Crítica express: Romeo y Julieta

-Romeo y Julieta: Joan Matabosch parece haberse decidido a eliminar las óperas en concierto (creo recordar que sólo hay esta en la temporada… aunque está habilmente disimulada, ¡o lees el programa general concienzudamente o ni te das cuenta!; era mucho mejor cuando las separaban en categorías, por las que eran escenificadas, y las que eran en concierto), y tampoco me parece que hayamos ganado en aumentar las que tienen montaje… a que va a resultar que Mortier lo organizaba mejor, porque siempre teníamos dos o tres cada año.

Indudablemente se prefieren las escenificadas a las en concierto… aunque bueno, depende de la escenificación. De todos modos, por lo que estamos viendo con la nueva gestión, parece que podemos ir despejando medianamente nuestros temores en ese aspecto, los ultravanguardismos abusivos parecen empezar a parecer cosa del pasado.

Y hablando de escenografía, que cosa más espantosa esa de madera (aparentemente) que ponen siempre detras del escenario en las óperas en concierto, ¡con lo bonito que era ese panel imitando el telón del teatro, desde luego era estéticamente mucho más agradable.

Sea como sea, aunque no he hecho la cuenta, me da que hemos perdido a nivel de número de óperas en la temporada….

Tampoco me gusta esa manía de que las “en concierto” duren tan poco tiempo en cartel (en este caso tres días; aunque hablando sinceramente, incluso las que son escenificadas están también muy poco tiempo para mi gusto), aunque supongo que se trata de una cuestión organizativa imperativa que no tiene mucho remedio… pero la verdad, no es agradable para el público.

Y antes de comenzar la crítica no quiero dejar de referenciar la peculiar obsesión que parece tener el Real con “Romeo y Julieta”, en pocos años ya la hemos visto, aunque en versión ballet, esta y esta otra vez.

En cualquier caso, aunque supuestamente esta es una ópera en concierto, os toparéis con la sorpresa de que… ¡los cantantes actúan!; ya ves que ironía, a veces resulta difícil verlo en las óperas montadas, y aquí, sin nada más que la orquesta, coro, y director detrás; los cantantes deciden hacer su propia dirección de escena (no hay referenciado ningún director, por lo que se deduce que la iniciativa ha partido de ellos), y salen muy bien parados, ¡todo un bravo para ellos, que nos han permitido vivir mucho mejor de lo esperado la inmortal historia de Romeo y Julieta!.

Aunque, hombre, siendo sinceros, hay veces en que el tema, debido a la falta de recursos, canta un poco (nunca mejor dicho jajaja); por ejemplo en los duelos que se desarrollan así: mirada fulminante dramática, uno levanta la mano, y el otro, “¡oh, diablos, me has herido!”; o Julieta hablando de clavarse una daga que no está empuñando… es un poco cómico a veces (démonos cuenta de que sólo cuentan con su cuerpo, no tienen escenografía, ni atrezzo, ni vestuario -excepto Yoncheva, que se molesta en hacer un cambio entre acto y acto-), pero aún así se aprecia mucho el esfuerzo, no tenían porque hacerlo en absoluto, podrían estar delante de un atril como hacen tantos otros, no tenían la más mínima obligación y se han molestado en montar por su cuenta la ópera entera (por otro lado, el hecho de intepretar los personajes también creo que favorece mucho a su canto al final; que algo sea técnicamente perfecto no significa que vaya a emocionar más). Lo dicho, ¡un bravísimo para ellos!, y ya sólo por eso, aumenta mucho el interés por ir a ver este espectáculo, pues tiene un extra inesperado que se debe de aplaudir muy merecidamente.

