Luís II de Baviera

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Si hace un tiempo, esta misma sección elegía a Isabel II de España como uno de sus personajes históricos más interesantes, entre otras cosas por considerar que era lo más parecido a como sería si una princesa de cuento de hadas se viera inmersa en el mundo real… hoy hablamos del monarca que es la versión masculina de esto, y de la forma más paradigmática, sí, el Príncipe azul atrapado en un mundo muy poco encantador.

 

Introducción biográfica

Consultar el segundo capítulo de mi novela por entregas “La herencia del Rey loco” (en la que este personaje histórico es especialmente relevante), en el cual se hace una completa aproximación a su vida.

 

Es uno de mis “Grandes Personajes” porque…

Sobre todo y más que nada por su idealismo, por creer más que nada que al final el bien se acabaría imponiendo, y, al no ser capaz de vivir en este mundo de maldad, hipocresía, codicia… etc, crearse uno propio para vivir en el que hacer realidad sus ideales de belleza y arte.

También es un personaje muy interesante porque resulta sumamente anacrónico en cualquier época, así, él no era una persona para el mundo real, puesto que, incluso todas las construcciones que hizo y los neoestilos que utilizó (medieval, bizantino, barroco… etc) eran una versión absolutamente idealizada de los auténticos.

Es posible que este temperamento soñador fuese muy alentado por su severa educación, que le llevó a la introversión y la evasión en los cuentos, las glorias del pasado (el siglo XIX, la época historicista por excelencia) o el incipiente nacionalismo (exaltado a través de la cultura, como las leyendas tradicionales)… pero lo cierto es que no se puede crear de la nada un alma sensible y artística, y Luis II la poseía de pleno derecho.

Siendo Rey, su principal preocupación fue crear un Reino del arte; no era la codicia o la ambición la que guiaba sus fines; sino la persecución de la belleza y de la felicidad del lugar que le había sido dado para gobernar.

Muy desgraciadamente, su idealismo pronto chocó de pleno con la realidad, entre otras cosas al tener que ver, por fuerza, que puede que el arte sea algo puro y excelso… pero los artistas no necesariamente; Wagner (ya muy bien considerado en su época) fue llamado por él, y gracias al monarca compuso algunas de sus más grandes obras maestras sin limitaciones… pero su corrupción, y lo aprovechado que era, acabó con su expulsión del Reino. Las envidias pudieron mucho en ello también.

No pudo tampoco tener una relación romántica como le hubiera gustado, pues su prima Sissí (más afín a su temperamento) ya estaba casada, y la hermana de esta, a pesar de que lo intentó, no terminó de conquistarle. En ello influiría, su probable homosexualidad; su ferviente catolicismo, le llevaba a una situación difícil, de combinar, pues una persona idealista rara vez soporta ese tipo de contradicciones.

Si a eso le sumamos el hecho de que el mundo en el que se veía obligado a vivir, se le hacía cada vez más odioso pues sólo veía gente interesada, ambición, mala intención y codicia sin límites; lo que confirmó con la unificación alemana.

Ya que había perdido la posibilidad de que el Reino que le había sido legado se transformara en aquel de cuento, del arte que deseaba, fue entonces cuando decidió crearse el suyo propio, en sus dominios nadie se lo podría impedir.

Y fue así, como empezó a construir esos maravillosos castillos que aún hoy nos siguen asombrando y que inspiraron a muchos artistas a partir de ese momento (entre ellos, otro de los Grandes personajes de Universo de A: Walt Disney), aquellos maravillosos ambientes, recreaban el mundo en el que le habría gustado vivir, un mundo ideal, una historia idealizada, dónde lo importante es el arte y la belleza, dónde todo es maravilloso y posible. Soñador en extremo, hasta realizaba banquetes imaginarios con sus personajes históricos favoritos, como en los buenos tiempos de su infancia; se entregó al encanto de la misteriosa vida nocturna… y en definitiva, hizo lo que quiso dentro de aquel Reino imaginario que se había creado (lo que no significaba que no tuviera una cierta frustración, como demostraría su deterioro físico)… por fin, pudo sacar de sí mismo aquella visión del mundo que tenía, por fin pudo descubrir a los demás como de encantador era su ideal.

Pero, su empeño en negarse a vivir en el mundo real, el desprecio que sentía hacia los políticos y sus familiares, todos ellos ávidos de poder y dinero, le llevó a aislarse totalmente y rápidamente, quisieron deshacerse de él. Sus extravagancias, sus ensoñaciones llevaron a que se le declarara loco (¡cómo a tantos otros incomprendidos!). Pero lo cierto es que Luis II contaba con el afecto del pueblo y de sus sirvientes (¿cómo no querer a un buen Rey?), hasta tal punto que le avisaron de cuando iban a detenerle.

En su romanticismo, valoró el suicidio como un final grandioso, pero lo detuvieron antes. Poco duró, tan inconveniente soñador fue, muy probablemente asesinado mediante un aparente accidental ahogamiento.

Pero sus sueños pervivieron, en sus castillos, en su bella forma de ver el mundo que consiguió hacer ver gracias a una de las cosas que más le gustaba: el arte; y ese legado, con toda probabilidad, era el que a él más que ningún otro le gustaría que quedara.

Por eso me parece admirable Luis II, por su concepto del mundo como un lugar bello, en el que es mejor estar más pendiente de las cosas hermosas y de mejorar el mundo a través de ellas, que de otras vanas glorias; porque él lo que quería era lo que quería era un Reino de belleza y de arte, un reino de músicos, pintores, arquitectos, escultores… etc, despreciaba la guerra y la violencia, prefería la estética, porque creía y sabía, que gracias a ella se podía conseguir un mundo mejor. Ojalá le hubieran dejado hacer realidad su sueño, hubiera sido maravilloso, utópico… pero la maldad nunca duerme.

Por eso también me parece un ejemplo su idealismo, que se puede tomar en nuestra vida diaria a través de preocuparse de que nos rodeen cosas hermosas o de apreciar la belleza de lo que hay a nuestro alrededor, y de que la imaginación y la creatividad siempre sea una parte importante de nuestra vida.

Imagen relacionadaFile:Coat of Arms of the Kingdom of Bavaria 1835-1918.svgFile:Ludwig II.jpgFile:CFP Louis II, roi de Bavière.jpgImagen relacionadaFile:De 20 jarige Ludwig II in kroningsmantel door Ferdinand von Piloty 1865.jpg

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María Antonieta

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De María Antonieta, por desgracia, se conoce mucho más la parte de su vida menos instructiva, que aquella que demuestra y que da la razón a que haya pasado a la historia. Sin embargo, y aunque su vida pueda ser dividida (superficialmente) en dos partes claramente diferenciadas, es precisamente el conocimiento de la una, no lo que nos permite entender la otra, de hecho, más bien lo contrario, pero eso, paradójicamente, es lo que la hace más admirable.

 

Introducción biográfica

Consultar la primera parte del artículo “Reinas trágicas”.

 

Es uno de mis “Grandes Personajes” porque…

Nadie, difícilmente, podía esperar nada de María Antonieta, cuyo único mérito parecía ser haber sido hija de la emperatriz María Teresa de Austria: de joven era una mala estudiante y perezosa… pero tampoco nadie se preocupaba mucho por ello, puesto que era una de las últimas hijas de la emperatriz, con lo cual, el problema de la sucesión austriaca estaba solucionado con herederos más que competentes.

Pero la monarca, no perdía oportunidad de hacer buenas alianzas, y fue así como María Antonieta fue prometida al Delfín, de modo que tendría que hacer un papel, para el que nadie esperaba que estuviera muy preparada (la prueba es que su madre le escribía cartas continuamente indicándole como debía actuar y comportarse).

Como Delfina, María Antonieta estaría en una situación difícil: su posición no era segura puesto que no había tenido un heredero, cosa imposible puesto que su marido no se acostaba con ella; la relajación moral de la corte de Luis XV la asqueaba; y, para colmo, todos (familia incluida) le hacían la vida imposible… en definitiva, su capacidad de adaptación fue bastante mala. En esta época, sin embargo, es cuando se atisban las virtudes que empezarían a recalcarse y ser útiles más tarde (como su gran sentido de la dignidad), pero también sus defectos (la frivolidad). Desgraciadamente, entre estas dos vías, tal vez por ser la segunda la más fácil (teniendo en cuanta la lucha que suponía la primera opción), María Antonieta escogerá esta última; en el colmo de la inutilidad, ni siquiera es capaz de leer las cartas completas de su propia madre, que tiene que leerle el propio embajador de Austria porque ella se aburre. Y por supuesto, nada de escribir o llevar otra correspondencia ni nada parecido.

