Óperas: Iolanta / Perséphone

Iolanta: la búsqueda del tesoro artístico y el cenit del placer estético

Sinopsis: El Teatro Real ofrece un programa doble con dos obras escénicas que representan un ideal de belleza, poesía y esperanza. En ambas, el paso de la oscuridad a la luz actúa como una experiencia iniciática que transforma por completo la actitud existencial de los protagonistas. Iolanta, estrenada en el Teatro Mariinski de San Petersburgo el 18 de diciembre de 1892, es la última ópera de Chaikovski. A la usanza del melodramma italiano decimonónico, sus escenas se configuran como una introducción en un estilo recitativo, al que le sigue un número aislado: un arioso, un coro, un aria o un dúo. La ópera integra asimismo el ambiente caballeroso tardomedieval y la atmósfera romántica.

Perséphone es un mélodrame en tres actos sobre una recreación por parte de André Gide del (supuestamente) homérico Himno a Deméter del siglo III a. de C.; se estrenó en la Ópera Garnier de París el 30 de abril de 1934. Stravinski concibió una obra de arte integral que involucraba diversas formas de expresión musical y corporal. La protagonista encarnada por Ida Rubinstein utilizaba la recitación, la mímica y la danza, junto a otros bailarines. De la parte vocal cantada se hace cargo un tenor, que pone a voz a diversas figuras con distintos estilos vocales, y un coro que aporta comentarios en un estilo estatuario y homofónico próximo a Oedipus Rex.

FICHA

EQUIPO ARTÍSTICO

Teodor Currentzis

Peter Sellars

George Tsypin

Martin Pakledinaz

Helene Siebrits

James F. Ingalls

Andrés Máspero

REPARTO

IOLANTA

Dmitry Ulianov

Alexej Markov (14, 16, 18, 21, 23, 24)

Maxim Aniskin (20, 26, 28, 29)

Pavel Cernoch (14, 16, 18, 21, 24, 26, 28)

Dmytro Popov (20, 23, 29)

Willard White

Vasily Efimov

Pavel Kudinov

Ekaterina Scherbachenko (14, 16, 18, 21, 24, 26, 28)

Veronika Dzhioeva (20, 23, 29)

PERSÉPHONE

Ekaterina Semenchuk

Irina Churilova

Ekaterina Semenchuk

Irina Churilova

etitia Singleton

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Crítica: En esta ocasión, el Teatro Real, optó por elección del director de escena Peter Sellars, y en una de sus nuevas ideas de neovanguardia, decidieron unir dos óperas que naturalmente, no tienen absolutamente nada que ver entre sí (salvo la dirección de escena, aunque Sellars haya pretendido hacernos creer que tienen muchas cosas en común). Es en cualquier caso una visión artistica bastante cuestionable y tonta la verdad, pero mereció la pena ir aunque sólo fuera para ver “Iolanta”; en cualquier caso, divido las críticas (que van por orden de representación, pues primero se escenificó una y luego la siguiente):

-“Iolanta”:

Existe algo que los amantes del arte vamos buscando siempre desesperadamente (y por eso nos gusta tanto), que es el placer artístico y el enorme deleite intelectual que eso supone, pues te ves transportado, deslumbrado, y te das cuenta de que todo el tiempo que has estado explorando ha merecido la pena sólo para vivir ese momento concreto.

Por ello buscamos, nos pasamos la vida recorriendo lugares artísticos para experimentar esa ocasión, eso que algunos incluso han definido como “orgasmo artístico” (y creedme, lo es), en el que todo lo que hay alrededor desaparece y sólo puedes decir “¡Por Dios, que maravilla!, ¡pero esto… esto es absolutamente precioso!, ¡merece la pena vivir sólo para ver esto!”, y te produce tal sensación de felicidad, te embarga tal extasis que es muy difícil de explicar a las personas que desgraciadamente nunca lo han sentido (o no han recibido ese don), pues es un placer supraterrenal, algo tan espiritual (obviamente, no en el sentido religioso de la palabra) que no puedes sentir otra cosa sino un inmenso placer y felicidad… naturalmente, el encuentro de tales tesoros no sucede todos los días, pero el momento en el que se encuentran es, como ya digo, tan increíble, que no te importa buscarlos de forma insaciable, porque una vez que lo vives deseas con toda tu alma vivir y sentir ese goce una y otra vez, realmente te vuelves insaciable… y eso te llevará a un recorrido permanente e interminable por todo el arte, con el sólo propósito de volver a sentir esa emoción por excelencia, ese “orgasmo artístico”. Por el medio te encontrarás con placeres medios, bajos, otras obras que te produciran indiferencia y finalmente las que directamente no te gustarán o te aburrirán, lo que te desalienta en tu búsqueda haciendo pensar por un momento en considerar que ha sido tiempo perdido, pero como ya digo, cuando aparece la gran obra, entonces quedas totalmente compensado, porque la emoción que te invade es tan inmensa y tan perfecta, que ninguna otra cosa importa. Todo esto puede ser aplicado en cualquier disciplina artística: arquitectura, pintura, escultura, cine… y naturalmente música, ópera en este caso.

Y este fue para mi (y sé que no fui el único) el caso de Iolanta, una de las últimas óperas del gran Tchaikovsky de la que no se puede explicar que se represente tan poco a menudo (quizás debido a su escasa duración), pero que en todo caso, fue resarcida este año con una representación en el Real y su posterior emisión en TVE (¡que yo además pude grabar!).

