Críticas express: Los diamantes de la corona / Sueños y visiones del rey Ricardo III / Cuando deje de llover / Beloved sinner / Desde Berlín, tributo a Lou Reed

Como últimamente no paro, es sorprendente hasta que tenga material para escribir puesto que no tengo tiempo para nada… de momento dos obras no han podido ser beneficiadas (o perjudicadas) por mi crítica, ya que se me pasó el tiempo (también estuvieron muy poco tiempo)… pero no importa, a menudo salen de gira o vuelven de una u otra forma, y en todo caso, como siempre digo, queda como algo histórico de este blog.

Aunque, por otro lado, y aunque sea muy inmodesto decirlo, cada vez estoy más convencido de la importancia y necesidad de mi blog, porque la verdad, a veces busco críticas y opiniones por internet, y, además de que hay poquísimas, las escasas que encuentro sólo son escritos con halagos baratos y con nulo sentido crítico (¡se lisonjea y cita el nombre de hasta al figurante que está al fondo y no dice una frase en toda la obra!) que es demasiado evidente que tienen un especial interés en promocionar la obra, y cuya neutralidad y objetividad es más que dudosa (casi siempre se trata de gente que conoce a alguien del reparto o está implicada de cualquier manera con la obra). Lo cual me lleva a reflexionar sobre si esas personas realmente creen que benefician a cualquier obra con una falsa buena crítica, pues la decepción que producirán en el espectador será tal que hará que este vaya aún menos al teatro, y con él su círculo; francamente, creo que estos escritos perjudican más al medio que la más terrible y acerada de las malas críticas. Y en cuanto a las críticas de la prensa (que tampoco abundan), lógicamente, ya nunca han sido demasiado fiables (todos los medios son grandes grupos empresariales con sus intereses determinados).

Lo que me lleva a la pregunta de: ¿por qué la gente no opina?, ¿por qué no ayudan a los demás contándonos lo que les gustó y lo que no de una obra?, frases muy simples pueden ayudar a definir cualquier montaje; y si internet ha destacado siempre por algo es por la solidaridad, debería de haber críticas para todos los gustos y así, entre varias, ir desmenuzando si la obra va a ser interesante o no, poder formar nuestra propia opinión o al menos hacernos una idea de lo que vamos a ver a pesar de que siempre habrá un componente de un riesgo… puede resultar pretencioso, pero cada vez estoy más convencido de que Universo de A es un oasis en ese aspecto, y más después de lo ocurrido tras el famoso asedio a este blog.

Y antes de nada, y como muchas de las obras se refieren al Español y al Matadero (y así no tengo que hacerlo en cada crítica), no sobra comentar lo atento que es el personal del teatro y el buen trabajo que realizan, ya lo había comentado muchas veces del Matadero, y dije que estaría pendiente del Español, y la verdad, sí que estoy viendo mejoría en el trato al público. En cuanto a los programas del teatro, están bien, pero sería mejor que fuesen más extensos, y no sólo una hoja.

Por otra parte, es magnífico como se está viendo que la gran mayoría de los teatros públicos cada vez tienen más actividades (muchas de ellas gratuítas, además), y cooperan con las más distintas instituciones para lograr que la experiencia teatral no se quede sólo en el escenario, ¡un bravo por todas esas iniciativas culturales!.

En fin, comenzamos con las críticas express:

Post scriptum 16-12-2014: cuando ya me extrañaba no tener las típicas (y cada vez más habituales) reacciones airadas de los “artistos” (para quien no sepa de que va el asunto, le sugiero consulte este enlace); que como ya no tienen el valor de insultarme directamente en el blog, ahora lo hacen discretamente y de tapadillo, a través de uno de mis múltiples medios de difusión, en concreto Paperblog (ver enlace); debido a su incapacidad de asumir una mala crítica… luego no entienden porque son incapaces de hacer algo decente encima de un escenario… aunque es evidente que tampoco fuera de él; arte y artista no serán lo mismo, pero en este caso parece que la calidad de lo uno refleja la de lo otro.