Una vez Reina, la cosa no sólo no mejora, sino que definitivamente se descontrola, con un marido que no la frena, esa jovencita sin guía, expulsa y humilla a todos los poderosos, se lanza a una vida de diversiones peligrosas y de gente interesada y poco recomendable que se salda con escándalos (el asunto del collar) que le costarían su popularidad.

Sin embargo, es entonces, tras tener sus hijos, y cuando su imagen va en declive, cuando realmente se preocupa de ello, demostrando que no es esa frívola que todos creen, que hay humanidad en ella, que se han dicho muchas falsedades, que es buena, que la han difamado… así que comienza a renunciar a todo.

Pero ya es tarde. La revolución ha empezado y María Antonieta pagará con lágrimas cada risa pasada.

Sin embargo, es a partir de este momento, el menos conocido y explorado de su vida por la gente en general (tal vez porque es el menos estético y agradable), cuando María Antonieta se vuelve admirable, y se revela como una gran Reina y persona, o, como ella quería ser, como una “digna hija de María Teresa”.

Desde el comienzo, María Antonieta, al contrario que su propio esposo, comienza a ser consciente de lo que se les viene encima y del peligro en el que están (tal vez porque algunos de los ataques más importantes fueron precisamente contra ella, muchos con riesgo de su vida, o, como mínimo, de su integridad física); por primera vez, ella se toma en serio la vida, cambia, evoluciona (Luis XVI, en cambio, continúa tan inmutable como siempre), se revela a sí misma.

Así, a través del largo infierno que pasaron los monarcas, desde su estancia en las tullerías hasta la conciergerie; repentinamente, aquella chica del todo frívola y despreciable, despilfarradora y tonta, se transforma por completo: María Antonieta se convierte en la auténtica cabeza de familia, en el baluarte en el que todos se apoyan, en la resistencia, en el puntal que mantiene la Corona francesa… la chica a la que aburrían las cartas, y que las tiraba al fuego, a veces incluso sin leerlas, de repente se hace mujer y emprende una correspondencia diplomática con toda Europa, habla con todos los políticos, se informa, se preocupa… es ella la encargada de tratar de asegurar la supervivencia de la monarquía o al menos de su familia; será también ella, aquella a la que todo acto oficial daba pereza en el pasado, la que haga todo lo posible por intentar organizar la fuga de los suyos cuando la situación se vuelve imposible.

Y todo ello, sin perder esa cualidad que ya la había distinguido previamente: la dignidad; ella lo soporta todo con gran nobleza de espíritu; cuando asaltan las Tullerías, y apenas tiene entre sí y su hijo a unos guardias sobrepasados por los revolucionarios, ella no baja la cabeza como su esposo, ni ella ni su hijo se pondrán el gorro frigio, no serán humillados.

Por si fuera poco, nunca se dejó llevar por el odio, ella siempre consideró que el pueblo era bueno y estaba manipulado por unos malvados.

Y falta le hará esta última cualidad para lo que le faltaba: ver la muerte de los suyos y la suya propia. Todos coinciden (incluso sus mayores detractores) en que ella subió al cadalso con gran nobleza de espíritu.

Sus ingentes esfuerzos se quedaron en nada, tal vez su destino estaba marcado por encima de todo lo que ella podía hacer. Sin embargo, es muy difícil negar que, pese a todo, al final, María Antonieta sí consiguió ser aquello que se propuso: una digna hija de María Teresa.

En definitiva, en María Antonieta, paradójicamente, la despreciable primera parte de su vida, sirve para que la segunda parte brille con luz propia y se vuelva absolutamente meritoria y digna de admiración (y no se puede decir que fueran sólo las circunstancias, pues ningún otro miembro de su familia, incluido Luis XVI, llevó a cabo tal transformación)

En cualquier caso, como ya digo, es uno de mis grandes personajes, y me parece sumamente admirable por ese cambio que fue capaz de dar, por hacer que, aquella chiquilla de la que nadie esperaba nada, repentinamente se transformase en toda una mujer, capaz de sacar adelante a su familia; que aquella chica a la que todo le aburría, de repente era una adulta capaz de enfrentarse a las mayores complejidades políticas y diplomáticas; que esa niñata, que sólo sabía hablar de moda y juegos de azar, de repente se entrevistaba con todos y trataba de enterarse de como evolucionaban todas las cosas; que la tontita, que todos hubieran esperado que se hundiera, de repente era el auténtico baluarte de todos, aquel del que todo pasó a depender y en el que todos confiaron; el cómo la caprichosa que jugaba con fuego inconscientemente, se transformó en una persona muy consciente de todo lo que sucedía a su alrededor y de lo que implicaba; también me parece admirable por su buena intención, por creer en el buen fondo de la gente (a pesar del mal que le hicieron); y además, por su gran dignidad, y el ser capaz de mantenerla incluso en los momentos más difíciles, adversos e indignos, pues, paradójicamente, y ese es otro de sus mayores méritos, toda la grandeza que no tuvo cuando ostentaba la corona, la alcanzó cuando la perdió, demostrando de ese modo que sí la merecía y que sí valía la pena como persona si le daban la oportunidad de hacerse valer.

File:Marie Antoinette Young2.jpgFile:MarieAntoinette1788.jpgFile:Arrest of Louis XVI and his Family, Varennes, 1791.jpgFile:Marie-Antoinette au Tribunal révolutionnaire by Alphonse François.jpgFile:Exécution de Marie Antoinette le 16 octobre 1793.jpgFile:Grab Louis XVI und Marie Antoinette.JPG

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Los tipos de musicales

Índice de los artículos más relevantes sobre el musical de Universo de A:

Este blog lleva mucho tiempo tratando este tema (más de una década), y publicando sobre ello en muy distintas épocas, con lo cual, recopilar absolutamente todos los artículos en los que se ha hablado de esta cuestión (especialmente las críticas) es un imposible, pero sí se pueden señalar los artículos más destacados, para facilitar al lector interesado su fácil encuentro y relación; lo cual, además, ayuda a construir un ensayo más cohesionado sobre el tema. Dicho esto, aquí va el índice (ordenado no según fecha de publicación, sino según lo que yo considero lógico ahora que todos estos artículos existen):

-¿Qué es un musical?.

-Los tipos de musicales.

-Historia del cine musical.

-Entender y apreciar el cine musical.

 

 

Clasificación de los musicales según su tipo

Elaboro esta clasificación personal, según todo el conocimiento que tengo del género, por lo cual, creo que podréis observar que es correcta. Creo que, por lo demás, tener esto ayuda a calificar mejor a estos productos y a hacernos mejor una idea de que tipo son o lo que se debe esperar de ellos (de hecho, es muy posible que me será útil este artículo para referenciarlo en las críticas).

Por otro lado, decir que se centra en el musical cinematográfico, aunque (especialmente hoy día), bien puede ser aplicada al teatral.

La clasificación del musical se divide en los siguientes apartados:

 

  • Según el argumento

Esta primera clasificación los divide según su origen, desarrollo y conformación.

 

-Originales: son aquellos que nacen ex profeso como un original. Argumento, canciones y todo han sido hechos para ese proyecto.  Siempre están más cuidados pues han atravesado un largo proceso de creación para que todo lo que hay en ellos funcione. Por lo general, casi siempre son los de más calidad. Ejemplo: “Chicago”.

 

-De recopilación: son los que se hacen a partir de música ya existente, por lo general, de un/os mismos creadores. Lo más habitual es que se trate de musicales conformados a partir de las canciones de un exitoso grupo musical del pasado. Como las canciones ya están impuestas y escritas, hay que crear un argumento para que estas encajen en él, casi siempre con muy poca pericia. Desgraciadamente, esto último es secundario, pues se sabe que quienes van a ver ese musical van más por ser fans que por su interés por que les cuenten bien una historia. Ejemplo: Saga de “Mamma mía”.

Dentro de esto, debemos incluir las siguientes subcategorías:

—Biográficos: por lo general, los musicales biográficos tratan la vida de personas dedicadas a la música, así que la continua aparición de su obra es casi una forzosa obligación. Rara vez, sin embargo, esta se encaja bien en el argumento, lo que, de ser así, nos metería dentro de lo que no es un musical. Ejemplo: “De-lovely”.

—Canciones escogidas: casos más raros. Por lo general, cogen las canciones de una época o de un género y con ellas crean un musical. Quizás salen mejor parados que los de recopilación a secas, pues están menos limitados, pero ello tampoco es garantía de nada. Ejemplo: “Walking on sunshine”.

 

  • Según la disciplina artística:

Esta segunda clasificación los divide según las disciplinas artísticas que intervienen mayoritariamente en ellos, en las que se centran o que más ayudan a contar la historia.

 

-De canto y baile: aquellos musicales en los que ambas disciplinas tienen importancia por igual. Ejemplo: “El gran showman”.

 

-De canto: aquellos en los que esta disciplina prima o es la única presente. Ejemplo: “Gigi”.

