Relato corto: Travesti

     Bueno, bueno, la sección por excelencia vuelve a publicar y en este caso, una vez más, comedia, en este caso un divertido relato (cosa que prueba las distintas distinciones que recibió en su momento) donde el malentendido, la mala intención y el cotilleo (normalmente cualidades malas) se unen para formar un cóctel tremendo; en fin, descubridlo vosotros mismos:

Travesti

El poder de un cotilleo puede llegar a ser verdaderamente sorprendente, no importa si es verdad o mentira, lo que importa es el escándalo, incluso la víctima puede acabar creyéndoselo a fuerza de escucharlo (prueba de ello son las veces que me miré al espejo aquel año buscando lo que no había en mis partes nobles).

En realidad, todo comenzó cuando entré en la universidad, ya se sabe, una época y existencia nueva, en la que se empieza a vivir algo parecido a una vida independiente. Casi al comienzo de curso conocí a una chica de segundo por una asignatura que le había quedado, parecía que íbamos a ser buenas amigas, me fascinaba su experiencia universitaria, parecía conocerlo y entenderlo absolutamente todo, pero ella estaba más interesada en enseñarme otra experiencia que yo ni siquiera sospechaba, de la que vaya si entendía, y que no tenía nada que ver con el campus: era lesbiana.

Al principio, fue muy sutil e intentó convencerme de probara cosas nuevas y que la universidad está para experimentar (naturalmente yo pensaba que se estaba refiriendo a entrar en un grupo de teatro o en el club de experimentos de física), pero como pronto vio que yo la frenaba, acabó confesándome la verdad. Yo, naturalmente, no deseaba perder a la que se había convertido en mi gran apoyo en mi nueva vida y a la que realmente apreciaba, así que la rechacé amablemente, ella se lo tomó muy mal, y entonces empezó la pesadilla: difundió que yo era un travesti. Sí, tal como suena, empezó a contar por ahí que yo era un hombre disfrazado de mujer, y a pesar de que no tengo un físico masculino, es increíble lo que la gente puede llegar a creer cuando quiere.

Es sorprendente el poco tiempo que tardan en extenderse determinadas informaciones; así, aunque ninguno de mis compañeros me hubiera podido decir de que iba el trabajo que había que entregar dos días después (o tan siquiera para que asignatura era), o me hubiera podido contar cuando era la conferencia de un multipremiado y prestigioso artista de la cual había carteles por toda la facultad; en cambio, todo el campus podría señalar, sin posibilidad de equivocación o error, quien, por lo visto, se había descubierto recientemente que era un travesti.

Yo, que aún no sabía nada, veía que todo el mundo me miraba con atención, con unas caras de sorpresa que yo acabe por confundir con admiración, los veía rumorear, y de forma optimista decidí pensar que estaban diciendo:

”-¡Que clase, que estilo!, ¿has visto las botas que lleva hoy?, sucumbo en un delirio de admiración ante tanto glamour!”

Pero mi fantasía de ser la nueva protagonista de sexo en Nueva York o una Audrey Hepburn contemporánea desapareció cuando por fin oí lo que decían realmente:

“-¡Que estilo tiene para ser un travesti!, ¿como le cabrán las botas en los pies enormes que debe tener? cualquiera diría que es una chica de verdad, si es que en la universidad se ve de todo”.

Y entonces se explicaron muchas cosas: por ejemplo cuando le pedí para salir a un chico, no suelo ser tan lanzada, pero estaba tan interesada que fui y le dije:

-Hola, mira me gustas, y sé que tú me miras mucho –en realidad, todo el mundo me miraba, aunque como ya conté, lo interpreté de otra manera- así que, ¿por qué no salimos directamente y nos dejamos de tonterías?.

El chico me miró con una cara de terror que probablemente no hubiera sido muy distinta de la de si hubiera visto a los cuatro jinetes del Apocalipsis a la vuelta de la calle; yo pensé que era porque él creía que no estaba a mi altura, ya que por lo visto me había convertido en la chica más mirada y admirada de la facultad (o eso pensaba), así que le dije:

-Bueno, sé que tal vez creas que somos diferentes, pero no perdemos nada probando algo nuevo y rompiendo las normas sociales, ¿no?.

Llegado a este punto el chico sólo pudo articular un grito y salió corriendo, miré a sus amigos y también se sintieron espantados, así que salieron corriendo también “como impresiono a la gente” pensé.

