Crítica exprés: J. K. Rowling después de la saga Harry Potter

Este blog es algo curioso, aunque yo nunca haya querido que fuera así, lo cierto es que no todas las secciones se han desarrollado por igual, y casi involuntariamente, ha habido siempre unas preferentes, o al menos, unas en las que la publicación estaba asegurada sin que pudiera mediar la más mínima excusa de pereza.

Muy desgraciadamente, esta de “Libros”, no ha sido el caso; para ella siempre funcionaba la disculpa del “ya se hará, hay tiempo, si total no hay prisa…” o la de “si redacto acerca de todo lo que hago, tendré que dejar de hacer cosas porque ya sólo podré escribir”.

Todo ello, muy al contrario que para otras secciones más afortunadas como “Películas” o “Teatro”, que tienen garantizada una publicación por cada vez que vaya a uno de estos espectáculos (con excepciones, por supuesto, no escribo acerca de todas las películas que veo porque si no, no acabaría nunca; así, no escribo sobre todo lo que pueda ver en televisión o en formato doméstico, pero sí lo que vea en las salas… del mismo modo, en lo que respecta al teatro, casi sólo publico lo que veo en Madrid, con alguna rara excepción).

Sea como sea, y volviendo al tema, lo cierto es que muy rara vez termino una lectura y voy a escribir un borrador de crítica. Ahora, aunque me ha costado, y he tenido que mantener esa idea como inapelable varios días en mi cabeza (porque creedme, tengo un montón de borradores de artículos pendientes de escribir que a veces me pregunto si algún día verán la luz), al fin he conseguido llevarla a cabo, ponerme a ello… y una vez empiezo algo en serio, muy rara vez lo dejo sin terminar.

Finalizar este tema, añadiendo que otra de las cosas que siempre me ha dado rabia de esta sección es su cierta irregularidad: se juntan críticas de grandes clásicos junto a las de otros libros irrelevantes, además de los típicos superventas… aunque supongo, por otra parte, que esto también tiene algo de bueno, pues en la variedad está el gusto, y siempre es bueno ofrecer todo tipo de posibilidades de lectura.

Pero dirigiéndonos al tema de este artículo, no voy a extenderme acerca de lo que pienso sobre J. K. Rowling, y su carrera, anterior y posterior a la saga Harry Potter, puesto que considero que ya lo hice abundantemente en la crítica en la que abordé, entre otras cosas, el tema de su primer guión cinematográfico.

En cualquier caso, sí quiero decir que, al igual que me pasó con el actor protagonista de la saga del mago inglés; sí quería ver, y tenía mucha curiosidad por comprobar como se manejaba la escritora fuera de ese ambiente mágico que le había dado tanto éxito y en otros menesteres. Tardé tiempo en conseguirlo y ponerme a ello, pero lo hice, y este artículo ha sido el fruto de mis desvelos.

Por supuesto, no he leído todos los libros que ha publicado a posteriori de su famosa saga, ni ganas que tengo, mi curiosidad ha sido sobradamente satisfecha con lo que ya he visto (en cualquier caso, para más detalles sobre ello, ruego que se consulte esta otra crítica),  la razón de ello, la podéis leer en las conclusiones que saco más abajo.

En fin, comenzamos, las publicaciones de Rowling que he leído a posteriori de Harry Potter han sido:

 

Como curiosidad, antes de nada, comentar que este libro es editado por Salamandra (como todos los de la autora, que yo sepa), la misma empresa que ha hecho lo propio con las novelas… y que en ningún otro caso se les hubiera ocurrido publicar teatro. Hay que ver cómo tira el dinero y que poco tira el arte.

Tampoco está de más aclarar que la edición española es la de los ensayos de la obra, y por tanto no la versión definitiva (es decir, que si cuando se escenificó se hicieron cambios de cualquier tipo -incluso en el propio argumento-, estos, evidentemente, no están reflejados en la publicación de la editorial española).

 

-Harry Potter y el legado maldito: saber hasta que punto hay una sola línea escrita por Rowling en esta obra, y no solamente su consentimiento legal para hacerla, sería una cuestión interesante; cierto que si uno coge el libro o ve algunas de las imágenes promocionales de la obra, su nombre es el que sale el más grande… pero rápidamente se vislumbra que poco parece haber hecho (tres personas se atribuyen la idea original, entre ellas Rowling -como es obvio, pero tal mérito ya habría que otorgárselo legalmente sólo por haber creado los personajes de las novelas, sin necesidad de que hiciera ninguna otra cosa más-… pero las otras dos son el dramaturgo y el director de escena, haced cuentas y decidme, si creéis que esta mujer hizo algo más que extender la mano para cobrar); y la verdad es que ni siquiera se intuye el estilo de la autora en todo el texto.

¡Quién hubiera dicho que la saga de Harry Potter no continuaría audiovisualmente en cines sino en teatro! (y no en sitios cualquiera, ha estado en el West End londinense, y va camino de Broadway); por supuesto, declaraciones aparte de los autores, lo cierto es que no hay una verdadera justificación para el cambio de medio, más bien todo lo contrario, pues debido a la absolutamente innecesaria longitud del texto, aquellos que acudían a su representación se veían obligados a pagar dos entradas para poder ver el espectáculo completo, ya que este se dividía en dos sesiones de varias horas cada una (nunca una gallina de los huevos de oro fue tan prolífica ni unos fans se dejaron camelar tan sumisamente).

Respecto a la obra original, hay que reconocer que prepara una puesta en escena espectacular… bueno, más bien imposible y megalómana; que, por fotos y vídeos que he visto por todo internet, parece que la dirección, como era evidente, debido a las lógicas y obvias limitaciones del medio, no consigue llevar a cabo (vi soluciones de lo más simplistas y en las que se pedía más a la imaginación del espectador de lo que se ofrecía en escena). Sea como sea, no voy a seguir hablando de una dirección de escena que no vi en directo, puesto que no tendría sentido, aunque sí creo que el comentario anterior no está de más.

Así pues, me centro en el texto en sí mismo, que probablemente (y, hasta cierto punto, desgraciadamente) se ha convertido en el texto teatral más vendido de las últimas décadas; cosa que no es poco para un género que, al igual que la poesía, no es de los más adquiridos por el gran público, y siempre de los más ignorados en las estanterías (de hecho, a veces da la impresión de que sólo los estudiantes de arte dramático leen teatro… y sólo por obligación, por supuesto. Quizás ello se debe a que no hay cultura de hacer tal cosa, de leer algo, siempre leemos novelas… y ello resulta paradójico, puesto que el teatro es increíble, inmensamente fácil, rápido y dinámico de leer).

La historia que nos narra “El legado maldito” sería una secuela de Harry Potter que se desarrolla poco después de dónde acaba la última novela, es decir, en ese futuro en el que todos los personajes que hemos conocido ya están en la edad adulta. No hay que negar que no es mal punto de partida, al fin y al cabo, muchos sintieron sed de más al terminar el último libro, y estuvieron convencidos de que la cosa continuaría por ahí.

Lamentablemente, la continuación se hace de una manera absolutamente penosa, pues si bien se saca a colación alguna que otra cuestión muy sugestiva (la relación padre-hijo de Harry y Albus es bastante interesante, aunque este último personaje es de lejos lo mejor de toda la obra, pues a través de él se hace una reinterpretación y revisión en plan pesimista del propio personaje de Harry Potter), lo cierto es que, en general, acabas teniendo la impresión de que estás leyendo un fanfiction, oficial y con mucho dinero detrás, pero un fanfiction en cualquier caso.

Y es que la verdad es que la obra de teatro no aporta casi ninguna novedad; además, se excede tanto en los homenajes, que se acerca más al plagio que a la admiración por las novelas originales; pues da la impresión de que se está siguiendo una misma plantilla en la que hay que meter los mismos elementos sí o sí para que el orden de factores no altere el producto.