En lo que respecta a la ópera en sí, bueno, el libreto es un “resumen-mal corta y pega” del Romeo y Julieta de Shakespeare que incluye sus highlights (mejores momentos; es más, hay diálogos y frases plagiadas con mucho descaro); y que no termina de funcionar, bastante mal estructurado, se salta partes, no profundiza en los personajes (lo cual no deja de ser llamativo en una ópera, que precisamente ayuda mucho a eso)… en definitiva, si no fuera porque conocemos la historia original, muchas personas se quedarían con una cara así en plan de “¿pero qué me han contado?”, ciertamente, el libreto no consigue evocar la magia de Shakespeare, por más que le muestre admiración, tal vez se deba a que, todo lo encantador, si lo tocas demasiado o lo modificas como no debes, se marchita, del mismo modo que pasa cuando arrancas una flor (aunque, para ver algo infame e imperdonable que le han hecho a Shakespeare, mejor ved la crítica de “Sueños y visiones del rey Ricardo III” en la sala principal del teatro Español).

De hecho, la gran paradoja y profunda ironía del libreto, es precisamente que las escenas que se inventa (sí, atención, reinventa a Shakespeare… lo que hay que ver) son de las mejores de la función, pues lo plagiado a menudo resulta vulgar y una mera resaca del auténtico buen recuerdo de la obra original. A destacar el momento en el que padre Capuleto va a conducir a su hija Julieta a su boda y esta sucumbe ante el narcótico que se acaba de tomar; o la curiosa decisión dramática de que Romeo y Julieta puedan hablar por última vez y decidir conjuntamente morir (en el original se van encadenando una serie de tragicas situaciones y los amantes nunca vuelven a verse). Y aunque apruebo el final a nivel musical (tan pacífico, tranquilo y mortuorio); creo que hubiera quedado mejor y sido más espectacular si se respetara el original con su lección correspondiente (¡imaginadlo, todos los artistas -coro incluído y la orquesta a todo trapo- cantando a la vez en un gran finale!; pero mucho me temo que los libretistas ya nunca podrán saber de esta mi sugerencia).

La música de Gounod salva sin embargo el defectuoso libreto de Barbier y Carré; sou unas melodías bellas y románticas, apropiadas para el caso. Aunque personalmente, y salvo determinados momentos, tampoco me enloqueció, fue agradable, bonito para ese momento, pero nada más. A destacar la múltiple música danza que contiene (dan ganas de ponerse a bailar con tanto vals y tanto madrigal).

En cuanto a los detalles concretos de esta producción en concierto del Real: el coro, como casi siempre estuvo espléndido. Pero la orquesta destacaba muy especialmente, magníficamente dirigida por Michel Plasson, un director musical que me entusiasmó, de lo mejor de la función.

En lo que respecta a los cantantes, bueno, una vez más destacar su esfuerzo en interpretar a sus personajes a pesar de ser “en concierto”, y refiriéndome a cada uno:

Roberto Alagna, es probablemente el gran nombre de esta producción (cuestión clave de la nueva política de este teatro y su director artístico; si Mortier tenía sus favoritos y sus preferidos y eran estos los que conseguían trabajo; con Matabosch la idea es conseguir grandes nombres que atraigan público, como ya comentabamos anteriormente), el divo que todos quieren ir a ver, no es para menos, ya es un gran nombre de la ópera. Pero a mí no me terminó de convencer, vi técnica, preparación y años de profesión; en definitiva, bagaje… pero ni una voz especial, ni nada que me conmoviese especialmente. ¿Bonito y agradable de oír?, desde luego; ¿especial y extraordinario?, yo no lo veo.

La que sí me impresionó más fue Sonya Yoncheva en su papel de Julieta, no me dejó pegado al asiento todo el rato, pero sí que me llegó.

El resto del reparto estaban igualmente bien y cumplían muy eficazmente su función (aunque no quiero dejar de destacar a Joan Martín-Royo, fíjaos en su entrada, es de lo más cómica por su sobreactuación, va mirando a todos los lados continuamente, y parece estar preguntandose “¿dónde estoy?, ¿dónde estoy?, ¿en qué lugar me encuentro?, y ¿por qué hay tanta gente aquí?”, dan ganas de subirse al escenario y decírle “oiga, está usted en el Teatro Real, esos de ahí son la orquesta y el coro, a este lado está el público… y por cierto, se supone que usted tiene que cantar ahora” jajaja).

