ACTUALIZACIÓN: La temporada de exposiciones de otoño-invierno de 2018-2019 en Madrid

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Teatro Monumental / orquesta y coro de RTVE: temporada 2018/2019

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Este es uno de mis artículos recopilatorios que se van actualizando continuamente a medida que se van sucediendo los conciertos y va pasando el tiempo. Por tanto, todas las críticas de estos (desde ahora hasta el final de la temporada en mayo) serán publicadas aquí. Aquellos que sean seguidores del blog a través de este mismo o de sus redes sociales, serán informados a través de las habituales actualizaciones creadas ex profeso; quienes no, deberán consultar a menudo este artículo para enterarse de sí merece la pena ir o no al espectáculo en cartel de este teatro.

Como siempre, los conciertos más recientes estarán más pegados a estas líneas, y los más antiguos irán bajando.

 

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Tras más de un año (y aún así ha sido menos tiempo del que esperaba, puesto que, cuando se anuncia que hay que hacer reformas y que hay que cerrar, ya te esperas obras de 10 años por lo menos) con el Teatro monumental cerrado (en el cual no se aprecia ningún cambio significativo -ni de ningún otro tipo- tras tanto tiempo clausurado), y con la orquesta y coro de RTVE dando tumbos entre el auditorio del Escorial y el Nacional, además de perdiendo abonados a porrillo (tiene lógica, el cierre del teatro, en pleno centro de Madrid, en la frontera del barrio de las letras, fue de lo más repentina… y para colmo, no se trasladaron a otra sala aquí en la capital… ¡sino al Escorial!, lógicamente, se vieron obligados a devolver el dinero a muchos abonados que no podían, no querían o no les merecía la pena desplazarse)… por fin (y quizás por eso las obras se han apurado tanto, y no se nota diferencia con cómo estaba antes), el Monumental recupera su vida cultural habitual, y, según la programación, así volverá a seguir indefinidamente.

En lo que se refiere a la programación mencionada, pues la verdad, para su vuelta a Madrid, no la han preparado muy atractiva, pues está plagada de música contemporánea, mucha de ella de difícil audición, lo que probablemente no guste a los habituales aficionados de este teatro que prefieren la clásica. Yo personalmente, reconozco que sólo tengo un concierto decidido como obligatorio para ir, y, otros muchos, marcados con una interrogante… de lo cual se deduce, que la programación no ha conseguido entusiasmarme. En fin, ya veremos, a lo mejor consiguen hacerme cambiar de idea.

 

En cualquier caso, esto es lo que he visto hasta ahora:

 

14 y 15 de febrero: antes de nada, quiero decir que encontré el trato al público en las taquillas es verdaderamente nefasto e intolerable. Dicho esto, prosigo con la crítica:

Sin duda alguna, mi retorno al Monumental ha sido totalmente triunfal, no he podido escoger mejor el programa ni a propósito.

La sinfonía 1 de Bizet, aunque tal vez no suena muy bien el que sea una obra de juventud (de mucha juventud, la compuso cuando estudiaba en el conservatorio), cuando la escuchas ves como efectivamente, hay gente que está predestinada al triunfo y que su talento brilla por sí solo, ¡madre mía qué maravilla!, era sublime, y realmente apunta el estilo y el futuro brillante del compositor francés. No mentiré, para mí esta obra era la “telonera” de la siguiente, que era en la que estaba verdaderamente interesado, pero la verdad, resultó una sorpresa extremadamente positiva y descubrí que merecía su sitio en el programa (y en cualquier otro) con todo mérito.

El Te Deum de Berlioz era la obra en la que yo estaba más interesado, y efectivamente, sonó magnífico. Además es una música sacra sumamente interesante, puesto que no se escuchan tan a menudo como deberían (estamos muy acostumbrados a oír misas e incluso oratorios, pero Te Deums no es nada habitual), por lo que, verdaderamente la orquesta y coro de RTVE ha hecho muy bien programándolo. Así pues, no sólo es una obra magnífica a disfrutar para los melómanos, sino una gran oportunidad para los amantes de la cultura.

En ambas obras, la orquesta y el coro (que sólo intervino en la segunda), estuvieron absolutamente brillantes, deslumbrantes y estupendos. Sin duda fue porque estaban muy bien guiados por Kazuki Yamada, director musical japonés que ha conseguido unos resultados más que sublimes de la formación musical española. El único que no me gustó fue François Piolino en su brevísima intervención, su voz sonaba desagradablemente forzada, parecía como si estuviera tratando de sacársela con alicates y aún así, esta se negaba a salir, verdaderamente horroroso.

En definitiva, una de esas veladas musicales que recuerdas durante mucho tiempo y que todos aquellos amantes de la música desean vivir cada vez que entras en una sala de conciertos… y no creo que se pueda hacer mejor crítica que esta.

 

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MEMORÁNDUM: Vergüenza en España

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Hago uso por primera vez del recién inaugurado sistema de “memorándum” por un motivo triste… y es ver lo poco que hemos evolucionado en algunos aspectos (ya decía yo que la gente no cambia). El artículo enlazado arriba (“Vergüenza en España”) fue publicado hace más de diez años, y, si uno lo lee, puede ver que perfectamente podría haber sido publicado ayer o incluso hoy mismo. Una desgracia.

 

Relacionado con todo lo anterior, además, tal y como decía el último artículo publicado (cuando me refería al material exclusivo), y debido a que considero que es de máxima importancia darle relevancia como publicación general del blog (y que por tanto aparezca en todas las redes sociales), transcribo aquí este hilo que escribí sólo para Twitter:

 

“Hilo que enumera las peligrosas y evidentes similitudes del independentismo/separatismo catalán con el nazismo previo a la segunda guerra mundial (dicho de otro modo, todos los nacionalismos radicales vienen a ser lo mismo):

-Líderes en la cárcel.

-Racismo que diferencia entre quienes son nacionales y quienes no.

-Política de odio y de creación de un enemigo común.

-Victimismo.

-Exaltación de un Nacionalismo extremo.

-Emocionalidad por encima de racionalidad; no hay argumentación fundada, sólo verdades absolutas. Fanatismo. Visión de blanco y negro, no hay grises.

-Discurso sofista, populista y demagógico, no apegado a la realidad sino a la promesa de un futuro irreal, imposible y utópico.

-Manipulación política. Sabotaje del sistema de la democracia usando sus propios medios.

-Rediseño y adulteración de la cultura o historia. Adoctrinamiento educativo.

-Uso de símbolos que creen distinciones entre los ciudadanos, quién está “con nosotros” (y por tanto, con “el bien”, con la buena causa) y quién no.

-Falsas justificaciónes internacionales, fingiendo adaptarse a lo “bien visto” o dando la imagen de ello.

-Expansionismo.

-Agresiones, violencia física o psicológica contra todo aquel que se oponga.

-Creación o modificación de instituciones paralelas y opuestas al estado.

La respuesta de los españoles debe ser la misma que la de los aliados, hacer la diferencia: existen los catalanes… y luego están los independentistas; del mismo modo que existían los alemanes y luego estaban los nazis, no hay que confundirse. Es la mejor manera de deslegitimar a los separatistas y así desengañar a Cataluña, y que vea quién sólo se aprovecha de ella y no lucha por sus intereses.

Y como no, Podemos, en el bando totalitarista, porque será que no me extraña…”

 

No quiero terminar este memorándum (que normalmente no serán tan extensos, será el enlace y basta) sin citar al periodista Gaston Routier:

 

“El acontecimiento del día (acontecimiento político se entiende), son los incidentes de Barcelona. La capital catalana da mucho que hablar desde hace dos años y no desperdicia ocasión para testimoniar un estado de inquietud hacia la madre patria. Los catalanes son y se proclaman separatistas, lo que supone una torpeza por su parte, porque no se concibe bien, a decir verdad, qué papel jugaría Cataluña en el mundo si fuera abandonada a sus propias fuerzas.

(…) La asamblea compuesta por la élite del pueblo catalán que asistía a esta fiesta pacífica y literaria ha creído su deber silbar a la bandera española. Sí, habéis leído bien: silbar la bandera española.

Es inaudito. ¡Os imagináis, vosotros franceses, marselleses o bordeleses, silbando la bandera francesa! Jamás semejante monstruosidad, semejante crimen podría cometerse impunemente en Marsella, Burdeos, o en cualquier otro lugar de nuestro territorio.

Lamento que los catalanes hayan llegado a esta locura (…) Cataluña ha sido hasta el día de hoy tratada como la niña mimada de España; se le ha dado todo y poco se le ha pedido. Comprendo la indignación de todos los españoles cuando ven que los catalanes silban la bandera de la patria, bandera que es tanto de Cataluña como del resto de España.

¡Querer alentar el separatismo, el particularismo, en nuestra época, en la que todos los pueblos de la misma raza deben por el contrario unirse y fundirse los unos con los otros, es una aberración! los catalanes juegan con fuego; siembran el odio y recogerán tempestades y muerte”

 

También estas palabras podrían haber sido publicadas hoy o ayer… pero no, fueron escritas en 1902. Siempre es deprimente el ver lo poco que se aprende de la historia, y está claro que los independentistas/separatistas no han aprendido absolutamente nada. Es profundamente triste.

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Twitter, el foro de opinión de actualidad de Universo de A y la creación de los artículos de “Memorándum” (una curiosa versión de los de “Actualización”)

Escribo este artículo para hablar de dos novedades importantes en el blog:

 

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-Novedad 1: La cuenta de Twitter de Universo de A adquiere una nueva dimensión.

Tal vez, los que sigáis a Universo de A en las redes sociales, os habréis fijado en que se ha producido un claro incremento de actividad en una de ellas: Twitter.

La verdad es que he estado un tiempo de pruebas con ella (como suelo hacer antes de anunciar algo), y de todas las redes sociales, es la que más me convence para desarrollar más ampliamente el blog (como, por otra parte, ya había prometido en su momento -era uno de los planes de futuro planteados en el aniversario de la década de Universo de A-), y en la que poder hacer mejor y más fácilmente contenidos extras, exclusivos y diferenciales frente al resto de Universo de A.

¿Por qué Twitter precisamente?, pues, paradójicamente, y ello sorprenderá a todo el que lea este blog… por la obligación de la brevedad. Pues sí, increíble (hasta para mí mismo) pero cierto. Y es que la verdad es que cualquier artículo de este blog lleva, como minimísimo, una hora, lo cual hace que muchos no lleguen a publicarse o vayan a ese aparente limbo/purgatorio eterno que es la carpeta de borradores… y es que cualquier escrito de este blog tiene que ser bien y concienzudamente mirado, examinado, documentado, corregido, argumentado… y un larguísimo etc, a lo que hay que sumar, ya no sólo el tema del artículo, sino sus precedentes y posible evolución… lo que da un trabajo inmenso… y la verdad, no todos los temas lo merecen (se supone que el objetivo del blog es publicar cosas de larga duración y permanencia, no que queden desfasadas al poco tiempo y no tengan mayor interés, si fuera así, no se le dedicaría tanto esfuerzo). Con Twitter no hay ese problema, en apenas unas frases se puede dejar sentada una opinión, y, de hecho tampoco se espera que se vaya más allá. No es la idea. Ello me ahorra escribir largos artículos innecesariamente (pues ya me cuido yo mucho de no abusar de los hilos y que todo quede lo más acotado posible en un Tweet). Y, en cierto modo, es como hacer microblogging (sí, definitivamente, mi nueva utilización de Twitter tiene algo de eso).

Por otro lado, Twitter tiene otra ventaja: su inmediata capacidad de difusión ante una audiencia muy amplia e inesperada (aunque no lo veo como un sistema de atraer a más gente al blog -comprobado también-, la verdad, esta gente no quiere leer largos textos, por eso van a esta red social); y, sobre todo, el poder comentar temas de rabiosa actualidad en el mismo momento y muy brevemente, dando de ese modo a Universo de A una nueva dimensión dentro de los temas de actualidad que nunca había pretendido tener (ni siquiera con su sección de “Actualidades”). Además de permitirle al blog crear nuevas líneas de pensamiento surgidas a partir de esta red, por ejemplo, con la creación del TT (Trending Topic) #Frenareltotalitarismo (en contraste con los de #Frenarelfascismo o #Frenarelcomunismo) para defender el sistema democrático (compromiso con el que, por otra parte, Universo de A ha estado vinculado históricamente, como se puede comprobar en este otro artículo).