Dicho de otro modo, no hay imaginación, ni creatividad, ni sorpresa… todo lo que hemos visto en las novelas vuelve a reaparecer como si estuviésemos en una eterna ceremonia de rendición de pleitesía al terminal mundo de Harry Potter.

Incluso lo que deberían de ser sorpresas, los grandes clímax dramáticos de la historia, acaban por resultar cómicos, por lo forzados, tópicos e incluso predecibles que resultan. Insisto de nuevo, en la obra existe una gran falta de imaginación.

En realidad todo ello me ha recordado, especialmente un caso concreto, y salvando muchísimo las distancias, a la saga de Los tres mosqueteros, en los que el personaje de Milady siempre volvía en todas las nuevas entregas… pero cómo la habían matado en el primer libro, siempre retornaba de las formas más grotescas y surrealistas para seguir dando problemas desde la ultratumba: con un hijo secreto, con el heredero de un hombre que fue su amante… etc.

Por otra parte, las pocas novedades que se introducen, son bastante poco veraces o aceptables. En ocasiones, también se nos quieren vender algunas cosas como aportaciones a la saga, pero rápidamente se ve que no son sino recursos muy viejos, vistos ya antes en mil productos de este mismo género.

Y lo que es peor, la obra peca, en general, de frivolidad y superficialidad, algo que difícilmente se achacaba a las novelas originales dónde se podían encontrar, con mayor o menor sutileza, algunas ideas o reflexiones inteligentes y profundas acerca de los más variados temas, como: los mecanismos de los sistemas totalitarios, el racismo, el poder, el funcionamiento de la prensa, la represión… etc. Con toda probabilidad, la ausencia de esto último es lo que infantiliza y le da a la obra más aspecto de fanfiction; pues sólo nos encontramos con un texto que habla de maguitos y de hechizitos magiquitos en castillitos-colegios maravillositos… impresión que queda reafirmada por unas acotaciones entre tontas, irrisorias y grotescas, pues parecen más fascinadas por el “J. K. Rowling’s wizaring world” que por intentar hacer un texto con un mínimo de calidad, o con, al menos, una historia o personajes que se sostengan, o, siquiera, que sean dignos de contar.

Hablando claro: desde luego, si pretendían resucitar la saga con esto, más bien han conseguido lo opuesto. Sin embargo, lo peor de todo, es que tampoco creo que les preocupara, puesto que estoy seguro de que eran conscientes de que la gente acudiría en masa fuese cual fuese la calidad del producto final… ¡Harry Potter en teatro, y en el West End (y pronto en Broadway)!, ¡no es para menos!, al fin y al cabo, ¿a quién no le agrada disfrutar de aquello que le gusta en todos los medios posibles?… estoy seguro de que muchos, que hasta ese momento ni se les había ocurrido pisar un teatro, lo hicieron con este motivo (seguramente, ahora algunos querrían meterse en el clásico debate de si ello podría ser bueno para este medio, y si logra atraer un  nuevo público… pero yo soy partidario de que tal cosa no sucederá: esta clase de público fue a ver a su querido Harry Potter, y ahí se acaba todo).

En cualquier caso, los diálogos resultan más bien infantiloides, tontos (muy especialmente los de Scorpius, que parece que tiene una tara mental), y verdaderamente, necesitarían muy buenos actores para sacarlos a flote, y conseguir que el producto no parezca una obra para niños… en el peor de los sentidos.

Así pues, el texto se desarrolla de una manera más bien torpe y se extiende innecesariamente para contar muy poco, pues fácilmente se ve que podría haberse resumido; la historia, lo que se cuenta, simplemente no da de sí, no tiene la importancia que se quiere autoasignar.

En definitiva, y concluyendo, esta obra de teatro no es sino un fanfiction oficial, que seguramente a muchos les gustará disfrutar como la continuación de su saga de novelas favoritas, como los seguidores de “La guerra de las galaxias” consumen cualquier cosa que lleve su marca… pero eso no significa que sea buena o que esté a la altura. Aunque tampoco puedo afirmar que las novelas originales fueran la maravilla nunca vista… así que, supongo que con la lectura (y probablemente, también el visionado) de “Harry Potter y el legado maldito” todos obtenemos lo que buscamos, queremos o merecemos. En cualquier caso, después de leer esta crítica, que nadie diga que no estaba avisado.

 

¿Pero quién es ese Robert Galbraith?, ¿este artículo no iba sobre J. K. Rowling?… pues sí, sigue siendo sobre ella, puesto que a la autora le dio por firmar con pseudónimo. La teoría oficial asegura que lo hizo porque deseaba empezar desde cero, y volver a sentir la emoción de ello (cómo se nota que no le costó mucho llegar a donde llegó), además de no estar bajo la presión de las expectativas… la realidad y la lógica indican que, más bien, fue ese mismo exceso de expectativas, y la mala recepción por parte de crítica y público, de su primera novela, tras la saga de Harry Potter, lo que la llevó a emprender, de nuevo (con las novelas del mago publicó con sus siglas porque le recomendaron que no desvelase que era mujer), el camino de la ocultación de su identidad.

¿El resultado?, pues yo creo que se podría calificar como desigual: Robert Galbraith, a pesar de ser, supuestamente, un autor novel, fue apoyado y publicitado por la editorial como el más consolidado de los escritores… pero no terminó de convencer al público. Así que pronto se desveló quién estaba detrás de sus escritos… y, por supuesto, las ventas se catapultaron. Que quieres, somos así, no tenemos remedio.

 

-El gusano de seda, un nuevo caso de Cormoran Strike: sin duda, si lo que Rowling buscaba era alejarse de la imagen de autora de libros infantiles-juveniles (etiqueta que, como la gran mayoría de los artistas, ella nunca ha reconocido pues le ha sido impuesta por el mercado), con estas novelas del detective Cormorán Strike lo ha conseguido, pues tanto sus personajes como el uso de un lenguaje extremadamente “adulto”, coloquial (aunque algo de ello ya se ve en las novelas de Harry Potter, al menos en la lengua original) e incluso procaz, lo refrendan claramente.

Por otro lado, si no fuera porque sabemos con seguridad que Rowling es Galbraith, yo reconozco que, a veces leyendo el libro, he llegado a dudarlo. Tal vez lo que suceda es que la escritora tiene un estilo escurridizo o los traductores españoles no consiguen plasmarlo lo suficientemente bien.

En cualquier caso, esta novela no aporta nada al género de detectives al que pertenece: sigue sus mismas pautas y reglas sin aportar novedad alguna, ni en la estructura o los personajes. Hablando claro, no veremos nada que no hayamos visto antes en escritos o películas del estilo.

Pero muy desgraciadamente, sí se deja viciar por algunos de los mayores errores narrativos que a veces encontramos en los peores ejemplos del género: como los deus ex machina continuos, falsearnos, cambiarnos u ocultarnos información… y en general, realizar todo tipo de trampas que hacen que el lector, al final, se sienta estafado, pues sabe que la autora no ha sido honesta con él, y que no le ha permitido en ningún momento, o dado siquiera la más mínima oportunidad, de tratar de resolver el crimen con el detective o intentar confirmar sus sospechas. En cualquier caso, al final, cuando se da la resolución del crimen, es tan forzado e inverosímil, tan “tienes que creértelo porque yo lo he decidido así”, que resulta sumamente decepcionante. Haciendo una analogía deportiva: es como si nos hubiesen invitado a jugar un partido, luego nos dejasen todo el tiempo en el banquillo, y encima, para colmo, nuestro equipo hubiese perdido.

Tampoco está de más decir, que se encuentran unas cuentas incoherencias y contradicciones narrativas que producen especial desagrado en el lector, digamos que el argumento, la información y los datos que manejamos se alteran intencionadamente según convenga a la autora, y que son muy fáciles de cazar y detectar a poco que se vuelva unas cuantas hojas atrás.