Y me reafirmo, en lo arriba dicho, acerca de la importancia de un blog veraz y honesto que sea el auténtico aliado de un espectador potencial (como siempre he defendido, por otra parte).

 

Los diamantes de la corona 2014-15

-Los diamantes de la corona: teniendo en cuenta que es la misma producción de hace unos años, bien puedo reciclar yo también la crítica que escribí en su momento; además, con franqueza, la obra no merece más. Aquí queda el enlace.

Aunque sí hay una diferencia muy desagradable frente a hace unos años… ¡qué asco de programa de mano! (frente al anterior, tan completo, tan bien escrito, con todos los detalles…), nunca me cansaré de repetirlo. El italiano que dirige el teatro debe de pensar que lleva una cadena de Mediaset o algo así, porque yo no me lo explico.

 

-Sueños y visiones del rey Ricardo III: ya hemos visto, en más de una ocasión, el resultado maravilloso que tenemos cuando manos inexpertas y sin talento tocan lo que no deberían tocar… pero que haya alguien con un ego tan desmesuradamente subido como para profanar a Skakespeare, parece de comedia.

Es más, lo es, me acuerdo de un capítulo de la serie “La niñera”, en la que un director le dice a un importante productor inglés que va a hacer una versión totalmente renovada de “Romeo y Julieta”, y que ha incorporado escenas y cortado otras; entonces, cuando el británico reacciona escandalizado preguntando que qué partes ha quitado, el director responde ni corto ni perezoso “las que no funcionaban” (como si, tras siglos de ser un clásico que ha emocionado indistintamente a personas de toda época y condición, hubiera algo en Shakespeare que no funcione). Por supuesto, al final del capítulo, se descubre que el tal director está arruinado y necesita un fracaso rotundo para poder estafar a hacienda.

No sé si Carlos Martín, director y medio dramaturgo de esta obra (porque encima, no es ya sólo que hayan hecho lo que les ha salido de los mismísimos con Shakespare, es que además, hacen una adaptación de otra adaptación, ¡la versión de la dramaturgia!, ¡el refrito del refrito!, yo creo que esto ya lo dice todo, ¿me equivoco?), tiene tantas deudas como falta de seso, porque sino, es inconcebible que haya permitido semejante sacrilegio. Aunque no debemos quitarle méritos al “dramaturgo” José Sanchís, que tiene la osadía y audacia de firmar, la que es sin duda una de las más inicuas y monstruosas “versiones” (por utilizar una palabra suave y amable) de Shakespeare que se hayan escrito jamás.

Bueno, en realidad lo verdaderamente sorprendente es que el actor Denis Rafter, que compartio espacio, estando durante unas semanas en la sala pequeña del Español (obra de la que leeréis la crítica más abajo), no entrara a sangre y fuego en la sala principal como hacían hace siglos los británicos en Galicia y Andalucía… supongo que será porque es irlandés, y en el fondo todo esto le divierte profundamente (¡tomad, malditos ingleses, tomad!).

Aunque lo mejor de todo, es la justificación de estos “creadores” (“dramaturgo” y “director”, pongámoslos también entre comillas), que te encuentras, entre otros sitios, en el programa, y que viene siendo algo así como (es mi reinterpretación del tema, aunque yo al menos no lo hago con grandes escritores ni grandes obras de la historia de la humanidad; de todos modos, comprobaréis que mi lectura entre líneas no está muy alejada de la realidad): “no, es que Shakespeare es un rollo para la gente de hoy día, así que hay que mascárselo todo porque sino no lo entiende ni el tato… y cambiarlo de arriba a abajo para que parezca siquiera un poco presentable, y aún así cuesta eh, cuesta…”, y sólo le falta añadir “yo de verdad no sé porque hacemos este plomo, la gente se va a quedar dormida, ¿en serio, porque tenemos que representar esto cuando dan un capítulo de cualquier comedia chabacana de bajo nivel por la televisión, que trata asuntos realmente relevantes para nuestra vida cotidiana?”… ¡pero esta gente se cree que somos idiotas!, ¡¿o es que acaso la gente que va al teatro no tiene un cierto nivel?! (o pretende tenerlo), ¿qué edad mental se creen que tiene el público, la de párvulos?, ¡yo me siento indignado e insultado, ya no sólo por la obra y su pésima calidad, sino ante semejante menosprecio y desprecio!.

