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Críticas exprés: Las bicicletas son para el verano / La judía de Toledo

La segunda república española (y la primera tampoco se queda atrás, también fue de lo más bananera… aunque su sucesora fue mucho peor) fue un régimen catastrófico y fatídico para este país. De democracia no tuvo nada, la jefatura de estado de izquierdas le hacía la vida imposible a las derechas (muy especialmente si estas conseguían algún poder en el gobierno); las mujeres no podían votar, (lo que ahora se justifica con el “voto de confesionario”, lo que, en otras palabras, viene a significar que se las consideraba tan estúpidas y tan faltas de capacidad de razonamiento e ideas propias, que se dejarían llevar por el cura… claro, como si los hombres no se confesasen también; eso es machismo puro, lo mires por donde lo mires); su aconfesionalidad fue un laicismo y una persecución descarada hacia la Iglesia católica como no se veía en siglos; la política educativa (que se benefició de proyectos que ya se habían iniciado en el reinado del Rey Alfonso XIII) era propaganda pura y dura (las conocidas como “misiones pedagógicas”, hacían cosas como alterar los clásicos del siglo de oro para dar una visión “adecuada” -traducción: politizada y propagandística del regimen-, por poner un ejemplo, el santificado Lorca, sin ir más lejos, cambió el auténtico final de “Fuenteovejuna” para evitar que se viera como los Reyes católicos hacían justicia y lo solucionaban todo al final de la obra); no hubo consideración alguna hacia la cultura (las obras del Museo del Prado arrastradas por media España y con riesgo de su destrucción; la quema incesante de iglesias bajo el lema, dicho por el propio Azaña, jefe de estado de este régimen infame, de que “todas las iglesias de Madrid no merecen la vida de un sólo republicano”, con la consecuente destrucción definitiva de un patrimonio histórico-artístico de valor incalculable)… y cuando las cosas se radicalizaron más, ya no digamos: asesinatos a mansalva sin juicio previo (de todo el que fuera levemente sospechoso de ser de una ideología no afín a la república), conversión en estado satélite de la Unión soviética… etc. Y ya no hablemos de sus dirigentes, que robaron el oro del banco de España para entregárselo a Moscú; o cómo abandonaron a su suerte, para salvarse ellos, sucesivamente, primero Madrid (que encima, fue lo último en caer), después Valencia y finalmente Barcelona, a sus ciudadanos y a todos aquellos que les habían sido leales. Sin mencionar que, muchas cosas que ahora no falta quien pretenda atribuir exclusivamente al régimen franquista, tuvieron su origen precisamente en la república (por ejemplo, la famosa ley de vagos y maleantes). Y como colofón, este tan terrible régimen republicano, provocó una de las más sangrientas guerras civiles de la historia de España, que además desencadenó, inevitablemente, en otra de las más terribles guerras de la historia de la humanidad: la segunda guerra mundial (que parecía imposible después de la primera, la gran guerra, aquella que “acabaría con todas las guerras”).

Todo esto, y muchas más cosas que me dejo en el tintero porque para eso necesitaría un libro entero (y ya sólo con lo que acabo de mencionar, adecuadamente desarrollado, se puede hacer uno bien gordo) se hicieron en apenas ocho años (y muchas de ellas, en sólo cinco)… ¿de verdad es ilógico que hubiera un golpe de estado que acabara con tan espantoso régimen?, cierto que lo que vino luego no fue mejor, pero también resulta consecuente: la segunda república ya había ejercido una fuertísima represión, había hecho todo lo posible para conseguir que lo que iba a pasar después fuera absolutamente lógico (la diferencia es que el franquismo tuvo cuarenta años para hacer más cosas… con todo, siguen asombrando la cantidad de barbaridades que se hicieron en apenas cinco); y cómo se suele decir, los monstruos son generados por otros monstruos: la segunda república es la madre del franquismo; por lógica y evidente consecuencia; y la represión y barbaridades que ejerció el régimen dictatorial del generalísimo no son sino una venganza y un resarcimiento de lo anterior; ¿injustificable aún así?, sí, desde luego, pero se puede afirmar con mucha, o incluso toda seguridad, que de haber ganado la guerra la república, lo que hubiera pasado no hubiera sido diferente sino incluso peor.

Y no mentiré, hoy España no sería lo que es si no hubiesen ganado los nacionales, de lo cual, a pesar de todo, hay que alegrarse de que sucediera. De no haber sido así, probablemente hoy nos veríamos como muchos países de Europa del este, y ya sabemos como están por allí… a todo esto, ¿en cuales de ellos queda un régimen comunista?, ¡uy, espera!, ¡ni en Rusia!.

Y es que hay que dar muchas gracias a que volviera la monarquía a España, puesto que gracias a ello, las cosas volvieron a estar bien (como siempre demuestra nuestra historia, por otra parte),

Por eso me ponen enfermo los defensores demagogos de esa segunda república, que no solo es evidente que no han aprendido nada de la historia y del sufrimiento de muchos, sino que encima mienten (por estupidez, ignorancia o directamente perfidia) con todo descaro cuando hablan de ese régimen, pretendiendo santificarlo… afortunadamente, y como comentaba recientemente, la mayoría de la ciudadanía sí ha aprendido la lección y no quiere volver atrás… de ahí que el voto en España esté en el centro y todo el mundo tema los radicalismos (el mejor ejemplo, es cierto partido político, que en cuanto se le ha visto el plumero en ese sentido -a pesar de la mala situación actual, que provocó su surgimiento y efímero auge, debido a la necesidad de castigar a los partidos tradicionales-, ha perdido votantes imparablemente). Ocho infaustos y brutales años de ultraizquierdismo y cuarenta de ultraderechismo (consecuencia y reacción directa de los anteriores) nos han enseñado que la solución nunca está en los extremos sino en el medio; al menos hemos aprendido eso, y no es poco.

¿A qué viene todo esto en un artículo de críticas teatrales?, pues porque resulta que ambas obras de las que voy a hablar tocan el tema del franquismo (de una forma negativa), la segunda república (de manera benéfica), y yo ya me he hartado de tanto tópico demagógico y proselitista, de que pretendan hacer a la gente comulgar con ruedas de molino, ¡y no señor, bajo ningún concepto!, vamos a poner cada cosa en su sitio y dejar las cosas claras: la única diferencia entre la segunda república y el franquismo fue el discurso, porque el fondo, venía a ser el mismo, dos caras de la misma moneda… como siempre pasa con todos los regímenes radicales, por otra parte (y para quién me quiera argumentar la cuestión del voto… en el franquismo también se votaba, ¿o no era una “democracia orgánica” acaso?, tan democrática como la república que lo precedió eso sí, pues igualmente el lema venía siendo: si no piensas como yo, tienes un problema y todas las posibilidades de acabar mal).

 

¡Los teatros del Centro cultural de la villa Fernán Gómez cumplen cuarenta años! (la verdad es que ya vi el logo en el programa de mano de “Tristana”, pero me olvidé por completo de mencionarlo en aquella crítica), hay que ver como pasa el tiempo… y aunque no estén haciendo, de momento, muchas cosas para conmemorarlo, me gustan algunos de sus guiños para ello; así, ahora programan una obra autoría de aquel del que llevan el nombre desde la muerte de este (muy ligado a los teatros municipales por otra parte, esta obra de la que haré la crítica se estrenó en el Español, y su capilla ardiente fue también en este mismo lugar).

Sin embargo, últimamente reconozco que la programación ha bajado de calidad en este lugar, al menos en la sala Jardiel Poncela, ¡qué incesante, insufrible e interminable desfile de espectáculos de Cabaret!, ¡que por encima son todos iguales!, ¡visto uno, vistos todos!, ¿pero quién está al cargo de semejante obsesión electiva de bodrios y desajuste total?, sin mencionar que es evidente que en esa sala, condenable aunque habitual práctica en cualquier sector (y este no es menos), se impone la política del amiguismo, y el de darles un espacio a mis colegas “artistos”… a cargo del dinero público claro está (sólo pensar lo que se gasta en publicidad en la vía pública para anunciar esos espectáculos que no lo merecen, ya es como para caer muerto inmediatamente). Y yo tengo clarísimo que no me trago ni uno más, bastantes he soportado, y todos ellos de muy escasa y cuestionable calidad (ejemplo 1 y ejemplo 2).

Aunque al menos tienen programación, que es más de lo que pueden decir en el Matadero, dónde todo el mundo se pregunta que pasará, o siquiera, qué nombre tendrá. Lo sé, la vida es deliciosamente surrealista.

El programa de mano de esta obra es bastante escasito.

 

-Las bicicletas son para el verano: sería difícil definir políticamente a Fernando Fernán Gómez, no falta quien dice que los medios nos han querido ocultar sus afinidades anarquistas, sin mencionar su defensa de la violencia como manera de alcanzar un fin (aunque la bandera de esta ideología política figurara sobre su ataúd en la capilla ardiente); pero es innegable su colaboracionismo con el régimen de Franco (vivió y trabajó en él, y además aceptó premios y distinciones de este) que incluso hay quién dice que defendió en sus primeros momentos… en cierto modo, y salvando mucho las distancias, me recuerda a esos pretendidos actoruchos actuales como son Guillermo Toledo o Alberto San Juan, que no dejan de despotricar sobre el sistema en el que (y del que) viven, y sin embargo, no dudan en beneficiarse de él… porque para nada se les ocurre marcharse a esos paraísos maravillosos que aseguran que son ciertos países iberoamericanos. Y luego claro, no entendemos que cierto gobierno no quiera dar ayudas a cierto sector, algo que, a todas luces está mal y es discriminatorio, pero tampoco cuesta entender que no quieras dar dinero a tus enemigos, pues de bien nacidos es ser agradecidos y no hay que morder la mano que te da de comer, porque sino, lo que hay que hacer es renunciar a esta y ser consecuente.

¿Qué por qué hablo de todo esto una vez empezada la crítica y no en el comentario previo?, ¿que qué relevancia tiene para juzgar esta obra?, pues mucha, porque lo cierto es que “Las bicicletas son para el verano” flojea, y no es una auténtica obra maestra precisamente porque se le nota de que pata cojea, y esa pata es un discreto favoritismo por el bando republicano; si tal cosa no se notase, sería total y absolutamente innecesario comentar o repasar las afinidades políticas de Fernán Gómez, de hecho, estaría totalmente de más y sería ilógico y absurdo… pero no lo es. Y es que, como muchas veces he defendido, las auténticas grandes obras maestras nunca están politizadas ni son parciales.

