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Consejos para viajar

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Publico este artículo muy oportunamente, cerca de las vacaciones, y espero que resulte útil a muchos.

A decir verdad, hacía tiempo que consideraba que se necesitaba este tipo de artículo genérico (al estilo de otros muchos –por ejemplo este, también de carácter turístico-, que también han resultado sumamente útiles una vez publicados), para dejar de repetir continuamente los mismos temas en diferentes escritos… así, enlazo a este texto, y problema solucionado.

Ya decía Cervantes a través de su inmortal caballero andante don Quijote que “el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”, alabando así pues la costumbre de viajar, y es que muchas razones pueden llevar a amar realizar esta actividad, y cada uno tiene las suyas, pero no hay duda de que siempre se aprende mucho (yo soy de alta cultura, otros serán de deportes… pero todos sacamos o descubrimos algo de nuestras experiencias)… bueno, al menos si uno no se resiste a ello deliberadamente, como tantas veces he visto, de modo que todo el viaje no les sirve para nada y es como si no salieran de casa.

En fin, el caso es que este artículo nace, tras haber trotado mucho por el mundo, solo o acompañado, en diversas épocas del año, de las más variadas maneras… etc; y en él expongo muchas cosas que he aprendido acerca de viajar, pues la experiencia es un grado y siempre es útil, y que espero que os puedan ser útiles también a vosotros… en cualquier caso, no dudéis en compartir también vuestra sabiduría y consejos, ¡que seguro que también serán útiles!.

Obviamente, también tiene un punto de opinión, personal y subjetivo, pues cada uno tiene sus gustos personales e impresiones particulares… pero yo creo que, en general, el artículo puede resultar sumamente práctico a mucha gente.

Así pues, divido el artículo por temáticas:

 

Por tu cuenta o con agencia

Escribí un artículo entero sobre esa temática con los pros y los contras de ir de forma autónoma o en un tour organizado.

 

Organización

Hay un enemigo implacable contra el que todo viajero o turista (bueno, si nos ponemos filosóficos, todo el mundo en general) se enfrenta desde el momento en el que inicia el viaje, y ese es: el tiempo… que, además, nunca va a nuestro favor.

Es lógico, un viaje tiene siempre una limitación temporal, y mientras dura, todos pretendemos sacar el máximo partido al lugar nuevo que nos rodea, tratamos de conocerlo a fondo y saber cómo es la vida allí, porque para eso vamos a otros sitios, para descubrir otras culturas, costumbres… etc.

Pero siempre es muy ingenuo pensar que lo conseguiremos, algunos sitios no se conocen totalmente ni pasando toda tu vida allí, para cuanto más.

Por ello, es inevitable hacer una selección, que dependerá de gustos, pero que yo recomiendo lo más genérica posible, para poder llevarnos las impresiones más variadas (ejemplo: dedicarse a ver museos y a la alta cultura, sin duda es una gran opción, pero no estará de más reservar algo de tiempo para la gastronomía o para descubrir los lugares favoritos de los habitantes del lugar para relacionarse).

En cualquier caso, seguimos en lo mismo, el problema tiempo… y la ironía de que, como le pasa a muchos, cuando van a cualquier sitio ven todos los lugares de interés turístico en tiempo record… pero no le han echado ni una ojeada al museo que tienen en frente de su casa. Pero eso ya es otro tema.

Así pues, nos encontramos con una misión imposible desde el principio: intentar combinar ver mucho y bien… francamente, después de muchos años viajando, he llegado a la conclusión de que la mayor parte de las veces es mejor pararse cuando algo es realmente interesante y merece la pena, dedicarle tiempo, el que sea… antes que andar corriendo por todos los lados y verlo todo a prisas, con presión y agobio, lo que a menudo suele resultar frustrante, sin mencionar, que realmente no estás apreciando nada porque no le estás dedicando la atención debida y necesaria. Sin duda, habrá quién se oponga a esta idea de pararse cuando la realicemos, y tras llevarla a cabo, nos diga “pero es que tú sólo has visto eso”, la respuesta que debemos dar es muy sencilla “yo he visto lo que quería ver”, y si nosotros mismos estamos satisfechos con ello, y suele pasar, no podemos pedir más (ejemplo práctico: para mí vale mucho más la pena pasarse una tarde entera en la Galería de los Uffizi, pudiendo deleitarse con tranquilidad con los Botticelli… que tratar de ver en el mismo tiempo el museo nombrado, la Academia y los dos palazos).

De modo que, podemos concluir que en esa lucha contra el tiempo, cuya batalla está perdida de antemano (pues nunca podremos conocer realmente a fondo un lugar con una breve visita), se puede conseguir una moderada victoria si, al menos, se aprovecha bien cada momento del viaje… y, como ya digo, el concepto de “aprovechamiento del tiempo” es totalmente personal, y cada uno debe decidir cuales son sus preferencias y prioridades.

Así pues, para conseguir ese mejor aprovechamiento, considero que lo mejor es organizarse previamente al viaje, pues si llegamos allí, y nos ponemos a mirar lo que hay, ya estamos desperdiciando unas horas muy valiosas.

Por ello, mi experiencia me ha hecho muy partidario de organizar previamente cualquier viaje, pues, si sabes lo que vas a encontrar, lo que te interesa y a dónde ir, todo es mucho más sencillo desde el principio… y aún así, tampoco es tan fácil, puesto que, al estar en un lugar desconocido, siempre se está más desorientado, pero, a pesar de ello, si se tienen las cosas claras y un previo conocimiento, todo resulta más sencillo.

Sin mencionar que, sabiendo algo del sitio, también resulta más fácil luego conseguir un alojamiento situado en un buen sitio o saber mejor que medios de transporte se van a usar.

Indudablemente, cuando lleguemos allí también obtendremos información valiosa, pero considero que no hay que esperar a que llegue ese momento, pues lo dicho, si empezamos a organizarnos y a decidir qué hacer cuando ya ha comenzado el viaje… estaremos desperdiciando un tiempo precioso.

Así pues, ¿cómo organizarse?, depende de los intereses de cada uno, del factor económico y de con qué medios se cuente o se piense contar… pero una vez que se sabe esto, no debe resultar difícil planificar día por día, de modo que todo salga bien.

Para llevar a cabo todo esto, hay múltiples medios, a mí personalmente, me encantan las guías de viaje y las encuentro sumamente útiles, puesto que siempre proporcionan mapas, referencias de los lugares y museos más interesantes, rutas andadas… además de mucha información histórica, artística… etc; así pues, si se planifica en base a esto, resulta fácil, una vez llegados al sitio, moverse casi como si se conociera.

Aunque, por supuesto, internet es utilísimo, puesto que toda la información viene actualizada, y la mayoría de las instituciones cuentan con página web, de modo que podremos saberlo todo antes de llegar al lugar con toda facilidad y evitar imprevistos.

Todo ello, no priva de que, una vez allí, si es posible, se pase por la oficina de turismo, pues a menudo nos pueden ofrecer cosas interesantes y sobre todo actualizadas, desde los horarios y precios de los museos hasta un evento que se celebra precisamente ese día.

Por otro lado, yo (analógico que es uno) prefiero la información impresa, me parece mucho más práctica y menos problemática… aunque reconozco que la digital puede ser muy útil también.

 

Equipaje

Ir cargado como una mula siempre es una mala idea, si hay una idea que cualquier viajero debe tener en la mente, por encima de cualquier otra, esa es “pragmatismo”… y para los que ya estén pensando que ni en broma se ponen, por ejemplo, ropa de deporte, no olvidemos que se puede ser práctico pero con estilo; la cuestión, al final, es estar cómodo con lo que se lleva y que no nos dé problemas (ejemplo práctico: indudablemente, tus preciosos zapatos monkstrap lucirán deslumbrantes encima de las históricas calles empedradas… aunque también pueden producirte unas ampollas igualmente históricas que no te permitan disfrutar ni un sólo segundo del resto del viaje… ya que bastante esfuerzo físico se va a hacer, asegurémonos de que llevamos algo que aguantemos y que vaya a aguantarlo… obviamente, todos sabemos y hemos experimentado con lo que usamos como para saber si va a funcionar o no; porque, evidentemente, al menos en mi opinión, jamás se debe llevar algo nuevo que no hayamos probado durante un tiempo considerable, no sólo puede destrozarnos sino también estropearse… un viaje siempre es una prueba de resistencia, tanto para las personas como para los objetos).

Así pues, antes de empezar a hacer el equipaje, yo recomiendo, ante todo, que nos informemos sobre el lugar al que vamos a ir, desde la climatología a las costumbres, pues ello nos evitará tener que perder tiempo haciendo compras allí porque nos falte algo… porque no nos olvidemos, vamos a otro sitio con unas características diferentes, y por tanto, con necesidades que probablemente no tengan mucho que ver con las de dónde vivimos, así pues, quizás debamos hacernos con cosas que no usamos normalmente, es decir, si hay que comprar algo, mejor en el lugar de origen que en el de destino (ejemplos prácticos: si alguien va a Galicia, y se queja de que hace frío y llueve, mientras que en Granada lucía en sol y te bañabas en la playa… bueno, tal vez esa persona debería haber metido en el equipaje un chubasquero y jerseys en vez de camisetas y pantalones cortos; o, si estaba previsto entrar en una mezquita, pero una vez allí, tras una larga cola, no os dejan pasar porque el vestuario es considerado irrespetuoso… pues es algo que habría que haber tenido en cuenta).

Por lo demás, el equipaje debe hacerse teniendo en cuenta la palabra “austeridad”, lo adecuado es, así pues, llevar la ropa básica para los días que vamos a estar, algunas mudas, y, por si acaso, alguna ropa excepcional o elegante (obviamente, no un chaqué con todos los complementos, pero una corbata o una chaqueta de sport no ocupan tanto), puesto que nunca se sabe. Y toda ella debe ser elegida, repito, teniendo en cuenta las características del lugar al que vamos (nunca en el que estamos, que parece una tontería, pero mucha gente comete ese error continuamente, y ello le amarga los viajes).

Y por supuesto, lo típico que siempre dicen las fuerzas de seguridad con toda razón, no hay llevar nada que delate en exceso que somos turistas (dentro de lo que cabe, pues siempre habrá cosas que hagan ver que somos foráneos), al menos de forma visible, aunque sólo sea para evitar disgustos.

Por lo demás al hacer la maleta, recomiendo organizarla bien, a ser posible según el orden en el que vayamos a utilizar la ropa, o de modo que todo esté sumamente visible y accesible; puesto que, una vez en el destino, para evitar pérdidas y olvidos, lo más recomendable es jamás deshacer el equipaje, y sacar de este, la noche anterior, lo mínimo y básico para el día siguiente (ritual que deberemos realizar diariamente mientras dure el viaje), de modo que la maleta permanezca lo más inalterada posible (esto es especialmente importante y vital si cada día pernoctamos en un lugar diferente o esto se hace muy frecuentemente).

 

Economía

Viajar o hacer turismo, no deja de ser un lujo (depende de como se haga, pero es innegable que es parte de un ocio pensado para ser caro), y por tanto va a ser algo inevitablemente caro, se puede gastar más o menos… pero es inevitable hacerlo.

Por ello, mi consejo es estar concienciados de ello, y de elegir entre gastar o no, casi siempre es mejor hacer lo primero, puesto que quizás no volvamos a ese sitio así que hay que aprovecharlo al máximo.

Ahora bien, tampoco hay que tirar la casa por la ventana y arruinarse como un Osuna, pues, como en todas las otras cosas en la vida, se puede gastar con mesura, conciencia y seleccionando bien por qué vale la pena pagar y por qué no, para que el total no nos salga por un ojo de la cara.

Y no nos equivoquemos, hay mil formas de ahorrar: se puede elegir un alojamiento no demasiado caro; no hace falta ir de restaurante todos los días, sino que se puede aprovechar para descubrir los supermercados del barrio (y así comprobar como es la vida de la gente del lugar en vivo y en directo, no hay mal que por bien no venga, no gastamos mucho, y además tenemos una impresión totalmente cotidiana del lugar); casi todas las instituciones culturales tienen una importante cantidad de descuentos a múltiples sectores (ahora bien, en taquilla no te los van a decir -de hecho, a veces incluso tienen la explícita instrucción de no hacerlo a menos que se pida de modo totalmente específico-, por ello recomiendo fervientemente tenerlos investigados antes y pedir exactamente lo que queremos para que no nos cobren de más, cuando podíamos haber pasado por menos)… etc.

 

Hospedaje

Aunque al oír la palabra “viaje”, probablemente, de las primeras cosas que se nos vengan a la cabeza sea la palabra “hotel”, existen muchas formas de alojamiento (algunas muy vanguardistas: intercambio de casas, alojamiento a cambio de ayuda en las tareas domésticas, albergues… quién sabe, tal vez la opción más convencional resulte no ser la que más te guste o convenga), y yo recomiendo probar todas las posibles para saber cuál nos gusta más y nos merece más la pena.

En cualquier caso, demasiado a menudo, el hospedaje suele ser de lo más caro del viaje, con lo que, a menos que seamos muy tiquismiquis, considero que lo mejor es tratar de ahorrar lo más posible en un servicio que, al fin y al cabo, y si aprovechamos bien el tiempo, sólo utilizaremos para caer rendidos al llegar el final del día.

No obstante, no se debe ahorrar dinero a la hora de conseguir un alojamiento lo más céntrico posible (muy especialmente si es un viaje organizado por mayorista, aunque haya que pagar un extra o un suplemento, pues siempre será mejor un hotel en el centro, que uno en las afueras o en un pueblo cercano, con unos transportes terribles, y que se tarde como mínimo una hora en llegar a cualquier sitio medianamente interesante… una vez más, no nos podemos permitir pérdidas de tiempo, y menos de un tipo tan estúpido) y cercano a nuestros lugares de interés; para esta cuestión, el lema siempre ha de ser “mejor pagar con dinero que con tiempo”, porque repito, si nos lo podemos permitir, siempre será mejor gastar el primero que el segundo.

Ahora hablaré de las formas de alojamiento que he probado (todas ellas bastante convencionales porque suelo viajar con gente que no se quiere arriesgar en ese aspecto):

-Hotel y derivados: los hoteles siempre tienen un encanto especial, estilo, glamour, tal vez debido a la magia de pretender recrear la perfección en la realidad, todo se hace solo a tu alrededor sin que tengas que mover un dedo… también se ocupan de cobrarlo bien cobrado. Ese es quizás su problema, no puedes hacer nada sin que se te cargue un extra, casi nunca hay nada incluido junto al alojamiento; por otro lado tampoco dispones de mucha libertad, puesto que, a parte de que son lugares diseñados para gastar, siempre están llenos de normas, ya sea explícitas, o que sobreentendidas. Sin embargo, hay que destacar que siempre tienen un gran concepto de la servicialidad, y ello siempre es positivo.

-Apartamento turístico: si la jugada sale adecuadamente, y están arreglados decentemente (y algunos están extremadamente bien), pueden ser una gran opción, puesto que es casi como trasladar tu casa a otro sitio. Se dispone de una inmensísima libertad (normalmente se puede contar con cosas como: llaves propias, cocina para hacer tu propia comida, posibilidad de lavar la ropa… etc)… el problema es que hay que hacerlo todo, con el gasto de tiempo y energía que ello conlleva. Y luego lidiar con el propietario o con la empresa que lo gestione, que pueden ser más o menos amables o flexibles.

 

Alimentación

Como diré a lo largo del resto del artículo, aunque sí considero que hay que dedicar algo de tiempo, interés y dinero en la cuestión gastronómica, los platos típicos, especialidades y esas cuestiones… como en todos los gastos que vayan a ser obligatorios e imposibles de esquivar, recomiendo no excederse y optar por lo barato en la mayor parte de las comidas que vayamos a hacer.

Y ya no sólo por el gasto, sino porque comer en cualquier local, implica invertir una cantidad de tiempo bastante considerable desde que te sientas hasta que te levantas. Obviamente, esta es una cuestión de gustos, pero yo soy partidario de no utilizar una buena parte del escaso tiempo del que disponemos en eso.

Aunque entendámonos todos aquí, es imprescindible comer, y hacerlo bien, puesto que el turismo produce un inmenso gasto de energía, así que hay que asegurarse de darle al cuerpo lo que necesita o caeremos rendidos de agotamiento, literalmente.

 

Transporte

Lo mejor es, casi siempre, contar con transporte propio (a menos que sólo vayamos a una única población, entonces es una tontería, porque tendremos permanentes problemas con el tráfico y el aparcamiento), nuestro propio coche que nos evite depender de nadie que no sea nosotros mismos, con nuestros horarios y a nuestro gusto. Ahora bien todos sabemos que eso no siempre puede ser.

En cualquier caso, también nos convendrá analizar, dependiendo de las características del destino donde vayamos a estar, si nos conviene utilizar cualquier tipo de transporte (ejemplo práctico: si vamos a pasar unos días en una ciudad de provincias sin movernos de allí, y nuestro alojamiento está al lado de todo lo monumental, casi seguro que nos será innecesario todo transporte; si en cambio vamos a una gran capital europea, aunque nuestro hospedaje esté cerca de algo importante… seguro que necesitaremos trasladarnos largas distancias para ver el resto de las cosas relevantes de la ciudad).

Ante tal situación, surgen estas posibles opciones:

-Transporte público: si se va a estar sólo en una población, es lo más práctico, comprar un bono lo más amplio posible (preferiblemente turístico, que los hay); pero práctico para no pagar una cantidad absurda por algo que no vas a usar.

La mejor opción suele ser el Metro (si lo hay y funciona bien -Ejemplos prácticos: el de Madrid, genial; el de Moscú: imprescindible -y no sólo por el tema artístico-; el de Roma, muy poco útil; el de Valencia, tomadura de pelo descarada-, de esto habrá que enterarse previamente, como bien decía en el apartado “organización”), básicamente porque el bus suele ser para personas enteradas, que reconocen los sitios a los que van y conocen las paradas concretas en las que pulsar… y ese no suele ser el caso del viajero o turista; por ello, el Metro proporciona una gran seguridad: sabemos que tal monumento está en tal parada, así que es tan sencillo como trasladarnos de la que estamos a la que vamos, y no va a haber alteración o cambio ninguno, cuando salgamos del transporte vamos a saber exactamente a donde hemos llegado, sin desconcierto alguno; siendo además un transporte rápido y eficaz, no se le puede pedir más.

Por otro lado, no sobra decir, el transporte público ofrece la magnífica posibilidad de interactuar con los habitantes del lugar, de poder fijarse en ellos y observar como es su vida cotidiana, puesto que, al fin y al cabo, también ellos lo usan frecuentemente y forma parte de sus vidas… y lo dicho, si uno viaja, es para descubrir otras cosas, cultura y formas de vida; y parecerá una exageración o una tontería, pero lo cierto es que pocas cosas reflejan mejor eso que el transporte público y sus usuarios.