 

-De baile: aquellos en los que esta disciplina prima o es la única presente. Ejemplo: saga “Step up”.

 

  • Según el lugar:

Esta tercera clasificación, se centra en el origen nacional del producto en cuestión, que es más importante y relevante de lo que pudiera parecer en una primera instancia.

 

-Estilo américano (estadounidense): el clásico, el típico que todos asociamos con la palabra “musical”; no en vano, se puede decir que, a pesar de los importantes precedentes europeos, los estadounidenses han creado y desarrollado casi mayoritariamente el género tal y como lo conocemos… en cualquier caso, sin duda lo han llevado a la perfección. Se caracteriza, en resumen, por esa combinación (o no, según la segunda clasificación aquí expuesta) de canto y danza que se produce y aparece en una historia o por parte de unos personajes con absoluta normalidad y naturalidad.

 

-Estilo europeo: por lo general, se caracteriza por un estilo realista y verosímil. Nadie canta o baila si no es en un contexto adecuado para ello, habitualmente, sobre un escenario o teniendo una profesión que haga naturalista esa posibilidad.

 

-Otros estilos: tengo menos nociones del tema, aunque soy consciente de su existencia (que ya es algo, y no poco). Se puede destacar principalmente Bollywood, cada vez más conocido.

 

Por supuesto, puede haber algunas excepciones (generalmente debidas a la influencia de unos estilos sobre otros, generalmente del americano), pero en general, lo anterior es plenamente aplicable.

 

Para finalizar, decir que esta clasificación no trata ampliamente los subgéneros del musical, pues esta sería tan amplia como géneros existen, ya que el musical es el único de ellos que puede subgenerizar a todo el resto debido a sus características. Así, por principio, cualquier película, sea del género que sea, según se le meten canciones, se convierte en un musical (ejemplos: drama: “Nine“, comedia: “Los productores“, oeste: “Siete novias para siete hermanos”, terror: “Sweeney Todd“, animación: “Blancanieves y los siete enanitos“, histórico: “Cantando bajo la lluvia“, fantástico: “Into the Woods“… y eso sólo son unos pocos ejemplos de un largo etcétera).

Todo ello, por otra parte, lo convierte en el género Rey, lo que confirma el hecho de que es el único capaz de reunir a todas las artes.

Aunque nos para menos, pues el musical cuenta con unos importantes….

 

Precedentes ilustres

Por supuesto, el género no nació de la noche a la mañana (cómo se comenta aquí), y aunque lo que hoy conocemos como musical le debe mucho a EEUU, existen una serie de precedentes (teatrales, por supuesto) que permitieron que ellos pudieran hacerlo llegar a dónde está. Aprovechando que estoy en un artículo de clasificación, esbozo los distintos tipos:

-Teatro clásico griego: aunque difícilmente podemos reconstruir o saber que función tenía la música en sus obras, sí es cierto que desde el primer momento se creyó que tenía un papel importante (sobre todo debido al coro); y tales investigaciones, llevaron en Italia a la aparición de la….

-Ópera: se han escrito enciclopedias enteras analizando su evolución en a lo largo de la historia, en distintas épocas y distintos países… así que difícilmente podré yo resumirla en unos renglones. Sólo decir que es uno de los casos más tempranos en los que se combina narración, teatro además de música; y sin duda alguna, el que alcanzó más evolución.

-Zarzuela: caso único de España. Con una historia compleja y desigual según la época; se puede decir que en su evolución final consigue la más perfecta fusión de teatro y música (la ópera había priorizado la música), además de aproximarse a los tipos populares, tanto en personajes como en música. Se puede decir que tiene más en común con el género musical que la ópera.

-Ballet: si desde luego ya antes se había puesto en escena la danza, es con el ballet cuando alcanza prestigio y refinamiento; con el tiempo, esta palabra será utilizada, no sólo para lo que hoy entendemos como ballet clásico, sino para más tipos de danza; de modo que este arte tendrá la posibilidad de expandirse y subir lo popular hasta evolucionar hasta lo contemporáneo y llevar a cabo todo tipo de fusiones.

 

A partir de aquí, comienzan los precedentes más directos del género musical:

-Opereta: desdibujamiento del teatro lírico que comienza a finales del XIX. Se trata de una ópera menos exigente, seria y grandilocuente, tanto en personajes como argumentos o musicalmente.

-Variedades: espectáculo que consistía en los números más extraños y variados (de ahí el nombre), desde ventrílocuos hasta humoristas pasando por malabaristas combinados con agradables números musicales, y, en general, todo tipo de talentos imaginables.

-Revista musical: al principio eran variedades muy sofisticadas (con números musicales muy cuidados, muy bien montados y con una puesta en escena espectacular además de artistas de notorio prestigio), poco a poco avanzaron hasta tener un argumento muy ligero, casi inexistente, que servía como mera excusa para hilar los distintos números; hasta que, finalmente, se fueron volviendo más complejas para acabar evolucionando al… musical.

 

El atípico caso español

España, ya lo dice el tópico, es un país de música, y desde siempre esta ha formado una parte muy importante de su estilo de vida.

Por otro lado, la convivencia de distintas culturas en un mismo territorio llevo a una sana compartición de estas y, en vez de competir o imponerse unas sobre las otras, muy por el contrario, se produjeron fusiones y unas influyeron en las otras (la zarzuela rápidamente se dio cuenta de lo bien que funcionaba hacer desfilar una sardana, luego una tonadilla y después una habanera; por ejemplo); de modo que, no es de extrañar que, cuando llegaran productos extranjeros, nunca consiguieran eliminar el producto interior e incluso este se adaptase a las características y necesidades nacionales.

Todas estas fusiones hacen que en España, en lo que se refiere a las obras de teatro musical hechas aquí, pueda llegar a ser difícil distinguir verdaderamente los géneros: ¿ópera o zarzuela?, ¿zarzuela u opereta?, ¿opereta o revista musical?… etc. Y la verdad es que ni los expertos se ponen de acuerdo.

Tampoco los autores nos lo ponen fácil en ese sentido, en ocasiones, incluso más difícil, pues podían llegar a subtitular sus composiciones como “égloga lírica”, que sería ya un género poético, con lo que no nos aclara nada (eso se debía a que, algunos llevados por razones comerciales, prejuicios propios o lo que fuera para sacar adelante su obra, decidían calificarla de un modo u otro para venderla lo mejor posible); un caso práctico: “Luna de miel en el Cairo”, no falta quien la califica de zarzuela; sin embargo, sus compositores la estrenaron como opereta; pero, si analizamos las características de su libreto y música, parece claro que es un musical o como mínimo, una revista musical muy evolucionada.

En lo que se refiere al cine, paradójicamente, en esta tierra plagada de música, nunca se consideró aceptable que alguien cantase o bailase si no era porque era su profesión o estaba en el lugar y contexto adecuado (dicho de otro modo, si no fuese por el exceso de canciones, estas encajan tan adecuadamente en el argumento, que bien podría no parecer el filme un musical), también, siendo España el país que es, no resultaba difícil conseguir personajes e historias con esas características. Por otro lado, siempre se optó por los sonidos más populares y tipistas (e incluso tópicos, pues la región elegida preferentemente a nivel musical fue Andalucía); de modo que cualquier musical español tiene siempre un sonido muy propio e inequívoco.

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Corrección lingüística y extranjerismos

Hoy, publico este artículo para salir en la defensa de tratar siempre de hablar un lenguaje depurado, puro, sin extranjerismos. En este escrito, me centraré en argumentar sobre tal cosa, centrándome y poniendo ejemplos, sobre todo del español o castellano (por ser una de mis lenguas maternas y de las que más uso habitualmente), pero ello puede ser aplicado a todas las lenguas del Reino de España (e incluso a nivel global).

Quiero dejar claro que no estoy defendiendo, nada más lejos de mi intención, que no se deba aprender otros idiomas (yo sé varios de hecho, y disfruto mucho hablando, leyendo y escuchándolos; por muchos motivos, ya sea su musicalidad, cuestiones de estudio u ocio -acceso a obras no traducidas a mis idiomas maternos- o un componente personal… etc), pero sí que se debe hablar correctamente cada uno, sin hacer innecesarias mezclas entre ellos, ya se produzca esto por moda, invasión globalizadora o por otra cosa (generalmente por presunción o creer que se demuestra estar a otro nivel metiendo palabras foráneas).

También soy consciente que el lenguaje está en continua evolución, la cual deciden los hablantes, y todo ello, bien está que así sea… pero, precisamente por eso, somos los máximos responsables sobre nuestra lengua, su buen estado y salud.

