La temporada de exposiciones de otoño-invierno de 2018-2019 en Madrid

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Este artículo es uno de los los llamados artículos recopilatorios, que se actualizan continuamente (hasta que termina la temporada que dice el título, momento en el que se publica uno nuevo en esta misma sección de Turismo), por lo que, para estar informado de todas las novedades, se recomienda volver a visitarlos a menudo. No obstante, los seguidores del blog (correo electrónico, redes sociales… etc) reciben actualizaciones de todo lo que se hace en Universo de A.

Aclarar que, en este artículo en concreto, las últimas actualizaciones siempre son las más pegadas a estas líneas, es decir, las que están más arriba del artículo; y por tanto, las que están más abajo, son las que he comentado hace más tiempo.

Para una información más extensa o sobre otras cuestiones culturales (Turismo, críticas de Películas o Teatro… etc), visitar las secciones correspondientes que aparecen permanentemente en un listado a la derecha.

Si hay algo que aún no he publicado, y sin embargo te interesa, pregunta a través de un comentario, puede que te ayude, ya que a lo mejor lo he visto, pero no he tenido tiempo de escribirlo.

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Ahora suelo tener mucho menos tiempo (o lo dedico a otras cosas), con lo cual, al contrario que en el pasado, sinceramente, no espero que este artículo sea completísimo. Por otro lado, para ser sincero, no parece que se nos venga encima una gran temporada de exposiciones este año, veo un panorama poco interesante… En cualquier caso, lo que sí me lo pareció, fue:

 

La fresh gallery

Me intrigaba visitar este sitio, hay quien lo considera un lugar de famoseo, así pues, mi curiosidad y esnobismo lo hicieron todo, y allí me planté. No obstante, resulto bastante decepcionante, no porque no viera a nadie conocido, cosa que no esperaba (la verdad sea dicha), sino porque el lugar en sí mismo (un sótano, para más inri) me pareció muy poco sofisticado e incluso un tanto descuidado.

-“DIENTES, DIENTES” DE CRISTOBAL TABARES: aunque la idea que plantea es bastante interesante, su técnica resulta vulgar y bastante torpe, te da la impresión de que podría haberlo pintado cualquier señora en su taller de pintura del centro cultural. Sólo me llamó la atención su particular versión de “El nacimiento de Venus” con Ana Obregón.

Precisar que el montaje de la exposición resulta verdaderamente inadecuado, espantoso, y que no favorece en absoluto a las obras (en todos los aspectos: ni la colocación, la iluminación… etc).

En definitiva: un desastre y una decepción.

 

Galería Marita Segovia

Me la encontré cuando volvía de la anterior. Si no fuera porque hay varios carteles que ponen que es una galería de arte, creerías que es una tienda de decoración o algo así. Y si no fuera porque está indicado por dónde entrar, te sería imposible encontrar la puerta. Una vez que entras, resulta difícil saber cuál es la exposición (yo hasta pensé que me había equivocado de lugar)… y cuando llegas al final, también. En realidad tienes que deducirlo (si coinciden muchas obras con un mismo estilo, como fue el caso, es fácil). Además no se da ningún tipo de hoja orientativa o algo así. Lo que sí encuentras, con suma facilidad, son los precios, y, para lo que es… madre del amor hermoso (bien podría decir, cierta persona que conozco, cuando alguien se gasta el dinero en algo que ella considera una tontería: “verdaderamente, los tenías de más”). Constancia y paciencia, señores.

-EDGAR PLANS: evocan la idea de un grafiti, y da la impresión de que lo sean, pero en pequeño formato. En realidad, lo representado parece una ilustración de material escolar, o, en el mejor de los casos, personajes de una de estas series de dibujos animados de hoy día que dan en cualquier cadena temática principalmente dedicada al público infantil.

-PILAR CAVESTANY: aunque sus obras son mayoritariamente estéticas, corren el peligro de pasar por un adorno, lo que hace que todos nos preguntemos: ¿la decoración se ha vuelto demasiado estética o es el arte quién se ha vuelto demasiado vulgar?… terrible pregunta, pero la respuesta, presumo, lo será aún más.

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ACTUALIZACIÓN: XXV Ciclo de Lied en el Teatro de la Zarzuela

a través de XXV Ciclo de Lied en el Teatro de la Zarzuela

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La Casa de Bernarda Alba

Todo lo que la obra de Lorca es y debe ser… multiplicado

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Sinopsis y ficha técnica

Sabemos que La casa de Bernarda Alba fue la última obra teatral de Lorca. Y ahora nos encontramos con la primera versión operística en castellano. Su compositor, Miquel Ortega, la escribió entre 1991 y 2006, y el libreto se basa prácticamente en su totalidad en el texto original. Su autor, Julio Ramos, sólo suprimió algunas escenas, cambió ciertas frases y eliminó personajes secundarios.
La ópera de Ortega se estrenó finalmente, en su versión sinfónica, en el Teatro Brasov de Rumanía, el 13 de diciembre de 2007. Dos años después lo hizo en España, en los Festivales de Santander y Perelada. Y es ahora cuando verá su estreno la versión de cámara.
En su Bernarda Alba, Ortega reivindica el arraigo de la tonalidad en el género operístico para evitar la muerte de la ópera y el distanciamiento con el público. Destacan los diálogos con frases cortas y réplicas contundentes, sin caer en la banalidad. Hace hincapié en la crítica a una sociedad con doble moral, donde la obsesión por la religión, las falsas apariencias, la hipocresía y la virginidad está reflejada en cada uno de los momentos de la obra. También trata la jerarquización de la sociedad de manera clara y contundente. En ella vive el universo femenino rural como algo claustrofóbico, asfixiante y frustrante.
A esta producción se suman figuras del gran espectáculo como Ezio Frigerio, Franca Squarciapino o Vinicio Cheli, así como un espléndido reparto de voces que harán que se vean los huesos y la sangre de esas mujeres. La directora de escena, Bárbara Lluch, considera éste como «el mejor libreto de ópera de la historia». Por su parte, el asistente de dirección musical y pianista, Rubén Fernández Aguirre, opina que «es una obra de gran exigencia vocal. Además, palabra y acción están estrechamente vinculadas con la orquesta, sin duda el décimo personaje de esta ópera. Todo se amolda a la expresión lírica, a las necesidades dramáticas del texto».
Una obra que afianza la vigencia de Lorca en nuestros días. Su contemporaneidad nos recuerda que con el paso de los años, el poeta de Granada se ha convertido en uno de los grandes mitos del Siglo XX.

 

Ópera en tres actos. Duración aproximada: 1 hora y 40 minutos (sin entreacto).

Música de MIQUEL ORTEGA (en una nueva versión para orquesta de cámara)
Libreto de Julio Ramos, basado en la obra original de Federico García Lorca
Nueva producción del Teatro de la Zarzuela.

Dirección musical Miquel Ortega.

Asistente de dirección musical, Piano Rubén Fernández Aguirre.

Dirección de escena Bárbara Lluch.

Escenografía Ezio Frigerio.

Vestuario Franca Squarciapino.