Y es que lo que han hecho al texto original es completamente espantoso, algo totalmente imperdonable, no es ni un mal corta y pega, es un revoltijo, un mal colage futurista-cubista-surrealista, es un vómito de nulo talento. Por supuesto, lo poco que se salva son las frases “originales” (pues ya se sabe que toda traducción es siempre una traición… pero seamos condescendientes con eso, porque es lo mínimo); pero el resto es monstruoso: nada coincide como debe ni tiene sentido, los personajes no se entienden, las situaciones tampoco, ¡menuda hecatombe argumentística!, una desestructuración completa en la que se va dando tumbos de escena en escena sin que ninguna tenga sentido alguno debido a un terrible tejemaneje con el texto, obra de un impío carnicero que no respeta nada de nada… ¡qué repugnancia, por Dios!.

Por supuesto, el público (sí, ese para el que -y esta vez cito literalmente el programa- se ha hecho la “actualización de los clásicos que es tan necesaria” porque, al parecer son un “enigma indescifrable” con lo que hay que volverlos “accesibles al espectador actual”; todo ello, eso sí, de forma “modesta y ambiciosa” -ja, ja, ja, me río por no llorar-… no sigo porque se me está revolviendo el estómago) reacciona ante tal “obra artística”; y se pasa toda la velada tosiendo como si estuviesemos en un pabellón de tísicos; carraspeando como fuesen ancianos centenarios; aclarándose la voz como si estuviesen a punto de dar una conferencia… y eso en el mejor de los casos, los bostezos, y las cabezas apoyadas en las manos que luchan por mantenerse en esa posición (debido a que el sueño hace que los músculos se relajen, y claro, por poco te das un cabezazo contra el palco); o ya directamente, los que miran a cualquier sitio desesperadamente (servidor vuestro, ¿cómo sino creéis que me doy cuenta de todas estas cosas?) para encontrar algo que llame su atención o mantenga un interés que en el escenario es incapaz de encontrar; todo lo cual es muestra indudable de profundo hastío y aburrimiento, y así, campan libremente y sin disimulo por toda la sala.

Bueno, no todo el rato, puesto que hay que reconocer que, aunque se representa una tragedia, la gente llega a pasárselo “realmente bien”, pues, y sin que nada de lo anterior deje de suceder, fácilmente se puede encontrar uno bostezando y en medio de ello, tener un ataque de risa, porque todo es tan desmesuradamente catastrófico, está tan mal hecho, que los actores salen, sueltan una frase supuestamente muy trágica (ejemplo: “ha muerto no sé quien, se cayó del caballo”), y todo el mundo se parte de risa, y todo el rato, hay tanta comedia involuntaria que se contagia por todo el patio de butacas y ya es irrefrenable, yo no me explico como es posible que los actores no se den cuenta y pidan que se rectifique la obra, porque vivir, de la forma más humillante, noche tras noche, carcajadas a mandíbula batiente en una tragedia, no podría ser más deshonroso, ni más evidente señal de lo mala que es la obra. Yo soy incapaz de entender porque nadie es capaz de reaccionar a señales tan evidentísimas y tan claras, no lo comprendo, de verdad que no.