No voy a negar que el texto está muy bien escrito, de hecho, es rematadamente bueno en la naturalidad de sus diálogos, sus personajes están muy bien definidos, el recorrido histórico es excelente (los hechos vividos en Madrid, desde poco antes de comenzar la guerra civil hasta su rendición ante el general Franco) y funciona en todo momento… pero la obra, de lo que pretende tratar, es de una familia normal, que sólo quiere vivir su vida lo mejor posible y que no tiene grandes o relevantísimas tendencias políticas, personas normales, comunes, que simplemente intentan salir adelante; pero muy lamentablemente, en el fondo, no se deja de percibir, de forma subrepticia, la idea de que todas las desgracias fueron culpa del bando franquista, pintando la república como el sistema bondadoso y de libertades que nunca fue (para más detalles, leer el principio de este artículo).

Pero, hablando de esta producción en concreto, no se puede dejar de decir que es esforzada y notable.

La dirección de César Oliva tiene la torpeza habitual (lo de dejar a los actores en el escenario todo el rato es particularmente insoportable; sin mencionar que toda la obra está absurdamente marcada, y en general, todos los movimientos y decisiones escénicas resultan forzadas y artificiales) y sigo preguntándome que grandes contactos tiene en este teatro para ser programado una y otra vez, sin mérito aparente para ello.

Por lo demás, el resto de la producción cuida mucho y muy agradablemente la estética, funcionando en todo momento, muy especialmente el encantador vestuario de Berta Graset, que consigue cierto toque estético, sin llamar innecesariamente la atención, además de ayudar a contar la historia, en otras palabras, lo que es un gran trabajo, vamos.

Por lo demás, el reparto artístico está en un estado de gracia absoluto, todos están absolutamente perfectos (digo esto con ciertas reservas, puesto que Esperanza Elipe repite el papel de siempre, eso no es una actuación, sin embargo, hay que reconocer que en el conjunto final, funciona, así que lo dejamos pasar), muy bien en sus personajes; tanto, que no quiero destacar a ninguno sobre ningún otro, pues lo considero injusto. Sin embargo, no quiero dejar de mencionar a Llum Barrera, que aunque es más conocida por su faceta cómica, y especialmente como gran monologuista, cuando hace papeles dramáticos está simplemente arrebatadora (como ya ha demostrado más de una vez en más de un medio) y nunca deja de demostrar que es una gran actriz.

En definitiva, si bien esta producción de “Las bicicletas son para el verano” bien podría ser vista por muchos como “otra de la guerra civil española” y otra “propaganda postrepublicana”, también es cierto que tiene otros importantes méritos a tener en cuenta; y, aunque hay que acudir teniendo en cuenta todos sus defectos, yo no puedo dejar de recomendarla a quién pueda interesar, porque no se puede negar que es teatro bien hecho.

 

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¡Hay que ver lo mala que ha sido esta temporada en el Teatro de la comedia!, he estado repasando mis críticas y no se salva ni una obra, por estas o por otras, he desrecomendado todas las obras que he venido a ver de la Compañía nacional de teatro clásico… algo que reconozco que me apena.

Y eso que he sido cuidadoso y he tratado de evitar ir a montajes que no me acababan de convencer, pero nada.

Además, muy desgraciadamente, como leeréis a continuación, no podré escribir la excepción que confirma la regla con la crítica de la obra que veréis abajo; y, ojalá suceda lo contrario y lo totalmente imprevisto, con la producción que queda con textos de Quevedo (a la que trataré de acudir), pero mucho me temo que no será así.

Mucho me temo que ya se puede valorar, con total justicia, que la temporada 2016-2017 de la Compañía nacional de teatro clásico ha sido sumamente desafortunada, debido a una mala elección de las producciones programadas. Triste pero cierto. Y como ya digo, aquella obra de la que voy a hacer la crítica a continuación, no sólo no es la excepción, sino quizás, el máximo exponente de la decadencia y caída.

 

-La judía de Toledo: creo que la mejor manera de hacer una crítica a esta obra es escribir una de mis sarcásticas reproducciones de lo que supone ir:

Estaba muy ilusionado, Lope de Vega, que siempre me encanta y tengo ganas de ver más de él, ¡que emoción, que emoción!, y a pesar de que conseguir la entrada costó, como dice aquella ópera “suspiros y penas alcanzar tan feliz instante”, también es cierto que una vez alcanzada la meta, volviendo a citar “El barbero de Sevilla”: “mi corazón vuelve a respirar”. Pero vistas las dificultades iniciales, debería haberme dado cuenta de que el asunto estaba gafado desde el principio.

Entro en ese teatro precioso, que me encanta, que es el de la Comedia; como siempre me dejo deslumbrar por la preciosista decoración neomudejar de principios del siglo XX, deleitándome en los colores y detalles… pero no me dejo llevar, porque hay que tratar de leer el programa de mano antes de que empiece la obra… ¡horror!, la directora Laila Ripoll escribe un montón de sandeces y se hace más que evidente la intención parcial y proselitista de su versión y visión como directora.

Ya estoy temblando, “¡joder!, ¿dónde me he metido?, si en vez de escribir tantas críticas leyera más las de los demás, mejor me iría”, no puedo evitar pensar. Pero una parte de mí aún quiere tener esperanza, aún trata de ver la luz al final del túnel.

Y se hace la oscuridad (en todos los sentidos), mal empezamos: se nos pone una reproducción del NO-DO que ni tiene sentido ni viene a cuento… poco a poco empiezo a vislumbrar que (mientras recuerdo casos parecidos de los peores tiempos y producciones del Teatro Real), ya está la típica visionaria pretendiendo cargarse un clásico imponiendo su mediocridad sobre la genialidad del material original.

¿Pero qué coño tiene que ver Franco con Alfonso VIII?, ¿alguien me lo quiere explicar?, ¿por qué la historia se desarrolla en un inverosímil y absurdo siglo XX?, ¿por qué todo es incoherente, metido con calzador, hace aguas por todas partes y no se sostiene por ninguna?… ya alcanzo el culmen del desconcierto total cuando, continuando al noticiario de la victoria de Franco, prosigue el de la boda de Balduino I de Bélgica con Fabiola de Mora y Aragón (supongo que no pusieron imágenes de la de los actuales Reyes padres de España para evitar abucheos ya desde el principio), que tampoco tiene nada que ver con el asunto que estamos tratando, pero que Ripoll intenta a la desesperada que asociemos y aceptemos con la absurda e hipotética monarquía de Alfonso VIII que nos está planteando, concepto que no hay quién se trague (ni el de asociar la “cruzada” franquista con la medieval).

A partir de ahí, ya no me temo lo peor… sé que estoy ante ello; así que para no frustrarme durante lo que queda, y tratar de pasarlo siquiera un poco bien, decido centrarme en el texto de Lope de Vega… pero ni por esas, todo va de mal en peor con una versión hecha a golpe de cuchillo de carnicero, sin pies ni cabeza, que es incapaz de crear una mínima coherencia, cohesión, y ya no digamos definir a sus personajes; de modo que la obra está en pleno proceso saltimbanqui continuamente, corta-pega, corta-pega, todo sucede porque sí, sin más, y sin demasiado sentido; mientras, el espectador siente que le están conduciendo por una carretera llena de baches y agujeros del tamaño de los dejados por una bomba atómica.

Me aburro, me horroriza, me repugna. Trato de verle algo positivo, sí vale, mucha grandilocuencia y mucho efecto en el montaje, pero ningún fondo, mucha demagogia y proselitismo… me siento como si estuviese atrapado con alguien que trabaja como comercial durante hora y media, y sin ser capaz de decir que lo que vende ya lo tengo muy visto y que no me interesa.

Y a pesar de todo, observo con sorpresa a un reparto dividido, descompensado, con actores que están muy bien (Manuel Agredano, Ana Varela -no se puede dejar de hacer notar su desesperado y complicado intento de hacer un acento inglés con versos del siglo de oro, con más éxito en unas escenas que otras- o Mariano Llorente), y otros que están espantosamente mal (Federico Aguado, Elisabet Altube, Jorge Varandela)… lo que es muestra de una pésima dirección de actores (bueno, la dirección de Laila Ripoll es pésima a secas), los pobres hacen lo que bien pueden, con el mayor o menor talento que poseen, con el terrible material del que disponen.

Y yo no veo el momento de que acabe la obra, he consultado ya mil veces la duración en el programa, he observado dos mil veces el reloj, y el tiempo que no pasa… me distraigo, empiezo a organizar otras cosas mentalmente, me acuerdo de no sé qué… por más que otra parte de mí trate de que mantenga la atención.

Se acaba, iba siendo buena hora, me ha parecido infame y me niego a permanecer más tiempo en la sala de lo necesario, es una de esas escasas veces en las que siento la necesidad desesperada de escapar del teatro, tengo una sensación tan desagradable, y siento un cabreo y hastío tan hondo, que lo único que quiero hacer es irme y olvidar tanta repugnancia.

En definitiva, esta producción “La judía de Toledo” es una de esas múltiples profanaciones innobles y vergonzosas de un clásico, utilizado sólo para expresar unas ideas personales y pretender vendérselas o hacérselas tragar al espectador sin más, uno de esos múltiples casos en los que una pretendida artista (Ripoll) se cree mucho más que un auténtico artista (Lope de Vega), así que la primera destroza la obra del segundo para un mayor autolucimiento propio, consiguiendo sólo hacer una porquería infumable, que es como considero que hay que definir a esta nada recomendable producción.

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La temporada de exposiciones de primavera-verano de 2017 en Madrid

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El ocio según Universo de A:

-La temporada de exposiciones de primavera-verano de 2017 en Madrid.

-La temporada de eventos de primavera-verano de 2017 en Madrid.

-La temporada de televisión de primavera-verano de 2017.

Estos enlaces anteriores (entre los que está incluído este artículo), son los llamados artículos recopilatorios, que se actualizan continuamente (hasta que termina la temporada que dice el título, momento en el que se publica uno nuevo en esta misma sección de Turismo), por lo que, para estar informado de todas las novedades, se recomienda volver a visitarlos a menudo.

Aclarar que, en este artículo en concreto, las últimas actualizaciones siempre son las más pegadas a estas líneas, es decir, las que están más arriba del artículo; y por tanto, las que están más abajo, son las que he comentado hace más tiempo.

Para una información más extensa o sobre otras cuestiones culturales (Turismo, críticas de Películas o Teatro… etc), visitar las secciones correspondientes que aparecen permanentemente en un listado a la derecha.