Iluminación Vinicio Cheli.

Reparto Bernarda Alba NANCY FABIOLA HERRERA, Adela CARMEN ROMEU, Poncia LUIS CANSINO, Martirio CAROL GARCÍA, Amelia MARIFÉ NOGALES, Magdalena BELÉN ELVIRA, Angustias BERNA PERLES, Criada MILAGROS MARTÍN, María Josefa JULIETA SERRANO.

Orquesta de la Comunidad de Madrid, titular del Teatro de La Zarzuela.

Coro Titular del Teatro de La Zarzuela, director: Antonio Fauró.

 

Comentario previo

¡Ay!, ¡Hay tantas cosas que comentar!, así que será mejor organizarse temáticamente:

 

-El teatro de la Zarzuela: casi siempre lo digo, ¡pero es que me encanta venir aquí!, el trato es tan amable, agradable y familiar que verdaderamente casi sientes que vas a ver a un viejo amigo… las sonrisas, afabilidad y servicialidad de sus trabajadores son constantes y ello le hace sentir bien a uno; especialmente en una gran ciudad, dónde el ambiente es siempre mucho más frío (y no me refiero sólo al clima de estos días) y aséptico. Y es que, en los días de hoy, desgraciadamente, se subestima la amabilidad, a pesar de ser el medio más viejo que existe para captar y mantener un público en cualquier medio… afortunadamente, en el Teatro de la Zarzuela no se han olvidado en absoluto las buenas costumbres, modos y maneras.

Como buena noticia, decir que el guardarropa se ha reabierto (¡gracias a Dios!), tras la recuperación de su habitual ocupante, lo cual es muy buena cosa para todos los asistentes… especialmente en esta época en la que las prendas de invierno comienzan a ser cada vez más numerosas y abultadas (en épocas más calurosas, que este servicio no estuviera habilitado era un engorro llevadero… pero ahora se convertiría en un auténtico problema no tener dónde dejar abrigos, paraguas… etc).

También decir que me ha encantado el programa de mano, muy completo, variado y con mucha información de utilidad (y es que cuenta con, desde artículos de los creadores hablando de la nueva producción -en este caso especialmente relevante, ya que una importante parte de la autoría es contemporánea- hasta textos originales de época u otros artículos dedicados a profundizar más en aquello que veremos)… una pena que últimamente no hagan intermedios, ¡es el momento ideal para leerlo!.

Y no quiero dejar de decir que el Teatro de la Zarzuela se está luciendo en esta temporada, que, a pesar de que en principio no me acababa de parecer apetecible… ¡me está conquistando absolutamente!, ¡van de triunfo en triunfo!, y ojalá que siga así….

 

-La politización de Federico García Lorca: siempre he creído que España ha aprendido de su historia, y por eso los ultraísmos políticos, según se revelen como tal, podrán cosechar algunos votos descontentos o desengañados, pero no conseguirán hacerse con el poder (un buen ejemplo de eso es Podemos y su bajón como fuerza política… y que no cunda la alarma, a Vox le pasará lo mismo -especialmente según se tranquilice el asunto catalán y la crisis se supere definitivamente-). Eso no significa que las famosas dos Españas hayan desaparecido del todo (aunque lo inteligente sería preguntarse si realmente sólo existen dos… con razón hasta el XIX los reyes seguían proclamándose “de las Españas”), y que, aunque se puede afirmar con mucha seguridad que don Juan Carlos I sí consiguió ser “el Rey de todos los españoles”… lo cierto es que las heridas no han cicatrizado del todo (en asunto del cadáver de Franco es un buen ejemplo).

García Lorca estuvo innegablemente ligado a la 2ª república y sus políticas de educación propagandística (llegó, entre otras cosas, a cambiar textos de autores clásicos para servir a las ideas que se quería imponer)… pero, del mismo modo, nunca estuvo afiliado a una facción política, y mantuvo amistades de distinta (e incluso opuesta) ideología. Posiblemente, como otro de sus colegas de la Residencia de estudiantes, Dalí, la política no era más que un medio para alcanzar un fin, ese que desea, por encima de cualquier otra cosa toda persona con alma artística, que es expresarse (sin embargo, a menudo, estas personas poseen más un amplio sentido de la ética, lo que es diferente a reducirse ciegamente al seguimiento de una ideología; algo lógico, por otra parte; no en vano, por ello muchas veces han tenido problemas con los sistemas en los que han vivido, pues pueden señalar, sin mayor consideración, las verdades incómodas o poco convenientes).

Sin embargo, y aunque siempre se ha enseñado que, en cualquier caso, no se debe confundir obra y artista, es innegable que existe esa mala costumbre (quizás porque necesitamos buscar explicaciones a las preguntas que nos sugieren las obras en las personas que las crearon), y aún peor hábito es convertir a estos en iconos de algo que no necesariamente representan o ellos mismos no buscaban ser, lo cual siempre he visto como un acto miserable, pues es pretender apropiarse, robar a un creador, y por extensión a su obra, para un reducido colectivo, etiquetarlo, y dejarlo desmarcado para los demás (y algunos artistas sí tuvieron ideologías muy concretas, pero las obras, las auténticas obras maestras, son universales y nunca apologéticas o adoctrinadoras).

Federico García Lorca es un buen ejemplo de lo anterior: se ha repetido hasta la saciedad que fue asesinado por ser homosexual (evidentemente esto no ayudó, pero no fue el único ni el más grave de los cargos, ni siquiera la razón principal para llevar a cabo su ejecución) y aún se sigue haciendo, simplificándolo todo. Algunos creerán que esto lo glorifica o lo convierte en el perfecto adalid de una causa, yo creo que eso lo humilla, banaliza, pues reduce la dimensión de la tragedia de su muerte y sus circunstancias. También las ideologías ultraizquierdistas lo han encajonado muy a menudo como “uno de los suyos”, y lo han reducido a ser una malograda víctima del bando nacional (que no fascismo, como se suele decir, eso es un movimiento político italiano; ni franquismo, que aún no existía… pero como ya digo, se establece la mala costumbre de simplificarlo todo para manipular mejor), y el ejemplo perfecto de como una vida joven y una futura gran obra artística fue truncada por culpa de la ultraderecha… como si en las guerras no muriese gente y en la república no se hubiesen cometido todo tipo de asesinatos y barbaridades previamente. De hecho, como no pocos apuntan, quizás, ver al asesinato auténticas connotaciones políticas es mucho forzarlo, muy posiblemente, no se trató más que de una cobarde, mezquina y repugnante acción personal que sólo utilizó un contexto que le era favorable. ¿Injusto y horrible?, sí, pero malas personas las hay en todas las ideologías.

Y, por supuesto, como no, también se le ha querido meter dentro de la corriente feminista actual; a ello se ha jugado especialmente con la obra a partir de la cual se ha hecho la ópera de la que hablaré en la crítica… lo cual, resulta cuanto menos paradójico y gracioso, y lo digo porque la única mujer verdaderamente fuerte, independiente y que sabe imponerse (las cuales, supuestamente, deberían ser características de toda feminista que se precie) es precisamente la más conservadora, tradicional y antifeminista: Bernarda Alba (no me digas que la cosa no es irónica). Quien quiera hablar de Adela, me gustaría hacer ver que tiene reacciones inconsecuentes de niña en la plena edad del pavo… sin mencionar que, tanto ella como buena parte del resto de las hermanas, se dejan llevar por motivos muy poco nobles. Si es que a veces se ve lo que se quiere ver.