El español además de otras lenguas de la península ibérica, es un idioma sumamente rico, complejo incluso (la verdad es que no envidio a los extranjeros que lo estudian, pues, por lo general, proceden de idiomas más sintéticos; el inglés es el mejor ejemplo de ello, e incluso en el italiano una misma palabra puede significar cosas muy diferentes), por lo que siempre he considerado y defendido que deberíamos proteger y valorar esa cultura (como todas, pero especialmente la nuestra, porque, si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo hará?).

Y sin duda, una de las maneras más eficaces e importantes de hacerlo es evitando meter extranjerismos o palabras de lenguajes foráneos dentro del nuestro, pues es como eliminar o neutralizar un vocablo que ya existe y sustituirlo por otro innecesario, que ya tiene sus hablantes, mientras que el de nuestro idioma acabará por desaparecer, extinguirse. Existen múltiples ejemplos de ello, por ejemplo, la sustitución del castellano “vestíbulo” por el anglosajón “hall”… y así, otros muchos casos, que llegan hasta el punto de que muchas personas han olvidado el significado de la primera palabra y ya sólo conocen el de la segunda. Asombroso, extrañísimo, pero cierto… y si ello redundara en un mejor conocimiento de un idioma extranjero, aún se podría argüir un beneficio, pero la mayor parte de las personas que usan tales extranjerismos ni siquiera podrían mantener una conversación en el idioma de la palabra que usan (o siquiera señalar su origen).

No voy a meterme en banales y opinables gustos personales y fonético-lingüístico-estéticos sobre si una palabra es más bonita o si suena mejor en nuestro idioma; ni siquiera en debates sobre lo que se hace en otros países (el italiano, por ejemplo, incorpora vocablos extranjeros con una facilidad tan extrema como asombrosa… bien es cierto que en Italia existe muy poco interés y respeto por salvaguardar su riqueza lingüística, como prueba el mal trato dado a sus dialectos, que no forman parte de la educación oficial) o prejuicios chovinistas y nacionalistas; pero sí volveré la importancia de salvar nuestra propia lengua y conservar nuestra riqueza lingüística como un tesoro, el tesoro de todos, porque es maravilloso contar con palabras propias para todo, ha sido el trabajo que nuestros ascendientes culturales nos han legado y que nos corresponde a nosotros conservar y transmitir.

Hay muchas cosas que me gustan del español, por ejemplo, que sea tan preciso, lo que demuestra el hecho de que no existan sinónimos absolutos (todas las palabras tienen un uso concreto, un pequeño matiz diferencial que no las hace iguales), que verdaderamente, para cada cosa haya una definición. Por otro lado, no se puede decir que no sea un idioma adaptativo, puesto que, otro de sus puntos positivos (que algunos han señalado como negativos, pues consideran que es una manera de no querer aprender otro idioma… un absurdo, en mi opinión) es precisamente su capacidad para reajustar cualquier vocablo que no exista en el idioma, si es necesario, a la fonética castellana, de modo que acaba popularizándolo y volviéndolo también español (la palabra “garaje” es un buen ejemplo de ello). Sin embargo, como ya digo, de poder ser, creo que es mucho mejor utilizar palabras que ya existan en nuestro idioma.

Lógicamente, no siempre las conoceremos todas; pero por eso, es misión nuestra también indagar, averiguar que palabra se ajusta mejor (para ello, nada mejor que leer mucho) y tratar de usarla en nuestra vida cotidiana, tal vez alguna vez nos miren extrañados, pero pensad que podemos influir positivamente tanto en la gente, siendo ejemplo, como en la salud del lenguaje. Muchas veces, merece la pena recuperar palabras olvidadas, las cuales, una vez insufladas de nueva vida, todo el mundo suele reconocer su belleza.

En definitiva, que teniendo como tenemos, en nuestro Reino, lenguas tan bellas, y siendo como son, una gran herencia que hemos exportado a medio mundo, y de la que somos principales responsables, baluarte y cabeza visible, muy lógico es que las respetemos y que nos molestemos en su conservación y su buen estado… ¿no creéis?.

Finalizo proponiéndoos que comentéis, que palabras usamos cotidianamente, que son extranjeras y cuál es su equivalente correcto en vuestra lengua o lenguas maternas, ¡así podemos comenzar a ayudarnos entre nosotros a hablar mejor y recuperar el idioma!.

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Escribir para uno mismo versus escribir para los demás

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Es curioso, cuando Universo de A nació, nunca lo pensé para que fuera lo que más tarde se ha conocido como algo “viral”, y efectivamente, nunca lo ha sido (algo lógico, por otra parte, aborda temas muy concretos y además diseminados, sólo aptos para un público objetivo muy concreto, aquel interesado en la alta cultura, difícilmente podría ser un blog “popular” en todos los sentidos del término), ni yo lo he pretendido de ninguna manera (cierto, me he expandido a otros medios y utilizado redes sociales para darlo a conocer, pero jamás he dedicado tiempo, como hacen otros, a buscar seguidores, aumentar su número a cualquier precio… etc; de hecho, nunca ha sido un objetivo)… la prueba es que siempre he priorizado más escribir que otra cosa. Y no escribir lo que pueda ser popular o lo que veo que da resultado, sino lo que me da la auténtica gana, aquello que quiero realmente, sobre lo que estoy verdaderamente interesado.

En realidad, siempre lo dije, este blog lo he hecho más para mí que para los demás (y en realidad, es una herramienta muy útil a modo de archivo y recordatorio cuando lo necesito). Pero del mismo modo que digo esto, tampoco voy a negar que sé que lo que escribo lo leen otros y que sé que lo que publico es público, y me autoasigno una responsabilidad en ello; del mismo modo que, una vez publicado un artículo, no niego que desee que llegue a la mayor gente posible (bueno, depende del escrito… hay algunos que, para evitar problemas, casi deseas que lleguen sólo a las personas justas e indicadas).

Pero como no se pude decir que Universo de A sea un blog viral, tampoco se puede negar que en su más de una década de existencia ha conseguido tener una relevancia dentro de determinados círculos e incluso ser una referencia… no siempre con buenas o agradables consecuencias para este blog (como todos sabemos).

Sin embargo, lo que ha acabado siendo el blog, se acerca mucho a lo que concebí desde un principio: un lugar de paso. El típico lugar que se cruza en tu vida una vez porque necesitas algo y te hace un buen servicio; el cual, por supuesto, puede contar con unos cuántos parroquianos habituales (fieles seguidores y sobre todo, buenos comentaristas), pero que no es desagradablemente multitudinario o se ahoga en su propio éxito (aunque me he autoimpuesto reglas, jamás he querido ver este blog como una obligación, y en el momento en que lo haga o lo vea como una carga, muy probablemente desaparecería). Y la verdad, es que estoy contento con esta situación.

En ello me he reafirmado porque, cuando saboreas (aunque sea levemente) las mieles del éxito, del saber que lo que escribes tiene repercusión, algo que en el fondo, siempre deseas algo, pues para eso publicas en internet… de repente te asustas y das un paso atrás… ¿qué precio hay que pagar para ello? y lo que es más importante, ¿estás dispuesto a hacerlo?, ¿vas a adaptar tu estilo para contentar?, ¿vas a evitar decir cosas para no tener problemas?, ¿vas a publicar determinado tipo de artículos porque sabes que tienen más éxito?, ¿vas a seguir una serie de pasos para asegurarte del éxito del blog?… en definitiva, ¿para qué lo has creado, cuál es su objetivo final, real?; para ti, de verdad, ¿cuál es su auténtica función y finalidad?, ¿y hasta que punto estás dispuesto a llegar para alcanzarla?. Son preguntas que acaban surgiendo, y nuestras decisiones condicionan un resultado… y, al final, lo importante es estar satisfecho con este.

Tal vez he llegado a esa conclusión, ya no sólo por que era la concepción primera que tenía del blog, sino porque, además, durante su larga historia, ya desde sus comienzos, por aquí han pasado otros blogueros desesperados por obtener visibilidad (con el tiempo, uno aprende a reconocerlos a primera vista), y ya sé como acaba esa historia: todos acabaron profundamente quemados, y no resistieron el ritmo que exige mantener un producto virtual en lo alto (y, la verdad sea dicha, ninguno de ellos llegó mucho más lejos que el propio Universo de A con el tiempo, paradójicamente), ninguno de sus blogs pasó, como muchísimo, de los tres años de existencia (y eso, siendo optimista y generoso en la cuenta). Y es que, con razón, la de community manager es una profesión a tiempo completo, verdaderamente, no se puede estar promocionando y buscando seguidores continuamente, y a la vez, elaborar contenido, ya no de calidad, sino contenido a secas… y si no tienes esto último, ¿qué van a seguir tus nuevos fans?, pues eso, difícilmente, es un callejón sin salida en el que necesariamente tienes que acabar desbordado y agotado.