-Coche de alquiler: dependiendo del lugar, puede ser una opción cara o aceptable (e incluso necesaria), aunque dependiendo de la empresa que lleve a cabo la transacción, puede resultar también un poco arriesgado (las condiciones del contrato pueden asustar un poco); sin duda es algo a pensar si compensa. Sin embargo, no hay duda de que nos aporta una movilidad, facilidades y una libertad increíbles. No obstante, por todo lo dicho anteriormente en este mismo apartado, yo, es una opción que sólo uso cuando hay que desplazarse a otros lugares distintos de aquel en el que me alojo, hacia las que el transporte público es especialmente complicado.

-Taxi y parecidos: si te sobra el dinero, bueno, no hay duda de que es algo cómodo. Aunque la mayor parte de viajeros y turistas que lo usan, suele ser por falta de pericia (se pierden, no llegan al transporte que tenían que haber llegado… etc).

Y ya que mencionamos temas de transporte, casi nunca suele ser buena idea usar uno de esos servicios de autobuses turísticos, trenes o cosas parecidas; son superficiales y a veces incluso una estafa (porque si hay una zona peatonalizada, y las históricas suelen estarlo, evidentemente, no pueden pasar por ahí). Hay quien los defiende diciendo que ayudan a situarse y a ubicar las cosas en un sitio… pero si habéis hecho lo que digo en el apartado “organización” de este mismo artículo, no lo necesitaréis; por otro lado, suele ser un servicio demasiado caro para lo que ofrece y es demasiado turístico en el mal sentido de la palabra, pues perdemos todo sentido de lo que es el lugar y su sabor.

 

Visitas turísticas

Sin duda, la temática de este apartado es la gran misión de todo viajero o turista (pues no olvidemos que dentro de estas visitas no sólo se engloba la alta cultura, también todo tipo de actividades que hagas fuera de tu lugar de residencia).

En primer lugar, recomendar que no os quedéis con el tópico o con los horarios de apertura, si tenéis la oportunidad, y un sitio os gusta especialmente, tratad de pasar por allí varias horas al día para ver como cambia… en cualquier caso, yo siempre recomiendo conocer cualquier lugar al que vayáis, tanto de día como de noche, pues suele cambiar drásticamente, siempre hay otro ambiente, tiene otro encanto y aporta cosas distintas (ejemplo práctico: la parte intramuros de Cáceres es deslumbrante por el día… pero cuando es de noche, lo es incluso más, con la iluminación, el cielo estrellado, y los habitantes haciendo su vida en las plazas o terrazas. Y ya no mencionemos ejemplos más típicos como París, ¡la ciudad de la luz!).

Por otro lado, mi experiencia me dice que, de cara a organizarse bien, saber lo que merece la pena y perder el menor tiempo posible, debemos clasificar cualquier lugar al que vayamos en:

-Interior: todo, o casi todo, su interés está en sus museos, fundaciones, salas de exposición, lugares históricos muy concretos… es decir, sitios que requieren entrada o que pueden estar cerrados y restringidos a un horario. El patrimonio monumental exterior es muy escaso o no tan interesante, con lo que callejear no merece mucho la pena, y conviene más centrarse en recorrer y entrar en los lugares de exposición antes que cualquier otra cosa.

Ejemplos: Mérida, Ciudad del Vaticano, Versalles…. etc.

-Exterior: lo más interesante está fuera, el verdadero interés es el sitio en sí mismo: sus calles, callejones, esquinas… un museo al aire libre. En esta clasificación pueden entrar todos, o casi todos, los lugares que conforman un conjunto histórico-artístico.

Ejemplos: Oporto, Toledo, A Coruña… etc.

-Mixto: son aquellos lugares en los que hay una gran combinación, y sobre todo calidad, de lugares de interior y de exterior; con lo que hay que rentabilizar al máximo el horario de apertura de los museos, y según se sale de estos, callejear sin descanso. Dentro de esta clasificación se puede meter casi cualquier gran capital Europea.

Ejemplos: Madrid, Roma, Londres… etc.

Por supuesto, esta clasificación no puede ser tomada o usada de modo absoluto, pero casi siempre, cualquier lugar o población tira más hacia una cosa o a otra… lo que ayuda a ver en que nos compensa más invertir nuestro tiempo.

Respecto a los horarios que afectan a las visitas turísticas… no os dejéis engañar, el truco de ir a primera hora, o al mediodía, es un secreto a voces que conoce todo el mundo, con lo cual, no os ahorraréis cola en eses momentos. Lo que sí he observado, es que cuando baja el nivel de gente es a media mañana o media tarde… ahora bien esa opción nunca es la mejor para aprovechar lo más posible el día, de modo que, en mi opinión, siempre será mejor tragarse la cola de primera hora de la mañana (y cuanto antes se llegue, menos habrá) y rentabilizar el tiempo, antes que estar mirando las horas pasar y que luego no dé tiempo a nada.

Por otro lado, también he de recomendar, especialmente cuando no vayáis a capitales de un país, que busquéis los lugares donde se exponga lo más local o regional, o que si lo encontráis, seáis capaces de apreciarlo en lo que vale; por ejemplo, puede que haya un museo que presuma de tener un Goya… pero ello no significa que el resto de la colección no valga nada, a menudo, un museo que no está en la capital de un país, resulta especialmente interesante cuando no se concentra en tener muchas firmas famosas de cara al público (pues a menudo, incluso suelen ser obras de menos valor, o incluso mediocres, depositadas por los grandes museos nacionales), sino que contiene obras de artistas del lugar, que siempre resultan mucho más interesantes (aunque no necesariamente sean buenísimas y desde luego no alcancen la maestría de los grandes artistas… aunque siempre podéis hacer algún descubrimiento, a mí no es la primera vez que me pasa) puesto que te da una idea de lo que se movía en ese sitio, de las inquietudes que llegaron a tener, de cómo se desarrolló su cultura, de qué visión tenían sus habitantes de dónde vivían… etc. Por ello, recomiendo enormemente buscar instituciones dónde estén expuestas obras de artistas locales y regionales, lo que, y más haciendo un viaje un sitio concreto, siempre será mucho más enriquecedor que ver la obra menor (porque las mayores no van a estar) de un artista famoso que ni siquiera pisó el lugar dónde estamos y no tiene nada que ver con él.

 

Vivencias

Puede parecer una tontería, pero lo he visto demasiadas veces, así que lo digo: cuando uno viaja, es para vivir otras experiencias; porque, para hacer lo mismo que se hacía, es mejor quedarse en casa; todo viaje siempre debe cambiar nuestra vida y nuestra perspectiva, ya sea momentáneamente o durante mucho más tiempo.

En realidad, es extremadamente sencillo detectar a quién no viaja, al que no ha salido de su casa en su vida, que no tiene mundo, que es un turista en el peor sentido de la palabra… ¿que cómo se les distingue?, pues muy sencillo, porque son aquellos que quieren reproducir su vida y sus costumbres del lugar dónde viven, tal cual, en otro sitio distinto… sobra decir, que esto siempre resulta ridículo y estúpido, pero hay mucho paleto suelto… aunque, al final, los que peor lo pasan con estas personas, son los trabajadores del sector turístico, porque esta gente palurda, es además, absurdamente exigente y siempre plantea los problemas más tontos a la más mínima contrariedad, lo que se debe a ese intento desesperado, como ya he comentado, de mantener su status quo particular; todo lo cual, claro está, siempre les lleva, inevitablemente, a la amargura y la frustración, y con ellos, sus acompañantes también.

Así pues, la palabra que se nos debe meter en la cabeza, cada vez que hagamos un viaje, es siempre la misma: adaptación. Y es que, tener y mantener esta capacidad hará que disfrutemos de verdad y que podamos ser felices; de lo contrario, sólo nos espera ansiedad, estrés y enfado constante… ¿y qué necesidad hay de pasarlo mal cuando se puede pasarlo bien?, pues eso.

Esta capacidad de adaptación, nos llevará además a vivir nuestras mejores aventuras, pues, aunque, como habéis visto, soy muy partidario de la organización, la planificación, y lo considero sumamente importante… también es cierto que sé y manifiesto que jamás hay que llevarlo al extremo o encorsetarse, porque también nos llevará a la frustración, ya que, en todo viaje, los imprevistos son absolutamente inevitables, así que, nuevamente, la capacidad de adaptación nos resultará sumamente útil.

Todo ello, sin mencionar que, en muchas ocasiones, lo que surja espontáneamente, puede ser mucho más emocionante o interesante que lo que estaba planificado, de modo que puede merecer mucho la pena dejarse llevar por ello (ejemplo práctico: si resulta que precisamente el día que estáis en la plaza mayor de Brujas está la orquesta de las fuerzas armadas de Bélgica… tal vez sea mucha mejor opción sentarse con el resto de los belgas a escucharles un rato, que visitar el museo de Dalí intensamente o dar vueltas por calles dónde no hay nada buscando un atractivo turístico que ya se te ha presentado). No obstante, sí he de advertir que, en todo lo posible, hay que mantener la estructura planeada, puesto que si nos dejamos llevar demasiado por la improvisación o lo que surja, se acabará por perder mucho tiempo en cosas que, a lo mejor, al final no merecen la pena o acabar con muchísimos tiempos muertos porque se te pasó la hora para tal o cual cosa y te has perdido algo que era muy relevante. Para estas cuestiones, el mejor lema siempre será que hay que saber priorizar lo importante sobre lo urgente.

Por otro lado, como ya he dicho, es muy buena idea salir de lo habitualmente turístico (aunque no seáis de los típicos que van diciendo eso de que quieren conocer la auténtica población que conocen sus habitantes… eso es un imposible y una catetada, porque para conocer un sitio de verdad hay que vivir en él, y en cualquier caso, casi cualquier lugar que merezca la pena, es diferente para cada persona… así, sólo en mi círculo, podría presentaros a gente que conoce un Madrid totalmente distinto al mío, depende de gustos, aficiones, relaciones sociales… por lo que siempre será absolutamente irrealizable abarcarlo todo, incluso viviendo toda la vida en él, para cuánto más viniendo sólo unos días), y descubrir lugares a los que van los habitantes o otras formas de cultura no tan habituales; por ejemplo, siempre puede ser una buena idea ir a un espectáculo teatral o a un concierto, acudir a algunos locales de marcha… etc, lo que siempre es un modo de medir el pulso de la ciudad y ver lo que se mueve hoy en día, y como es la realidad de los locales del lugar donde estás.

Y es que cuando se viaja hay que ser una esponja y empaparse de todo lo que nos rodea, muy especialmente si es algo poco habitual o que no tenemos la posibilidad de ver normalmente (ejemplo práctico: sin duda alguna, acudir a un McDonald’s o a un Starbucks nos aportará una gran seguridad, pues sabemos exactamente lo que vamos a encontrar, ya que en todo el mundo es lo mismo -¡cuidado con la globalización!, lo dicho, para hacer nuestra vida tal cual la hacíamos en nuestro lugar de origen, mejor quedarse en casa-… sin embargo, quizás sea mejor optar por esa taberna, claramente un negocio familiar, probablemente con décadas de historia, que está a rebosar con los vecinos del barrio y con gente que se conoce de toda la vida; que además, cuenta con una carta sumamente sugerente en la que se incluyen comidas y bebidas que no conocíamos y que probablemente no volvamos a tener la oportunidad de probar).

Por ello, recomiendo fervientemente conocer toda la gente que se pueda, aprovechar la más mínima ocasión para tener una conversación, ya sea con otro viajero (siempre nos puede dar consejos útiles, ideas o contarnos alguna cosa que no sabíamos), pero sobre todo, con los locales del sitio al que vayamos, pues siempre será interesante descubrir como son, ver lo que se tiene en común, cuales son las diferencias culturales, sus modos, estilo de vida, perspectivas… etc.

Y, aunque a veces el idioma local pueda ser un impedimento para lo anterior (eso de que hoy día todo el mundo habla inglés es un topicazo… lo habla mucha gente y resulta útil para viajar al extranjero, pero saber únicamente ese idioma no es garantía de nada, y más en determinados países); no puedo dejar de aconsejar aprender unas pocas palabras de la lengua del lugar al que vamos (algo simbólico, no hace falta hacer una filología, cosas tipo: disculpe / perdón / hola / buenos días / gracias / de nada), pues siempre causa muy buena impresión en un primer acercamiento y motiva a que sean más amables con el visitante, pues ven que realmente tiene interés y respeto por la cultura del sitio en el que está, por conocerlo más allá de lo superficial y del tópico.

 

Y, de momento, esto es todo lo que se me ha ocurrido que es importante de cara a encarar un nuevo viaje (y creo que no es poco)… por supuesto, como todo el blog, este artículo es susceptible de ser actualizado continuamente, a medida que se me vayan ocurriendo más cosas… y por supuesto, con vuestras aportaciones a través de los comentarios, ¡que seguro que también tenéis múltiples experiencias viajeras de lo más enriquecedoras!.

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Crítica exprés: Enseñanza libre & La gatita blanca

Yo me pregunto que enchufe trifásico tiene Enrique Viana con este teatro, ya que, desde luego, si está en él continuamente no es precisamente por su calidad profesional (a ningún nivel: ni delante, ni detrás del escenario).

Basta ver alguno de sus espantosos espectáculos de Centro cultural; yo me encontré con su “Banalités y Vianalités” hace años… y aún me dura el mal recuerdo de lo vulgar que era, sin mencionar la furiosa competición que se entablaba entre su talento como actor-cantante y su talento como director de escena, pues ambas capacidades rivalizaban ferozmente por ver cual alcanzaba mayor mediocridad y lo podía hacer peor.

Por ello, me sorprendió mucho cuando descubrí que el Teatro de la Zarzuela le puso a cargo de unas visitas teatralizadas que duraron al menos una temporada… y lógicamente, no más, puesto que no iría nadie, y a los que fueron… seguro que se les quitaron las ganas de volver.

Con todos estos nada recomendables precedentes, me horrorizó descubrir el nombre del director de la nueva producción del Teatro de la Zarzuela que tanto deseaba ver… pero decidí no hacer caso, al fin y al cabo, “Enrique Viana” es un nombre sumamente vulgar y miles de personas se pueden llamar de ese modo, no tenía porque ser el mismo… y además, aunque no fuera así, todos tenemos tropiezos, errores; “Banalités y Vianalités” podía ser un buen ejemplo de ello, y quizás tendría la oportunidad de cambiar de opinión.

Nuevamente, mi ingenuidad biempensante me volvió a jugar una muy mala pasada: no sólo era el Enrique Viana que conocía, sino que pude confirmar su mediocridad y falta de talento de forma definitiva y aplastante.

Por supuesto, nuevamente, cuando asistamos no encontraremos nada de decoración específica ni exposiciones; apenas un cartel a la entrada. Desde que Bianco dirige este teatro siempre cae en picado en lo que se refiere a la cuestión de los complementos y servicios paralelos a la representación.

Buena atención al público; excepto en el guardarropa, dónde, a juzgar por su humor, y modales casi groseros, parecía que la mujer llevase una semana alimentándose a base de vinagre y aceite de ricino; a lo mejor lo que le pasaba es que la molestó que la sacase de la interesante lectura de su libro para ponerla a hacer su trabajo… ¡estos espectadores, es que tenemos unos caprichos más tontos!, ¡pretender que alguien haga la tarea para la que está contratada en vez de dejarla tranquila abandonándose a su pasión literaria!, qué extravagancia la mía, ¿no?.

Y fue de este modo como el camino de ascenso al triunfo absoluto que llevaba el Teatro de la Zarzuela esta temporada, se vio truncado justo al final. Que pena.

 

-Enseñanza libre & La gatita blanca: ya empieza a haber carteles que anuncian que este año es el orgullo gay mundial en Madrid… y el Teatro de la Zarzuela parece querer adelantarse a esta efeméride, pues durante la representación, da la impresión de que estemos viviendo una cabalgata adelantada o una especie de obra aspirante a copia del estilo de Pedro Almodóvar.

Y hablando claro: esta es la típica obra en la que los que forman parte de ella se lo pasan genial haciéndola… pero el público no la soporta.

Todo ello, sin mencionar que también es el tipo de obra que horrorizará a los espectadores habituales de este teatro y que, con toda seguridad, acabará por acumular unos cuantos merecidos abucheos, silbidos y quizás incluso pitidos (como no es la primera vez que sucede por estos lares).

No es para menos: ¿libreto?, para qué… incluso se llega a afirmar que lo de respetar el libreto original está fuera de lugar… ya ves, una vez más, nos encontramos con el típico mediocre que cree que puede hacer algo mejor, y yo le pregunto: ¿qué has hecho tú que haya sobrevivido décadas?, porque, no sobra recordar que la obra que vamos a presenciar vuelve a ser representada porque es del interés del público o porque alguien ha juzgado que puede serlo, y, en cualquier caso, aún sigue en el imaginario popular de muchos… que es mucho más de lo que se puede decir de estos nuevos creadores que, en el mejor de los casos, sólo despiertan hilaridad o compasión.

Así pues, Enrique Viana, demuestra no sólo no tener talento como actor, cantante, director de escena… sino que además no sabe escribir o siquiera hacer la “o” con un canuto. Su “libreto” (necesito entrecomillarlo, porque no tengo valor de llamarlo como tal), es surrealista, vergonzoso, no se sostiene por ninguna parte y demuestra una ignorancia de la narrativa y de sus técnicas más básicas (y todo ello, ya sin mencionar los vomitivos diálogos) que produce auténtica repugnancia.

Me gustaría mucho hablar algo de lo que me pareció la obra original… pero, como ya digo, no me dejaron verla… sólo un espantoso pastiche diseñado por Enrique Viana, que me horrorizó.

La dirección de escena de Viana, como era de imaginar, se muestra de diletante, plomiza e incapaz de mantener la historia a flote… y con todo tipo de errores: se ha reorganizado todo el teatro de arriba a abajo (cambiando las butacas, el escenario y hasta a la orquesta de sitio… sin razón ni sentido alguno -sólo por llamar la atención-; y perjudicando de forma grave y onerosa tanto al conjunto de la obra como a las partes), consiguiendo que ya no se oiga a los cantantes (y eso que algunos llevan micrófono, toda una vergonzosa novedad para este coliseo) y que la acústica en general sea desastrosa; por otra parte, los movimientos de escena resultan forzados e inconvenientes… y por más vacua y superficial espectacularidad que tenga la representación, no hay manera de engañar a un espectador mínimamente avezado, de que está siendo estafado con descaro y de que todas las lentejuelas, lámparas que suben y bajan, además de brillos y artificios variados del mundo entero, no pueden esconder tan descarada falta de talento, tanta falta de pericia e incapacidad para contar una historia. Todo lo cual, sin mencionar que las referencias de la revista y de los musicales de principios del siglo XX que utiliza Viana son tan torpes que se convierten en malas copias.