Por otro lado, aunque el estilo es muy fácil de leer (mejor que el de Harry Potter), las descripciones siguen dejando que desear. Los personajes son sumamente tópicos, pero eso se puede perdonar hasta cierto punto en una obra tan de género como esta.

Sin embargo, con toda probabilidad, lo más interesante (y quizás original) de su lectura está en cómo se adentra en el mundo literario, editorial actual, con sus miserias a todos los niveles y rangos; cosa que hace en manera implacable e impía… hasta el punto de llegar a resultar desagradable (y suena incluso desagradecido, y más para una persona con la que, a todas luces, ese mundo se ha portado más que bien, y difícilmente puede tener nada que recriminarle), no se salva nadie: editores, agentes, aspirantes a escritores y los que están consolidados, grandes ejecutivos… etc. Con todo, considero que esta característica es la más interesante y valorable del libro.

Las citas “celebres” (fragmentos de distintas obras inglesas, algunos sin mayor interés) que dan inicio a cada capítulo, pueden sonar un tanto tontas, innecesarias o petulantes en muchas ocasiones; pero también se pueden redescubrir como un recurso sumamente interesante, especialmente si se leen, no justo cuando se empieza el capítulo dónde están situadas… sino justo después de terminarlo.

En definitiva, “El gusano de seda” es un libro absolutamente de género y poco original, con todo lo bueno y lo malo que tiene eso (por resultar en muchos aspectos tópico), pero además, con el enorme defecto de ser extremadamente tramposo, cosa que es muy desagradable para un lector acostumbrado a este tipo de narración o que ha leído las grandes obras de este tipo. No negaré que se lee bien… pero ello no lo convierte en una lectura imprescindible, sino en algo para pasar el tiempo y a lo que no dar mayor importancia una vez acabado. Yo personalmente, no albergo ningún interés en leer más de los nuevos casos del ficticio detective de Denmark Street, Cormoran Strike. Estuvo bien una vez, pero se acabó, es hora de pasar a lecturas más interesantes, trascendentes y relevantes.

 

Conclusiones: ha resultado curioso descubrir a Rowling fuera de Harry Potter… pero no me convence como creadora literaria; en el fondo, siempre le veo las mismas temáticas (personajes corrompidos y pasados tenebrosos) y tampoco me parece que lo que escribe merezca tanto la pena o que vaya a aportar algo único, inédito y original. Así pues, aunque nunca se puede decir que de “este agua no beberé”, tengo claro que no voy a hacer mucho más por leer otras cosas de la autora inglesa.

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¡¡¡Actualización, actualización, actualización!!!

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Bueno, sin duda alguna, los seguidores del blog ya os habréis dado cuenta de que en Universo de A hay una novedad (básicamente porque, mediante mis experimentos os he estado mareando continuamente), y es la de que ahora surgen, con cierta frecuencia, artículos con el único título de “Actualización”. Debo decir que, para entenderlos, uno debe ir al texto del artículo en sí mismo.

¿De qué sirven?, pues, como Universo de A es un blog que está en permanente reescritura, reforma y revisión desde sus inicios, lo cierto es que siempre había el problema de que, cuando quería notificar que se había modificado algún artículo de manera sustancial, no podía hacerlo sin que apareciese duplicado, las redes sociales ayudaron un poco a solucionar ese problema (pero no demasiado, resultaron más un parche que una solución definitiva); y, hasta hace muy poco, no encontré la solución ideal, que era conseguir que se pudiese anunciar, en todos los medios, la actualización… sin necesidad de cambiar la fecha del artículo original o que pareciese que estaba recién publicado, o tener mil copias del mismo artículo… ¡y lo conseguí, encontré la solución!.

Una solución que, además, beneficia absolutamente a los seguidores, que, por ejemplo, ya no tienen que venir a propósito al blog a consultar los artículos recopilatorios, pues cada vez que hay una actualización, les llega inmediatamente sin mayor esfuerzo (aunque no sólo en este caso, pues ya me dirás quién se iba a fijar, sabiendo que esta bitácora cuenta con más de once años, en artículos modificados del tercer año -aunque una de las cosas más sorprendentes de Universo de A es que, a veces, artículos publicados hace mucho tiempo, de repente, se ponen de moda y reciben muchísimas visitas-).

Así pues, ahora ya siempre seguro, cada vez que se actualice cualquier artículo, de cualquier época, de forma importante en Universo de A, podréis estar seguros de que recibiréis noticias de ello.

¿Cómo funciona?, pues bien, se publica un artículo con el título “Actualización”, y cuando vais al cuerpo del mensaje, encontraréis que es concretamente lo que se ha actualizado y así podréis acceder, si os interesa, mediante el enlace que allí encontraréis, al artículo en cuestión.

Además, todas estas actualizaciones quedarán reflejadas dentro de la sección “Sin categoría”, que consigue, de este modo, una nueva, inesperada y muy útil función dentro del blog (puesto que así, estos continuos artículos de “Actualización” no aparecen pesada y redundantemente, afeando reiterativos el resto de las secciones).

Además, estos artículos tienen la otra gran ventaja de que todo el mundo puede enterarse de su publicación y acceder a ellos: los no seguidores se los encontrarán en la portada del blog; y los que sí lo sean, de cualquier medio (correo y redes sociales) les llegarán también a través de aquello de lo que sean seguidores.

En definitiva, toda una mejora para todos, ¡a disfrutarla!.

Así pues, quedan reconocidos, oficialmente, tras haber experimentado su muy buen funcionamiento y utilidad, los artículos de “Actualización”.

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Actualización

a través de XXIV Ciclo de Lied en el Teatro de la Zarzuela

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Actualización

a través de La temporada de exposiciones de primavera-verano de 2018 en Madrid

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Crítica exprés: Nu-Ca, I festival internacional de Nu-Cabaret

I Festival Internacional de Nu-Cabaret

Comenzaré mi crítica por un comentario muy positivo: Todas las veces que acudí al festival, encontré la atención al público absolutamente excelsa (mejor que nunca, incluso).

La verdad es que, últimamente, por una serie de muy variadas circunstancias, me he vuelto mucho más selectivo con mis actividades de ocio, he ido menos al Fernán Gómez, y aunque no me he despistado en lo que se refiere a su programación, sinceramente, me resulta menos atractiva que antes.

Sin embargo, y a pesar de eso, quería tratar de volver este mes, así que le eché una ojeada a este festival y, teniendo en cuenta que en este lugar se les suelen dar bien los ciclos musicales (lo cual, quizás se haya convertido en una de sus señas identificativas), y que vi algunos espectáculos programados que aparentaban ser aceptablemente confiables, allí decidí ir.

Aunque, confieso que, cuando vi el cartel por primera vez, me temí lo peor, pensé: “genial, Pía Tedesco día y noche”… pues, como ya he mencionado en alguna ocasión, dado que este teatro es público, hace no demasiado tiempo daba la impresión de que esta mujer se había sacado una oposición para estar en el Fernán Gómez actuando ad eternam. Y es que, independientemente de la calidad que pueda tener la anteriormente mencionada (tema sobre el que sobradamente he hablado), lo cierto es que mucho me temo que, lo que hoy día llamamos un espectáculo de cabaret no deja de ser el pobre entretenimiento de fondo de un local de copas, al que, cuando se le da la oportunidad de ser elevado a un escenario muy rara vez sabe ganárselo… de lo cual inferimos dos cosas: 1, no nos hallamos ni ante espectáculos o artistas infravalorados, que han acabado en un lugar por debajo de su categoría y necesitan ser reivindicados, pues cuando se les da la posibilidad u oportunidad de ir más allá, son incapaces de aprovecharla; 2, casi siempre, la falta de medios no esconde el talento para quien quiera verlo, y, consecuentemente, la posesión de los primeros a menudo descubre, de forma flagrante, la falta del segundo, pues rápidamente se detecta que no se ha tenido la auténtica y necesaria capacidad para utilizarlos.

