Crítica exprés: IX festival Mantras de música trascendental

IX Festival Mantras

Publico la crítica tarde, puesto que no importaba cuando lo hiciera ya que los conciertos sólo duraban un día, así que no había posibilidad de que tuviera utilidad inmediata a nadie; en todo caso, considero que puede servir a futuro, ya que, como ha sucedido en varios festivales musicales anteriores, también aquí organizados (como bien comento y recuerdo en este otro artículo), en ocasiones, los intérpretes que han tenido más éxito, vuelven. Así pues, queda esta crítica como referencia… sin mencionar que, independientemente de este festival, estos espectáculos pueden ser presentados en otros lugares.

Tenía un buen recuerdo de este festival, así que decidí volver, pues siempre es una oportunidad para escuchar músicas exóticas o poco habituales. Y con ello, por otra parte, el Fernán Gómez sigue ofreciéndonos sus habituales e interesantes festivales musicales, que siempre son una gran oportunidad de descubrir todo tipo de talentos nacionales e internacionales.

 

-Monjes tibetanos Tashi Lhunpo (Tibet): tenía ganas e interés por verlos, pero al final se quedó en eso. Sin duda es una curiosidad, sin mencionar que es más que un concierto, pues hay un locutor que explica todo lo que vamos a ver y su sentido… pero, la verdad, tampoco me emocionó mayormente.

Aunque es innegable que es toda una oportunidad para aprender más sobre estos monjes tibetanos budistas y sus costumbres; por ello, quién sienta interés en profundizar en el tema, no saldrá decepcionado del espectáculo.

 

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ACTUALIZACIÓN: La temporada de exposiciones de primavera-verano de 2019 en Madrid

a través de La temporada de exposiciones de primavera-verano de 2019 en Madrid

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ACTUALIZACIÓN: XXV Ciclo de Lied en el Teatro de la Zarzuela

a través de XXV Ciclo de Lied en el Teatro de la Zarzuela

Que incluye más noticias de cómo el público sigue reaccionando ante el escándalo de “Doña Francisquita”….

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ACTUALIZACIÓN: Crítica exprés: Doña Francisquita

a través de Crítica exprés: Doña Francisquita

La producción, en este momento en escena, en el Teatro de la Zarzuela, está rodeada de escándalos, pero, sobre todo, con la oposición frontal del público… como no, Universo de A no puede dejar de seguir comentando todo esto mediante actualizaciones y post scriptums (situados al final de la crítica).

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ACTUALIZACIÓN Y MEMORÁNDUM: Instrucciones para votar

a través de Instrucciones para votar

Con motivo de las próximas elecciones (en Madrid al menos) municipales, autonómicas y Europeas (sí, lo sé… ¡menudo pandemónium!, ¡y en tan poco tiempo!, ¡tres en uno!) del 26 de mayo de 2019, completo y actualizo totalmente el artículo que fue creado con motivo de las nacionales del 28 de abril… de modo que ya quedará y será apto como instrucciones y explicación de cualquier proceso electivo futuro… o al menos lo bastante (ya se sabe que este blog está siempre en permanente construcción).

Y en todo caso, la ocasión para ello no podría ser más oportuna….

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ACTUALIZACIÓN: XXV Ciclo de Lied en el Teatro de la Zarzuela

a través de XXV Ciclo de Lied en el Teatro de la Zarzuela

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Crítica exprés: Doña Francisquita

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Empecemos hablando de lo positivo en este comentario previo, que mucho me temo que acabo antes:

Lo primero, me encanta el poster que han diseñado para esta producción… una pena que esta no esté a la altura. Pero eso ya es tema de la crítica que hago abajo.

Por lo demás, encontré la atención al público tan excelente y familiar como es buena costumbre en esta institución teatral.

También me pareció precioso que el Teatro de la Zarzuela se decidiese a programar precisamente una obra tan icónica en un momento tan clave y castizo: finalizando las fiestas de san Isidro y como aperitivo de las de san Antonio de la Florida. Respecto a esto, y como en este comentario previo mucho me temo que voy a tener que hablar bastante de lo harto que estoy de propaganda, mucho me temo que tendré que extenderme sobre este paso mío por las fiestas, aunque venga a cuento muy, pero que muy cogido de los pelos (o en realidad, no venga demasiado a cuento).