Otra cosa extraña fue cuando vinieron los de la asociación gay universitaria a pedirme que entrara en sus filas (en aquel momento yo creí que era porque había andado con aquella chica):

-No soy lesbiana –respondí, pensando que era la venganza de aquella chica de la que ni siquiera podía imaginarme hasta donde había llegado.

-Ya lo sabemos -dijeron ellos.

-¿Y entonces porque hablamos? –dije confundida.

-Oye, sabemos que eres toda una mujer.

-Si ya lo sé –dije asombrada en aquel momento, pero pronto, aquella conversación, en apariencia de besugos tomaría un gran sentido.

Además, el comportamiento de todo el mundo varió mágicamente, tanto de los profesores como de los alumnos, o ni se querían acercar o usaban una cortesía desmedida, con lo cual yo acababa de los nervios, y por más que me esforzaba en negar mi supuesto travestismo eso sólo parecía afianzarlo más, por ejemplo cuando en el baño se me acercaron unas chicas todas emocionadas y sucedió lo siguiente:

-Perdona, –me decían- tenemos mucha curiosidad, sigues conservando… bueno, ya sabes.

-No soy un travesti –dije con hastío.

-Claro que no, claro que no, ahora eres una mujer -dijeron concesivas.

-Siempre he sido una mujer -dije con naturalidad, aquel tema se había vuelto tan habitual en mi vida como ir en bus.

-Interiormente, claro, pero nacer has nacido como hombre -dijeron con tono de recriminación.

-¡No soy un travesti! -grité exasperada.

-En nosotras puedes confiar, estás entre amigas -respondieron ante mi salida de tono de forma conciliadora.

-¡Pero si os acabo de conocer! y si sois mis amigas sabréis que ¡no soy un travesti! -grité ya fuera de mi.

-Fíjate con que voz grita, le ha salido el hombre que lleva dentro, cuanto más se empeña en negarlo más se nota que es un travesti.

-Bueno, pues soy un travesti -dije ya aburrida.

-¿Lo ves? –gritaron triunfantes- ¡lo ha admitido!, ¡vamos a contárselo a todos! -y acto seguido salieron del baño corriendo a difundir la noticia que ellas mismas habían creado descaradamente.

La situación llegó a unos límites, que, empezaba a mirar a los lados continuamente, la más mínima mirada, el más mínimo rumor me ponía totalmente histérica, y, en medio de una clase, no pudiendo soportarlo más, yo, ya totalmente paranoica grité a pleno pulmón:

-¡¡¡no soy un travesti!!!.

La clase se quedó en un silencio que algunos dijeron que hacía siglos que no se veía (de hecho está documentado, la universidad es muy antigua), el profesor también, durante varios minutos fue como si el tiempo se hubiera detenido totalmente, y cuando el ambiente ya era demasiado tenso para que nadie pudiera decir nada adecuado, el desesperado profesor dijo rápidamente:

-¿Alguna pregunta más?.

Nadie se atrevió a decir nada, con lo cual él se dio la vuelta y escribió nerviosamente en el encerado (cosa que nunca hacía) continuando rápidamente con la clase mientras yo salía por la puerta sin saber muy bien que pensar.

Fue entonces cuando me di cuenta de que no serviría de nada negarme a ser un travesti (a pesar de las veces que comprobé íntimamente que no lo soy), así que decidí afrontar esa nueva vida, al fin y al cabo, no me quedaba otra, la opción de cambiarme de universidad no era viable hasta el curso siguiente.

Pero lo que parecía una tragedia resultó ser una ventaja según transcurrió el tiempo: todo el que se enfrenta a mi es acusado de homófobo y nadie oficial me niega nada (y si lo hace me pongo a gritar “¿es qué lo haces porque soy un travesti?, ¡¡¡discriminacioooón!!!, ¡te voy a denunciar!”, y aunque sólo sea por evitar la incomodidad, hacen lo que quiero), muy probablemente aceptaré ser la nueva presidenta de la asociacion gay universitaria (¡fui elegida por unanimidad!, ¡y me explicaron que me eligieron debido a mi orgullo y fuerte lucha por proclamar quien era a pesar de lo que pensaran los demás!), por si fuera poco, creo que incluso voy a conseguir una subvención, además, todo esto tiene también la ventaja de que ya no tengo que preocuparme del aspecto que tengo (lo cual es muy cómodo)… así que, tras dos años así, creo que seguiré siendo un travesti, al menos por un tiempo.

Toda la ficción propia (relatos cortos, novelas por entregas, microrelatos…) publicada en Universo de A está reunida aquí, en el Índice-Guía de Grandes Relatos.

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