Sí, García Lorca ha tenido la desgracia de que le hayan hecho, una vez fallecido, lo que él no quiso hacerse en vida: ser encajonado políticamente. Y cómo se suele decir, no hay mejor autor que el autor muerto… nunca puede protestar.

Por eso, quizás, aún hoy, García Lorca puede resultar para algunos un autor incómodo, porque pone el dedo en la llaga de la cicatriz, evidentemente mal curada, de España… y no sólo con lo que a él probablemente le gustaría que fuera: con su obra. Bueno, para bien o para mal, ello le ha aportado reconocimiento.

 

Crítica

Hoy en día, la violencia, física y psicológica, está muy presente en nuestras vidas, el ejemplo típico, sería el telediario; pero incluso en el entretenimiento (lo que prueba que hemos evolucionado más en la forma que en el fondo, ya no habrá gladiadores, pero…), hasta el punto de estar acostumbrados a ella, todos los días el grupo Mediaset nos da un buen ejemplo de ello: las tardes de “Sálvame”, basadas en linchamientos continuos o las noches de “Gran hermano” en las que se da rienda suelta a las peores cualidades del género humano… ello ha ocasionado protestas, pero no ha habido nada mejor para que la audiencia subiera como la espuma, hace mucho que Mediaset sabe que la indignación es un motor que funciona muy bien, si sabe usarse, en propio beneficio; más que nada porque es algo sumamente irracional y muy visceral.

Y aunque se podría debatir sobre hasta que punto lo anterior es ficción y hay una cierta guionización detrás de ello, lo cierto es que difícilmente aprenderemos algo o nada de ello, a algunos les ayudará a sentirse superiores, otros tendrán algo en lo que volcar su indignación (que en realidad proviene de otras cosas, y no tanto de lo que ve en la televisión) y finalmente habrá incluso quienes tome a esas personas que ve en la pantalla como modelo… resumiendo, como dijo Iriarte “Si el sabio no aplaude, malo; si el necio alaba, peor”.

Por ello, llama mucho la atención como, a pesar de lo anterior, “La casa de Bernarda Alba” sigue resultando tan impactante, pues en cierto modo, es como si la casa fuese un “Gran hermano” familiar y el pueblo un “Sálvame” en diferido… a muchos estas comparaciones les pueden sonar a blasfemia cultural, pero parémonos a pensar en que no son del todo desacertadas, comparad si no. Entonces, ¿por qué “La casa de Bernarda Alba sigue teniendo esa potencia casi 100 años después y cualquiera de los programas anteriores mencionados pierde todo interés apenas emitido? (de ahí el término telebasura), decididamente no puede ser por la violencia, sino por el fondo; sí, la violencia en la obra sólo es una herramienta para hablar de otras cosas mucho más profundas… y se tiene que hablar de muchas, se tiene que evocar muchas cosas, a mucha gente muy distinta, para que una obra consiga hacerse con el codiciado título de clásico, y pasar por el severo juicio de la historia. Sí, con “La casa de Bernarda Alba” se aprende algo, se descubren cosas, se reflexiona… y además, es entretenida de principio a fin, y tiene una buena narración, características, por otra parte, del arte verdadero.

Poco hablaré del libreto, salvo que respeta muy aceptablemente la obra original, y en cualquier caso, capta absolutamente su esencia (uno debería preguntarse si no se deberá a lo intocable del icónico García Lorca -como describo en el comentario previo-, más reconocible que los libretistas de zarzuela habituales que se ven en este teatro, con los que muchos hoy día parecen creer tener patente de corso -a pesar de no llegarles a la suela de los zapatos de su talento en ningún aspecto-… afortunadamente para todos, no se han atrevido a profanar al poeta andaluz), como debe ser, por otra parte. De modo que se puede decir que es una muy buena adaptación operística.

Miquel Ortega, compositor y alma de la adaptación, se confiesa un enamorado de la obra original, y eso se nota, su creación, su musicalización de la obra de García Lorca respira devoción, inspiración y admiración por todos sus poros… no es una persona que esté diciendo que le gusta el escritor porque lo dice todo quisque, realmente él siente, vive, se deja llevar por el poderío de cada frase, y lleva la musicalidad de las palabras a las notas, de modo que consigue que el texto tenga una fuerza increíble y muy especial, esa que sólo da el auténtico respeto que no inspira un encargo económico, esa que mueve a hacer algo que realmente gusta… en su ópera, la música acaricia, hace el amor con el texto… y el conjunto es tan García Lorca como Miquel Ortega, así pues, este bien puede decir, con orgullo, que ha conseguido fundirse con el poeta granadino… ver esta obra sin su música ya será otra cosa.

Ortega tiene muchos aciertos: un buen, inteligente y bien distribuido uso de la tonalidad y la atonalidad, y, sobre todo, una gran capacidad para crear clímax dramáticos (especialmente los finales de acto, son impactantísimos, dignos de Wagner), y verdaderamente se revela como un discípulo aventajado de aquellos a los que admira: Puccini, del que coge la capacidad para evocar la grandeza dramática o Britten de quién toma su capacidad para crear tensión, inestabilidad y desconcierto. Así, la obra no reniega de la herencia clásica, pero es incapaz de negar su contemporaneidad, es verdaderamente, una ópera de hoy día (o al menos, un buen modelo para ella).

Como única, y muy leve crítica negativa, sí se podría apuntar que la elección de las tesituras de los cantantes pudo haber sido más acertada, pues todas las de las miembros de la familia se parecen demasiado (Poncia, interpretada por un hombre, es casi la única excepción, sin embargo, este tipo de voz grave, probablemente le fuera mejor precisamente a la matriarca Bernarda… pues a la criada no le termina de ir), y ello les quita particularidad a los personajes. Hoy día, en una ópera contemporánea, probablemente hubiera estado muy bien jugar con las distintas tesituras de los cantantes y asignarlas según la personalidad de los personajes.

La representación ya empieza con una música inquietante, a la que se unen unos berridos desagradables que auguran la tragedia que se avecina… a partir de ese momento, entramos en una montaña rusa de emociones en la que redescubrimos la obra de García Lorca a la vez que descubrimos la de Ortega; y siempre con gran intensidad, sin un momento para el aburrimiento, vamos viviendo como el ambiente se enrarece hasta explotar… suponiendo todo un éxtasis artístico.