Tal vez yo nunca pasé por eso porque, me gusta más el hecho de crear contenido que el que llegue a las personas, expresarme sin más… vale, sin duda me preocuparía o me desagradaría tener cero visitas, pero tampoco necesito millones al día (es más cuando ha sucedido eso, o cuando un artículo destaca en exceso, especialmente si trata de algún tema polémico o de actualidad… reconozco que me preocupan las posibles repercusiones que pueda tener); porque, lo que yo verdaderamente disfruto es escribiendo para mí mismo, y, si además puedo ayudar o hacer felices a otras personas, pues mejor que mejor.

Además, este método a menudo sorprende, pues, como no buscas una fama rápida e inmediata por algo actual, tus escritos son longevos (y ese siempre ha sido uno de los objetivos del blog, tratar de escribir lo mínimo acerca de cosas efímeras que no perduren y que a los dos días hayan caducado), y puede pasar que no tengan gran éxito en el mismo momento de su publicación… pero que años después arrasen (creedme, pasa continuamente, y con los artículos más impensables).

Por otra parte, me atrevería a decir que, si bien cuando lo cree no era así, hoy día el formato blog está pasado de moda (lo cual a mí me importa muy poco, en su momento no lo hice porque lo hiciera todo el mundo, no voy a dejar de hacerlo años más tarde por eso mismo, ¿no?). A demasiada gente no le gusta leer, y si bien hace unos años internet era casi totalmente letras, hoy día, la cada vez mayor oferta y posibilidad de acceder a otros formatos ha cambiado mucho las cosas. Con razón, una vez me dijeron que debería hacerme Youtuber y que tendría mucho éxito… mi respuesta fue: ¿y qué hay del placer de escribir?. Nunca me he arrepentido ni cambiado de idea. Yo creo que eso me define totalmente como ente virtual (lo que no significa que, en un futuro, a lo mejor decido ampliar Universo de A a YouTube también, como lo he hecho a otras redes… pero seguirá siendo con un contenido coherente con el blog).

Y es que nunca me ha gustado esa idea de escribir para los demás, para otros seres que están al otro lado de otras pantallas, todos diferentes y con sus propias maneras de entender la vida, ¿por qué tengo que tratar de gustar a personas que ni siquiera conozco? ¡es un absurdo!, algunos, probablemente, en persona quizás ni siquiera me caerían bien…. Sin embargo, es inevitable, cuando sabes que lo que escribes tiene repercusión (y en determinados casos, lo sabes), que pueda surgir una, aunque sea ligera, autocensura o miedo a no contentar, a no satisfacer lo que esperan de ti o no decirles lo que les gustaría o quieren oír (aunque también te digo que siempre hay un roto para un descosido, por uno que te odie, surgirá otro que te adore). Y yo creo que ese es el punto clave que va a definir quién eres (a nivel virtual) y para qué haces las cosas. No digo yo que lo uno esté bien y lo otro mal, para nada me voy a meter en absurdas disquisiciones ético-morales internáuticas, sólo que cada uno debe decidir lo que quiere en realidad y lo que verdaderamente le hará feliz.

Y a mí me hace feliz crear, y esa es la realidad y auténtica finalidad de este blog… en realidad, no deja de maravillarme cuando lo que escribo tiene alguna repercusión porque, sinceramente, trato de pensar lo menos posible en ello y darle una importancia mínima. Puede que equivoque, pero creo que esa es la manera de mantener la auténtica esencia de este blog, Universo de A. Y además, así evitas decepciones si no tiene éxito.

Tampoco me he planteado nunca demasiado que el blog tuviera alguna salida profesional, es más, en ese campo, he pensado que más pudiera perjudicarme que beneficiarme… otra razón por la que es anónimo, para que no se meta en mi vida real… es como tener una curiosa vida secreta (una de mis comentaristas me solía apodar “Batman”, jajajaja, ¡es como ser un superhéroe que lucha contra los villanos que van contra el arte!, jajajaja), lo que también lo hace más emocionante, es mi secreto, todo se queda aquí: para mí, para Universo de A, y para quién pase por aquí; es más, nunca lo he difundido entre mis círculos, y son contadísimas, y muy de confianza, las personas que saben de su existencia… no sé, no me motiva que lo sepan las personas que conozco, ¿qué pueden aportar salvo visitas de cortesía, además de vacuos e innecesarios halagos?, un desconocido, para bien o para mal, siempre es más sincero (intencionadamente o no, lo quiera o no).

Por lo cual, y volviendo al título del artículo y origen de este, la verdad, escribiendo un blog uno no puede evitar escribir para los demás (consciente o subconscientemente), pues estás haciendo un contenido público; pero, paradójicamente, es mejor si piensas que escribes para ti mismo (al menos a mí me da mejor resultado) y te expresas con absoluta libertad, sin querer contentar a nadie (por eso este blog ha sido anónimo desde sus comienzos)… si luego lo que produces ayuda, da felicidad o proporciona algún tipo de beneficio a alguien; pues mejor que mejor; ¿sino? bueno, pues has disfrutado expresándote, porque el tiempo feliz, nunca es perdido y siempre está bien invertido.

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Cecilia Valdés

La victoria hispana

Cecilia Valdés

 

Sinopsis y ficha técnica

Comedia lírica en un prólogo, dos actos, un epílogo y una apoteosis
Duración aproximada: 1 hora y 45 minutos (sin pausa).

Música de GONZALO ROIG
Libreto de Agustín Rodríguez y José Sánchez-Arcilla,
basado en la novela Cecilia Valdés o la Loma del Ángel, de Cirilo Villaverde
Estrenada en el Teatro Martí de La Habana, el 26 de marzo de 1932
Nueva producción del Teatro de la Zarzuela
Edición de Evan Hause

Llega por primera vez Cecilia Valdés a Madrid. El director de escena de esta nueva producción, Carlos Wagner, nos recuerda que ahora todo es un estreno en el Teatro de la Zarzuela: ¡primera obra cubana y primera vez de Cecilia Valdés! Para Wagner la obra tiene «una parte muy divertida y entrañable» porque aquí están presentes «las fiestas, y también la vida cotidiana, tanto de la clase alta como la de la gente humilde en La Habana». Y, además, «abarca temas más serios, como el machismo de esa clase alta» y su actitud «ante el tema de la raza».
También es la primera vez que en este escenario se combina la escenografía de Rifail Ajdarpasic, el vestuario de Christophe Ouvrard, la iluminación de Fabrice Kebour o la coreografía de Nuria Castejón, lo que permitirá recrear una historia llena de fiesta, azúcar y esclavitud en la Cuba de los años 50.
Y esta heterogeneidad de temas y emociones se plasma también en la música: el director musical, Óliver Díaz, afirma que «Cecilia Valdés es una perfecta amalgama entre la gran tradición operística centroeuropea, la zarzuela y la música afrocubana. Gonzalo Roig es capaz de colorear e iluminar cada una de las acciones de la forma más sutil evidenciando los aspectos psicológicos de cada personaje con una maestría absoluta. Estamos ante una obra con un absoluto protagonismo musical, donde el arte denuncia, una vez más, las injusticias sociales arraigadas en lo más profundo de las civilizaciones».

Dirección musical
Óliver Díaz
Dirección de escena
Carlos Wagner
Escenografía
Rifail Ajdarpasic
Vestuario
Christophe Ouvrard
Iluminación
Fabrice Kebour
Coreografía
Nuria Castejón
Reparto
Cecilia Valdés ELIZABETH CABALLERO (días 24, 26, 30, 1, 5, 7 y 9) / ELAINE ÁLVAREZ (días 25, 29, 31, 2, 6 y 8); Leonardo Gamboa MARTÍN NUSSPAUMER (días 24, 26, 30, 1, 5, 7 y 9) / ENRIQUE FERRER (días 25, 29, 31, 2, 6 y 8); José Dolores Pimenta HOMERO PÉREZ-MIRANDA (días 24, 26, 30, 1, 5, 7 y 9) / ELEOMAR CUELLO (días 25, 29, 31, 2, 6 y 8); Dolores Santa Cruz LINDA MIRABAL; Isabel CRISTINA FAUS; Un negro/esclavo YUSNIEL ESTRADA; LILIÁN PALLARES, AMPARO DEPESTRE, PALOMA CÓRDOBA, ROSARIO BEHOLI, OLGA MORENO, ALBERTO VÁZQUEZ, EDUARDO CARRANZA, ISABEL CÁMARA, JUAN MATUTE, ILEANA WILSON, NACHO ALMEIDA, DAYANA CONTRERAS, GIRALDO MOISÉS DE CÁRDENAS, GEORBIS MARTÍNEZ.
Bailarines
Dairi Brown, Amara Carmona, Alejandro Colás, Malvin Montero, Olga Moreno, Karel H. Neninger, Diana María Nkogo, Nelson Pará, Eunate Quesague, Michel Regueira, Carla Rodoli
Orquesta de la Comunidad de Madrid
Titular del Teatro de La Zarzuela
Coro Titular del Teatro de La Zarzuela
Director:
Antonio Fauró