Además de que da la posibilidad de seguir e incorporar en tu contenido publicaciones de quien te interese (Universo de A sigue y retwittea como parte de su contenido los tweets de la Casa Real española -siempre con lógica- desde hace tiempo), lo cual amplia mucho el campo de acción del blog y lo interconecta más con el resto del mundo virtual.

Eso, sin mencionar, que se convierte en otra manera más de interactuar con los usuarios del blog (y los que no lo son), cosa que, por otro lado, ya se había estado haciendo extraoficialmente desde hacía varios años (incluso de manera privada).

Así pues, hasta ahora, Twitter, como el resto de las redes sociales, sólo se había utilizado a modo de publicidad, como un modo más de enlazar y promocionar en más redes los contenidos del blog, pero ahora, la cuenta de Universo de A en esta red social da un paso más, para convertirse en una parte más del blog, una extensión de este en toda regla.

En cualquier caso, Twitter no debe entenderse jamás como la palabra definitiva y posición argumentada de Universo de A (aunque se vaya a pensar lo que se escribe ahí… no vamos a ir a las locas de repente), para eso está el blog (que sigue siendo lo principal), pero sí como una manera de reforzar y complementar sus contenidos o que su posición acerca de ciertas cosas quede más clara y meridiana. En cualquier caso, blog y Twitter siempre serán coherentes, pues irán cohesionados y de la mano.

En definitiva, resumiendo como se haría en un tweet: si queréis estar más al tanto de lo que pasa por Universo de A… ¡deberíais seguirlo en Twitter también! (¡si es que no lo estáis haciendo ya!).

 

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-Novedad 2: Los nuevos artículos llamados “Memorándum” o “Memorando”

Siempre se ha querido, y se puede decir que se ha conseguido, que los artículos de este blog tengan vigencia, que su caducidad no empiece apenas se han publicado. No es menos cierto también, que este blog siempre ha tenido la intención de reconstruirse y actualizarse a sí mismo continuamente, siendo siempre un non finito, una obra en permanente construcción nunca terminada; lo que también se ha hecho.

Si a todo lo anterior sumamos la ya dilatada historia que tiene detrás Universo de A (12 años recién cumplidos… lo que a nivel digital es un tiempo muy considerable), lo cierto es que es innegable que ha reunido un archivo más que notable… y como la historia (para bien o para mal) siempre se repite, pues somos humanos, en muchas ocasiones veo acontecimientos de plena actualidad de los que el blog ya habló hace diez años… o parece adecuado traer al recuerdo este u otro artículo o crítica… etc.

Por eso, aparecen este nuevo tipo de artículos, llamados con un latinismo (que tanto gustan en este blog): los “Memorándum” o “Memorando” (es el mismo, pondré uno u otro según coincida), que funcionarán casi exactamente igual que los ya tan habituales, instaurados y de demostrada utilidad que son los de “Actualización”; es decir, aparecerá un breve artículo con el enlace al correspondiente anterior, que se considera que resulta importante rememorar o recordar, y unas pocas líneas (breves), en el nuevo, explicando el porqué ese artículo publicado hace años vuelve a estar de actualidad, es relevante y merece ser releído o recordado.

No obstante, al contrario que en el caso de los artículos de “Actualización” tal publicación no implica en absoluto la corrección, cambios o ampliación del escrito original (aunque casi seguro que se harán… si no nos conociéramos en este blog).

Cierto es que estos artículos de “Memorándum” no han sido puestos a prueba (al contrario que todo lo anterior), pero estoy seguro de su éxito y buen resultado (y precedentes parecidos los avalan), así que los oficializo así de rápida y sencillamente.

En cualquier caso, creo que este nuevo tipo de artículo también ayudará mucho a facilitar la publicación obligatoria mensual y, sobre todo, a enfatizar y reivindicar la importancia y vigencia histórica virtual de los contenidos de este blog que es Universo de A (es más, no es la primera vez que una publicación se vuelve extraña y absurdamente muy visitada muchos años después de su publicación; así pues, estos “Memorándum” contribuyen a sacar de un injusto oscurantismo a muchas y devuelven la atención sobre ellas).

 

Y eso es todo, que no es poco, ni en cantidad ni importancia… ¡nos vemos en Universo de A!.

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Crítica exprés: El sueño de una noche de verano

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Buena atención al público en general, y, quiero añadir también que es de agradecer que, a pesar de que no está la persona habitual en guardarropa, se haya hecho lo posible por mantenerlo abierto. Demuestra una eficiencia y una consideración hacia los asistentes muy loable. Desgraciadamente esto es casi lo único y último bueno que diré en este artículo.

Quiero empezar este comentario previo a la crítica con unas notas personales (como casi siempre hago, por otra parte, para eso están los comentarios previos, que no hay que mezclar una cosa con la siguiente si se quiere ser mínimamente riguroso, a pesar de no tener esa obligación por ser este un blog personal y sin otra pretensión): tenía muchas ganas de acudir a ver esta función, me atraía muchísimo la fusión entre el sumun de las letras inglesas y su interpretación desde la perspectiva hispánica, especialmente en el ámbito musical… sonaba a planazo. Sí, sonaba, en pasado, y pasado lejano.

Pero, para el momento en el que empecé a recibir las malas señales, ya era tarde, ya tenía la entrada; ¿cómo comenzó el asunto?, en primer lugar, me entero de que se convocó en la universidad Complutense (por qué no en el teatro y sí en la facultad de geografía e historia -que encima está sumamente alejada-… todo un misterio -y de hacerlo en la universidad, hubiera sido más lógico hacerlo en la de ciencias de la información, que está mínimamente más relacionada temáticamente, y que buena falta le hace, por lo que sé, a una carrera como Comunicación audiovisual, complementarse, por no decir introducir totalmente, la disciplina teatral en sus estudios-) un, cito literalmente, “Encuentro/debate en torno a la dramaturgia de la zarzuela que llevará por título ¿Qué hacemos con los libretos?”, el título, muy bonito y enrevesado, propio de la institución universitaria (para más detalles acerca de lo que pienso sobre esta, por favor, consultar este artículo), bien se podría traducir al lenguaje común, de la calle, como: “intento, a la desesperada, de justificar que hago lo que me sale de la polla con los textos y que me limpio el culo con la obra de los libretistas o autores originales”… no me emplearé más tratando este tema, pues sobradamente lo he comentado en infinidad de críticas (esta por ejemplo, en esta misma temporada) y ya estoy muy harto de repetir lo mismo una y otra vez.

Tan bello (ironía), y justificativo, “Encuentro/debate” tenía, no obstante, muy probablemente, una doble misión, pues no me pareció casualidad en absoluto que a la función a la que acudí estuviera llena de chavalería. Desde hace mucho tiempo, el Teatro de la Zarzuela está intentando vender el género a los jóvenes, véase la siguiente foto, que era complementada con el animoso texto de “¡La zarzuela es joven!” publicada en la página de Facebook del teatro:

Y, dejando de lado el que los dos promotores, y protagonistas, del selfie, aunque sólo sea por estar más cerca del objetivo, y que son, de izquierda a derecha, respectivamente, el director del teatro, Daniel Bianco, y Juan Marchán, coordinador de comunicación y difusión; estén entrados en edad (literalmente, ya peinan canas y bastante más… de hecho tienen más pelo blanco y gris que de su color natural de nacimiento… a menos que sean albinos y yo no lo sepa) como para ser considerados “jóvenes” (respecto a eso, por cierto, a Bianco no le falta vanidad: en una charla, empezó a hablar sin presentarse, así que uno de los asistentes le preguntó que quién era, y él respondió “soy el director del teatro… sí, ¡¿a qué soy muy joven para dirigir un teatro?!, pues ya ves”… sólo le faltó echarse hacia atrás la melena que no tiene)… pero bueno, no entremos en eso, porque hoy en día se muere una persona de 80 años y todo el mundo se lamenta argumentando lo joven que ha fallecido (es más, tal afirmación, aunque en muchas ocasiones resulte irrisoria, se ha convertido en una convención social en eventos sociales de este tipo, tan habitual como las ya comunes: “te doy mi más sentido pésame”, “no somos nada, al final todos acabamos igual”, “a cada uno le llega la hora cuando le llega” o “piensa que ahora está en un lugar mejor”). Da igual, dejemos eso. No es la cuestión aquí.

Sí lo es, el que la iniciativa de atraer a la juventud a la zarzuela sería de lo más loable, si no fuera porque lo están haciendo de una forma absolutamente equivocada y errónea, pero no voy a profundizar en eso puesto que, una vez más, ya lo hice anteriormente y de forma extensa.

No importa, como dice el dicho “en el pecado llevan la penitencia”, porque las reacciones del público, no dejaron lugar a equívoco posible. Al final de la crítica, profundizaré en ello, pero sí adelantaré, que si esperaban atraer al público joven… lo han espantado definitivamente (bueno, a ellos y a buena parte del auditorio). Madre de Dios que desastre de vergüenza ajena (en la crítica profundizo en ello).

Pero volvamos al tema de las malas señales, el caso es que, tan pronto pasó lo del encuentro/justificación, me puse a investigar, loco de desesperación, para encontrar algo que me librara de mis mayores temores… y cuanto más leía, peor era… ¡ay, por Dios!; así que decidí aplicar mi máxima de siempre, juzgar y documentarse sólo una vez vista la obra o en el proceso. Y mis peores temores se hicieron realidad, de las cosas concretas que hacen a esta producción un producto absolutamente nefasto, ya hablaré en la crítica, pero, no obstante quiero introducir muchas de las razones que han llevado a esto.

Si uno coge el programa de mano extenso (el de pago), lo encontrará lleno de contradicciones, ¿por qué?, pues porque se quiere justificar a toda costa este montaje, todos y cada uno de los firmantes del documento acaban haciéndolo, preferiblemente al final del texto, y en general, varias veces durante su extensión. Pero, por el medio, tenemos perlas que demuestran un profundo sectarismo e incultura.

Raúl Asenjo, autor de la adaptación, firma uno de los primeros. Si os preguntáis que altos méritos permitieron a este señor el desechar un libreto original de la época entero a su gusto para poder hacer su obra personal, o cómo gozó de tanta confianza por parte de la dirección… tal vez el hecho de que su cargo habitual en el teatro sea el de asistente a la dirección os haga deducir algo. Y, aunque nos planteáramos que sí había necesidad de adaptar el libreto, esto nos lleva a la terrible pregunta de por qué no se contrató a alguien competente para ello o, ya que son tan juveniles en esta institución, a uno de los múltiples jóvenes desempleados que hay (cosa que incluso ha sido tema protagonista del discurso de navidad del Rey), y más de humanidades, ¿a cuánto está ya el porcentaje del paro?, en vez de hacer un enchufe trifásico con alguien de la propia casa que, a todas luces, ha sido totalmente incapaz de justificar el haber tenido este trabajo con su talento.

Dejemos ese punto y volvamos a centrarnos en la temática de los artículos, todos los cuales giran alrededor de lo mismo, y de los cuales sólo el firmado por Francisco Parralejo Masa puede salvarse por su contribución en datos y hechos históricos (que, acertadamente, es aquel que muestra más erudición, y que contradice de frente los dos artículos anteriores del adaptador y del director de escena, que están plagados de sectarismo, sofismos y demagogia); pues todos ellos se centran en despotricar sobre la pobre Isabel II (bien es cierto que en este blog somos muy “isabelinos”, como demuestra que se le hayan dedicado hasta dos artículos a esta monarca, como este o este), sacando a colación una retahíla de tópicos y tonterías de campeonato. Para desmentir todas esas barbaridades, necesitaría otro artículo (además, ya lo hace Parralejo y las propias imágenes escogidas para ilustrar el programa por mí), pero creo que eso, en sí mismo, ya demuestra la poca capacidad y cualificación que tenían los autores para montar esta producción.