Lo cierto es que, a pesar de que la nueva producción de “Doña Francisquita” que se representa en el teatro deja bastante que desear (como comentaré en la crítica), con todo, sí que me animó a dirigirme a la Pradera de san Isidro, pues aún había fiestas, ¡y mi parte castiza exigía pagar el debido tributo al santo labrador y al recuerdo de aquel tan goyesco cuadro lleno de majos!; y además, ¿se puede imaginar mejor plan, ni más adecuado para completar tan típica madrileña jornada?.

El caso es que me di un par de vueltas, por esta fiesta de Madrid, la cual, como todas las seculares en la villa y corte, sabe combinar perfectamente el respeto a la tradición con la actualidad más juvenil; y acabé, como no, dónde suele estar el escenario de las grandes actuaciones, de hecho, estaba a punto de haber una… pero como esto lo organiza quién lo organiza (el ayuntamiento), justo antes, se puso un vídeo que me revolvió el estómago (y no, no había bebido nada extraño): en él aparece Leticia Dolera, hipócrita dónde las haya (recordemos, entre otros, su asunto con Aina Clotet… razón por la cual, entre otras de igual o más peso, Dolera es de esas escasísimas personas que me repugnan sin conocerlas personalmente), dando su discurso de supremacismo neofeminazi (sobre estas cuestiones, creo que el manifiesto publicado en este blog dejará mi actitud clara al respecto), según el cual, acercarse a cualquier miembro (porque sí, en castellano correcto se escribe así, y todo lo opuesto es ignorancia y analfabetismo funcional) del género femenino suponía acoso; y, para colmo, instaba a todos los presentes, y a la ciudad entera (esto anterior no es una hipérbole ni una exageración, son sus palabras literales) a levantarse en armas y atacar a todo el que lo hiciese… según la definición de toda la vida de agresión y acoso del diccionario (libro que la autoproclamada, aunque, a día de hoy, no demostrada actriz claramente desconoce y/o desprecia), se supone que los que hiciesen lo que dice Dolera serían los auténticos agresores y acosadores, pero, al parecer, según el mundo al revés de esta mujer, por lo visto, acercarse para conocer a alguien es digno de una denuncia (cosa que el ayuntamiento te pone fácil, ya que pusieron un “punto violeta” y todo, muy bien señalizado en el mapa, para que no se pudiese perder oportunidad de perseguir, acosar y amilanar a cualquier víctima inocente -porque este neofeminazismo ni la presunción de inocencia o las sentencias judiciales respeta si no dictan exactamente lo que piensan-).

No voy a entrar en las razones que llevan a esta presunta (pero nunca demostrada, no al menos en calidad) creadora audiovisual, a defender semejante cosa o por qué no se concentrará más en su matrimonio, que, según se dice, falta le hace, en vez de en meterse en las vidas de los demás sin tener ningún tipo de autoridad moral (ni de ningún otro tipo) para ello, de hecho, más bien lo contrario; ni tampoco comentaré que todo esto parece la venganza de la fea o de la víctima de bulling (cosa que es pública, notoria y reconocida por ella) que no ha sido capaz de aprender de su sufrimiento, y, en vez de tratar de evitarselo a los demás, intenta producirlo, reproducirlo y expandirlo; o la manera de actuar de una persona que no busca justicia sino venganza; que no quiere derechos (que siempre implican deberes) sino privilegios; ni siquiera preguntaré el cómo es posible que una chica con tan nulo talento artístico y sin ningún tipo de carisma personal o presencia escénica haya llegado a dónde ha llegado, de qué modo, haciendo qué (y sí, ya ha contado algunas historias de directores que la tocaron) o a qué precio… no, no voy a entrar ahí.

Pero sí diré que una persona así merece todo el ostracismo y vacío que se le venga encima. Algo de eso ya obtuvo, pues, entre el ruido general, yo debí de ser de los pocos que consiguió entender algo, y escuchó, aunque con enorme y justa indignación… exactamente lo contrario de lo que ella querría producir. O sea, que el resultado de su discursito fue indiferencia o desprecio (o ambas). Supongo que es una buena noticia.

Y ya puestos, que en las próximas elecciones municipales hay que decidir si queremos un ayuntamiento que lo sea para todos o sólo para unos pocos; porque esa propaganda barata e inculta no se puede tolerar.