En fin, y ahora hablemos un poco del teatro como siempre.

Decir que he encontrado guardarropas en los pisos intermedios y que a todos los trabajadores se les ve más ágiles (te meten algo de prisa, con no muy buenos modales, pero mejor eso que pasarse la vida entera esperando, que remedio, no dan más de sí). Sin embargo, como uno nunca sabe si va a haber más que el guardarropa de la planta baja, o no, pues siempre es algo caótico; deberían de señalizarlo o algo, no es tan difícil. En cualquier caso, todos ganaríamos si hubiese varios guardarropas (incluídos los improvisados) en la planta baja, al fin y al cabo, todos tenemos que pasar siempre por ahí, a la entrada y a la salida; de modo que, según mi idea, si hubiese los que ya hay a las entradas de Carlos III, y Felipe V, y además dos anexos improvisados en la entrada principal (en la esquina donde tenían antes el de Premium y en la del otro lado), todo estaría mucho mejor organizado. Es lógico y lo más práctico, eso de que el guardarropa esté en diversas plantas es muy lioso e inseguro.

Y ya no mencionemos lo de las conferencias que andan subiendo y bajando como un ascensor… ¡que vuelvan a los salones de Carlos III, pero es que ya!, ¡nunca dejaré de reclamarlo!, así nos evitamos los nervios, las eternas peleas ascensoriles y los apretujones (como en el metro) para salir de la Gayarre.

A todo esto, nunca comprenderé porque no hay conferencia ni en las óperas en concierto ni en los ballets (donde lo único que ponen es el estandarte de Loewe… ya podían patrocinar también las conferencias y poner menos decoración publicitaria), ¿qué pasa, que son menos importantes o qué?. desde luego, esta actividad es una de las mejores cosas de este teatro e, independientemente de que unas veces Jose Luís Téllez me guste más que otras (aunque por lo general, trato de acudir siempre a sus charlas, y suelo aprender mucho, como la gran mayoría de los vedaderamente interesados en el género lírico), su labor al frente de esta actividad indispensable es muy encomiable; y el público lo agradece de forma evidente; además siempre hay gente (incluso cuando muchos no saben de esta actividad, porque no está nada bien difundida, en taquilla muchas veces no te saben concretar si habrá o no, y por si fuera poco la hacen en la Gayarre con lo que tienes que volverte loco para llegar a tu sitio a tiempo mientras oyes la musiquita que te anuncia los pocos minutos que te quedan… desde luego quien va, es porque realmente quiere, por casualidad desde luego que no -otro motivo para que vuelva esta actividad a los salones, de ese modo, es más sencillo que se entere gente que no lo sabe-). En definitiva, ¡deseamos a nuestro conferenciante en todas las funciones!, ¡a él o a otro! (si él no puede o no se ve capacitado), ¡pero queremos nuestra experiencia cultural completa!.

Afortunadamente, en este caso, el esplendidísimo artículo de Gabriel Menéndez del programa de mano compensó en parte la falta de lo anterior… pero como la revista (como ya he estado comentando últimamente) cojeaba, y mucho, a nivel de información… pues la verdad es que el conjunto se ha quedado considerablemente escaso para profundizar en esta ópera (sin mencionar que esta vez sólo había un artículo en el programa, normalmente siempre hay más, ¿qué está pasando aquí que están rebajandolo todo?. Eso sí, me encanta su estética y las imágenes que escogen para él).

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3 respuestas a Crítica express: Romeo y Julieta

  1. plared dijo:

    Pues nada a ver si voy a la opera que hace ya tiempo que no lo hago. Me gustaría decir algo aqui, pero sinceramente no puedo por ignorancia. Cuidate

  2. Jajaja, falsas modestias a estas alturas no Plared.
    Estoy seguro de que podrías decir mucho acerca de “Romeo y Julieta” como fenómeno cultural histórico, tema que yo he obviado por ser una crítica express.
    En fin, no obstante, te recomiendo más “Muerte en Venecia”.

  3. Pingback: Crítica express: En un lugar del Quijote | Universo de A

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