En realidad, ni siquiera el nombre de “cabaret” les va bien a estos espectáculos (cómo ya expliqué ampliamente en su momento), deberían calificarlo de “neocabaret” (o algo parecido), para ser precisos y correctos, puesto que los espectáculos que tenían este nombre originalmente, poco tenían que ver con lo que hoy se representa con la misma denominación… y no me satisface el nuevo vocablo, que parece haber creado Roma Calderón, de “Nu-Cabaret”, pues, para empezar ¿qué coño es “Nu”?, ¿de verdad todos, o siquiera alguno, de los espectáculos presentados entra dentro de las características que ella les exige para ser “Nu-Cabaret”? (según ella, y cito literalmente el programa de mano: “esta nueva forma de entender el género basada en la incursión de nuevas tecnologías, el no-personaje o la revisión del lenguaje en este género”), francamente, me parece muy, pero que muy cuestionable.

Es decir, que el festival huele a farsa (y lo es ya desde el título, pues, según la propia Calderón, esta es la tercera edición, y no la primera, cómo se anuncia en toda la publicidad… aunque quizás el Fernán Gómez prefiera distanciarse ampliamente de dónde y cómo se han hecho los dos festivales previos)… si a ello le sumamos sus pretendidos aires de internacionalidad, que se basan en la existencia de un único espectáculo extranjero invitado… podemos imaginarnos el resto.

En definitiva, y para concluir este primer comentario previo a modo de pincelada general, lo cierto es que, mucho me temo que lo que he visto programado no ha conseguido contradecir mis afirmaciones anteriores: veo espectáculos dignos de ser ofrecidos en un pub con mucha animación, gente hablando, con unas cuántas copas encima… pero que en absoluto tienen el nivel y la categoría para alzarse a un escenario teatral, cuyo ambiente es absolutamente distinto, que exige una mayor complejidad, intelectualidad y concentración. Así, al igual que no se puede filmar, con una cámara fija, una obra de teatro encima de un escenario y luego pretender llamarlo cine… tampoco los participantes en este ciclo pueden decir que hayan hecho un espectáculo teatral, simplemente, han subido su show del bareto a un escenario… aunque, muy posiblemente, tampoco tenían capacidad para más.

En definitiva, muchas veces, los espectadores, como yo, que buscamos una cierta calidad, un cierto nivel en las propuestas escénicas que vamos a ver, nos hacemos una serie de preguntas en medio de nuestra, en ocasiones, frustrante e infructuosa búsqueda (que a veces explotan, como alguna que otra vez puedo recordar), y estas son: ¿pero quién programa estas cosas?, ¿qué bebe cuando tiene estas ocurrencias?, ¿qué se mete en el cuerpo para alcanzar tales revelaciones?… pero ciertamente, ahora se me han ocurrido nuevas preguntas, quizás mucho más importantes, y son, “¿dónde?” y “¿con quién?”; porque sí señores, mucho me temo que el programador del Fernán Gómez tiene la absurda idea de que aquello que ha visto, a altas horas de la noche, y que le ha hecho gracia porque determinadas ingestas alteran la percepción de la realidad (y esa es, paradójicamente, su mejor defensa y disculpa, porque si estaba plenamente sereno no tiene perdón de Dios), mientras estaba de fiesta es equivalente a espectáculo de calidad, y que aquello que ha funcionado como ruido de fondo, tendrá el mismo efecto en un templo teatral… por favor, hace falta ser muy poco profesional y muy ignorante de su propio medio… sería como si alguien fuera a una iglesia y cambiara la Biblia por un libro de Harry Potter, cierto, los dos son libros de éxito y tienen muchos seguidores, ¡pero no me compares, cada cosa en su sitio!. Todo ello, sin mencionar que, sabiendo como sabemos que este tipo de espectáculos se han programado antes, y siempre han pasado sin pena ni gloria (en el mejor de los casos), ¡¿por qué insistir en algo que claramente no funciona?!.

Tampoco se puede culpar de todo a la persona anteriormente dicha, pues sobre la que se ha delegado la organización de todo, ya que lo había hecho anteriormente, es sobre Roma Calderón (la cual presume de ello con descaro, dejándonos claro que, cuando compartamos en las redes sociales, es su nombre el que tiene que tiene que aparecer principal, bien grande y en primera fila, por encima de cualquier otro), que, simplemente, hace unas cuántas llamadas a sus amigos y conocidos, ¡y hala, festival montado!. Sin embargo, no puedo, ni voy a negar su esfuerzo (infructuoso, pero esfuerzo al fin y al cabo) en la organización del evento: ella presenta todos los espectáculos e intenta (con sus limitaciones) que todo funcione; además, hay una exposición, carente de interés y de lo más proselitista en lo que se refiere a la temática LGTBI, que casi parece una parodia o una especie de broma más (recomiendo leer con mucha atención el apartado dedicado a Oscar Wilde, y la reinterpretación que se hace de su obra… no sé si es para reírse o para llorar)… en fin, que veo mucha buena intención y afán, pero también muy poco talento y capacidades para sacar el tema adelante; y, al final, en el fondo, como público todo se reduce al resultado final, el proceso, y las personas implicas en él, importan más bien poco, a nadie le interesan.

En realidad, prueba de todo lo anterior, es el público que acudió a todas las representaciones que fui: nunca jamás se llenó ni la mitad de la sala Guirau (normalmente, este tipo de espectáculos usan la Jardiel Poncela, de modo que el escaso número de asistentes se disimula más… cierto que también se está usando en esta ocasión, ¡pero a unas horas de lo más estrambóticas!, lo dicho, hasta en la programación de los horarios demuestran ser espectáculos tipo “ruido de fondo de pub”); y la gran mayoría de los asistentes eran familiares y amigos, cosa que nadie se molestó en disimular (casi parecía que estaba en una función escolar -con la curiosa diferencia de que en vez de padres cuarentones heterosexuales casi todos los asistentes eran gays-).

Y lo cierto es que, todo a lo que he acudido, y lo que he intuido de lo que no he visto (que confirma indirectamente aquello a lo que sí he asistido), desprende un importante hedor de amateurismo, de personas sin tablas, no habituadas ni conocedoras de cómo hacer auténtico teatro con mayúsculas.

Concluyendo, y ya dirigiéndome a las críticas individualizadas de cada espectáculo, decidí acudir a una selección de funciones que son las que comento a continuación:

 

-Apasionata (Roma Calderón): en el programa de mano de este espectáculo dice lo siguiente en la sección agradecimientos: “mi madre, que aunque no entienda ná de lo que hago, se sigue emocionando al verme”… muy lamentablemente, nosotros no hemos parido a Roma Calderón, ni la conocemos de nada (ni falta que hace) y tampoco somos uno de sus amigos gays que le ríen las gracias… por lo cual, al igual que su madre, no hemos entendido nada, y encima, no nos hemos emocionado en absoluto. Algún significado tendrá eso. Tal vez, ello se deba a que haya que darle un toque de atención a la tía de la Calderón, que esté dónde esté, no está haciendo muy bien su trabajo de aportarle coherencia (o cualquier otra cosa).