Debo reconocer, también, que, antes de ir, me preocupaba el hecho de que fuera con orquesta de cámara (y que nos perdiésemos la versión sinfónica), pero está claro que, tanto quienes desde la dirección del teatro se lo han propuesto a Ortega, como él que decidió retomar su idea inicial, estaban totalmente acertados: “La casa de Bernarda Alba” se merece cierta intimidad, luce más así que con la falsa grandilocuencia de una gran orquesta. Por otra parte, visto lo visto, yo no siento que haya perdido nada, sino más bien todo lo contrario, verdaderamente, la orquesta de cámara consigue un resultado muy sobresaliente, teniendo una gran fuerza y presencia… quizás demasiada, con frecuencia se tapaba a los cantantes (pero teniendo en cuenta el excelente resultado final, eso es peccata minuta).

También el coro estuvo fenomenal.

En lo que respecta a la dirección de escena de Bárbara Lluch (otra apasionada de García Lorca y de esta obra), es muy apropiada y verdaderamente consigue sacar todo el jugo para que la ópera luzca como debe.

Curiosamente, el apartado técnico se llena de italianos, que, hacen un trabajo discreto pero aceptable y eficaz tanto en escenografía, como vestuario… etc.

Sólo queda hablar del reparto artístico, que se llevan el grandísimo e inmenso mérito, del que pocas veces se puede decir, que una ópera esté tan bien cantada como actuada (y eso que, en lo que respecta a teatro musical, el de la Zarzuela es un puntal en ese aspecto… muchas veces me he quejado -alguna vez de este, pero sobre todo de otros teatros, el Real especialmente- de como demasiado a menudo se prioriza el dar el do de pecho sobre tratar de crear un personaje -lo que en ocasiones, directamente se olvida-). Verdaderamente, no daba crédito a lo que veían mis ojos: los personajes de García Lorca cobraban vida absolutamente sobre el escenario, ¡ahí estaban!, con toda su fuerza y potencia, creados en la más perfecta simbiosis de la música con el texto.

Y lo más asombroso es que todo el reparto está en estado de gracia (Tal vez Luis Cansino, claramente con menores capacidades interpretativas, es el que peor sale parado), estableciéndose un auténtico duelo interpretativo y canoro en el que me gustaría destacar especialmente a Carol García (Martirio), Marifé Nogales (Amelia) o Berna Perles (Angustias). Milagros Martín aparece casi como un cameo, a modo anecdótico; y Julieta Serrano, lleva a cabo un personaje fácil y agradecido. Aunque, sin duda alguna, la que destaca sobre todos, no muchísimo más, pero sí lo bastante como para apoderarse de la atención del espectador cada vez que está en el escenario, es Nancy Fabiola Herrera, que interpreta una Bernarda Alba de premio; hay quien dice que es una de las mejores Carmenes de los últimos tiempos, pero yo no tengo duda alguna de que es la perfecta Bernarda Alba, y de que ese debería ser el personaje operístico por el que se la recuerde. Como único, y perdonable defecto (teniendo en cuenta todo lo comentado anteriormente), del reparto al completo, es que su vocalización dejaba que desear, me pasé toda la función leyendo los subtítulos, aunque la lengua en la que cantaban, obviamente, fuera el castellano (y no ayudaba, lo ya dicho, que la orquesta los tapase).

Concluyendo, acabé la ópera haciendo una ovación en pie, y los que me conocen saben que muy rara vez hago eso, pues muy entusiasmado, muy arrobado tengo yo que estar para llegar a ese punto (cualquiera que lea este blog sabe que soy sumamente crítico y exigente).

Me gustaría ir terminando con una comparación, no odiosa, que es que resulta interesante contrastar, la producción de “La villana”, en este mismo teatro de hace un tiempo, con este estreno… la primera representaba lo clásico en su máxima esencia, y esta, en cambio es lo mismo pero en contemporáneo… verdaderamente, es increíble las maravillas que se pueden apreciar y lo mucho que se puede llegar a aprender y descubrir en este coliseo teatral. No obstante, no quiero dejar de señalar, ya que hablamos de espectáculos programados anteriormente en este lugar, que si la zarzuela contemporánea aquella se la hubieran encargado a Miquel Ortega, probablemente otro gallo nos cantaría… y lo haría afinado.

En definitiva, la producción de “La casa de Bernarda Alba” estrenada por el Teatro de la Zarzuela, bien se podría definir como: grandiosa, impactante, brutal, devastadora, poderosa… es todo lo que le puedes pedir a una representación de “La casa de Bernarda Alba”, pero multiplicado y magnificado. Qué decir, así pues, sino que estamos, con total seguridad y certeza, ante uno de los estrenos más importantes de la temporada… es un imprescindible de la cartelera, no hay fallo posible al hacer su recomendación, porque, de un modo u otro, tienes la seguridad de ver una obra maestra… está claro, ¡es una oportunidad que no se puede dejar escapar!.

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XXV Ciclo de Lied en el Teatro de la Zarzuela

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Sinopsis y ficha técnica

Diferente en cada actuación

 

Comentario previo

Reseñaré todas las funciones a las que vaya en este mismo artículo, que al estilo de otros recopilatorios (como los que se pueden encontrar en las secciones de Turismo y Televisión) se irá ampliando continuamente, complementándose con nueva información hasta el fin del ciclo (o eso espero).

Y, como en la mayoría de los artículos de este tipo, la información más actual será la que esté más pegada a estas líneas.

No obstante, los seguidores de este blog, por los distintos medios y redes sociales, sabrán que este ha sido actualizado de la manera habitual.

En cualquier caso, de momento reseño lo que ya he visto, que es:

 

Crítica

Este año iré algo menos al ciclo de Lied, por diversas cuestiones (entre otras, no la más importante, pero sí relevante, que la temporada pasada quedé saturado de Schubert).

No obstante, seguiré acudiendo en lo posible, puesto que realmente se pueden encontrar unos cuantos recitales prometedores en la programación.

 

-Recital 3: me atraía mucho ir a un recital en el que el protagonista absoluto fuera un bajo, es una tesitura que no tenemos grandes oportunidades de oír por sí sola o en papeles muy extensos (lo más frecuente es al tenor, y a veces al barítono); de modo que siempre resulta interesante profundizar, y una vez más, el Teatro de la Zarzuela nos da una gran oportunidad para esto, como para otras cosas.

Así pues, pudimos disfrutar de un programa, en el que destacó muy especialmente la primera parte, dedicada a Carl Loewe (aunque la segunda parte fue también buena y excitante).

Como siempre, encontré atentísima la atención al público en el teatro.

-Franz-Josef Selig: paradójicamente, es el caso opuesto al recital anterior, me gustó más como profesional que como persona, ¿por qué?, a pesar de que el público fue más que generoso con los aplausos y vitoreos varios (nunca en el descanso se había llegado al punto de que los artistas tuvieran que salir a saludar; y al final de todo llegaron a salir sobre seis veces); el cantante sólo hizo un bis, y casi a modo despreciativo, como si le costase un gran trabajo (a pesar de que sólo es una especulación, tiene toda la pinta de comportarse como un divo de mucho cuidado).

Sin embargo, no puedo negar que merecía las ovaciones que se le dieron, el hombre lo tenía todo: la voz y la capacidad para actuar, y más en unos lieder tan narrativos que verdaderamente lo exigían. Así pues, consiguió una actuación redonda, de gran belleza.

