100 errores del codigo da vinci

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CAPÍTULO 5
 
Capítulo 5. Página 43: Sólo los más atentos se darían cuenta al verle el anillo de oro de catorce quilates con la amatista púrpura, los grandes brillantes y la mitra engarzada. (…) Capítulo 34. Página 191: Para calmarse, el obispo meditó sobre la amatista púrpura del anillo que llevaba. Pasó el dedo por el engarce en forma de mitra y por las facetas de los diamantes, y se recordó que el poder que simbolizaba era mucho menor del que en poco tiempo alcanzaría. (…) Capítulo 75. Página 389: El piloto se fijó en la joya que decoraba la mano del obispo. —¿Es de diamantes auténticos? Aringarosa miró el anillo. —De esto no puedo desprenderme.
 
¡Qué anillo! Ni que fuera Liz Taylor. Cuando se consagra un obispo se le “impone” un anillo episcopal. La amatista púrpura es propia de estos anillos aunque no obligatoria. El simbolismo cristiano es el de la humildad aunque entre los griegos se la apreciaba por ayudar a resistir la embriaguez y entre los budistas por apagar las pasiones, cosas que tampoco son indeseables en un obispo católico.
 
Que haya “grandes brillantes” es claramente incorrecto en nuestra época aunque no hace cincuenta años. Actualmente es muy habitual que un anillo episcopal sea simplemente de oro con un grabado simbólico, como un crismón. Pablo VI regaló a todos los obispos asistentes al Concilio Vaticano II un anillo con las imágenes de Jesús y San Pedro y San Pablo. Benedicto XVI regaló a los obispos participantes en el Sínodo del 2005 un anillo episcopal decorado con la imagen de un pelícano, símbolo de la Eucaristía.
 
Respecto al Opus Dei el periodista Vittorio Messori afirma que Javier Echevarría, su actual obispo, lleva “un ligero círculo de oro con una incrustación de coral y una Virgen con un Niño.” Un anillo muy alejado de los grandes brillantes de Aringarosa, aunque no se puede rechazar que Monseñor Echevarría no posea uno superlujoso escondido en un banco suizo al lado de una versión apócrifa de “Camino” donde se demuestra que Escrivá de Balaguer era protestante. (Arcadi Viñas)
 
Capítulo 5. Página 47: Silas, el numerario del Opus Dei, “se puso el hábito (robe), que le llegaba a los tobillos. Era liso, de lana oscura… Se apretó el cinturón de cuerda, se cubrió con la capucha…”
En el capítulo 93 (página 472) cuando Silas se refugia en el centro del Opus de Londres le recibe alguien vestido con “sotana” o “una túnica” (in a cloak) (versión catalana) y luego Silas “se quitó el hábito empapado”. “la túnica xopa” en catalán.
 
Los numerarios del Opus Dei NO LLEVAN HÁBITO. San Josemaría Escrivá de Balaguer, el fundador, insistía en la “santa discreción”. Por eso visten ropa de calle. Eso sí, muy formal para dar impresión de respetabilidad y elegancia, como quería el fundador: traje oscuro y corbata para los hombres y falda por debajo de la rodilla para las mujeres. Sus sacerdotes llevan clerygman.  (Arcadi Viñas)
Capítulo 5. Página 48: Fache y Langdon comienzan en el extremo este de la Gran Galería y pasan junto al Caravaggio caído. ¿Es allí donde están los Caravaggio?
No. Están a decenas de metros en el otro extremo de la Gran Galería, no lejos del cadáver de Saunière. (DAVID A. SHUGARTS  en “Baches en la trama y detalles curiosos en El Código Da Vinci”  incluido en la obra de DAN BURSTEIN, “Toda la verdad sobre El Código Da Vinci”. Madrid, Ediciones Temas de Hoy, octubre 2004)
CAPÍTULO 6
Capítulo 6. Página 49: A Saunière lo atacaron en su despacho, salió corriendo a la Gran Galería y activó la reja de seguridad arrancando ese óleo de la pared (un Caravaggio). Esta se cerró al momento sellando el paso. Se trata de la única vía de acceso o de salida de la galería.
 
La Gran Galería del Louvre NO tiene un único acceso. ¡Tiene CINCO! Dos en los extremos y tres a los lados. El primer acceso lateral es l’Ancienne Salle Beistegui (que deduzco es por dónde entra Saunière) y da a la Escalera Mollien, el segundo acceso lateral es La Salle des Etats que da a la Salle Denon y el tercero es la Salle des sept mètres, que da a la Escalera Daru. (Arcadi Viñas)
 
Capítulo 6. Página 53: Este tentáculo representa la mitad femenina de todas las cosas, un concepto religioso que los historiadores de la religión denominan “divinidad femenina” o “venus divina”.
 