Y es que es una vergüenza que personas vinculadas al mundo de la cultura, y pagadas con dinero público, hablen tan descaradamente sobre aquello que ignoran por completo, que suelten unos topicazos que sólo son dignos de una barra de bar. En una conversación coloquial, esa superficialidad, entre otros muchos ignorantes de la historia puede colar, pero en un programa de mano, de una producción de un teatro público, dice a gritos que estos señores son indigentes culturales, que no merecen estar dónde están y que deberían rodar cabezas.

Me niego a extenderme en estas cuestiones (básicamente, porque ya traté algo de ello antes), pero sí diré que no tiene vuelta de hoja posible que la zarzuela como género no existiría si no fuese por la monarquía española (tan imposible de desligar de ella es, que hasta sigue conservando el mismo nombre de dónde se fundó, y que hoy día es la residencia extraoficial, “privada”, de la Corona); como tampoco la tiene que los planes de ciudad cortesana (que incluían el Teatro Real) ya existían desde la construcción del palacio nuevo o palacio real; y, por supuesto, tampoco se puede negar la famosa bondad y generosidad de Isabel II, que eran reconocidas hasta por sus peores enemigos, al igual que su gran popularidad entre el pueblo llano, pues ningún historiador serio mantendría que “la gloriosa” fue una revolución popular (por cierto, hace no demasiado hubo una exposición sobre ello en el Museo del románticismo)… y un largo etc.

Así pues, ¿por qué en el programa de mano están escritas tantas chorradas?, ¿por qué los creadores de esta producción hacen semejante demostración de incultura y falta de documentación?, podría ser que, por esas mismas cualidades, ello les haya llevado a creerse la pseudohistoria y el cotilleo barato… o podría haber algo más.

Si uno se pone a unir cabos, se da cuenta de que la programación de este año no está fuera de sospecha, y es que el argentino (como Pablo Echenique) director del teatro, Daniel Bianco, parece estar empeñado en mostrar una absoluta ingratitud hacia el Reino que lo acogió y le permitió desarrollar una exitosa carrera profesional, frente a la república que dejó. ¿De qué hablo?, bueno, analicemos la programación: primero “Katiuska”, el nombre de Sorozábal ya lo dice todo a nivel de afinidades políticas, eso ya sin mencionar el color de fondo del cartel: rojo; después “La casa de Bernarda Alba”, y todos sabemos lo politizado que está Lorca (de lo cual traté en la misma crítica); ahora este “El sueño de una noche de verano” sutilmente antimonárquico, hasta en un cartel con color de fondo morado, que recuerda a la bandera de la segunda república y al partido de Podemos; a continuación vendrá “El barberillo de Lavapiés” (al que, visto lo visto, no pienso ir ni en broma, y que desrecomiendo por anticipado), zarzuela que, cualquiera que la conozca, sabe por dónde van los tiros y por dónde se pueden intensificar… suma 2 + 2 y son 4. Yo no digo nada, que cada uno saque sus propias conclusiones (y para que tengáis todos los datos, tampoco quiero dejar de poner bien clara cual es la ideología de este blog).

Así pues, esta venta descarada de ideología, promocionada con dinero público, por parte de la dirección teatro de la zarzuela, ¿hacia dónde se dirige?, desde luego no hacia su público habitual, que es más bien conservador; ¿a los jóvenes?, de esos los hay de todas las tendencias y es ponerse en contra a una buena parte; ¿a la ultraizquierda?, esos no van a la zarzuela, se creen que es un producto inventado por el franquismo… en definitiva, ¿qué coño está haciendo la dirección de este teatro?, ¿por qué se empeñan en expulsar al público?… en fin, no me queda sino aconsejarle que vean los resultados de las elecciones desde el comienzo de la transición, pues todos los partidos que se han declarado abierta o implacablemente republicanos, siempre han perdido votos y acabaron siendo minoritarios.

Y lo que es peor, todo esto está generando una duda sobre aquel intentar evitar la anexión con el Teatro Real, que tanto se apoyó, entre otros medios, desde este blog… ¿a que va a ser que no tenía nada que ver con mantener una programación zarzuelística y más con evitar ser “reales”?. Terrible pregunta.

En definitiva, que mal vamos, pero que muy mal.

Paradójicamente, el final de la propia función parece vengarse de todo ello, pues recordemos sus versos (recomiendo cambiar las alusiones a Inglaterra por España y, sobre todo, las de “Guillermo Shakespeare” por el género de “la Zarzuela” y a la “Reina Isabella” por la “monarquía española” cual si alegorías fuesen):

GUILLERMO

¡Shakespeare no puede negarle nada

a su Reina!…

(Guillermo firma el contrato.)

ISABELLA

Venid, Próceres Altos,

honor del Solio Inglés.

Venid las que radiantes

pensil mi Corte hacéis.

Reciba ante vosotros

Guillermo alta merced,

ciñéndose corona,

debida a mi laurel.

CORO

Gloria a la augusta Reina Isabel,

que con el Genio parte el laurel.

GUILLERMO

Pagar humilde Vate

no puede tal merced,

si el lauro al mismo Apolo

no arranca de la sien.

A fuerza de agradecido

tal Gloria buscaré,

fiado en que me inspira

magnánima Isabel.

CORO

Gloria a la augusta Reina Isabel,

que con el Genio parte el laurel.

ISABELLA

Cuando la historia

del pueblo inglés,

de mi reinado

diga el poder,

al Orbe entero

dirá también,

que el Siglo de Guillermo

fue el Siglo de Isabel.

GUILLERMO

Si lauro alguno

ciñe mi sien,

si el nombre al menos

robó al no ser

vuestra es la Gloria,

vuestro el laurel,

no hubiera, no, un Guillermo,

no habiendo una Isabel.

JUAN

La sombra al cuerpo

conjunta es;

yo soy la «Sombra»

y el cuerpo, él.

Luego, si es grande,

grande seré,

y eterno con Guillermo,

como él con Isabel.

CORO

Cuando la historia

del pueblo inglés,

de su reinado

diga el poder,

al Orbe entero

dirá también,

que el Siglo de Guillermo

fue el Siglo de Isabel.

 

 

-El sueño de una noche de verano: quien venga a esta producción, seguramente espera ver una versión zarzuelística de la obra de Shakespeare. Que se olvide.

Aquellos que llevaron a cabo este proyecto, aseguran que quieren hacerle justicia a Joaquín Gaztambide, injustamente olvidado para el gran público… pero parece que, en realidad, lo dicen con cruel, suma hipocresía, o incluso sarcasmo, puesto que da la impresión de que lo quieren matar de nuevo y enterrar muy bien enterrado de modo que no salga nunca del olvido de la historia. O, al menos, es lo único que van a conseguir con producciones e este tipo (que sí, alcanza el nivelazo de otras catástrofes tan memorables como esta, esta o esta, sin mencionar aquel “El barberillo de Lavapiés” republicano).

Para empezar, deciden pasarse el libreto original por el forro de los… etc, lo cual nos lleva a la pregunta de, ¿a qué puso música Gaztambide?, vale que no queramos ser respetuosos con los libretistas, y en cambio le otorguemos tal privilegio a los compositores, ¿pero acaso estos no fueron inspirados y concibieron la música para una historia y palabras concretas?; Verdi dijo en una ocasión que “dame un buen libreto y la música ya está escrita”, lo que da prueba de hasta que punto es importante; y, si cambiáramos la banda sonora de “Tiburón”, “Psicosis” o “La guerra de las galaxias” por otra música cualquiera, ya compuesta, y no hecha ex profeso, ¿acaso no notaríamos la diferencia?. Pues eso, la música sólo es un complemento más para contar una historia, y arrancarle esta, es, además de un ejercicio de soberbia intolerable y una falta de respeto innombrable, una forma de reducir el valor de las melodías y que pierdan fuerza (y ya no es la primera vez que Gaztambide obtiene un sonoro fracaso reciente en este teatro, recordemos “El juramento”).

Pero a Raúl Asenjo, que ha demostrado que eso de la cultura no va con él, pues quiere ser muy joven y original (aunque no me explico como se puede romper reglas sin conocerlas antes), decide que aquel libreto que parodiaba a Shakespeare, que incluía personajes históricos y que había sido un éxito en su país de origen en su momento… no vale; que él, con sus méritos y talento personal (asistente a la dirección, no lo olvidemos) es capaz de hacer algo mucho mejor.

Así pues, si el estreno original de “El sueño de una noche de verano” fue un fracaso, tal vez motivado porque no se conocía suficientemente bien a Shakespeare y el libreto tuvo que ser adaptado; ahora que se conoce, se nos priva de la posibilidad de disfrutarlo, de modo que Gaztambide es hundido dos veces sin remisión, y se priva al público de la oportunidad de disfrutar de una obra adelantada a su tiempo.

¿Por qué se cambió entonces el libreto original en esta producción que se representa ahora en el teatro mencionado?, pues por un texto soso, sin gracia a ningún nivel, y que infringe el más importante delito del mundo del entretenimiento: es profundamente aburrido, soporífero.

De ese modo, Asenjo, en el colmo de la originalidad, intenta imitar el estilo de otros libretos y sus comedias de enredos, logrando sólo un intento de ello, pero sin ritmo ni chispa, que se narra, lento como un caracol, para la indiferencia primero, después desesperación, y finalmente hastío total, del público.

Nada tiene sentido ni coherencia, ni el argumento o los personajes (los cuales no sólo no son atractivos, sino que no se saben o entienden sus motivaciones, o estas son muy básicas, no llevan a cabo acciones naturales en ningún momento, todo suena forzado… etc), y, la verdad todo, de arriba a abajo, suena a pastiche.

Vale que renunciaran a hacer una brillante parodia de Shakespeare, está claro que no tenían ni el talento ni la capacidad para ello, ¿pero desarrollarlo en la Italia, la Roma, del neorrealismo?, ¿en serio?, ¿de verdad era tan difícil, aunque sólo fuera para lograr una mayor verosimilitud e interés, haberlo ambientado en la España convertida en nuevo Hollywood por Samuel Bronston?, así al menos, el nuevo libreto hubiera tenido algo de pies y cabeza. ¡Bah!, ¿pero qué digo, cándido de mí?, ¡si se nota que no ha habido la más mínima investigación histórica!.

En definitiva, el libreto adaptado para la ocasión, está lleno de incultura, tópicos, lugares comunes (¡uy!, fíjate, también he dicho lo mismo sobre el ensayo del mismo autor en el programa de mano, ¿casualidad?), es predecible e incoherente… y sobre todo, insoportablemente pesado.

La dirección, que lleva a cabo Marco Carniti, en sustitución del fallecido Gustavo Tambascio, sólo conseguiría hacer remontar el libreto con un milagro… y no lo hay; pero su falta natural de talento tampoco ayuda. Tampoco si la producción postuma de Tambascio (un señor que me inspiraba antipatía como persona, por sus arrogantes declaraciones, pero que respetaba aceptablemente como director de escena… y es que no hay que confundir la obra con el artista) hubiera sido terminada por él, esperaría yo mejor resultado; la verdad es que, aunque algunas de las obras por el llevadas a cabo han obtenido muy buena crítica en este blog (por ejemplo, esta o esta), hasta el punto de no ser express y ser completas, lo cierto es que, si uno profundiza en lo que redacto, la parte en la que reseño la dirección de escena siempre es lo que sale peor parado de todo lo escrito.

Pero volviendo al tema, la dirección de escena de “El sueño de una noche de verano”, deba a quien se deba atribuir, en las proporciones que sean, es fallida, lenta, sin ritmo y cansina.

En lo que respecta a la música de Gaztambide (o al menos, la que creemos haber oído), pues suena a pastiche. Tan buena nota tomó este compositor de lo que estaba de moda en París, que todo el tiempo estás teniendo una especie de déjà vu: con Rossini en las codas finales, con Verdi en los números que van de tríos a coros, con Donizetti y Puccini en las arias… etc (y ahí es cuando nos vuelve a hacer gracia el programa de mano, puesto que este mismo no puede dejar de admitir la falta de calidad de la música que se compensa con algunos pasajes de suma inspiración… yo casi no los oí, la verdad. Aunque también en este mismo programa defiende la teoría de que Isabel II apoyaba un teatro extranjero en contra de los artistas españoles… a veces creo que esos textos fueron una inocentada, con retraso, del teatro y yo no me di cuenta). Y encima siempre nos queda la pregunta de cómo hubiera sido esa música con el libreto original y lo bien que se adecuaría a este. Da igual, no nos dejan saberlo.