Gerold Huber: discreto pero eficiente y eficaz, no destaca hasta que el piano suena solo, consigue tal simbiosis con su compañero que desaparece para regalarle todo su arte al texto del lied y que este se evoque ante nosotros… lo cual, sin duda es muy bueno para los espectadores, ¿pero para él como artista?, ¿defecto o virtud?.

 

-Recital 2:

¡Rusia parece estar de moda en este comienzo de la temporada cultural en Madrid!, entre la recientemente reestrenada “Katiuska”, este recital (todo en este mismo teatro); y además, la llegada del musical de Broadway “Anastasia” (basado en la película de animación homónima) y la programación de la Fundación March… parece que tenemos toda una oportunidad de profundizar en la cultura de este país… bien hace, en cualquier caso, el Teatro de la Zarzuela en ello, realmente se ve muy coherente.

El recital me pareció sumamente completo, antológico y representativo.

Por su parte, El programa de mano me pareció muy informativo y completo.

Como siempre, encontré fenomenal la atención al público, muy familiar y agradable.

Respecto a los intérpretes:

-Ekaterina Semenchuk: curiosa y llamativamente, me conquistó más como persona que como cantante… indudablemente tiene una gran voz, muy entrenada y habilidosa, pero no la calificaría como llamativa o especial; sin embargo, probablemente, las palabras que mejor la puedan definir sean “eficaz y eficiente”.

Dejando de lado esa cuestión, como digo, hubo otros aspectos que me llamaron muy positivamente la atención sobre ella, por ejemplo: su capacidad para dejarse llevar, creerse y emocionarse por aquello que interpreta (tiene pinta de ser buena actriz, algo que los montajes operísticos necesitan desesperadamente); sus gestos de amabilidad, tanto con el pianista (gestos de cariño) como con el público (no dudó en pronunciar algunas palabras en español, interactuó mímicamente con algunos…)… y cuando hizo los cinco bises, ya me conquistó definitivamente (¡y no pudo hacer más porque tuvo que hacernos el gesto de que se habían acabado las partituras!, ¡que era imposible!).

Así pues, todas las virtudes anteriormente comentadas, deberían convertirla en una cantante muy a tener en cuenta.

-Semjon Skigin: capaz como pianista acompañante pero sin abandonar una personalidad propia. Consigue dominar el difícil arte, y más en estos recitales, de no eclipsar ni ser eclipsado.

En definitiva, se puede decir que el recital fue un éxito rotundo para el público, prueba de ello es que hubo cinco bises… y la gente seguía aplaudiendo. Más claro agua.

 

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Smallfoot

¡Cuidado Disney, la Warner vuelve a pisarte los talones!

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Sinopsis y ficha técnica

Título original Smallfoot

Año2018 Duración96 min.País Estados Unidos

DirecciónKarey Kirkpatrick, Jason Reisig

Guion Karey Kirkpatrick, Clare Sera, John Requa, Glenn Ficarra (Libro: Sergio Pablos)

Música Heitor Pereira

Reparto Animacion, Channing Tatum, James Corden, Zendaya, Common, LeBron James, Danny DeVito, Gina Rodriguez, Yara Shahidi, Ely Henry, Jimmy Tatro

Productora Warner Bros. / Warner Animation Group / Warner Bros. Animation / Zaftig Films

Género Animación

Sinopsis “Smallfoot” da un giro a la leyenda de Bigfoot cuando un Yeti joven y listo se encuentra con algo que pensaba que no existía: un ser humano. La noticia de este “humano” le trae la fama y la oportunidad de conseguir a la chica de sus sueños. Asimismo, provoca una conmoción en la sencilla comunidad de Yetis al preguntarse qué otras cosas pueden existir más allá de su aldea nevada.

 

Comentario previo

Probablemente, casi todos hemos tenido ese debate en nuestra infancia (o más adultos, en días especialmente nostálgicos) que exigía la preferencia, sobre el otro, de uno de estos personajes: ¿Mickey Mouse o Bugs Bunny? (creo que está muy claro de quién soy yo); y que, si lo analizamos profundamente, incluso en las mentes infantiles, no deja de esconder un debate entre la preferencia por un estilo de animación muy concreto o su rechazo… hablando claro, ¿Disney (con sus formas redondeadas, mullidas, su sensibilidad y naturalismo) o la competencia (un estilo más violento física y psicológicamente, menos animación y más dibujo animado)?.

Sea como sea, todos los historiadores de cine coinciden en que, bien sea para imitarla o criticarla, todo el género de la animación (y otros muchos, si me apuras) le deben mucho a la compañía del ratón, y que el primero es impensable sin la segunda.

Por tanto, si dejamos de lado los criterios subjetivos, es evidente que Mickey gana a Bugs. A ello ayudó mucho el que, durante décadas, ningún estudio de Hollywood se tomara muy en serio eso del arte de la animación; permitiendo, así pues, que Disney entronizara una poderosa y duradera monarquía absoluta sin apenas (y desde luego no notable) oposición. Incluso muerto Walt, y durante una larga decadencia, nadie se atrevió a reclamar aquel cetro.

Curiosamente, fue durante la tercera época dorada de Disney (los años 90), cuando a aquel rey absoluto se le pareció empezar a exigir un parlamentarismo; pues es precisamente entonces cuando surge una auténtica competición en el ámbito del largometraje animado. Sin embargo, una vez más, la imitación de Disney fue la regla, el hecho de que Don Bluth (conocido como el alumno superdotado de la compañía del ratón), llevara a cabo algunas de las películas más notables en ese aspecto, “Pulgarcita” o “Anastasia” (para la Warner y la Fox respectivamente), es buena prueba de ello, y aún más lo es la perspectiva histórica: cualquiera de esas películas es calificada por la mayoría con el genérico “de Disney”, aunque realmente no lo sean.

Sería DreamWorks quien, cuando Disney comenzaba una nueva decadencia, y tras haberla expoliado (la primera se llevó, a golpe de talonario, a muchos de los mejores artistas de la segunda), sería responsable de la creación de algo ligeramente más nuevo y no una simple imitación.

En todo esto, no he mencionado el caso de Pixar, pues dado que siempre perteneció a la Disney, de forma más o menos directa (incluso en sus épocas de mayor independencia, todos sus filmes fueron distribuidos por la compañía del ratón, y por tanto, en última instancia, estuvo sometida a esta), se puede considerar que son la misma cosa, pues la primera está dentro de la segunda.

¿Por qué este comentario previo?, pues porque es muy excepcional encontrar una auténtica obra maestra del género de animación fuera de Disney, es más, podemos afirmar con rotundidad que, si hiciéramos una lista de ellas (o aunque sólo fuera de las mejores películas de animación de la historia), casi el 90% serían de la compañía que Walt creó (sino más, dependería de quién o quiénes hicieran el listado); así pues, cuando surge algo tan excepcional, hay que reseñar lo muy digno que es de ver.

Finalizar comentando que me llama mucho la atención la evolución del cine de animación, originalmente era mucho más emocional, sensible, e incluso más basado en sensaciones estéticas; pero desde hace unos años se ha vuelto sumamente racional e intelectual… ello es sin duda por influencia de Pixar (una vez más, Disney); lo que produce que, si uno lo piensa, este género resulte cada vez menos para todos los públicos.