Yo creo que todos hemos tenido (y nos hemos librado de ella cuánto antes, según veíamos de que iba el tema) la típica amiga que te usa para contarte sus milongas sentimentales: al principio te dejas llevar por el culebrón, pero luego, ves que la historia se repite, una y otra vez, ya sea con distintos tíos, o en ocasiones, encima con el mismo varias veces como fuese una yonqui enganchada a una droga superadictiva: la chica comete una y mil veces los mismos errores, encima se lamenta de ello, y se empeña en no comprender porque es tan desgraciada, tiene tan mala suerte y por qué le pasan esas cosas. Al principio, escuchas, luego intentas aconsejarla, pero cuando te das cuenta de que estás predicando en el desierto, además de que que no hay peor sordo que el que no quiere oír, te hartas, y, o acabas siendo desagradable, o buscas la manera de evitarla. En poco tiempo, si eres inteligente, te habrás distanciado lo suficiente como para no seguir aguantando el asunto, y, aunque de vez en cuando te llegue un repaso informativo, te darás cuenta de que, incluso aun en el caso de que los protagonistas de su relato sean diferentes, verás claramente que no te has perdido nada en los últimos meses, que todo sigue exactamente igual a como lo dejaste y que no te has perdido ninguna novedad en su vida: no hay evolución, la historia sigue estancada exactamente en el mismo lugar.

De acuerdo, ahora imagínate que tienes a una persona como esa; que, por extrañas circunstancias eres incapaz de participar en la conversación, y no puedes desviarla hacia ninguna otra cuestión; y que ella, en su bucle personal, habla de su tema único y favorito durante más de una hora y media (que parecen mil años) sin que tengas posibilidad de escapatoria; imagínate, además, que cada dos frases intercala una canción espantosa que parece no terminar nunca, y que llega un momento en que ya no sabes que es peor, si que hable o que cante; complementa todo esto con que, además, te ha traído allí engañado y que tú le has dado dinero previamente para que te sometiera a tan inhumano trato… ¿te parece horrible, cruel, injusto, malvado?, ¿crees que va contra el artículo 5 de la Declaración de los derechos humanos o contra el artículo 3 de los Convenios de Ginebra de 1949 que prohíben la tortura?, ¿consideras que nunca podría darse una situación tan espantosa e hipotética como la que planteo?… ¡pues deja de imaginar!, ¡sí que existe!, ¡tal cosa es real y no ha sido denunciado a ningún tribunal de derecho internacional!: ¡es el espectáculo de Roma Calderón, “Apasionata”!.

En fin, ¿qué puedo decir?, ¿de qué hacer una crítica si ni siquiera hay de qué?, ¿de qué puedo hablar?, ¿del texto inexistente, incoherente e inconexo, que incluso siendo una improvisación o una primera lluvia de ideas sería mejor?, ¿de la falta absoluta de ingenio en este?, ¿de unas canciones que te entran ganas de gritar “¡fuego!” para poder huir de la sala cuanto antes y evitar seguir siendo torturado por ellas?, ¡joder!, ¿de qué coño voy a hablar?, ¡es que ni siquiera eso me lo pone fácil!.

Eso ya sin mencionar todos los fallos técnicos que hubo en mi función, ¡madre mía!, sin exagerar, cada menos de cinco minutos había uno… yo incluso pensé que el espectáculo era así, porque parece imposible cometer tantísimos errores sin que sea a propósito: ¡que todo falle!, ¡que a la mínima que hay que activar cualquier cosa se tenga que hacer un mínimo de dos intentos!, ¡que un técnico del Fernán Gómez pase casi tanto tiempo en el escenario como la propia protagonista del espectáculo!.

Lo peor de todo es que ella cree, con extremada ingenuidad, y por olvidarse que ha cambiado totalmente de su medio, público y ambiente habitual, que todo lo puede disimular con su supuesta simpatía y encanto natural; que todos vamos a ser condescendientes y que haremos la vista gorda ante tanta ineptitud, atrocidad e incompetencia… pero, como es obvio, ni todos los presentes éramos su familia y amigos, y por tanto, no tenemos porque aguantar ni perdonar sus tonterías. Lo siento pero no. Si vas a presentar un espectáculo en un lugar como es un teatro municipal, ante un público de verdad (y repito: conocidos, familiares y amigos no cuentan como tal), por lo menos se te exigirá un mínimo de profesionalidad y preparación; y ninguna de ambas cosas demostró Calderón. Un comentario simpático puede indultar un error que no se ha conseguido que pase desapercibido al público (cosa que hay que evitar a toda costa, en el medio teatral hay que conseguir hacer del defecto virtud, siempre)… pero todo el ingenio de Lope de Vega sería incapaz de perdonar una representación plagada de fallos continuos, y que, por encima, se repiten implacable y continuamente, poniendo, ya no sólo la paciencia del espectador a prueba, sino haciendo que te preguntes si te están tomando el pelo, si se están riendo de ti en tu puta cara, o qué coño pasa aquí y por qué todo es tan jodidamente desastroso y de vergüenza ajena (o de impudicia absoluta por su parte).

Pero tampoco le quiero echar toda la culpa a ella, la verdad es que los fallos técnicos estuvieron por todos los lados, no sólo por su parte: el sonido se distorsionaba, estaba demasiado alto, llegaba a resultar insufrible, difícil de escuchar, y a veces era imposible entender lo que decía o las letras de las canciones… en definitiva, un horror y un amasijo de ruidos insoportable.

Y respecto a ella y su actuación en el escenario… pues hace de sí misma, en realidad, elabora una especie de personaje escénico exagerado, muy visto, que a menudo solemos aceptar porque nos resulta simpático… pero que estamos aburridos de ver y que ninguna novedad aporta, ni en este género (en lo que menos, de hecho, es el culmen del tópico y del estereotipo que se ve habitualmente en espectáculos de este tipo), ni en ningún otro.

Si le destacaré, no obstante, alguna virtud a Roma Calderón; así, a pesar de su nulo talento como gestora cultural, escritora, directora, y, muy posiblemente, también como cantante y actriz (de lo poco que se pudo apreciar en estos dos últimos aspectos); lo cierto es que soy incapaz de negar que, a pesar de que haya sido un tema que mucho he mencionado y criticado ferozmente en este artículo, es muy cierto que el “Apasionata” de Calderón, al menos a nivel de puesta en escena y escenografía (porque, en lo que respecta al resto de los elementos de los que consta la representación, se puede trasladar todo sin problema alguno y con toda facilidad mañana mismo a la tasca de en frente… y seguramente algún día se hará), no podría ser hecho en un bar de copas; hay que reconocerle a Roma Calderón el gran mérito de haber intentado (a pesar de haber fracasado, pero al menos ha hecho el esfuerzo) crear un auténtico espectáculo teatral (cosa que no todos se han molestado en hacer en absoluto); de haberse adaptado al medio; de haber creado algo para el escenario en el que lo ha presentado; de no haber trasladado, sin más, su show de pub al Fernán Gómez… en eso ha demostrado respeto, inteligencia y altura de miras (cosa que, como ya digo, no se puede decir de todos), y yo se lo reconozco, y además la felicito por ello: brava. Otra cosa es que, muy desgraciadamente, no haya tenido ni el talento ni las capacidades para llevarlo a cabo, pero eso, ya es otra cosa distinta y de la que ya he hablado. Tal vez, simplemente debería rodearse de gente con esas capacidades, y quizás, conseguiría salir adelante mínimamente, y de ese modo, quizás, evitaría obtener un tan estrepitoso y bochornoso fracaso.

Y es que todo, en su conjunto, resultaba además irritantemente de aficionado, desprendía una pestilencia amateur, de persona que no sabe lo que hace… etc.

En realidad, al final, teniendo en cuenta cómo acabó siendo todo, tanto el espectáculo como sus asistentes, daba la impresión de que estaba en un primer ensayo, ¡qué digo!, ni siquiera eso, en un momento de comienzo de creación de un espectáculo, de búsqueda de ideas, de experimentación, cuando aún no se sabe cómo va a ser, por dónde va a tirar y en el que todo está permitido, porque nada se toma demasiado en serio y con las personas a las que se les muestra hay confianza… pero lo siento mucho, no se le cobra a un espectador por ver los previos a un primer ensayo o una obra que se intenta empezar a construir, lo cual es, siendo muy generosos y benevolentes, a lo más a lo que puede aspirar Roma Calderón con su “Apasionata”.