Nada se puede salvar del resto del apartado técnico, como máximo el vestuario, que si bien no es el colmo de la originalidad, al menos es agradable a la vista. Bueno, por no salvar, en mi función no se salvaron ni los subtítulos, que estuvieron toda la función descoordinados… eso cuando los había, que, durante una buena parte nos quedamos sin ellos.

En lo que respecta al reparto artístico, me coincidió ir a ver el segundo (lo que me viene bien para no tener otra enganchada con el cantante Luis Cansino como la última vez… jajaja… aunque no lo hice por eso, simplemente coincidió), y fue un horror. El único que cumplió ligeramente fue Valeriano Lanchas, pero sólo valorándolo como cantante, no como actor. El resto me produjeron indiferencia, con las siguientes excepciones, pues estas, lo que me generaron fue repulsión, me estoy refiriendo a María Rey-Joly que se pasó toda la función berreando y haciendo gorgoritos altisonantes; pero, sobre todo, y muy especialmente, a Santiago Ballerini, que no sé quién demonios le ha dicho que sabía cantar: no sólo su timbre me resultaba absolutamente insoportable, sino que encima, era incapaz de sostener una sola nota sin hacer un innecesario vibrato… horrible, cada vez que salía a escena, y cantaba, temía que se me reventaran los tímpanos y me saliera sangre por las orejas.

En cuanto a la orquesta, pues, para variar con el resto de la crítica (ironía)… también estuvo fatal: fue a su aire, tapaba continuamente a los cantantes y sonaba incluso estridente. Claramente, a pesar de su experiencia, al director musical, Miguel Ángel Gómez Martínez, todo el tema se le fue totalmente de las manos y fue incapaz de controlar la parte musical.

En definitiva, por si toda mi anterior crítica no os acaba de convencer de lo espantosa que es esta producción, y lo muy poco recomendable que es, pues podéis pensar que, a pesar de este completo análisis, todo esto no deja de ser la opinión de una sola persona, os describiré las reacciones que vi del resto del público: tenía a mi izquierda a unos jovencitos entusiasmados por venir a la zarzuela… hasta que se abrió el telón, en el entreacto leían, desesperadamente, en el programa de mano gratuito, de que iba la obra porque no habían entendido nada y para cuando terminó, tenían cara de funeral (no es para menos, habíamos asistido a uno: el de la posteridad artística de Gaztambide); por su parte, a mi derecha estaba una señora mayor, que se pasó toda la función dando cabezaditas de las que sólo despertaba cuando la música atronaba especialmente la sala. Además, a lo largo de la función, pude ver como mucha gente se marchaba. Los aplausos, en todo momento, no pasaron de tímidos, y, para culminar, al final de todo, como en los peores tiempos del Real con Mortier, el público reaccionó saliendo en estampida, en masa, mientras los artistas salían a saludar. Vamos, que no soy el único que pensó que la función había sido una enorme catástrofe.

Así pues, desrecomiendo absolutamente esta nueva producción del Teatro de la zarzuela de “El sueño de una noche de verano”, pues, verdaderamente, no existe ninguna razón positiva para ir a verla (ya no sólo por su falta de calidad, que también, sino porque además, acudir es promocionar el enchufismo y castigar el talento). Y, visto lo visto, tampoco la siguiente de “El barberillo de Lavapiés”. Habrá que esperar a más adelante, a ver si las cosas mejoran… y no sé que decir, pero si comentaré a modo de curiosidad final, que, como se documenta en la crítica de “El juramento”, publicada en su momento en Universo de A (no hay como la hemeroteca propia para recordar con exactitud), hay que ver lo que ha cambiado el Teatro de la zarzuela, antes se hacían exposiciones temporales en el ambigú e incluso conferencias con pianista previas a las funciones, y ahora… bueno, ahora tenemos a Daniel Bianco pretendiendo vendernos ideología y propaganda… no sé, pero yo diría que no vamos a mejor.

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ACTUALIZACIÓN: La temporada de exposiciones de otoño-invierno de 2018-2019 en Madrid

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Manifiesto del igualismo

A causa de que vivimos tiempos extremos, en los que las ideas e ideologías se defienden llevándose al fanatismo, negando la pluralidad o la libertad de expresión y pensamiento; se intercambia la justicia por la venganza, y cada vez hay una mayor tendencia al victimismo malintencionado, con el único propósito, no de conseguir derechos justos, sino privilegios; cuando se quiere convertir la tolerancia en un arma arrojadiza en vez de en una herramienta de diálogo… surge este manifiesto que presenta el movimiento o tendencia del igualismo.

El igualismo defiende la igualdad total y absoluta de oportunidades para todos; independientemente del género, rol, identidad, orientación sexual, raza, religión, clase social… etc, de la persona.

Por supuesto, el igualismo es consciente de que todos somos diferentes y nuestras situaciones (de cualquier tipo) no son la misma; pero eso no significa que nuestras capacidades, aptitudes… etc, no estén por encima de ello, que sí lo están. Esto, el talento, es lo único que quiere valorar el igualismo, por encima de cualquier otra cosa. Es decir, qué podemos aportar al mundo, a nuestra sociedad… etc, cosa qué, en última instancia, siempre es lo más importante y beneficioso para todos.

Así pues, el igualismo quiere dotar a todas las personas de los mismos derechos, pero también de los mismos deberes. Sin privilegios ni distinciones. Igualdad de oportunidades para todos.

Por ello, necesariamente, el igualismo está en contra, y no defenderá ningún tipo de discriminación negativa o positiva; no apoya grupos que se victimicen o busquen culpabilizar a otros de su situación y mucho menos a aquellos que busquen atacar a otros; desprecia cualquier tipo de neologismo o palabra pseudotécnica que pretenda fomentar el odio hacia otro colectivo; desaprueba absolutamente el acoso, la presión social, reglar o imponer comportamientos… etc; pues el igualismo busca la justicia, no la venganza; el premio a la competencia, no la compasión; la adopción de esta ideología convencida y voluntariamente, no por coacción o moda de corrección política.

El igualismo es consciente de que vivimos en un mundo injusto y lleno de problemas… pero también que la humanidad ha progresado mucho desde su aparición en la tierra; por ello, su objetivo es, no hacer borrón y cuenta nueva, no destruir lo que ya hay y está establecido (y a lo que no se le debe dar más importancia de la que tiene en la práctica y vida real), sino construir a partir de lo que ya existe y arreglar lo que deba arreglarse; evitando así, una ruptura traumática, para seguir una línea de progreso, calmada, pero eficaz y segura, coherente con la historia y las tradiciones de cada lugar, hasta alcanzar la plena igualdad de oportunidades y derechos (sin olvidar jamás los deberes que ello implica).

El igualismo cree en la integración de todas las personas y la normalización de su situación, por encima de prejuicios que hay que superar: vive y deja vivir, podría ser uno de sus lemas.

Para conseguir esto, el igualismo hará uso de la educación, de formar en la importancia de que las máximas de la tolerancia y la empatía sean claves. Racionalidad contra emocionalidad para conseguir un resultado más asentado y duradero.

El igualismo es consciente de que su planteamiento no deja de ser utópico, pero cosas que lo parecieron más en su tiempo ahora forman parte indispensable e incuestionable de nuestra vida cotidiana. También sabe que no faltará quien se oponga, por motivos injustos y fanáticos que poco tendrán que debatir a la bondad de sus planteamientos que busca beneficiar a todo el mundo, en todo lo posible.

Respecto a sus ideales de futuro, el igualismo no pretende constituirse como formación política (ni muchísimo menos entrar en terreno tan resbaloso, es más, es una ideología absolutamente apolítica y apartidista), sino que las ya existentes, la acaben incorporando en sus programas con el tiempo. Siempre poco a poco: primero empezando por las personas individuales, después las formaciones de cualquier tipo, para finalizar extendiéndose a toda la sociedad; el ideal de esto sería que al principio se aplicara sólo nacionalmente (y a los ciudadanos correspondientes), y luego, se fuera extendiendo mediante hermanamientos con naciones afines; más que nada para permitir su sostenibilidad.

En definitiva, ¿cómo unirte a este movimiento o ideología?, es muy sencillo: sobre todo, adopta sus máximas en tu vida diaria, personal y profesionalmente; cuando lo hayas hecho, y si de verdad crees en ello, autoproclámate “igualista”; además, por supuesto, comparte y da a conocer este manifiesto para que todos tengan acceso a él, puedan hacer lo mismo que tú, y así comenzar la mejora social y un bien para toda la humanidad.

Si tienes dudas o preguntas acerca de este manifiesto, no tengas reparo en plantearlas en un comentario.

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Especial Mary Poppins

Este especial, creado con motivo de la publicación de la crítica de la nueva película (aquí incluida), trata de ser completo y unificar toda esta temática en un mismo artículo, no obstante, previamente, en Universo de A ya se ha hablado del tema, en artículos como este o este que podéis visitar para complementar esta información.

 

Aunque se suela decir que “la realidad supera a la ficción”, lo cierto es que eso sólo suele aplicarse en las cosas malas, en las buenas, la ficción suele superar a la realidad de lejos… y es que pocas niñeras históricas se nos vendrán a la cabeza (excepto las propias, si es que las tuvimos, y quizás ni eso o no todas ellas), y lo cierto es que es difícil cuestionar o debatir que todos los educadores y pedagogos del mundo, con sus teorías, a menudo tan estrafalarias y poco aplicables a la vida real (como la propia fantasía de P. L. Travers, irónicamente) no han conseguido hacer tanto como Mary Poppins por la gente en general… tal vez porque ella ha conseguido para ellos lo que es verdaderamente más importante y lo que es realmente triunfar en la vida: la felicidad.

Sí, la verdad es que llama la atención el cómo un personaje ficticio puede tener más vida o más influencia en una vida, o incluso en toda una generación, que uno real; su inmortalidad o capacidad de reinventarse para un nuevo público… etc. Debemos pensar que el primer libro original fue publicado hace casi 100 años (1934), estaba lo suficientemente vivo para el 64, cuando Walt Disney hizo su adaptación… y como casi todo lo que este tocó con su varita mágica, alcanzó definitivamente la inmortalidad, tanto como para que en 2013 fuese interesante hacer una película sobre la relación entre Disney y Travers (entre otras cosas mencionadas en el artículo)… y por supuesto, para que ahora llegue una secuela, muchas décadas después.

Pero, como he dicho, para muchos a “Mary Poppins” se le tiene el cariño de ser el personaje de una generación, en España concretamente, no había navidad que no viniera acompañada de su llegada y emisión televisiva; como para otros de tiempos anteriores la película típica de estas fiestas fue “Sonrisas y lágrimas” o “Qué bello es vivir”; para muchos, la niñera del paraguas era siempre esperada antes de que acabase el año… bueno, hubo un tiempo en que ya se emitía continuamente durante todo el año, una y otra vez, lo que probablemente llevó a su decadencia televisiva, y ha desaparecido como clásico navideño.

No obstante, lo que tienen los clásicos y las obras maestras es que nunca mueren, porque siempre habrá personas que los quieran descubrir y vuelvan a vivir la magia con la que brillaron por primera vez… o tal vez lo hagan de forma distinta, acorde a los tiempos que se viven, pero siempre habrá magia… porque esa es una de las propiedades de los clásicos.

Dicho esto, pasamos a repasar su interés y el porqué pudieron alcanzar estas obras ese nivel:

 

 

Los libros

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Es indudable que la obra de Travers tuvo sus buenos tiempos, sin embargo, hoy día, es muy difícil encontrarla editada en español (de hecho, nunca lo han estado todos los libros).

Paradójicamente, se puede decir que la película devoró al libro, y aunque le dio una segunda vida, también lo neutralizó un poco. Sin embargo, si hay algo bueno que tiene el cine, es que, cuando se trata de adaptaciones, crea, levanta curiosidad sobre la obra original… y afortunadamente, en España, cada vez más editores se están dando cuenta de eso.

