Universo de A apoya la candidatura del Eje del Paseo del Prado y Parque del Retiro (o lo que es lo mismo y bastante más bonito, los nombres originales: el salón del Prado y el Real Sitio del Buen Retiro) para ser Patrimonio de la UNESCO

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¿A la tercera va la vencida?, pues tantas veces se ha presentado esta misma candidatura, tantas veces ha caído, pero esta vez, tal vez se consiga.

Aunque si se hace, no será desde luego gracias a la ridícula campaña del actual ayuntamiento, que ha conseguido una nula repercusión ciudadana; es más, es casi imposible encontrar la web de apoyo a esta, antes se encuentran noticias de prensa (muy positivas, según las cuales, el asunto va por buen camino). Y cuando encuentras tal web (a través de un artículo de prensa, irónicamente), resulta ser absolutamente pésima, absurda y habla sólo de tonterías, como de los mimos y titiriteros que a veces actúan en el parque actual y apenas nada de quienes lo construyeron, y por lo tanto han permitido que los anteriores puedan hacer lo que hacen. No se encuentran fotos ni apenas textos o información de personajes tan relevantes para esta zona como Felipe IV (que fue quién más boato le dio al Real sitio del Buen Retiro), Carlos III (El salón del Prado tal y como hoy lo conocemos se lo debemos a él), Fernando VII (de su época es de cuando quedan algunos de los monumentos más antiguos en el Retiro, y la existencia del Museo del Prado se le debe a él) o Alfonso XII y su viuda la Reina regente María Cristina de Habsburgo-Lorena (muchos de los monumentos más reconocibles y reseñables son de su época, desde el palacio de cristal hasta el monumento a Alfonso XII)… etc, etc. Como de costumbre, el actual ayuntamiento sigue luciendo la típica incultura republicana que bien puede condenar la candidatura nuevamente por ser incapaz de defenderla, al fin y al cabo, ¿cómo vas a defender algo que no entiendes? y es que… vale, en el Retiro hay mimos, ¡como en todos los parques del mundo!, ¡por favor!, ¡¿se supone que ese es el valor excepcional que se quiere vender?!.

En cualquier caso y muy a pesar de lo anterior, como en ocasiones anteriores, este blog vuelve a apoyar que nuestros monumentos pasen a engrosar el listado de bienes de la UNESCO, o lo que es lo mismo, los imprescindibles a visitar en cualquier país (además, tenemos que espabilarnos, ¡que éramos los segundos con más patrimonio de la UNESCO y ya somos los terceros!, China nos ha adelantado… pero por poco, aún podemos recuperar terreno, y quizás batir a la tremenda e invicta Italia… ¡o como mínimo no sucumbir ante Francia y Alemania que ya nos pisan los talones!).

Y la verdad, sorprende que Madrid ciudad no tenga nada de Patrimonio de la UNESCO (no así la Comunidad, que está magníficamente surtida), no falta quien nos avergüence diciendo que es de las pocas capitales de Europa a las que le pasa… y no se puede permitir.

La verdad, si por mi fuera, presentaría el casco histórico de Madrid (incluyendo zona de los Austrias, Letras, Prado, Retiro, Palacio Real y Gran Vía) que considero que tiene unos factores diferenciales que no se encuentran en otro sitio (la capital del Reino es verdaderamente distintiva, ni siquiera en el resto de España se encuentra un estilo arquitectónico similar), pero, no pudiendo ser, habrá que presentar esta candidatura sesgada de Prado-Retiro, a la que, con todo, se debe desear suerte.

Por otro lado, todos los que hemos tenido la oportunidad de viajar, o incluso la de vivir permanentemente en otros países, sabemos que, algo que se da muy por hecho en España, no lo es tanto en otros sitios; me refiero a las áreas verdes, al placer de que casi todos dispongamos de un parque o jardín cercano a casa, y, además, de uno grande para toda la ciudad, dónde desarrollar todo tipo de actividades. Estos candidatos de Madrid para patrimonio de la UNESCO deben ser puestos en valor también precisamente por eso, para darles la importancia histórica que tienen desde siempre para el desarrollo de la ciudad e incluso para la cultura ecológica del país.

No obstante, es muy cierto lo que se dice en la candidatura de que rara vez florece de tal modo la cultura (en el sentido figurado y literal) en un mismo sitio, juntándose tanta belleza, la del arte y la de la naturaleza. Por otro lado, este lugar ya fue pensado con esa intención desde Carlos III, y hasta cierto punto, hoy día conserva esa esencia que debemos apoyar, un lugar fuente de acceso a la cultura, al saber, al conocimiento de todo tipo.

Finalizo dejándoos el enlace a los álbumes de fotos en los que yo mismo he inmortalizado estos maravillosos lugares, como siempre, todo en el Onedrive de Universo de A.