Por todo ello, también difícilmente puedo hablar de la música, de la que parte se intuye muy buena, pero hay que concentrarse para captarlo, pues, como ya he dicho, Viana ha diseñado esta obra para que sea imposible degustar lo original, y que él pueda lucirse a gusto con todo tipo de “originalidades” que impiden la adecuada recepción del material original en todo lo sentidos; simplemente, se nos hace imposible.

Y ya no hablemos del diseño de producción, que alcanza el culmen de lo vulgar y de lo hortera; eso lo que es pasablemente original, puesto que una buena parte se percibe como una pésima copia barata de otros productos de calidad de antaño.

En realidad, quizás, una de las conclusiones a las que debamos llegar es que el gran problema de toda esta producción (como de otras tantas de este y otros lugares) es que el sistema que se sigue para realizarlas no es el adecuado: primero se programa y luego el proyecto se ofrece a diversas personas… muchas de las cuales aceptan por motivos ajenos al proyecto en sí mismo. Y es que la gran desgracia que tiene “Enseñanza libre & La gatita blanca” es que Viana desprecia totalmente los originales (es más, incluso se dice durante la función), y cual carnicero matarife extrae lo que, a su gusto (cuya calidad no necesito entrar a valorar, pues a la vista de todos está), está bien, y deshecha el resto para salchichas. Si, muy por el contrario, en vez de seguir este sistema que sólo puede perjudicar a las producciones, se eligiera primero al director, y que este llevase a cabo un proyecto que le ilusionase y con el que hiciese una gran creación; o, al menos, de decidir antes el proyecto, se eligiese a alguien realmente motivado e interesado por hacerlo… otro gallo muy distinto nos cantaría. De lo contrario, así seguimos, teniendo que aguantar las sandeces del iluminado de turno que se cree que sus ideas efímeras, que mañana nadie recordará, tienen más peso e importancia que los clásicos que han sobrevivido al implacable juicio de la historia… y creer lo contrario a esto ya no es soberbia, es mucho más, ¡es estupidez!.

En cuanto a los intérpretes, todos ellos parecen más seleccionados por amiguismo que por talento (y si es por esto último, tal vez sea por alguna habilidad que no se considere decente enseñar públicamente… pero que sea de carácter artístico, lo dudo mucho), y, como ya digo, el reparto (muy especialmente el masculino) en su totalidad parece sacado de una carroza del desfile del orgullo gay (bailarines incluidos). Todos lo hacen muy mal, y francamente, no creo que lo puedan hacer mejor porque no están capacitados ni cualificados para ello.

Para que os hagáis una idea de lo que supone ver esta producción, quizás la mejor comparación que se puede hacer es que es como asistir a cualquier espectáculo de cabaret o transformismo de un bar de ambiente gay de Chueca… sólo que absurdamente inflado de presupuesto y cargado de los delirios y fantasías de un ser mediocre que, al ser incapaz de aportar fondo, se dedica a recargar la forma a ver si cuela… y no, no lo hace.

En definitiva, este último estreno del Teatro de la Zarzuela nos deja con muy mal sabor de boca, dando una mala (casi) conclusión a la temporada; pues la producción que lleva a cabo Enrique Viana de “Enseñanza libre & La gatita blanca” es una obra mediocre, patética, que no sólo no está a la altura del material original, sino ni siquiera del teatro dónde se representa… en realidad, no está a la altura de nada ni debiera de haberse representado nunca jamás; es por tanto, de lo peor que podemos encontrar en este momento en la cartelera teatral de Madrid.

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Usted tiene ojos de mujer fatal… en la radio

Precioso homenaje familiar

Sinopsis y ficha técnica

Jardiel Poncela ha preparado su comedia Usted tiene ojos de mujer fatal para hacerla en la radio, cuando reaparece Carmen, el amor de su vida. La historia del autor y de la mujer que le robó el corazón se entremezcla con la obra, que cuenta la historia de un Don Juan que se llama Sergio, que le ha robado el corazón a una Inés, que se llama Elena. Al final, el humor triunfa… pero, ¡de qué manera! Absurdo, teatro, humor, amor y final feliz: Jardiel Poncela.

El biznieto de Jardiel Poncela presenta esta nueva versión de la obra de su bisabuelo. Coge las mejores escenas de Usted tiene ojos de mujer fatal de Jardiel, ponles una pizca de cómicos absurdos, échales la historia de amor del mismo Jardiel con Carmen, la mujer que le robó el corazón y que, después de abandonarle, ha regresado de cantar tangos en Argentina, sazónalo todo con el contexto social de la postguerra española y, para terminar, intenta servir este plato en la radio… Usted tiene ojos de mujer fatal… en la radio… El Jardiel que el siglo XXI estaba esperando.

Jardiel es uno de los autores más importantes e influyentes de la Literatura española. Independientemente de que sus obras se siguen representando por medio mundo y de que sus libros se siguen reeditando constantemente; independientemente de que los empresarios españoles inteligentes, cuando tienen una mala temporada, siguen recurriendo a Jardiel para que se la arregle; independientemente de que es un autor estudiado en los colegios y plagiado habitualmente por muchos dramaturgos actuales; Jardiel fue la inspiración de la llamada Otra generación del 27, además de anticipar el absurdo europeo (cuando Ionesco visitó España y le preguntaron si le gustaba el país, respondió que no, porque no podía gustarle un país que había tratado tan mal a Jardiel Poncela) y de crear un tipo de humor que conectó con la intelectualidad mundial y con el público español, dos conceptos que suelen ser difíciles de hacer coincidir. Jardiel, en su teatro, inventó una manera de hacer las cosas, una manera de la que el Teatro universal es heredero. Él adivinó una forma teatral que rozaba lo cinematográfico, cosa que desde los años 70 todos los que escribimos intentamos utilizar, por poner un ejemplo. Sus puestas en escena estaban adelantadas a su tiempo en varias décadas, porque Jardiel entendió el teatro europeo moderno… antes de que apareciese. Jardiel es un genio, contra el que una generación entera se ha confabulado para que nadie se diese cuenta.

Comentario previo

La temporada pasada, tuvimos la oportunidad de poder ver una obra excepcional que incluía a muchos de los descendientes de Jardiel Poncela (aunque fue un tanto decepcionante), y esta temporada nos traen de nuevo al biznieto del gran autor a la sala que lleva el mismo nombre de su ascendiente.

La última vez, debido al gran evento que suponía en sí mismo, consideré que debía hacer una crítica completa sin considerar que la obra como tal lo mereciera mucho… en esta ocasión es diferente, pues sí considero que la merece absolutamente.

Una advertencia, las fotos no son de la producción del Fernán Gómez, que está mucho más cuidada, sino de… sabe Dios dónde. Pero dan una idea de lo austero de la puesta en escena.

 

Crítica

Muchas veces he criticado en este blog a pretendidos dramaturgos que meten sus manazas en los grandes clásicos con total soberbia y presunción… quizás en este caso hubiera podido hacer lo mismo, si no fuera por que el que tiene las manos en la masa es el biznieto de Jardiel Poncela, y no hay duda de que ha querido hacer un bonito homenaje a su ascendiente.

Así pues, la obra mezcla el texto de Jardiel con el de Ramón Paso, creando una combinación curiosa, fresca… y un nuevo homenaje a los grandes tiempos de la radio (cosa que últimamente parece abundar); a decir verdad, lo más asombroso del texto final es lo bien que se combina el antiguo con el moderno, pues está claro que el ingenio y el buen humor está en los genes familiares. Eso sí, insisto, esta nueva versión es tremendamente respetuosa y homenajea el original (es más, el propio Jardiel Poncela es, curiosamente, uno de los personajes). Como ya digo, si esto lo hubiera hecho otro, tal vez no hubiera dado resultado, pero habiéndolo hecho Ramón Paso, hasta cierto punto, le da a esta nueva producción un cierto toque de excepcionalidad y de documento histórico.

La dirección, también de Paso, es eficaz, no genial, pero sí cumple su función y mantiene un buen ritmo cómico y al espectador totalmente atento e interesado.

Me gustó mucho el diseño de producción, que, aunque austero, sí es estético y con cierta elegancia evocadora, muy especialmente el vestuario. Asombra lo mucho que se consigue con tan poco.

Todos los actores están muy pero que muy bien, y merecen un gran bravo; además, tienen la oportunidad de demostrar múltiples registros y todo su talento debido a que hacen varios personajes.

En definitiva, “Usted tiene ojos de mujer fatal… en la radio” es una de las mejores opciones de la cartelera teatral madrileña: divertida, entretenida, emocionante, emotiva… y además, una opción teatral que no se queda sólo en una comedia frívola sino que se le puede encontrar más de una lectura; por lo que hará las delicias de todos, tanto de los que busquen algo más sesudo como de aquellos que sólo quieran entretenimiento… concluyendo: es muy recomendable.

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Crítica exprés: VIII Festival Mantras

cartel festival mantras 2017

-VIII Festival Mantras: siempre he defendido que el Fernán Gómez necesita configurar una imagen propia que lo contraponga claramente al resto de los teatros municipales, y sin duda alguna, los múltiples festivales musicales que tienen lugar, a lo largo del año, en sus salas ayudan enormemente a ello.

Así pues, siempre es una alegría la vuelta de Mantras, que nos acerca a artistas y estilos musicales no siempre accesibles (dentro de lo que cabe, teniendo en cuenta el acceso a la información que existe hoy día) o conocidos por la sociedad occidental en general.

Representa, así pues, la oportunidad de abrir nuestro oído y mente, salir de nuestra zona de confort y explorar nuevos sonidos… podrá gustarnos más o menos, pero al menos habremos descubierto y aprendido algo nuevo.

Sin mencionar que también tiene su toque solidario pues la recaudación de taquilla va a fines benéficos relacionados con aquello que vamos a ver.

Yo finalmente, sólo podré ir a un concierto, que reseño brevemente:

 

-AYNUR: a mí no me entusiasmó, a pesar de que ella como persona parecía agradable y se había molestado en aprender un español básico, en general, su fusión de música tradicional y técnicas modernas no me convenció. Tampoco su voz ni su estilo en general. Pero para gustos colores.

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Crítica exprés: Ballerina

Muchas dudas tuve en ir a ver esta película… y de hecho, incluso la había descartado. Al final, como por una serie de circunstancias me invitaron, pues acabé diciendo “¿por qué no?”.

Las razones de mi inseguridad eran múltiples: las críticas, tanto oficiales como de aficionados estaban muy divididas, en todo caso, ninguna era para tirar cohetes… y después de la inmensa decepción que me produjo otra película de este género, no estaba por la labor de que volviese a pasar; tampoco me parecía que fuese un musical de verdad, y tenía muy serias dudas sobre que mereciese la pena y no estuviese plagada de tópicos….

Pero en su favor tenía el hecho de ser francesa (lo cual probablemente le diese un toque diferente), un tráiler apetecible, y que me parecía sumamente interesante que el cine de animación abordase el tema de la danza, cosa que tantas veces (y en ocasiones tan bien) se ha hecho en el cine de acción real.

El caso es que al final acabé yendo, y estas fueron mis impresiones finales:

 

-Ballerina: se trata de una película buena, aceptable en todos los sentidos, no es extraordinaria, pero sí aporta cosas nuevas y positivas, no es un topicazo pero tampoco llega a ser genial. Supongo que el hecho de que sea una producción, en parte, Europea ha influido en todo ello, tanto para bien como para mal, es decir, tiene el toque diferencial y no de artículo de serie que sería propio de fábrica estadounidense, pero a la vez no llega a tener la magia y maestría de muchos de los productos de Hollywood.

El argumento parte de una idea muy vista “tengo un sueño y lo voy a hacer realidad porque tengo muchísimo talento” y habitual en el género de la animación; pero esta película lo aborda desde una perspectiva diferente, pero sobre todo, y lo más relevante, más realista: el talento puede ser importante, pero de nada sirve sin trabajo y constancia (dicho de otro modo, una de las cosas más importantes que la protagonista deberá aprender es que tener pasión y energía puede ser muy bueno, pero de nada sirve si no está educada, dirigida y guiada por la técnica adecuada)… incluso, se introduce, levemente, el elemento de la suerte, de la fortuna, que tan vital es, especialmente, en cualquier carrera artística.

A parte de la trama principal, luego el guión se pierde en otras más innecesarias como ciertos romances muy estereotipados y situaciones muy vistas. En lo que respecta a todos los personajes, en general, deberían estar muchísimo mejor dibujados, apenas están esbozados, y la mejor prueba de ello es que de muchos de ellos nos quedamos con ganas de saber más y a otros nos cuesta muchísimo entenderlos, viéndonos obligados a aceptarlos porque sí… sin mencionar que muchos llegan a rozar el estereotipo.

Por lo demás, el guión conduce la historia aceptablemente bien, de uno modo bastante predecible, pero visionable, aunque el clímax final llega a resultar demasiado exagerado (incluso ridículo por lo excesivo que resulta).

La animación es de gran calidad y belleza, con una fotografía cálida que busca lo estético y agradar.

Por lo demás, me desagradó la banda sonora, que me demostró, sin lugar a dudas, la profunda y asombrosa incultura, en lo que respecta al ballet, de los cineastas que realizaron este filme: todas las escenas de baile se hacen con música pop (¡hasta el gran ballet final!); de hecho, Tchaikovski apenas consigue asomar la cabeza con alguna que otra melodía de fondo, que son las esperables y predecibles sacadas de “El lago de los cines” y “El cascanueces”. A decir verdad, me indignó esta cuestión, puesto que me pareció vergonzoso que en una película dedicada al ballet no sonara apenas música de sus grandes compositores, y creo que este filme hubiera sido una oportunidad más que perfecta para introducir e iniciar en este mundo y en este estilo a mucha gente y especialmente niños. Desgraciadamente no se hizo, y dado que la música actual sustituta tampoco cumple las expectativas, ni está a la altura de lo que debería estar, he de decir que la banda sonora de “Ballerina” es un innegable cero absoluto.

En lo que respecta al doblaje en español, cumple su función.

Concluyendo, “Ballerina” es una película que está bien, que se deja ver, y que aporta cosas con su visionado… pero no es ni una obra maestra ni un imprescindible.

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Crítica exprés: Concierto ORCAM, extraordinario Fundación BBVA en el Auditorio nacional (30 de noviembre de 2015)

No mentiré, este artículo va a estar más dedicado a hablar del Auditorio nacional y la experiencia que supone acudir a cualquiera de sus salas (la Sinfónica o la de Cámara) que a hablar de un concierto que sucedió una vez, y que estuvo bien, pero ni se repitió ni hay posibilidades de que vuelva a suceder; por lo que una amplia crítica no me tiene demasiado sentido (y de ahí que tampoco se haya publicado inmediatamente, sino mucho después, porque su utilidad es más hablar sobre el lugar -que permanece igual- que otra cosa).

Por otro lado, casi siempre que he ido al Auditorio nacional ha sido invitado por esta fundación (tal vez porque la música instrumental es menos de mi gusto que la vocal), por lo que puede servir esta crítica como una experiencia genérica

El Auditorio nacional es un lugar que está un tanto perdido en Madrid y que por ello no todo el mundo conoce; alejado del centro, exteriormente, su arquitectura resulta más bien repulsiva y llama poco la atención… por ello al entrar nos espera un gran desengaño.

El interior es precioso, totalmente moderno y contemporáneo, pero realmente majestuoso; quizás demasiado inmenso y amplio, pues parece que hay que recorrer interminables pasillos para llegar a cualquier sitio.

Por lo demás, la arquitectura sí que ha sido suficientemente sabia (y eso es lo más importante) para asegurar una gran acústica en todas sus salas de conciertos, algo que se agradece mucho, y que en algunos casos hasta llega a sorprender (abajo me explico).

La atención al público me ha parecido un tanto inexperta y que se deja sobrepasar fácilmente por las circunstancias o por el exceso de gente.

Por lo demás, en general, se puede decir que en este lugar se puede ir a dos sitios:

-Sala sinfónica: a nivel arquitectónico es bellísima e impresionante (sólo hay que ver unas cuantas fotos) y puede sorprender el hecho de que todo el patio de butacas esté rodeando el escenario, de modo que al mirar delante, fácilmente verás a más público como tú.

Cuando me senté una vez al lado del órgano (ya se sabe, hoy toda sala de conciertos que se precie tiene que tener uno… y además está cogiendo mucho auge el gusto por este instrumento en los últimos años), me horroricé, detrás y algo por encima de la orquesta, pensé que la sonoridad sería pésima… pero descubrí que en absoluto. Dicho de otro modo, si en un lugar aparentemente tan inadecuado, la música sonaba de forma tan deslumbrante, ¡como sonaría en otros!. Así pues, podemos decir que esta sala da garantías de un excelente sonido en cualquier sitio y que realmente ha sido concebida para su función final.

En definitiva, es un lugar maravilloso para escuchar música.

-Sala de cámara: una versión más reducida de la Sala sinfónica, con una forma mucho más tradicional y convencional, el sonido también se oye extraordinariamente bien. Es algo más íntima.

 

-Concierto ORCAM, extraordinario Fundación BBVA (30 de noviembre de 2015): con la costumbre que tiene esta fundación de hacer conciertos de músicas inaudibles, me alegró ver el programa de este… y aún más conseguir entrada, porque hay que pelearse furiosamente por ellas (el sistema para conseguirlas es más bien pésimo y claramente desigualitario)… pero como era en la Sala sinfónica, pues conseguir sitio no fue tan difícil.

A la hora de la verdad, no se ha tratado más que de una pobre excusa para presentar una pieza de unos pocos minutos titulada “Paseando por Madrid”, que, aunque tiene un poderoso componente sentimental, si somos sinceros con nosotros mismos, nos damos cuenta de que sólo se trata de un refrito musical muy bien orquestado, de los temas de toda la vida más amados por los madrileños. ¿Te enternece?, sí, pero la razón te dice que no es ninguna genialidad.

No puedo decir lo mismo del resto de las piezas, que también disfruté muchísimo y eran brillantes, tanto la de Say como la de Sibelius.

Destacó especialmente Víctor Pablo Pérez dirigiendo magníficamente a todos los músicos; especialmente a los niños, que si bien no me dejaron absolutamente impresionado, sí que parece que hay un gran potencial.

En definitiva, fue una velada musical realmente encantadora… ¡qué me dejó con ganas de más!.

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Crítica exprés: La bella y la bestia (2017)

La historia de cómo surgió “La bella y la bestia” es sumamente interesante… desde luego, para explicarlo, podríamos retrotraernos a los primeros relatos previos al que se ha quedado como “el oficial”, que es el de Jeanne Marie Leprince de Beaumont, y a sus muchas versiones posteriores… pero tengo un blog y no una enciclopedia.

