Don Giovanni

Siempre es un placer escuchar una de tus óperas míticas

Sinopsis:

Don Giovanni

La ópera de óperas

Nueva producción escénica de Don Giovanni de Mozart por Dmitri Tcherniakov, con Alejo Pérez al mando de la orquesta.

Este montaje se pudo ver en el 2010 en el tradicional festival de Aix-en-Provence y la particular visión de Dmitri Tcherniakov causó una sonada polémica.

Tcherniakov presenta toda la acción en un lujoso comedor burgués y construye la trama de la obra tomando prestadas estampas escénicas de películas como ‘La caída de los Dioses’ de Visconti o ‘La década prodigiosa’ de Claude Chabrol, entre otros, e hilvana patológicos lazos familiares entre los protagonistas.

Se ha dicho de Don Giovanni que era el James Dean de la época, pero para esta versión, Dmitri Tcherniakov rompe con ese estereotipo. No busca un héroe, ni un seductor irresistible. Tampoco alguien joven, ni especialmente guapo. Quiere un

personaje complicado, con una fractura interna, desencantado de la vida pero con un poderoso magnetismo.

La espectacular voz del barítono Russell Braun será quien interprete el rol de Don Giavanni junto con un gran elenco de artitas como Anatoli Kotscherga, Christine Schäfer y Mojca Erdmann entre otros. Aunque tal vez la gran sorpresa para el público es la aparición de la soprano de Ainhoa Arteta en el papel de doña Elvira.

Un Don Giovanni atrevido que no dejará indiferente a nadie.

DATOS DE INTERÉS

Director musical: Alejo Pérez

Director de escena: Dmitri Tcherniakov

Fortepiano: Eugène Michelangeli

………………………………

Antes de nada recomendar el delicioso menú express (se ofrece en el foyer del teatro, hay que encargarlo con esa anticipación) que ofrece el restaurante del Teatro Real, no es muy caro (18 euros) y sí es bastante abudante (casi incluso puedes cenar con ello), se come en mesa y en ese ambiente totalmente idílico del restaurante… puede culminar una noche perfecta. Eso sí, defecto importante, ya puedes llegar y comer rápido, puesto que el entreacto apenas dura veinticinco minutos, por lo que, o te das prisa o dejarás la mitad en el plato. Pero realmente merece la pena.

En fin, volviendo al tema operístico (más o menos), ¡ah!, el no hay duda, al Teatro Real no se va por la ópera, se va por el escándalo, y es que cada día hay uno nuevo, entre los abucheos y aplausos que compiten entre sí (un estreno en este teatro no es un estreno sin abucheos), directores expulsados y poniendo denuncias (Jesús Lopez Cobos, reconocidísimo director que incluso dirigió la orquesta en la Boda Real) y un director artístico del teatro (el conocido monsieur Mortier), que habla de conspiraciones organizadas para los abucheos, de boicots, y de xenofobia española mientras afirma que hubo que echar al director porque no ensayaba suficiente con la orquesta, o se cambia a última hora y Dios sabe porqué la programación de la temporada… en fin, este teatro es tremendo, un auténtico culebrón que está consiguiendo ser más conocido por sus polémicas que por la calidad de lo que allí se representa. No sé si eso le dará muy buena fama a la larga (y por tanto si el coliseo nacional de la ópera por excelencia no se estará poniendo en una situación muy peligrosa), pero a la corta, ¿a quién no le gusta un buen escándalo y saber que el lugar al que vas está en el ojo del huracán mediático-operístico?, hay que reconocer que hace la asistencia a este teatro muchísimo más emocionante… (y la de cosas que se oyen y la gente cotillea).

Las conferencias siguen dándose en la sala Gayarre (que no le viene bien a nadie, porque la mayoría del teatro tiene que bajar hacia abajo), y a pesar de que se deja tiempo para volver, sigue siendo un trayecto agobiante en el que el público no deja de preocuparse por si le cerrarán las puertas antes de llegar a las butacas (¡ojalá volvieran a los salones de Felipe V!). Por lo demás, están muy bien.