Por todo esto, verdaderamente, el Salón del Prado y el Real Sitio del Buen Retiro merecen ser reconocidos como Patrimonio de la UNESCO, puesto que verdaderamente son un sitio excepcional, fruto del apoyo de una monarquía que nunca dejó de sostener a la cultura, ni en los peores tiempos, porque sabía que era importante y que sería apreciada mucho tiempo después de creada, y por eso hoy lo podemos apreciar y compartir con el mundo… ¡ojalá la UNESCO opine así también!.

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Crítica exprés: Bailar en la oscuridad

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Con el tiempo, cuando has visto mucho de algo, desarrollas una especie de sexto sentido que te permite detectar con suma certeza lo que debes esperar de algo, por supuesto, puedes equivocarte (generalmente para bien, si uno se apoya demasiado en el viejo dicho de “desconfía y acertarás” acaba volviéndose excesivamente susceptible), pero especialmente, y más cuando se trata de que sea para mal, se acierta.

Muchísimo me llamaba la atención el que se hiciera un musical en el Fernán Gómez; y no puedo dejar de alabar tal empeño; consideraba también, en cierto modo, que era mi deber apoyar tal iniciativa como gran amante del género que soy (Universo de A le ha dedicado una cantidad de artículos muy importante, por ejemplo este)….

Si además le sumamos el cómo este teatro se está especializando magníficamente en ciclos musicales de los tipos más variados (próximamente una novedad, ¡uno de música clásica!, al que posiblemente acudiré), pues parecía que progresar al teatro musical era el paso más lógico y natural. Verdaderamente estará muy bien si siguen por ese camino, y yo seré el primero en aplaudirlo.

Pero había bastantes cosas que me tiraban para atrás de esta nueva producción que presentaba el Teatro Fernán Gómez:

  1. La elección de ese musical en concreto: cierto que en un teatro público siempre hay una mayor pretensión de intelectualidad (como bien recordamos con Mario Gas, en otro teatro muncipal como es el Español), pero elegir precisamente escenificar el de Lars von Trier, no parecía un buen presagio; independientemente de la calidad que tenga (que la tiene) sonaba a producto pretencioso, más centrado en intentar elaborar complejas, sesudas y forzadas profundidades que en tratar de hacer un gran musical en el que la introspección llegase por sí misma.
  2. El espacio en sí mismo: el Fernán Gómez es un teatro con sus virtudes, pero también con unas limitaciones escénicas importantes de cara a los exigentes requerimientos de espectacularidad que un musical pide. Por otra parte, los múltiples ciclos musicales que allí se celebran, han demostrado sobradamente que los técnicos del teatro podrán dominar la palabra en materia de sonido, pero con la música tienen más dificultades. Tampoco hay un foso o lugar dónde poner a músicos en directo de forma tradicional (cosa que, por desgracia, es un intento que yo tampoco recuerdo haber visto, incluso cuando más deseable sería).
  3. El reparto artístico: Echándole una ojeada se podía deducir, con enorme facilidad, que por muchos milagros que hiciesen (aunque, excepcionalmente, alguna vez he visto tales maravillas), era imposible lograr una gran espectacularidad en los números musicales. Un musical tiene casi siempre la exigencia de tener un reparto considerable, se necesita coro, bailarines… etc; hasta el punto de que, a veces, es parte de la publicidad del espectáculo decir la cantidad de gente que llega a haber en escena. Seis actores en total, y más para la historia que se quería contar, sonaba desmesuradamente pobre… peor, sonaba terriblemente cutre.
  4. Salvo raras excepciones, si bien una adaptación del teatro al cine suele funcionar muy bien, no suele ocurrir lo mismo a la inversa. El teatro tiene la ventaja de la espectacularidad del directo, de interactuar más directamente con el espectador, además de la posibilidad de una sorpresa que el cine no… pero el séptimo arte posee la capacidad del infinito, casi todo lo imaginable puede ser plasmado en una pantalla con aceptable verosimilitud. Así pues, cuando un musical ha sido concebido para cine, es difícil que funcione si es traspasado a las tablas; y, si se consigue, hay que hacerlo de un modo absolutamente genial, verdaderamente diferencial con el producto cinematográfico.
  5. “Bailar en la oscuridad”, como todas las grandes obras, puede tener un mensaje distinto según la persona (desde sobre la pena de muerte hasta sobre el capitalismo), pero a los idealistas, a aquellos que amamos el género musical, nos habla mucho de nosotros mismos, del cómo la realidad se impone sobre la fantasía y de la necesidad de escapar gracias a la segunda de la primera… el final de la historia es tan duro para nosotros porque es tan brutal como realista. Así pues, es una historia muy dura, difícil de degustar. Esta, por supuesto, se trataba más de una razón personal que otra cosa para no acudir; básicamente, porque, a los amantes de los musicales estos suelen gustarnos tanto porque nos suelen garantizar una gran felicidad y despreocupación (¡todo, por terrible que sea, se soluciona y supera con unos pasos de claqué!).