Así que me ceñiré a resumir su aparición y relevancia en la compañía del ratón Mickey Mouse, que es lo que importa en este artículo. El propio Walt Disney estaba muy interesado en adaptar esta historia al cine de animación, e hizo múltiples intentos a lo largo de los años, pero, a pesar del sublime precedente del filme de Cocteau, nunca consiguió que una historia que iba sobre dos personas que sólo hablaban durante la cena funcionase.

Con la muerte del fundador de la compañía, esta entró en una crisis de la que no se recuperaría hasta décadas después, concretamente en los años noventa, con “La sirenita”, que arrasó y supuso todo un lavado de cara (en todos los sentidos) para la compañía… muchas de las personas que participaron en este proyecto, estarían también en el siguiente, que sería, ni más ni menos que “La bella y la bestia”.

Y fue así como el camino iniciado por Ariel se consolidó total y definitivamente con Bella, dando paso definitivamente a la tercera época dorada del estudio, en la que se realizarían algunos de los títulos más celebrados de la compañía Disney.

Y es que “La bella y la bestia” hizo mucho más que deslumbrar a sus espectadores, fue y es adorada por la crítica (no ha faltado quien la haya definido como LA película de animación); deslumbró al público; recolectó premios de una forma que nunca se había imaginado que un filme de sus características podía hacer (fue la primera y única vez en la que una película de animación fue nominada al Oscar a la mejor película); recuperó el estilo de Broadway (y lanzó ya imparablemente la carrera del gran Alan Menken, innegablemente uno de los grandes compositores de nuestro tiempo, múltiplemente reconocido en muchas ocasiones)… y un largo etcétera. En definitiva, lo tenía todo, era la película perfecta y todo el mundo cayó rendido incondicionalmente ante ella.

Puede que fuera precisamente por eso que, muchos años después, cuando la Compañía Disney decidió lanzarse a la conquista del teatro, del gran Broadway, de entre todas las películas que pudo haber versionado, optó por una que no era precisamente fácil, pero cuyos resultados anteriores la avalaban: “La bella y la bestia”. Fue otro gran triunfo que permaneció en cartel, en la meca por excelencia del teatro musical, más de una década (y, como curiosidad, añadir que en España, tras su estreno, su duración en cartel batió todos los records vistos hasta entonces… y posteriormente ha sido reprogramada múltiples veces) y permitió a la compañía Disney establecerse y consolidarse entre bambalinas, lo que posibilitó futuras y aplaudidas producciones como “El rey león”.

Vista esta retahíla de triunfos absolutos e incuestionables de un mismo producto, no es de extrañar que la compañía Disney llevase muchos años barajando el hacer una versión de acción real de “La bella y la bestia”, que, supuestamente, sería una adaptación del musical de Broadway.

Pero tales proyectos no cristalizaron hasta hace muy poco, y el resultado está en este momento en la cartelera cinematográfica.

Le tengo muchísimo cariño a “La bella y la bestia”, por múltiples razones me trae recuerdos maravillosos y es una de esas obras de arte señaladas en mi vida… y por eso temblaba ante lo que pudieran hacer con ella. Ciertamente el musical teatral había sido algo sublime, una adaptación sin mácula, una versión perfecta y mejorada, así que decidí tranquilizarme y esperar a juzgar.

Sin embargo, hace mucho que no voy a ver ninguna de las versiones en acción real de las películas de animación de Disney (la última a la que fui debió ser la “Cenicienta” de Kenneth Branagh), al principio, como a la mayoría, me hacían gracia y levantaban mi curiosidad… pero más tarde, al ver que no sólo no aportaban nada nuevo, sino que encima eran bastante malas, además de que trataban de rehacer lo que ya estaba muy bien hecho de la manera más torpe y prescindible, por lo que acabaron por parecerme ridículas y un insulto hacia las películas originales de animación, al fin y al cabo, ¿por qué hacer una versión en acción real si la versión animada ya es muy buena?, ¿por qué arrebatarles además sus icónicas, ilustres y maravillosas bandas sonoras que están en el imaginario de todos?… realmente, las nuevas versiones hechas hoy día, carecían innegablemente, y con toda lógica, del encanto de sus predecesoras, y lo que es mucho peor, se perciben como innecesarias y estúpidas.

Pero como sabía que, casi seguro, de todas todas iba a ir a ver la nueva “La bella y la bestia”, decidí documentarme lo justo (para poder recibir sólo las sorpresas desagradables con antelación, y tratar de obtener las buenas durante la proyección): en principio el reparto artístico me parecía moderadamente aceptable (unos más que otros); aunque el director no me entusiasmaba (es bastante parsimonioso), sí que tenía experiencia y respetaba el musical; supe también que no sólo sería una película del género antes mencionado (como debe ser), sino que además habría nuevas canciones (¿del musical?, ¿se trataba finalmente de una adaptación de este?); leí también por encima críticas oficiales y de aficionados, generalmente positivas (en una segunda relectura más atenta, observo que no todo el monte es orégano, y que a veces uno lee lo que quiere leer)… y aunque oí noticias bastante alarmantes como la “homosexualización” de uno de los personajes (y no me puedo imaginar película menos susceptible a ello que “La bella y la bestia, hay otras que sí, pero esta para nada), he de admitir que opté por ignorar el tema… todo lo anterior, el tráiler, y una publicidad invasiva con imágenes del filme, me llevó tranquilo y con gusto al cine, deseando ver si se había creado una gran adaptación de acción real de “La bella y la bestia”.

No encontré eso. Pero esa cuestión es tema de la crítica, que hago a continuación.

Por cierto, comentar como curiosidad extra, que desde que se estrenó esta película, y hasta el momento en que conseguí escribir esta crítica completa (que deduciréis, por su longitud, que me dio buen trabajo), obtuvo muchas visitas mi crítica de la versión cinematográfica francesa de 2014… de hecho, no me extrañaría nada que muchos la descubrieran precisamente gracias a esto.

 

-La bella y la bestia: si esto fuera una crítica completa, sin duda alguna, el subtítulo rezaría lo siguiente “burla intolerable o, en el mejor de los casos, vulgar, torpe e involuntaria parodia de una obra maestra”, hablando en plata, esta película da vergüenza ajena y resulta inadmisible que Disney haya podido producir algo así, dando de ese modo la razón a todos aquellos que dicen eso de que la compañía sólo está interesada en hacer caja.

Todo o casi todo está mal, pero por algún sitio hay que comenzar a criticar, así que comencemos por el guión, que tiene de base una muy excelente historia como bien he analizado en el comentario previo, tiene un material perfecto de partida… pero es incapaz de apreciarlo ni aprovecharlo.

Cierto que es una pena que no le volvieran a encargar el guión a Linda Woolverton (autora del de la versión animada original), pero tampoco me fío mucho de ella, pues ha llegado a hacer unos bodrios que es para darle de comer aparte (ejemplo 1, ejemplo 2), por lo que tampoco es garantía de nada… pero lo de Stephen Chbosky (el guionista de esta película) es repugnante: no sólo plagia con descaro el guión de la película animada (las frases están copiadas tal cual, sin apenas variación), sino que todo lo que mete nuevo chirría, sobra por todos los lados, no aporta nada e incluso crea unas incoherencias que en la versión animada ni notábamos; por poner varios ejemplos: todo lo del pasado de los personajes es ridículo y absolutamente inverosímil; la forzada homosexualidad de Lefou resulta tan repugnante como fuera de lugar; los nuevos personajes no hay quien se los trague y no están nada bien definidos (y lo que hace con los viejos es innombrable, Bella resulta antipatiquísima)… etc. En definitiva, el nuevo guión no sólo no aporta nada a la historia original sino que encima, parasita de ella para sólo lograr un resultado deforme y repulsivo.

Con tal material Bill Condon, claramente perteneciente a la mafia de terciopelo (o gay), se empeña en hacer una película que pueda desfilar en la próxima cabalgata del orgullo; y, como de costumbre (ejemplo 1, ejemplo 2) su filme adolece de una importante falta de ritmo. Cierto, busca desesperadamente una gran espectacularidad, se empeña en darle a la película el aire de superproducción que merece… pero todo es tan forzado, artificioso, preparado… que no cuela; se nota que el tema se le va totalmente de las manos, que no está preparado, que no consigue gestionar la historia que tiene ante él… sí vale, hay mucho oropel y mucho relumbre para engañar al menos avispado, pero a la mínima, cualquiera se da cuenta de que no es oro todo lo que reluce.

De la parte técnica, aunque sólo respeta lo justo del original de animación (por ejemplo, la versión del vestido del baile es espantosa), hay que reconocer que está muy cuidada en su estilo de rococó extremo, cumple su función de grandilocuencia y pomposidad… desgraciadamente, nada más tiene que eso: afectación. Sin embargo hay que reconocer que gracias a una eficaz dirección artística y fotografía, la película resulta, al menos estéticamente, bastante agradable y admisible de ver… también es lo único.

Quizás muy buena parte del problema también ha estado en que no hay suficiente respeto por el material original… ¡hasta se meten referencias de la versión de Cocteau!.

Al final, lo mejor de la película es, como era de esperar, la música del gran Alan Menken, uno de los mejores compositores de nuestro tiempo, y de cualquier otro, que ya ganó dos Oscars precisamente por su trabajo en la versión animada, y que también hizo la adaptación para Broadway; así pues, esta es, como mínimo, la tercera vez que Menken revisa “La bella y la bestia”, puesto que, finalmente, la película de la que hago la crítica, no es una adaptación del musical de Broadway, sino, simplemente, una versión en acción real de la película de animación; por lo tanto, Menken vuelve sobre esta historia a la que, con toda seguridad, guarda gran cariño y respeto (probablemente también por el recuerdo de su amigo y compañero Howard Ashman, que falleció poco después de terminar este trabajo), y vuelve a crear una obra maestra, y, en realidad, su mayor mérito y triunfo creativo consiste precisamente en que no parte de cero, sino que, además de música nueva, también versiona y modifica tanto la del filme original como la de Broadway adaptándola a la nueva película, demostrando que su imaginación y talento no tienen igual. Por supuesto, compone varias nuevas canciones (y versiones de las anteriores), que prueban que este casi septuagenario está en plena forma y que no necesita jubilación alguna porque sigue fluyendo con un ingenio, creatividad y talento inconmensurables… no hay duda de que la belleza de sus obras maestras vivirá por siempre y de que nadie, nunca jamás, podrá musicalizar tan bien “La bella y la bestia” como lo ha hecho él, pues ha explorado la historia desde todos los focos posibles, y siempre de una manera nueva, brillante e ingeniosa; en definitiva: sublime.

Respecto a los actores, a cada cual peor. En general todos parecen estar perdidísimos y en constante búsqueda y captura de un personaje al que no consiguen encontrar ni debajo de las piedras. Detallo:

-Emma Watson: si no fuera porque sabemos perfectamente que creció, y prácticamente mamó de las cámaras, parecería una completa aficionada que no sabe desenvolverse y a la que le falta experiencia. En cualquier caso, se la ve incómoda permanentemente, desagradada, insegura, totalmente fuera del personaje, muy perdida, y con una permanente sonrisa burlona en plan “que tontería estoy haciendo”. Por supuesto, no tiene voz para el canto.

-Dan Stevens: no tiene voz para el canto pero consigue disimularlo aceptablemente. No resulta creíble en el personaje

-Luke Evans: sobreactúa y parece el auténtico gay de la película, bien armarizado eso sí.

-Kevin Kline: decide interpretar a Maurice como si fuera clown, no se toma nada en serio y sólo hace payasadas, sus momentos más dramáticos dan mucha risa.

-Josh Gad: Lefou es una loca que le lanza miraditas, insinuaciones, y mete mano a Gastón, pero al final acaba con un travesti, con eso lo digo todo. De vergüenza ajena.

-Emma Thompson: por más que se pase todo el tiempo poniendo voz de ancianita muy viejecita, lo siento pero no está en la edad. No cuela.

-Ewan McGregor: ¿qué se puede esperar de uno de los peores actores de hoy día?, pues eso: lo peor.

… y luego hay otra serie de grandes actores como Ian Mckellen, Audra McDonald o Stanley Tucci que pasaban por allí y si fueran figurantes no habría mucha diferencia, y total, para lo que hicieron, más les hubiera valido.

También decir que yo vi la versión doblada en el cine… y madre del amor hermoso, que cosa tan espantosa, vale que la versión original no es mucho mejor, pero ya podrían haberse esforzado un poquito en mejorarla… los peores momentos son, de lejos, cuando cantan, y a pesar del disimule del retoque digital, se intuye claramente que a la mínima podría salir un gallo horroroso. Yo no dejo de preguntarme porque no usaron a los dobladores originales de la cinta de animación, que, además, tuvieron el honor de ser los primeros que doblaron una película de Disney en España (todas las anteriores vinieron con el doblaje de Hispanoamérica, muchos de ellos de Edmundo Santos, los cuales muy desgraciadamente se están perdiendo porque a la compañía del ratón le ha entrado la absurda e insufrible costumbre de redoblar sus filmes, destrozando el recuerdo infantil y nostálgico de muchos).

No quiero dejar de comentar tampoco, que yo vi la película en 3D, y considero que esta tecnología ha mejorado sorprendentemente (especialmente en los trailers) desde la última vez que fui, que fue hace años. Comienza a merecer la pena pagar un extra por ello… sólo comienza (en el fondo, también hay que saber hacer este tipo de cine, y aquellos que se dedican a ello tienen que aprender como rentabilizarlo visualmente y sacarle partido… sino, la tecnología en sí misma, no sirve de nada).

En definitiva, es mejor olvidar este horror de versión en acción real de “La bella y la bestia”, fingir que jamás ha ocurrido, que será mejor… o no, porque quienes olvidan su historia están condenados a repetirla, y esperemos que algo tan malo no se repita jamás. Conclusión: muy mala, no le llega a la suela de los zapatos a ninguna de sus predecesoras.

 

No quiero, sin embargo, terminar mi crítica sin añadir dos cosas más (¡plagadas de SPOILERS!):

 

+Una pequeña comparación entre la película original y la versión actual (cotejando una selección de argumentos, personajes…), para que os hagáis una idea de lo mala que es la última. Así pues, a partir de las siguientes líneas pondré un tema, y a continuación expondré como era en la película animada, y después, separado por dos barras, como es en la versión actual, para que también podáis hacer la comparación (ejemplo: “tema: versión animada de 1991 // versión en acción real de 2017”). En fin, comienzo mi exposición:

-Moraleja: la belleza está en el interior // puedes hacer lo que te de la puta gana: ser déspota, egoísta, consentido, etc… siempre y cuando invites a gente fea a tus fiestas, y muy especialmente si son hechiceras.

-Bella: es una chica culta y adelantada a su tiempo que vive en un lugar que no le corresponde y en dónde no pueden comprenderla ni valorar todo lo que puede aportar // es una niñata engreída, arrogante, erudita a la violeta, con ínfulas por haber vivido en París (aunque ni ella misma se acuerda, pues sólo nació allí), que desprecia a todo el mundo por paleto y provinciano, ya que ella se cree mucho más, y utiliza la cultura como medio para sentirse superior y mirar al resto por encima del hombro.

Quizás, la secuencia que mejor defina la diferencia entre las versiones del personaje, en estas películas, sea la del rechazo de Gastón: mientras que en el filme de animación Bella rehusa a su incómodo pretendiente de una forma graciosa (en todos los sentidos de la palabra), fina, ingeniosa, educada, amable, discreta y apropiada (pero en cualquier caso verosímil y digna del personaje que representa); a pesar de que él se esté portando como un imbécil e incluso la acose físicamente… en la versión de acción real, Bella se comporta como una absoluta maleducada, rechazando a Gastón de una manera grosera, desagradable e impertinente; hasta el punto de que… ¡llegas a sentir pena por el pobre Gastón!, que se queda ahí en medio como un pardillo, como un pobre pagafantas que va detrás de una tía con la que no tiene ninguna posibilidad y que se ríe de él en su cara. Esto último, no dudo en afirmar, lo siento mucho, pero no es el personaje de Bella, la cual necesariamente posee un gran tacto y sensibilidad, pues lo contrario sería una contradicción absoluta con el resto de su personalidad y características.

-Bestia: un hombre atormentado y castigado por su pasado (en todos los sentidos), al cual la soledad y la desesperación han llevado a un cierto estado de incivilización y a quedar destrozado interiormente // un huérfano de madre cuyo padre lo educó en el amor al arte y la belleza, por lo cual es castigado. Luego, además, está de mal humor porque sí (mi teoría es que la humedad del castillo le encrespa el pelo y además se lo deja graso, por lo que no consigue tenerlo tan sedoso como querría), porque eso de ser una bestia tampoco parece molestarle demasiado.

-La hechicera: un personaje que sólo es una excusa para realizar el encantamiento con el que el príncipe aprende la lección // un personaje principal que da vueltas por toda la película sin ningún sentido: primero aparece para encantar al príncipe, a continuación, se queda como solterona en el pueblo de Bella pidiendo a sus paisanos (a los que no hechiza, a pesar de que nunca le dan limosna), y cuando sucede la batalla en el castillo, se pasea alegremente por toda ella con una capa muy mona y en plan misterioso. Cuando le da por ahí, desencanta a la Bestia, así, sin más, porque sí.

-La rosa: un símbolo del fin de la esperanza, del paso del tiempo, además de la pérdida de oportunidades vitales… el ciclo vital de una rosa, y muy especialmente su parte final, cuando se marchita, es una metáfora absolutamente brillante que evoca todo el filme y la vida en sí misma // uno de los muchos regalos de la hechicera (que a lo mejor era un Rey Mago, y ahora en vez de traer carbón, a los príncipes que se portan mal, les traen maleficios), que vino con un montón más de obsequios: un espejo, un atlas… y no sabemos si también la última PlayStation o una suscripción a Netflix hasta los 21 años, para que el Príncipe pudiese entretenerse durante esas interminables tardes encerrado en el castillo.

-Maurice: un inventor muy creativo, hombre adelantado a su tiempo, que es tomado por loco por sus paisanos que son incapaces de entenderle y valorarle. Es el comprensivo aunque un poco atolondrado padre de bella, el típico genio despistado // ¿es un pintor?, ¿un relojero?… lo que es seguro es que es un completo payaso sin sentido ni matices.

-Gastón: un pez grande en un estanque pequeño, un narcisista que se lo puede creer por ser la celebridad local, y porque está en un lugar dónde se valora la fuerza bruta. Se obsesiona con Bella porque le parece un trofeo apetecible más para colgar en su pared // un gay armarizado que lo disimula yendo detrás de mujeres inalcanzables, en el fondo está loco por Lefou, y se le nota. Supuestamente es un soldado del cual no se sabe de dónde es, ni de qué guerras viene, y sólo Dios sabe cómo apareció, de la noche a la mañana, en el pueblo de Bella. Además es inseguro, patético y pagafantas.

