Llegan los microrrelatos a Universo de A

Y tras la aparición del nuevo módulo del Índice-Guía de capítulos de Grandes relatos, parecía imprescindible que esta sección no tardase mucho en publicar… y efectivamente así ha sido.

En esta ocasión abordo un nuevo género: el microrrelato, ¿por qué? pues porque como esta forma de narración también es interesante de explorar (y parece estar de moda e incluso ser casi obligatoria en todo blog que toque la narrativa que se precie), he decidido hacer unos cuantos haber como me salen, quien sabe, quizás con el tiempo, como además son muy fáciles de escribir, vaya publicando más de vez en cuando:

 

Post scriptum: dada la brevedad de los microrrelatos, y el hecho de que no suelo escribir grandes tandas de ellos como para justificar nuevos artículos, todos los nuevos relatos de este género que escriba se publicarán en este mismo artículo, ¡de modo que animadme a escribir nuevas narraciones y volved pronto!, quién sabe, puede que ya haya ampliado este artículo con novedades….

 

Alfonso en el metro

A mediodía, Alfonso salió de su hogar para ir a su empleo.

Mientras iba, no dejaba de pensar en todas esas cosas que forman parte de la vida: los problemas en el trabajo y todas esas personas con las que negociar y hablar para asegurarse de que todo fuera como debía de ir; las cuestiones familiares, como los problemas con su mujer o la enfermedad de su hijo; la situación del país en general, sus problemas y todas las mejoras posibles y necesarias… Alfonso viajó en Metro desde Cuatro caminos a Sol, y cuando llegó a esta última estación, la gente gritó: “¡viva el Rey, viva Alfonso XIII!.

Desde aquel primer recorrido en metro, ¡cuántos otros Alfonsos habrá habido a lo largo del tiempo que hayan hecho, pensado o se preocuparan por las mismas cosas que ese primer viajero llamado Alfonso!.

 

Personajes en el autobús

Alonso se sentó en un asiento del autobús, y como tenía por costumbre, sacó un libro y se puso a leerlo.

Le encantaba aprovechar ese tiempo de viaje en el transporte público para dejarse fascinar por nuevas historias, sin embargo, nunca se había dado cuenta de que las más interesantes las tenía justo al lado.

Aquel mismo día, la mujer sentada a su lado bien podría ser “La Regenta”, pues mantenía un idilio con un hombre que no era su marido, lo cual se había acabado convirtiendo en la comidilla de todo el vecindario para disfrute de este; el sacerdote que se montó en la tercera parada que estaba en frente a su propia parroquia fácilmente recordaría al Frollo de “Nuestra señora de París”, pues al igual que el personaje, nunca había experimentado un deseo tan fuerte ni una atracción tan poderosa desde que una nueva familia, con una guapísima hija se había mudado a la parroquia, lo cual no le dejaba ni un sólo segundo de tranquilidad, ni un minuto de sosiego; la adolescente que escuchaba, distraidamente de pie, música rap, mientras movía sus rodillas al ritmo, podría compararse a “Antígona”, por su actitud rebelde, antisistema y poco concesiva con las responsabilidades y con el sistema establecido; el guapísimo pero engreído joven que se bajó unas cuántas paradas después, bien podría parecerse a Dorian Gray, por su obsesión por mantener una belleza física impecable descuidando totalmente la moral….

Sí, nada de todo esto, ni siquiera a uno solo de estos personajes percibió el siempre distraído y soñador Alonso, al que tampoco, ninguno de todos los anteriores reconoció como “El quijote”.

 

Amor por Madrid

Paula y Carlos se conocieron, y en ese mismo momento, tuvieron un flechazo en la estación de Méndez Alvaro cuando ella acababa de llegar a Madrid por trabajo y él se había acercado a despedir a un amigo. Se reencontraron por casualidad, apenas un día después en la Puerta del Sol, y allí él tuvo valor para pedirle una cita, que fue en un restaurante cerca de la Plaza de Castilla pocos días después. La cita fue tan perfecta, que mientras Paula volvía a casa ya sabía que quería quedarse en Madrid aunque sólo fuera por Carlos, y este sabía que no había conocido a nadie igual ni lo haría jamás.

Tras un tiempo saliendo, vivieron juntos en un piso alquilado cerca de Tribunal, hasta que finalmente se casaron en la iglesia de las Salesas Reales. Con el tiempo, compraron un piso próximo a la calle de O’Donell que además estaba cerca de varios colegios en uno de los cuales acabaron estudiando sus hijos.