Por ello, no es sorprendente que, cuando se habla de Mary Poppins como obra literaria, muchos no sepan que no se trata de un sólo libro, sino que el personaje homónimo da título al primero de una saga de ocho (de hecho, las películas adaptan, indistintamente, aventuras de cualquiera de ellos).

Su estructura hasta el tercer libro es siempre la misma: la familia Banks está en apuros (generalmente absurdos) y entonces Mary Poppins aparece de una forma extraordinaria y toma el control; a partir de ese momento, se suceden una serie de aventuras, con participación de uno o varios personajes (a veces ni siquiera Mary Poppins está envuelta en el episodio -aunque, sutilmente, se entiende que ha tenido que ver-; otras veces no participan los niños… etc, se producen diversas variaciones), y que, por lo general vienen a servir para hacer una (nunca evidente) reflexión vital o, simplemente, para crear una bella y agradable imagen a través de las palabras (verdaderamente, Travers tiene un don para eso, y una imaginación verdaderamente delirante). En los libros no hay nunca un hilo conductor, simplemente, es una recopilación de peripecias de los distintos personajes; es decir, no hay un argumento general, todo son historias autoconclusivas. La última aventura del libro, es la de despedida, dónde sucede un hecho que ya se anunció desde el principio, generalmente extraordinario o incomprensible, de modo que la niñera se marcha sin más.

Eso hasta la tercera entrega, a partir de la cuarta, ya no hay llegada y partida, y sólo hay recopilación de aventuras, ya que la propia autora consideró que la niñera no podía estar viniendo y volviendo continuamente, así pues, en los nuevos libros, se daba por hecho que esas inéditas aventuras ya habían sucedido en algún momento de los primeros tres libros, y que hasta ahora, simplemente, no se habían contado.

El estilo de Travers es poéticamente descriptivo, más centrado en la creación de imágenes bellas que en articular una historia, pero accesible, y encandila con facilidad a quién se deje llevar. No obstante, se le ha de perdonar su gusto por lo críptico y por, al igual que su propia protagonista, “nunca dar explicaciones”… cierto, quedan muchas lagunas, cosas inexplicables, cabos sueltos… etc, etc, que el libro ni quiere aclarar, ni piensa molestarse en ello; formula preguntas y no da las respuestas (ni atisbo de ellas); pero, la verdad, todo ello es parte del juego del misterio que la escritora propone y que hay que aceptar si se quiere acceder a su obra o, si no, habrá que rechazar ambas cosas.

Finalmente, dado que la gran mayoría de la gente conoce más los personajes de Disney que los de Travers (y hay notables diferencias), no me parece que esté de más echarles una previa ojeada para ver como son originalmente:

-Mary Poppins: lo que más sorprende de ella es lo tremendamente antipática que es. Se comporta, y el propio narrador omnisciente así lo reconoce múltiples veces, de forma grosera y maleducada; también despótica y caprichosamente; es, además, terriblemente presuntuosa, arrogante e intransigente; sin mencionar también, que es una mentirosa y manipuladora de cuidado. Algunas veces incluso rencorosa y vengativa (de hecho, jamás duda en usar la intimidación como primer recurso -y de una forma que dejaría a los Corleone en bragas…-, según le llevan un mínimo la contraria). Dicho claramente, es una persona terriblemente desagradable en todos los aspectos, que difícilmente se podría poner como ejemplo a seguir, y cuyos defectos son mucho más fáciles de detectar que sus virtudes. En realidad, la verdad es que, en mi opinión, sólo tiene una cosa buena: la capacidad de transportar a mundos, lugares o situaciones extraordinarias, fascinantes y/o estéticamente bellas.

Sin embargo, y a pesar de todo lo anterior (o tal vez por ello), todo el mundo la trata con reverencia y respeto y le tienen un cariño y afecto inmenso inexplicables… sin ir más lejos, a los niños les hace comentarios desagradables, casi incluso ofensivos, y estos sólo son capaces de responder diciendo lo mucho que la quieren y que nunca se vaya. Un sinsentido, vamos.

No está de más decir también que Travers dota a su personaje de un aura de lo más mayestática, siempre, en todo momento, hasta en el más mínimo gesto o detalle, la escritora se toma la molestia de aclarar y reiterar, una y otra vez, que todo lo que hace Mary Poppins, lo hace con gran dignidad, y sobre todo, majestad… con toda seguridad, esa es la característica positiva más repetida acerca de la niñera.

Por otra parte, a aquellos a los que les gusta buscar los orígenes de lo ficticio más allá de la imaginación, suelen decir que puede estar basada en dos personas: la tía que mantuvo a la familia una vez el padre de Travers (en ese momento, aún Helen Goff) murió, y que era, supuestamente una severa solterona… o, la teoría más verosímil: que la famosa niñera no es sino una autojustificación de la propia autora (su carácter, modos… etc), y, por tanto, su alter ego (en favor de esta teoría está el que la propia Travers contara de pequeña historias a sus hermanas para consolarlas de la difícil situación familiar… cosa que metafóricamente, bien se podría entender como lo mismo que hace Mary Poppins).

-Los niños: en los libros, empiezan siendo cuatro, para el segundo ya son cinco, y así se quedan. Dado que tienen diversas edades, están en distintas etapas vitales y son de distinto sexo, eso le será útil a Travers para reflexionar sobre esas cuestiones (algunos de los capítulos más bellos e interesantes versarán sobre ello). Tienen personalidades definidas, diferenciadas, y no siempre van en grupo o les afecta lo que al otro.

-Los padres: dentro de lo poco perfilados que están, son desastrosos, extravagantes, ridículos, incluso grotescos. Tienen por lo menos tres criados (a cada cual más incompetente, Robertson Ay, es el paradigma de ello: un jardinero que se pasa todo el día durmiendo); y la madre, sin ningún tipo de quehacer o profesión, se ve continuamente sobrepasada por todo e incapaz de hacer nada. Menos hace el señor Banks, que a la mínima se larga de la casa, los deja a todos colgados y se queda tan ancho; no obstante, este último personaje es el que da las respuestas más divertidas, irónicas, con doble sentido y de más acerada crítica social del libro.

-Otros personajes: en ninguna de las películas hechas por la Disney hasta ahora tienen gran peso (quizás el almirante Bloom es la excepción), sólo se les cita; aunque en los libros sí: se convierten en personajes recurrentes, tiernos, que forman parte de la vida del barrio y que van apareciendo, salteadamente, en las diversas aventuras; aunque sin gran protagonismo, eso sí.

-Los familiares y amigos varios de la niñera: son el recurso por excelencia, excusa perfecta para iniciar y llevar a cabo nuevas aventuras, aunque su desmesurada cantidad no es muy realista, puesto que nunca se terminan, y pueden ser de lo más estrambóticos (uno de los parientes es una serpiente, con eso lo digo todo). Siempre suelen tener personalidades muy extravagantes, además de hacer cosas de lo más extraordinarias y mágicas.

Sea como sea, a continuación reseño aquellos libros a los que he tenido acceso integramente, al resto, hasta ahora, no he sido capaz, ni en castellano ni en inglés (pero como todos sabemos que Universo de A está siempre en permanente construcción, si algún día consigo tener acceso a los que me faltan, no dudaré en hacer una actualización y reseñarlo todo aquí, en este mismo artículo), aunque los he investigado por el interés que me suscitaban.

En cualquier caso, los pasajes más conocidos y famosos (es decir, los que salen en las películas de la compañía Disney), forman parte, mayoritariamente, de los dos primeros libros.

Como curiosidad, decir que las ilustraciones originales, fueron realizadas por Mary Shepard, la hija del que ilustró otra famosa obra británica, también llevada al cine por Disney (y retomada por la compañía en varias ocasiones –entre ellas, muy recientemente, esta-): Winnie the Pooh.

También, no creo que esté de más comentar que no pude dejar de pensar, mientras los leía, que era muy posible que, hoy día, estos libros no encontrasen editor. Realmente es terrible cuando se piensa la cantidad de obras maestras que han podido no llegar a su público por las mentes obtusas que están arriba y que tienen la responsabilidad de que tal cosa suceda. Una desgracia. Pero yo hace mucho tiempo que pienso que el mayor y más importante talento es, precisamente, saber reconocer el talento. El resto de ellos, son mucho más frecuentes. Pero, desgraciadamente, el primero es más bien infrecuente, especialmente dónde debería estar.

En cualquier caso, los que he podido leer al completo son los siguientes:

 

-MARY POPPINS

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Con franqueza, la primera entrega me gustó bastante poco, y muy a punto estuve de no leer la siguiente debido a lo mucho que me había decepcionado… pero como ya tenía el segundo libro acabé haciéndolo. Hice bien. Verdaderamente, en el arte de la literatura, muy rara vez se puede aplicar eso de “segundas partes nunca fueron buenas”, pues más bien los segundos realmente mejoran los primeros (un muy notorio ejemplo de ello es el “Don Quijote de la Mancha”, a mí, personalmente, me gusta más la segunda parte, la veo mucho más trabajada que la primera).

Como ya se ha comentado, carece de una historia, de un hilo conductor que enganche capítulo tras capítulo, con lo cual es como leer un libro de relatos cortos, pero siempre con los mismos personajes.

Personalmente, en esta primera entrega, me costó mucho aceptar el juego que propone Travers y su estilo… de hecho, me pareció simplista, un tanto infantiloide, terriblemente mal estructurado, muy defectuosamente narrado y con una presentación y descripción de personajes mucho más que deficiente… aunque, con el paso de las páginas, acabé por aceptar y valorar su gran imaginación, creatividad y sentido de la estética. Quizás eso fue lo que me llevó a, finalmente, dar una oportunidad al segundo volumen.

Sin embargo, la mayoría de las aventuras más conocidas, están recogidas en este primer libro: el tío Albert, el paseo por la pintura de la calle, la mayoría de las cosas de la llegada (la bolsa extensible, la medicina que cambia de color…)… hasta la canción eliminada “Chimpanzoo” que los hermanos Sherman compusieron para la primera película. Así que, por supuesto, para aquellos a los que tanto nos gusta comparar adaptaciones entre medios, ver lo que funciona y lo que no, analizar las decisiones tomadas y confrontar resultados… esto siempre resulta apasionante.

No obstante, sigue sin parecerme el mejor libro para conocer al personaje… y como tampoco es necesario empezar por este para ello, pues hasta recomendaría no hacerlo, y elegir, por ejemplo, el siguiente, que reseño a continuación.

 

-VUELVE MARY POPPINS

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La segunda parte, me gustó mucho más. Tal vez fuera porque ya me había habituado al estilo de la escritora, quizás porque ya había pasado el primer filtro de lo que conocía o lo que esperaba y había asumido plenamente lo que había realmente… o tal vez, más probablemente, porque es bastante mejor.

Me pareció mucho más fácil de leer, imaginativo, rico estéticamente y, muchísimo mejor trabajado. Algunos capítulos son de una profundidad espectacular, y a veces, Travers se sale de lo bonito y llega a evocar otras emociones con gran potencia, demostrando que tiene un vivo talento para más géneros.

Como de costumbre, se hace una auténtica inmersión en el alma de un niño y de su perspectiva del mundo. Además, las aventuras narradas tienen más encanto y están mejor descritas. Y desde luego, es mucho más divertido. La marcha de Mary Poppins es de lo más espectacular, hermosa y memorable.

En definitiva, un libro con mucho encanto, y con un toque diferencial, proveniente sin duda alguna de una persona con cierta capacidad para lo extraordinario… sólo así se puede imaginar y escribir cosas como esas.

 

LA AUTORA, P. L. TRAVERS

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A veces, los creadores son tan interesantes como su propia obra, y hacen que resulte extraordinario, increíble e incluso inexplicable que hayan sido los autores de esta. Pamela Lyndon Travers es el paradigma por excelencia de ello. Doy algunas pinceladas sobre su vida.