-Lefou: el lacayo de Gastón, en el más extenso sentido de la palabra // una loca que no desentonaría nada en cualquier carroza del desfile del orgullo gay, quiere oficializar su relación con Gastón (porque yo estoy seguro de que algo hubo) el cual quiere seguir en el armario; al final, como este no quiere salir ni a patadas, Lefou comienza una nueva relación con un travesti.

-Los objetos: unos personajes con entidad, personalidades propias perfectamente distinguibles y definidas, además de funciones concretas dentro del castillo; su destino ha quedado atado al de su señor, por lo que, para ayudarle a él (lealtad del antiguo régimen) y a sí mismos, harán todo lo posible para lograr que se deshaga el hechizo. Consiguen ser los perfectos conductores de la historia, que ayudan al público a entenderla (además de al personaje de la Bestia) y a que empaticen con una situación tan extraordinaria, logrando que el anhelo de que vuelvan a ser humanos otra vez se convierta en el deseo de todo espectador // unos secundarios, sin demasiada importancia ni personalidad, que distraen al público de vez en cuando, cual si fueran el entremés puesto en el medio de la historia principal o los teloneros de los protagonistas. No nos importan una mierda, tanto nos da si se quedan siendo objetos para siempre, así están bien (aunque reconozco, que de lo poco bueno que tiene esta versión de 2017, es la lacrimógena “muerte”, poco a poco, de todos los objetos; no puedo evitar admitir que es una secuencia muy bien hecha y bastabte bien medida).

 

+Una de mis mordaces reproducciones de lo que supone ir a verla… que seguro que os gustará más que la película original, ¡a ver si me la producen!, jajajaja:

Comienzo a ver la película, hay una obertura que suena bien… pero de repente, ¡horror!, ¡¿qué hacemos en el carnaval de Venecia?!, ¿me habré equivocado de sala?, pregunto insistentemente al de al lado si esta es la sala en la que se proyecta “La bella y la bestia”, pero, aunque me afirma que sí, en su mirada también se intuye la duda.

“Erase una vez, hace mucho tiempo, un joven príncipe…” afirma una voz en off femenina.

¿Pero quién es esta señora?, me pregunto yo, ¿dónde está mi narrador de voz grave y profunda?, ¿qué pasa?, ¿libraba hoy?, ¡no se preocupen, si yo prefiero esperarle!; pero, por favor, ¡quítenme a la becaria esa que le ha dado por locutar!.

“…al que le gustaba tener cosas hermosas y dar grandes fiestas a las que sólo invitaba a gente hermosa… ah, y, por cierto, además el pueblo pasaba hambre”.

Intento entender el silogismo que me plantean, pero, parafraseando a Cervantes, al igual que don Quijote “con estas razones perdía el juicio, y desvelábame por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para sólo ello”; pero supongo que vienen a querer decirme que: si invitas a gente guapa a tus fiestas.. ¡entonces la gente pasa hambre!; así, porque sí. Y ser un mecenas de las artes es ya, el colmo de la villanía y la perfidia…. Si es que al final, aquello de ser “egoísta, déspota y consentido”, que decía el original, no es para tanto. Lo auténticamente maligno es no invitar a gente fea a las fiestas. Que tío más repugnante el Príncipe ese (no me preguntes porqué, pero para mí que el guionista o el director no lo debieron pasar bien en el instituto).

“Como castigo le transformó en una horrible bestia…”.

Según la lógica que acabamos de ver, no hacía falta alguna que la hechicera transformara al Príncipe en bestia, ¡ya lo era!.

En cualquier caso, la película avanza, y nos situamos en la canción de presentación de Bella, Emma Watson hace su primera aparición y se pone a cantar:

“Esta es… ¿esta es?… ¡joder, esto parece Hogsmeade!, ¡cada día igual!”

Poco después aparecen Gastón y Lefou, este último pronuncia una frase en francés, que el primero no entiende a pesar de ser del país galo… en realidad, el gran misterio de esta película es: ¿por qué todos hablan en inglés con perfecto acento británico excepto Ewan McGregor que tiene un artificial y tópico acento francés?, y lo más intrigante, ¿por qué los franceses no saben hablar francés en este filme?… claro, ya caigo, lo que pasa es que esta película se desarrolla durante la guerra de los cien años, en la zona de la ocupación inglesa, y esas son las guerras de las que hablan Gastón y Lefou… aunque no se ve nunca tal contexto histórico ni sabemos de dónde han salido ellos… y si se desarrolla todo en la edad media, ¿por qué el vestuario es del XIX; las casas de la aldea siguen el estilo del renacimiento alemán; y el interior del castillo, que veremos luego, es del rococó?… me vuelve la cita, ya mencionada del Quijote, a la cabeza, y como tengo miedo de acabar igual que él, decido no pensar más, va a ser lo mejor.

A esas alturas, la canción ya ha avanzado y llegado a su punto culminante:

“-Bella: ¡la puta que parió a mi agente!, esto es igual que Harry Potter, la gente va a pesar que soy Hermione, no me voy a desencasillar jamáaaaaaas!.

-Gastón: ¿dónde está Bella?, ¡tengo que ir a mi marca, con tantos figurantes en un decorado tan pequeño, no consigo encontrarla!, ¡no voy a llegar jamáaaas!.

-Coro: apenas nos podemos mover en el decorado, ¡esto parece el metro en hora puntaaaaaaa!, deberíamos señalar a Bella, pero no sabemos donde estáaaaa… ¡pero ahora, digamos un par de palabras más en francéeeees, con acento inglés!, ¡bonyogur, bonyogur!.

Se acaba la canción, no han desafinado porque hoy día hay programas digitales que hacen maravillas. Pero yo ya estoy temblando viendo lo que nos espera. El caso es que Bella llega a casa y habla con su padre Maurice:

-Bella: ¡ay!, o sea papuchi, he ido a ver al anacronismo histórico….

-Maurice: ¿el anacronismo histórico, hija?.

-Bella: sí, ya sabes, el cura negro del pueblo; ese que cuando nos pase de todo, va a tener primeros planos poniendo cara de circunstancia pero no va a hacer nada por ayudarnos.

Sí, lo sé, yo también flipé cuando vi un cura católico negro en un pueblo francés del siglo XVIII, ¡viva el artisteo y muerte a la historia!.

-Maurice: ay, sí, hija, ya sé. ¿Pero para que vas a pedirle prestados sus cuatro libros?, ¡si nunca los lees, sólo los paseas por el pueblo!, ¡se te están quedando unos brazos, hija mía!, ¿te vas a presentar a un concurso de halterofilia?.

-Bella: ay papuchi, es que la gente de aquí es tan vulgar, paleta y palurda… y una parisina como yo no puede aguantar estos aires provincianos sin asfixiarse… yo tengo otras aspiraciones… soy como aquella de “First dates”, y también quiero vivir bien mantenida en una casa con piscina y mayordomo… y para colmo de desgracias me está persiguiendo Gastón, que seguro que es marica y de Podemos, ¡como Fernando Tejero!.

-Maurice: Bueno tranquila hija, que yo te cuento un chiste….

-Bella: ay no, por favor, otra vez no.

-Maurice: pues había una señora… jajajaja… que tenía un perro que se llamaba… jajajaja….

-Bella: ¡qué asco de vida!. Oye, qué tal si hablamos de mamá….

-Maurice: ¡de eso no hablamos!, ¡es como en “Rebecca” de Hitchcock!.

-Bella: pero es que yo quiero saber….

-Maurice: ¡que me dejes!, me voy al bosque, ¡sin más, porque sí!, ¡en medio de la noche!.

La película avanza, Maurice llega al castillo, y coge una rosa del jardín, en una secuencia que plagia con descaro la versión cinematográfica de este cuento que Jean Cocteau hizo en 1946. La Bestia, que debe de ser de la SGAE, porque sino no se explica que otra razón tuvo para hacer lo que hace a continuación, le encierra en una mazmorra de lo más original y única arquitectónicamente: situada en lo alto de una torre, con ventanas sin cristales ni rejas… patrimonio de la UNESCO como mínimo.

El caso es que Bella, tras otra canción en la que expresa sus anhelos de dejar de estar rodeada de esas gentes ordinarias, paletas y pueblerinas; decide acercarse al castillo, porque no tiene nada mejor que hacer aquel día, pues no hay sesión en el cine de arte y ensayo, y así al menos podrá presumir ante toda la aldea de haber hecho una visita cultural (con suerte en el castillo habrá una exposición temporal de arte contemporáneo). El caso es que la chica entra en la fortaleza:

-Bella: ¿papá?… ¿estás por aquí?… ¡oh Dios!, ¿pero esto no es…?, ¡mierda, esto es Hogwarts!, que bien me engañó mi agente, ¡ya estoy en la octava de Harry Potter!. Bueno, venga, habrá que seguir actuando… ¿Harry?, ¿Ron?, ¿profesora McGonagall?, ¿director Dumbledore?.

-Maurice: ¡Bella!, ¡hola, me he quedado aquí porque estoy haciendo un curso de mimo y clown con unos profesores geniales!, ¡son buenísimos!, ¡consiguen parecer objetos de verdad!, ¿qué tal me sale el candelabro?, ¡mira, ahora el reloj!, ¡la tetera!, y ahora lo mejor… ¿a qué parece que estoy encerrado tras una pared invisible?.

-Bella: no sabía que tuvieran esa asignatura en Hogwarts….

-Bestia: ¿qué haces tú aquí?.

-Bella: ¡ay, profesor Lupin!, ¡no moleste!, ¿no ve que estoy hablando con Kevin Kline?, y destransfórmese de hombre lobo, ¡que ni siquiera hay luna llena!.

-Bestia: ¡no soy el profesor Lupin!.

-Bella: es que no te distingo bien, ¿eres Sirius?, quiero verte a la luz.

Bella se queda horrorizada cuando la Bestia se muestra bajo una zona plenamente iluminada, como con foco de teatro.

-Bella: arghhh, ¡no puede ser!… ¡eres el troll de la primera película!, ¡esto es lo peor!, estoy en un remake de “Harry Potter y la piedra filosofal”, ¡ahora sí que puedo echarme a llorar!, ¡voy a matar a mi agente!.

El caso es que Hermione… esto… Bella se queda en el castillo porque le había quedado una para septiembre… creo, vaya usted a saber. Maurice por su parte, se marcha al pueblo para que el AMPA le apoye, ya que, está claro que los profesores de Hogwarts le han cogido manía a su pobre hija. Cuando llega, todo el mundo está en la taberna, lugar dónde, tras una canción en la que nadie sabe seguir la coreografía, Gastón y Lefou se ponen a hablar:

-Lefou: ¡ay, maricón!, esta noche dormimos juntitos, ¿no? -dice mientras le mete la mano por debajo de la ropa-, a ver si se encuentran nuestros soldaditos y guerreamos con ellos….

-Gastón: mejor no, que cada vez que duermo contigo, al día siguiente me duele mucho el culo….

-Lefou: ¡Pues bien que gritas de placer como una perra!, marica protestona, ¡ay!, porque el resto estaban cogidos, que si no, a buenas horas te iba a aguantar yo estas tonterías.

Es entonces cuando descubrimos que, para Gastón, Bella sólo era una excusa, porque a quién realmente quiere conocer es a Maurice, y su matrimonio con ella es la tapadera perfecta para iniciar una relación con su futuro suegro. Para conseguir tales propósitos, se lo lleva a la zona cruising del pueblo que es el bosque; pero como Maurice no accede, lo ata allí para que nadie pueda desvelar su secreto.

Mientras tanto, en el castillo, Bella ya ha tenido la oportunidad de descubrir que la Bestia es hombre de posibles, y por si fuera poco, seguramente, con un título nobiliario; así que, decidida a no soltarlo, se hace la interesante e inicia un tira y afloja para cazarle y que el tío se quede encoñado. Aunque tampoco se aburren, pues apenas pasan tiempo en el castillo: hacen excursiones, cruceros, viajes en el tiempo… etc; en estos últimos, descubren como la Bestia se quedó huérfano y los criados no hicieron nada para evitar que le gustasen y organizase fiestas con gente guapa (¡que malísimos!), razón por la cual también han sido hechizados; y Bella descubre que es tan gafapastas, alternativa y moderna porque nació en Montmartre siglos antes de que se construyera, vamos, que es la primera hipster vegana oficial de la historia universal. Ah, y además su madre murió de peste. Pero esto último no importa, el asunto clave de este viaje al pasado es que confirmamos que ella es una sofisticada y bohemia parisina que está a otro nivel Maribel.

Tras unas cuantas secuencias más, en las que no pasa nada que no hayamos visto ya; Bella vuelve a su pueblo, pues el espejito mágico, no sólo le ha confirmado que es la más hermosa, sino que además van a encerrar a su padre por loco, y ella no puede tolerar tal cosa… ¡y menos ahora que opta a una corona europea, la prensa rosa la machacará… y ya no digamos su primo y su tía twittera republicanos!. Así que hace su reaparición en la aldea, ¡pero no de cualquier forma!, ¡con el vestido del baile!… pobre, no ha tenido tiempo a cambiarse o no tenía su antiguo vestido de aldeana… y tuvo que atravesar todo el bosque con semejante miriñaque, pobrecita… el caso es que se presenta en su antigua residencia vestida a todo trapo, para dejar muy claro que aún hay clases. El pueblo, naturalmente, harto de tanta pedantería, la encierra con su padre; y se van a asaltar el castillo… porque la excursión al balneario de Mondariz, que había organizado la parroquia (de ahí la cara de circunstancia del cura negro), se ha cancelado en el último momento, y Gastón propone este otro plan alternativo.

Luego hay una batalla… porque los masajes en el castillo no tienen final feliz, y encima los aldeanos son unos guarros, así que los objetos los echan del lugar. A Gastón le gustan mucho los ojos de la Bestia, así que corta definitivamente con Lefou, y se dedica a perseguir a la Bestia por todo el castillo, convencido de que será una fiera en la cama. A última hora, Bella salva a la Bestia de tal acoso sexual, pero este está rendido de subirse hasta a los tejados del castillo para poder escapar de la sodomía… y muere. La hechicera aparece, los desencanta a todos porque sí y sin razón alguna… pero como ya estamos acostumbrados a que nada sea lógico en esta película, pues ya ni nos extraña. Nadie ha aprendido ninguna lección, ni falta que hacía, parece transmitir el filme.

-Bestia (destransformada): Bella… soy yo.

-Bella: ¡oh, Dios mío!, ¡eres el tío de “Downton Abbey”!, ¡el heredero del Conde de Grantham!, ¡madre mía que partidazo he agarrado!, y además Príncipe de sangre francés… no entiendo porque Lady Mary te despreció durante dos temporadas….

-Bestia: Venga, bésame ya, que la transformación incluyó afeitado y ya no te van a hacer daño los pelos.

-Bella: ¿por qué?, ¿qué necesidad hay?.

El caso es que al final hay una gran fiesta, exactamente igual a las del principio de la película (de lo cual deducimos lo magníficamente que se ha aprendido la lección y todo lo que se ha sacado de la experiencia vivida), y todos celebran que han conseguido sus objetivos: la Bestia, que la depilación ya no le sale por un potosí, y puede volver a organizar todas las fiestas que le de la gana; Bella, que ha dado el braguetazo de su vida; Lefou, descubre su bisexualidad, alternando las mujeres con una relación abierta con un travesti que pasaba por allí; y la señora Potts, recuerda, repentinamente, que tenía marido, y su hijo padre, así que retoma la relación con su esposo tras una larga separación, aunque le lanza miraditas a Maurice, dejando entrever que bien podrían hacer todos una cama redonda (que, visto el tono de la película, seguro que incluiría a Chip).

Cantan todos, créditos finales… y el público canta un aleluya porque tal infamia e insulto de vergüenza ajena ha terminado al fin.

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Château Margaux / La Viejecita

Sobresaliente y nostálgico homenaje a los años dorados de la radio

Sinopsis y ficha técnica

-Château Margaux
Juguete cómico-lírico en un acto
Música de MANUEL FERNÁNDEZ CABALLERO
Libreto de José Jackson Veyán, en versión libre de Lluís Pasqual

Edición de Miquel Ortega
Editorial Tritó de Barcelona (2012)
Estrenado en el Teatro Variedades de Madrid, el 5 de octubre de 1887

-La Viejecita
Zarzuela cómica en un acto
Música de MANUEL FERNÁNDEZ CABALLERO
Libreto de Miguel Echegaray, en versión libre de Lluís Pasqual
Edición de Emilio Casares
Ediciones Iberautor / Instituto Complutense de Ciencias Musicales, 2008
Estrenada en el Teatro de la Zarzuela, el 30 de abril de 1897

Producción del Teatro Arriaga de Bilbao, Teatro Campoamor de Oviedo y Festival Grec de Barcelona

Un programa doble que reúne estas dos joyas de la zarzuela que Lluís Pasqual, su director de escena, transforma en un programa de radio. En esta propuesta, que desarrolla un nuevo relato teatral, Château Margaux forma parte de un concurso radiofónico en cuya emisión se escuchan los números musicales de la obra. Esta historia prosigue con La viejecita, que forma parte del espectáculo como si fuera una representación emitida asimismo en directo desde el estudio de radio. Sobre todo ello sobrevuela el ambiente de la radio española de los años cincuenta, al que Pasqual impregna de sus recuerdos de infancia, donde la zarzuela escuchada a través de las ondas fue su verdadera educación musical.

Dirección musicalMiquel OrtegaDirección de escenaLluís PasqualEscenografíaPaco AzorínVestuarioIsidre PrunésCoreografíaMontse Colomé

Reparto

JESÚS CASTEJÓN, RUTH INIESTA (días 25, 26, 29, 31, 1, 2, 5, 6 y 8), SARA BLANCH (días 30 y 7), BORJA QUIZA (días 25, 29, 31, 2, 6 y 8), RICARDO VELÁSQUEZ (días 26, 30, 1, 5 y 7), EMILIO SÁNCHEZ, ANTONIO TORRES, MIGUEL SOLA, LANDER IGLESIAS

 

Comentario previo

Horrores me ha costado escribir este artículo, ya no sólo por la habitual falta de tiempo, sino porque, encima, tampoco te lo ponen fácil. Dificilísimo es encontrar imágenes de esta producción (por supuesto, ni una en la web del teatro, y en Google, ya véis lo que he encontrado), y yo dudo que muchas de ellas sean del propio Teatro de la Zarzuela (aunque, al menos os aseguro que las fotografías elegidas representan bien lo que veréis allí).

Pues mi decisión está tomada, a partir de ahora, no me pienso matar en ello, a menos que lo merezcan desmesuradamente, más allá de cualquier otra consideración, si no me lo ponen fácil, crítica exprés y van que chutan.