Y ya de paso, no estaría de más pensar en las autonómicas, a las que se presenta Errejón, nuevo candidato del mismo partido (el maravilloso pago por ser un transfuga traicionero… aunque no se lo recrimino, estaría harto del funcionamiento interno de un partido con un sistema muy similar al bolchevique en los tiempos triunfales de la Lubianka), cuyo concepto del estado es que, y esto son declaraciones públicas suyas, Venezuela no tiene nada que aprender de ninguna monarquía constitucional. Que cada uno haga la comparativa y a ver que conclusiones saca… y que modelo quiere que se siga dónde vive (y no estoy hablando de pensar en ilusiones e ideales, sino en hechos tangibles).

Dicho de otro modo: no a la agresión y acoso neofeminazi. Y sí al igualismo. Porque yo a esto que se ve hoy en día, estas mujeres del violeta y del morado (la referencia podemita, republicana y de peligrosa ultraizquierda, todos sabemos que no es casualidad), y movimientos del #Yotesítecreo y similares, me niego a llamarlo feminismo, ¡el feminismo es otra cosa y las feministas también!, y me niego, en rotundo, a manchar, mancillar, arrastrar por el lodo y el barro un movimiento tan relevante para la historia de la humanidad calificando a esas fanáticas actuales de feministas, simplemente, ¡me niego!. Aunque bueno, esta gente se retrata solita, cuando tienen entre sus líderes autoproclamados a gente como Irene Montero, muy feminista, sí, pero que está dónde está, y ocupa el puesto que ocupa, gracias al sistema más viejo y machista de la historia de la humanidad (y todos lo sabemos); a juego, por otra parte, con su pareja, que no cede a una mujer el liderazgo de su partido o que siempre coloca a hombres en todos los puestos claves… muy “feministo” él. Mucho hacer gestos vanos, y mucha tontería, pero hechos factibles y demostrables ninguno. Menudos hipócritas. No puedo creer que alguien se pueda dejar engañar.

Como broche final acerca de estas cuestiones, me gustaría comentar la reciente anécdota que he sabido de una señora, conocida de la familia, muy feminática ella, que defendía el supremacismo de su sexo a toda costa. Ahora, cuando a su hijo, la pareja de este, lo ha metido en líos con la tontería feminazi y que podría tener problemas judiciales… de repente se ha dado cuenta de las tonterías que defendía, pide perdón por ello a cuántos se lo dijo y se arrepiente. Pero ya es tarde. Que no lo sea para más gente, en manos de todos está el evitarlo.

Si es que el mundo no son blancos o negros, ni existen el bien o el mal absoluto, y quien crea lo contrario, es un fanático y, por ende, un estúpido sin crédito alguno. Muy desgraciadamente, para la gran mayoría es demasiado fácil creer ciegamente en algo y no hacer el esfuerzo de pensar y de analizar los pros y los contras como es debido. Hablando en plata: No al neofeminazismo supremacista y sí al igualismo.

Muy por desgracia, aquel día, lo tuve completo a nivel de propaganda, pues, justo antes, había estado leyendo el programa de mano, y, aunque encontré todos los artículos muy interesantes y documentados, hubo una muy notoria, clara y escandalosa excepción, y ese fue el firmado por Víctor Pagán, y titulado “Francisquita: europea y republicana”… así, sin el “Doña” ni nada, sólo le faltó poner, “la ciudadana” o “la camarada Francisquita”… tal vez, el señor Pagán debiera haberse molestado en leer o acudir a los ensayos de la obra y ver como, en el primer acto, emplazado en esta producción durante la segunda república española, se dice sabiamente que “España ahora será una república, pero la tradición es monárquica” (por cierto, para más detalles sobre el tema, leer mi anterior crítica sobre una producción de este mismo teatro); sí señores, porque eso que Pagán llama “Francisquita”, no sé yo que será (ni yo ni nadie, es más, el propio firmante del artículo demuestra no saberlo tampoco en absoluto), pero la zarzuela “Doña Francisquita”, de Amadeo Vives, produce y desarrolla casi toda su vida artística (o al menos la más importante) durante el reinado de Alfonso XIII; fue inspirada por una obra del tiempo de los monarcas de la dinastía Habsburgo; y en el libreto original está ubicada, con bastante seguridad, durante el reinado de Isabel II (es decir, la época romántica, que era cuando los libretistas querían situarla)… así que Doña Francisquita es una muy digna y orgullosa súbdita del Reino de España.