No. El pentáculo representa tanto lo femenino como lo masculino, tal como lo hace el yang y el yin. (DAVID A. SHUGARTS  en “Baches en la trama y detalles curiosos en El Código Da Vinci”  incluido en la obra de DAN BURSTEIN, “Toda la verdad sobre El Código Da Vinci”. Madrid, Ediciones Temas de Hoy, octubre 2004)
Capítulo 6. Página 54: “Como tributo a la magia de Venus, los griegos tomaron como medida su ciclo de cuatro años para organizar sus Olimpiadas. En la actualidad, son pocos los que saben que el hecho de organizar Juegos Olímpicos cada cuatro años sigue debiéndose a los medios ciclos de Venus.”
“Se dice que el planeta Venus se mueve dibujando un pentagrama, el llamado "pentagrama de Ishtar", simbolizando a la diosa (Ishtar es Astarté o Afrodita). Al contrario de lo que dice el libro, la figura no es perfecta y no tiene nada que ver con las Olimpiadas. Las Olimpiadas se celebraban cada cuatro años y en honor de Zeus, nada que ver con los ciclos de Venus ni con la diosa Afrodita. El novelista dice que los cinco anillos de las olimpiadas son un símbolo secreto de la diosa; la realidad es que cuando se diseñaron las primeras olimpiadas modernas el plan era empezar con uno e ir añadiendo un anillo en cada edición, pero se quedaron en cinco.” (Sandra Miesel, una periodista católica especializada en literatura moderna popular, citada por Pablo J. Ginés Rodríguez en “La estafa del Código Da Vinci: un best-seller mentiroso.” E-cristians.net – 2003-01-09)
Capítulo 6. Página 54: Langdon, hablando con el comisario sobre el pentáculo, dice: “Los símbolos son muy resistentes, pero la primera Iglesia católica romana alteró el significado del pentáculo. Como parte de la campaña del Vaticano para erradicar las religiones paganas y convertir a las masas al cristianismo, la Iglesia inició una campaña denigratoria contra los dioses y las diosas paganos, identificando sus símbolos divinos con el mal.)
 
– La Iglesia Cristiana que intentó erradicar a las religiones paganas no puede ser llamada Católica Romana por qué  la división entre Oriente (Iglesia Ortodoxa) y Occidente (Iglesia Católica Romana) no sucedió hasta el siglo XI.
– Cuando el cristianismo lanzaba su “campaña denigratoria contra los dioses y las diosas paganos” no existía ningún organismo eclesiástico en el Vaticano. (Arcadi Viñas)
 
Brown pasa por alto de manera muy conveniente el hecho de que el emperador cristiano Constantino, quien en otro lugar del libro es tratado como el enemigo más responsable de eliminar a los gnósticos, a las diosas y a las tradiciones paganas, usaba el pentagrama de Venus, junto con el símbolo Chi-Rho (formado por las dos primeras letras X y P del nombre Cristo en griego) en su sello y amuleto. (DAVID A. SHUGARTS  en “Baches en la trama y detalles curiosos en El Código Da Vinci”  incluido en la obra de DAN BURSTEIN, “Toda la verdad sobre El Código Da Vinci”. Madrid, Ediciones Temas de Hoy, octubre 2004)
 
Capítulo 6. Página 54: Como parte de la campaña del VATICANO para erradicar las religiones paganas y convertir a las masas al cristianismo… (Capítulo 6) Nadie estaba seguro de si los templarios habían sobornado al VATICANO… pero el caso es que el papa Inocencio II dictó una insólita bula papal por la que se concedía a los caballeros un poder ilimitado (…) A principios del siglo XIV, la autorización del VATICANO había permitido que los templarios amasaran tal poder que el papa Clemente V decidió hacer algo.” (Capítulo 37) El Opus Dei es una prelatura personal del VATICANO (Capítulo 41) Ha oído hablar del rey Dagoberto?… Era un rey de Francia, ¿no? ¿No es aquel que apuñalaron en el ojo mientras dormía? –Exacto. Asesinado por el VATICANO y por Pipino de Heristal, que estaban confabulados. (Capítulo 60)
 
Brown siempre habla del Vaticano. Vaticano por aquí, Vaticano por allá. Eso es una personificación anacrónica y simplista. En la colina del Vaticano se construyó muy rápidamente una iglesia en honor a San Pedro pero los papas vivieron en la colina del Laterano hasta que Nicolás III (1277-1280) empezó a residir allí.  Luego vino el “cautiverio de Aviñón”  (1305-1378) y no se crearon las residencias pontificias hasta el siglo XV i XVI, con los grandes papas del Renacimiento.
 
