Saga de Alicia

Unos libros para maravillarse

de Lewis Caroll (reverendo Charles Dodgson)
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     Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas

                                               Indice
Sinopsis: Lewis Caroll, además del gran escritor que fue, era matemático, dibujante, se le considera uno de los mejores fotógrafos de su tiempo y un poeta genial. Era profesor en la universidad de Oxford. Allí conoció a la pequeña Alicia, a quien durante un paseo por el bosque, empezó a contar una historia: Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, libro clave de la literatura no sólo infantil sino también para mayores, pues Carroll sabía que para entrar en el terreno de la fantasía y el ingenio, no existe distinción de edades.

     Con motivo de que el día del libro acaba de pasar, además del estreno de la película de Burton (que tiene que ver con estos libros lo mismo que el ártico con el desierto; aunque lo cierto es que, por lo que yo sé, al igual que otras novelas, Alicia se le resiste siempre al cine, de momento la de Disney parece la mejor de todas) y viendo que se pone de moda, además de que es uno de esos libros de los que siempre desee hablar aquí, publico esta doble crítica a esta "saga" (aunque no tiene pretensiones de serlo)
     De pocos clásicos se ha hecho una crítica en Universo de A, sin embargo son los que más suelo leer, supongo que es difícil hacer una crítica realmente objetiva de un libro tan consolidado como por ejemplo este, aunque si coincides con lo que se suele decir, es un gustazo poder decir lo que opinas. 
     Confieso que esperaba algo más del libro, sobre todo por lo mucho que me habían hablado de él, pero tampoco decepciona en absoluto, tiene momentos verdaderamente delirantes como, en medio de un juicio:

–¿Qué sabes tú de este asunto? –le dijo el Rey a Alicia.
–Nada –dijo Alicia.
–¿Nada de nada? –insistió el Rey.
–Nada de nada –dijo Alicia.
–Esto es algo realmente trascendente –dijo el Rey, dirigiéndose al jurado.
Y los miembros del jurado estaban empezando a anotar esto en sus pizarras, cuando intervino a toda prisa el Conejo Blanco:
–Naturalmente, Su Majestad ha querido decir intrascendente –dijo en tono muy respetuoso, pero frunciendo el ceño y haciéndole signos de inteligencia al Rey mientras hablaba.
Intrascendente es lo que he querido decir, naturalmente –se apresuró a decir el Rey.
Y empezó a mascullar para sí: «Trascendente… intrascendente… trascendente… intrascendente…», como si estuviera intentando decidir qué palabra sonaba mejor.
Parte del jurado escribió «trascendente», y otra parte escribió «intrascendente». Alicia pudo verlo, pues estaba lo suficiente cerca de los miembros del jurado para leer sus pizarras. «Pero esto no tiene la menor importancia», se dijo para sí.
     En este momento el Rey, que había estado muy ocupado escribiendo algo en su libreta de notas, gritó: «¡Silencio!», y leyó en su libreta:
–Artículo Cuarenta y Dos. Toda persona que mida más de un kilómetro tendrá que abandonar la sala.
Todos miraron a Alicia.
–Yo no mido un kilómetro –protestó Alicia.
–Sí lo mides –dijo el Rey.
–Mides casi dos kilómetros añadió la Reina.
–Bueno, pues no pienso moverme de aquí, de todos modos –aseguró Alicia–. Y además este artículo no vale: usted se lo acaba de inventar.
–Es el artículo más antiguo de todo el libro –dijo el Rey.
–En ese caso, sería el Número Uno, no el cuarenta y dos –dijo Alicia.
El Rey palideció, y cerró a toda prisa su libro de notas.
 