Y sí, ya sé que la mayor parte del artículo se centra en uno de los múltiples fracasos del nefando segundo periodo republicano español, en este caso uno fílmico; pero estoy más que harto de los vulgares propagandistas (Pagán en este caso) que pretenden vender este periodo como el del paraíso terrenal, de democracia y grandes progresos cuando hubo de todo excepto eso… y lo poco que pudo haber, tuvo casi siempre su origen en el reinado de Alfonso XIII, monarca que necesita una urgente e importante revisión historiográfica pues durante su reinado se inician la mayoría de los avances más importantes, relevantes y fructíferos del siglo XX en España.

Aunque bueno, y volviendo al autor del infame artículo, qué se puede decir de un señor que se atreve a escribir, y publicar, en ese mismo texto, que la fachada del Palacio Real de Madrid es… ¡neoclásica!… ¡toma ya!, señores, los historiadores del arte podrán discutir prolijamente acerca de si hay más o menos influencia italiana (debido al origen de todos los arquitectos implicados) o francesa (debido al origen del promotor de la construcción, el Rey Felipe V) en la arquitectura de dicho edificio, pero a ninguno se le ocurre negar que este sea de estilo barroco (otra cosa son las modificaciones que hizo Carlos III para adaptarlo al nuevo gusto, pero, aún con todo, para el final del reinado de Fernando VI todo el exterior del edificio ya estaba terminado, con lo cual no hay discusión posible).

En definitiva, el artículo de Víctor Pagán resulta de vergüenza ajena y él solo se desacredita a sí mismo, haciendo ver que, si afirma unas cuántas cosas claramente equivocadas e indocumentadas, bien pueden estarlo todas, y el conjunto carece, por tanto, por completo de credibilidad. Aunque yo siempre he dicho que en este país, republicanismo es sinónimo de ignorancia y fanatismo. Esperemos que Pagán jamás vuelva a escribir en ningún programa de mano de teatro, pues los devalúa.

Y ya está bien de comentario previo, pasemos a la crítica:

 

-Doña Francisquita: el periódico El País publica una crítica cuyo título y subtítulo no dejan lugar a equivocación posible, y que resumen todo lo que yo voy a decir a continuación, y, muy posiblemente, lo que todos pensamos tras ver esta nueva producción del Teatro de la Zarzuela: “Doña Francisquita, otra vez será. Lluís Pasqual ha querido modernizar esta zarzuela, pero se queda en una modernización de la antología de esta obra”… por supuesto, tratándose de una crítica publicada en un medio oficial, siempre hay que leer entre líneas, sortear los eufemismos, las cortesías de rigor… porque aquí todos nos conocemos y queremos mantenernos en la rueda de los beneficios… etc; es decir, no se puede esperar encontrar artículos como los de este blog….

¿Cómo debemos traducir así pues tal título y subtítulo?, me pongo a ello: Dice El País: “Doña Francisquita, otra vez será”, traducción: “esta vez ha sido un completo desastre, habrá que esperar a la próxima ocasión a ver si nos ponen una producción decente, Dios lo quiera”; El País: “Lluís Pasqual ha querido modernizar esta zarzuela”, traducción: “Lluís Pasqual no tenía ni jodida idea de qué hacer con esta zarzuela, y, lo que es mucho peor, nosotros tampoco hemos conseguido comprender una puta mierda de lo que ha intentado, y eso que lo hemos intentado con ahínco”; El País: “pero se queda en una modernización de la antología de esta obra”, traducción: “la verdad es que no ves la zarzuela, sólo las cancioncitas de esta… y como no es lo habitual, ni lo que se suele ver, y ni Dios lo entiende, vamos a decir que es moderno (o mejor, ¡arte!) y a utilizar palabras muy largas para describirlo”.

Esto ya sería suficiente como crítica, ¡pero señores!, ¡esto es Universo de A!, ¡y este blog tampoco sería lo mismo sin sus artículos larguísimos, eternos e interminables dónde se analiza todo exhaustivamente… es la esencia de este blog y una de las razones de por qué es tan odiado entre ciertos colectivos del artisteo (aquellos que salen malparados concretamente)….

Hablando en plata (otra característica típica de este blog): el Teatro de la Zarzuela como institución pública se hubiese ahorrado mucho tiempo y, sobre todo, mucho dinero, si hubiera hecho esta producción en versión concierto… pues, lo peor que se puede decir de la creación de Lluís Pasqual (adaptador, director de escena y, por tanto, máximo responsable del resultado final) es que apenas se notaría la diferencia e incluso mejoraría con creces del modo dicho.