Pero me convencí a mí mismo para ir, a última hora; por las cosas buenas que he mencionado antes; porque la obra había sido prorrogada; además descubrí que habían hecho sus propias canciones (y eso siempre produce curiosidad) ya que no habían podido utilizar las de Bjork que había retirado los derechos (teniendo en cuenta que siempre destacó su experiencia con von Trier como pésima, y que incluso llegó a advertir a Nicole Kidman para que no participara en “Dogville”… pues el asunto se entiende); además de que me recordé a mí mismo que había dado muy buena crítica a la anterior obra que había visto en este mismo teatro… así pues, me decidí a ir, ¡a la aventura!.

Y descubrí que el instinto al que no quise hacer caso, acertaba de pleno. Al menos no fue peor.

El programa de mano sólo era una autojustificación de intenciones, en el que ya se adelanta lo que se va a ver si se lee mínimamente entre líneas….

 

-Bailar en la oscuridad: realmente, cuesta considerar que esta versión teatral de la película sea un auténtico musical (o no cumple con lo que considero que es una obra de este género).

En cualquier caso, lo que sí no es, es una adaptación de cine a musical teatral como entendemos que se debe hacer habitualmente; es decir, aquella en la que el argumento es profundamente revisado y ampliado para convertirlo en un espectáculo completo (generalmente de mayor duración que el filme original) en el que se incluyen, no sólo las canciones originales reinterpretadas y extendidas, sino además, otras nuevas que siguen el tono de las anteriores, ampliando así la historia original en todos los frentes… todo lo cual se logra, según el caso, con mayor o menor pericia.

No, muy por el contrario, esta producción de “Bailar en la oscuridad” te vuelve a contar la película que conoces. Ese es un error que incluso renombrados espectáculos han cometido, pero aquí es mucho peor porque se hace con una torpeza inmensa.

No se puede echar toda la culpa de esto a Patrick Ellsworth o Fernando Soto, que se enfrentaron con la titánica y complicadísima tarea de tener que adaptar un estilo tan cinematográfico y tan particular como el de Lars von Trier al teatro, la verdad es que lo tenían extremadamente complicado (otros directores de talento indudable, como Rob Marshall, fracasaron en el mismo intento, incluso siguiendo en el mismo medio, en este caso que acabo de mencionar, tratando de imitar a Fellini), se necesitaba un talento descomunal. A mí mismo me cuesta imaginar como podría hacerse para conseguir darle personalidad a la propia obra y a la vez mantener la esencia de von Trier….

En cualquier caso, fracasan rotundamente, la representación no es sino una sombra desvaída de la película, y, posiblemente, lo peor que se puede decir de ella es que, tanto mientras la ves, como cuando la acabas, sientes las ganas, el deseo del ver el filme original. Es decir, la obra no tiene entidad propia, no consigue destacar como producto diferencial y en sí mismo.

Las razones se pueden encontrar en todos los campos posibles; para empezar el libreto, que es una mera, y muy torpe narrativamente, copia del guión, al que, sin embargo, no sigue cuando se le complican demasiado las cosas (el nudo de la historia está muy pero que muy mal resuelto); con lo que la falta de recursos se ve aún más notoria y acentuada (y no, no me creo que estén haciendo teatro Dogma 95 o neorrealismo teatral); y, para colmo, consigue resaltar todas las incoherencias y defectos de la narración original (especialmente en lo que a la definición de los personajes se refiere).

La dirección de Soto es aceptable, invisible, terriblemente convencional… lo que hace que eches aún más de menos a von Trier. No obstante sí que le reconozco el gran mérito de tener la idea genial de usar el formato panorámico que ofrece el teatro y que es ideal para un musical o una obra de grandes dimensiones.

El vestuario es una copia, casi calcada, del de la película. Sólo salvo, dentro del apartado técnico, la escenografía diseñada, porque consigue, con escasos recursos, dar mucho de sí; aunque, la verdad, también imita a lo visto en la película.

La prometida nueva música, al principio pensé que estaba homenajeando a Bjork… luego me di cuenta de que estaba imitándola, y al final llegué a la conclusión de que la islandesa bien podría interponer una demanda por plagio. Con todo, desaparecen la mayor parte de las canciones del filme y sólo quedan algunas de las más destacables; y dado que tampoco las hay nuevas, la mayor parte de la cuestión musical queda borrada de un plumazo, haciendo que, como ya he dicho, calificar a esta producción de musical sea cuanto menos dudoso. Si a eso le sumamos que no hay música en directo y que lo que se oye parece haber sido orquestado por el dueño de un karaoke… imagínate el resultado.