Cualquiera, tras ver la película de los 60 de Disney, hubiera pensado que la autora de estos libros tenía que ser una señora encantadora, deliciosamente sensible ante la belleza y de afable charla. Según los testimonios de la mayor parte de los que la conocieron, nada más lejos, es más, sus familiares, a su muerte, llegaron a decir que había muerto sin amar a nadie ni ser amada por nadie.

Travers nació como Helen Goff en Australia, y vivió una infancia complicada, con un padre alcohólico que tenía frecuentes problemas en su trabajo, y una madre al borde del suicidio. Al parecer, así nació Mary Poppins y sus fantásticas aventuras, como consuelo y distracción para ella misma y sus hermanas. Con la muerte de su padre, debido a sus adicciones, una tía se hizo cargo de la familia.

Pero Travers pronto desarrolló su vena artística, ya fuera a través de la escritura o del arte dramático, lo que empezó en Australia y culminó en Inglaterra.

Acerca de su vida personal, existen sospechas de que mantuviera una relación lésbica con una mujer con la que convivió mucho tiempo.

“Mary Poppins” fue su gran éxito, a partir del cual escribió varias secuelas, y aunque escribió algún que otro libro desligado del personaje que la haría inmortal, lo cierto es que los libros de la niñera son los que conforman la mayor parte de su obra.

Existen diversas versiones de cómo la obra llegó a Walt Disney, una sugiera que este mismo la descubrió, y otra que fue el propio editor de Travers el que se la mandó. Sea como sea, la escritora se negó en rotundo durante años a cederle los derechos, y sólo los aprietos económicos la harían cambiar de idea. Las personas de la compañía que recuerdan trabajar con ella, la evocan como una persona difícil y contradictoria (incluso existen caricaturas de ella gritando “no, no, no”). Aunque el filme se hizo, a ella no la terminó de satisfacer y expresó su desdén hacia muchas particularidades de este, haciendo constar que esa no era su Mary Poppins sino la de Disney. Al menos supuso un revulsivo para que volviera a escribir más libros sobre su personaje icónico.

El resto de su vida personal no fue menos culebrónica: escogió a una familia pobre y decidió adoptar a sólo uno de sus dos gemelos, cuando los abuelos, al cuidado de estos, le imploraron que no separase a los hermanos, ella se negó en rotundo. Supuestamente, una astróloga le había indicado cual de ellos se portaría mejor. Con su hijo adoptivo intentaría hacer realidad sus fantasías educativas, posiblemente tratando de poner en práctica aquello que había predicado en sus libros. No funcionó. Para colmo, nunca le contó nada de sus orígenes, cuando el chico lo descubrió, buscó a su hermano y lo llevó al que había creído su hogar; cuando tal cosa sucedió Travers no sólo no pidió perdón, sino que echó a ambos de su casa. Como resultado, su hijo acabó con una depresión y a posteriori se suicidó.

Helen Goff o P. L. Travers murió sola. Posiblemente, nadie la había hecho feliz ni ella misma había sido capaz de hacer feliz a nadie… pero, desde que la creó, Mary Poppins ha hecho feliz y ha dado esperanza a millones de personas, y eso, no tiene precio; pocas cosas más benéficas y maravillosas se pueden hacer como algo así. Y es que, como tantos otros artistas, debe ser amada, no por ella misma, no por la persona, sino por su creación, por su obra, esa es su verdadera aportación al mundo.

 

 

Las películas

Aunque la compañía Disney no es la única que ha adaptado “Mary Poppins”, sin duda alguna, es incuestionable que sus versiones han sido las más influyentes e importantes para la cultura a nivel global. Por ello será de ellas sobre las que hablaré en este apartado, dejando para el siguiente, el tratar sobre otros casos.

Es más, no tiene vuelta de hoja que la trascendencia del filme original ha sido tal que aún hoy día se sigue viendo con gusto y teniendo la misma frescura y vigencia del primer día… tanto como para que se haga una secuela medio siglo después, y esta sea anunciada a bombo y platillo, con grandes estrellas, y como el gran y más esperado estreno del año. Yo creo que eso lo dice todo.

Sin embargo, antes de empezar y, entre otras cosas, confrontar la obra original con la adaptación, tenemos que tener en cuenta que Disney muy rara vez ha hecho adaptaciones rigurosamente fieles; todas aquellas obras que llegan al cine de su mano, son pasadas por la pátina de la casa y perfiladas con su estilo. Eso no significa que no sean adaptaciones leales a la esencia de las obras originales, pues casi siempre lo son, y eso es lo importante (por ejemplo, es casi unánime que la mejor adaptación de la obra de Carroll “Alicia en el país de las maravillas”, es precisamente la de la compañía del ratón).

Disney siempre ha comprendido que el cine y los otros medios tienen formas y recursos de expresarse diferentes, y teniendo tal entendimiento, a partir de ahí, hacen su trabajo. Ello no quiere decir que se reduzcan a eso, pues, como ya digo, también hacen “su” obra; el toque “Disney” (amado por los más, denostado por los menos) no se escapa a casi ninguna de sus producciones (ni siquiera el personalísimo Dalí, pudo escapar a él con su corto “Destino”, que es tan Disneyano como Daliniano). Y partiendo de ese punto, así debemos juzgar y entender sus adaptaciones; ello nos puede generar aprobación o rechazo, pero es importante entenderlo de cara a hacer una buena valoración de esas obras.

 

-MARY POPPINS

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Crítica como adaptación:

No lo puedo negar, yo, poniéndome en la perspectiva de la autora y empatizando con ella, también entiendo que no le gustase la película, y, de ser ella, posiblemente la hubiese rechazado de la misma manera (si uno piensa en la Mary Poppins original, es inconcebible que se ponga a cantar); pues, como he explicado párrafos más arriba, el filme es tan Travers como Disney, características a menudo incompatibles, por lo que que lo primero debe ceder para ser lo segundo con cierta frecuencia. Justo es decirlo.

Como también es absolutamente justo decir que la obra literaria original es inadaptable tal como está escrita al cine, no creo que funcionara ni como película por episodios, o desde luego, no tan bien (e incluso, si la convirtiéramos en una serie, posiblemente sería mortalmente aburrida)… porque pasar, lo que es pasar algo, en realidad argumentalmente no pasa nada en los libros.

Por ello, es mérito de la Disney el crear un guión que saque lo mejor y más aprovechable para el cine (sí, lo sé, a unos nos gustarán más unas aventuras que otras, pero para gustos, colores) y que además consiga cohesionarlo, cosa que no nos encontramos en la novela original.

Personalmente, y sin ponerme en la perspectiva de la autora (cosa que ya he hecho) desde el punto de vista del cineasta, considero todos los cambios y licencias tomadas absolutamente satisfactorias, necesarias y adecuadas: desde dulcificar algo a la soberbia Mary Poppins a reducir la familia de los Banks o los personajes principales. Depositar el contrapunto humano en el personaje de Bert, también es un acierto.

Por otra parte, lo dicho, tal vez no sea una adaptación fiel, pero desde luego, es leal; así, Travers y Disney se unen en un matrimonio que sólo fue bien avenido en la pantalla.

 

Crítica como película:

Es una obra maestra, se entendió en su tiempo y la historia lo ha confirmado. Existen tantas películas que no sobreviven a la prueba del tiempo… pero no hay duda de que “Mary Poppins” no sólo ha salido ilesa, sino quizás incluso con más fuerza. Una y otra vez, nuevas generaciones la descubren, viéndola como algo novedoso, y, ahí está lo gracioso, sin saber que eso que están viendo es una obra de cine clásico, que ha sido hecha hace medio siglo… si eso no es prueba de su calidad, no sé qué lo será.

Como ya hablé de la adaptación un apartado más arriba, me centraré en analizar el guión cinematográfico, diciendo que está muy bien llevado y estructurado, ya que, partiendo de las historias individuales e independientes del original, consigue hilarlas con maestría y que verdaderamente parezca que todo sigue una evolución natural, no se experimentan saltos o te preguntas si la historia podría estar presentada de otra manera, todo se presenta tan bien, que das por hecho que la historia es realmente así. Las creaciones originales del guión, también salen muy bien paradas y se integran perfectamente en las tramas, consiguiendo, además, algo muy raro y extraordinario en el cine, que es que los personajes tengan más profundidad psicológica y alcance emocional que los de la obra literaria. Realmente, con los personajes creados por Disney empatizas y te implicas, sientes lo que ellos. Y lo dicho, a todas luces, la trama principal creada por Disney es un absoluto acierto que le da una gran emocionalidad al filme.

La dirección de Stevenson es verdaderamente maravillosa y dinámica; ningún momento se hace largo en esta película. Contiene, además, varios momentos de suma originalidad (algunos provocados por el guión) y avanzados a su tiempo.

A nivel técnico, ¡madre mía!, ¡que se puede decir sino alabanzas!, ¡ya quisiera cualquiera de las películas que se estrenan hoy día envejecer tan bien como esta!. Ello, es muestra de algo que yo defiendo desde hace muchos años: que los efectos especiales siempre son mejores que los digitales, puesto que, si consigues engañar al ojo hoy, también lo harás dentro de cien años; así, filmes como este o “El mago de Oz” (e incluso películas del cine mudo) siguen teniendo trucajes que necesitas que te expliquen para saber cómo se hicieron… en cambio, todo lo digital se nota siempre, es más que evidente ya en el estreno, y con el paso de unos pocos años se ve aún más primitivo y poco verídico (a este respecto, para entender este argumento, una de las mejores cosas que se puede hacer es comparar la primera “Toy Story” con la última).

En definitiva, lo dicho: la dirección artística tiene todo el encanto y la riqueza del viejo Hollywood, al igual que el encantador vestuario; los efectos especiales son absolutamente maravilloso, muy especialmente los de la secuencia animada; la fotografía, si bien corresponde mucho a su época, es perdonable (muchos de los que ven esta película no saben ni siquiera que es “antigua”, con eso lo digo todo), son modas de cada tiempo; las coreografías están también muy bien pensadas, no es para menos, los coreógrafos eran discípulos de algunos de los mayores profesionales del sector de la época, que realizaron trabajos para los grandes musicales de la MGM.

En lo que respecta a la banda sonora, a pesar de que los hermanos Sherman nunca me han terminado de entusiasmar del todo (y eso que han hecho las canciones de algunos de mis clásicos Disney favoritos… aunque el gran compositor vendría luego: el gran Alan Menken), reconozco que hacen un trabajo soberbio en este filme, y aunque suelo deplorar su gusto por la rima fácil con palabras inventadas (muy en boga en la época, por otra parte), lo cierto es que en este filme da un resultado excelente. Así pues, la banda sonora se integra perfectamente en el filme, conformando un musical maravilloso, encantador y perfecto.

Sólo queda hablar del reparto artístico, el cual quedaría ya canonizado como grandes iconos de la Disney gracias a este filme, comento a los que considero más destacables:

-Julie Andrews: la actriz se daría a conocer en el cine con esta película, y ello marcaría su carrera (para bien o para mal, como explico unos párrafos más abajo). En el filme hace un trabajo impecable y sumamente difícil, intentando compaginar y combinar la Mary Poppins de Travers, Shepard (copió detalles de las ilustraciones) y, por supuesto, la que quería Disney. Un equilibrio indudablemente difícil. Pero su dulzura natural, unida a su frialdad británica, la hacen salir airosa y con nota, así, el personaje creado por Andrews tiene sus momentos desagradables (como el personaje original) pero, en última instancia se hace querer (estilo Disney). Como curiosidad, decir que, aunque a Travers al principio le parecía demasiado atractiva, al final consideró que, al menos, “tenía la nariz” del personaje.

-Dick van Dyke: más que para ningún otro, esta es una película de lucimiento para él en la que da rienda suelta a todas sus capacidades, talento y vis cómica; llegando a interpretar hasta dos personajes (es, disimuladamente, el personaje del dueño del banco además de Bert… echar una ojeada al divertido detalle de los créditos finales). Sin duda, le da importancia y se gana al espectador frente a su escaso protagonismo en las novelas. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, queda eclipsado por Andrews, pareciendo siempre más un personaje secundario… y eso que es el primero que vemos y prácticamente al último.