Si hay algo que aún no he publicado, y sin embargo te interesa, pregunta a través de un comentario, puede que te ayude, ya que a lo mejor lo he visto, pero no he tenido tiempo de escribirlo.

………………………………………………………….

 

Aunque aún se pueden visitar algunas exposiciones del otoño-invierno (consultar aquí); es indudable que comienza una nueva fase que, además de buen tiempo (esperemos), nos trae:

 

Museo Thyssen

-OBRAS MAESTRAS DE BUDAPEST: no siempre cuando nos llega una exposición monográfica de un museo extranjero este nos envía lo mejor de lo mejor o merece realmente la pena verla… afortunadamente, este no es el caso.

Esta exposición es sin duda alguna un imprescindible, Hungría nos ha mandado de lo mejorcito de sus colecciones y se luce con ellas a base de bien. La verdad es que pocas veces una exposición mereció tanto llevar el nombre que lleva, porque realmente si estamos ante obras maestras que están en Budapest.

La verdad es que es una exposición casi totalmente perfecta sobre la cual a mí, exigente por excelencia, me cuesta encontrarle defectos por no decir que no se los veo: las obras expuestas son maravillosas e imprescindibles; la información de sala es muy buena; la hoja de sala complementa y aumenta la de la sala… si exceptuamos que el montaje es un tanto pobre y típico, el resto es simplemente sublime.

Así pues, se hace un amplio recorrido cronológico desde el renacimiento a las vanguardias, sala por sala, al principio ciertamente no se encuentra mucha representación húngara, lo que se echa de menos (algo que me preocupaba, pues yo aprecio mucho de los museos extranjeros y de cualquier parte, que se pueda ver el arte nacional y local… porque los artistas conocidos los puedes tener en cualquier lado), pero finalmente se acaba descubriendo y también puedes tener una impresión de como discurrió la historia del arte por ese país.

En definitiva, esta exposición es tan imprescindible e importante como suena, no es falsa publicidad ni un blockbuster expositivo, realmente, cualquiera que tenga un mínimo interés o inquietud por las bellas artes debe ir a verla.

-ULTRAMAR: con la visita de estado de Argentina también nos invadieron los artistas de ese país… aunque uno se pregunta porqué. De las cuatro obras de gran formato que se exponen a mí sólo me pareció medianamente salvable una… y nuevamente tuve la prueba de que “artistos” los hay en todo el mundo. No merece en absoluto la pena.

 

Caixaforum

-RAMÓN CASAS: catalanista exposición (sí, tal cosa es posible en Madrid) en la que descubrimos a Cataluña como ente desligado de todo (especialmente de su país, no encontré ni una sola vez la palabra “España” en toda la exposición, al parecer la región mediterránea iba por libre y no tenía nada que ver con nadie), además de centro cultural (y de cualquier otro tipo) del mundo… bueno, París podía competir a duras penas con Barcelona, a veces, con suerte, la ciudad de las luces hasta conseguía anotarse algún punto sobre la ciudad condal.

Por lo demás, a parte de absurda y poco fiable, la exposición resulta aburrida y no aporta demasiado, a mí no me entusiasmó nada de lo que vi, y la recorrí en poco tiempo pues nada me llamaba demasiado la atención.

Yo no la recomiendo.

 

Fundación March

Esta fundación, que sigue destacando por la inmensa calidad de la programación de su auditorio (ya sea musical, cinematográfica… etc), y sobre todo, y ante todo, por su gratuidad; sin embargo, y como ya he dicho más de una vez, hace tiempo que ha perdido el rumbo en lo que a hacer buenas exposiciones se refiere… y con la nueva que tienen tampoco es que levanten mucho más la cabeza… y siempre se debe a lo mismo, debido a la obsesión de quienes hacen las exposiciones por profundizar en todos los artistas que estuvieron de algún modo ligados con la Bauhaus… y francamente, ya estamos muy aburridos del tema, pero mucho.

-LYONEL FEININGER: el comienzo, con las ilustraciones y tiras cómicas es prometedor… y luego va en decadencia y caída (hasta la vergüenza ajena, como es la sección de “La ciudad en los confines del mundo”), hasta el punto de que acabas entendiendo, e incluso empatizando con Hitler (repito, ¡con Hitler!), cuando denominó a esas obras “arte degenerado”.

No digo que no haya algunas obras buenas o destacables por medio, pero en general sientes que estás viendo la repetición de la repetición hasta el agotamiento (y no sólo por la temática sino también por la técnica y la falta de originalidad), tienes que forzarte a sentir algo, y en general, difícilmente lo consigues.

Montaje horroroso y desorganizado. No hay nada de información en sala así que se depende totalmente del folleto cuya información no está nada bien redactada. Por lo menos hay cartelas, ya es algo.

En definitiva, salvando alguna que otra obra, en general, se puede decir que no merece la pena acercarse a ver esta exposición… una vez más. Y yo clamo y repito, ¿qué fue de aquella época en la que se hacían exposiciones memorables en este lugar?… mucho me temo que parece haber quedado muy atrás y que para recuperarlo se impone un cambio drástico y radical de aquellos que se han dedicado a organizar estos horrores durante tantas insufribles temporadas, porque está claro que no saben hacer otra cosa, ya han tenido su oportunidad, ahora, por favor, cambiemos el rumbo que vamos mal, pero muy mal.

 

Fundación Mapfre

-RETORNO A LA BELLEZA, OBRAS MAESTRAS DEL ARTE ITALIANO DE ENTREGUERRAS: con un título extremadamente sugerente, se nos plantea  una exposición que no nos decepcionará, cierto es que empieza muy bien y va decayendo, pero la valoración final es que indudablemente merece la pena venir a verla.

Es curioso, pero, a pesar de que se suele decir que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, lo cierto es que está en permanente evolución, rara vez vuelve atrás, o al menos no tal cual lo había hecho… por poner un caso histórico: la revolución francesa supuso dar a conocer unos derechos y libertades a los que, por más que no faltó quien quisiera volver a lo anterior (y para eso se hizo el Congreso de Viena), lo cierto es que la población en general, ya no quería hacerlo, y más tarde o más temprano acabaron imponiendo la evolución y el progreso… dicho de otro modo, el ser humano no puede volver atrás, ni aunque quiera, o al menos, no lo hará del mismo modo.

Toda esta reflexión viene a cuento porque esta exposición trata precisamente de unos artistas que, tras la furia de las vanguardias, decidieron volver a lo clásico… pero ya nunca sería el clasicismo anterior, puesto que una de las cosas más fascinantes de sus obras es como, después del todo, las vanguardias y los avances que supusieron no están olvidadas, y de un modo u otro (menos agresivo y evidente) siguen presentes en el resultado final… y es que no se puede renunciar a los avances. El clasicismo anterior no puede ser restaurado (aunque habría que preguntarse en que consiste tal cosa, pues esta misma fundación nos dio la gran oportunidad de descubrir las últimas obras de los academicistas en otra magnífica exposición, en dónde también se comprobaba una frustrada evolución que hubiera sido sumamente interesante descubrir a dónde iba).

Así pues, nos encontramos con una exposición llena de obras interesantísimas, mayoritariamente de gran formato, una buena información de sala (quizás un tanto escasa) y una hoja de sala muy ilustrativa. El montaje es el de siempre.

En definitiva, es absolutamente recomendable.

 

Fundación Telefónica

Sin duda alguna, la Fundación Telefónica ha encontrado su camino a través de la realización de algunas de las exposiciones más originales de Madrid (o incluso las más originales), sus temáticas se salen totalmente de lo habitual, de modo que captan por su atractivo diferencial y convencen gracias a sus espectaculares montajes… cierto, suelen pecar de ser un poco superficiales, pero, sorprendentemente y teniendo en cuenta todo lo anterior, no suele ser este un defecto excesivamente importante.

Sin embargo, me sorprende la mala atención al público, ¡ni siquiera te saludan al entrar!.

Por otra parte, no quiero dejar de señalar que, de momento, aún se mantiene la exposición sobre el theremin.

-HOUDINI, LAS LEYES DEL ASOMBRO: interesantísima exposición que si se hubiese dedicado exclusivamente a la evolución de la prestidigitación en el pasado siglo, resultaría absolutamente perfecta, pero como está dedicada a Houdini, se echa bastante de menos tener más información biográfica sobre este y un mayor orden en la información. También es el único defecto de la exposición.

El resto es fenomenal: es interesantísima de arriba a abajo, el montaje es espectacular, la información de sala es buena (quizás ligeramente superficial, pero tampoco demasiado) y además el folleto nos aporta más documentación, de modo que sin duda salimos aprendiendo más sobre el tema y las diversas cuestiones relacionadas con él.

En definitiva, es una exposición absoluta y totalmente recomendable.

 

Museo arqueológico nacional

Y este museo se une también a la gran celebración que conmemora al mejor alcalde de Madrid… pero ellos, deciden enfocarlo a la política internacional:

-CARLOS III, PROYECCIÓN EXTERIOR Y CIENTÍFICA DE UN REINADO ILUSTRADO: a pesar de que esta exposición sigue ese mal vicio, que tanto abunda últimamente, de exposiciones con nombres larguísimos, nada comerciales ni atractivos, que parecen de trabajos académicos; y de que todo el tema que trata no tenga nada que ver (o muy poco, se toca el tema de los descubrimientos arqueológicos italianos muy someramente) con el museo en el que se desarrolla; lo cierto es que han hecho un buen trabajo.

Así pues, nos encontramos con una exposición sumamente interesante y bien montada, con una bella y magnífica hoja de sala, que aunque quizás está demasiado focalizada hacia un tema, sí que da resultado y una buena idea del mundo en el que vivió Carlos III.

Pero la parte divulgativa no es la única fuerte, también se exhiben numerosas obras de interés.

Así pues, sin duda alguna, para todos aquellos que quieran seguir celebrando el aniversario del nacimiento de Carlos III, esta exposición, es muy buen sitio dónde hacerlo… pero apresuraos a ir, pues a menos que la prorroguen, ¡a finales de marzo se acabó!.

 

La casa encendida

No sé que pasa últimamente por aquí que es realmente difícil encontrar algo bueno… ¡con lo interesante y espectacular que había sido siempre este lugar!.