De nuevo, resaltar los magníficos y nuevos programas, que incluyen textos, algunas imágenes, biografías… y demás cosas interesantes que harán las delicias de los que quieran saber más sobre la representación

Crítica:

A mi me resulta difícil ver esta ópera de forma objetiva, puesto que es una de mis óperas míticas de toda mi vida, una de las primeras que escuché y que me hizo adentrarme en el mundo operístico. Y cualquier persona que haya escuchado una ópera, aunque sea mil veces, en un cd, y luego la escuche en directo, sabe que no hay color, de repente, las melodías reviven tal y como si fuera la primera vez y sientes, como si nunca hubiera sucedido antes el placer del primer momento, aunque con el regustillo de que sabes lo que va a suceder a continuación y eso te emociona aún más (una buena prueba de ello se refleja muy bien en este blog con “La traviata”, una de mis óperas favoritas: cuando sólo la había oído y cuando la vi representada); por lo que, necesariamente, y aunque reconozco que no todo era absolutamente perfecto, tenía que encantarme y dejarme deslumbrado con su belleza (eso sin mencionar que iba sobradamente preparado para cualquier destrozo escénico que tuviera planificado el director, el el teatro real ya estamos acostumbrados a todo, es mejor ir con mente abierta y no esperar demasiado).

Y es que el “Don Giovanni” de Mozart (que no tiene nada que ver con el de Zorrilla, el de este en el fondo es un buenazo, y el del compositor es malo, malo…) es una ópera preciosa, el libreto no es nada del otro mundo, hay que reconocerlo (demasiados personajes, demasiado lioso para una historia que debería de ser mucho más simple), pero la música es simplemente deliciosa, una maravilla que te emociona nota a nota y que cuenta con unas arias simplemente espectaculares, en definitiva, un imprescindible de la música de este compositor.

En lo que respecta a esta producción, como no, se arriesgan con una reinterpretación moderna (que dentro de lo que cabe es clásica, pues los escenarios son realistas y no extrañas formas abstractas que son tan del gusto de este teatro) de la obra, y como todo el riesgo, puede salir muy mal o muy bien, en este caso se queda simplemente en algo fallido, en algo que no sale adelante ni da resultado, se atisban buenas ideas, pero no salen a flote.

Sin duda los más academicistas defenderán que se ha mascarado descaradamente el libreto (y algunos de los que no también, ¡por favor, convertir el descenso a los infiernos de don Juan en una vulgar resaca!, ¡hasta donde hemos llegado! hasta cierto punto es una idea original, pero, simplemente, no funciona); sin embargo hay que reconocer que cambiar el tiempo o el reestablecer las relaciones de los personajes (que pasan a ser familia) le da otro toque, un toque original y que teniendo en cuenta la historia, podría resultar extremadamente perverso, incluso brillante… pero esta interpretación se da de bruces continuamente contra el libreto (sin mencionar que no estoy seguro de que nadie fuera capaz de seguir esa nueva versión de la historia: los que ya conocíamos la ópera teníamos que volver a reiniciar nuestra cabeza para no liarnos, y los que no la conocían, probablemente estaban totalmente desconcertados y sin saber muy bien por donde tirar o que entender); y eso y que tengamos que estar viendo todo el tiempo el mismo escenario aburre profundamente. Al contrario que a muchos, a mi sí me gustó el telón que bajaba haciendo ese ruído tan particular.

La orquesta cumplió sobradamente su cometido. Lo mejor fueron los cantantes (aunque a alguno que otro costaba oírle alguna que otra vez), pero destacaron especialmente Anatoli Kotscherga (que dejaba alucinado a cualquiera con su espectacular voz espectral del Comendador), y sobre todo (la siempre gran ovacionada) Ainhoa Arteta, que brilla con una hermosísima voz que enamoró a todo el mundo, demostrando que su buena fama es totalmente merecida y que es una de nuestras grandes voces, ¡ojalá no haya que esperar otros veinte años para volver a verla en el Real!.

En definitiva, esta ópera es un imprescindible de Mozart y una de las grandes de toda la historia del género; a pesar de que esta producción deja que desear en varios aspectos, lo cierto es que el “Don Giovanni” siempre seguirá siendo el “Don Giovanni”, es decir, una auténtica maravilla, al que necesariamente sucumbiremos como no se puede hacer de otra manera ante un impenitente seductor con tales y tan magníficas mañas.

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2 respuestas a Don Giovanni

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