    Y así momentos tan o más graciosos que esto, en cualquier lado, el libro está lleno de momentos ingeniosos incluso cuando no es gracioso, y sobre todo hay que entenderlo como fruto de su época: como una manera de escapar mediante la diversión de la encorsetada época victoriana, así, Alicia explora un mundo en el que no sólo todo es al revés (Alicia suele ser la voz de la razón, pero a veces también tiene sus extravagancias), sino que está permitido criticarlo todo, incluso las lecciones de la niña y los poemas didácticos que tiene que aprender (algunas ediciones traen incluso los poemas originales, recomiendo su compra, aunque también se puede encontrar gratis por internet) a los cuales se les da la vuelta de la forma más graciosa que pasan de dar una aburrida lección a decir todo tipo de extravagancias, por ejemplo veamos lo que se hace con parte de un poema llamado Padre Guillermo:
    Dice el original:
Sois viejo padre Guillermo,
dijo el joven
y los pocos cabellos que os quedan
han encanecido ya del todo
Sois robusto padre Guillermo
un viejo alegre y sano
Decidme ahora os lo ruego
¿cómo lo habéis logrado?
 
En mis años de juventud
replicó padre Guillermo
siempre tuve presente ´
que el tiempo pasa a cada instante
y así, no abusé de mi salud
ni prodigué mi vigor
no fuera a ser que me faltasen al final
 
    Y Carroll lo transforma en:
"Ha envejecido, Padre Guillermo," dijo el chico,
"Y su pelo está lleno de canas;
Sin embargo siempre hace el pino–
¿Con sus años aún tiene las ganas?

"Cuando joven," dijo Padre Guillermo a su hijo,
"No quería dañarme el coco;
Pero ya no me da ningún miedo,
Que de mis sesos me queda muy poco."

     y es que este libro fue escrito por un reverendo a una niña amiga suya, sí, Alicia existió y se llamó Alice Lidell
      Así pues, este libro es muy recomendable para maravillarse con una mente llena de ingenio y buen humor.
 
     Alicia a través del espejo o A través del espejo y lo que Alicia encontró al otro lado
                                                 Indice
Sinopsis: Pocos años despues de la aparición de Alicia en el país de las maravillas, Lewis Carroll publicaría, como segunda parte, A través del espejo y lo que Alicia encontró al otro lado, superior a la primera en la utilización de la técnica narrativa y el dominio de las formas expresivas. Los juegos de palabras, las parodias ocultas y las paradojas lingüísticas son llevados hasta sus últimas posibilidades, de manera tal que la fórmula literaria del absurdo llega al agotamiento con este último viaje de Alicia. Cuento pensado para los niños pero leido –y citado hasta el cansancio– por los adultos.
 
     El último libro de Alicia es infinitamente más complejo que su predecesor y también algo más complicado de leer (de hecho, si bien podríamos darle a algún niño a leer el primero, este sería poco recomendable), será además una gozada para los aficcionados al ajedrez, pues todo el libro se desarrolla como una partida de tal juego en el que Alicia es un peón que avanza a la vez que descubre todo tipo de maravillas.
     Volviendo a hablar de adaptaciones cinematográficas, aunque no se puede decir que este libro haya sido directamente adaptado, lo que es también cierto es que ningún cineasta se ha podido resisitir a mezclar ambos libros creando una simbiosis con todos los personajes y escogiendo los mejores momentos del uno y del otro; y es que, aunque el conocido es la primera parte, lo cierto es que en este salen un montón de personajes también archiconocidos, como Tweedledee y Tweedledum o Humpty Dumpty.
     Y es este libro, muchísimo más desconcertante que el primero, hasta el punto de que hay partes en las que no sabes que imaginar, puesto que todo el espacio y el tiempo se transforma de tal manera que ya no sabes ni donde está Alicia ni donde estás tú.
     Sin embargo, Carroll vuelve a hacer gala de un gran ingenio y gusto por la extravagancia en este delicioso libro en el que aparecen momentos como este:
 