En todo caso, lo que he visto me ha parecido tan tomadura de pelo, que me niego a hacer críticas separadas para cada exposición, una conjunta llega y sobra:

-EJERCICIOS DE RESISTENCIA Y ¡VIVAN LOS CAMPOS LIBRES DE ESPAÑA!: tomaduras de pelo monumentales, las típicas artistadas que sólo entienden y ven profundas los que las hicieron, y que te intentan vender con lenguaje pretencioso, pomposo y engolado, que en realidad no dice nada, como si ellos fueran muy listos y tú un completo subnormal, pero a mí no me cuela. Voy a poner un par de ejemplos de las hojas de sala:

-Sacado de la primera exposición mencionada, una entrevista a Nicolás Robbio: “creo que mi trabajo consiste en una búsqueda consciente de nuestras relaciones inconscientes con el mundo, es decir, de nuestros recuerdos”, traducción: ¿de verdad es tan difícil decir que “me gusta trabajar con mis recuerdos”?, ¿hace falta enrevesarlo tanto?.

-Sacado de la segunda exposición mencionada, de Ballester Moreno: “el mundo primario de las formas que crea Ballester Moreno está hermanado con la gramática del diseño, el ornamento y la artesanía pero también con los principios modernos de renovación pedagógica y estética que influyeron tanto en los experimentos plásticos de las primeras vanguardias como en los proyectos de emancipación de carácter social”, traducción: al tipo tanto le interesa la artesanía como el arte contemporáneo.

No sé si os habéis fijado, pero sólo he necesitado una o dos frases para decir lo que ellos dicen en un párrafo entero… dicho de otro modo, uno de los modos de saber si estás ante una farsa artística es si esta está aderezada con mucha palabrería barata, y sobradamente se acaba de demostrar que es así.

Lo dicho, todo lo que hay en este momento en La casa encendida es una auténtica tomadura de pelo.

 

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La temporada de eventos de primavera-verano de 2017 en Madrid

El ocio según Universo de A:

-La temporada de exposiciones de primavera-verano de 2017 en Madrid.

-La temporada de eventos de primavera-verano de 2017 en Madrid.

-La temporada de televisión de primavera-verano de 2017.

Estos enlaces anteriores (entre los que está incluído este artículo), son los llamados artículos recopilatorios, que se actualizan continuamente (hasta que termina la temporada que dice el título, momento en el que se publica uno nuevo en esta misma sección de Turismo), por lo que, para estar informado de todas las novedades, se recomienda volver a visitarlos a menudo.

Aclarar que, en este artículo en concreto, las últimas actualizaciones siempre son las más pegadas a estas líneas, es decir, las que están más arriba del artículo; y por tanto, las que están más abajo, son las que he comentado hace más tiempo.

Para una información más extensa o sobre otras cuestiones culturales (Turismo, críticas de Películas o Teatro… etc), visitar las secciones correspondientes que aparecen permanentemente en un listado a la derecha.

Si hay algo que aún no he publicado, y sin embargo te interesa, pregunta a través de un comentario, puede que te ayude, ya que a lo mejor ya lo he visto, pero no he tenido tiempo de escribirlo.

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Y esta temporada, además de buen tiempo (esperemos), nos trae:

 

Semana Santa en Madrid

¿Quiere el ayuntamiento arrebatarle el protagonismo de la música sacra a la Comunidad?, porque, de forma inédita, y casi a modo de competencia con el Festival de arte sacro (reseñado en este mismo artículo), han elaborado toda una programación festiva previa a la Semana Santa que gira casi totalmente alrededor de la cuestión musical en iglesias.

Sea como sea, parece que los melómanos estamos de enhorabuena y nos espera una buena retahíla de conciertos.

 

La noche de los teatros

¡La comunidad de Madrid está que no para con los eventos!, y es que hay que reconocer que con esta presidenta ha cogido una relevancia en actos culturales públicos que no tuvo anteriormente.

Así, en la propia Casa de correos se hacen actos desde las 18 horas, pero no sólo ahí, pues varias instituciones se han unido (aunque desgraciadamente, y a pesar de lo que diga la prensa, los teatros sólo ofrecen descuento, no gratuidad).

Tengo un muy buen recuerdo de esta celebración el año pasado, ¿se me borrará, afianzará o mejorará?, ¡espero poder contaros lo tercero!.

Post scriptum 29-3-2017: finalmente, dediqué toda mi noche de los teatros a “La XX noche de Max Estrella”, y he de decir que no me arrepiento en absoluto y que fue una gran manera de pasarla, es más, recomiendo a todo el mundo que, al menos una vez en la vida, acuda a este peculiar recorrido por las calles de Madrid, pues es un espectacular cóctel, mezcla de visita guiada, teatralizada, recorrido literario, histórico-artístico, gastronómico… una maravilla, vamos.

Exceptuando las escasas capacidades oratorias de sus conductores (que se equivocaban cada dos por tres) además de cierta desorganización y desinformación; el resto fue impecable, hasta había paradas en las que se ofrecía comida y bebida, y por supuesto, teatro mucho teatro y muchas maravillosas escenificaciones en calles e interiores (en muchas de las cuales se volcaban personalidades del medio), todo lo cual culminó en el Círculo de Bellas artes, con una obra escenificada completa y, por si fuera poco, ¡abundante chocolate con churros!.

En definitiva, un triunfo absoluto al que muy probablemente, si me entero, yo tengo claro que volveré al menos una vez más.

 

IV centenario de la Plaza Mayor

¡Este es año de grandes celebraciones!, por si el aniversario del nacimiento de Carlos III fuese insuficiente (ver con más detalle abajo), además, también estamos de aniversario con uno de los lugares de la capital del Reino más emblemáticos, más castizos y más de aquí, característico de Madrid, y que no te lo encuentras en otro lado.

Hasta ahora, sólo había sabido de alguna cosa salteada, pero creía que el evento no se estaba celebrando mucho… pero acabo de descubrir la página web propia de la celebración, en la que se ve que, aunque unos eventos resulten más atractivos que otros (y se perciba cierta desorganización, caos y amateurismo), lo cierto es que todos los meses hay algo, y algunas cosas son extremadamente atractivas (la fiesta barroca de octubre puede ser lo más de lo más).

En definitiva, que no hay que perder de vista en los siguientes meses la Plaza Mayor y lo que se celebra en ella, puesto que esta conmemoración promete.

 

XXVII Festival internacional de arte sacro 

Desde que ha cambiado la dirección, a este festival le cuesta levantar cabeza, y empiezo a temerme que lo estropeen del todo (como ya comentaba el año pasado)… no digo que no hayan diseñado un magnífico librito (imposible de conseguir hasta última hora, en el primer concierto nada menos… yo ya ni me molesto en pasar por la oficina de turismo de la Comunidad, nunca lo tienen a tiempo) con la programación (y lleno de detalles, con las explicaciones del concierto, el programa, lugares y días, nombres de los intérpretes… la verdad es que está muy bien hecho, muy completo) en el que, en una completa introducción, tratan de autojustificar y explicar todo lo que hacen… pero no, lo siento pero no me cuela.

Y es que, desde que se ha colado el hipsterio en el terreno de la cultura, todo es, con más intensidad de la habitual, como lo llamaba Jose Cadalso “erudición a la violeta”: es decir, mucha gente que presume de saber sin tener ni idea, que utiliza la cultura como riqueza que mostrar al exterior y no como enriquecimiento interior, que aseguran innovar y romper sin saber siquiera sobre qué hacerlo; porque aquí todo el mundo cree ser muy original, pero para serlo, digo yo, que primero habrá que conocer las bases sobre las que hacerlo… y porque, como siempre digo, no es lo mismo el “arte” que la “artistada”, además de que una cosa es un “artista” y otra muy diferente un “artisto”.

Así pues, aunque hay conciertos interesantes, y algunos están siendo muy buenos, lo cierto es que todos los de música contemporánea han dejado de ser de fiar (el de Neopercusión fue de vergüenza ajena, y encima con aplaudidores a sueldo), cosa que con la anterior dirección del festival no pasaba, podías confiar y te podría gustar más o menos, pero al menos era seguro que no ibas a ver un bodrio, eso, hoy día, ya no se aplica. Por otro lado, si uno analiza la programación, se han multiplicado los encargos y estrenos de músicos contemporáneos jovencísimos (amiguetes sin duda de los organizadores), que van a acabar por destruir este gran evento porque no todos son buenos o están a la altura.

Eso si no se autodestruye solo el propio festival, por que de “sacro” ya sólo le queda el nombre… precisamente una de las cosas más divertidas del librito de la programación es leer como intentan justificar a la desesperada conciertos enteros de música profana aludiendo a la supuesta espiritualidad que en el fondo tienen las melodías o a que se cree que tal compositor era muy religioso y seguro que algo de ello metió en su música… de risa. Aunque no voy a negar que hace mucho que pienso que el festival debería de cambiar de nombre, pues dedicarlo exclusivamente a música sacra es innecesariamente limitado.

Por otro lado, la foto que se ha puesto para ilustrar el festival es horrorosa, poco estética y nada llamativa como publicidad (no la juzgo como obra de arte, sino como forma de llamamiento a un público potencial)… ¡con los carteles tan bonitos, elegantes, estéticos y estilosos que llegó a tener este festival!.

Como curiosidad, en esta edición también se suprimió uno de los aciertos de la anterior, que era ampliar el abanico de las artes y no sólo centrarse en la música (pues el año pasado se organizó un pequeño ciclo de cine); idea que ha desaparecido definitivamente, lo que es, en mi opinión un error, hubiera sido inteligente seguir y profundizar en ese camino de exploración de otras disciplinas artísticas.

Como detalles positivos, decir que ahora se incluye la duración del concierto… aunque nunca coincida con la realidad, en mi opinión para bien, puesto que yo prefiero que un concierto se alargue a que quede corto. Aunque lo profesional sería que en la programación constase la duración exacta, ni más ni menos.

También sigo desaprobando esta marabunta de conciertos en apenas un mes… vale que se quiera justificar con que es la cuaresma y todo eso… ¡pero es que es una sobredosis y no es fácil encontrar tiempo para todos!, insisto en que era mejor cuando se distribuían en varios meses.

En cuanto a los sitios dónde se celebran los conciertos, se han renovado mucho, y aunque hay sitios nuevos y maravillosos a los que da gusto ir (y a los párrocos deben pagarles algo, porque yo no me explico que se muestren tan sumisos y permisivos con ese montón de público que acude a sus misas… sin tener el menor interés en ellas), también es cierto que hemos perdido ese encanto de ir buscando y descubriendo iglesias desconocidas aunque muy bellas e históricas o especiales por algún motivo (yo, gracias a este festival he hecho verdaderos hallazgos artísticos en todos los aspectos). No obstante, este año también es el ejemplo perfecto de como el festival se ha vuelto más profano… ¡uno de los conciertos será en el Congreso de los diputados! (ese día, a ver quién entra), ¡toma ya!… sin embargo hay que reconocerles que en ese aspecto de la selección de sitios sí que hay una vocación de mejora, pues tratan de que los conciertos sean lugares muy espectaculares y señeros.