Las coreografías son nefastas, de aficionados total. Si me hubieran dicho que esa misma coreografía estaba diseñada para ser enseñada a unos niños de párvulos para entretenerlos un rato, francamente, me lo hubiera creído. Pero me parece infame para un espectáculo teatral, más aún, una falta de respeto, al espectador y al género.

Aunque en el fondo, tanto da, puesto que todos los números musicales cometen el peor error posible en el género: parece que sobran y que no contribuyen o aportan nada a la historia.

En lo que respecta al reparto artístico de esta producción, son actores y se nota… quiero decir, actores que no cantan ni bailan. Aunque tampoco les hace falta, sólo dos lo hacen realmente: la protagonista, que canta (mal, desafinando; aunque el hecho de que el sonido se distorsionase varias veces no la ayudaba); y el actor que hace de su hijo, que baila claqué (otra cosa mal hecha, se podría haber articulado toda la obra, y hubiera quedado bien, con la idea de que ella sueña a través de su hijo, y monta los números musicales a partir de ahí… pero, muy por el contrario, simplemente es un tipo bailoteando claqué por aquí y por allá sin sentido alguno).

Para colmo, todo el reparto realiza unas actuaciones pésimas y sobreactuadas; a lo que no ayuda en absoluto una dirección de escena totalmente falta de inspiración; así que, al final, las escenas más dramáticas resultan cómicas. Como, para colmo, todos intentan copiar las interpretaciones de los actores de la película, al final, más que una versión teatral de “Bailar en la oscuridad”, parece que estés viendo una parodia no intencionada de esta (que, visto lo visto, hubiese sido mejor hacer eso, y precedentes demuestran que, aún con pocos medios, puede salir muy bien).

En definitiva, aunque deseo que haya muchos más musicales en el Fernán Gómez en el futuro… esperemos que no sean como este, porque ha sido un completo desastre, una producción cutre, una especie de versión de apariencia amateur de la película, como si fuera un montaje de los vecinos de un barrio que tienen un grupo de teatro en el centro cultural… y, en definitiva, hace aguas por todos los lados de manera insalvable.

Una pena, podría haber sido algo realmente bueno. Habrá que esperar a que surja otra oportunidad.

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ACTUALIZACIÓN: La temporada de exposiciones de primavera-verano de 2019 en Madrid

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Crítica exprés: Dramatización de “Cuando hay falta de hechiceros lo quieren ser los gallegos, y asombro de Salamanca”

Cuando hay falta de hechiceros lo quieren ser los gallegos, y Asombro de Salamanca – Dramatizaciones

Publico esta crítica tarde… pero dado que sólo hubo una función, pues no importa, así me queda para rellenar la publicación mensual… y siempre puede salir de gira, como tantas veces pasa con la CNTC; y en cualquier caso, queda como un testimonio de cómo es acudir a una de estas dramatizaciones que suelen organizar.

Siempre había querido ir a una de las dramatizaciones que organiza la Compañía nacional de teatro clásico, más que nada, por curiosidad… pero nunca había encontrado la oportunidad adecuada y propicia; ¡al fin!.

Acostumbrado como estoy, a ver, por ejemplo, óperas en concierto (y que algunas resulten -desgraciadamente, y siempre por la incompetencia del director de escena- mucho mejores y más satisfactorias que la versión montada), me parecía estimulante ver cómo sería el teatro reducido a sus mínimos, a su esencia textual, sin artificios… ¿daría resultado, sería interesante o un puro aburrimiento que nos recordaría que, al fin y al cabo, esa clase de textos habían nacido para ser representados y no leídos?; ¿sería una simple dramatización capaz de transmitir la pasión necesaria?.

Así pues, me imaginaba un escenario lleno de sillas, y unos actores, vestidos con mayor o menor elegancia, haciendo una lectura con intención (emociones) del texto… sonaba interesante… pero no obtuve nada de eso.

Aunque lo que vi no dejó de tener cierto interés, pues lo cierto es que las dramatizaciones de la CNTC son, digamos, una asistencia a las primeras lecturas de una obra: los actores no se saben el texto (están con el papel delante todo el tiempo, e incluso lo leen); la puesta en escena es de lo más rústica (en realidad, teniendo en cuenta el formato elegido para la producción, uno no deja de preguntarse que pinta un director de escena si no es engrosar el presupuesto); además de que se reciclan para la puesta en escena los más diversos elementos acumulados por la CNTC… en definitiva, no es el montaje de una obra de verdad, ni una dramatización al uso… pero tampoco puedes decir que pagues por ello.

En realidad, hay algo terrible y a la vez sublime que se puede decir de estas dramatizaciones (como de muchas de las óperas en concierto que citaba antes): no están lo suficientemente preparadas como para que merezcan ser montajes acabados que puedan ser mostrados al público (tienes la sensación de estar acudiendo a un primer ensayo, lectura o toma de contacto)… pero están lo suficientemente bien realizadas, y cuentan con un más que aceptable parecido, como para que puedan ser confundidas, con peligrosa e insultante facilidad, con cualquiera de los montajes terminados, y presentados ante el público como tales, de la temporada del Teatro de la Comedia; la cual es, sin duda alguna, una peligrosa e irrisoria comparación, si es que a alguien se le ocurre hacerla.