24, 25, 26, 29, 30 y 31 de enero; 1, 2, 5, 6, 7, 8 y 9 de febrero de 2020
20:00 horas (domingos, a las 18:00 horas)

 

Comentario previo

Aunque no me considero nacionalista de nada en absoluto, o al menos no en el sentido habitual que suele dársele a la palabra (los nacionalistas de cualquier bando siempre tienden a crear diferencias, barreras, muros; gustan de recalcar -aunque sea disimuladamente- aquello que les hace mejores o incluso superiores a los demás, lo que les da, por tanto, derecho a rechazarlos o, como mínimo, a orillarlos o discriminarlos), una de las cosas que más me gusta de ser español, es todos los lazos y relaciones históricas que hemos creado (acerca de estas cuestiones, y mi opinión sobre ellas, recomiendo la lectura de este artículo), con los más variados lugares del planeta tierra, lo que, al menos a mí, me produce un gran sentido de hermanamiento con otros pueblos (durante un tiempo viví en Nápoles, y siempre destaco lo en casa que me sentía allí, debido a nuestra historia y cultura común, pero, sin embargo, pues no es en absoluto incompatible, respetando, valorando y apreciando nuestras diferencias y particularidades)… sin embargo, la realidad me demuestra, que esto no es siempre compartido.

Así pues, si yo abogase por algún tipo de nacionalismo (o si yo me puedo calificar de algún modo como tal), sólo sería por aquel que se centrase en aquello que nos une, en aquel que nos hermana, traza similitudes, en aquel que valora la riqueza cultural como parte de un todo, el que crea paralelismos, el que recuerda motivos, razones, hechos o personajes históricos por los cuales una vez fuimos uno, estuvimos unidos, no existían diferencias entre nosotros… por un nacionalismo que hablaría, no de grandes imperios en el sentido de potencias dominadoras en plan yo mando y tu obedeces, yo tengo todo esto y tú no, que celebran guerras, batallas y muerte, sino de imperios humanos en los que todos teníamos, o tenemos, en común el saber que pertenecemos a un todo, que no existen fronteras, que uno puede ir a cualquier otro sitio y que, aunque no necesariamente reconozca o entienda todo lo que ve a primera vista (ni siquiera la lengua) pueda sentirse como en casa… quizás eso sea ser ciudadano del mundo, o nacionalista terraqueo, plus ultra… o vete tú a saber. No sé, lo que sí tengo claro, es que yo cuando veo en las versiones ampliadas del blasón real, y veo incluido el escudo del Reino de las dos Sicilias, no pienso en que España poseía, era dueña de media Italia, muy por el contrario, pienso en toda la influencia mutua que ejercimos: en el idioma, el arte… y sobre todo, pienso en todo lo que aún queda de eso… puede que el Reino de Nápoles ya no pertenezca a la Corona española, pero España aún está allí muy presente (caminad sino por la principal Via Toledo), y Nápoles, también sigue estando en España (vamos a ver, sino, el Palacio Real de Madrid)… y lo mismo se puede decir del resto de los lugares dónde la Corona española dejó su rastro como potencia (no me extenderé en hablar de lo que estuvo mejor o peor, pues ya dediqué un artículo a ese tema en su momento).

Por eso, me apena (en el sentido ibérico y también el americano de la palabra) mucho, me da rabia, cuando hay tantas personas que no lo ven así y prefieren quedarse con una visión fanática y trasnochada de otras épocas, otros siglos (pues lo símbolos están para ser reinterpretados)… al fin y al cabo, no debemos olvidarnos que la base de todos los nacionalismos iberoamericanos está en el odio a la que antes fue la Madre Patria, y es lógico, era necesario crear tal cosa para legitimar y hacer creíble, o siquiera necesaria, una independencia: utilizaron el truco más viejo, habitual y rancio de todos los nacionalismos (la letra de sus himnos nacionales no deja lugar a dudas), sin embargo, para bien y para mal, ¿no son lo que son gracias a España?, y cuando deciden emigrar, ¿a dónde, con lógica, deciden hacerlo, aunque, desgraciadamente, y no necesariamente, la Madre Patria tenga siempre los recursos que esperan y necesitan?. Sí, puede que Iberoamérica sea independiente de la metropoli (aunque puede que no falte quien se cuestione si ello ha sido para mejor), pero está tan claro que España se ha quedado allí, como que América también permanece aquí, nunca hemos dejado, y posiblemente no dejaremos, de ser uno; porque “Cecilia Valdés” se publicó en la Capitanía general de Cuba, parte de la Corona española; pero se sigue representando en la Cuba independiente de hoy, y ahora, también en España; demostrando que las palabras “iberoamérica” o “hispanoamérica” (directamente ligadas con España) ni son palabras genéricas, ni han perdido en absoluto su significado real y original.

En definitiva, y estableciendo una comparación histórica (tal vez algo lejana) puede que Grecia sucumbiera ante la fuerza militar de Roma, pero los bárbaros y barbudos romanos, volvieron a su capital como civilizados y afeitados helenos, y además difundieron esta cultura… así pues, ¿quién venció a quién al final?, ¿de quién fue la auténtica victoria final? (muy especialmente cuando estudiamos la cultura romana)… y dejándose de analogías, para volver al tema que trataba: ¿qué estilo de vida adoptaron rápidamente en los países que quedaron bajo la influencia de la Corona española, renunciando con asombrosa facilidad a lo anterior?, ¿cuánto tiempo (que hay que contar siempre, como mínimo, en siglos) permanecieron, fielmente, con una potencia lejanísima, extenuada, con frentes abiertos por doquier, y sin fuerzas para mantener un territorio tan extenso y disperso como imposible y utópico? (sólo en América, casi un continente al completo); y si vamos al hoy, ¿qué lengua siguen hablando?, ¿si contemplamos sus monumentos, de qué época proceden mayoritariamente?, ¿de quién descienden, cuáles son sus apellidos?, o, tal y como los romanos acabaron combinando dioses griegos y de otras naciones (pues la historia ha demostrado que los imperios más permeables son los que mejor subsisten, o al menos durante más tiempo… y en eso la Monarquía española puede dar una lección maestra), ¿no es igualmente cierto que la cultura americana originaria se ha combinado, mezclado, creado un mestizaje propio, del que la cultura española es una parte muy importante? (básicamente porque esta misma lo permitió y fomentó), y por tanto, llegados a este punto, ¿no es cierto, por tanto, que sus nacionalismos se basan, indirectamente, en una falsedad, pues lo español es intrínseco e inevitable a la cultura que acabaron por crear, y que por tanto, las razones que nos separan no son culturales sino políticas? (como desgraciadamente suele suceder en el caso de los nacionalismos radicales, que sólo utilizan la cultura como instrumento y no como aprendizaje).

Quiero creer, además, que el Teatro de la Zarzuela, me da la razón en lo anteriormente dicho; pues, nuevamente, su acertada apuesta, en esta ocasión, por el diálogo ultramarino, es todo un hallazgo. Dice el tópico que la zarzuela es un género madrileño; sin embargo, pocos o ningún otro género nacional de todo el mundo ha conseguido sincretizar tan maestramente la variedad regional de un país; también dice el tópico que es el género español por excelencia… bueno, pues tal vez haga falta que un americano (el director de la institución, Daniel Bianco, argentino de nacimiento pero cuya carrera profesional se ha desarrollado mayoritariamente en España) venga a descubrirnos (al igual que los españoles descubrimos el nuevo mundo), que tal vez el género ya no necesariamente sea español (aunque naciera como tal, en el Palacio de la Zarzuela, y como el propio descubrimiento de América, patrocinado por la monarquía española), sino hispano, y que, nuevamente, se reentable el diálogo ultramarino (un diálogo, como siempre fue, en pie de igualdad, pues España jamás habló de colonias, sus territorios eran tan parte del país, de la Corona, como lo podía ser Galicia, Andalucía o Nápoles), y que, además esto se haga, de la manera más hermosa posible, mediante la cultura, mediante el arte.

En definitiva, el Teatro de la Zarzuela ya ha demostrado en más de una ocasión ser una institución utilísima, pleno ejemplo paradigmático del porqué es necesario un teatro público (a pesar de que, efectivamente, a veces tenga sus tropiezos y sus escándalos, no podemos negarlo ni vamos a hacer aquí una hagiografía… ¿pero quién, que sea humano, no los tiene?), lugar que combina instrucción y entretenimiento a partes iguales; y ahora, se entrega, o al menos abre la puerta, a un nuevo proyecto igualmente interesante y que va en plena sintonia con su esencia… ánimo con ello, desde luego desde “Universo de A”, se le expresa el máximo apoyo.