–¡No hables hasta que alguien te dirija la palabra! –la interrumpió bruscamente la Reina.
–Pero si todo el mundo siguiera esa regla –objetó Alicia que estaba siempre dispuesta a discutir un poco– y si usted sólo hablara cuando alguien le hablase, y si la otra persona estuviera siempre esperando a que usted empezara a hablar primero, ya ve: nadie diría nunca nada, de forma que…
–¡Ridículo! –gritó la Reina–. iNiña! ¡Es que no ves que…? –pero dejó de hablar, frunciendo las cejas y después de cavilar un poco, cambió súbitamente el tema de la conversación–. ¿Qué has querido decir con eso de que «si de verdad eres una Reina»? ¿Con qué derecho te atribuyes ese título? ¿Es que no sabes que hasta que no pases el consabido examen no puedes ser Reina? Y cuanto antes empecemos, ¡mejor para todos!
–Pero si yo sólo dije que «si fuera»… –se excusó Alicia lastimeramente.
Las dos reinas se miraron, y la roja observó con un respingo: –Dice que sólo dijo que «si fuera»…
–¡Pero si ha dicho mucho más que eso! –gimió la Reina blanca, retorciéndose las manos–. ¡Ay! ¡Tanto, tanto más que eso!
–Así es; ya lo sabes –le dijo la Reina roja a Alicia–. Di siempre la verdad…, piensa antes de hablar…, no dejes de anotarlo todo siempre después.
–Estoy convencida de que nunca quise darle un sentido… –empezó a responder Alicia; pero la Reina roja la interrumpió impacientemente.
–¡Eso es precisamente de lo que me estoy quejando! ¡Debiste haberle dado algún sentido! ¿De qué sirve una criatura que no tiene sentido? Si hasta los chistes tienen su sentido…, y una niña es más importante que un chiste, supongo, ¿no? Eso sí que no podrás negarlo, ni aunque lo intentes con ambas manos.
–Nunca niego nada con las manos –protestó molesta Alicia.
Nadie ha dicho que lo hicieras –replicó la Reina roja–. Dije que no podrías hacerlo ni aunque quisieras.
–Parece que le ha dado por ahí –comentó la Reina blanca–. Le ha dado por ponerse a negarlo todo…, sólo que no sabe por dónde empezar.
–¡Un carácter desagradable y desabrido! –observó la Reina roja; y se quedaron las tres durante un minuto o dos sumidas en incómodo silencio.
La Reina roja rompió el silencio diciéndole a la blanca: Te invito al banquete que dará Alicia esta tarde.
La Reina blanca le devolvió una sonrisa desvahida y le contestó: –Y yo te invito a ti.
–Es la primera noticia que tengo de que vaya yo a dar una fiesta –intercaló Alicia– pero si va a haber una me parece que soy yo la que debe de invitar a la gente.
–Ya te dimos la oportunidad de hacerlo –observó la Reina roja– pero mucho me temo que no te han dado aún bastantes lecciones de buenos modales.
 