 

Crítica

Lo que más me atrajo de ir a ver esta película, es que supe que era un filme de animación musical, con lo cual, me interesó inmediatamente y no dudé en ir. En cualquier caso, aunque sí se pueda encuadrar en este género, daré más detalles acerca del tema cuando hable de la banda sonora.

Sin duda alguna, la historia que se nos plantea la película es sólo una fábula, una metáfora; de hecho, desde el principio se percibe que la película tiene mucho fondo y un profundo simbolismo que está ahí, a disposición de quien lo quiera descifrar… posiblemente, esa intelectualidad acabe siendo, a veces, a costa del entretenimiento, puesto que no hay que negar que a la película le cuesta encontrar su ritmo, el sentido de sus personajes, e incluso su identidad… dicho de otra manera, el filme se hace esta pregunta continuamente: “¿estamos contando la divertida historia de un yeti que se topa con un smallfoot o estamos haciendo una profunda y delicada reflexión sobre el ser humano y su cultura?”, y se pasa todo el metraje dudando que responder, de modo que va dando bandazos de un lado a otro, sin acabar de atraer del todo bien dos polos, aparente, que no necesariamente, opuestos.

Así pues, podríamos decir, genéricamente, que la película nos devuelve el estilo del dibujo animado o cartoon más tradicional (la película está plagada de secuencias de slapstick, quizás demasiadas); pero a la vez intenta combinarlo con personajes entrañables tipo las películas de animación más consolidadas del pasado siglo (especialmente unos secundarios demasiado poco activos, muy desaprovechados y defectuosamente perfilados); a todo lo cual ayuda el que el filme sea un musical, con lo que nos recuerda ese pasado glorioso; y a todo eso une una profundidad e intelectualidad propia del cine de este género de hoy día… en definitiva un coctel complicado, difícil, en el que, si bien en un principio no parece que sus elementos puedan dar un buen resultado combinados, al final, lo innegable es que el todo suma más que las partes por separado.

Y es que el guión reflexiona sobre una cantidad de cosas espectaculares: al principio parece que hace una crítica a la tradición, la religión o el fanatismo; pero rápidamente se habla del racismo, la intolerancia; el bien y el mal; la política; la función, el desarrollo y la necesidad de la creación de una cultura en la sociedad humana… y un larguísimo etc; y todo ello siempre abordado de forma neutra y dejando ver los pros y los contras de cada posibilidad. En definitiva, la película es tan extremadamente interesante, tan fascinante, y tan increíblemente inteligente que es muy difícil resistirse a su encanto. Sin duda, como ya digo, el guión es desigual, pero el saldo final, es incuestionablemente positivo (su final, eso sí, se ve como un tanto precipitado y utópico… pero se le perdona, ¡es un musical de animación al fin y al cabo!)

En cualquier caso, sería muy difícil decir cual es el público objetivo de esta película.

La dirección está falta de ritmo, y en realidad, se nota que la película podría haber sido más corta y que debió estar más centrada… digamos que ver “Smallfoot” se podría comparar con escuchar a una persona que nos habla de un tema muy interesante, pero que continuamente se está yendo por las ramas, de modo que aborda una serie de temas trasversales que se desvían del central (aunque en lo que respecta a la cuestión reflexiva, hay que reconocer que en eso salen ganando). Hasta cierto punto, da la impresión de que ambos directores de la película no se llevaban bien y tenían una visión muy distinta de cómo esta debía ser, de modo que cada uno va a hacer “su película” y de la unión de ambas visiones opuestas, nació “Smallfoot”.

La animación está cuidada, pero, en general (salvo unas pocas secuencias), no se nos ofrece una experiencia estética que sea nada del otro mundo, y el diseño de personajes tampoco encandila. A ello no ayuda nada el hecho de que la paleta de colores escogida, tanto para fondos como personajes, sea demasiado homogénea (básicamente blanco y azul).

En lo que respecta a la banda sonora, una vez más, se produce esa bifurcación que tan desagradablemente se ha puesto de moda hoy (y que se puede encontrar hasta en Disney), y que consiste en que una persona se ocupe de la parte instrumental y otra de las canciones, lo que hace que, a menudo, las películas no latan al mismo ritmo… no estamos ante una excepción, las canciones son muy pocas (no más de cinco), con un estilo demasiado pop, lo que no sería necesariamente insalvable, si no fuera por lo que es mucho peor (y casi imperdonable), que es que estén tan mal integradas en la trama, que la interrumpan y le aporten más bien poco (salvo el rap final del Guardián, que es magnífica, casi todas, cumplen estas características que acabo de decir); hablando en plata, si varias de ellas se cortaran de la película, apenas se notaría su ausencia y la calidad de la película no se resentiría demasiado… y eso es lo peor que se puede decir acerca de un musical. Con todo, se dejan oír sin, salvo raras excepciones, llegar a maravillarnos nunca.

En definitiva, sin duda, la inteligencia con la que está planteado el filme, y las reflexiones que plantea y suscita, son sin duda alguna la principal motivación y razón para verla, pues ya sólo por eso, vale la pena.

 

Valoración final: con toda probabilidad, es una obra maestra. Tiene defectos sí, y cosas mejorables, pero su profundidad y calado es tan notable que resulta simplemente brillante. No obstante, yo no dejo de preguntarme si no será demasiado compleja para según que público. Igualmente, la considero un imprescindible de la cartelera cinematográfica.

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Crítica exprés: Ha nacido una estrella (2018)

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No sé que tendrá “Ha nacido una estrella”, y en realidad, siempre me ha impresionado más la fascinación que ejerce sobre los demás, que sobre mí mismo. Se ha hecho ya, por lo menos cinco veces (además de los tres remakes reconocidos a partir de la película de 1937, está “The artist”, bastarda que reniega de su madre, o plagio apenas disfrazado), y cada vez que se hace, no falla, le caen premios importantes encima. Y estoy seguro de que esta nueva versión de 2018 no será una excepción a la regla (no olvidemos que “The artist”, hace no demasiados años, se hizo con todos los premios importantes en su momento), lo que nos lleva a la interesante, aunque sin respuesta, cuestión de: ¿mala conciencia en el mundo del arte, tal vez?, ¿velada autocrítica?.

Sin embargo a mí, no sé porqué nunca me ha terminado de entusiasmar, ni siquiera la versión mejor de todas, con diferencia, la de 1954; siempre la he percibido como excesiva e intencionadamente melodramática.

Pero, como siempre, según me parece oír la llamada del musical, allá voy… y a veces me meto en unos embolados….