En definitiva, aunque este evento no es lo que era, y perfectamente podríamos desear volver a lo anterior, de momento, sigue manteniéndose, con esfuerzo y a pesar de las maniobras hipsters y de eruditos a la violeta varios, como un evento cultural sumamente reseñable en la agenda de todo amante de la cultura.

Y como el festival acaba de empezar… volveré de nuevo aquí a informar, si hay algo que añadir a todo lo dicho.

Post scriptum 19-3-2017: aunque hay que reconocer que el festival sigue manteniendo bastante bien la máxima de aunar, no sólo a los compositores conocidos, sino también a los que han caído en el olvido, y ayudarnos a redescubrir nuestro propio patrimonio musical… e incluso a algunos artistas (la sobresaliente soprano Aurora Peña, por ejemplo, en cuyo concierto los aplausos fueron tales que se hicieron hasta dos bises… cosa que yo casi nunca había visto anteriormente en este festival, y eso que llevo muchos años viniendo).

Por lo demás, hay que reconocer que, si haces una buena selección y vas a los conciertos adecuados (como estoy haciendo prudentemente), te sueles encontrar con una gran calidad.

Sí, con el cambio de dirección este festival tendrá sus defectos, pero hay que reconocerle que sigue teniendo muchos de los factores que hicieron que nos enamoráramos perdidamente de él.

Por lo demás, he encontrado la atención al público buena (respecto a los organizadores que van siempre por allí), siempre que no trates con los guardias de seguridad que, como no, se creen los sheriffs del lugar, sin mencionar lo injustificado de su presencia, además de que llega a haber entre dos y tres, cosa que nunca antes había pasado en este festival (no había ni uno, para cuanto más), y yo sigo sin saber que pintan en él, pues no cumplen ninguna función positiva.

Probablemente volveré a escribir para el final del festival o antes, siempre que haya algo que añadir a todo lo ya dicho.

 

Tricentenario de Carlos III

¡Continúan aún varias de las actividades culturales relacionadas con el monarca ilustrado!, no hay que perderlas de vista, puesto que mucho me temo que estamos en la recta final de tan gran celebración.

 

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La temporada de televisión de primavera-verano de 2017

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El ocio según Universo de A:

-La temporada de exposiciones de primavera-verano de 2017 en Madrid.

-La temporada de eventos de primavera-verano de 2017 en Madrid.

-La temporada de televisión de primavera-verano de 2017.

Estos enlaces anteriores (entre los que está incluído este artículo), son los llamados artículos recopilatorios, que se actualizan continuamente (hasta que termina la temporada que dice el título, momento en el que se publica uno nuevo en esta misma sección de Turismo), por lo que, para estar informado de todas las novedades, se recomienda volver a visitarlos a menudo.

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Si hay algo que aún no he publicado, y sin embargo te interesa, pregunta a través de un comentario, puede que te ayude, ya que a lo mejor lo he visto, pero no he tenido tiempo de escribirlo.

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¿Nos traerá esta temporada algo interesante?, veamos:

 

Permanecen:

ANTENA 3 Y NEOX

-Los Simpson: una serie que parece no tener fecha de caducidad, aunque no resulte fácil de seguir puesto que suele estar relegada a horarios para rellenar programación, con lo que las repeticiones de episodios son continuas, cansinas y enterarse de cuando hay, comienza a emitirse una nueva temporada o hay nuevos capítulos es un poco complicado.

Sin embargo, el hecho de cómo ha conseguido mantenerse todos estos años, con esa gran capacidad de sorpresa, de impredecibilidad y con ese toque de crítica y parodia social a través de un humor disparatado es muy loable.

Es pues, esta serie, sin duda alguna un producto histórico en vida, que además ha sido el origen de que surgieran otras series de animación para adultos, aunque todas ellas palidecen ante la original (incluso siendo muchísimo más agresivas en todos los aspectos)… si es que por algo “Los Simpson” no pasan de moda.

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L’allegro il penseroso ed il moderato

Toda música es danzable

Sinopsis y ficha técnica

Georg Friedrich Händel (1685-1759): L`Allegro, il Penseroso ed il Moderato.

Coreógrafo: Mark Morris.

Escenógrafa: Adrianne Lobel.

Figurinista: Christine Van Loon.

Iluminador: James F. Ingalls.

Soprano: Sarah-Jane Brandon y Elizabeth Watts.

Tenor: James Gilchrist.

Bajo: Andrew Foster-Williams.

Directora musical: Jane Glover.

Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real (Coro Intermezzo / Orquesta Sinfónica de Madrid).

El Teatro Real comienza el verano con el primero de los tres espectáculos que marcan la recta final de su actual temporada, L’Allegro, il Penseroso ed il Moderato, con coreografía de Mark Morris para su compañía, sobre la oda pastoral de George Friedrich Händel (1685-1759) del mismo título, basada en poemas de John Milton y con arreglos de Charles Jennes.

Se cuenta en este espectáculo con la prestigiosa presencia de las sopranos Sarah-Jane Brandon y Elizabeth Watts, el tenor James Gilchrist y el bajo Andrew Foster-Williams, quienes, junto al Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real, interpretarán la bella partitura de Händel bajo la dirección de la maestra Jane Glover.

Juntos pondrán en pie esta producción, dividida en dos actos, en la que el coreógrafo recrea 32 escenas inspiradas en pinturas de William Blake. En esta creación predomina la presencia del grupo, la estructura coral, marcada por pasos vitales y espontáneos. Trazados básicos que caminan desde la melancolía inicial hacia una energía contagiosa, donde el colectivo predomina sobre el individuo, convenciendo a este de la alegría plena que el ser humano siente cuando es parte de algo.
Estrenada en el Teatro de la Monnaie en 1988, L’Allegro, il Penseroso ed il Moderato, está considerada una de las coreografías más interesantes de Mark Morris.

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Comentario previo

Tarde llega esta crítica, no me dio tiempo a publicarla en su momento (y es que las largas con su análisis detallado siempre cuestan más… aunque irónicamente luego quedan necesariamente reducidas, porque no siempre me acuerdo de todos los detalles a la perfección), pero no creo que tenga mayor importancia, puesto que deseo que sea un reflejo de lo que es un espectáculo de Mark Morris, ya que no pude ver la temporada pasada otro anterior a la obra de esta crítica (que fueron las “Mozart dances”), pero decidí no perderme bajo ningún concepto el que ahora comento, y así poder ver quien era y como trabajaba el famoso coreografo. De ese modo, esta crítica será útil también para todo aquel que se esté pensando o quiera decidirse acerca de conocer si al Mark Morris group o no.

Y la verdad, independientemente de la función en sí, el resto fue un auténtico desastre. Es cierto que el teatro Real tiene la mala costumbre de programar conferencias únicamente para la ópera dejando a la danza un tanto desolada, lo cual no está bien, es una especie de extraño desprecio carente de sentido.

Pero en este caso fue incluso peor; a todo esto había que unir un programa de mano realmente malo que no decía absolutamente nada (al contrario de lo habitual en el Real, cuyos programas suelo alabar por su calidad)… todo esto es medianamente, y digo sólo medianamente, pasable por una vez, pero el colmo, lo ya absolutamente inadmisible, es la desaparición de los subtítulos y su sustitución, por una traducción en una hoja de mano (imaginaos a los espectadores utilizando las linternas de sus móviles para leerla)… completamente patético, no me explico en que se supone que estaban pensando. A ver si la fundación Loewe, que tanto presume de potenciar la danza, tanto se anuncia en el programa del Real, y tanto cuelga grandes estandartes en el teatro cada vez que hay un espectáculo de ese tipo, se ocupa de arreglar todos estos desastres, puesto que me parece algo inaceptable y vergonzoso.

La única ventaja en estas ocasiones… que los salones Goya no quedan exclusivamente para los patrocinadores y cualquier simple mortal puede acceder a ellos.

Crítica

Aún llegaré más lejos en la afirmación del subtítulo, pues yo siempre he creído que todo lo que tiene ritmo se puede bailar, al fin y al cabo, como definió un profesor de música una vez “la música es la ordenación de los sonidos con el tiempo”, es decir, que cualquier sonido acompasado puede ser música (como bien demuestra cualquier paso por una discoteca, donde muchas veces cuesta distinguir una melodía).

Pues bien, Mark Morris parece estar dispuesto a probar mi teoría, puesto que de una música (la de un oratorio) para nada pensada para el baile, él consigue convertirla en un espectáculo de danza.

Ahora bien, entendámonos, de ahí a que, como ha dicho algún crítico, los bailarines parezcan unidos a las cuerdas de la orquesta… hay mucho trecho.

La verdad es que hay que reconocer que todo espectáculo de danza con orquesta en directo gana mucho en caché, y esta es la ventaja que tiene este caso.

Por lo demás, reconozco que no me acabó de convencer en absoluto en otros aspectos, puesto que la coreografía sólo se limita a seguir el ritmo más o menos bien, es decir, no expresa realmente nada; bueno, sí que expresa algo como toda danza y como todo arte, pero no tiene absolutamente nada que ver con la música que oímos y con lo que dice su letra (de ahí, quizás, el no querer subtitulárnoslo jajaja); o sea, no hay coordinación, coherencia entre la danza y la música, ambas van por libre, cada una se dedica a lo suyo. En ese aspecto reconozco que me desilusionó, pues hubiera sido mucho más eficaz, y probablemente una obra maestra, si la danza consiguiera reflejar las letras del oratorio, eso sí que tendría mérito.

Por lo demás, aunque estéticamente bella, la coreografía (una mezcla de danza clásica y contemporánea) tampoco me impresionó demasiado; no me parece que realmente estuviera tan unida a la música, y como ya digo, a pesar de que resultaba agradable contemplarla, siempre sentí que podría haber sido mucho mejor por lo arriba comentado.

Por su parte, orquesta, coro y solistas, aunque relegados, estuvieron bien e hicieron su papel. Sin embargo, uno acaba echando mucho de menos el oír todas las piezas enteras o el oratorio al completo, pues te das cuenta de que sólo estás ante una selección y te apena el no poder disfrutar de la obra completa… bueno, difícilmente se le puede hacer una recriminación en ese aspecto, pues no era la misión de “L’allegro il penseroso ed il moderato”, ni promete nada parecido, al fin y al cabo, es un espectáculo de danza y esta es la protagonista (y a pesar de la música en directo, se aseguran bien de que así sea).