    Y el maravilloso examen al que la someten, atención a ver si vosotros conseguís aprobarlo:
–¿Sabes sumar? –le preguntó la Reina blanca–. ¿Cuánto es uno y uno y uno y uno y uno y uno y uno y uno?
–No sé –dijo Alicia– he perdido la cuenta.
–No sabe sumar –interrumpió la Reina roja–. ¿Sabes restar? ¿Cuánto es ocho menos nueve?
–Restarle nueve a ocho no puede ser, ya sabe –replicó Alicia vivamente– pero, en cambio…
–Tampoco sabe restar –concluyó la Reina blanca–.
¿Sabes dividir? Divide un pan con un cuchillo…, ¡a ver si sabes contestar a eso!
–Supongo que… –estaba empezando a decir Alicia, pero la Reina roja contestó por ella–: Pan y mantequilla, por supuesto. Prueba hacer otra resta: quítale un hueso a un perro y, ¿qué queda?
Alicia consideró el problema: –Desde luego el hueso no va a quedar si se lo quito al perro…, pero el perro tampoco se quedaría ahí si se lo quito; vendria a morderme…, y en ese caso, ¡estoy segura de que yo tampoco me quedaría!
–Entonces, según tú, ¡no quedaría nada? –insistió la Reina roja.
–Creo que esa es la contestación.
–Equivocada, como de costumbre –concluyó la Reina roja–. Quedaría la paciencia del perro.
–Pero no veo cómo…
–¿Qué cómo? ¡Pues así! –gritó la Reina roja-. El perro perdería la paciencia, ¿no es verdad?
–Puede que sí –replicó Alicia con cautela.
–Entonces si el perro se va, ¡tendria que quedar ahí la paciencia que perdió! –exclamó triunfalmente la Reina roja.
Alicia objetó con la mayor seriedad que pudo: –Pudiera ocurrir que ambos fueran por caminos dístintos–. Sin embargo, no pudo remediar el pensar para sus adentros–: Pero, ¡qué sarta de tonterías que estamos diciendo!
–¡No tiene ni idea de matemáticas! –sentenciaron enfáticamente ambas reinas a la vez.
–¿Sabe usted sumar acaso? –dijo Alicia, volviéndose súbitamente hacia la Reina blanca, pues no le gustaba nada tanta crítica.
A la Reina se le cortó la respiración y cerró los ojos: –Sé sumar –aclaró– si me das el tiempo suficiente… Pero no sé restar de ninguna manera.
–¿Supongo que sabrás tu A B C? –intimó la Reina roja.
–¡Pues no faltaba más! –respondió Alicia.
Yo también –le susurró la Reina blanca al oído–: lo repasaremos juntas, querida; y te diré un secreto… ¡Sé leer palabras de una letra! ¿No te parece estupendo? Pero en todo caso, no te desanimes, que también llegarás tú a hacerlo con el tiempo.
Al llegar a este punto, la Reina roja empezó de nuevo a examinar: –¿Sabes responder a preguntas prácticas? ¿Cómo se hace el pan?
–¡Eso sí que lo sé! –gritó Alicia muy excitada–. Se toma un poco de harina…
–¡Qué barbaridad! ¡Cómo vas a beber harina! –se horrorizó la Reina blanca.
–Bueno, no quise decir que se beba sino que se toma así con la mano, después de haber molido el grano…
–¡No sé por qué va a ser un gramo y no una tonelada! –siguió objetando la Reina blanca–. No debieras dejar tantas cosas sin aclarar.
–¡Abanícale la cabeza! –interrumpió muy apurada la Reina roja–. Debe de tener ya una buena calentura de tanto pensar. –Y las dos se pusieron manos a la obra abanicándola con manojos de hojas, hasta que Alicia tuvo que rogarles que dejaran de hacerlo pues le estaban volando los pelos de tal manera.
Ya se encuentra mejor –diagnosticó la Reina roja–. ¡Has aprendido idiomas? ¿Cómo se dice tururú en francés?
–Tururú no es una palabra castellana –replicó Alicia con un mohín de seriedad.
–¿Y quién dijo que lo fuera? –replicó la Reina roja.
Alicia pensó que esta vez sí que se iba a salir con la suya–. Si me dice a qué idioma pertenece eso de tururú, ¡le diré lo que quiere decir en francés! –exclamó triunfante.
Pero la Reina roja se irguió con cierta dignidad y le contestó: –Las reinas nunca hacen tratos.
–¡Ojalá tampoco hicieran preguntas! –pensó Alicia para sus adentros.
 
     En definitiva, una vez más, vuelve a ser un libro con grandes momentos muy divertidos (algunos, como los vistos, incluso más divertidos que los de la primera parte) y totalmente imprescindible para sumergirse en el mundo de Alicia.
 
     Como se ve, "la saga Alicia" son así unos libros imprescindibles, no sólo por ser parte de los libros más importantes de la historia de la literatura (que siempre es una razón de peso), sino para poder divertirse con ese humor desinhibido, extravagante, poco convencional y tremendamente imaginativo que derrochan, os garantizo que como mínimo os sorprenderán, o mejor dicho, os maravillarán.
    
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