 

-Ha nacido una estrella (2018): Lo primero y más importante, que hay que aclarar cuanto antes sobre esta película es que NO ES UN MUSICAL(las razones para considerar tal cosa, se pueden encontrar en este enlace, aunque francamente, no hace falta mucho esfuerzo para llegar a esa conclusión… de hecho, la distribuidora ni siquiera se molestó 

mucho en la subtitulación de los fragmentos cantados); y lo gracioso es que, en realidad, ni siquiera es una película con canciones, puesto que salvo dos o tres excepciones, muy cogidas por los pelos, nunca llegamos a escuchar una completa… básicamente, se trata de la historia de dos músicos, y como su trabajo es una cuestión importante en sus vidas, es necesario reflejarlo, como lo sería igualmente, si en vez de esa profesión hubieran sido pintores o mecánicos (en cuyo caso veríamos muchos cuadros o muchos coches, respectivamente, pero no por ello sería una película sobre el arte o el mundo del motor).

Por lo demás, el filme no es sino un pastiche que roba el aspecto contemporáneo de la versión de 1976 y el melodramatismo de la del 54 (a destacar la secuencia de los Grammy, plagiada casi punto por punto de esta última)… sin aportar nada nuevo; peor incluso, puesto que si fuera un guión de nueva creación, se lo consideraría tópico, estereotipado, forzado (todo pasa porque sí, y de las maneras más absurdas, inverosímiles y rocambolescas… un suspiro derriba el más mínimo análisis de la historia que nos están contando) e insoportablemente pretencioso (resulta terriblemente irónica esa frase que resuena una y otra vez en la película como un mantra, esa de que no sólo hace falta talento, sino además tener algo que decir… requisito que este filme no cumple en absoluto), muy especialmente en lo que se refiere a sus reflexiones sobre la fama y el reconocimiento público, las cuales suenan arrogantes, llenas de soberbia y propias de personas que personas que han alcanzado demasiado pronto y fácilmente un prestigio que en absoluto merecen, algo que, por otra parte, esta película parece demostrar. Y es que, según la idea que el filme parece vender, da la impresión que los famosos deberían ser reverenciados cuales dioses cuando se dignan a bajar a la tierra, y dar su permiso para ser admirados cuando les convenga… como si no les fuera en el sueldo, y sino, que hagan el trabajo de cualquiera de sus fans, que seguro que será mucho menos motivador e infinitamente peor pagado. Y si bien, yo siempre he sido partidario de que se les debe respetar (como a cualquier otra persona, todo el mundo tiene derecho al respeto), no soy en absoluto partidario de que sean intocables (cosa que, realmente, tampoco les viene bien a ellos, por otra parte).

En lo que respecta a la dirección de Bradley Cooper, aunque demuestra talento (dan ganas de verle en otro producto en el que sólo dirija), carece de sentido de la medida (el filme se hace largo), y sobre todo y ante todo, es exagerada y descaradamente narcisista: todos los planos están reservados a él mismo, todo son planos lo más cerrados posibles para captarle a él y a sus expresiones… cuando la cámara se desvía un poco a otro personaje, rápidamente vuelve a él, no sea que perdamos el foco de quién es aquí el importante y la auténtica estrella… hasta cuando desaparece, ¡su personaje vuelve en forma de recuerdo!, irrumpiendo con descaro en el filme. No obstante, hay que reconocerle que está genial a nivel actoral… también se ha ocupado muy concienzudamente de que así se vea.

Desde luego, el actor-director está mucho mejor que Lady Gaga, que tiene pinta de ser la típica que, si no está medianamente controlada y constantemente rebajada, a la mínima se pone a sobreactuar que da miedo… y aún así, se la ve pasada de rosca. Yo no me la creí casi nunca. Demuestra así que, sin duda alguna, su talento está en el canto, no en la actuación.

No parece necesario nombrar a casi nadie más del reparto, pues, como ya digo, como todo está pensado para que Cooper los eclipse a todos, se quedan en una mera comparsa que sólo está para darle las replicas al actor-director y que este se luzca en dramáticos primeros planos.

Por lo demás, a nivel técnico, la película tampoco aporta ninguna novedad que no hayamos visto antes.

En fin, qué decir, durante mi proyección hubo personas que abandonaron la sala, con eso ya avanzo parte de la conclusión que expongo a continuación; pero, en cualquier caso, si juzgamos la película como el remake que es, podemos decir que tiene tantas deudas con sus predecesoras, que es incapaz de pagarlas y queda desahuciada; y si la juzgamos como producto individual, deja mucho que desear: es lenta, tópica y absurdamente inverosímil.

En definitiva; para los que conozcan las predecesoras de “Ha nacido una estrella”, mejor volveros a ver la de Cukor y Garland que la disfrutaréis mucho más; y para los que no… tal vez deberíais pensaros la posibilidad anterior, o valorar otras opciones de la cartelera.

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Crítica exprés: Katiuska

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Bien está que el Teatro de la Zarzuela siga cumpliendo con su función pública programando opereta, que ha desaparecido por completo de la escena actual. Verdaderamente debemos agradecer sus esfuerzos por recuperar esos géneros que parecen estar desamparados por los programadores teatrales actuales y que tanto furor hicieron en su época. Ojalá sigamos viendo (tanto nacional como internacional) opereta y revista musical por mucho tiempo (y ojalá volviera el cine mudo con orquesta en directo)… y por supuesto, zarzuela de todas las épocas, como no, pues, este año nos quedamos sin la ya tradicional zarzuela barroca (ni siquiera en coproducción con la Fundación March), lo que es muy de lamentar.

Encontré maravillosa y muy familiar la atención al público, como siempre. Aunque sigue apenándome el que nos hayamos quedado sin guardarropa, ¿no se puede poner a un sustituto/a?.

Magnífico también me pareció el programa de mano, muy documentado e instructivo, disfruté muy especialmente del tercer artículo, en el que el propio Sorozábal escribía sus impresiones acerca del estreno de la obra cuya reposición íbamos a ir a ver.

En fin, vamos a la crítica de la obra en sí:

 

-Katiuska: imagínate que llega un director de escena o de orquesta, muy moderno e innovador él, que considera que la zarzuela es algo rancio, y que Sorozábal necesita ser actualizado porque su música ya no hay quién la oiga, que está trasnochada, así que hay que adaptarla a los nuevos gustos, y a los jóvenes (eterna excusa y principales víctimas de tales procedimientos), para no caer en lo anticuado, cuestión que es un temor siempre permanente, pues parece ser lo peor que se puede hacer (de hecho, paradójicamente, siempre es más fácil de excusar montar una mierda que no le guste a nadie, pero que parezca muy vanguardista; y disculparla, apoyándose en la incultura e incomprensión artística del público). Así pues, tal hipotético director, decide que, lo mejor y único que se puede hacer para salvar esas melodías obsoletas de hace más de un siglo, es instrumentar todos los coros como una fusión de música electrónica house y techno, hacer las romanzas a modo de rap, y el resto (tercetos, cuartetos y dúos varios) a ritmo de reggaetón.

Lo que acabo de plantear es una ficción (aunque, lo peor de todo, es que no me extrañaría que estuviese dando ideas, tal vez para el Proyecto zarza, que ya han demostrado ser muy capaces de eso y cosas peores)… ¿o no?, pues si bien la música suele ser siempre bastante intocable, una vez más, debo lamentarme de que no pase lo mismo con los libretos.