Hoy día, él va a trabajar a Nuevos ministerios mientras que ella lo hace cerca de la calle de San Bernardo (como así fue desde el día en que llegó a Madrid); pero a ambos les encanta ir al Retiro para divertirse los fines de semana con sus hijos, todos los cuales, con el tiempo, también tendrán su historia de amor por Madrid.

 

La pasajera

La pasajera bajó las escaleras mecánicas con cara de preocupación. Cuando llegó al andén empezó a pasear con nerviosismo mientras el panel señalaba que sólo quedaban tres minutos para el siguiente tren. Cuando este llegó, la pasajera subió al vagón y se sentó. A pesar de ser un lugar lleno de gente, ella estaba profundamente sola, aislada.

El tiempo pasaba, entraba y salía gente, en unas estaciones más y en otras menos, un músico tocó un instrumento y se marchó, y el intercambio y fluir permanente de gente continuaba incesante, pero ella ni siquiera lo notó, estaba ausente en unos pensamientos que a veces hacían que se le humedeciesen los ojos. Al fin, llegó a su destino.

Y entonces, mientras salía de la estación, un rayo de sol le iluminó la cara, sintió esperanza, y sonrió como nunca lo había hecho antes, porque se dio cuenta de que después del todo, había esperanza.

 

Toda una vida

Cuando se dio cuenta de que el resto de su vida la pasaría riendo, llorando, alegrándose, emocionándose, ayudando, traicionando, rabiando, obsequiando, callando, hablando, enfadándose, reconciliándose, amando, odiando, arrepintiéndose, arriesgándose, soñando, desilusionándose… fue cuando realmente se dio cuenta de todo lo muchísimo que le quedaba por vivir… y le pareció simplemente maravilloso.

 

¿El artista inmortal?

“El artista más completo”, decían todos los carteles; otro museo nacional hacía una retrospectiva a Santiago Torquemada. Todos los círculos sociales le aplaudían, lo que siempre había deseado, ahí estaba.

Pero el precio del arte era caro: su obra sólo empezó a triunfar en el momento en el que las drogas alucinógenas empezaron a hacer su efecto y crear esos mundos fascinantes que todos ovacionaban levantados, mientras él apenas podía mantenerse en pie.

Él era mortal, el arte es inmortal… ahora Santiago iba a tener que decidir cuál de los dos era más importante.

 

La copa de vino

¿Una copa de vino?, preguntó el camarero. Cuando la cogió, sintió incluso más emoción que cuando había ganado el premio, aquello no lo había podido disfrutar: tantos nervios, emociones, la mente confusa… pero ahora, ya tranquilo, asumido el triunfo, podía disfrutar.

Coger la copa del añejo líquido, fue casi incluso mejor que recoger el galardón; allí, rodeado de admiradores y posibles inversores, sabía que no podía haber bebida más apropiada para evocar las fantásticas perspectivas de futuro que tenía por delante….

De aquella noche triunfal quedarían muchas cosas memorables, pero la principal fue, curiosamente, una copa de vino.

 

Toda la ficción propia (relatos cortos, novelas por entregas, microrrelatos…) publicada en Universo de A está reunida aquí, en el Índice-Guía de Grandes Relatos.

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9 respuestas a Llegan los microrrelatos a Universo de A

  1. Pingback: Índice-Guía de Grandes relatos | Universo de A

  2. plared dijo:

    historias entrelazadas quizás….Veremos si es así. Cuidate

  3. La verdad es que no entiendo muy bien tu comentario… ¿de que hablas exactamente?

  4. plared dijo:

    Que de alguna manera, estos personajes deberían de juntarse. Historias entrelazadas….

  5. Umm, es que cada microrrelato se desarrolla en diferentes épocas… la cosa es un poco difícil.
    Pero tu idea es muy ingeniosa e interesante (quizás deberías escribir ficción tu también), reconozco que le he estado dando vueltas a como podría hacerse… y hacer un útimo microrrelato que lo cuminara.

  6. Anónimo dijo:

    me gustan,te metes de lleno yse acaban,es una pena que sean tan micro .

  7. Jajaja, reglas del género. Y estos son bastante extensos, los microrrelatos tienden a ser mucho más cortos, pero yo soy de escribir y escribir… jajaja

  8. Anónimo dijo:

    no son lo mio, pero estan entretenidos

  9. Me alegro de que te gusten, especialmente no siendo lo tuyo.

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