Sin embargo, no se puede dejar de alabar el que se haga estas dramatizaciones, puesto que, creo que cumplen una importante función (como las óperas en concierto) que es aquella de llevar a escena, y dar a conocer, de forma que resulte más barato y accesible de programar, ciertas obras que, de otro modo, quedarían abocadas a la oscuridad y el olvido; pues, al fin y al cabo, sabemos que en la labor del programador siempre se impone muchas veces más dedicarse a lo conocido, a aquello que atraerá al espectador seguro, aunque se haya hecho mil veces, más que indagar e investigar nuevas obras desconocidas que difundir y dar a conocer al gran público, tarea que en ningún caso debería ser descuidada, y mucho menos por quien dirige un teatro público.

También, muy en su favor, debo decir que las dramatizaciones son escandalosa y maravillosamente baratas: esto es teatro al alcance de todos y lo demás son tonterías (casi cualquier cine, incluso por semana, e incluso en miércoles -día del espectador-, es más caro); ¡bien por Helena Pimenta, directora de la CNTC! (lo sé, no suelo decir esto a menudo, pero, si se critica lo que se hace mal, también hay que alabar lo que se hace bien).

Para finalizar, debo decir que encontré absolutamente excelente la atención al público. Además, encontré el programa de mano sumamente interesante.

 

-Dramatización de “Cuando hay falta de hechiceros lo quieren ser los gallegos, y asombro de Salamanca”: en primer lugar, decir que, sabiendo como es esta una obra con secuela, bien se podría haber elegido una sin ella (o haber elegido una de la que se programase también la siguiente parte), puesto que, tal y como se ha hecho, es como si la historia quedase incompleta (de hecho, al final de la obra no se produce un desenlace, todo queda pendiente de resolución).

La verdad, el texto de la obra en sí no me ha entusiasmado; con toda seguridad, y por lo que se intuye de las acotaciones, el montaje barroco si me hubiese deslumbrado, con toda su grandilocuencia, efectos, artificio y maravillas típicas del teatro de la época… pero, quedando todo reducido al texto, encuentro la obra un tanto repetitiva, de escaso argumento y con personajes apenas abocetados… por hacer una comparación un tanto salvaje: es como hacer “Transformers” en el barroco; es decir, algo que la gente no va a ver para quedar deslumbrada por unos pensamientos e ingenio prodigiosos, sino por los efectos y una cierta espectacularidad, que, sin duda impresionaron y divirtieron a la gente en su época.

¿Qué podemos sacar hoy?, tal y como se ha hecho en esta ocasión, aprendizaje y reflexión, sobre muchas cosas, como: la evolución del género fantástico, de los tópicos nacionales, la manera de vivir y de concebir la diversión en una época… etc. Por ello, mucho me temo que, aquellos que no sean curiosos de otros tiempos, y que sólo vayan al teatro a hallar entretenimiento, en esta representación podrán aburrirse enormemente. Como he dicho en un párrafo anterior, si fuese un montaje siguiendo la manera barroca (deberían hacerlo, seguramente daría muy buen resultado, el Teatro de la Zarzuela lo hizo, con su género, y el resultado fue absolutamente sublime y prodigioso), tal vez fuese diferente, pero no es así, es una dramatización.

En definitiva, como ya he comentado antes, nos encontramos con la puesta en escena de la preparación de un montaje apenas iniciada (quizás peor, puesto que para un primer ensayo los actores suelen saberse el texto, y en este caso, aunque era evidente que todos se lo habían leído y lo habían ensayado mínimamente, no habían memorizado ni una palabra), todo es tosco en la puesta en escena, pero, dado que no tendrían ni porque hacer eso, se agradece que se hayan tomado las molestias de que haya una dirección, de preparar y acondicionar un poco el impuesto decorado de “El burlador de Sevilla”, o de usar un atrezo y vestuario bastante aceptables. Dicho de otro modo, se percibe que hay cosas que no se tendrían porque haber hecho, y sin embargo, se han realizado para conseguir dar más realce a la dramatización, lo que se agradece… además de lo dicho en anteriores párrafos, su peligroso parecido, a pesar de no estar lo suficientemente limado, con un montaje terminado del resto de la temporada, es cruelmente desagradable para la CNTC, a la vez que un comprometido y dudoso halago.