No se puede negar, que la idea de Pasqual de explorar los distintos medios con los que la zarzuela fue difundida durante parte del XX (cada acto se enmarca en unos años distintos… y digo sólo parte del siglo pues, aunque el género tuvo un importante resurgimiento en el reinado de Alfonso XIII -del que esta zarzuela concreta de Vives es buena representante y ejemplo paradigmático-, la adaptación enmarca el comienzo de la acción en la segunda república de la que, no obstante y muy sabiamente, se ilustran las barbaridades, crímenes contra lo histórico-artístico y ansias de utilización de lo anterior de un modo político y propagandístico) y su evolución en ello, no deja de tener interés… pero fracasa.

Y lo anterior se da por varias razones: la número uno es que Pasqual está autoplagiando el anterior trabajo que hizo para esta misma casa (que obtuvo muy buena crítica en su momento aquí -y eso que su respeto a los libretos originales, era el que era… y bien sabemos lo que se opina en Universo de A de esa falta de respeto a los autores-, pero eso no significa que nos guste que haga siempre lo mismo y se repita una y otra vez), o sea, que no se puede contar con que lo que funcionó una vez, necesariamente vuelva a hacerlo una segunda. Y la razón número dos es que, simplemente, su adaptación no funciona, resulta terriblemente aburrida. Tal vez, si la hubiera hecho tal cual es el libreto original, y además añadiendo frases, diálogos de su idea, de cómo quería él elaborar su versión; es decir, mantener el libreto tal cual y luego hacer un texto metateatral que aporte un extra… quizás le hubiese salido muy bien y una obra maestra… pero no hizo eso.

En su lugar, su adaptación opta por despreciar total y absolutamente el libreto de dos de los autores más importantes y famosos de la historia del género; y hacer, cual si estuviéramos en una versión en concierto, que se suprima todo diálogo y se intente compensar, a la desesperada, con resúmenes que dan una idea de cómo se ha llegado a los distintos números musicales.

En realidad, lo más irónico de todo esto, es que el propio texto de Pasqual se está haciendo continuamente la crítica más despiadada y acertada a la propia producción: que qué no se va a entender nada, qué eso es una barbaridad, qué es un sinsentido, que los personajes no se comprenden… etc; y, efectivamente, así es.

Por tanto, esta adaptación de Pasqual resta más que suma a “Doña Francisquita” que se ve despojada de argumento, sólo con sus números musicales y unos nuevos personajes que no tienen demasiado sentido ni están bien perfilados o delineados (aunque en mucho de lo que dicen tienen más razón que un santo).

Para colmo, la dirección de escena resulta extremadamente torpe y profundamente desconocedora del mundo audiovisual (quién tenga una leve idea del tema, y se fije minimamente en lo que hacen en el segundo acto los que hacen de cámaras y microfonistas… se lleva las manos a la cabeza: saltos de eje, técnicos pasando por delante de la cámara en plena grabación… etc).

Sí, lo sabemos, Pasqual vuelve a querer evocar su nostalgia, ilusión y amor por el género… pero no ha sido suficiente, la verdad es que esta vez, no.

A todo lo cual no ayuda una escenografía, francamente, fea. Bueno, en el primer acto directamente no la hay, y todo está dispuesto de tal modo que, si no fuera por el vestuario (lo único salvable y destacable de esta producción… parece mentira que lo haya hecho la misma persona que se ha ocupado de los decorados), realmente, parecería que estamos en una versión en concierto.

Con todo, y a pesar de lo anterior, la zarzuela se arrastra plúmbeamente, no se mueve, resulta tediosa, pesada, aburrida, sin ritmo… el tiempo parece que no pasa, y, sin embargo, aunque no te cuentan nada, el espectáculo dura, inexplicable e injustificadamente, casi tres horas (¡¡¡tanto o más de lo que duraría con el libreto original!!!). Al final, no puedes hacer sino preguntarte, ¿cómo tal cosa ha podido pasar? ¡si ni siquiera he podido ver “Doña Francisquita”, sino una especie de versión resumida o en concierto!. No hay quien lo entienda, de verdad que no.

En cierto modo, al final de la representación uno se siente estafado, porque, se supone que has ido a ver una zarzuela muy concreta, una escenificación de una historia que conoces, una obra de teatro con música… y te han puesto otra cosa, te han dado gato por liebre…. Y difícilmente nadie podrá plantear que esta producción aporta una nueva visión para los que ya la conocen y una más moderna y accesible para los que no, puesto que los primeros la odiaran y los segundos no entenderán ni palabra, porque, la verdad, no se comprende nada.