El director ayuda mucho a ello; no mencionaremos la dirección de actores porque no hay tal cosa, que hagan lo que les de la gana, para que moderarlos, es una tragedia, que lo vivan y lo exterioricen al máximo, ¡que no se dejen nada dentro!, ¡viva la sobreactuación!. Por lo demás, y especialmente en la dirección artística, la dirección parece sacada de una atracción de un parque temático, con tanta gasa, tanta proyección y los personajes tan colocaditos estratéticamente… es más, no me extrañaría nada que a Marín le llamaran cualquier día de parque Warner o incluso desde Disneyland Paris para ayudarles a montar su próxima montaña rusa; y es que, la verdad, te estás temiendo todo el rato (o deseando, depende de como se mire, teniendo en cuenta el profundo aburrimiento en el que caes, al menos sería algo emocionante) que en cualquier momento las butacas empiecen a hacer “crac, crac, crac”, y comiencen a desfilar, una tras otra hacia el escenario, para subir, arriba, abajo, a la derecha y a la izquierda, por un lado de la gasa, por el otro; y con los actores en el medio soltando frases de Shakespeare como autómatas… aunque indudablemente, el momento culminante sería cuando le habría que quitar el cetro a Juan Diego que lo menearía desde lo alto de su trono cual si de la escoba de la atracción del tren de la bruja se tratase… bueno, casi que será mejor no dar ideas (o sí, de ese modo al menos harían algo original que valiese la pena).

Los actores están a cada cual más pésimo que el anterior (quizás con la excepción de la siempre confiable Ana Torrent, que pasa discretamente, sin que nadie se de cuenta de que está ahí, sin pena ni gloria, aunque teniendo en cuenta la calidad de esta producción, es todo un mérito), y no se podría haber elegido un reparto más inadecuado ni a propósito (¿Asunción Balaguer y Terele Pávez haciendo teatro clásico?, ¡venga por favor, si no pasan del registro de abuela entrañable y vecina barriera respectivamente!). Para que os hagáis una idea del resultado final, es como si en Inglaterra decidiesen hacer una producción de nuestra “Fuenteovejuna” de Lope de Vega con los Monty Python (algunos de ellos haciendo doblete e interpretando los papeles femeninos) y Rowan Atkinson (Mr Bean) al frente del reparto, ¿como quedaría?, ridículo, ¿sí?, pues ese es el mismo resultado de esta producción.

Me niego a extenderme más con los actores, pues ya bastante he dicho cuando comenté que no pueden decir o hacer nada sin que la platea se revuelque de risa en medio de las situaciones supuestamente más trágicas. Sin embargo, sí que quiero hablar de Juan Diego (al que, curiosamente, no dejé de alabar en su momento por “La lengua madre”); pues él es quizás una de las cosas que mejor caracteriza este montaje y lo inadecuado del reparto; veréis, el hombre debe de ser adorable en la realidad (vamos, que no actua, hace de si mismo), pues se le da genial hacer ese tipo de personajes “oso de peluche” (es nuestra versión española y mayor de Dany Boon), que tan bien le iba a su anterior montaje en el Español… pero desgraciadamente, eso con este personaje, no sólo no funciona, sino que es directamente contradictorio; para que lo entendáis, la cosa es más o menos así: aparece Juan Diego, todo encantador con su cojera que le hace aún más mono y vulnerable (si cabe), y dice “los voy a matar a todos, ya me he cepillado a mi cuñada, voy a pasar por el filo de la espada a mi hermano, y asesinaré a mi mejor amigo y a todo el que se me ponga por delante en un radio de dos metros, jo, jo, jo, ¡pero que malísimo soy!”, y ante semejante frase, tal como el la interpreta, tú no puedes pensar en otra cosa que acercarte a él, darle un abrazo y apretarle los mofletes bien fuerte mientras dices con voz infantil “¿pero qué vas a hacer tú cosa bonita?, ¿qué vas a hacer tú?, ¡ayyy, pero que mono eres!, anda apoyate que te caes, preciosidad mía!, venga que te doy un beso…”. Así pues, Ricardo III ya puede ser el mal en persona (y lo es), que con todo, Juan Diego conseguirá que sea adorable, y no de un modo perverso y depravado, sino encantador, pocas veces he visto una interpretación que acompañara a un texto de una forma tan contradictoria. Un puro cataclismo interpretativo.

En fin, no creo que sea necesario escribir ninguna conclusión a esta crítica, después de todo lo dicho.