Por lo demás, decir que hay amagos de mejora en ciertos aspectos en el teatro: aunque no han vuelto las decoraciones del vestíbulo, al menos sí que pusieron un cartel para ambientar, y un interesante aunque corto documental en vídeo sobre la primera soprano que cantó la viejecita. Algo es algo.

Tampoco hay que dejar de destacar los múltiples programas para acercar el género al gran público (y especialmente al más joven) que parece que se están desarrollando, cualquiera diría que el objetivo de la nueva dirección es precisamente abrir más el teatro… pero les queda mucho camino por recorrer de momento. También la nueva dirección está casi recién estrenada, así que habrá que darles un voto de confianza y a ver con qué nos encontramos.

Si lograran su objetivo, podrían llegar a convertirse en el teatro público por excelencia de la capital, y por extensión, de España… pero, ya se verá, de momento, todo son hipótesis.

En todo caso, hay algo que sí están haciendo muy bien, y eso es la necesaria recuperación y puesta en valor de nuestro patrimonio histórico musical, y es que es un gustazo acudir a este teatro y descubrir cosas nuevas o ver cómo se programan obras que no son frecuentes en el repertorio. Sin duda alguna, en eso el Teatro de la Zarzuela está cumpliendo, maravillosamente y con total prestancia, su cometido como institución pública, justificando total y absolutamente su existencia (lo que, aunque parezca mentira, no todos logran -tanto en el teatro público como en otras organizaciones de este carácter-), haciendo ver y demostrando lo necesaria que es y la importancia de su misión cultural.

En lo que no hace falta que mejoren, es en la atención al espectador, pues es perfecta: familiar, amable, encantadora… sólo halagos puedo dispensar a todos aquellos que trabajan de cara al público en este teatro, cuya simpatía y afabilidad se convierten en una razón más para acudir.

Eso y unas producciones que no suelen decepcionar; porque, a lo largo de las últimas críticas, a medida que las escribía, he estado haciendo balance de cómo han salido las programaciones de los distintos teatros esta temporada… y la del Teatro de la Zarzuela es de las que sale mejor parada.

 

Post scriptum 31-3-2017: ¡Chico!:

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hace 7 horas

No soy yo muy fan de la SGAE (como la mayor parte de este país), pero hay que ver las extrañas alianzas que hace internet… no obstante, es innegable que los orígenes de esta organización fueron mucho más nobles (por eso poseen el patrimonio zarzuelístico que poseen, y por ello, sin duda se han interesado por mi blog) de aquello en lo que han acabado derivando. Pero bueno, para una vez que hacen algo bien, como es marcar como favorito en Twitter a este blog (jajaja), también hay que reconocérselo.

Si es que este blog es tremendo, aquí llega todo el mundo.

 

Crítica

En la última crítica que publiqué, reprobaba (y múltiples comentaristas me dieron la razón) a los directores visionarios, que se creen más que los autores, y también hablaba del profundo hartazgo que me producía esa obsesión de muchos de ellos con el proselitismo y la visión sesgada… pues bien, Lluís Pasqual ha hecho algo de esto, y sin embargo, tengo que alabar su puesta en escena.

En el fondo, siempre he dicho lo mismo: no importa lo que hagas mientras funcione, sea académico o vanguardista, tiene que sostenerse… si consigues eso, todo está perdonado (por infame que sea lo que hagas; por poner un ejemplo, la película “Las hermanas Bolena”, basada en una novela totalmente alejada de la realidad histórica… que sin embargo, funcionaba magistralmente a nivel dramático, haciendo que su tergiversación execrable de los hechos verídicos resultara anecdótica y anodina, incluso para los más estrictos y amantes de la historia como yo).

Y aunque pueda apenarte perder por completo el libreto de “Château Margaux” (porque no deja de tener gracia que vivamos en una época de mitomanía absoluta por los compositores y como hicieron ellos las cosas en el estreno, de modo que pobre de aquel que se atreva a cambiar un detalle de la partitura original… es una desgracia que esto no se haya trasladado también a los libretistas y a cualquier dramaturgo en general), pues, lo mires como lo mires, por muy director de escena que seas, no tienes derecho a juzgar si es mejor o peor que lo que tú puedas hacer (y ya digo y adelanto, que la primera parte de esta producción, correspondiente a “Château Margaux” es bastante más lenta que la segunda, sin mencionar que el argumento de un concurso musical es muy tópico, de lo que se deduce que Pasqual podrá ser un gran director de escena, pero como dramaturgo, debería dejar hacer a los que saben), eso hay que dejárselo al público… pero lo cierto es que ese desagradable sentimiento desaparece a medida que la historia fluye y las zarzuelas se engarzan a la perfección; y es que el doble programa funciona.

No obstante, también hay que decir que este cambio en el libreto funciona magníficamente como un delicioso toque nostálgico que enternecerá a muchos de los espectadores con múltiples recuerdos de la edad dorada de la radio.

Por lo demás, y como decía, aunque Pasqual, es del todo evidente, no es precisamente franquista, también es cierto que tiene la decencia de no atacar ferozmente a ese régimen o de imponernos su manera de pensar acerca de él… cierto, hay múltiples chistes inteligentes y de muy buen gusto parodiando la dictadura, sus limitaciones e incoherencias (que yo creo que sólo podrían desagradar a falangistas extremos), los cuales demuestran que se puede hacer crítica de algo sin caer en la vulgaridad y el sectarismo. El franquismo queda como lo que fue, como un régimen totalitario, pero tampoco se hace sangre innecesariamente.

Quizás todo esto se deba, a lo que ya digo, a que esta producción es sobre todo y ante todo un emocionado y nostálgico recordatorio de la gran época de la radio, cuando era el medio de comunicación de masas por excelencia y todo pasaba por ella… pero, como es evidente, es imposible desligar eso de un contexto histórico, para bien o para mal.

Por lo demás, gracias a Dios, a “La viejecita” se la ha respetado bastante, y da gusto oírla en directo… porque las grabaciones serán maravillosas y todo lo que quieras, pero no hay como el directo (y más cuando estas son antiguas), y, si además puedes deleitar el oído con la vista, como suele ser caso habitual en este teatro y en concreto con esta producción, pues ya es perfecto.

Así pues, nos encontramos con un libreto que diseña para “Château Margaux” un concurso de canto radiofónico (en el que no faltan ciertos chistes autonómicos -mejores o peores, más o menos tópicos- y la eterna rivalidad norte-sur), que finalmente acaba derivando en la retransmisión de la zarzuela “La viejecita”, la cual es evocada, ficticiamente, por la imaginación de los espectadores. Vamos, ¡uno de los mejores programas de radio que he escuchado, o mejor dicho, visto en la vida!. El libreto, por tanto, funciona, es bueno, bien ligado y entretiene.

Por lo demás, la música de Manuel Fernández Caballero es algo sublime, poderoso, mágico, arrebatador, con momentos que te llevan directamente al éxtasis artístico, pero también, con mucho encanto y humor.

Por lo demás, y volviendo a esta producción en concreto, la dirección de escena de Lluís Pasqual transpira elegancia, buen gusto, oficio y talento: sabe lo que quiere, lo consigue y lo transmite. Lo dicho: funciona; y además consigue momentos realmente espectaculares y múltiples sorpresas que da gusto ver… y es que al final toda la producción tiene un cierto toque de superproducción, de teatro a lo grande y espectacular.

Como crítica, sí que he de decir que no ha sido muy inteligente que los cantantes hicieran tanto doblete de personajes, pues en la mayoría de los casos resulta sumamente inverosímil y bastante incoherente.

Toda la dirección artística es una maravilla: decorados, vestuario… etc, de una gran belleza sin par, ¡y es que da gusto estar mirando al escenario!.

A nivel musical, me encantó la dirección de Miquel Ortega, la orquesta estuvo brillantemente acompasada, también me encantaron las coreografías y el coro estuvo muy bien.

Sólo queda hablar de los cantantes… y he de decir que yo los he visto a todos puesto que la obra me entusiasmó tanto que fui dos veces (tuve suerte y encontré tiempo para ello), así que vi tanto a los principales como los suplentes (y, aunque es cierto que a veces te topas con sorpresas y con grandes carreras emergentes, en este caso, entiendes porque los primeros lo son), por lo que hablaré de todos. No obstante, ya adelanto que, en general, todo el mundo estuvo muy pero que muy bien:

-Jesús Castejón: pasa desapercibido, tal vez porque, al ser el presentador, sólo es un mero conductor del resto de los personajes.

-Ruth Iniesta: es mejor cantante que actriz… pero tiene una voz espectacular.

-Sara Blanch: mejor actriz que cantante. Tiene la ventaja, para sus dos personajes, que físicamente es muy guapa, atractiva y el vestuario le sienta de fábula.

-Borja Quiza: excelente cantante y actor, lo tiene todo, y además vis cómica (lo que es ideal para el papel que hace).

-Ricardo Velázquez: no da mucho de sí como cantante y no es buen actor.

-Emilio Sánchez: aunque su acento gallego es terriblemente tópico, por lo general, es eficaz.

-Miguel Sola: hace un lucimiento de múltiples registros interpretativos que no deben pasar desapercibidos.

Por lo demás, comentar que, por si todas mis percepciones no os parecen suficientes, os diré que los comentarios que escuché al terminar, tanto en la sala como en los pasillos, cuando me iba eran unánimemente elogiosos: “¡qué bonito!”, “ha estado muy bien, ¿verdad?”, “¡qué divertida!”… etc.

En definitiva, si esta producción fuese solamente un bonito y bien hecho homenaje nostálgico… mi recomendación quedaría reducida a un público objetivo que pudiese entenderlo… pero es que además es gran teatro, de ese que se escribe con mayúsculas, con esa magia y espectacularidad que te imaginas cuando oyes esa palabra, que embriaga y arrebata. No hay duda, el doble programa de “Château Margaux / La Viejecita” es un nuevo y sobresaliente triunfo del Teatro de la Zarzuela esta temporada… yo acabé haciendo una ovación en pie (algo no muy habitual en mí, que suelo acabar con un amago de aplauso por cortesía) y además fui dos veces. Yo creo que con eso lo digo todo y no hay más que pueda añadir.

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Críticas exprés: Las bicicletas son para el verano / La judía de Toledo

La segunda república española (y la primera tampoco se queda atrás, también fue de lo más bananera… aunque su sucesora fue mucho peor) fue un régimen catastrófico y fatídico para este país. De democracia no tuvo nada, la jefatura de estado de izquierdas le hacía la vida imposible a las derechas (muy especialmente si estas conseguían algún poder en el gobierno); las mujeres no podían votar, (lo que ahora se justifica con el “voto de confesionario”, lo que, en otras palabras, viene a significar que se las consideraba tan estúpidas y tan faltas de capacidad de razonamiento e ideas propias, que se dejarían llevar por el cura… claro, como si los hombres no se confesasen también; eso es machismo puro, lo mires por donde lo mires); su aconfesionalidad fue un laicismo y una persecución descarada hacia la Iglesia católica como no se veía en siglos; la política educativa (que se benefició de proyectos que ya se habían iniciado en el reinado del Rey Alfonso XIII) era propaganda pura y dura (las conocidas como “misiones pedagógicas”, hacían cosas como alterar los clásicos del siglo de oro para dar una visión “adecuada” -traducción: politizada y propagandística del regimen-, por poner un ejemplo, el santificado Lorca, sin ir más lejos, cambió el auténtico final de “Fuenteovejuna” para evitar que se viera como los Reyes católicos hacían justicia y lo solucionaban todo al final de la obra); no hubo consideración alguna hacia la cultura (las obras del Museo del Prado arrastradas por media España y con riesgo de su destrucción; la quema incesante de iglesias bajo el lema, dicho por el propio Azaña, jefe de estado de este régimen infame, de que “todas las iglesias de Madrid no merecen la vida de un sólo republicano”, con la consecuente destrucción definitiva de un patrimonio histórico-artístico de valor incalculable)… y cuando las cosas se radicalizaron más, ya no digamos: asesinatos a mansalva sin juicio previo (de todo el que fuera levemente sospechoso de ser de una ideología no afín a la república), conversión en estado satélite de la Unión soviética… etc. Y ya no hablemos de sus dirigentes, que robaron el oro del banco de España para entregárselo a Moscú; o cómo abandonaron a su suerte, para salvarse ellos, sucesivamente, primero Madrid (que encima, fue lo último en caer), después Valencia y finalmente Barcelona, a sus ciudadanos y a todos aquellos que les habían sido leales. Sin mencionar que, muchas cosas que ahora no falta quien pretenda atribuir exclusivamente al régimen franquista, tuvieron su origen precisamente en la república (por ejemplo, la famosa ley de vagos y maleantes). Y como colofón, este tan terrible régimen republicano, provocó una de las más sangrientas guerras civiles de la historia de España, que además desencadenó, inevitablemente, en otra de las más terribles guerras de la historia de la humanidad: la segunda guerra mundial (que parecía imposible después de la primera, la gran guerra, aquella que “acabaría con todas las guerras”).

Todo esto, y muchas más cosas que me dejo en el tintero porque para eso necesitaría un libro entero (y ya sólo con lo que acabo de mencionar, adecuadamente desarrollado, se puede hacer uno bien gordo) se hicieron en apenas ocho años (y muchas de ellas, en sólo cinco)… ¿de verdad es ilógico que hubiera un golpe de estado que acabara con tan espantoso régimen?, cierto que lo que vino luego no fue mejor, pero también resulta consecuente: la segunda república ya había ejercido una fuertísima represión, había hecho todo lo posible para conseguir que lo que iba a pasar después fuera absolutamente lógico (la diferencia es que el franquismo tuvo cuarenta años para hacer más cosas… con todo, siguen asombrando la cantidad de barbaridades que se hicieron en apenas cinco); y cómo se suele decir, los monstruos son generados por otros monstruos: la segunda república es la madre del franquismo; por lógica y evidente consecuencia; y la represión y barbaridades que ejerció el régimen dictatorial del generalísimo no son sino una venganza y un resarcimiento de lo anterior; ¿injustificable aún así?, sí, desde luego, pero se puede afirmar con mucha, o incluso toda seguridad, que de haber ganado la guerra la república, lo que hubiera pasado no hubiera sido diferente sino incluso peor.

Y no mentiré, hoy España no sería lo que es si no hubiesen ganado los nacionales, de lo cual, a pesar de todo, hay que alegrarse de que sucediera. De no haber sido así, probablemente hoy nos veríamos como muchos países de Europa del este, y ya sabemos como están por allí… a todo esto, ¿en cuales de ellos queda un régimen comunista?, ¡uy, espera!, ¡ni en Rusia!.

Y es que hay que dar muchas gracias a que volviera la monarquía a España, puesto que gracias a ello, las cosas volvieron a estar bien (como siempre demuestra nuestra historia, por otra parte),

Por eso me ponen enfermo los defensores demagogos de esa segunda república, que no solo es evidente que no han aprendido nada de la historia y del sufrimiento de muchos, sino que encima mienten (por estupidez, ignorancia o directamente perfidia) con todo descaro cuando hablan de ese régimen, pretendiendo santificarlo… afortunadamente, y como comentaba recientemente, la mayoría de la ciudadanía sí ha aprendido la lección y no quiere volver atrás… de ahí que el voto en España esté en el centro y todo el mundo tema los radicalismos (el mejor ejemplo, es cierto partido político, que en cuanto se le ha visto el plumero en ese sentido -a pesar de la mala situación actual, que provocó su surgimiento y efímero auge, debido a la necesidad de castigar a los partidos tradicionales-, ha perdido votantes imparablemente). Ocho infaustos y brutales años de ultraizquierdismo y cuarenta de ultraderechismo (consecuencia y reacción directa de los anteriores) nos han enseñado que la solución nunca está en los extremos sino en el medio; al menos hemos aprendido eso, y no es poco.

¿A qué viene todo esto en un artículo de críticas teatrales?, pues porque resulta que ambas obras de las que voy a hablar tocan el tema del franquismo (de una forma negativa), la segunda república (de manera benéfica), y yo ya me he hartado de tanto tópico demagógico y proselitista, de que pretendan hacer a la gente comulgar con ruedas de molino, ¡y no señor, bajo ningún concepto!, vamos a poner cada cosa en su sitio y dejar las cosas claras: la única diferencia entre la segunda república y el franquismo fue el discurso, porque el fondo, venía a ser el mismo, dos caras de la misma moneda… como siempre pasa con todos los regímenes radicales, por otra parte (y para quién me quiera argumentar la cuestión del voto… en el franquismo también se votaba, ¿o no era una “democracia orgánica” acaso?, tan democrática como la república que lo precedió eso sí, pues igualmente el lema venía siendo: si no piensas como yo, tienes un problema y todas las posibilidades de acabar mal).

 

¡Los teatros del Centro cultural de la villa Fernán Gómez cumplen cuarenta años! (la verdad es que ya vi el logo en el programa de mano de “Tristana”, pero me olvidé por completo de mencionarlo en aquella crítica), hay que ver como pasa el tiempo… y aunque no estén haciendo, de momento, muchas cosas para conmemorarlo, me gustan algunos de sus guiños para ello; así, ahora programan una obra autoría de aquel del que llevan el nombre desde la muerte de este (muy ligado a los teatros municipales por otra parte, esta obra de la que haré la crítica se estrenó en el Español, y su capilla ardiente fue también en este mismo lugar).

Sin embargo, últimamente reconozco que la programación ha bajado de calidad en este lugar, al menos en la sala Jardiel Poncela, ¡qué incesante, insufrible e interminable desfile de espectáculos de Cabaret!, ¡que por encima son todos iguales!, ¡visto uno, vistos todos!, ¿pero quién está al cargo de semejante obsesión electiva de bodrios y desajuste total?, sin mencionar que es evidente que en esa sala, condenable aunque habitual práctica en cualquier sector (y este no es menos), se impone la política del amiguismo, y el de darles un espacio a mis colegas “artistos”… a cargo del dinero público claro está (sólo pensar lo que se gasta en publicidad en la vía pública para anunciar esos espectáculos que no lo merecen, ya es como para caer muerto inmediatamente). Y yo tengo clarísimo que no me trago ni uno más, bastantes he soportado, y todos ellos de muy escasa y cuestionable calidad (ejemplo 1 y ejemplo 2).

Aunque al menos tienen programación, que es más de lo que pueden decir en el Matadero, dónde todo el mundo se pregunta que pasará, o siquiera, qué nombre tendrá. Lo sé, la vida es deliciosamente surrealista.

El programa de mano de esta obra es bastante escasito.