Respecto al reparto artístico, quién mejor sale parado es el coro del teatro, que se luce pero bien (con razón Pasqual llega a ponerlos en primer plano en el escenario), más incluso que cualquier otro intérprete individual, realizando el que sin duda ha sido uno de sus mejores trabajos en esta casa.

También, alegra, y mucho, volver a ver (creo que la última vez que estuvo en este teatro, que yo recuerde, fue esta) a María Rodríguez, una de las grandes figuras de grabaciones audiovisuales de zarzuela por excelencia, y que todos los amantes del género reconocemos por ello (y de funciones de otros tiempos en el Calderón, de las que no faltan nostálgicos, como hablábamos un italiano y yo en una crítica anterior).

Por lo demás, el único que me llamó la atención, fue el tenor José Luis Sola, cuya melodiosa (en todos los sentidos) y entrenada voz  llenaba el teatro deliciosa y encantadoramente.

Y por supuesto, la estrella invitada, Lucero Tena, se luce pero bien con las castañuelas, resulta hasta tal punto inimitable, que cuando el cuerpo de baile vuelve a hacer exactamente el mismo fragmento (el famoso fandango, muy popular, aunque no todos lo sepan, para los asistentes habituales de este teatro, porque es la música que suena para anunciar el fin del intermedio), son incapaces, con muchas más castañuelas, de estar a la altura del arte, fuerza y energía de la avezada artista.

Sin embargo, no se puede negar que el resto del reparto artístico, cumple, y excelentemente con sus papeles; tanto como cantantes cómo como actores; con la notoria excepción, como no, del famosillo por excelencia, en esta ocasión Gonzalo de Castro, que no me parece a mí tan popular como para atraer público y que, la verdad, el director de escena hubiera hecho muy bien contratando a alguien que supiera hacer sus tres personajes en vez de a este señor que nada aporta.

Por su parte, la orquesta está muy bien llevada por Óliver Díaz.

En definitiva, como ya reconoce El País, en un exceso de sinceridad involuntario, “otra vez será”, porque, lo que es esta, nos han robado la oportunidad de poder ver “Doña Francisquita”… con todo, soy incapaz de negar que, si se quiere tomar esta producción como una versión en concierto, teniendo en cuenta la calidad de las voces, es una oportunidad auditiva nada desdeñable y muy disfrutable… pero, para quién quiera ver o conocer esta zarzuela, tal posibilidad le ha sido negada.

 

Post scriptum 21-5-2019: nuevo escándalo en el Teatro de la Zarzuela: el público se ha levantado en armas contra esta producción y nuevamente han sonado pitidos, se ha increpado a los artistas durante la función y se han pedido hojas de reclamación… y algunos medios de comunicación están poniendo sobre la palestra el interesante debate de hasta qué punto los directores de escena tienen derecho a hacer lo que les de la gana con la obra original, bien es posible que estos argumenten su derecho a la creación artística… ¿pero no han faltado ellos mismos a ese derecho al no ser respetuosos con la creación artística e intención original de los autores?.

No negaré que, muy posiblemente, Lluís Pasqual es uno de los directores de escena que menos merezca estos escraches y protestas (la verdad siempre sea dicha en este blog), pero simplemente, al pobre, un asunto que venía de lejos, le ha explotado en la cara… le ha caído encima la gota que ha colmado el vaso. Y no será porque en este blog no haya habido muchas advertencias al respecto, que las ha habido, muy bien explicadas, comentadas y argumentadas (de hecho, como en este mismo artículo, en alguno que otro anterior, yo ya he tenido algún que otro ataque de indignación contra alguna producción).

En fin, a ver que pasa la temporada próxima….

Por otro lado, ¿qué gracia tiene la vida cultural, artística y teatral sin algún que otro escándalo y provocación de vez en cuando?… no mentiré si digo que a veces, como bloguero y persona un tanto cotilla, a veces hasta se disfruta… jijijiji.

 

Post scriptum 27-5-2019: El Teatro de la Zarzuela ya lleva dos coloquios seguidos, en la misma temporada, hablando exactamente de lo mismo, lo que demuestra que el escándalo crece y crece, y, sobre todo, que no se están admitiendo los errores. Es decir, lo típico, mucho ego de artista y muy poca humildad.