Por lo demás, los actores, como ya he comentado, leen sus textos con intención, y hacen lo que pueden para tener movimiento en escena, y así disculpar lo primero con lo segundo. Tampoco se les puede exigir otra cosa, lo dicho, esto es una dramatización. No obstante, ninguno me entusiasmó en su interpretación, quedándose como máximo en aceptable; exceptuando, por supuestísimo, a todos los que hicieron el acento gallego, que resultaba tópico, burdo y profundamente chabacano, por lo que los intérpretes que lo hicieron me repugnaron profundamente, ya que, como persona que ha vivido en esas tierras largo tiempo, me resultaban ridículos por no decir insultantes… eso sin mencionar que el acento les iba y venía de la forma más extraña y sin sentido. Bueno, en realidad, en ese aspecto la obra llegó a resultar insoportable con esa continua competición de acentos autonómicos por parte de todos los actores.

En definitiva, como ya he dicho, sin duda acudir a esta dramatización puede resultar instructivo e interesante, muy especialmente para los amantes de determinados temas, pero también poco entretenido o ameno. Quizás, el error ha estado precisamente en programarla como dramatización y no como otra producción más de la temporada, que, siempre con el director de escena adecuado, hubiese podido resultar verdadera e increíblemente espectacular… en fin, habrá que esperar a que haya otra ocasión más venturosa.

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La temporada de exposiciones de primavera-verano de 2019 en Madrid

Este artículo es uno de los los llamados artículos recopilatorios, que se actualizan continuamente (hasta que termina la temporada que dice el título, momento en el que se publica uno nuevo en esta misma sección de Turismo), por lo que, para estar informado de todas las novedades, se recomienda volver a visitarlos a menudo. No obstante, los seguidores del blog (correo electrónico, redes sociales… etc) reciben actualizaciones de todo lo que se hace en Universo de A.

Aclarar que, en este artículo en concreto, las últimas actualizaciones siempre son las más pegadas a estas líneas, es decir, las que están más arriba del artículo; y por tanto, las que están más abajo, son las que he comentado hace más tiempo.

Para una información más extensa o sobre otras cuestiones culturales (Turismo, críticas de Películas o Teatro… etc), visitar las secciones correspondientes que aparecen permanentemente en un listado a la derecha.

Si hay algo que aún no he publicado, y sin embargo te interesa, pregunta a través de un comentario, puede que te ayude, ya que a lo mejor lo he visto, pero no he tenido tiempo de escribirlo.

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Cambia el tiempo pero no las ganas de seguir emocionándose… ahora, quizás tendréis la oportunidad si vais a…

 

Museo de historia de Madrid

-MADRID, CIUDAD EDUCADORA 1898/1938: una exposición que tardó un mes más de lo previsto en poder ser abierta, y, al final, para descubrirla como un arma propagandística, de demagogia barata y blanqueamiento de la nefasta segunda república, que hace que uno se piense muy seriamente, ahora que se acercan elecciones municipales, si uno quiere seguir obteniendo panfletos o prefiere tener cultura. Yo sólo lo digo.

La muestra no podría ser más descaradamente manipuladora, y eso se ve incluso en las cabinas de vídeo, dónde aparecen testimonios sobre maestros: de cinco en total, tres son del bando republicano y, fíjate tú qué casualidad, todos murieron o fueron represaliados por el bando nacional; y de los dos que quedan, uno fue un chivato traidor que denunció a sus compañeros. Teniendo en cuenta que no pasé más de un minuto en cada cabina, y saqué esas conclusiones, cualquiera se puede hacer una idea de hasta que punto nos encontramos ante una exposición sectaria y maniqueísta.

Pero incluso a pesar de que no dejas de leer acerca de la república por todos los lados, y el patio entero está dedicado a la guerra civil (desde una perspectiva absolutamente republicana); se atisba muy bien que todas las leyes y propuestas educativas, o al menos las más importantes, fueron hechas en tiempos monárquicos, porque, aunque sólo se leen los años, cualquiera que tenga un mínimo de cultura, sabe que la primera ley de educación obligatoria se hizo en los tiempos de Isabel II; y que todo o casi todo lo que se cuenta en la exposición hecho a partir de 1898 se hizo durante el reinado de Alfonso XIII (aunque, por supuesto, no se cuenta nada de cómo este cedió sus tierras para hacer la Ciudad Universitaria… etc); por lo que pronto se percibe que, como de costumbre, la segunda república no hizo sino apropiarse de los méritos de la monarquía y, durante la guerra, destruir lo creado (Ciudad universitaria incluida, con una parte importante de la biblioteca histórica de la Complutense, cuyos libros los republicanos usaron para hacer trincheras).

En definitiva, que pese a la intención mangoneadora, adulteradora y falseadora de la exposición, paradójicamente, quien es lo suficientemente inteligente como para leer entre líneas, acaba viendo que la segunda república destrozó y destruyó todos los avances en educación que se habían hecho durante los reinados de Isabel II, Alfonso XII y especialmente con Alfonso XIII.

En definitiva, puede ser una exposición interesante si se sabe interpretar adecuadamente.