La verdad es que era una de las óperas por las que más expectante estaba este año (quizás la que más), sobre todo porque ese compositor se encuentra entre mis grandes favoritos de toda la historia de la música (tal vez porque siempre ha tenido un componente muy emocional para mi) y la verdad, conocía mejor sus ballets (de hecho, tengo publicadas las críticas de al menos dos de los más conocidos: La Bella durmiente y El lago de los cisnes) que sus óperas, así que estaba emocionado, aunque ya se sabe que las expectativas suelen ser malas….

¡Pero no en esta ocasión!, “Iolanta” me deslumbró totalmente (más de lo que hubiera podido haber imaginado), supuso unos cuántos momentos de “orgasmo artístico” como los arriba descritos, en determinadas arias la respiración se entrecortaba… ¡era todo tan bonito y tan perfecto!, su deslumbrante belleza musical cautiva totalmente desde el primer momento y no le faltan en absoluto arias, coros y sobre todo cierto dueto que pone los pelos de punta y hace que la emoción sea simplemente inmensa… sí, esta temporada del Real habrá sido completamente mediocre, pero merece la pena sólo por haber podido ver “Iolanta”.

Y es que no se puede explicar como supuestamente al Zar no le gustó en su momento (y una señoras también comentaban que no les gustaba su cierta religiosidad): porque “Iolanta” es absolutamente perfecta: la historia es maravillosa, encantadora y muy esperanzadora (¡y sorprendentemente para una ópera dramática, acaba bien!), un cuento de hadas basado muy libremente en una historia real, muy propio del compositor; el libreto la realza perfectamente con grandes momentos y de la música ya hemos hablado: sublime, no se la puede calificar de otro modo. El conjunto es por tanto, fabuloso, un manjar de los dioses, y aún más lo hubiera sido si en vez de hacer ultramodernismos y meter en el pack otra ópera de Stravinsky que no viene a cuento, hubieran reproducido exactamente como fue la primera representación de este espectáculo en su momento, pues a continuación de la ópera se escenificó también el ballet del “Cascanueces”, ¡esa sí que hubiera sido la noche perfecta!.

En cualquier caso, la producción del Real, lo único que hace es estropear el goce estético de la música (pues cantantes -sólo a nivel de canto, de interpretación dejaron bastante que desear: lo típico, estáticos y sin intepretar casi, y lo poco que hicieron, por ordenes del director, era bastante malo y fuera de lugar- y orquesta estuvieron magníficos), con una puesta en escena simplista, vulgar, y un vestuario fuera de contexto y absurdo en el deseo y la búsqueda de hacer algo supuestamente original y de unirlo a la ópera siguiente… en definitiva, desastre (Afortunadamente, Sellars lo hizo mucho mejor en la última ópera de la temporada “Ainadamar”), y es que uno sólo puede sentir pena de que tan magna ópera no se viese arropada con la producción debida.

¿Recomendable si podéis asistir a una de sus representaciones?, francamente, aunque sólo experimentéis la mitad de lo que yo sentí, os puedo asegurar que realmente vale la pena (además de que no se representa muy a menudo, ¡por tanto realmente es todo un tesoro!, como hasta la propia Reina doña Sofía confirmó con su presencia en el estreno).

-“Perséphone”:

Como ya he comentado, encontrar determinados tesoros artísticos es muy raro (aunque eso hace emocionante la búsqueda), por tanto, después de haber vivido “Iolanta”, cualquier cosa que lo sucediera era casi imposible que lo superara y muy difícil que lo igualara, así pues, quizás esta segunda ópera iba con desventaja, puesto que en otra noche dónde sólo ella hubiera sido representada, quizás la hubiera visto mejor, aunque es cierto que la benefició el que no me entusiasme en absoluto Stravinsky y que iba preparado para lo peor.

Así pues, esta ópera es aceptable, interesante, dentro de lo que son esos movimientos de ruptura con lo clásico, se deja ver, oír, y llega a ser esteticamente bonita, en algunos momentos hasta fascina.

La historia, de tema de mitología clásica, se transforma con un original y poético libreto al que acompaña una en general suave música, es como ya digo, una interesante ópera moderna que abandona todo clasicismo.

Respecto a la producción, encajaba bastante bien con la propia ópera, y había momentos originales e ingeniosos en la puesta en escena, con lo cual se la puede calificar de acertada.

Es pues, una ópera recomendable aunque sólo sea para descubrir los otros caminos que tomó este género en el nuevo siglo XX.

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8 respuestas a Óperas: Iolanta / Perséphone

  1. plared dijo:

    Pues ya que hace tiempo que no voy a la opera, igual hasta me animo y me acerco. Cuidate

  2. ¡Con esta crítica como para no hacerlo!, ¿verdad? (ya ves, vamos alternando, una que era desmesuradamente mala y otra maravillosa). El Teatro Real está a punto de empezar temporada, y lo hará nada más y nada menos que con “Boris Gudonov”, ¡no me dirás que no es un buen plan!.
    En todo caso, la ópera siempre es toda una experiencia, así que aprovecha para llevar a tus hijas si nunca han ido, pueden llevarse la impresión de su vida siendo tan jovenes (que sea buena o mala, es otro tema…).

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