Hoy Daniel Bianco, director de la institución, ha organizado otro… el problema es que, a pesar de que era una mesa redonda, y, cómo acabó por destacar una de las presentes durante el coloquio, en ningún momento hubo debate. Así, aunque el acto llevaba por título: “Mesa redonda abierta al público ‘Versiones de zarzuela. Un momento para la reflexión’ sobre la conveniencia o no de adaptar los textos hablados de las zarzuelas”, la realidad es que el evento no se trató sino de una triunfal apología justificativa de destrozar los libretos porque eran malísimos e infumables (en el fondo, esa era la conclusión por parte de todos, se movieran por los vericuetos retóricos que se movieran).

En realidad, no dijeron nada que no esperáramos: los habituales sofismos banales y autojustificativos, mil veces repetidos a modo de discurso aprendido, y mil veces refutados (entre otros, por este mismo blog); eso sí, muy envueltos en una despampanante retórica para tratar de intimidar a los presentes y así dárselas de entendidos (mucho se nos recordó el impresionante curriculum de todos los oradores); todo lo cual se podía resumir en: “yo sé de lo que hablo, y tú eres un ignorante”; todo lo cual se complementaba con mucho ego: todos decían la palabra “yo”, “yo”, “yo”, una y otra vez, de modo que sus argumentos se convertían más en opiniones personales que otra cosa.

Eso sin mencionar las veladas amenazas de que con estos asuntos estábamos poniendo en peligro la existencia de la zarzuela (que se moriría si no la hacemos como ellos dicen… aunque yo diría que lo que la llevara a la muerte será la falta o expulsión del público, no me digas porqué…) y de su teatro… cuando es la responsabilidad de los que gestionan el asunto asegurarse la complacencia del público, y no que este tenga que adaptarse a ellos, ¡hasta ahí podríamos llegar!.

La puesta en escena, no pudo estar mejor montada, lo tenían todo, de todos los lados: al estudioso (que se desacreditó en el momento en el que proclamó, muy sectariamente, que el género de la zarzuela era de izquierdas… ¡toma ya, ahora resulta que el arte hace política y además tiene un bando!… desgraciadamente, no tuvo oportunidad de decirnos a qué partido concreto votaba la zarzuela…), el dramaturgo, el director de escena (por si fuera poco, Sagi, conocido por su academicismo) y el crítico afín… era, o parecía, una defensa, brillante, incontestable e implacable… pero les falló una cosa, la más básica e importante: el público; pues, tan pronto se abrió el coloquio, la mayor parte de la gente recriminó, algunos con bastante cabreo, las libertades que se estaban tomando con los libretos y que ya estaban hartos de tonterías.

Para colmo, invitados al acto estuvieron algunos de los descendientes del libretista de “Doña Francisquita” que no dudaron en indignarse, escandalizarse y mostrarse muy airados con la situación. En palabras de uno de ellos, se marchaban “muy preocupados”.

Por criticar, lo hizo hasta personal interno de la propia casa….

Y por encima, aunque ninguno de los ponentes fue aplaudido, cada vez que una persona del público se posicionaba en favor de mantener los libretos como estaban y sin hacerles cosas extrañas, todo el mundo aplaudía enfervorizado. La opinión de los asistentes quedaba más que clara; ¿tomarán nota los ponentes? pues aseguran todo el tiempo que todo esto lo hacen por el público, pero el propio público les ha dicho lo que realmente quiere.

Al final, todo se resume en algo muy sencillo, si hacemos una analogía en otra disciplina, la literatura: vamos a imaginar que al mejor escritor de toda España, con el apoyo del ministerio de educación o de cultura (o ambos), se le ocurre la idea de que “Don Quijote de la Mancha” está desfasado y que hay que actualizarlo, hacerlo más accesible y dinámico para el público actual (y sobre todo para los jóvenes, el eterno y desgraciado parapeto de todos estos asuntos); así que lo traslada a una urbe de hoy día en la que Don Quijote es un jubilado con alzheimer, y Sancho su cuidador latino, que quiere que le legue todo en el testamento… etc; además, este escritor lo reescribe con un lenguaje coloquial, quita partes que “sobran” o no contribuyen a la historia principal (como las bodas de Camacho o las aventuras de Sancho en la insula Barataria)… etc, etc. ¿Sería o no sería esto un escándalo intolerable y vergonzoso?, ¿no se alzaría en armas media España?, y en realidad, ¿no nos resulta totalmente inimaginable de lo bárbaro que resulta?, pues eso; y, sin embargo, eso mismo se está haciendo en nuestros teatros una y otra vez, porque la moda de hoy día es que al público hay que darle las cosas masticadas porque es tonto y hay que llevarle de la mano como si fuese un parvulito.