David Tomlinson: un habitual de las películas Disney de esa época, este actor es mucho más versátil y capaz de lo que pudiera parecer a primera vista (como demostró en múltiples filmes); y, aunque no tiene un personaje muy agradecido a nivel de reconocimiento de público, merece todos los respectos, que se mire con más atención su interpretación y que esta sea reivindicada como una de las cosas más a valorar del apartado artístico de este filme.

-Los niños: hacen un papel perfecto, lo que debió de ser muy difícil; teniendo en cuenta sus edades y la infinidad de dificultades técnicas que este rodaje suponía. Como curiosidad, decir que el niño (Garber) tuvo un final muy trágico y prematuro. Ella sigue viva y apareció brevemente en la nueva película de la que hago la crítica a continuación.

Por lo demás, el doblaje en español es muy bueno (la voz cantada es casi idéntica a la de Andrews)… quizás demasiado. ¿Por qué?, pues porque precisamente algunas de las frases más icónicas de la película, sólo se oyen en nuestra versión para España y no en el original; me refiero, por ejemplo, a que en el doblaje, Mary Poppins dice que se va porque debe ir también con otros niños, creando así, tantas esperanzas infantiles de que algún día la famosa niñera mágica aparecerá llamando a la puerta de nuestra casa; tal frase, en la versión original es absolutamente diferente, y hasta desagradable, viéndose casi como frío el personaje (y si no fuera por la calidez de Andrews así sería); de modo que, paradójicamente, sólo los españoles hemos podido tener tan bella esperanza. Sin embargo, curiosamente, una década más tarde, con Walt ya muerto, la compañía que lleva su nombre, tuvo exactamente la misma idea en “Pedro y el dragón Elliot” (cuyos paralelismos con “Mary Poppins” no son precisamente escasos), ¿no es curioso?… y, ¿casual?.

Por cierto, para ir finalizando, comentar que una de las anécdotas más sonadas de este filme es que Julie Andrews pudo hacerlo por ser rechazada para “My fair lady”, curiosamente el papel con el que había triunfado en Broadway, sin embargo, Warner no la consideraba suficientemente famosa, así que el personaje acabó en manos de Audrey Hepburn (la cual sólo cantó con su voz en una película “Una cara con ángel”). La academia, tenía por norma en aquella época, no nominar a aquellos actores que habían sido doblados, así que Andrews fue nominada por “Mary Poppins” y Hepburn no por “My fair lady” (su dobladora, Marni Nixon, que lo hizo por muchas estrellas, curiosamente, aparecería brevemente haciendo de una de las monjas en “Sonrisas y lágrimas”, película protagonizada por Andrews); para colmo, la primera ganó el codiciado Oscar. Esa sería la culminación de los triunfos de Andrews sobre aquellos que la habían rechazado, pero hubo más: en la gala de los Globos de oro, la actriz se desquitó también contra el director de cine George Cukor, cuando, al recoger el galardón, agradeció en su discurso el no haberle dado el papel que había tenido en el teatro, porque, si no, ahora no tendría ese premio.

Sin embargo, o eso se dice (creo haber leído alguna que otra declaración despreciativa), su agradecimiento a “Mary Poppins” sería efímero… pues posiblemente siempre lo consideró el personaje que la devoró. Yo creo que más bien fue la María de “Sonrisas y lágrimas”: dos niñeras seguidas, dos filmes tan paralelos… el encasillamiento actoral en un lugar como Hollywood y más en tiempos del star system estaba cantado. Pero, del mismo modo, esa asociación de ella con Disney, es precisamente lo que la ha permitido seguir trabajando hasta la actualidad, teniendo una avanzada edad, momento en el que los papeles escasean. Sí, es tan fácil y tentador asociar a Andrews con Disney, como con Minnie Mouse; tal vez porque, la imagen pública que tiene, que se ha creado o que nos han vendido, encaja a las mil maravillas con la casa del ratón.

En definitiva: La película fue un éxito rotundo en su momento, tanto de público, crítica como de premios; y, finalmente, la historia la ha confirmado y coronado como el clásico y obra maestra imprescindible que es.

 

-MARY POPPINS RETURNS

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Crítica como adaptación:

Es imposible dirimir de qué es adaptación exactamente esta película, si del filme original o de la obra de Travers, puesto que depende tan absurdamente de ambos que no queda nada claro… se quiere acercar y a la vez se quiere alejar, pero nunca termina de decidirse. No obstante, como este apartado sirve para hablar de la cuestión literaria, a ello me referiré.

La película en sí misma, ya nació con la contradictoria vocación de ser una secuela de la película de los 60 (y por tanto hacer ver su deuda con ella), acercarse más a la obra de Travers… y a la vez ser un producto original por sí mismo. Si conocéis todo lo anterior o, simplemente habéis leído todo este artículo hasta aquí, sabréis que lograr esos tres propósitos a la vez es casi un imposible… y efectivamente, no se logra.

En lo que respecta a la cuestión literaria, se escogen nuevos episodios, la mayoría también de los dos primeros libros, lo que me gustó y a la vez me apenó: lo primero porque eran unos capítulos con gran imaginería visual y que sabía que quedarían muy bien traspasados a imágenes en pantalla cinematográfica; lo segundo porque, siguiendo la estela del filme original, se adaptaron a su manera… con la diferencia de que esta vez no salió bien.

Así pues, intentan acercarse más a la novela, ser fieles a ella, a la vez teniendo las limitaciones y el ejemplo inseparable de la propia película original… pero a la vez alejarse y crear un producto diferencial… con lo que, al final, no logran nada de ello. Si a Travers la primera no le gustó, con esta segunda hubiera ido directa a los tribunales, pero con la acusación de infamia y alegando su derecho al honor; francamente, es mi opinión que, teniendo en cuenta y valorando su manera de pensar, de ver sus personajes o de lo que opinó sobre la película original, esta segunda parte le hubiese parecido una afrenta contra su obra, una blasfemia de adaptación, una intolerable y oportunista maquina sacacuartos.

 

Crítica como película:

Ojalá, esta secuela se hubiese hecho hace décadas, en sus tiempos (pero Walt Disney nunca fue de secuelas, ni siquiera se decidió por la de “Blancanieves y los siete enanitos” que se llegó a plantear… eso de las segundas partes es mucho más reciente en la compañía), pues la verdad es que, como sí ha demostrado la película actual y se puede apreciar en los libros, había material de sobra para una y varias más… pero, tal vez, teniendo en cuenta las interminables dificultades ya atravesadas para llevar a la pantalla la original, hacer otra no resultaba de lo más tentador. En cualquier caso, de haberse hecho en los 60, estoy seguro de que hubiese resultado muy buena.

Y, sobre todo, de darse el caso anterior, no tendría el problema de la secuela de la que estoy haciendo la crítica, que es enfrentarse a la larguísima sombra de la precedente: ya no estamos hablando de una peliculita que tuvo cierto éxito hace un par de años, estamos hablando de un clásico plenamente consolidado y reconocido. Las comparaciones van a ser casi inevitablemente odiosas.

En realidad, toda la crítica se podría resumir en algo muy simple: en la secuela se ha cogido lo superficial y se ha obviado la esencia de los originales, la cual que hace que sigan viviendo, interesando y merezcan la pena (un ejemplo muy notorio de ello, y muy ilustrativo, también se dio aquí en España, con la sucesión de “Carlos Rey Emperador” a partir de “Isabel”).

El guión de David Magee empieza mal, pues, como si la película original se hubiese estrenado ayer, decide seguir el lema habitual para las secuelas en Hollywood: de lo mismo, más y más grande. Así pues, copia, bueno, más que copiar plagia, descaradamente la estructura y personajes originales… entonces se da cuenta, y comienza a meter ciertas pequeñas diferencias, como que la historia se desarrolla ahora con los niños Banks siendo mayores (de lejos, lo más original e interesante de la nueva propuesta); Jane sucede naturalmente a su madre sufragista siendo ella sindicalista; los hijos no se meten en una pintura en la acera sino en una sopera pintada; y no hay deshollinadores sino faroleros. Sí, dicho y analizado así suena ridículo, casi a tomadura de pelo pero efectivamente, es así.

No voy a negar, con todo, que el guión de Magee no tenga sus virtudes, la ya comentada de los niños Banks creciditos y que Michael sea un artista teniendo que soportar la cruda y material realidad o que sus hijos sean tan autónomos (y que se hayan reutilizado para la ocasión los nombres de los hermanos que no salieron en el filme original)… etc.

Pero, en general, la estructura no funciona: se ve forzada, artificial, va a trompicones; no hay coherencia ni cohesión, se salta de una aventura a otra sin ningún sentido; y el final llega predeciblemente y sin ninguna emoción.

Tampoco los personajes funcionan o resultan verosímiles: Michael es demasiado buen padre, está sobreprotegido por un guión obsesionado porque no sea otro señor Banks… cada vez que se enfada, rápidamente se retracta y se demuestra un tipo encantador. A la Jane sindicalista no hay quien la entienda. Y mucho menos su relación con el farolero, un personaje que aparece de repente sin ningún sentido, a la mínima se acopla al grupo sin más, sobrando todo el rato, y haciendo que te preguntes, “¿pero este, qué coño pinta aquí?”, en realidad, pese a que el guión y la dirección lo tratan de lujo (se le concede la primera canción y muchos planos de reacción), acaba por resultar un personaje extremadamente repelente porque es muy evidente que nos lo están metiendo con calzador. Por su parte, los niños son demasiado independientes, autónomos, resueltos, inteligentes, perspicaces… vamos, que no hay quien se los crea. El resto de los personajes aparecen porque sí, sin más, tienen unas motivaciones absurdas o contradictorias… y tienes que tragar con ello.

Otro terrible defecto del guión es que está empeñado en adoctrinar al público, dando y aportando moralejas de forma obvia e insoportable durante buena parte del metraje. Eso no se ve en ninguna de las obras originales, ni las literarias ni la cinematográfica. Podrá haber, no lo niego, una lección de fondo, pero te tienes que tomar la molestia de sacarla y llegar a esa conclusión tú mismo, no te la encajonan e imponen tan descaradamente como en esta secuela.

Así pues, con un guión plagado de defectos, que debes tragar como quien comulga con ruedas de molino, el resto de aquellos que se ven implicados en la película, no les queda más remedio que intentar salvar lo insalvable… y hay que reconocer que logran aparentarlo con suma dignidad.

El capitán de tal barco hundido de antemano, y que se ocupa de reflotarlo, es el gran Rob Marshall, uno de los mejores, y sin embargo más subestimados directores de la actualidad (que ha hecho grandes obras de las que este blog ha hecho la crítica, como: “Chicago”, “Nine”, Into the Woods”, o, fuera del musical, la cuarta parte de la saga de “Piratas del Caribe”) puesto que tiene una capacidad innata para el espectáculo y para la creación de imágenes grandilocuentes y fastuosas. Además de una gran inteligencia, tanto visual como metafórica. Amante y experto del género musical (don que no todos tienen); la película le debe muchísimo el no acabar siendo el bodrio previsible, insoportable e intragable que el guión prometía. Hablando claro: tal vez “Mary Poppins returns” no nos cuente mucho, pero al menos lo hace de una forma vistosa, colorista, con imágenes llenas de evocadora belleza y que, por tanto, merece la pena ver y vivir.

A todo ello ayuda un apartado técnico muy desigual, que se ve mayoritariamente afectado por la lacra principal que ya comenté de la película: quiere suceder al original y a la vez ser diferencial; así, en la dirección artística casi no reconoces los escenarios originales o, directamente, se cambian por completo, no hay el  más mínimo interés en reproducirlos. El vestuario parece un disimulado plagio descarado del original, un poco más barroco, eso sí. La fotografía no aporta nada del otro mundo. Y si la película original destacaba por sus grandes innovaciones y espectaculares efectos especiales, esta, muy por el contrario, no es más que una vulgar sucesión de efectos digitales que, pasado mañana, estarán totalmente desfasados; da igual, hoy no engañan a nadie, mucho menos lo harán dentro de un tiempo; así pues no hay sorpresa, no hay innovación, no hay nada. También la animación en esta película deja mucho que desear, parece la realizada para una de esas segundas partes comercializadas para salir directamente en formato doméstico o para Disney channel… y es que, desde la desaparición del cine de animación tradicional, Disney ha perdido práctica en el arte que la ha encumbrado, y se nota.