 

-Cuando deje de llover: con motivo del estreno de la película “Dreamgirls”, hace unos años, salió una magnífica parodia, permitidme que yo readapte el principio para definir la obra de la que hago esta crítica: “una vez en la vida surge una obra teatral, como no hay ninguna otra… excepto por todas las que son exactamente igual que ella”.

“¡jo tío, pero que superoriginal soy! (debía de pensar el australiano autor), no tengo ninguna influencia, todo ha salido de mi cocotera personal; mi obra no se parece en nada a una película de catástrofes con todas las situaciones típicas; mis diálogos no se han oído jamás en una película de sobremesa de sábado de cadena privada española; y mis personajes no tienen reacciones nada típicas ni tópicas. ¡Pero mi mayor genialidad es la estructura!, ¡jamás de los jamases se ha hecho nada igual en toda la historia del arte!, ni siquiera en un montón de novelas de siglos pasados; y por supuesto mi temática no se parece en nada a la de un culebrón barato; ¡por favor!, el premio Novel para mí se queda en poco, que no sé como me cabe tantísimo ingenio y originalidad en la cabeza” presupongo que el que escribió el texto que se representa piensa esto (después de descansar del obvio agotamiento que le produjo el parto intelectual de su magna obra), porque es muy difícil encontrar tantísima pedantería y afectación junta en un mismo lugar. Y encima creerá que nos lo vamos a tragar. Ja.

Dos horas de pesadilla predecible; de dramón de sobremesa aspirante a una mala versión de Tennessee Williams; de diálogos llenos de afectación, cursilería y jactancia; con una estructura narrativa que sigue el mismo patrón, y que pretende creerse lo más de lo más, y lo nunca visto ni explorado. Dios, que pesadez y que aburrimiento (Sin mencionar que en ciertos detalles parece la obra de un aficcionado cualquiera, como si en el teatro se pudiera uno permitir tirar el dinero; por ejemplo contratar a un actor para que esté toda la obra y apenas diga unas frases al final haciendo de un personaje totalmente innecesario para la vana conclusión… lo cual no sé si será bueno o malo para Borja Maestre, por una parte, cobra igual, pero por otra, tiene que aguantar el rollo todas las noches…)

En cuanto a los actores, la mayoría sobreactuan, y los que no, se les olvida. Nada destacable (a nivel positivo) podemos encontrar en el reparto artístico.

La dirección y los recursos escénicos que usa (aunque ya podía moderar un poquito a sus actores, que también es su trabajo), en cambio sí me soprendieron muy gratamente, y aunque no termina de justificar el acudir a ver la obra (no se puede vivir de estética durante dos horas) sí que resulta muy bonita, crea momentos hermosos; y parece que Iván Arrollo es una persona a tener en cuenta en futuros proyectos, se atisba talento, pero como siempre, el tiempo lo dirá, un sólo caso no dice nada, puede haber sonado la flauta, en todo caso, hay una buena base de la que partir.

Aunque sí hay algo muy importante que criticarle, ¡¿qué es eso de usar micrófonos, pero que poca vergüenza es esa?!, ¡es que me sorprende que alguien lo consienta! (actores, personal de las Naves…). Como es bien sabido, esa moda inefable e infame comenzó en los musicales de la Gran Vía (cosa que siempre he desaprobado, ¿vas a escuchar música en directo y la oyes por un altavoz, ¡venga ya!, ¿dónde se ha visto eso en teatro?, yo me siento estafado cada vez que veo tal cosa, es que me enerva…) y se ha extendido, como la peor de las enfermedades, cual la peste negra o bubónica por el resto de los teatros… de momento sólo en el género musical que ha sido vilmente injuriado con esto; pero ahora, ¿en el teatro hablado?, ¿¡en serio!?; como espectador ya he dicho que me siento timado; como actor me sentiría denigrado (¿para que se estudia en arte dramático entonces asignaturas de voz, proyección y todo eso?); como cantante humillado (¿para qué me han cogido si no creen que tenga la voz y por qué el público no puede oírla directamente y sin intermediario?); como técnico sobresaturado con un trabajo innecesario; como productor avergonzado por desvelar nuestros puntos flojos… y como director pondría como clausula del contrato que nada de utilizar micrófonos.

