineasta austríaco no es en absoluto santo de mi devoción; pero reconozco que su puesta en escena y su dirección han sido muy efectivas. No faltan las veces en las que el libreto se contradice con lo que vemos en escena (y eso siempre es bastante desastroso, y uno de los defectos de “modernizar” una ópera… visión que sigue pareciéndome una tontería, un buen clásico siempre es moderno se ubique cuando se ubique, sino no sería un clásico), pero otras veces cuando pasa eso (muy especialmente al final, cuando todos cantan lo feliz que ha terminado todo, la música no termina de expresarlo y la puesta en escena tira toda esa posibilidad por la borda…) queda simplemente brillante e irónico y con muy mala uva, dándole a la ópera una dimensión totalmente nueva y muy original; hay quien me comentó que eso no era precisamente lo que hubiera querido Mozart, pero yo creo que toda reinterpretación de una obra de arte siempre es interesante, y desde luego lo acerca más a nosotros y nuestra época (que tampoco es cuestión de dejar morir a los clásicos y de estandarizarlos en una única forma de hacerlos).

El resto del planteamiento de la ópera, ubicándola entre lo clásico y lo contemporáneo (utilizando como excusa una fiesta de disfraces) es simplemente muy buena idea y da un magnífico resultado, aunque se echa mucho de menos un mayor cambio de decorados, pues aunque el que hay es precioso y muy estético, la ópera necesitaba mayor movimiento para no acabar resultando aburrida (siempre se agradece y queda bien un cambio de escenario) o contradecirse con el libreto. En cualquier caso, gran trabajo de dirección artística y vestuario como viene siendo tradicional en el Teatro Real.

Y desde luego espectacular iluminación que consigue plasmar bastante bien el paso del tiempo (la ópera transcurre en poco tiempo, el transcurso de este se hace ver muy bien con la iluminación: amaneceres, anocheceres, atardeceres…).

Ya sólo queda hablar de los cantantes, la mayoría de los cuales consigue ser más que eso y ser auténticos actores que bordan su papel (quizás por estar bien dirigidos), la más aplaudida fue Anett Fritsch (y con razón, también tenía las mejores arias y el papel más dramático); sin embargo yo creo que el trabajo de todos fue realmente bueno, incluyendo a todos los protagonistas y por supuesto al coro.

¿Recomendable? yo creo que desde luego que sí, sus tres horas y media se pasan rápidamente y desde luego puede dar para un interesantísimo debate posterior sobre temas como la moralidad, la pareja antes y hoy, el deseo sexual y la fidelidad o la infidelidad… etc; y desde luego, provocarnos, mover emociones dentro de nosotros, unas mejores y otras peores, pero siempre es tremendo cuando una obra de arte consigue llevarnos a ese momento mágico de descontrol en el que nosotros mismos no somos capaces de dominarnos y sucumbimos al arte, quizás porque es simplemente necesario y porque la verdad sea dicha… cosi fan tutte (así hacen todos… los afortunados, al menos).

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3 respuestas a Così fan tutte

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