 

Galería Éboli

Esta galería debe de estar asediada por los turistas (no es para menos, situada en la Plaza de Ramales, al lado del Palacio Real, y por tanto muy alejada del lugar habitual dónde este tipo de locales suelen estar en esta ciudad -de hecho, yo no sé ubicar ninguna otra cerca… las más próximas estarían en el barrio de las letras, que yo recuerde-), porque es la única en la que he visto que esté prohibido hacer fotos.

Con todo, las pocas veces que me he pasado, siempre encontré una selección más bien académica y conservadora (y no necesariamente lo digo como defecto). Lo dicho, no es un lugar en el que te vayas a encontrar lo típico que te esperas encontrar en una galería de arte de hoy día, lo cual, no se puede negar, resulta diferencial (para bien o para mal).

Por lo demás, el sótano en el que está situada resulta tan antiguo y con tanto encanto, que merece la pena una visita por sí mismo, especialmente aquellos a los que les interese la arquitectura (y ahora hay más zonas abiertas que la vez anterior que visité este lugar).

-ARTE NAIF EUROPEO 2019: Sinceramente, tenía ganas de ir a ver esta exposición, sonaba interesante. Y al parecer no es la primera vez que se organiza, y las ediciones anteriores han debido de tener éxito, puesto que este año el país invitado es Japón.

La muestra comienza bastante mal (parece que te has metido en la típica de jubilados de centro cultural) pero va mejorando desde la mitad de la segunda sala; aunque, por supuesto, hay una gran mezcolanza de obras mediocres con posibles obras maestras, así que hay que aguzar el ojo si uno no quiere perdérselas y dejarse emocionar.

Teniendo en cuenta que además hay artistas de muchos países, puede ser una oportunidad perfecta para descubrir como afrontan un mismo estilo culturas distintas.

En definitiva, yo encontré mi visita a esta exposición sumamente sugestiva y fascinante.

 

Biblioteca histórica Marqués de Valdecilla

¡Pobre y desconocida sala! (aunque me atrevería a decir que cada vez menos, antes podías estar horas y horas en la sala sin que viniera nadie, y esta vez, varias personas estuvieron conmigo… y eso que era alrededor del mediodía), si no fuera por los carteles que ponen fuera, ni te darías cuenta de que se pueden ver exposiciones muy interesantes allí (y ahora, también una permanente, de la que hablo abajo); aunque, sin duda, no sólo la falta de publicidad influye en su injusto desconocimiento, también unos horarios bastante complicados (sólo se puede ir por semana).

Como curiosidad, comentar que, en el guardarropa, me ha parecido ver un Forges, supuestamente original y auténtico, dedicado a la propia institución (si pasáis por allí, no dudéis en decirme vuestra opinión al respecto)

-COLECCIÓN DE TAPICES DE CARMEN Y JUSTO FERNÁNDEZ (PERMANENTE): un conjunto de cuatro de estos objetos decorativos cuya temática es el Quijote; ciertamente su calidad no es máxima, pero sí que tienen encanto, belleza, y todo aquel que guste de este tipo de adorno disfrutará contemplándolos y recordando los diversos pasajes que ilustran de la inmortal novela de Cervantes.

Además, la exposición se complementa con un folleto y una información de sala sumamente interesante para saber más sobre los tapices, acerca de cómo se hacen o restauran.

Para verla, es necesario requerirlo a los guardias de seguridad de la entrada.

-LA EMOCIÓN DE LA ÓPERA: otro más de los actos propagandísticos del elitista Teatro Real para celebrar un bicentenario accesible a unos pocos, curiosamente, la mayoría en bibliotecas (la Biblioteca Nacional ya lleva unas cuántas exposiciones)… aunque me apuesto cualquier cosa a que la próxima exposición sobre ópera en el Caixaforum tiene también mucho que ver con este asunto.

Es una exposición que abarca demasiado así que aprieta más bien poco, resulta sumamente irregular, pues aunque profundiza en temas concretos, el conjunto resulta un tanto superficial, tal vez porque el tema no está bien trazado, se supone que es el montaje de una ópera, pero el problema es que eso no se hizo igual en el siglo XVI que en el XIX que ahora; y desde luego no era lo mismo en Italia que en Francia o en España… por tanto, la exposición resulta bastante irregular.

Con todo, reconozco que merece la pena pasarse y que resulta bastante curiosa.

-RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL: una de esas exposiciones mínimas y diminutas que se encuentran justo antes de entrar a la grande. Como siempre, no es más que una pincelada, así que, aunque aprendes o profundizas en algún dato nuevo, lo cierto es que te quedas con ganas de más.