Resumiendo, y como dirían los italianos juntando los dedos: “ma che cosa?!”.

En definitiva, si tienes al típico amigo/a que vaya de artista por la vida, te puede ofrecer (y seguramente con sumo gusto) exactamente lo mismo que Roma Calderón en el Fernán Gómez, sólo que gratis, sin salir de tu casa, además de tener la ventaja de que puedes pararlo cuando quieras y se le vaya mucho la pinza. A mí me parece que la cosa queda muy clara y meridiana.

 

-Hagiografía (De la puríssima): la primera vez que los descubrí, en la Sala Alcalá, en una de las Noches de los teatros, me parecieron una genialidad y una revelación, el como habían reinventado, resucitado, revivido el género del cuplé me tenía absolutamente fascinado. Y fue en ese momento cuando decidí tratar de seguirles la pista.

Un tiempo más tarde, cuando fueron invitados a las fiestas de san Isidro, culminando al resto de las habituales cupletistas, me decepcionaron porque vi que no estaban aportando novedades a lo anteriormente visto.

Y de la decadencia, cuando he acudido a verlos en este festival (con mucha seguridad, por última vez), hemos pasado a la caída: se me demostró claramente que lo que había comenzado como una buena idea no ha conseguido desarrollarse y ha acabado culminando en nada.

Y es que, como muchas veces he dicho, aunque las ideas sean importantes, no lo son tanto como el desarrollo; es decir, no es tan importante el “qué”, como el “cómo” y el “quién”, aquí se tenía al primero, pero han fallado el segundo y el tercero. Es cierto, había una idea magnífica: la regeneración del cuplé y de todo el género sicalíptico de principios del siglo XX; pero ha fallado el ingenio, el talento y la capacidad para llevar el concepto más allá. De la puríssima ha fracasado, esperábamos un nacimiento y ha resultado ser un aborto.

Tampoco a nada ayudaron los distintos invitados que participaron en el espectáculo (y que sólo contribuyeron a su mayor empobrecimiento), más bien, aumentaron la sensación de decadencia y de que el grupo no daba más de sí, y necesitaba una ayuda desesperada de otros para poder subsistir en el escenario.

De todo aquello que resultaba de admirar al principio apenas queda nada:

-La música: que era actual pero con referencias y guiños a los orígenes, ha derivado en algo electrónico inaudible (que, en cualquier caso, es más digno de una discoteca a las cinco de la mañana, que de cualquier tipo de espectáculo que exija un mínimo de atención… incluso el de un pub), posiblemente para librarse de músicos (casi sólo ha quedado el bajista, que, cómo cofundador del grupo, no se le puede echar), lo que ha demostrado ser un grave error.

-Las letras: anteriormente resultaban atrevidas y frescas, ahora suenan fingidas, pretenciosas y muy artificiales.

-La parte hablada: es lo que más ha caído en picado, y, precisa y paradójicamente, lo más diferencial de este grupo. Vamos a entendernos todos aquí: cantar melodías atrevidas lo puede hacer, y lo hace cualquiera, desde Olga María Ramos hasta Eminem, pasando por Ska-p y un largo etc… pero crear una cohesión entre las distintas canciones, establecer un contacto directo con el público, crear una especie de argumento y personajes, provocar una implicación o una identificación… eso ya es mucho más difícil y tiene más mérito (además de que son algunos de los requisitos para crear un auténtico espectáculo teatral). La verdad es que la parte hablada ha desaparecido casi completamente, y apenas quedan unos rastros que ya estamos hartos y aburridos de oír: todos sabemos que Zeus se disfrazó de Artemisa para gozar de la ninfa Calisto, se nos ha repetido más que la tabla de multiplicar (la propia vocalista es consciente de ello y tiene que frenar las prematuras respuestas que se le venían encima). Y, por cierto: no, que nos cuente que vive en Roma, dónde se encuentra con amigos borrachines, de ningún modo cuenta como experiencia reveladora o emocionante.

-La estética: quizás sea de lo que menos se ha perdido, y aún así, se ha empobrecido, se nota la falta de ideas, el grupo parece sentir que ya no queda nada que enseñar (literal y figuradamente); ha desaparecido totalmente ese vanguardismo desvergonzado, ese erotismo orgulloso, para ser sustituido por lo vulgar y lo innecesariamente explícito.

-La vocalista: Julia de Castro ha perdido el personaje y la voz. Respecto a lo primero, ha perdido todo el carisma (o el del personaje que había creado), ya no resulta esa deslenguada simpática (o según ella, una auténtica castellana), su discurso ya no tiene coherencia y ella como persona ha perdido muchísima estabilidad en el escenario. Respecto a lo segundo, quizás, debido a ese nuevo sonido al que equivocadísimamente se han dirigido, ahora ella está siempre en los extremos de su voz, en un arriba y abajo continuos que resultan de lo más irritantes, se supone que ello debería redundar en su mayor lucimiento canoro, pero, irónicamente, resulta exactamente lo contrario. Respecto a los músicos, ya no digo nada, pues todo protagonismo les ha sido quitado y negado, pues, como he comentado, ahora sólo escuchamos a un ordenador de Apple haciendo sonidos insoportables.

Debo comentar, que durante la representación se fueron varias personas (y teniendo en cuenta que la sala estaba casi vacía… no os costará calcular el éxito de público que tuvo). La vocalista se lo tomó con humor… pero no está de más decir que algo así no había pasado antes en ninguna otra actuación de ellos en la que yo haya estado (ni tenía porque pasar ahora, pero, del antes al ahora mucho han cambiado las cosas…).

En definitiva, concluyendo y hablando en general, se ha pasado de algo que resultaba deliciosamente provocativo, a otra cosa que sólo lo pretende y que, encima, apenas puede aspirar a ello, pues resulta conformista y artificial. Pero, sobre todo, se nota demasiado la falta de novedad, de ideas, de originalidad… se percibe un estancamiento absoluto del que dudo muchísimo que consigan salir. Supongo que fue bonito mientras duró, porque mucho me temo que De la Puríssima está dando su canto de cisne… y no resulta nada hermoso (aunque, teniendo en cuenta que esta ave, realmente, tampoco canta antes de morir, supongo que es un símil extremadamente apropiado). Verdaderamente, es un triste final.

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Crítica exprés: El burlador de Sevilla

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Excelentísima atención al público en el Teatro de la Comedia; muy especialmente en el guardarropa (milagro… pero, tal y como se dicen en este blog las cosas malas, siempre hay que decir las buenas también).

Programa de mano con un texto muy desvaído.

Reconozco que acudí a ver esta obra, muy en parte, porque sentía que debía de autocompensarme a mí mismo tras el desastre aquel que a todos había horrorizado en el Teatro Español, difícil de olvidar, en el mal sentido, y del que sentía que necesitaba algún tipo de reparación… y hasta cierto punto lo conseguí.

 

-El burlador de Sevilla: debo reconocer que, si uno no se pone muy exigente, esta producción es bastante aceptable.

Tiene innumerables defectos, sin duda: como una dirección de escena que busca desesperadamente el lucimiento; un vestuario que está muy perdido y que no sabe bien que está evocando; una escenografía más bien pobre y que parece un reciclaje de otras anteriores (a mí en particular, me pareció un plagio descarado de aquella producción mítica del Teatro Real de “Cosí fan tutte”)… etc; y, en general, toda la producción posee una gran falta de gusto y de sentido estético.