Por su parte, el programa de mano es genial, verdaderamente una adquisición que merece la pena, sobre todo gracias al excelentísimo artículo de Enrique Mejías García, que trata, de forma rigurosa pero a la vez sencilla, prácticamente toda la historia del género de la zarzuela, creando los correspondientes paralelismos entre lo que pasaba en la España peninsular y en la de ultramar, y dándonos una visión completísima de esta obra y del propio género prácticamente a nivel mundial… en definitiva, verdaderamente un artículo maestro, brillante y digno de aplauso. El resto, pues lo habitual, discursetes de los típicos miembros del reparto técnico, más bien torpes y vacuos que, no dejan de demostrar, que quizás con demasiada frecuencia, las cosas las llevan a la práctica aquellos que ni siquiera dominan la teoría… y luego el resultado es el que es, claro está, como iba a ser de otro modo si ya sabíamos lo que había.

Respecto a la atención al público, es tan excelente, encantadora y familiar como siempre cabe esperar… un gustazo vamos, ¡es como salir de casa para entrar en tu otra casa! (o al menos en la de un familiar cercano).

Y dicho todo esto, ya sólo queda ponerse con la, propiamente dicha…

 

Crítica

Lo primero que debe tener en cuenta el público español a la hora de ver esta zarzuela, más que nada para evitar sustos y disgustos innecesarios, es que la obra original en la que se basa fue escrita por un independentista cubano (hay quien podría pensar, teniendo en cuenta lo que sucede en Cataluña, si es el momento de estrenarla) , y por tanto, parte de, y usa, determinados tópicos, estereotipos y exageraciones, además de tener cierto toque propagandista (sobre todas estas cuestiones, y para suavizar la aversión que pueda dar, ruego leer el comentario previo anterior a esta crítica)… no obstante, a la obra final que vemos, no se le pueden negar unos valores universales, que la convierten en una muy posible obra maestra. Tampoco está de más avisar, lo que casi seguro acabará por producir abucheos y silbidos (como no es la primera vez que pasa en estos casos), que en determinado momento del espectáculo, el director de escena ha decidido el intercambio/combinación/alternancia de una famosa Virgen de la isla (icono cristiano) con un dios de origen africano (icono pagano), con su consecuente interpretación en la que prefiero no entrar y que, en todo caso, me parece innecesaria existiendo tantos otros símbolos posibles para hablar de simbiosis y sincretismo cultural (del cual hablo con detalle en el comentario previo).

Por lo demás, y aunque el argumento original no se pueda calificar, en general y en su desarrollo, como el colmo de la originalidad, además de que está más que claro que ha sido elevada a obra maestra nacional por ser una de las primeras obras que describe con detalle Cuba, sus gentes y modo de vida; también es cierto que sí aporta cosas y temáticas muy interesantes, y que sin duda nos da un reflejo de aquella américa española de otros tiempos, más o menos desvaído y desde una perspectiva muy enfocada, cierto, pero, no obstante, un reflejo fascinante.

En cualquier caso, al texto teatral que finalmente contemplamos no se le puede negar efectividad, fuerza y dramatismo; reúne todo lo que necesita: te cuenta una historia interesante y además te la sabe contar bien… no se necesita más. Qué tiene un punto, muy buscado, de gran drama y epopeya-espejo nacional, sí, es verdad, ¿pero a quién le importa mientras funcione teatralmente? (además, el material de partida es el que es).

A esto se le suma una maravillosa música, pues si bien, la zarzuela peninsular nunca ha sido ajena a los ritmos americanos, la música de Roig, aunque guarda un indudable peso europeo, también consigue dar la vuelta a todo esto e introducir todo el punto latino, de pleno y sin disimulo, en esta maravillosa zarzuela hispanoamericana (palabra que se puede usar con toda razón, pues suena tan española como cubana); así, si en España se interpretaban los ritmos latinos y se europeizaban para hacerlos más accesibles; ahora Cuba hace lo contrario, latiniza lo europeo y crea otro ritmo nuevo… lo dicho, esta música es un magnífico ejemplo de diálogo ultramarino hispanoamericano.

Con todo, es incuestionable que la fuerza de los ritmos de esta zarzuela, su toque fuertemente latino, provoca algo muy poco habitual en la música europea, y es que, durante la función, la música, alternativamente, habla al cuerpo y al espíritu, de modo que, en el primer caso, te entran ganas de levantarte de la butaca y ponerte a bailar, y en el segundo (lo habitual, aquello a lo que estamos acostumbrados) de deleitarte con el oído por la belleza de la melodía.

En definitiva “Cecilia Valdés”, se tenga la oportunidad de ver esta producción concreta o no, es una obra que se debe tener muy en cuenta y que todo amante del género zarzuelístico (y si me apuras, la mayor parte de los melómanos también) debería degustar alguna vez en su vida.

Respecto al apartado técnico de esta producción, la dirección de escena de Carlos Wagner es sumamente torpe (y con todo, no consigue hundir la obra debido a su calidad), y aunque consigue mantener una cierta belleza estética y aires exóticos, lo cierto es que todas esas virtudes se caen en poco tiempo: los homenajes al cine mudo, aunque pretenden poner en claro la historia, la desvelan demasiado, no permitiendo la sorpresa y sacudida emocional del público al realizar determinados descubrimientos dramáticos; los movimientos en escena son en su mayoría falsos, liosos o poco afortunados; y, para colmo, la escenografía, que al principio gusta y fascina, no mucho después, acaba por resultar anodina de tanto tenerla delante, sin mencionar, que de ningún modo consigue hacer que nos creamos (más bien tratamos de adivinar) los cambios de espacio narrativo que plantea con las subidas y bajadas de determinados elementos escénicos, produciendo la consiguiente confusión en el espectador; si a eso le sumamos un vestuario reciclado que ya estamos más que hartos de ver… pues imagínate (una vez más, para variar, la historia se desarrolla en los 50 o 60 del pasado siglo… no sé de quién será la culpa, o qué pasa, si es que el teatro no da dinero para vestuario o todos los directores de escena están obsesionados con esa época, pero, lo cierto es que, desgraciadamente, y da igual qué obra se escenifique en este coliseo, ya sea de época barroca, del XIX, del XX o de cualquier momento, e independientemente dónde se situe la acción dramática, al final, la puesta en escena siempre se desarrolla, cansinamente, a mediados del siglo XX… qué aburrimiento por Dios).

Con todo, y a pesar de todo, reconozco que el resultado final de la puesta en escena tiene un cierto valor estético y, que al menos, no es demasiado estorbo para apreciar la obra original (como demasiado a menudo pasa).

El diseño de iluminación, por su parte, hace auténticos hallazgos, muy especialmente en determinados momentos, transformado la sala del teatro en un auténtico paraje tropical.

La coreografía cumple su función, pero no demuestra talento, organicidad ni naturalidad… simplemente está ahí. No se revela como inteligente o tiene buenas ideas para combinar el movimiento y la parte física de ambas culturas… y es una pena, pues debido a las características del proyecto, suponía toda una oportunidad profesional para crear algo nuevo o al menos digno de ser recordado, pero, no ha sido posible.

En lo que respecta a la orquesta, bajo la dirección musical de Óliver Díaz, aunque incuestionablemente hacen muy bien su parte, del mismo modo también está fuera de cuestión que lo hace de modo egoísta, ignorando lo que pasa encima del escenario, van por libre… sí, la orquesta suena maravillosa, y el director ovetense verdaderamente consigue captar y expresar la fuerza y pasión de los ritmos latinos… pero no lo hace al servicio de la historia, sino de la música (o de sí mismo), no narra, da un concierto, parece que dirige una suite de “Cecilia Valdés”; la mejor prueba de todo ello es que la orquesta, en los escasos momentos en los que debería de estar funcionando como banda sonora de fondo para los diálogos, se enfrenta a ellos y los tapa con todo descaro, como reivindicado su presencia y exigiendo la atención del espectador, forzandole a elegir entre la música o la historia; cosa que, en teatro musical, es del todo punto inadmisible.

Gran trabajo por parte del coro.

Respecto al reparto artístico (yo vi el primero y de ese hablo) creo que pudo haber sido mejor elegido, así, aunque hay cubanos, me faltan más… veía demasiados españoles, o, peor, demasiados acentos neutros o castellanos y sin los modismos típicos de la isla (lo cual, a veces, llega a resultar un tanto ridículo); y, en cualquier caso, aunque vi buenos cantantes, no vi a ningún buen actor sobre la escena (crítica que es especialmente despiadada cuando, efectivamente, no todos eran cantantes), tampoco es todo culpa suya, como ya he dicho, la dirección de escena de Carlos Wagner no se lo facilita nada y les está poniendo zancadillas continuas a la hora de hacer verosímil o de naturalizar cualquier acción. Por lo demás, en mi función, los más aplaudidos fueron los protagonistas.