 

-Las bicicletas son para el verano: sería difícil definir políticamente a Fernando Fernán Gómez, no falta quien dice que los medios nos han querido ocultar sus afinidades anarquistas, sin mencionar su defensa de la violencia como manera de alcanzar un fin (aunque la bandera de esta ideología política figurara sobre su ataúd en la capilla ardiente); pero es innegable su colaboracionismo con el régimen de Franco (vivió y trabajó en él, y además aceptó premios y distinciones de este) que incluso hay quién dice que defendió en sus primeros momentos… en cierto modo, y salvando mucho las distancias, me recuerda a esos pretendidos actoruchos actuales como son Guillermo Toledo o Alberto San Juan, que no dejan de despotricar sobre el sistema en el que (y del que) viven, y sin embargo, no dudan en beneficiarse de él… porque para nada se les ocurre marcharse a esos paraísos maravillosos que aseguran que son ciertos países iberoamericanos. Y luego claro, no entendemos que cierto gobierno no quiera dar ayudas a cierto sector, algo que, a todas luces está mal y es discriminatorio, pero tampoco cuesta entender que no quieras dar dinero a tus enemigos, pues de bien nacidos es ser agradecidos y no hay que morder la mano que te da de comer, porque sino, lo que hay que hacer es renunciar a esta y ser consecuente.

¿Qué por qué hablo de todo esto una vez empezada la crítica y no en el comentario previo?, ¿que qué relevancia tiene para juzgar esta obra?, pues mucha, porque lo cierto es que “Las bicicletas son para el verano” flojea, y no es una auténtica obra maestra precisamente porque se le nota de que pata cojea, y esa pata es un discreto favoritismo por el bando republicano; si tal cosa no se notase, sería total y absolutamente innecesario comentar o repasar las afinidades políticas de Fernán Gómez, de hecho, estaría totalmente de más y sería ilógico y absurdo… pero no lo es. Y es que, como muchas veces he defendido, las auténticas grandes obras maestras nunca están politizadas ni son parciales.

No voy a negar que el texto está muy bien escrito, de hecho, es rematadamente bueno en la naturalidad de sus diálogos, sus personajes están muy bien definidos, el recorrido histórico es excelente (los hechos vividos en Madrid, desde poco antes de comenzar la guerra civil hasta su rendición ante el general Franco) y funciona en todo momento… pero la obra, de lo que pretende tratar, es de una familia normal, que sólo quiere vivir su vida lo mejor posible y que no tiene grandes o relevantísimas tendencias políticas, personas normales, comunes, que simplemente intentan salir adelante; pero muy lamentablemente, en el fondo, no se deja de percibir, de forma subrepticia, la idea de que todas las desgracias fueron culpa del bando franquista, pintando la república como el sistema bondadoso y de libertades que nunca fue (para más detalles, leer el principio de este artículo).

Pero, hablando de esta producción en concreto, no se puede dejar de decir que es esforzada y notable.

La dirección de César Oliva tiene la torpeza habitual (lo de dejar a los actores en el escenario todo el rato es particularmente insoportable; sin mencionar que toda la obra está absurdamente marcada, y en general, todos los movimientos y decisiones escénicas resultan forzadas y artificiales) y sigo preguntándome que grandes contactos tiene en este teatro para ser programado una y otra vez, sin mérito aparente para ello.

Por lo demás, el resto de la producción cuida mucho y muy agradablemente la estética, funcionando en todo momento, muy especialmente el encantador vestuario de Berta Graset, que consigue cierto toque estético, sin llamar innecesariamente la atención, además de ayudar a contar la historia, en otras palabras, lo que es un gran trabajo, vamos.

Por lo demás, el reparto artístico está en un estado de gracia absoluto, todos están absolutamente perfectos (digo esto con ciertas reservas, puesto que Esperanza Elipe repite el papel de siempre, eso no es una actuación, sin embargo, hay que reconocer que en el conjunto final, funciona, así que lo dejamos pasar), muy bien en sus personajes; tanto, que no quiero destacar a ninguno sobre ningún otro, pues lo considero injusto. Sin embargo, no quiero dejar de mencionar a Llum Barrera, que aunque es más conocida por su faceta cómica, y especialmente como gran monologuista, cuando hace papeles dramáticos está simplemente arrebatadora (como ya ha demostrado más de una vez en más de un medio) y nunca deja de demostrar que es una gran actriz.

En definitiva, si bien esta producción de “Las bicicletas son para el verano” bien podría ser vista por muchos como “otra de la guerra civil española” y otra “propaganda postrepublicana”, también es cierto que tiene otros importantes méritos a tener en cuenta; y, aunque hay que acudir teniendo en cuenta todos sus defectos, yo no puedo dejar de recomendarla a quién pueda interesar, porque no se puede negar que es teatro bien hecho.

 

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¡Hay que ver lo mala que ha sido esta temporada en el Teatro de la comedia!, he estado repasando mis críticas y no se salva ni una obra, por estas o por otras, he desrecomendado todas las obras que he venido a ver de la Compañía nacional de teatro clásico… algo que reconozco que me apena.

Y eso que he sido cuidadoso y he tratado de evitar ir a montajes que no me acababan de convencer, pero nada.

Además, muy desgraciadamente, como leeréis a continuación, no podré escribir la excepción que confirma la regla con la crítica de la obra que veréis abajo; y, ojalá suceda lo contrario y lo totalmente imprevisto, con la producción que queda con textos de Quevedo (a la que trataré de acudir), pero mucho me temo que no será así.

Mucho me temo que ya se puede valorar, con total justicia, que la temporada 2016-2017 de la Compañía nacional de teatro clásico ha sido sumamente desafortunada, debido a una mala elección de las producciones programadas. Triste pero cierto. Y como ya digo, aquella obra de la que voy a hacer la crítica a continuación, no sólo no es la excepción, sino quizás, el máximo exponente de la decadencia y caída.

 

-La judía de Toledo: creo que la mejor manera de hacer una crítica a esta obra es escribir una de mis sarcásticas reproducciones de lo que supone ir:

Estaba muy ilusionado, Lope de Vega, que siempre me encanta y tengo ganas de ver más de él, ¡que emoción, que emoción!, y a pesar de que conseguir la entrada costó, como dice aquella ópera “suspiros y penas alcanzar tan feliz instante”, también es cierto que una vez alcanzada la meta, volviendo a citar “El barbero de Sevilla”: “mi corazón vuelve a respirar”. Pero vistas las dificultades iniciales, debería haberme dado cuenta de que el asunto estaba gafado desde el principio.

Entro en ese teatro precioso, que me encanta, que es el de la Comedia; como siempre me dejo deslumbrar por la preciosista decoración neomudejar de principios del siglo XX, deleitándome en los colores y detalles… pero no me dejo llevar, porque hay que tratar de leer el programa de mano antes de que empiece la obra… ¡horror!, la directora Laila Ripoll escribe un montón de sandeces y se hace más que evidente la intención parcial y proselitista de su versión y visión como directora.

Ya estoy temblando, “¡joder!, ¿dónde me he metido?, si en vez de escribir tantas críticas leyera más las de los demás, mejor me iría”, no puedo evitar pensar. Pero una parte de mí aún quiere tener esperanza, aún trata de ver la luz al final del túnel.

Y se hace la oscuridad (en todos los sentidos), mal empezamos: se nos pone una reproducción del NO-DO que ni tiene sentido ni viene a cuento… poco a poco empiezo a vislumbrar que (mientras recuerdo casos parecidos de los peores tiempos y producciones del Teatro Real), ya está la típica visionaria pretendiendo cargarse un clásico imponiendo su mediocridad sobre la genialidad del material original.

¿Pero qué coño tiene que ver Franco con Alfonso VIII?, ¿alguien me lo quiere explicar?, ¿por qué la historia se desarrolla en un inverosímil y absurdo siglo XX?, ¿por qué todo es incoherente, metido con calzador, hace aguas por todas partes y no se sostiene por ninguna?… ya alcanzo el culmen del desconcierto total cuando, continuando al noticiario de la victoria de Franco, prosigue el de la boda de Balduino I de Bélgica con Fabiola de Mora y Aragón (supongo que no pusieron imágenes de la de los actuales Reyes padres de España para evitar abucheos ya desde el principio), que tampoco tiene nada que ver con el asunto que estamos tratando, pero que Ripoll intenta a la desesperada que asociemos y aceptemos con la absurda e hipotética monarquía de Alfonso VIII que nos está planteando, concepto que no hay quién se trague (ni el de asociar la “cruzada” franquista con la medieval).

A partir de ahí, ya no me temo lo peor… sé que estoy ante ello; así que para no frustrarme durante lo que queda, y tratar de pasarlo siquiera un poco bien, decido centrarme en el texto de Lope de Vega… pero ni por esas, todo va de mal en peor con una versión hecha a golpe de cuchillo de carnicero, sin pies ni cabeza, que es incapaz de crear una mínima coherencia, cohesión, y ya no digamos definir a sus personajes; de modo que la obra está en pleno proceso saltimbanqui continuamente, corta-pega, corta-pega, todo sucede porque sí, sin más, y sin demasiado sentido; mientras, el espectador siente que le están conduciendo por una carretera llena de baches y agujeros del tamaño de los dejados por una bomba atómica.

Me aburro, me horroriza, me repugna. Trato de verle algo positivo, sí vale, mucha grandilocuencia y mucho efecto en el montaje, pero ningún fondo, mucha demagogia y proselitismo… me siento como si estuviese atrapado con alguien que trabaja como comercial durante hora y media, y sin ser capaz de decir que lo que vende ya lo tengo muy visto y que no me interesa.

Y a pesar de todo, observo con sorpresa a un reparto dividido, descompensado, con actores que están muy bien (Manuel Agredano, Ana Varela -no se puede dejar de hacer notar su desesperado y complicado intento de hacer un acento inglés con versos del siglo de oro, con más éxito en unas escenas que otras- o Mariano Llorente), y otros que están espantosamente mal (Federico Aguado, Elisabet Altube, Jorge Varandela)… lo que es muestra de una pésima dirección de actores (bueno, la dirección de Laila Ripoll es pésima a secas), los pobres hacen lo que bien pueden, con el mayor o menor talento que poseen, con el terrible material del que disponen.

Y yo no veo el momento de que acabe la obra, he consultado ya mil veces la duración en el programa, he observado dos mil veces el reloj, y el tiempo que no pasa… me distraigo, empiezo a organizar otras cosas mentalmente, me acuerdo de no sé qué… por más que otra parte de mí trate de que mantenga la atención.

Se acaba, iba siendo buena hora, me ha parecido infame y me niego a permanecer más tiempo en la sala de lo necesario, es una de esas escasas veces en las que siento la necesidad desesperada de escapar del teatro, tengo una sensación tan desagradable, y siento un cabreo y hastío tan hondo, que lo único que quiero hacer es irme y olvidar tanta repugnancia.

En definitiva, esta producción “La judía de Toledo” es una de esas múltiples profanaciones innobles y vergonzosas de un clásico, utilizado sólo para expresar unas ideas personales y pretender vendérselas o hacérselas tragar al espectador sin más, uno de esos múltiples casos en los que una pretendida artista (Ripoll) se cree mucho más que un auténtico artista (Lope de Vega), así que la primera destroza la obra del segundo para un mayor autolucimiento propio, consiguiendo sólo hacer una porquería infumable, que es como considero que hay que definir a esta nada recomendable producción.

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La temporada de exposiciones de primavera-verano de 2017 en Madrid

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El ocio según Universo de A:

-La temporada de exposiciones de primavera-verano de 2017 en Madrid.

-La temporada de eventos de primavera-verano de 2017 en Madrid.

-La temporada de televisión de primavera-verano de 2017.

Estos enlaces anteriores (entre los que está incluído este artículo), son los llamados artículos recopilatorios, que se actualizan continuamente (hasta que termina la temporada que dice el título, momento en el que se publica uno nuevo en esta misma sección de Turismo), por lo que, para estar informado de todas las novedades, se recomienda volver a visitarlos a menudo.

Aclarar que, en este artículo en concreto, las últimas actualizaciones siempre son las más pegadas a estas líneas, es decir, las que están más arriba del artículo; y por tanto, las que están más abajo, son las que he comentado hace más tiempo.

Para una información más extensa o sobre otras cuestiones culturales (Turismo, críticas de Películas o Teatro… etc), visitar las secciones correspondientes que aparecen permanentemente en un listado a la derecha.

Si hay algo que aún no he publicado, y sin embargo te interesa, pregunta a través de un comentario, puede que te ayude, ya que a lo mejor lo he visto, pero no he tenido tiempo de escribirlo.

………………………………………………………….

 

Aunque aún se pueden visitar algunas exposiciones del otoño-invierno (consultar aquí); es indudable que comienza una nueva fase que, además de buen tiempo (esperemos), nos trae:

 

Museo del Prado

-TESOROS DE LA HISPANIC SOCIETY: probablemente esta exposición no tenga demasiado éxito, y es lógico, puesto que está muy mal promocionada. La mayor parte de la gente asocia la Hispanic Society a las famosas pinturas que le fueron encargadas a Sorolla… que ya se vieron en este mismo museo hace unos años (bueno, y no sólo ellas, puesto hace más años aún hubo más préstamos), a lo que hay que añadir, que la propia Fundación Mapfre hizo, un tiempo después, otra exposición relacionada… de modo que casi todo el mundo está convencido de que ya sabe todo lo que tiene que saber sobre la institución de la que va la muestra y que nada nuevo va a encontrar en ella.

Ahora bien, si nos acercamos a la exposición, descubriremos que en absoluto, y que la Hispanic Society of America aún tiene mucho que ofrecernos y que descubrirnos, además de que el título de la exposición, “tesoros”, no se ha puesto en vano.

Así pues, tras ver esta nueva e imprescindible exposición del Prado, realmente saldremos con una buena idea de lo que es esta institución, de quién la fundó y de sus impresionantes fondos histórico-artísticos… sin mencionar que realmente es increíble comprobar como el hispanismo se convierte en pasión de aquellos que, a priori, no tendrían nada que ver con él.

En definitiva, por su temática, obras que se muestran, e información de sala y folleto, esta es una exposición imprescindible para todo amante de la cultura.

 

Centro Conde Duque

-EL VIAJE Y EL ESCRITOR: bienintencionada exposición que se queda en más bien poco. Quizás porque el lugar dónde se hacen todas las temporales del museo contemporáneo no da mucho de sí, y sólo es el pasillo que rodea el despacho de Ramón Gómez de la Serna. Con todo, yo, extrañamente, sigo poniendo mi esperanza en las exposiciones temporales de ese lugar, tal vez porque, simplemente, me gusta ir al edificio del Conde Duque.

A la hora de la verdad, no está nada bien montada ni comisariada, intenta evocar lo importante que fue viajar para múltiples autores a través de pasajes de sus obras, pero todo se queda en algo sumamente superficial.

Para la muestra se cuenta con obras de Damián Flores, un artista academicista, de auditorio de centro cultural, que poco o nada aportan a la muestra y que parecen ser la excusa perfecta para desviar fondos hacia la cuenta bancaria propia y la de los amigos del comisario.

En definitiva, es una exposición profundamente decepcionante, casi una estafa porque apenas da nada de lo que sugiere… y es una pena, porque la temática era muy pero que muy interesante y podría haber dado de sí.

-1 DE MAYO: curiosa aunque breve y demasiado concreta (todo se centra en la hemeroteca) exposición sobre como el día del obrero comenzó a celebrarse en la democracia. Sientes que podría haber dado mucho más de sí, dado lo interesante de la temática… pero, al fin y al cabo, está en uno de los pasillos del Conde Duque, así que supongo que tampoco se le puede pedir muchísimo más.

-HACIENDO BARRIO: típica muestra de estudiantes, aficionados y aspirantes a artista varios en la que, entre mucha banalidad, te encuentras algún atisbo de talento o alguien que apunta maneras, pero es la excepción, pues la mayoría sólo copian lo que ya hemos visto mil veces y en sus mil variaciones. En definitiva, la típica exposición en la que entrar dando un paseo y salirse en pocos minutos.

 

Museo Reina Sofía

Este museo carga sobre sí una serie de desgracias inmensas: entre que sus exposiciones no suelen interesar a nadie (salvo rarísimas excepciones como la de Picasso) y que la atención al público es nefasta, hasta el punto de que los guardias de seguridad más parece que están a la puerta de una discoteca que la de una exposición… pues de mal en peor.

-PIEDAD Y TERROR EN PICASSO: salvo las, apenas dos últimas salas, el resto tiene el habitual montaje caótico y nada didáctico de este museo: todo es desorden, caos, y un lenguaje exageradamente pedante.

Podría haber sido algo muy bueno, todo un “making of” del cuadro y en cambio, sólo son una serie de obras de arte a las que cuesta relacionar entre sí, sino fuera porque la gran mayoría las pintó la misma persona.

Con todo, a los apasionados de Picasso y del Guernica les resultará interesante, y seguro que producirá la curiosidad de muchos… ¿pero, en última instancia, realmente merece la pena?, la verdad: como máximo puedo dar un “sí” con reservas.

Por otra parte, no se puede dejar de reseñar, que el museo ha organizado, excepcionalmente, una serie de completas actividades en torno a la exposición… aunque no las han organizado nada bien.

-ART ET LIBERTÉ: curiosa y poco común exposición acerca de cómo se desarrollaron las vanguardias en Egipto, como de costumbre, está muy mal montada, pero hay unas cuántas obras de interés y la información de sala es aceptable, de modo que realmente merece la pena verla y descubrir cómo interpretaron en el país Africano el “arte degenerado”.

-Mário Pedrosa: … y amiguetes (o descubiertos por él). Puede uno pasearse por la exposición y tratar de desentrañar algo de la caótica información de sala con la falta habitual de pedagogía de este museo.

No obstante, sí que hay unas cuántas obras que impactan.

-Kobro y Strzeminski: de esas exposiciones de arte contemporáneo en las que vas a toda prisa porque apenas nada te llama la atención y encima tienes una permanente sensación de que eso ya lo has visto. Del total, sólo destacaría la sala neoplasticista… y eso, siendo generoso.

 

Museo de antropología

Mucho me temo que, en este momento, no nos encontramos con nada imprescindible en este museo (al menos en lo que respecta a exposiciones temporales):

-MUJERES DEL CONGO: tiene su toque de exposición proselitista y solidaria (que tanto gustan en el Caixaforum) pero hay que reconocer que las fotos de Isabel Muñoz son preciosas y, en la mayoría de los casos, no optan por el camino fácil de mostrarnos horrores y cosas grotescas, que es lo poco original y a lo que estamos más que habituados.

-TURKANA, UN MUNDO QUE SE AGOTA: sigue el modelo de la anterior, pero esta ya de un modo descarado y sin apenas alicientes que puedan levantar el interés del visitante, pues todo está demasiado calculado y el objetivo es demasiado evidente.

 

Museo ABC

-Y ESTE CUENTO SE HA ACABADO: interesantísima aunque concisa exposición que repasa toda la historia e importancia que han tenido los cuentos populares en la historia de la humanidad.