Si se puede, no obstante, recalcar en todo el apartado técnico una muy cuidada estética, pero, como ya he dicho, muy deudora del filme precedente, de una manera demasiado obvia y evidente. Sin embargo, su manera, a la desesperada, de intentar diferenciarse, hace que la secuela parezca despreciar a la original e intentar hacerla de menos (por ejemplo: ¿qué costaba hacer más de un homenaje al vestuario original?, ¿por qué Mary Poppins no aparece con una prenda perfectamente reconocible del primer filme?, ¿por qué, tan innecesariamente, se ha cambiado hasta el diseño del paraguas?, ¿por qué el banco no es el mismo?… etc).

La banda sonora, a cargo de los más que competentes, y de demostrado talento, Marc Shaiman y Scott Wittman (autores, entre otras grandes obras de “Hairspray” o la serie “Smash”), tiene, sin embargo, el mismo problema que todo lo anterior, pero por razones claramente diferentes. A Shaiman y Wittman les pierde el respeto por el material original (es más, fue consultor de la película el hermano Sherman que queda, Richard “Dick”), y como su estilo es mucho más rimbombante y majestuoso que el de los Sherman, mucho más sencillo y sutil, se están todo el tiempo limitando, autocensurando, cortando las alas… cuando parece que la canción despega, se cae. Es decir, el estilo no llega a ser el de los hermanos Sherman pero tampoco Shaiman y Wittman, de modo que se queda en una especie de extraño limbo intermedio; que, aunque resulta escuchable, no es original y mucho menos triunfal o algo maravilloso; simplemente un homenaje al material del primer filme (es más, de lejos, la música, es el apartado de la película que más homenajea y mira con cariño al filme original, pues se incluyen todo tipo de leit motivs, melodías y referencias a la banda sonora original, hábil e inteligentemente mezcladas, algunas casi escondidas, entre las nuevas melodías, como a modo de guiño para que los amantes del original las vayan descubriendo con deleite); pero nada más que eso. Es más, hasta tal punto es así, que casi todas las canciones pueden encontrar su equivalente exacto en la película original… y francamente, no salen ganando en la comparación.

Sólo queda hablar de los actores, voy nombrando a los más interesantes (aunque, en general, puedo repetir lo ya dicho, todos palidecen frente a los originales):

-Emily Blunt: Marshall ya se había enamorado de su voz en “Into the Woods”, es más, lloró en su prueba. Así que la eligiera para el papel es comprensible. De hecho, su voz original cantada es de una gran belleza.

interpreta a una Mary Poppins más cercana al personaje original de Travers que la de Andrews, aunque, muy posiblemente, con un exceso innecesario de sofisticación (la escritora decía que su personaje era “majestuosa” no “sofisticada”, son cosas que pueden parecer iguales como vocablos pero son muy diferentes, y más llevadas a la práctica). Desprecia con absoluto desdén la creación de Andrews y no hace ni un sólo guiño, ni una referencia a esta (oficialmente, y aunque varios de los actores de la original salen en la secuela, Andrews se negó. Aseguró que era porque ese era el show de Emily y no quería quitarle protagonismo… viendo el resultado, no me extrañaría que hubiese rencillas entre ambas actrices o algún tipo de problema); con todo, es incapaz de eclipsarla; siempre será “la otra” que hizo “la otra película” de Mary Poppins. Y, sino, al tiempo.

-Lin-Manuel Miranda: el hombre de moda en Broadway, y cada vez más en Hollywood desde Vaiana, era una elección también lógica para el papel. Su voz original cantada a mí no me gusta, yo no sé que le ven.

Sin embargo, tiene un personaje repelente que intenta salvar a golpe de amplia sonrisa, sin éxito. Si el Bert original era un vehículo de lucimiento para el actor, y sin embargo lo aceptabas y te gustaba; el Jack del nuevo filme, cumple las mismas características pero resulta exhibicionista e insoportable.

Ben Whishaw: al igual que le pasó a su padre en la ficción, hace un papel de lo más memorable y en el que merece la pena fijarse, pero muy poco desagradecido. Su historia es, de lejos, lo más interesante y original del filme, una pena que este no hubiese tirado por ahí, y hubiese implicado más a los adultos en las aventuras mágicas (no estaría fuera de lugar, tal cosa ya se ve en los libros).

-Colin Firth: este “hater” del género musical, al que no le gusta bailar, y no se siente muy cómodo cantando, se libra de ambas cosas en esta ocasión. Sin embargo, ya lleva más de una película del género a sus espaldas (a destacar, la saga “Mamma mia!”). Su personaje es tan inconsistente, y él es tan flojo como actor, que resulta un villano patético, más paródico que temible, pero nada simpático.

-Los niños: con tanto encanto como los originales, a pesar del guión, consiguen robarle planos y secuencias enteras a más de un experimentado intérprete adulto.

Por su parte, los ya añejos Meryl Streep (que Marshall ya había conocido y dirigido en “Into the Woods”, y que en los últimos años ha acumulado una gran y notoria experiencia en musicales, especialmente con la saga de “Mamma mia!”);  Dick Van Dyke (el Bert y señor Dews original, que en la secuela vuelve como su hijo ficticio), Angela Lansbury (otra veterana Disney con películas como “La bruja novata” o su doblaje de la señora Potts en “La bella y la bestia”) hacen lo que bien pueden, que en la cuestión física es cada vez menos; salvando, no obstante, la situación muy dignamente.

Por otra parte, citar con detalle los cameos que hay, de grandes actores que forman parte de la filmografía Disney, algunos de ellos de la película original, me parece innecesario, pero recomiendo fijarse bien mientras se ve.

Respecto al doblaje, es desigual, aunque en algunos casos (como muchas otras veces), soluciona los desaciertos de la película.

En definitiva, aunque “Mary Poppins returns” consigue hacerse pasar, con bastante y descarada soltura, como una digna secuela de la original, no está en absoluto a su altura a ningún nivel por todo lo explicado anteriormente. Tampoco como película individual termina de funcionar por lo mismo. Eso no significa que no merezca la pena verla, que sí, pero siempre sabiendo y siendo conscientes de que su calidad es la que es.

 

 

Otras obras relacionadas de interés

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Como de la gran mayoría de grandes obras, sería imposible enumerar, toda su influencia a nivel global (incluso nacional), supondría un trabajo inabarcable, enciclopédico, fuera del alcance de este blog (y de sus propósitos, por otra parte). Pero para que os podáis hacer una idea, sin ir más lejos, existe una adaptación cinematográfica soviética del libro de Travers. Ahí es nada.

Por lo tanto, me limito a citar algunos ejemplos notables o que considero más remarcables (estáis invitados, como siempre, a aportar los vuestros mediante comentarios):

 

-AL ENCUENTRO DE MR BANKS

Consultar aquí y complementar con este otro artículo en el que la anunciaba. Un actual filme de la compañía del ratón Mickey sobre como Walt Disney consiguió los derechos de la díscola escritora.

 

-MARY POPPINS (el musical teatral)

Siguiendo la costumbre iniciada por “La bella y la bestia” de transformar los grandes musicales cinematográficos en teatrales, le llegó el turno también a “Mary Poppins”.

No tuve oportunidad de verlo en el teatro aunque sí de investigar el libreto y escuchar la grabación original de Londres, dónde fue estrenado.

Aunque prometía mucho y fue muy promocionado, parece más bien decepcionante.

El libreto, curiosamente del baron Julian Fellowes (muy conocido por ser el creador y guionista de “Downton Abbey”), aunque recoge más pasajes del libro y modifica cosas de la película, no parece ser capaz de sacar adelante el conjunto con sentido.

Los hermanos Sherman se volvieron a implicar con la banda sonora y, al contrario que con su versión teatral de “Chitty chitty bang bang” (un caso parecido, pues también fue creada a partir del filme y la novela homónima de Fleming), no consiguen un buen traspaso a la escena: Las canciones conocidas no tienen la misma magia y las nuevas no suenan interesantes.

Y por los vídeos que he visto, la puesta en escena tampoco parece nada del otro mundo….

 

-EL GATO QUE DESAFIÓ A UN REY

Corto realizado con motivo del 40 aniversario de “Mary Poppins” y del relanzamiento de la edición especial en DVD.

Está basado en uno de los capítulos del tercer libro. Julie Andrews, vuelve a participar, eso sí, haciendo de sí misma y sin disfrazarse, para llevar a otros niños a descubrir esta aventura cinematográficamente inédita.

No es nada del otro mundo a ningún nivel (ni artístico ni técnico) pero tiene encanto, se deja ver, es un buen complemento al resto de los productos audiovisuales sobre el tema.

 

-SIMPSONCALIFRAGILISTICOESPIALID… ¡OH! SO (Serie Los Simpson, 8ª temporada, capítulo 13)

Una “creación original” como Shary Bobbins (tanto como Ricky Mouse o el Pato Monald) aparece en la casa de la tremenda familia Simpson para reformarlos y hacer carrera de ellos… ¿lo conseguirá?.

Al parecer, el episodio fue idea de uno de los habituales de la serie, Al Jean, que se empeñó en llevar a cabo el capítulo a pesar del escepticismo de algunos de sus compañeros (jamás los Simpson habían tratado con la magia).

El resultado es un completo éxito, una parodia brillante de “Mary Poppins” y de EEUU, muy al estilo Simpson, lleno de momentos hilarantes, especialmente las canciones. Y además, un montón de homenajes a otros musicales como “Oliver” o “Flashdance” (sólo en la versión original, el doblaje cambió la letra); cosa que todos los amantes de este género apreciamos mucho.

Como curiosidad, decir que los creadores trataron de contactar con Julie Andrews para interpretar a su particular versión de la niñera, sin éxito y con una aparente negativa. Más tarde, una vez emitido el episodio, la actriz se dirigió a ellos diciendo que era fan de la serie y que por qué no se lo habían pedido. Ya veis, incluso para determinados niveles las estrellas resultan inaccesibles.

 

-NURSE MATILDA O LA NIÑERA MÁGICA

Una digna heredera de Mary Poppins, cuya influencia resulta muy difícil negar. Si la niñera de P. L. Travers te parece insuficiente, tal vez deberías conocer a la de Christianna Brand.

La siempre bella y cualificada Emma Thompson demostró que ella también hubiera sido una magnífica elección para el personaje de Mary Poppins, y comenzó una saga cuyo primer filme resulta toda una obra maestra.

 

 

Algunas citas memorables

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De los libros

“A buen principio no hay mal final”

“¿Qué es verdad y qué no lo es?, ¿sabrías tú decírmelo, o sabría yo decírtelo a ti?, quizá, lo más que llegemos a saber es que basta con pensar una cosa para que sea verdadera”

“Vuelve Mary Poppins”.

 

De las películas

“Todo trabajo tiene algo divertido, y si encontráis ese algo… en un instante… ¡chap!, ¡se convierte en un juego!”

“Lo único que se puede decir cuando no se sabe qué decir es… Supercalifragilísticoespialidoso”

“Mary Poppins”

 

De las otras obras relacionadas

“La obligación has de cumplir, no debes eludir / si no, lo ven, ¡hacedlo medio bien! / si… no cumples del todo, ¡en el fondo igual nos da! / todos lo practican, ¡hasta los papás!”

“Los Simpson”

 

 

Conclusiones

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Es imposible negar la importancia de Mary Poppins en la cultura, su influencia, capacidad para convertirse en un icono y facilidad para reconocerla, puede apreciarse aún hoy en día, ya sea a través de una imagen, o incluso de expresiones de la vida cotidiana; forma, innegablemente, parte de ese tipo de cultura popular que asume que todos conocen algo pues es evidente (o se hace imprescindible) que todos han tenido acceso a ello. Es parte de nosotros, todo un mérito, sin duda, porque muy pocas obras han conseguido tal logro, tal honor, que va mucho más allá del simple prestigio… y yo no tengo duda, de que la mayoría de los creadores elegirían, de poder hacerlo, esto para su obra.

Y, como siempre, ¡podéis hacer vuestras aportaciones a modo de comentario para complementar este especial!.

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