Sin embargo, quizás una de las cosas más destacables de la función sea precisamente la estética: muy agradable, colorista, optimista, alegre… es un estilo pensado para dar ganas de vivir, lleno de colores pastel y brillantes, y con una iluminación a juego que realzan el espectáculo y magnifican su belleza. Sin duda, el bello aunque simple vestuario, nos trae esa idea de la idealización de una vida sencilla y despreocupada, y a la vez permite realzar la danza sin distraernos demasiado de esta, lo que, claramente, es la misión principal del espectáculo.

Pero finalizando, ¿merece la pena este espectáculo o otro del estilo de Mark Morris Group?, yo creo que sí merece la pena ver esto al menos una vez, porque es algo distinto y arriesgado (bailar lo que no ha sido creado para tal cosa); es bonito, está cuidado estéticamente y es agradable de ver… ahora bien, también lo digo, no es en absoluto una obra maestra, no es un imprescindible absoluto, aunque realmente podría haberlo sido planteado de otra manera, pero aún así, ¡es tan agradable de visionar y te deja tan buena sensación!, sólo por eso, ya es recomendable.

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Crítica exprés: Manual de un tacaño

¿Qué es la tacañería?, ¿cómo se mide?, ¿tal vez es algo que se juzga según la sociedad en la que se vive y sus costumbres?, conozco personas que escatiman en montones de gastos, y, sin embargo en determinadas cosas gastan auténticos dinerales, pero, sin embargo, ellos mismos se autodefinen como “tacaños”. Y luego están los que no tienen la oportunidad de ser generosos, porque, ¿cómo se puede serlo sin tener con qué? (eso sólo lo hacen los santos, dar sin tener nada), así pues, ¿se puede ver uno forzado a la tacañería?, ¿es algo innato, algo que se desarrolla y aprende o tal vez viene que ver con las necesidades de cada persona?… sólo hay algo que está claro, debemos conocer muy bien a una persona, incluyendo su pasado, para poder denominarlo (bueno, eso y cualquier otra cosa) tacaño.

Muy desgraciadamente, este filme no nos ayudará a esclarecer nada de lo anterior, pues no pasa de ser una comedia frívola, y de hecho, uno de sus grandes problemas es precisamente que no consigue profundizar en la personalidad del tacaño, limitándose a dar una absurda explicación simplista que no justifica nada de lo que hace el protagonista… una pena, si hubiese sido más profunda, hubiese podido ser toda una obra maestra, pues el humor siempre demuestra una gran inteligencia… siempre y cuando no se haga el humor por el humor, el gag por el gag, la pantomima por la pantomima… como es el caso; cierto que es bueno que la comedia exagere, lleve las cosas al extremo para evitar herir sensibilidades y que nadie se vea reflejado en exceso (yo no creo que exista nadie tan desmesuradamente tacaño como el personaje protagonista de esta película, pues llega un momento en que no compensa)… pero también debe tener un fondo, decir algo, que detrás de toda esa exageración haya algo más. Desgraciadamente, este no es el caso.

 

-Manual de un tacaño: divertida comedia cuya mayor virtud y defecto es que solamente es eso. Tiene de bueno que no llega a ser muy ñoña (cosa a la que fácilmente se tiende con Dany Boon), pero tampoco resiste un análisis o siquiera un revisionado, pues el guión hace aguas por muchas partes, puesto que, en realidad, no es más que una serie de gags y secuencias cómicas entrelazadas con un argumento más bien flojo y poco verosímil; ¿Que con todo el conjunto es divertido?, cierto, no se puede negar, y supongo que tampoco se le puede exigir más de lo que pretende. Y sinceramente, tampoco creo que Fred Cavayé (director y guionista) tenga talento para más.

El resto está a la altura de lo anterior, pasable, nunca brillante, incluyendo la dirección. Quizás sí que se deba resaltar el trabajo de la dirección artística y de localizaciones, que destacan especialmente por lo cuidadas que están.

El reparto artístico da de sí lo esperable (tampoco es que tengan mucho con lo que trabajar), aunque he de destacar que, para variar, Dany Boon no hace del todo su habitual papel de “oso de peluche”, mostrándonos que tiene algún recurso actoral más; aunque sí he de destacar, muy para mal, que este actor no se haya preparado en absoluto (o nadie le ofreciera esa formación, como sí se ha hecho en otras producciones francesas para alcanzar una verosimilitud absoluta) para su papel de músico, es más que evidente que no sabe como coger un violín (pone los dedos de las formas más extrañas y absurdas), y en la mayoría de las secuencias se ve claramente como el arco no toca las cuerdas del instrumento… y que quieres, la gente no es tonta, da igual que pongas música de violín en off, si ves claramente como el actor ni siquiera hace lo lógico para tocar el instrumento, eso no hay quién se lo crea… por encima, considero que ha sido un fallo tremendo totalmente innecesario, puesto que la historia que se quiere contar no exige en absoluto que el protagonista sea músico, y mucho menos violinista, precisamente el instrumento musical más difícil de tocar. Sin embargo, y muy a pesar de todo, es innegable que Boon tiene tirón en su país, los productos en los que interviene suelen ser un exitazo en Francia, y el caso del que hago la crítica no es una excepción.

En definitiva, “Manual de un tacaño” es una comedia graciosa, ni más ni menos, con todo lo bueno y lo malo que tiene eso.

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Crítica exprés: Jackie

Se suele decir, y la película de la que haré la crítica también maneja ese concepto, que lo más parecido que han tenido los EEUU, desde su independencia, a una Familia Real, han sido los Kennedy… quizás por ese aura, ese carisma y estilo, además de la tragedia y leyenda negra (se dice que, incluso actualmente, si alguno de sus miembros se presentara a las elecciones rápidamente correría peligro) que los acompaña, aún hoy día, forman parte del imaginario colectivo.

Personalmente, no me resultan especialmente simpáticos (eran un tanto inmorales y mafiosos en muchos sentidos, incluso en las relaciones familiares), aunque les reconozco algunas afinidades, y el presidente JFK tendió puentes en lo que respecta al pasado hispánico de los EEUU.

En cualquier caso, de todos ellos, Jacqueline Kennedy (quizás, porque, como mujer, gusta tanto a hombres como féminas… aunque sea por distintas razones) es probablemente el miembro más icónico, reconocible de la familia (y también de su época) con su tan característico peinado y sombreros.

Y he de reconocer que, la que fue primera dama de EEUU, me provoca sentimientos contradictorios: por una parte, la veo como un pobre peón de la familia en la que entró y a la vez obligada a mantener una imagen de cara a la galería… aunque también como una frívola que le amargó la vida a Aristóteles Onassis con sus caprichos insaciables (algo que el armador se mereció, francamente, después de como había tratado a María Callas)… ¿pero cuánto de todo esto es verdad y cuánto leyenda?, bueno, como de todos los grandes personajes (y más de aquellos que han alcanzado el nivel de icono), muchas veces resulta difícil saberlo, así que no queda más remedio que tratar de averiguar, aprender más… e intentar sacar nuestras propias conclusiones.

Lamentablemente, mucho me temo que esta película no nos ayudará mucho en tal labor, pero, con todo, este comentario previo sí os ayudará a situaros, saber por qué me interesó ir a ver este filme y con qué expectativas iba.

 

-Jackie: ya no cabe duda de cómo elige sus papeles Natalie Portman: ¿para qué formar parte de un reparto lleno de estrellas, cuando puedes estar en una película en la que tú aparezcas el 90% del tiempo y el resto sean secundarios irrelevantes a los que les puedes sacar foco fácilmente, mediante las reacciones adecuadas, que el director se encargará de enfocar porque la película está diseñada a tu medida?, pues eso, Portman sigue por el camino que ya había iniciado astutamente en “Cisne negro”, consistente en que “sólo hay una estrella y esa soy yo”.

Por lo demás, es una lástima de película, porque el guión está sumamente bien, y fácilmente podría haber sido un magnífico filme que no sólo reflexionara sobre la familia Kennedy, su legado, el poder, la imagen pública y sus imposiciones… etc, sino también sobre cosas más comunes y más cercanas al resto de los mortales, como el luto, las reacciones ante la muerte o lo que pudo haber sido.

Pero lamentablemente, no se escoge la opción anterior porque todo el filme está en manos de unos narcisistas de película (nunca mejor dicho), y no me refiero sólo a Portman, acaparadora innecesaria de todos y cada uno de los planos hasta el hastío; sino también al director Pablo Larraín, que se obsesiona con hacer todo tipo de piruetas y experimentos en plan cine de arte y ensayo, que, además de no venir a cuento y chirriar por todos los lados, en muchas ocasiones incluso le salen mal, de modo que la ególatra dirección acaba llamando la atención forzosamente, y no precisamente por algo positivo, sino por esa obsesiva manía de llamar la atención permanentemente, colocando la cámara en los lugares más inverosímiles. Todo ello, sin mencionar los interminables y pesados primeros planos de la Portman, que encima no los aprovecha, por lo que acaba percibiéndose falsedad en todo. Y tampoco va bien el filme de ritmo, pues llega a aburrir, a pesar de que sólo dura hora y media, pero es que la historia no está nada bien gestionada narrativamente.

El resto del apartado técnico es una buena reproducción de la época, la verdad es que hacen todo lo que pueden para una película que no lo merece.

En lo que respecta al reparto artístico, a parte de lo ya mencionado, Natalie Portman se lo pasa pipa haciendo de Jackie Kennedy… tanto que se le nota, pero demasiado… en realidad, nunca llegamos a ver a Jacqueline Kennedy (ni siquiera a nivel físico, la verdad es que la fisonomía de la actriz no cuadra nada con la de la que fue primera dama), sólo a Portman, en plan diva, haciendo una imitación de escasa calidad o creyéndose que hace una gran interpretación que arrasará en todos los premios cinematográficos… y lo siento mucho, pero a mí no me cuela.

Reseñaría a alguno de los secundarios, pero cómo apenas aparecen, y para lo que hacen, más parecen figurantes con frase (como ya digo, toda la película está conformada por primeros planos de la cara de Portman haciendo teatro y drama barato) pues poco se puede decir… aunque no quiero dejar de destacar, en un sentido negativo, al que interpreta al sacerdote, pues es tan espantoso que produce risa involuntaria… ¡y no sólo a mí!, fijaos en Natalie Portman cuando habla con él, ¡está intentando contener las carcajadas!.