Como parte del Espacio Edelvives, no deja de tener cierto componente publicitario; no obstante, es de lo más recomendable que nos encontramos en este momento en el ABC.

-ANA JUAN, DIBUJANDO AL OTRO LADO: curiosa exposición centrada en el último trabajo de la ilustradora Ana Juan, que resulta bastante completa y nos hace ver el proceso que se ha seguido para llegar al resultado final. Después de haber visto la anterior exposición de los cuentos, y haber reflexionado sobre su inmortalidad y el cómo han sido versionados a lo largo de la historia, la exposición de Ana Juan se convierte en el complemento perfecto.

-LA VENTANA DE ATRÁS, ALFREDO: se supone que estamos viendo algo importante y yo no entiendo porqué. Ni me gustó, ni me causó ningún interés.

 

Biblioteca nacional

¡La Biblioteca nacional (o al menos su museo) se ha entregado incondicionalmente a la melomanía (y además, de carácter nacional)!, y es que tienen un record de exposiciones basadas en el arte de la música… algo que tampoco debería extrañarnos, pues en una biblioteca se guarda todo el conocimiento, ¡y esto no son sólo libros!:

-BARBIERI: sorprendente e inesperada (dada la institución que la organiza) exposición del gran compositor que, sin embargo, resulta un tanto superficial. Hay un folleto aceptable, e igualmente lo es la información de sala, aunque el montaje resulta un tanto cutre y caótico.

Aunque disfruté mucho viéndola, me decepcionó sumamente el que fuese tan poco exhaustiva y que poco más hubiese que pinceladas. En cuanto a lo que se ve, la muestra tira del material de los herederos, de la propia institución organizadora y del Teatro de la Zarzuela… no se ve nada extraordinario pero sí curiosidades.

En definitiva, se puede decir que es una exposición imprescindible para los amantes de la Zarzuela y de Barbieri, aunque, muy desgraciadamente no convertirá a los no aficionados al género.

-PATRIMONIO FLAMENCO: curiosa exposición que hace un breve aunque interesante recorrido por uno de nuestros géneros más hispánicos; resulta sumamente útil para ver su evolución y principales artífices… obviamente, a los apasionados del tema, poco les dirá, pero para muchos resultará sumamente informativa.

El montaje es hábil, incluye alguna que otra pieza interesante; pero lo mejor es de lejos la información de sala. Hay algunos vídeos y audios, pero no los suficientes para lo que el tema requería.

En definitiva, sí que es recomendable.

-ALFONSO EL SABIO Y LA “ESTORIA DE ESPAÑA”: curiosa e interesante exposición (de la que incluso puedes dar tu opinión, pues tienen un cuestionario, algo tan maravilloso como inédito) que te da la oportunidad de reflexionar sobre la ciencia de la historia como tal.

Aunque hay mucha reproducción, también hay algún que otro documento original interesante, pero no demasiado llamativo.

A la hora de la verdad, es más interesante por la información de sala y del folleto que por lo que expone… como ya digo, plantea interesantes reflexiones historiográficas.

Además, está muy ligada a lo tecnológico, pues se puede ampliar por internet.

-CINCO HORAS CON MARIO, 50 AÑOS DE HISTORIA: apasionante exposición para aquellos que sean fans de esta obra de Delibes, pues aparece documentadísimo, y con muchos originales expuestos (que complementan o amplían la historia), como esta novela llego a la luz y todo su recorrido posterior. Todo un “cómo se hizo” magníficamente bien planteado y de lo más ilustrativo, en el que tanto la información que se da a través de textos o vídeos, como lo que se expone es de sumo interés, y, como ya digo, hará las delicias de todo aquel al que le guste tanto la novela como cualquiera de sus adaptaciones.

 

Fundación Canal

Plaza de Castilla:

-BARBIE, MÁS ALLÁ DE LA MUÑECA: he de reconocer que esta exposición me producía una gran curiosidad, pues es innegable que la muñeca Barbie, es más que un juguete, y el tiempo la ha consolidado como un símbolo, según para quién, de cosas negativas o positivas; y formara, o no, parte de nuestra vida o juegos, lo cierto es que es una de esas presencias inevitables (como lo son también otras marcas de este mundo globalizado), para bien o para mal.

La verdad es que sólo veía dos maneras de abordar esta exposición (y quería indagar de qué modo se había hecho): publicitaria (es decir, organizada por Matel y cantando las alabanzas de Barbie y diciendo lo bonita y maravillosa que es) o crítica (es decir, tratando de analizar su fenómeno y repercusiones, especialmente desde un punto de vista más adulto)… al final, la exposición que vi, fue una mezcla de ambas cosas, aunque con un enfoque totalmente positivo y laudatorio… bueno, incluso casi rozando la hagiografía (había textos que daban risa, pues dejaban a la muñeca prácticamente como una precursora de todos los derechos de las mujeres y cosas por el estilo).

Eso sí, yo hice auténticos descubrimientos… Barbie es todo un submundo (tiene un montón de familia, Ken tiene amigos… etc), de hecho, me sorprendió hasta que punto podía estar ante mis narices y yo ignorarlo por completo. No sobra decir también, que llama mucho la atención el hecho de que la mayoría de las muñecas que se exponen, forman parte de colecciones privadas… de dos hombres. Todo lo cual, le añade a todo este juguete y su universo un cierto componente de depravación y perversión.

Respecto al montaje, no es nada que no se espere (rosa por todos los lados) y no está muy cuidado; también asombra lo mal cuidados que están los textos de la sala (a los que faltan letras) en los cuales, entre frase y frase, se encuentran algunos detalles interesantes; además, no hay hoja de sala.

Respecto a lo que se exhibe, a mí me pareció sumamente interesante analizar la evolución de la muñeca desde los 60, y, aunque evidentemente se trata de una retrospectiva sesgada y dependiente de las adquisiciones de dos coleccionistas, lo cierto es que no deja de resultar apasionante el descubrir los cambios físicos del juguete, y el comprobar como reflejaba la sociedad en la que se usaba: sus valores, estética, moda… etc. Es sorprendente como una muñeca puede hablarnos del mundo en el que vivimos y cómo muestra el reflejo de lo que la sociedad quiere que seamos, es decir, de sus cánones e iconos; de hecho, si uno lo piensa, resulta una metáfora real de lo más perfecta.

Sobra decir, para los fans de la muñeca, que se exhiben cientos de ellas, algunas absolutamente exclusivas y nunca puestas a la venta.

No está de más decir, que el público que asistió era en parte el esperable: padres, sus hijos y jovencitas; pero también encontré sorpresas: muchos gays y ancianas. Y es que esta es una exposición peculiar que se merece, igualmente, un público peculiar; la verdad, es que hubiera sido interesantísimo hacer una encuesta al final de la visita, para conocer las motivaciones que llevaron a cada persona a ir… estuve a punto de hacerlo en medio de la exposición, pero no tuve valor finalmente… aunque me parece curiosa esa juntanza de grupos sociales tan variopintos que rara vez coincidirían de otra forma.

En definitiva, tratándose de una exposición tan peculiar, única y variopinta, yo sí recomiendo visitarla aunque sólo sea por curiosidad, ya que no es algo que pase a menudo, y pese a que no es de una intelectualidad profunda, sí se pueden sacar cosas interesantes de ella.

 

Museo Thyssen

-OBRAS MAESTRAS DE BUDAPEST: no siempre cuando nos llega una exposición monográfica de un museo extranjero este nos envía lo mejor de lo mejor o merece realmente la pena verla… afortunadamente, este no es el caso.

Esta exposición es sin duda alguna un imprescindible, Hungría nos ha mandado de lo mejorcito de sus colecciones y se luce con ellas a base de bien. La verdad es que pocas veces una exposición mereció tanto llevar el nombre que lleva, porque realmente si estamos ante obras maestras que están en Budapest.

La verdad es que es una exposición casi totalmente perfecta sobre la cual a mí, exigente por excelencia, me cuesta encontrarle defectos por no decir que no se los veo: las obras expuestas son maravillosas e imprescindibles; la información de sala es muy buena; la hoja de sala complementa y aumenta la de la sala… si exceptuamos que el montaje es un tanto pobre y típico, el resto es simplemente sublime.

Así pues, se hace un amplio recorrido cronológico desde el renacimiento a las vanguardias, sala por sala, al principio ciertamente no se encuentra mucha representación húngara, lo que se echa de menos (algo que me preocupaba, pues yo aprecio mucho de los museos extranjeros y de cualquier parte, que se pueda ver el arte nacional y local… porque los artistas conocidos los puedes tener en cualquier lado), pero finalmente se acaba descubriendo y también puedes tener una impresión de como discurrió la historia del arte por ese país.

En definitiva, esta exposición es tan imprescindible e importante como suena, no es falsa publicidad ni un blockbuster expositivo, realmente, cualquiera que tenga un mínimo interés o inquietud por las bellas artes debe ir a verla.

-ULTRAMAR: con la visita de estado de Argentina también nos invadieron los artistas de ese país… aunque uno se pregunta porqué. De las cuatro obras de gran formato que se exponen a mí sólo me pareció medianamente salvable una… y nuevamente tuve la prueba de que “artistos” los hay en todo el mundo. No merece en absoluto la pena.

 

Caixaforum

-RAMÓN CASAS: catalanista exposición (sí, tal cosa es posible en Madrid) en la que descubrimos a Cataluña como ente desligado de todo (especialmente de su país: no encontré, ni una sola vez, la palabra “España” en toda la exposición, al parecer la región mediterránea iba por libre y no tenía nada que ver con nadie), además de centro cultural (y de cualquier otro tipo) del mundo… bueno, París podía competir a duras penas con Barcelona, a veces, con suerte, la ciudad de las luces hasta conseguía anotarse algún punto sobre la ciudad condal.

Por lo demás, a parte de absurda y poco fiable, la exposición resulta aburrida y no aporta demasiado, a mí no me entusiasmó nada de lo que vi, y la recorrí en poco tiempo pues nada me llamaba demasiado la atención.

Yo no la recomiendo.

 

Fundación March

Esta fundación, que sigue destacando por la inmensa calidad de la programación de su auditorio (ya sea musical, cinematográfica… etc), y sobre todo, y ante todo, por su gratuidad; sin embargo, y como ya he dicho más de una vez, hace tiempo que ha perdido el rumbo en lo que a hacer buenas exposiciones se refiere… y con la nueva que tienen tampoco es que levanten mucho más la cabeza… y siempre se debe a lo mismo, debido a la obsesión de quienes hacen las exposiciones por profundizar en todos los artistas que estuvieron de algún modo ligados con la Bauhaus… y francamente, ya estamos muy aburridos del tema, pero mucho.

-LYONEL FEININGER: el comienzo, con las ilustraciones y tiras cómicas es prometedor… y luego va en decadencia y caída (hasta la vergüenza ajena, como es la sección de “La ciudad en los confines del mundo”), hasta el punto de que acabas entendiendo, e incluso empatizando con Hitler (repito, ¡con Hitler!), cuando denominó a esas obras “arte degenerado”.

No digo que no haya algunas obras buenas o destacables por medio, pero en general sientes que estás viendo la repetición de la repetición hasta el agotamiento (y no sólo por la temática sino también por la técnica y la falta de originalidad), tienes que forzarte a sentir algo, y en general, difícilmente lo consigues.

Montaje horroroso y desorganizado. No hay nada de información en sala así que se depende totalmente del folleto cuya información no está nada bien redactada. Por lo menos hay cartelas, ya es algo.

En definitiva, salvando alguna que otra obra, en general, se puede decir que no merece la pena acercarse a ver esta exposición… una vez más. Y yo clamo y repito, ¿qué fue de aquella época en la que se hacían exposiciones memorables en este lugar?… mucho me temo que parece haber quedado muy atrás y que para recuperarlo se impone un cambio drástico y radical de aquellos que se han dedicado a organizar estos horrores durante tantas insufribles temporadas, porque está claro que no saben hacer otra cosa, ya han tenido su oportunidad, ahora, por favor, cambiemos el rumbo que vamos mal, pero muy mal.

 

Fundación Mapfre

-RETORNO A LA BELLEZA, OBRAS MAESTRAS DEL ARTE ITALIANO DE ENTREGUERRAS: con un título extremadamente sugerente, se nos plantea  una exposición que no nos decepcionará, cierto es que empieza muy bien y va decayendo, pero la valoración final es que indudablemente merece la pena venir a verla.

Es curioso, pero, a pesar de que se suele decir que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, lo cierto es que está en permanente evolución, rara vez vuelve atrás, o al menos no tal cual lo había hecho… por poner un caso histórico: la revolución francesa supuso dar a conocer unos derechos y libertades a los que, por más que no faltó quien quisiera volver a lo anterior (y para eso se hizo el Congreso de Viena), lo cierto es que la población en general, ya no quería hacerlo, y más tarde o más temprano acabaron imponiendo la evolución y el progreso… dicho de otro modo, el ser humano no puede volver atrás, ni aunque quiera, o al menos, no lo hará del mismo modo.

Toda esta reflexión viene a cuento porque esta exposición trata precisamente de unos artistas que, tras la furia de las vanguardias, decidieron volver a lo clásico… pero ya nunca sería el clasicismo anterior, puesto que una de las cosas más fascinantes de sus obras es como, después del todo, las vanguardias y los avances que supusieron no están olvidadas, y de un modo u otro (menos agresivo y evidente) siguen presentes en el resultado final… y es que no se puede renunciar a los avances. El clasicismo anterior no puede ser restaurado (aunque habría que preguntarse en que consiste tal cosa, pues esta misma fundación nos dio la gran oportunidad de descubrir las últimas obras de los academicistas en otra magnífica exposición, en dónde también se comprobaba una frustrada evolución que hubiera sido sumamente interesante descubrir a dónde iba).

Así pues, nos encontramos con una exposición llena de obras interesantísimas, mayoritariamente de gran formato, una buena información de sala (quizás un tanto escasa) y una hoja de sala muy ilustrativa. El montaje es el de siempre.

En definitiva, es absolutamente recomendable.

 

Fundación Telefónica

Sin duda alguna, la Fundación Telefónica ha encontrado su camino a través de la realización de algunas de las exposiciones más originales de Madrid (o incluso las más originales), sus temáticas se salen totalmente de lo habitual, de modo que captan por su atractivo diferencial y convencen gracias a sus espectaculares montajes… cierto, suelen pecar de ser un poco superficiales, pero, sorprendentemente y teniendo en cuenta todo lo anterior, no suele ser este un defecto excesivamente importante.

Sin embargo, me sorprende la mala atención al público, ¡ni siquiera te saludan al entrar!.

Por otra parte, no quiero dejar de señalar que, de momento, aún se mantiene la exposición sobre el theremin.

-HOUDINI, LAS LEYES DEL ASOMBRO: interesantísima exposición que si se hubiese dedicado exclusivamente a la evolución de la prestidigitación en el pasado siglo, resultaría absolutamente perfecta, pero como está dedicada a Houdini, se echa bastante de menos tener más información biográfica sobre este y un mayor orden en la información. También es el único defecto de la exposición.

El resto es fenomenal: es interesantísima de arriba a abajo, el montaje es espectacular, la información de sala es buena (quizás ligeramente superficial, pero tampoco demasiado) y además el folleto nos aporta más documentación, de modo que sin duda salimos aprendiendo más sobre el tema y las diversas cuestiones relacionadas con él.

En definitiva, es una exposición absoluta y totalmente recomendable.

 

Museo arqueológico nacional

Y este museo se une también a la gran celebración que conmemora al mejor alcalde de Madrid… pero ellos, deciden enfocarlo a la política internacional:

-CARLOS III, PROYECCIÓN EXTERIOR Y CIENTÍFICA DE UN REINADO ILUSTRADO: a pesar de que esta exposición sigue ese mal vicio, que tanto abunda últimamente, de exposiciones con nombres larguísimos, nada comerciales ni atractivos, que parecen de trabajos académicos; y de que todo el tema que trata no tenga nada que ver (o muy poco, se toca el tema de los descubrimientos arqueológicos italianos muy someramente) con el museo en el que se desarrolla; lo cierto es que han hecho un buen trabajo.

Así pues, nos encontramos con una exposición sumamente interesante y bien montada, con una bella y magnífica hoja de sala, que aunque quizás está demasiado focalizada hacia un tema, sí que da resultado y una buena idea del mundo en el que vivió Carlos III.

Pero la parte divulgativa no es la única fuerte, también se exhiben numerosas obras de interés.

Así pues, sin duda alguna, para todos aquellos que quieran seguir celebrando el aniversario del nacimiento de Carlos III, esta exposición, es muy buen sitio dónde hacerlo… pero apresuraos a ir, pues a menos que la prorroguen, ¡a finales de marzo se acabó!.

 

La casa encendida

No sé que pasa últimamente por aquí que es realmente difícil encontrar algo bueno… ¡con lo interesante y espectacular que había sido siempre este lugar!.

En todo caso, lo que he visto me ha parecido tan tomadura de pelo, que me niego a hacer críticas separadas para cada exposición, una conjunta llega y sobra:

-EJERCICIOS DE RESISTENCIA Y ¡VIVAN LOS CAMPOS LIBRES DE ESPAÑA!: tomaduras de pelo monumentales, las típicas artistadas que sólo entienden y ven profundas los que las hicieron, y que te intentan vender con lenguaje pretencioso, pomposo y engolado, que en realidad no dice nada, como si ellos fueran muy listos y tú un completo subnormal, pero a mí no me cuela. Voy a poner un par de ejemplos de las hojas de sala:

-Sacado de la primera exposición mencionada, una entrevista a Nicolás Robbio: “creo que mi trabajo consiste en una búsqueda consciente de nuestras relaciones inconscientes con el mundo, es decir, de nuestros recuerdos”, traducción: ¿de verdad es tan difícil decir que “me gusta trabajar con mis recuerdos”?, ¿hace falta enrevesarlo tanto?.

-Sacado de la segunda exposición mencionada, de Ballester Moreno: “el mundo primario de las formas que crea Ballester Moreno está hermanado con la gramática del diseño, el ornamento y la artesanía pero también con los principios modernos de renovación pedagógica y estética que influyeron tanto en los experimentos plásticos de las primeras vanguardias como en los proyectos de emancipación de carácter social”, traducción: al tipo tanto le interesa la artesanía como el arte contemporáneo.

No sé si os habéis fijado, pero sólo he necesitado una o dos frases para decir lo que ellos dicen en un párrafo entero… dicho de otro modo, uno de los modos de saber si estás ante una farsa artística es si esta está aderezada con mucha palabrería barata, y sobradamente se acaba de demostrar que es así.

Lo dicho, todo lo que hay en este momento en La casa encendida es una auténtica tomadura de pelo.

 

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