Sinceramente, me parece que es una humillación para todo el equipo, es como si reconocieran que no son capaces de hacer lo que sus antecesores hicieron durante siglos; sin mencionar que de ese modo el teatro pierde parte de su principal encanto: el directo, porque yo el sonido en altavoz no lo considero directo (y sino que se lo digan a todos los que van a los conciertos de la Fundación March, no entran en la sala principal, y acaban teniendo que verlo en pantalla… los que trabajan allí ya conocen las reacciones).

Pero muy por desgracia, creo que esto puede deberse a algo mucho más profundo y más grave, que es la enormísima incultura teatral que cada vez está más permitida y difundida en nuestro país… qué se puede decir cuando la gente entra con palomitas al teatro.

Quizás pronto el único adalid que quede de como se hace el teatro de verdad sea en el Teatro Real… o ni siquiera, porque les están cogiendo mucho gusto a los altavoces cuando no tienen algún componente, o para efectos de sonido. Tiemblo por lo que en el futuro será asistir al teatro y lo que eso supondra señores, tiemblo mucho y con auténtico terror.

 

-Beloved sinner: tenía muchas ganas de ver esta obra, me parecía interesantísimo y que podría quedar muy bien (y el formato monólogo parecía especialmente adecuado, teniendo en cuenta la soledad del escritor en esos años; sin mencionar el atractivísimo título: “querido/adorable pecador”, magnífica referencia para un homosexual repudiado que además acabó convertiéndose al catolicismo) una representación sobre los últimos años de Oscar Wilde (en medio de la decadente tristeza y amargura de quien lo ha sido todo, pero lo ha perdido y no sabe si algo se salvará, ya que no puede ser en vida, aunque sólo sea para la posteridad), personalidad histórica que me resulta apasionante, y el cual, al igual que su novela de “El retrato de Dorian Gray” para todo aquel que ha puesto las manos sobre ella, también se le escapa a esta producción.

Si uno coge el programa de mano, sólo leerá un nombre: autoría, Denis Rafter; dirección, Denis Rafter; interpretación, Denis Rafter… y aunque Denis Rafter está también en el cartel, en efigie y nombre escrito (antes del título, como si fuera Frank Capra), sorprendentemente ni hizo la foto en la que sale (supuestamente, sino lo sabríamos seguro), ni diseño el cartel o se ocupó de la comunicación; los dos únicos apartados del programa en los que no aparece su nombre, puesto que él, Denis Rafter, también firma el texto que completa esa hoja que se nos da a la entrada (en el que, sorprendentemente, no se especifica si Denis Rafter creo el mundo a su imagen y semejanza).

Tal vez algunos piensen que esto que estoy comentando es totalmente irrelevante para juzgar la obra, pero mucho me temo que no, todo lo contrario, es lo que mejor define la representación, ya que, aunque Denis Rafter supuestamente intepreta a Oscar Wilde en la sala pequeña del Español, yo no soy capaz de ver otra cosa que no sea a Denis Rafter extravagantemente vestido citando a Oscar Wilde durante una hora y cuarto.

No tengo la más mínima duda de que Rafter adora a su compatriota y es un apasionado de su obra, es más, estoy convencido de que se lo pasa pipa en cada representación haciendo su antología dramatizada de Wilde como lo haría cualquier aficcionado a la lectura y a un autor en concreto… pero desgraciadamente, eso no es suficiente, no hay que confundir la pasión con otras cosas.

Lo que tenemos aquí, como ya se va deduciendo por lo que comento, no es una obra teatral, no hay un argumento, no hay una narración; es simplemente una excusa para poder soltar los textos favoritos de Wilde del actor; sin más, tal vez sea por eso por lo que tampoco somos capaces de ver a Oscar Wilde, puesto que no está nada presente ni caracterizado en la obra; al fin y al cabo, la triste realidad (para bien y para mal) es que un artista no es su arte, ni el uno es definido por el otro y viceversa.