Sólo es correcto hablar de “Vaticano” como la “capital” de la Iglesia Católica Romana, o como sede del gobierno de ésta, desde el Concordato de 1929, en que con el papa Pío XI  se solucionó “la cuestión romana” generada por la conquista de los Estados Pontificios y la ciudad de Roma en 1870, creándose el estado independiente de “Ciudad del Vaticano”. Antes de eso lo normal, cuando se quería personificar el gobierno de la Iglesia lo correcto era hablar de “Roma”.
 
Pero usar incluso usar “Roma” como personificación del cristianismo que quería erradicar las religiones paganas es inadecuado e ignorante por varias razones:
– La primera Iglesia era muy descentralizada y la sede romana tenia muy poco poder efectivo.
– Si alguna sede tenía poder real era la de Constantinopla ya que el emperador de Oriente participaba activamente en la evangelización del Imperio Romano.
– Hasta la invasión árabe el cristianismo más numeroso, más vivo teológicamente y combativo contra el paganismo estaba en el Imperio Romano de Oriente: Grecia y los Balcanes, Turquía, Siria, Armenia, Persia, Egipto, Etiopia, etc. (Arcadi Viñas)
 
CAPÍTULO 7
 
Capítulo 7. Página 58: Sor Sandrine era la encargada de los aspectos no religiosos de la vida de la iglesia (Saint-Sulpice) (llamada Saint-Suplice en la versión catalana de una manera no sé si irónica). La llaman de madrugada y es su jefe, un abad, un hombre muy pío que se acostaba siempre después de la misa.
 
No. Un abad es el jefe de una abadía. Una abadía es un monasterio o convento cristiano bajo las órdenes de un abad o una abadesa, que son el padre o la madre espiritual de la comunidad. Saint-Sulpice es una iglesia no una abadía. Y que la piedad del abad le lleve a acostarse después de la misa es una ridiculez. NADIE se acuesta después de la misa vespertina. Normalmente lo que se hace es cenar. Y si es tan pío seguro que sigue la Liturgia de las Horas  y rezará las completas antes de acostarse. (Arcadi Viñas)
 
CAPÍTULO 8
 
Capítulo 8. Página 63: De repente lo vio claro.
– “El hombre de Vitrubio”- susurró Langdon.
Saunière había creado una reproducción en tamaño natural del dibujo más famoso de Leonardo da Vinci (así en el original).
Considerado el dibujo más perfecto de la historia desde el punto de vista de la anatomía, “El hombre de Vitrubio” (de Da Vinci, añade en el original) se había convertido en un icono moderno…
“Leonardo da Vinci” (Da Vinci en el original). Le recorrió un escalofrío de asombro. La claridad de las intenciones de Saunière no podía negarse… se había colocado en una postura que era la clara imagen de “El hombre de Vitrubio”, de Leonardo (Leonardo da Vinci en el original)….
Aquella figura geométrica dibujada alrededor del cuerpo desnudo de un hombre –símbolo femenino de protección- completaba el mensaje que había querido dar Leonardo (Da Vinci en el original): la armonía entre lo masculino y lo femenino…
– Señor Langdon – dijo Fache -, no me cabe duda de que un hombre como usted sabe perfectamente que Leonardo da Vinci (Así en el original)  tenía cierta afición por las artes ocultas.
A Langdon le sorprendió el conocimiento que Fache tenía de Leonardo (Da Vinci en el original), que servía sin duda para justificar las sospechas de culto al diablo que había manifestado hacía un momento. Da Vinci (igual en el original) siempre había supuesto una complicación para los historiadores, especialmente para los de tradición cristiana. En este fragmento es donde Brown usa más el término “Leonardo da Vinci”. A partir de entonces usa sistemáticamente “Da Vinci”.
 