En palabras del propio Emilio Sagi, director de escena (a quién, sin embargo, difícilmente podemos considerar un revolucionario teatral) de este nuevo montaje de “Katiuska”, que inicia la temporada del Teatro de la zarzuela: “también me atreví a reducir algunos diálogos extremadamente lentos y obsoletos en una versión actual” (como de costumbre, se subestima, y se da por hecho que el espectador de hoy padece hiperactividad y que no puede soportar nada que no tenga el estilo de montaje de la MTV), ¡toma ya con el atrevimiento!, ¡no creo que el propio Sorozábal recortase (cuando intentaba salvar la obra a la desesperada centrándose en la música) más diálogo en el propio estreno!.

El resultado de la adaptación del libreto de Sagi es que no se entiende una sola palabra de la historia (como mucho se deduce), y la cierta reflexión sobre las consecuencias de la revolución rusa para sus distintos bandos desaparecen casi por completo (al menos se salva la visión positiva del zarismo y se muestran los desmanes del comunismo… cosa extraordinaria en Sorozábal), también desaparecen o se anulan las situaciones más divertidas, las mejores frases son suprimidas de cuajo (el diálogo final original era precioso)… etc, en definitiva, nos vemos forzados así, a ver un montón de números musicales hilados por unos breves diálogos, y no, los unos no son capaces de justificar a los otros en ningún momento, ni siquiera de hacer que el conjunto tenga sentido (común, ni de cualquier otro tipo).

Visto esto, podríais pensar que la obra queda reducida a ser una especie de versión en concierto, y tendríais mucha razón, si no fuera porque Sagi (al que se le podrán recriminar muchas cosas, pero jamás se le podrá poner tacha acerca de su buen gusto visual y su gran capacidad para la creación de belleza estética en la escena) consigue crear un montaje muy hermoso de ver y con esa clase de momentos que los amantes del teatro esperamos, buscamos y deseamos cual agua de mayo.

Así pues, reconozco que es muy difícil hacer esta crítica, pues parece que la obra haya sido realizada por un director bueno y su gemelo malvado, pues la producción tiene momentos realmente geniales mezclados con otros muy malos.

La escenografía que el propio director del Teatro de la Zarzuela, Daniel Bianco (sí, ya ves, barriendo para casa… aunque supongo que en este caso no podemos hablar de nepotismo o algo parecido… jajaja) crea es un buen ejemplo de las extrañas contradicciones de las que está imbuido el montaje: desde el comienzo del escenario al marco a partir del cual se crea el lugar dónde se desarrollará la acción es algo genial: una especie de basurero de objetos antiguos que evoca las ruinas de una civilización, el fin de un estilo de vida… etc, y el propio marco inestable. Pero a partir de ahí, pierde el sentido: el lugar destinado a la acción dramática es un espacio minimalista (atrezo incluido) y absurdamente empinado que conseguirá que los cantantes bajen varios kilos de tanto subir y bajar la cuesta que se ha creado (eso sin mencionar los que tienen que andar trepando como cabras por los objetos arruinados antes mencionados, debo reconocer que estaba impaciente de que uno se tropezara para partirme de risa)… en definitiva, de todo lo que hay en esa zona, sólo se salvan las proyecciones del fondo como elemento interesante aunque no demasiado original. Por supuesto, podemos evocar todo tipo de teorías justificatorias; como que se está simbolizando la simplicidad o el simplismo del nuevo régimen frente a los excesos del anterior (en todos los sentidos); puede que se quiera hacer referencia a los comienzos de las vanguardias soviéticas y su gusto por que lo práctico es lo bello frente al barroquismo desmandado del final del zarismo… da igual. Sigue sin funcionar. Por otro lado, tan ambiciosas teorías de justificación, caen en picado por las propias declaraciones de Sagi: “acercándome a una estetica cinematografica, planteando a la protagonista como una princesa de película, al estilo de las míticas estrellas de Hollywood de los anos 30”, ¿de verdad alguien se imagina una película de la Metro (o de cualquier otro estudio estadounidense de la época) con unos decorados tan pobres?, ¿con un vestuario tan de saldo, tan de andar por casa?, ¿con una iluminación (o fotografía en el cine) tan descuidada?, ¿con unas coreografías tan cutres (y más en una década en la que existió, brevísimamente, el Oscar a la mejor coreografía -¡qué vuelva, qué vuelva!-)?… repito, ¿de verdad?.

Pero como ya digo, los horrores en la escena se alternan con los momentos mágicos… así que, ¿qué decir?.

Lo mismo pasa con los intérpretes, pésimos actores (uno hasta -acostumbrado a interpretar sus personajes siempre así- hace acento Madrileño del XIX… en una obra que se desarrolla en Ucrania; e incluso Milagros Martín parece perdida en medio del escenario) pero buenos cantantes (por lo menos, se puede decir que están a la altura, aunque no hagan nada extraordinario). Por otro lado, el reparto no está nada adecuado a sus personajes: ves a un montón de viejos que parecen estar más dispuestos a pedir la jubilación que a vivir grandes aventuras amorosas… y no digamos una revolución marxista.

Sin embargo encontré muy bien a la orquesta, magníficamente dirigida, muy capaz de emocionar.

Concluyendo: ¿qué decir? yo no puedo negar que, a pesar de la agresión, violación no consentida y profanación del libreto original (eso sí que merecería acabar en los tribunales), y de los múltiples defectos que esta producción tiene… yo debo reconocer que la disfruté, tanto auditiva como visualmente, tiene muy buenos momentos, es innegable; y aunque no se le puedan (ni deban) perdonar sus múltiples terribles defectos y pecados; sí que se puede dejar ver si te la tomas como una especie de versión en concierto de “Katiuska” (con un estilo exageradamente vistoso, eso sí), y, por supuesto, si no te pones excesivamente purista.

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Actualización

a través de La muerte de las casas de la cultura

Verdaderamente, estos nuevos artículos de “Actualización” han conseguido tener muchas y muy útiles nuevas funciones, no sólo la de permitirme llamar la atención sobre renovaciones en antiguos artículos y tener al día a los lectores del blog de lo que se va haciendo en este (siempre en continua construcción y reconstrucción), sino también, permitirme destacar como en ocasiones, “Universo de A” llega a resultar profético.

¿A qué me refiero?, pues a que ahora, con tanta investigación acerca de las universidades, y los títulos falsos o bajo sospecha, de tantas personalidades públicas, me parece el momento perfecto para sacar, a modo de cruel augurio recordatorio, mi artículo publicado hace muchos años, sobre la muerte de las casas de la cultura, en el que, entre otras cosas, también hablaba de la vergonzosa e intolerable corrupción de la universidad.

Concluyendo: las cosas que van mal no se arreglan solas, generalmente, si uno deja que sigan así, van a mucho peor. Disfrutad de mi antiguo artículo, difícilmente se le puede rebatir una línea, desde cuando fue redactado hasta hoy día (y sí, a veces no da gusto tener la razón).

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Actualización

a través de La temporada de exposiciones de primavera-verano de 2018 en Madrid

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Actualización

a través de La gente no cambia…

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