Ahora bien, sabiendo a lo que vamos, el espectáculo se deja ver, si eres todo un fan de Wilde lo disfrutarás recordando algunos de tus textos favoritos (el espectáculo incluso mejoraría si hubiese participación del público, si uno lo piensa), pero eso será todo, digamos que en mi caso, fue como si esperase ir a ver el gran montaje de la ópera “Aída” delante de las pirámides de Giza y al final descubriera que he comprado entradas para la versión concierto centro cultural del barrio; sigue siendo “Aída”, pero no la que esperaba ver.

Aunque antes de nada, hay ALGO MUY IMPORTANTE QUE ADVERTIR, aunque ya se deja intuír por ciertas cuestiones, en ninguna de las publicidades pone el detalle importantísimo de que el espectáculo es en versión original subtitulada; dicho de otro modo, Rafter habla en inglés todo el rato, y vuelve locos a los técnicos que tienen que poner los subtítulos porque hace continuamente lo que le da la gana, improvisa, o se va por los cerros de Úbeda, de modo que largas parrafadas se quedan sin subtítulo, o estos y lo que el propio actor dice se contradicen de las formas más graciosas; personalmente recomiendo a todos aquellos que tengan un mínimo nivel de inglés (o a los que quieran practicarlo, pues Rafter habla de una forma muy clara, perfectamente vocalizada, y magníficamente inteligible… lo sorprendente es que esta obra no se haya recomendado a colegios e institutos, es genial para el aprendizaje y práctica del idioma; quizás tenga que ver con la temática) que presten atención al actor y que, si lo necesitan, utilicen los subtítulos únicamente como apoyo, pues saldrán ganando (sin mencionar que improvisa comentarios ingeniosos muy de Wilde). Sin mencionar que es muy agradable escuchar a Wilde de la boca de un compatriota, en su idioma y con un acento parecido al que debió tener él (aunque Rafter lleve muchos años en España).

En conclusión, no se trata de la obra definitiva sobre Oscar Wilde (y hablando de eso, el cine tampoco ha conseguido calar muy bien su figura, aunque la película “Wilde” fuera un acercamiento especialmente bueno), pero es aceptable y agradará a aquellos a los que les guste el gran escritor irlandés. El resto, o probablemente aprendan algo, o se quedarán tal como habían venido.

 

Desde Berlín, tributo a Lou Reed: pobre Lou Reed, pero que asco le tienen, ¿pero qué les habrá hecho a los creadores de este espectáculo?, debe de ser horrible….

Vamos a dar una pinceladas y luego detallamos.

Sale Pablo Derqui (del que ahora ya estoy totalmente convencido de que es uno de los peores actores -aunque definirlo como tal es mucho decir de él- de nuestro país, ya lo he visto en diferentes papeles y productos y… ¡pero que malo es, por Dios!), sobreactúa; entre tanto Nathalie Poza supuestamente canta (y bien); comienza el sinsentido, tras un diálogo, que pese a lo absurdo, será lo único con algo de sentido de la obra, comienza una larga escena de sexo, que, sorpredentemente, no es vulgar (gracias a una efectiva dirección); y comienza un largo e interminable aburrimiento en el que te preguntas si será necesario ser un yonqui y estar colocado para que te guste la obra, de hecho, empiezas a revisar entre el programa de mano a ver si hay algo de hierba o tal vez algún tipo de anfetamina que te permita soportar esos diálogos malísimos y esas interpretaciones pésimas en medio de esa inexistente estructura narrativa aprendiz de intento vanguardista teatral. Casi sientes la necesidad de increpar a la acomodadora y exigirle que te dé tu dosis de droga, o cualquier tipo de estupefaciente con el que puedas silenciar tu inteligencia o al menos tu percepción sensorial; pero al final piensas, “va, si total, sólo dura una hora y diez”; así que empiezas a mirar el reloj, y sólo ha pasado un minuto, vuelves a mirarlo, y sólo treinta segundos, así que empiezas a preguntarte si se han equivocado y han drogado a tu reloj en vez de a ti, porque es imposible que el tiempo pase tan terriblemente despacio. Trastas de prestar atención al escenario, pero no hay nada interesante, así que vuelves a tu fascinación por el lento discurrir del tiempo… cuando llega el final, cuando ya casi estás en un delirium tremens de pura desesperación, ya te dan ganas de aplaudir… porque han terminado, y eso te recuerda que eres libre de nuevo. Quizás yo no lo he entendido, y la representación en si misma sea una magnífica metáfora de como la droga te atrapa, te sume en un vacío total, te hunde en lo más profundo hasta caer en lo más bajo (¡fíjate!, también es una metáfora de la calidad del espectáculo, ¡al final va a resultar que es una obra maestra! -y sí, estoy siendo irónico-), pero con suerte y constancia (una de las horas más infernalmente largas de toda mi vida) consigues salir del pozo, y huír, ¡huír muy lejos!, de todo aquello que te impedía ser feliz (magníficamente, y vivamente simbolizado por la representación que acabas de presenciar).