En realidad todo esto se reduce a que estos creadores modernos están jugando a ser Dios, sin ningún derecho para ello, con la obra de autoría ajena, decidiendo lo que vale y lo que no… pueden argumentar que ellos tratan de adaptar para el público moderno, pero, la realidad, es que el público moderno les está diciendo que no aceptan sus creaciones… en definitiva, que habrá que respetar los originales, así, al menos, aunque salga mal, la gente obtiene aquello por lo que ha pagado, la razón por la que se ha presentado en el teatro y difícilmente se pueden quejar, porque sabían a lo que iban.

En el fondo, todo queda claro en lo que dijo Bianco, que comentaba que cuando llamaba a los directores de escena, no sabían qué hacer con las obras que les proponía… pues creo yo, que si alguien te dice que no sabe qué hacer con la zarzuela que propones, ¡pues habrá que llamar a otro, vamos digo yo!, ¡anda que no es larga la lista del paro, y más en profesiones artísticas!… pero claro, si llamamos sólo a los favoritos y enchufados varios… pues claro, pasa lo que pasa.

En definitiva, que a Bianco le salió el tiro por la culata, y yo, la verdad, me alegro. El público no acepta estas barbaridades y el director de la institución podrá rodearse de los amiguitos que quiera, que se mantienen en la rueda de los beneficios cantando sus alabanzas… pero con todo, la situación seguirá siendo la misma: el público ha dicho “no, hasta aquí hemos llegado”.

A ver si nos hacen caso, o va a resultar que, a pesar de lo modernos que son (¡y de izquierdas!) van a adoptar el viejo lema ese del despotismo ilustrado de “todo para el pueblo pero sin el pueblo”… o mejor dicho: “todo para los espectadores pero sin los espectadores”.

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Crítica exprés: La cueva de Salamanca

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Llegué de un viaje el último día para ver la representación… pero, queda como referencia (y a mí como publicación mensual).

 

-La cueva de Salamanca: me atraía una obra que celebra los 800 años de una de las universidades más históricas de España… aunque si hubiera leído el subtítulo o la sinopsis del programa de la temporada con detalle… seguramente me lo hubiese pensado mejor.

¿Por qué?, puesto que no podemos argumentar estafa, el subtítulo dice claramente “basada en el texto de Juan Ruiz de Alarcón y escenas de…” traducción: vamos a ver una antología de textos del siglo de oro (unidos con mayor o menor pericia) y no una obra de verdad.

Debo reconocer, sin embargo, que Emilio Gutiérrez Caba (del que sólo recordaba su faceta de actor… pero para nada la de dramaturgo y director) salva la situación bastante bien, aceptablemente. Como dramaturgo no crea nada del otro mundo (su texto es bastante tópico, lleno de lugares comunes, además de que la selección de los textos clásicos parece bastante arbitraria, sin mencionar que la representación de “La cueva de Salamanca” -la obra de Alarcón- queda muy incompleta e incoherente), pero lo que hace para unir los distintos textos se deja ver; mejora mucho como director, tal vez porque es actor también, y conoce las necesidades de estos: todo es naturalidad en la escena (dentro de las capacidades de cada actor, claro está), todo resulta fluido, sencillo en el mejor sentido de la palabra… en definitiva, todo suena puro, verosímil y sin artificio, lo que se convierte en la mayor virtud, y a la vez, también en el mayor defecto de esta producción, ya que en la obra que se representa no hay drama, ni emoción, ni nada que te mantenga verdaderamente enganchado: simplemente, da la impresión de que asistes de verdad a los ensayos de una obra. Lo dicho, su excesiva verosimilitud es lo que glorifica a esta versión, pero también aquello que la condena.

Encontré muy bien el apartado técnico, tanto vestuario como decorados.

Respecto a los actores, Excepto Daniel Ortiz que está sobreactuando todo el rato, sin descanso, el resto están sumamente bien, muy especialmente cuando sus personajes son muy tópicos, y por tanto, difíciles de hacer creer al espectador.

En definitiva, la asistencia a esta obra depende de lo que queráis ver: no os descubrirá nada nuevo pero tampoco os disgustará; en realidad, como ya digo, es una simple antología de varios textos del siglo de oro. Si lo anterior te satisface, adelante, si no, te lo puedes ahorrar.

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