En definitiva, no falta quien califica el estreno de “Cecilia Valdés” como hecho histórico… y no me gustaría que fuese así, pues un hecho histórico es algo excepcional y aislado, y yo espero y deseo que esto sea el comienzo de algo (que ya he descrito ampliamente párrafos arriba)… sea como sea, sin duda alguna, “Cecilia Valdés” es una de las excepcionalidades de la cartelera teatral madrileña en este momento, un imprescindible para todo melómano y para todo aquel con un mínimo de inquietud cultural o que, simplemente, quiera disfrutar de una velada con calidad en el teatro.

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ACTUALIZACIÓN: La temporada de exposiciones de otoño-invierno de 2019-2020 en Madrid

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Cosas que me fascinan

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Todos tenemos nuestros intereses particulares, nuestras manías o cosas que nos fascinan sin saber necesariamente muy bien porqué (bueno, en realidad, mucha gente ni siquiera es consciente, se conoce lo suficientemente bien, o quiere reconocer que tiene una fijación concreta con algo), todo lo cual, de algún modo, ayuda a configurar nuestra personalidad y gustos.

A continuación, comento algunas de las mías, que he acabado por reconocer, porque son características que puedo encontrar en muchas cosas que me gustan y que, no sería arriesgado decir que bien podrían definir porque me agradan o ayudan a que eso sea así.

Por otra parte, como es lógico (y como es todo el blog) este artículo es permanentemente ampliable, especialmente cuando vaya cayendo en otras cosas que me fascinen o con las que tenga fijación y de las que me dé cuenta:

 

-El decadentismo

O como siempre me ha fascinado el concepto de la decadencia… no sé bien porqué (siempre es difícil saberlo), tal vez por el romanticismo y belleza que tienen las ruinas de algo que quedó atrás, o tal vez por la perfecta consciencia de que, para decaer, siempre hay que llegar a un punto álgido, y es que sólo se habla de decadencia cuando se ha llegado a lo más alto, lo cual siempre tiene un innegable mérito.

Tal vez esta fascinación también tiene mucho que ver con el tan humano y desesperado deseo de inmortalidad, y de evitar ver lo efímero que es todo, que cada cosa tiene un tiempo marcado inevitable. Sí, porque la decadencia implica ser consciente de que algo que aparentemente ha existido siempre (o nos ha acompañado durante toda nuestra vida), que parecía que duraría eternamente, de repente se descubre como una invención mortal, y por tanto, también sujeta a sus mismas limitaciones… y la decadencia siempre son los últimos coletazos (más o menos gloriosos) de algo, es una muerte lenta (no hay decadentismos rápidos) y a menudo dolorosa, una agonía larga… lo que implica el valor de resistir, el intentar sobreponerse, la pretensión de supervivencia, algo que siempre es muy valorable, y resulta admirable incluso (o especialmente) cuando todo está perdido… en cualquier caso, tiene un gran romanticismo.

O quizás mi fijación con este tema pueda tener que ver con que la decadencia siempre implica nostalgia, que no es un recuerdo verdadero, sino idealizado, de un tiempo que jamás volverá, y como eso no va a suceder, puede soñarse con gusto y libre albedrío, pues no existe una realidad implacable para contrastar, es decir, uno puede quedarse alegremente con lo bueno y olvidar lo malo (es decir, no recordar cuales fueron las auténticas causas de esa decadencia, que a menudo fueron justificadas).

En todo caso, me he dado cuenta de mi interés por este tema porque, durante toda mi vida, cuando veía algo bello o sabía de una institución, clase social, forma de estado histórica… etc, que había sido muy importante o poderosa, y a pesar de todo ello, había desaparecido, siempre me preguntaba: ¿por qué terminó?, ¿cómo pudo desaparecer algo así?, ¿cómo pudo ser que algo que había sido tan grande, que aparentemente funcionaba, terminara desapareciendo?… en realidad, si lo pienso, siempre me han fascinado más las decadencias que los ascensos y los momentos de gloria… estos dos últimos son relativamente predecibles y les falta el encanto de un verdadero drama, que los momentos de declive siempre poseen… tal vez ese sea otro de las razones por las que el decadentismo me fascina.

 

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-La dualidad

Es decir, la capacidad de un mismo ente de ser dos cosas al mismo tiempo, preferiblemente (y casi siempre), absolutamente opuestas o contrarias (ejemplos: los ángeles -son un mismo ser, con la misma composición… pero sólo pueden ser la bondad o la maldad absoluta-; el dios hinduista Shiva -con la capacidad de la creación, pero también la de la destrucción; su danza es lo más hermoso que se pueda ver jamás… pero si la concluye, destruye el mundo).

¿Cómo es posible que un mismo ser sea, al mismo tiempo, dos cosas diametralmente opuestas?, sin embargo, puede suceder y ello le da una especial interés a su personalidad (si lo analizáramos desde un punto de vista narrativo, sería un personaje especialmente rico por la cantidad de aristas y contradicciones que produciría); lo cierto es que las personas más normales son capaces de los actos más extraordinarios; y tantas veces somos sorprendidos (generalmente para mal) por personas que realizan cosas que nunca les hubiésemos imaginado….

Pero eso anterior es más bien lo vulgar, a mí me fascina más cuando se trata de algo no humano (incluso una ciudad, que sea a la vez opulenta y decadente, o bella y a la vez terrible… como Nápoles), cuando un mismo ser reúne unas características que por su naturaleza no debieran darse en la misma cosa, ser capaz de lo uno, pero también de lo otro, con la misma, sorprendente y paradójica facilidad.

Tal vez esto me fascina porque yo mismo soy una persona contradictoria (y eso siempre implica un cierto grado de dualidad): con ideas conservadoras y otras progresistas, metódico pero a la vez muy libre, caótico pero sumamente organizado… y todo ello mezclado, hábilmente… o tal vez lo que pasa con estas fascinaciones, es que intentamos explicar lo que hay en nuestro interior, por medio de las cosas que vemos en el exterior, ¿quién lo sabe?.

O tal vez me interese esta cuestión por lo ya mencionado, el importante componente narrativo y dramático que siempre poseerá la dualidad, pues es capaz de crear personajes realmente complejos e interesantes.

 

-Lo enigmático

Aquí he de hacer una diferencia, como persona me encanta ser enigmático, me divierte muchísimo jugar a ser misterioso aún sin razones para ello (lo que coloquialmente se suele entender como “hacerse el interesante”, aunque no exactamente, puesto que para eso hay que tener un objetivo claro, cosa que yo no tengo) hasta puntos increíbles (quizás también, porque es una manera de estar más protegido, para que mentir), disfruto muchísimo jugando, utilizando el condicional, usando el “podría ser… pero también podría ser esto otro”… prueba de ello es también este blog.

Puede que esto forme parte de mi personalidad desde siempre… o puede que lo haya aprendido en los muchos años que pasé en Galicia (donde la indefinición y la ambigüedad es una característica común)… o volviendo a las teorías narrativas, tal vez sea porque, un personaje o un argumento que es totalmente claro y cristalino, carece total y absolutamente de interés.

Ahora bien, si me gusta lo enigmático en mí mismo (lo que no significa en absoluto que no sea honesto y sincero)… ¡no lo soporto en los otros! (quizás me lo tomo como un privilegio y prebenda personal), a los que siempre les exijo las cosas claras y el chocolate espeso, pues siempre tengo la necesidad de saber qué es exactamente lo que piensan, sienten de verdad… y en definitiva, que les pasa realmente por la cabeza.

Pero en lo anterior, existe la notoria excepción del arte y la historia, dónde la leyenda, el misterio, y la pregunta abierta del que pudo pasar, o las varias posibilidades del cómo pudo haber sido, siempre me fascinan y las exploro todas una por una. En este caso, las probabilidades abiertas, me resultan sumamente interesantes, puesto que te dan la libertad de completar la historia más a tu gusto, pues el enigma permite una libertad que la verdad, siempre absoluta e implacable, no deja… quizás precisamente por ello, yo, una persona libre por naturaleza, me siento más cómodo con lo enigmático, que siempre da más permisividades

 

En fin, ¡tal vez coincidáis conmigo en alguna de mis fascinaciones!, en cualquier caso, no dudéis en comentar cuales son vuestros intereses, manías y fijaciones varias (recordad en cualquier caso que no hablo de simples gustos, hablo de algo más profundo, lo que se podría calificar como el origen de los gustos)… pensadlo un poco, que seguro que las tenéis, ¡y el autoconocimiento siempre es interesante y una ayuda!… de hecho, puede que hagáis un descubrimiento inesperado ahora mismo… pero al tema, ¿qué fascinaciones permanentes albergáis en el fondo de vuestro ser?.

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