¿Que en qué me baso para decir todo lo anterior?, pues hablaría del argumento, ¿pero lo hay?; de la estructura narrativa, ¿existe tal cosa?; de la construcción de los personajes, ¿perdona, qué?; o quizás del fondo, de lo que la obra quiere contar, ¿ah sí, había algo parecido a eso?… creo que no hace falta extenderse más en el tema, os dejo las conclusiones a vosotros.

Por encima, musicalmente es una estafa, a cualquier fan de Lou Reed le causará repugnancia esta obra, puesto que es todo un quiero y no puedo en toda regla; no llega a ser un musical de recopilación porque las canciones (las cuales no se traducen, todo en versión original) no van con el argumento (aunque el hecho de que no haya argumento tampoco ayuda); y no consigue ser un auténtico tributo porque no hay suficientes canciones. Al final el título es más un timo que cualquier otra cosa, porque, que a una mala obra de teatro le pongas el nombre de un disco de un cantante y que añadas que es un tributo a este, no significa que lo sea, menudo fraude. Al final, lo que te encuentras es una serie de fragmentos salteados de canciones, alguna recitación de estas… pero todo escasísimo. Pobre Lou Reed, menos mal que está muerto y no puede ver como usan su nombre en vano (y no os perdáis la carta de amor del programa, ¡la gran y brillante mofa final!; si es que lo que yo diga, yo no sé que les ha hecho Lou Reed, ¿les deberá dinero?).

En cuanto a la dirección de escena es simplemente regular (exceptuando la de actores, que es pésima), con tan mal material, mucho no se puede hacer.

Los actores, Pablo Derqui, lo esperable y ya comentado: horroroso, espantoso, no lo haría peor ni queriendo (aunque mejor no le provoquemos, me da que este chico es de los que se superan a si mismos con gran facilidad); ver su nombre en cartel ya sabemos de que es sinónimo.

Nathalie Poza está regular tirando a mal, quizás porque se deja contagiar por su compañero, y el director no se molesta en hacer nada, ¿para qué?, si la obra ya es un desastre.

Como última curiosidad, comentar que la gran mayoría del público era madurito y subía de la cuarentena bien pasada… ¿el público objetivo?, ¿una cuestión generacional?, todo puede ser; pero en cualquier caso dejaba algo muy claro: el espectáculo no atraía a otros sectores (quizás el título ayuda a ello, ¿para qué vas a ver un tributo a Lou Reed si ni siquiera sabes quien es, o te gusta alguna de sus canciones?, desde luego, no lo hace muy accesible, no), en cierto modo era una reunión para fans (y ni siquiera para estos, viendo el resultado final).

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12 respuestas a Críticas express: Los diamantes de la corona / Sueños y visiones del rey Ricardo III / Cuando deje de llover / Beloved sinner / Desde Berlín, tributo a Lou Reed

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