En definitiva una propuesta que pudo y debió haber sido mucho más de lo que fue, podría haber sido una gran película y ha acabado por resultar un filme ególatra, narcisista, de autolucimiento y profundamente pedante. La verdad es que no merece mucho la pena, y yo la califico de muy regular.

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Crítica exprés: Las bodas de Fígaro

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Buena atención al público en el Teatro de la comedia. Programa de mano escaso.

Hace relativamente poco tiempo, el escritor Javier Marías publicaba un artículo de opinión titulado “Ese idiota de Shakespeare”, que se convirtió en poco tiempo en la comidilla de la farándula, y que rápidamente recibió un aluvión de ataques, medida habitual de aquellos que son incapaces de defender su propio trabajo (muchos de los cuales claramente no leyeron el artículo original pues es evidente que sólo leyeron un par de frases cuidadosamente seleccionadas, tergiversadas y sacadas de contexto… no se puede esperar otra cosa de ese tipo de personas, por otra parte), puesto que, en el fondo, son conscientes de que lo que hacen es indefendible, así que deciden destrozar e intentar desacreditar implacablemente a aquel que dice la verdad, y toda opinión certera que exprese lo que, en realidad, piensa todo el mundo pero que supondría desvelar que son un fraude (como tantas veces se ha vivido en este blog, a reseñar especialmente el famoso asedio)… con las repercusiones sociales y económicas que ello conlleva.

No obstante, a mí me alegró mucho que un intelectual, una persona de la cultura, totalmente metido y conocido en ese mundo, como Marías, se atreviera a decir las cosas claras y a poner cada cosa en su lugar; necesitamos más gente así, que se salga de la rueda de favores y que se atreva a decir lo que realmente piensa, públicamente y sin tapujos, y es que ¡Universo de A no lo puede hacer solo!.

Sin embargo, he de reconocer que yo no estoy al 100% por 100% de acuerdo con Marías, sino más bien en un 70-80%; puesto que el escritor, a la hora de la verdad, no dejaba de tener una postura un tanto reaccionaria, nostálgica de un teatro que ya se había pasado, de un estilo anquilosado y superado.

¿Por qué hablo de todo esto?, pues porque estoy completamente seguro de que esta producción de “Las bodas de Fígaro”, de la que voy a hacer la crítica, le encantaría a Marías, sin embargo, yo no puedo dejar de condenarla en muchos aspectos. Las razones, en la crítica.

 

-Las bodas de Fígaro: muchas veces he dicho, que el academicismo y lo clásico puede ser un gran y hábil disfraz para aquellas personas sin mucho talento, pues disimula mucho mejor que cualquier apuesta vanguardista, que siempre es un riesgo… pero al final, resulta fácil descubrir cuando algo no tiene arte ni alma, y sucede si no sólo no sientes nada, sino que tienes la sensación de percibir errores, aunque a primera vista no sepas cuales son exactamente… pero con el tiempo, y un ojo clínico bien entrenado, acaban detectándose con facilidad.

Pero antes de nada, hablemos de la obra en sí, secuela de “El barbero de Sevilla” (obra que, por cierto, sería una de las últimas, polémicas y peligrosas diversiones en el Petit Trianón de María Antonieta, antes del fatídico asunto del collar que supondría el principio del final del reinado de Luís XVI), que, como su precedente, también estaba destinada a causar una conmoción por su contenido revolucionario y antisistema (de la época), es más, Mozart (que hizo una conocidísima versión operística que cuenta con algunas de las melodías más reconocibles del género… y que, curiosamente, se estrenó mucho antes que la versión lírica de Rossini de “El barbero de Sevilla”, por tanto, curiosamente, en ópera, la secuela se estrenó antes que la original) no lo tuvo precisamente fácil a la hora de llevarla a la escena, aunque también es cierto que el compositor de Salzburgo elegía unas temáticas de un poco apropiado… que era para darle de comer aparte. Por tanto, debemos entender que, en muchos aspectos, la obra de Beaumarchais es un panfleto, de otra época, pero un panfleto con cierto contenido ideológico propagandístico igualmente.

Sin embargo, el gran problema que tiene la obra de Beaumarchais hoy en día, no es precisamente lo anterior, sino que la versión operística, en la que da Ponte copia casi tal cual en su libreto la obra original, se ha convertido el algo tan icónico y sublime, que, hasta cierto punto, las palabras solas y a secas de Beaumarchais ya no parecen suficientes, sentimos que falta la música de Mozart (a la que esta producción, de la que hago la crítica, hace más de un homenaje, por cierto)… simplemente, el compositor superó al escritor, y ello se hace evidente al ver que las palabras, sin música, quedan despojadas de una buena parte de su encanto… aunque sí hay que reconocerle a la obra original que explica mucho mejor la historia que el lioso libreto de da Ponte.

En cualquier caso, la obra de Beaumarchais, una comedia de enredo con profundo fondo crítico y revolucionario, es demasiado liosa, hay un exceso de acontecimientos, de personajes que no se desarrollan todo lo que deberían y demasiados enredos en general.

En lo que respecta a esta producción, su gran problema es que peca de un excesivo academicismo, es totalmente clásica, pero también absolutamente acartonada y poco original, no aporta soluciones ingeniosas, ni nos transmite nada nuevo, simplemente utiliza los recursos esperables y obvios en el mejor de los casos… eso, en sus mejores momentos, puesto que también hay muchísima torpeza en la dirección de escena de Lluís Homar (que recupera, de memoria, la de Puigserver): sus actores están totalmente descontrolados, no hay un sólo movimiento de escena que no resulte forzado, en el decorado todo es demasiado estático, hay una falta de ritmo absoluta (a pesar de ser una comedia)… y en general, hay una muy deplorable falta de imaginación, ingenio y visión artística. No tengo la más mínima duda de que a un espectador no demasiado exigente, a uno que se conforma con que le hagan la obra tal cual se refleja en el texto, se dará por conforme e incluso la aplaudirá con gusto… pero yo necesito algo más, yo necesito sentir algo, no quedarme frío, y eso es precisamente lo que me pasó durante las tres horas que estuve viendo esta producción en el Teatro de la comedia, durante las cuales, incluso sentí aburrimiento y deseo de que se acabara.

Por lo demás, los decorados son muy estéticos, muy bellos, pero no están muy bien utilizados, al igual que el atrezzo.

Los actores están todos terriblemente sobreactuados y absolutamente inverosímiles en general, y aunque el reparto femenino está algo mejor (muy especialmente Mónica López como la Condesa de Almaviva, que resultó la única medianamente creíble y aceptable de todos), pero lo cierto es que, mayoritariamente, cada gesto, frase o movimiento que hacen se ve forzado, poco natural o como una directriz de la dirección, sin mencionar que no parece que se crean sus personajes en absoluto, sólo que disfrutan haciendo teatro… y eso señores, lo miremos como lo miremos, es mal teatro.

En definitiva, volvemos a lo que se hablaba al inicio, esta producción de “Las bodas de Fígaro” sin duda podrá parecer aceptable y muy aplaudible a muchas personas que se quieren evitar vanguardismos y sorpresas desagradables en el teatro (como Javier Marías, al que citaba al principio), y seguramente muchas de estas personas, al igual que se hizo en otros tiempos en el Teatro Real (curiosamente, con la tercera parte que Mercadante compuso con las nuevas aventuras de un vetusto Fígaro), gritarían “¡así es como se dirige!”… pero yo no le puedo dar el aprobado; sí, toda la producción es bastante aceptable, si se mira superficialmente, no tiene sorpresas desagradables ni grotescas… pero tampoco dice nada, no produce ninguna sensación y hay tantísimos errores, evidente falta de pericia y talento disimulados bajo un clasicismo y academicismo extremo, que yo, simplemente, no puedo recomendarla abiertamente y con todas las de la ley, pues no pasa de ser un producto que le cuesta llegar a ser aceptable o pasable… y algunos buscamos mucho más en el teatro… y en cualquier obra artística en general (como comentaba recientemente, por otra parte).

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I vespri siciliani

La vida entera es una tragedia… ¡pero qué importa mientras la música sea de Verdi!

Sinopsis y ficha técnica

Ópera en versión de concierto.

Director musical: James Conlon.

Reparto

Guido di Monforte: Franco Vassallo.

El señor de Bethune: Francisco Tojar.

Arrigo: Piero Pretti.

Giovanni di Procida: Ferruccio Furlanetto.

La duquesa Elena: Julianna Di Giacomo.

Danieli: Antonio Lozano.

Roberto: Fernando Radó.

Y Francis Tójar, Luis Cansino, Adriana di Paola, Alejandro González y Eduardo Santamaría.

Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real (Coro Intermezzo / Orquesta Sinfónica de Madrid) y Coro de la Comunidad de Madrid.

La función del día 17 podrá escucharse en directo a través de Radio Clásica, de Radio Nacional de España.

Situada entre La traviata y la primera versión de Simon Boccanegra, Verdi se enfrenta con este título a un nuevo reto que supone un primer paso hacia las grandes composiciones con temas históricos como será, más tarde, Don Carlos. Todo ello sin olvidar que, con este encargo de la Opéra de Paris, el compositor trataba de aunar la personalidad del melodrama italiano con el formato de la grand opéra francesa.

Estructurada en cinco actos, algo que no era muy del agrado de Verdi, como tampoco lo era la inclusión del ballet, contiene sin embargo dos de sus temas favoritos, la relación paterno filial y los sentimientos patrióticos inmersos en el conflicto político. Construye el autor, con todos estos elementos, una ópera que contiene numerosos ejemplos de la fuerza musical dramática de sus años de madurez.

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Comentario previo

Una vez más, llega una crítica con tanto retraso que es de una temporada pasada; aunque me justificaré diciendo que en este caso, reconozco que he retrasado intencionadamente la publicación, pues dado que sólo hubo funciones tres días, luego ya daba igual cuando se publicase, y yo fui muy tarde para que nadie se pudiese beneficiar de ello.

Explico el subtítulo que elegí: a veces lo pasamos tan mal en la vida… y en las óperas de Verdi se sufre tanto, ¡pero yo creo que sería mucho más feliz si sufriese de esa manera!, ¡qué maravilla, qué música, qué desahogo!, a veces uno desearía que la vida fuese una ópera….

En todo caso, siempre quedará como testigo del interés de esta ópera, especialmente en este caso, en el que el tema de la producción cuenta menos por ser en concierto.

Hablando de ello, llama la atención la desaparición de esta modalidad en la temporada 2014-2015 del Real, todas son escenificadas, ni una sola en concierto, ¿por qué será?; y no parece que se nos haya beneficiado o perjudicado mucho, pues de un modo u otro no parece haber menos óperas… quizás sea una preferencia del nuevo director artístico Matabosch.