A cambio, posee ciertas virtudes (no exentas de un “pero”, eso sí), como: el uso de la música (sin embargo, bastante poco agradable al oído); unos actores que no sobreactúan (aunque ninguno llega a emocionar y mucho menos resultar verosímil… sin mencionar que, los más televisivos, tipo Pepe Viyuela, siguen haciendo el mismo papel de siempre… aunque, dado que no han hecho otra cosa en la vida, tampoco se les puede pedir más); una versión del texto coherente y que, en líneas generales, narra bastante bien la historia (hasta que lo estropea todo al final con un monólogo ridículo); y, algún que otro buen momento escénico.

En definitiva, esta producción es bastante aceptable y soportable, no es una maravilla, pero bien podría ser mucho peor (como demasiado bien sabemos); y creo que podrá ser bien recibida (si no se espera demasiado, ni se es exigente) tanto por aquellos que quieran conocer a este primer don Juan, como para los que ya estén familiarizados con la versión de Tirso de Molina.

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a través de La temporada de exposiciones de primavera-verano de 2018 en Madrid

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a través de La temporada 2017-2018 en la Fundación March Madrid

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a través de XXIV Ciclo de Lied en el Teatro de la Zarzuela

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Sin crítica express (ni de ningún otro tipo): Policías y ladrones o el inteligente boicot de los trabajadores del Teatro de la Zarzuela

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Hace unas semanas, nos enterábamos (y yo, cosa que rara vez hago -básicamente para evitar pasarme la vida comentándolo todo en las redes sociales-, incluso twitteé sobre ello) de la fusión bárbara que se propone el gobierno para que, en pocos años, teatros de la Zarzuela y Real sean uno.

Bárbara porque hay que tener miras muy estrechas para no entender que, aunque musicalmente existan similitudes entre los géneros que se representan habitualmente en estos teatros, lo cierto es que las diferencias son lo más importante y recalcable.

Para empezar, y no creo que esto pueda tener discusión posible, la zarzuela debería estar protegidísima como el género lírico nacional por excelencia que es y que no se encuentra en ningún otro lugar del mundo (con razón, el teatro utiliza como lema “único en el mundo”); pues fue creada por mandato de la Corona (siempre en su tradicional misión de patrocinar la cultura patria), concretamente por Felipe IV de España (ese que sale al fondo de “Las Meninas”), apodado “el Rey planeta”, y uno de los grandes mecenas de nuestra historia (una importante parte de las Colecciones Reales que se exhiben en el Museo del Prado se las debemos a este monarca, destacando muy especialmente toda la obra de Velázquez), para ser representada en el palacio que acabaría dándole el nombre que sigue llevando el género, el mismo que en la actualidad es la residencia regia… pero luego, en su evolución histórica teatral, este género, a lo largo de los siglos, atravesó los más diversos y curiosos derroteros, alcanzando una gran popularidad, que consiguió, el no poco mérito, de unir a personas de toda clase y condición, disfrutando sin reparos y en armonía (nunca mejor dicho) de un mismo arte. Todo ello, sin mencionar que algunas de las más relevantes figuras artísticas de nuestra historia han creado o participado en obras de este género. Pero sobre todo, la zarzuela logró convertirse en un magnífico reflejo de la idiosincrasia y cultura españolas (incluyendo en ella todas sus regiones y nacionalidades históricas, como se ha demostrado esta misma temporada, y he comentado ampliamente aquí o aquí)… por ello, dudo que nadie se atreva, siquiera, a cuestionar la obligación que tiene el estado en asegurar, además de fomentar, su conservación y difusión, la misma que tiene con el resto de nuestro patrimonio histórico-artístico, por otra parte.

Y es que, por mucho que me guste la ópera (que me encanta), es algo extranjero que no tiene el más mínimo peligro de extinción; lo cual no podemos decir de nuestro género lírico nacional, que a duras penas se consigue hacer conocer como se debe (a pesar de la magnífica y muy excelente función pública que ha hecho tradicionalmente el Teatro de la Zarzuela como institución).

Aunque no creo que nadie haya tenido en cuenta aquí la cuestión cultural (y si se ha hecho, aquellos que están implicados en ello han demostrado la más profunda y supina ignorancia cultural nacional), sino la económica.

Y ahí ya entramos en el funcionamiento absolutamente distinto (hasta dentro de muy poco, si no consigue evitarse) de ambas instituciones:

-El Teatro Real: es una institución elitista, para determinada clase que acude al lugar más a ver y ser vista, lo cual demuestran sus precios de escándalo, inaccesibles para la gran mayoría. Es más, muchos artistas y personas relacionadas con la cultura no han tenido reparos en admitir que la gente que acude allí no tiene ni idea de ópera… ni le importa; y todo el mundo sabe que, desde el siglo XIX, uno de los requisitos para ser alguien en sociedad era tener un palco en ese teatro (hoy día, las cosas han cambiado… a peor: se dice que si tienes uno en el Bernabéu, también puede valer como sustitución)… detalle histórico muy pertinente a recordar en plena celebración de su farsa de bicentenario que todos pagamos y sólo unos pocos disfrutan… “de interés público”, ¡ja!; Sin mencionar que se trata de una farsa como celebración y además farsa histórica: porque, con la cantidad de aperturas, cierres, renombramientos, cambios de gestión, uso y empleo, además de reformas de todo tipo… etc, que ha tenido este teatro, difícilmente se puede decir que haya tenido una historia auténticamente continuada, muy al contrario que en el caso del dedicado al género zarzuelístico.

-El teatro de la Zarzuela: muy por el contrario, y en directo contraste con el anterior (agua y aceite), es un teatro próximo, campechano, familiar, alcanzable para casi todos, con muchos e importantes descuentos.

En realidad, ambos son la perfecta representación simbólica de su género y público.

Así pues, a todas luces, tal fusión sería un perjuicio absoluto para todos, tanto para la cultura como para los espectadores: con tal anexión, la zarzuela como género sería desdeñada, ¡sería una segundona en su propio teatro!, ¡una subalterna en un lugar que, históricamente, fue construido de manera específica para representarla!… aunque eso poco importaría al final, pues con los nuevos precios ya casi nadie podría ir.

Todo ello, sin mencionar que realmente se está caminando hacia una peligrosa privatización, que en determinados casos (como el de la Zarzuela) jamás debería suceder, pues es un tipo de patrimonio que debe ser absolutamente protegido por el estado, debido a sus importantes características intrínsecas a la nación española.

Además, yo siempre he dicho que el teatro público sólo tiene sentido si se hace como se debe, y no se pueden hacer grandes recriminaciones al Teatro de la Zarzuela al respecto, pues verdaderamente cumple una función cultural imprescindible (que además, va más allá de la capital pues se hacen giras por el territorio nacional).

Todo ello, sin mencionar los presumibles problemas que sufrirían sus trabajadores (¿qué se va a hacer con los funcionarios?… aunque si ellos fueran de quién más preocuparse, los que tengan otro tipo de contratos, ¡imagínate!).

Por estas no pocas cuestiones, todo el mundo se ha puesto en pie de guerra con el tema, y muchos se han movilizado recogiendo firmas para evitar la catástrofe, no es para menos (debo decir, tengo entendido, que cualquiera puede acudir a firmar en cualquier taquilla de un teatro del INAEM, y con toda seguridad, en las del Teatro de la Zarzuela se mostrarán sumamente voluntariosos en facilitar que, quien quiera, pueda hacerlo).

Decir además, que con motivo de los paros y la huelga, se están organizando concentraciones sumamente originales, puesto que, ¡se amenizan con piezas líricas!, ¡verdaderamente la zarzuela está en lucha!. La verdad, me parece sumamente inteligente y original hacerlo de esa manera, pues es como si el género luchase por sí mismo y se implicase en todo este asunto (no en vano, se trata de su supervivencia)… y teniendo un mínimo conocimiento de él, existen unas cuántas piezas cuánto menos interesantes para cantar (estoy ya pensando en una o dos de “La Gran Vía” o “El Rey que rabió”)… puede ser tan divertido como aleccionador e irónico (para más detalles, de cuándo y cómo son -además de otras noticias al respecto o la posibilidad de descargar una hoja de firmas-, sugiero consultar la cuenta de Twitter “Salvemos la Zarzuela”).

