Crítica exprés: Pedro de Urdemalas

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Muchas ganas tenía de ver esta obra, Cervantes y la Joven compañía nacional de teatro clásico (la cual había ofrecido algunos de los mejores espectáculos de temporadas pasadas, como este o este, para humillación de la propia Compañía nacional de teatro clásico y sus montajes supuestamente más profesionales), parecía un binomio que no podía fallar… incluso con Denis Rafter en la dirección, quien no me ha dejado muy buen recuerdo.

Ahora bien, según uno comienza a leer la ficha artística (y yo lo hice tarde), se da cuenta de que hay cosas que funcionan… empezando por, obviamente, que un irlandés se dedique a dirigir un texto del autor hispánico por excelencia habiendo tantos directores de escena españoles, pero ya no sólo eso, porque, se supone, o yo lo veía así y me hubiera gustado que fuera de esa manera, que la Joven compañía de teatro clásico era un trampolín para que nuevas generaciones de actores se entrenasen en este género, y pudiesen ser los grandes actores del mañana… y no una excusa para meter jóvenes rostros conocidos en el reparto como si no hubiese mañana.

Sí, yo pensaba que “la Joven” (como se la llama cariñosamente en la CNTC), debía suponer una oportunidad para nuevas caras, y no una forma más de ampliar curriculum y de consagrar más a personas que no lo necesitan en absoluto.

Ciertamente, es verdad que es costumbre de Helena Pimenta meter rostros conocidos en todas las producciones de la temporada para asegurarse una mayor venta de entradas, y no me opongo (a que haya uno o dos), pero “la Joven” debería servir para otra cosa.

Así, la mayor parte del reparto (y en cualquier caso, los papeles protagonistas están copados por ellos) está formado por actores que ya han tenido y conseguido oportunidades más que notables, además de ser conocidos por el gran público; yo apenas he reconocido a unos pocos, que menciono a continuación, pero estoy seguro de que el resto no son una excepción: Daniel Alonso de Santos, que interpreta a Cervantes, hizo un papel en la fracasada serie “Alatriste”, aunque su mérito más notorio es ser hijo del famoso dramaturgo del mismo apellido que, fíjate tú que casualidad, es también exdirector de la CNTC; Jimmy Castro, que aunque es conocido por el gran público como uno de los presentadores del Club Disney en su fase de Telecinco (y quizás, uno de los primeros que ha habido en la televisión española, con tanta relevancia, de otra raza que no fuera la blanca), también ha estado en otros proyectos televisivos que rara vez han salido a flote; David Castillo, conocido como “el Jonathan” de la serie “Aída”, que ahora, por lo visto, también es DJ (sin mucho éxito de público, al parecer, o al menos eso se comenta en diversos foros de internet)… etc.

En definitiva, considero que esa no es manera de llevar la Joven compañía nacional de teatro clásico, que parece haberse convertido en un refugio de rostros televisivos, y si estos al menos estuvieran a la altura de los papeles que interpretan, aún podría ser pasable, pero no siendo así… me parece intolerable.

En realidad, lo peor de todo es que no tiene sentido que en las producciones de la CNTC veamos, continuamente, a actores, muy entrados en edad, interpretando papeles juveniles, y que en la Joven veamos a imberbes haciendo personajes de viejos… ¿es sólo cosa mía o es algo completamente ridículo y sin sentido?. Me parece muy bien que se metan famosillos, en personajes que les vayan, en las producciones de toda la temporada de la CNTC para atraer a cierto tipo de público… pero será mejor que a la Joven se la deje en paz y se permita que se desarrolle como herramienta para acercar el teatro clásico a las nuevas generaciones y no como una excusa para tener un reparto de muchachitos célebres.

Por lo demás, el estreno de esta nueva producción ha supuesto la inauguración, para la actividad teatral, puesto que, no debemos olvidar, que ya había sido usada anteriormente como sala de exposiciones el año pasado de la Sala Tirso de Molina… a la que no le auguro un gran futuro en tal cuestión, pues me parece un sitio más más a propósito para lo segundo que para lo primero, ya que es un lugar de acceso incómodo pues está varias plantas arriba (con lo que las escaleras difícilmente son una opción), los ascensores no están preparados para llevar a una gran multitud (son pequeños y estrechos)… ciertamente el lugar responde a esa moda que hay hoy día por las salas de teatro, que hasta las instituciones más consagradas parecen empeñadas en imitar, y no hay ninguna que no tenga su sala propia que elimine todos los rasgos del teatro tradicional… pero francamente, yo siempre creeré que cuando posees una gran y espectacular sala histórica (que además, en el caso del Teatro de la Comedia está recién restaurada), no tienes nada de que avergonzarte… es tan absurdo y ridículo como si un aristócrata hiciera todos los esfuerzos posibles para parecer plebeyo.