 

Museo Sorolla

No puedo decir que Joaquín Sorolla sea de mis artistas (ni siquiera pintores) preferidos, sin embargo, el museo dedicado a él, parece recriminármelo continuamente mediante cuidadísimas exposiciones que, aunque siempre están dedicadas a él, y viven casi por completo de los fondos del propio museo, consiguen unos resultados verdaderamente magníficos. Verdaderamente, tal vez sea porque siempre voy, equivocadamente, sin demasiada expectativa, pero todas las exposiciones que veo allí me encantan, pues siempre están muy bien montadas y siempre son interesantísimas; pequeñas y modestas, pero muy trabajadas y excelentes.

-CAZANDO IMPRESIONES, SOROLLA EN PEQUEÑO FORMATO: si alguien tenía alguna duda acerca de la calidad de Sorolla, se le desvanecerá por completo al ver esta exposición, y descubrir como un talento sobrecogedor puede brillar tan poderosamente tanto en la obra de encargo más grandiosa y grandilocuente, como en el boceto tomado en un instante íntimo para uno mismo; en esta exposición, sólo apreciaremos estos últimos (para lo primero, está el resto del museo), y garantizo quedar alucinado. Ciertamente, no todas las obras mostradas son maestras, pero sí una buena parte, y algunas, merecen un lugar de honor dentro de la producción del artista, y de la historia del arte si me descuido.

En definitiva, es una exposición indispensable para todo amante del arte, y creo que los que disfrutan conociendo como se hace, también lo disfrutarán, puesto que se puede vislumbrar la técnica y los modos que utilizaba Sorolla. Conclusión, maravillosa, imprescindible.

 

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Crítica exprés: El caballero de Olmedo

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Hay obras que entran ganas de repasar (y hay otras que siempre quieres volver a ver), y este es un caso… es curioso, hace años, cuando publiqué la crítica de la producción de la Joven, creí que hablé más de la obra en sí misma, y veo que no fue tanto, así que ahora tendré la oportunidad.

Soy consciente de que publico esta crítica demasiado tarde para ir a verla al Teatro de la Comedia, pero entre que fue imposible conseguir la entrada a tiempo, y que esta versión de Noviembre compañía de teatro (dirigida por Eduardo Vasco), no es la primera vez que vuelve a los escenarios… pues la verdad, me quedo bastante tranquilo, pues estoy casi seguro de que mi reseña podrá ser útil en un futuro (y además, así, a mí personalmente me ayuda a cubrir la publicación mensual obligatoria).

 

-El caballero de Olmedo: no hay duda de que esta es una de las más famosas obras que ha escrito jamás Lope de Vega, basándose en un hecho histórico muy bellamente retocado por la leyenda. El texto en sí mismo, si bien en algunas partes es lioso en la estructura, en general está muy bien llevado, muy especialmente a causa de los personajes, que son verdaderamente interesantes y maravillosos.

Por lo demás, la versión de Eduardo Vasco, sabe sacarle el jugo al original, se nota que verdaderamente es un enamorado del texto, y ello es capaz de reflejarlo a través de su versión y dirección… la cual, muy por desgracia, no está exenta de defectos, pues tanto los movimientos de escena como la dirección de actores son mejorables.

Lo peor de todo es, de lejos, la escenografía, cuya pobreza contrasta directamente con un cuidado vestuario, que expone directamente los defectos de toda la producción, y muy especialmente de la dirección.

Por otra parte, siguiendo esa buena tradición de la CNTC del musical historicista (os recuerdo que era lo que he dado en definir así aquí), una vez más, en esta obra, la música en directo y algo de canto (no mucho por desgracia, casi sólo la famosa copla) son una parte fundamental del espectáculo… pero la escasez de ello, y el mal uso de un único instrumento, que es una guitarra eléctrica (y digo mal uso porque no termina de funcionar, ni se integra, por lo que chirría), choca de frente con la cuestión histórica, lo cual hace que la parte musical no salga bien parada, desgraciadamente.

Por lo demás, los actores, aunque ligeramente sobreactuados y totalmente inadecuados para los papeles por sus edades, tengo que reconocer que son aceptables, y, siendo concesivo, consigues creértelos.

En definitiva, con toda seguridad, la versión de “El caballero de Olmedo” de Eduardo Vasco no es en absoluto perfecta, y es absolutamente mejorable… pero al menos no es un bodrio intragable, y, en esencia, respeta la obra original. Así que hay que recomendarla, tanto para quién le guste, como para quién no la haya visto nunca o quiera introducirse en el teatro clásico; pues la verdad es que es una propuesta buena, aceptable, disfrutable… algo que, como tantas veces se puede leer en este blog, no es tan fácil de encontrar como pudiera parecer (y, la verdad, tampoco hay tanta oferta de teatro clásico como para ponerse exquisitos).

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ACTUALIZACIÓN: XXV Ciclo de Lied en el Teatro de la Zarzuela

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ACTUALIZACIÓN: La temporada de exposiciones de otoño-invierno de 2018-2019 en Madrid

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