Dicen que las óperas en concierto surgieron en la era Mortier debido a la falta de presupuesto, y la verdad, nos daba la oportunidad de escuchar grandes títulos y grandes cantantes… no sé si acabaremos por echarlas de menos.

En cualquier caso, teniendo en cuenta los montajes que llegamos a tener que aguantar en este teatro, hay que reconocer que, las óperas en concierto, aún siendo siempre algo incompleto, a veces provocan un suspiro de alivio, pues no tienes una dirección de escena que te destroce la ópera de la manera más abyecta y miserable; y te da la oportunidad de imaginarla (aunque no siempre resulta fácil, y en este caso menos, que hay mucha acción), además de que, como no demasiados cantantes líricos se dignan a interpretar sus papeles, la cosa tampoco cambia demasiado (de hecho, la gracia y la gran ironía está en que a veces se ven mejores interpretaciones en la versión en concierto que en la escenificada); y la verdad, siendo francos, de tener que elegir entre un mal montaje o una ópera en concierto, prefiero lo último.

Crítica

Verdi es, y siempre será, uno de mis compositores favoritos, y es que es algo realmente maravilloso la capacidad que tiene para conmover y emocionar, el poder de su música es algo completamente inmenso.

La mejor prueba quizás está precisamente en los libretos que él tenía buen cuidado de elegir, no porque sean desmesuradamente buenos, que no suelen estar mal, sino porque, siendo como son historias extremada y desmesuradamente trágicas, que bien fácilmente en otras manos podrían caer en la comedia (y es que hay una línea muy fina entre tragedia y comedia, un género sumamente complicado, siempre estás en peligro de o no llegar o pasarte), él consigue que, aunque en algún momento se nos pase por la cabeza el pensamiento de “sí, bueno, ¿y qué más?” o incluso algo nos haga una leve gracia, rápidamente acudirá su música para borrarnos ese leve instante de comicidad y recordarnos lo tremendamente dramático que es lo que estamos viendo, y siempre de la manera más sublime.

Así, el libreto trata un tema histórico, de una forma totalmente libre, y contiene la habitual historia llena de dramatismo y coincidencias desafortunadas que necesariamente desembocan en tragedia; y que sin embargo, es extremadamente emocionante y estás todo el tiempo pendiente, pues, aunque un tanto exagerado, resulta interesante.

Pero la música, la música es de lejos lo mejor, esas bellas voces que se elevan, esos coros imponentes reflejando la grandilocuencia del acontecimiento histórico que anuncia la rebelión… el mejor Verdi se escucha aquí momento tras momento, está en todo, en las arias, los coros, y sobre todo, en esos grandes momentos colectivos en los que todos los personajes llevan sus pasiones y emociones al máximo y explotan a la vez en un sinfín de brillantes fuegos artificiales.

Y es que “I vespri siciliani” lo tiene todo para ser un gran título de la ópera (y debe ser espectacular representado correctamente): temática grandilocuente, sentido del dramatismo, música espectacular… etc.

En el caso de esta producción tuvimos una gran suerte, todos los cantantes estuvieron absolutamente esplendidos, y la habitual orquesta y coro del Real dieron lo mejor de sí, concluyendo una noche absolutamente fabulosa.

En definitiva, esta ópera, sin ser una de las más conocidas de la historia, ni del compositor, me parece magnífica y un imprescindible para todo aquel amante del género y quien lo quiera ser, pues seguro que quedará impactado por su fuerza arrolladora y fascinante.

Teatro Real de Madrid:”I Vespri Siciliani”I Vespri Siciliani at the Teatro Real 2014, Ferruccio Furlanetto - Procida

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Crítica exprés: Fausto

Dice un viejo refrán que “más vale malo conocido que bueno por conocer”, y Carme Portaceli parece dispuesta a probarlo. Si horrorizados estábamos con Pérez de la Fuente, me parece que la nueva directora no sólo no nos va a traer nada mejor, sino que encima lo va a empeorar gravemente… y la pregunta es, ¿quedará alguna butaca ocupada al final de la temporada?, ¿no están ya suficientemente escarmentados los espectadores?.

De momento, yo, tras haber visto y analizado la temporada entera del Teatro Español (bueno es que se haya publicado, a los que nos gusta planificarnos, nos lo ponen fácil, y no tenemos que estar pendientes), francamente, apenas he encontrado un espectáculo que me interese, y, con todo, al que trataré de acudir, lo haré con reservas.

Sí lo sé, van en decadencia y caída, directos a la catástrofe.

 

Fausto - Homenaje a Tomaz Pandur

Sublime atención al público en el Teatro Español, nunca mejor.

Han cambiado ligeramente los programas de mano, la estética sigue siendo vulgar (blanco y rojo, mira tú que descubrimiento), y además se nota que son más caros de hacer (calidad del papel, en color…)… es más que evidente que sólo es una forma de la dirección de llamar la atención, resaltar que esta ha cambiado y que ahora hay otra persona al mando. Si se centraran más en mejorar las cosas que merecen la pena, como en elaborar unos programas de manos más completos, con más información, de más páginas; mejor andaríamos… aunque si eso fuera lo único que hay que mejorar, suerte que tendríamos.

Tenía muchas ganas de ver una adaptación teatral del “Fausto” de Goethe. Tenía muchas ganas de volver a la preciosa e histórica sala principal del Español. Tenía muchas ganas de ver teatro de fuera de nuestras fronteras. Tenía muchas ganas de ver como eran las nuevas elecciones artísticas de la nueva directora… y en apenas cinco minutos, todo mi gozo estuvo en un pozo.

 

-Fausto: vuelve la política del amiguismo, que, aunque sea en forma de homenaje, no se hace de la manera más discreta que digamos.

En mi función varias personas se fueron y una sección del teatro se pasó media obra riéndose (y, obviamente, “Fausto” no es una comedia) además de hablando entre sí, con eso lo digo todo.

Sin duda, queda muy grandilocuente traer una obra en versión original, muy pseudointelectual, muy gafapastas… pero mientras leía los subtítulos, de repente me pregunté: “y si esto fuera en español, ¿qué opinarías?, si le quitamos ese barniz de gran producto venido de fuera, ¿qué se ve realmente?”… pues que es una mierda.

Bueno, con barniz o sin él, porque en apenas cinco minutos (diez máximo) ya te estás dando cuenta de que todo es la típica “artistada” en la que se ha malgastado tanto dinero como tonterías se han hecho; si no, ¿qué se puede decir de una obra en la que los actores se pasan toda la representación chapoteando en el agua (sin razón alguna) o hablando de cara al público con filosofías que aburren hasta el cabreo?, pues eso es lo que se ve en la obra, no hay más (bueno sí, también alguna que otra proyección y movimiento de decorado de delante a atrás y viceversa… mira tú que maravilla nos han traído de fuera).

Trataría de decir lo que está mal, pero es que es todo; o tal vez me enfocaría en lo que está bien, pero es que es nada… al final resulta algo vergonzoso, el típico teatro que a nadie gusta y que sólo los pretenciosos califican de interesante… en realidad, lo más triste, es que es la típica obra diseñada para que unos pocos puedan darse aires, y que al público en general repugna totalmente, mientras se les intenta engañar y hacerles creer que son estúpidos y que no tienen criterio ni sensibilidad artística, intentando darles gato por libre.

Pues no señor, yo por ahí no paso. Si de algo me enorgullezco en este blog, es por dar una información a las claras, veraz y honesta, de aquel que nada tiene que perder, por eso “Universo de A” es famoso y leído tanto por profesionales como por aficionados.

Así pues, digo de forma contundente, con absoluta convicción, que la producción de “Fausto” de Tomaz Pandur es una vulgaridad repugnante, presuntuosa y carente de todo gusto o estilo, el típico producto que esconde una inmensa falta de talento bajo una pretendida pseudointelectualidad, además de una supuesta engañosa visión artística, con las que pretende engañar y estafar a los espectadores deliberadamente.

En definitiva, durante el visionado de esta obra sentí vergüenza ajena y asco… y el inmenso deseo de que jamás se vuelva a repetir algo así, cosa que, tal y como he dicho, tras repasar la programación del Teatro Español, mucho me temo que volveremos a presenciar una y otra vez esta temporada, y probablemente, también las siguientes… pero a mí otra vez no me cogen en una de estas, de ninguna manera.

Sin mencionar que me parece intolerable que, aguantar las “artistadas” nacionales, pase… pero también las extranjeras, y encima hacer gasto de dinero público español en ellas… yo no me explico como todo esto no acaba en el pleno del ayuntamiento de Madrid, y no empiezan a rodar cabezas de responsables, cual las de los langostinos en la cena de Nochebuena.

Remataría la crítica desrecomendando totalmente esta prosaica “artistada” que es esta producción de “Fausto”, milésima estulticia de otro ridículo “artisto” presuntuoso que se cree que los demás nos chupamos el dedo… pero dado que en todo el inmenso teatro apenas estaba ocupada poco más que la platea de butacas (y no toda, sobre el 70% como mucho), y además las representaciones están a punto de acabarse (y seguro que estos, apenas cuatro días, nos costaron más que un mes con cualquier otra compañía nacional), pues es que no me hace falta despotricar nada más… el público está harto, está muy cansado de encontrar estupideces en este teatro, se está agotando de tanta tontería, se le ha espantado, no quiere arriesgar y con razón (que es lo peor)… al Teatro Español, que tanto necesita una regeneración, que necesita desesperadamente que lo hagan resurgir de sus cenizas, lo están hundiendo definitivamente en una muerte lenta y dolorosa.

Y yo sigo insistiendo, no me explico como es posible que todo esto se haga a fondo perdido con el dinero de los contribuyentes, y más en un país donde el paro es tan alto, donde hay tantas familias en riesgo de pobreza y exclusión social, donde mucha gente no puede pagar ni la luz, donde se producen incendios porque la gente enciende velas ya que no puede pagar la calefacción, donde todo sube de precio de una manera escandalosa (incluidos alimentos básicos)… y un largo etcétera; por eso, no se explica que mientras tanto, el Teatro Español se dedique a dilapidar el dinero en “artistadas” extranjeras. El colmo. Por extravagancias así, en Francia se hizo una revolución en 1789… la diferencia es que, en aquel caso, las barbaridades que se le atribuían a la pobre Reina María Antonieta eran falsas… y en el caso que estoy tratando en este artículo, son todas ciertas, comprobables a simple vista sin mayor esfuerzo.

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