Me gustó la atención al público; y me llamó la atención, que en el programa de mano, los nombres de Helena Pimenta y Denis Rafter no aparezcan por todos los sitios, al contrario de lo habitual, pues nos tienen acostumbrados a hacer un ejercicio de megalomanía impresa… por lo demás, el programa no aporta nada demasiado interesante.

 

-Pedro de Urdemalas: como cualquiera que lea este blog sabe, yo no tengo problema en decir lo que no me gusta, sea de quién sea.

Y la verdad, me parece que esta obra de mi admirado Miguel de Cervantes, es una de las peores de su producción, ciertamente, no deja de tratar, como es habitual en él, grandes temas universales, cuestiones que trascienden cualquier época, y lo hace de modo brillante… pero la estructura del texto es desastrosa, los personajes están fatal definidos y perfilados, y en general, narrativamente hace aguas por todas partes: empieza de una manera y va evolucionando de tal modo, con tantas historias intermedias y periféricas (algo que era muy típico de él, por otra parte) que al final te pierdes, y ya no sabes cual es la trama principal, cuales las secundarias, o que es lo auténticamente relevante de todo lo que te están contando… etc; todo lo cual hace que el conjunto se vuelva absurda e innecesariamente complejo (lo que hace que no te extrañe que por eso Cervantes tuviera mucho menos éxito en los corrales de comedias que Lope de Vega).

A este caos del propio Cervantes, no ayudan la visión de la versión de Jerónimo López Mozo y la del director Denis Rafter que nos presentan en esta producción, pues en vez de ordenar y tratar de reestructurar el original, para presentarlo adecuadamente… deciden rizar más el rizo y volverlo todo mucho más complejo metiendo sus historias y gags propios.

Obviamente, con semejante material de partida, el caldo de cultivo para el fracaso ya está preparado y dispuesto.

Y efectivamente, la poca o nula habilidad de Rafter como director, además de su escasa creatividad e imaginación, es incapaz de transmitirnos la historia que nos quiere contar… al final, tenemos que hacer auténticos esfuerzos para, a través del texto rediseñado que se nos presenta, tratar de entender algo del argumento.

Todo ello se refleja, como no, en una pobre puesta en escena a través de una escenografía casi nula, aunque debo exceptuar de la mala crítica, un bonito vestuario que esta producción no merece.

En cuanto a los actores, como era de esperar (leer los comentarios previos a la crítica), no podían haber sido peor escogidos a todos los niveles (tanto por características físicas como por calidad interpretativa), y en general, adoptan el viejo lema de que el teatro clásico si no se sobreactúa, no es interesante… además de que esta producción se une a esa infausta y desgraciada moda, que aparentemente cada vez está más en boga, de parodiar (sino burlarse) de los clásicos, haciendo uso de una inadecuada perspectiva presentista que nada aporta.

Así pues, entre los actores nos encontramos a un hombre de raza negra haciendo el papel protagónico de Pedro de Urdemalas, que es un personaje del siglo XVI en los Reinos de las Españas… por lo que no tiene credibilidad posible a nivel físico… y la monotonal interpretación de Castro tampoco facilita en absoluto que consigamos autoengañarnos y ver al personaje. Alonso de Santos, por su parte, parece creer que no está interpretando a Cervantes, sino a sus contemporáneos san Juan de la Cruz o santa Teresa de Ávila, pues pone una cara de pasmo continuo, como si estuviese viviendo un éxtasis místico permanente, consistente en la consciencia de lo maravilloso que es ser Cervantes… lamentablemente, no sale de esa misma emoción en toda la obra. Quién sí que me sorprendió positivamente, fue David Castillo, que estaba convencido de que no era un actor de verdad sino sólo una celebridad… y la verdad es que, a través de los distintos personajes que interpretó en la obra, me asombraron sus capacidades dramáticas y su inteligencia para llevarlos a cabo… nunca lo hubiera imaginado, ni hubiera creído que jamás diría esto pero, realmente, era el mejor de todo el reparto con diferencia, y puede que, si sigue por ese camino, llegue a convertirse en un gran y prestigioso actor algún día. El resto de los actores, como ya he dicho, estaban exagerados y pasados de rosca.

En definitiva, mucho me temo que pocas razones (por no decir casi ninguna) hay para recomendar el nuevo estreno de la Joven “Comedia famosa de Pedro de Urdemalas”, pues entre los fallos que tiene la propia obra, y los de la producción en sí misma… al final el conjunto se hunde total y necesariamente.

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