“¿Son defendibles las afirmaciones que hace Brown sobre la obra artística de Leonardo? Welborn: En absoluto, y resulta más bien chocante lo evidente de sus errores, en casi todos los aspectos de la vida y obra del artista que procura presentar. Tengo muchos detalles en mi libro, pero creo que el punto de inicio es el nombre mismo del artista. Brown se presenta a sí mismo como una especie de devoto y experto en historia del arte. Pero se refiere constantemente al artista en cuestión como «Da Vinci», como si éste fuera su nombre. No lo es. Es el indicativo de su ciudad natal. Su nombre era «Leonardo», y éste es el nombre por el que es llamado en cualquier libro de arte que se consulte. Uno que proclama ser experto en arte y se refiere al artista como «da Vinci» es tan creíble como una persona que proclame ser historiador de la Iglesia refiriéndose a Jesús como «de Nazaret».” (Entrevista con la escritora y columnista Amy Welborn. FORT WAYNE, Indiana, lunes, 3 mayo 2004 (ZENIT.org).- Primero fue «El Código Da Vinci». Ahora viene «Decodificando a Da Vinci» («De-coding Da Vinci»).)
 
Capítulo 8. Página 64: A pesar de la genialidad de aquel visionario, había sido abiertamente homosexual y adorador del orden divino de la Naturaleza, cosas ambas que lo convertían en pecador a los ojos de la Iglesia.
 
Pues la Iglesia de la época parece haberlo ignorado. Salvo el proceso abierto contra él en Florencia por sodomía, y entendida por un tribunal civil, no tuvo ningún problema con la justicia y menos con la Iglesia.  Recibió encargos de diversas organizaciones católicas y dos veces trabajó con el pontificado. Una como ingeniero militar de Cesar Borgia (aunque hay que reconocer que eso no es garantía de alta moralidad) y la segunda cuando vivió dos años en Roma protegido por el hermano del Papa Pablo IX, un Médicis, donde pudo hacer lo que le vino en gana (¡hasta diseccionar treinta cadáveres!). Tal vez la impunidad con la que vivió Leonardo muestra la decadencia espiritual de la Iglesia. Recordemos que estamos en una época en que el clamor general por la reforma de la Iglesia era desoído por la jerarquía llegándose así a Lutero y la Reforma protestante. (Arcadi Viñas)

Capítulo 8. Página 64: Ni siquiera su ingente obra artística (de Da Vinci en el original)  de temática religiosa había hecho otra cosa que acrecentar su fama de hipocresía espiritual. Al aceptar cientos de lucrativos encargos del Vaticano, Leonardo (Da Vinci en el original) pintaba temas católicos no como expresión de sus propias creencias sino como empresa puramente comercial que le proporcionaba los ingresos con los que financiaba su costoso tren de vida. (Capítulo 8)
 
Leonardo no tiene ninguna “ingente obra artística de temática religiosa”. De hecho ni religiosa ni civil. Por lo que destaca Leonardo es por su reducida producción. Las obras propias no son ni veinte. Con las colaboraciones, proyectos sin acabar y obras de su taller no se llega a cuarenta. Y el papado sólo le encargó una obra que no llegó ni a empezar durante los dos años que pasó en Roma. (Arcadi Viñas)
 
“¿Los datos que da la novela sobre la vida de Leonardo son correctos? Más o menos. Dan Brown usa a Leonardo más bien como un espejo para sus ideas. Es un hombre inteligente, pero a veces falla en los detalles específicos. Por ejemplo, él habla de La Ultima Cena y la llama un fresco y en realidad es un mural. Cuando Brown comenta la técnica sfumato lo hace bien. Tiene por lo menos una educación básica en Historia del Arte, pero mi objeción es la gran libertad para interpretar la obra de Leonardo.
¿Cree que haya pertenecido a sociedades ocultas que practicaban ritos sexuales? Noooo… (Se ríe de buena gana). El era homosexual, desde luego. Por lo mismo no se le hubiera pasado por la mente poner a María Magdalena al lado de Jesús.
Pese a todo, ¿no es positivo que un libro despierte el interés en Leonardo? En eso tengo mis dudas. Como una obra de ficción es muy entretenida, pero si por darlo a conocer se sacrifica la identidad histórica de Leonardo, prefiero que continúe menos conocido.” (Publicada en “La tercera”. Entrevista de Marcelo Soto a Carmen Barnbach, organizadora en 2003 de la exposición Leonardo Da Vinci, Maestro del Dibujo, que atrajo a 400 mil personas en el
Metropolitan Museum of Art de New York, doctorada en Arte por la Universidad de Yale y experta en Leonardo.)
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