Pero ahora viene el punto curioso de este artículo que estoy escribiendo: estaba previsto que en estos días se estrenara una zarzuela contemporánea titulada “Policías y ladrones”, cosa muy loable, y mucho más sabiendo que hace demasiado (decir décadas se queda ya casi en poco) que no se estrena nada nuevo de este género, cuestión que resulta de lo más inexplicable cuando sí ha habido el escándalo de que el teatro encargara y estrenara óperas contemporáneas (inadmisible, ¿para qué está el Real sino?). En realidad, resulta del todo imprescindible que la institución dedicada a la lírica nacional encargue zarzuelas, pues entra plenamente dentro de su función pública: descubrir nuevos talentos para el género, desarrollarlo para la actualidad, y, sobre todo, para que tenga un futuro (y no se quede en una reliquia de museo); función que es tan importante como, la que ya desarrolla, de investigar, conservar y difundir el patrimonio musical ya existente.

Muy lamentablemente, y tras haber investigado la obra, “Policías y ladrones” no cumplía ninguno de los requisitos que se le hubiera exigido a un estreno tan esperado y necesario: he sabido que el propio personal del teatro la ha calificado abiertamente de “bodrio”, e incluso no ha faltado quien ha dicho: “si no nos gusta ni a nosotros, que estamos aquí, ¿cómo le vas a pedir al público que le guste?”.

Yo, personalmente, he investigado (pues la curiosidad se me agudizó mucho cuando se canceló un estreno tan extremadamente notorio, y que debía ser la joya de la corona de la temporada) y conseguido acceder a más información de la obra que se hubiese estrenado, y puedo asegurar que la música de Tomás Marco es inaudible (la típica de ópera contemporánea, que pretende ser muy rupturista con la búsqueda de nuevas tonalidades… pero que hace exactamente lo mismo que se lleva haciendo, una y otra vez, cansinamente, sin apenas un resultados decentes o que gusten al público, desde Debussy), y el libreto de Álvaro del Amo, de pura vergüenza ajena (la tópica ruptura de la narrativa clásica, con aspiraciones de tema reivindicativo y polémico, además de unos pareados de risa que parece que se han hecho con un diccionario de rimas de internet), y esto último tiene mucha gracia, porque hoy día nunca se respeta a los pobres libretistas, que generalmente, no siempre serían los mejores contadores de historias, pero sí solían ser poetas realmente buenos (casi cualquiera de sus libretos se podría leer como un largo poema, sin música)… y hoy día, claramente, no parece que nadie les llegue a la suela de los zapatos (o no al menos a quienes contratan para hacer las versiones de los libretos, una vez más, el fallo de no confiar en la persona o el talento adecuado).

Y esto sin mencionar la puesta en escena (que por lo que se ve e intuye, parece tan pobre, materialmente como de ideas), cosa importante, puesto que al fin y al cabo, esto es un estreno teatral; y que estaba a cargo de la infame Carmen Portaceli, nueva directora del Teatro Español, que, desde que ha llegado al puesto, se ha dedicado a incumplir aquellas directrices que contaba a la prensa cuando obtuvo el nombramiento (de una forma sospechosa), a crear una programación inclasificable, y que ha conseguido (increíble), que todas las malas críticas, que no fueron pocas, hechas por este blog a Juan Carlos Pérez de la Fuente (anterior director) se hayan quedado en humo y que no dejemos de recordar aquel bello refrán español que decía “otros vendrán que bueno me harán” o “más vale malo conocido que bueno por conocer”.

En todo caso, con mucha seguridad, de haber hecho este blog una crítica de “Policías y ladrones”, seguramente la hubiese calificado de una cosa repugnante, vergonzosa e intolerable. Vamos, una de esas críticas mías en las que voy a matar con saña.

Y en este caso especialmente, pues me sentiría muy decepcionado, e incluso dolido, por el que se haya desperdiciado tan gran e importante oportunidad para revivir la zarzuela como género, darle alas y que vuelva a tener el triunfo que merece entre el público general que, tradicionalmente, siempre lo había apoyado por considerarlo como algo suyo y propio (y no hay manera de que nadie pueda estimar “Policías y ladrones” como tal cosa… sino como algo totalmente ajeno, como la fabricación de una abstracción pedante y pretendidamente intelectualoide, para eruditos a la violeta y élites -de cualquier tipo o que se llamen a sí mismas tal cosa- que se quieren dar aires culturetas, es decir; el viejo aparentar para no hacer el esfuerzo de ser).

Si a todo ello sumamos que a sus autores parece importarles bastante poco la situación del propio teatro que les encargó la obra (como se lee en alguna que otra entrevista, en la que incluso apoyan la anexión), está claro que han puesto a los empleados en pie de guerra, y estos han evitado, no sólo que se estrene, sino que se llegue a representar siquiera.

Aunque a lo mejor estas trabajadores tienen unas miras mucho más amplias que las de una simple venganza por la falta de apoyo… son verdaderamente inteligentes. Me explico: el estreno a bombo y platillo de una obra que sin duda abucheará el público, en plena polémica por la anexión del Real, legitimaría esta ante los espectadores, que rápidamente pensarían “para lo que hacen, mejor que los privaticen, y así no pago estos bodrios de mis impuestos”; pues, en realidad, si uno lo piensa, es un truco perfecto, ideal: escenificar fracasos seguros para perder el favor de la audiencia, y que, además del escándalo, las ventas y la confianza en la institución caigan en picado.

Y la verdad, tras el gravísimo, y letal patinazo, de producciones inmediatamente anteriores como la del Proyecto Zarza (concretamente su repulsivo “El dúo de la Africana”)… no es el momento para que la institución pueda permitirse más errores graves que desacrediten inmediata e innecesariamente el trabajo de décadas (o de siglos incluso).

Si a eso sumamos los temas polémicos que trata el libreto (corrupción en la España actual), ello daría la excusa perfecta al gobierno para ir en contra de la institución teatral, con la disculpa de que ha mordido la mano que le da de comer y de que la hay que meter en cintura cuánto antes.

Sí, por lo que yo sé, “Policías y ladrones” no le hacía ningún favor al Teatro de la Zarzuela, y menos, especialmente en este momento, a todos aquellos que luchan por mantener su independencia, legitimidad, interés público e incluso supervivencia… por lo que estos últimos han sido lo suficientemente listos como para evitar que sucediese una catástrofe que sin duda hubiese generado el escándalo perfecto para crear una sólida base, una punta de lanza muy eficazmente afilada, con la que destruir nuestro templo lírico nacional.

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Francamente, esperemos que “Policías y ladrones” no se estrene nunca; y, lo que es muchísimo más importante, ojalá que la actual dirección otorgue su confianza, para la composición de nuevas zarzuelas, a quién verdaderamente la merezca, tenga talento de verdad, esté capacitado para ello… y sobre todo, ame sinceramente el género lírico nacional y desee hacerlo resurgir cual ave fénix a una nueva época dorada… que no será la primera vez que esto sucede (no olvidemos que la historia de la zarzuela ha tenido muchos altibajos).

Ello es realmente importante, porque sólo un buen e impecable trabajo legitimará al Teatro de la Zarzuela como institución, teatro público, y lo librará de la situación que ahora está viviendo.

En fin, sólo me queda acabar este artículo diciendo:

¡Salvemos nuestra cultura, salvemos el Teatro de la Zarzuela!, ¡porque si nosotros no defendemos lo nuestro, nadie más lo va a hacer!.

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