Crítica exprés: Manual de resistencia

Teniendo en cuenta el carácter de esta obra, y las pasiones políticas que la rodean (a favor o contrarias), creo que es necesario dejar claro de qué voy antes de empezar, para que se sepa a quién se está leyendo: soy apolítico y apartidista pero un convencido demócrata monárquico; para más detalles, ruego léase mi sección “Noticias y política”.

Respecto a lo que yo pienso personalmente de Pedro Sánchez… pues ni fu ni fa. La verdad es que suele desconcertarme: tanto sale con medidas muy acertadas (aumento del salario mínimo, elección de técnicos independientes como ministros en vez de devolución de favores políticos en esos puestos) como con otras de clara distracción política (inhumación del general Franco) y ridículas (petición de revisión del castellano a la RAE para hacerlo más inclusivo); tanto coincido al máximo con él, como pienso todo lo contrario (con el libro y muchas de sus reflexiones me ha pasado lo mismo); tanto se muestra muy lógico, como se pone en plan radical… quizás eso hace que no me acabe de resultar fiable, porque nunca sabes o esperas como o por dónde va a acabar la cosa. Cierto es, por romper una lanza en su favor, que nunca o casi nunca ha podido gobernar totalmente en solitario o a su manera y siempre ha dependido de otros y de pactos varios para ello

En cualquier caso, normalmente, si esto fuera una crítica completa y no exprés, debajo del título pondría el nombre y una foto del autor… pero menos mal que no se me da el caso ya que me generaría conflicto el qué poner (quizás esa haya sido una de las razones para hacerla en este formato), y es que, una de las polémicas que levantó este libro fue precisamente sobre la autoría… teniendo en cuenta que el presidente Sánchez ya está bajo sospecha pública por el supuesto plagio de su tesis doctoral (lo que ha llevado a sus contrarios a llamarlo continuamente, en modo irónico, “doctor Sánchez”), pues el escándalo estaba servido… aunque no hacía falta, porque sobre este libro no hay duda posible: Pedro Sánchez no escribió “Manual de resistencia”. Esto no es una teoría, una deducción o una opinión personal, es un hecho que él mismo confirma, cito textualmente del propio libro: “Este  libro  es  fruto  de  largas  horas  de  conversación  con  Irene  Lozano, escritora,  pensadora,  política  y  amiga.  Ella  les  dio  forma  literaria  a  las grabaciones,  prestándome  una  ayuda  decisiva.  Sirvan  estas  líneas  de agradecimiento”, es decir, traducción: “les dio forma literaria / prestándome una ayuda decisiva” = me lo escribió , “largas horas de conversación / grabaciones” = no escribí ni una sola línea, o con suerte sólo este agradecimiento.

Muy cierto es que los que cargaron contra el libro lo decían como si hubieran realizado un largo y complejo trabajo de investigación periodística (y como no, surgieron comentarios de lo más ingenioso e irónico en Twitter, a mí me divirtió especialmente este: <<Todo apunta a que el libro del presidente no lo ha escrito un “negro”, sino más bien una “negra“. Otro éxito de las políticas no sexistas de la administración Sánchez>>), cuando el asunto, aún mezclado entre muchas líneas y agradecimientos, la verdad es que no estaba oculto a nadie….

Otra cuestión sería, y eso ya da para un debate mucho más interesante, si tal y como se hizo resultó ético o no; quiero decir, es incuestionable que en la portada del libro aparece muy en grande el nombre del presidente del gobierno y que no hay rastro del de su autora, ni referencia alguna a que toda la obra no ha sido sino una escritura fantasma… pero ahí nos metemos en otro debate distinto, que tiene menos que ver con la política y más con la industria editorial y unos medios que, aunque antiguos e históricos (están documentados hasta con el gran Alejandro Dumas padre), difícilmente se podrían o deberían considerar lícitos o siquiera legales… ¿a qué me refiero? pues a que la figura del negro literario es de lo más frecuente y habitual en los casos de memorias y autobiografías de personajes públicos… y es lógico (aunque injusto), el nombre del autor no vende, sólo el de aquel sobre el que se escribe, y el libro gana mucho más si parece que lo escribe este último… es una decisión de editorial comercial en toda regla.

Pongamos un ejemplo más claro: imaginemos que Doña Sofía, la actual Reina madre de España, hubiese aceptado firmar como autora o decir que había escrito alguna de las biografías que publicó Pilar Urbano sobre ella, y que esta última hubiese aceptado escribirlas en primera persona, es decir, a modo de autobiografía o memorias, y que su nombre no apareciese, o sólo lo hiciese, discretamente, como un mero agradecimiento… hablemos claro, ¿no sería un boom editorial?, ¿no lo sería mucho más incluso de lo que fue por haber sido escritas por una conocida periodista? imagínate: una autobiografía escrita de puño y letra por una reina en pleno ejercicio del cargo… tiene hasta un valor inédito e histórico innegable. Otra cosa es que la Casa Real española se lo pueda permitir o quiera eso… de hecho, de la segunda parte se quiso distanciar debido a ciertas polémicas. Y si pensamos en otros casos similares, como en la biografía que Donald Spoto compuso sobre Gracia Kelly de Mónaco, esta le pidió que la obra no fuese publicada, por lo menos, hasta después de 50 años de su muerte….

Así pues, es fácil concluir, que el hecho de ocultar la auténtica autoría, no es algo de lo que haya que culpar tanto al presidente Sánchez (que además, creo que renunció a sus derechos de autor en favor de una buena causa) como a la industria editorial… aunque tampoco se pueda o deba exonerar totalmente a un socialista de entrar en ese juego de lo comercial y capitalista o del desprecio a los derechos de autor.

Con todo, y ya que he reflexionado largamente sobre la cuestión de la autoría, yo no creo ni siquiera que haya una sola autora, básicamente, porque el texto parece cambiar de estilo según los capítulos: estoy convencido de que hubo, por lo menos, tres o cuatro autores. Y ya no sólo por una cuestión tan subjetiva y difícil de analizar como el estilo, sino por el hecho de que hay contradicciones, repeticiones continuas e innecesarias que se podían ahorrar con una leve referencia a algo ya dicho anteriormente (pero da hasta la impresión de que los diferentes autores no sabían o no revisaban lo que escribía el otro), tonos muy cambiantes (si damos por hecho que Pedro Sánchez es como refleja su libro, roza la bipolaridad, pasa de la humildad a la megalomanía de un modo asombroso), referencias culturales extrañamente inconexas, una estructura absolutamente caótica a pesar de pretender ir en orden cronológico… etc.

Hablando claro, si el libro lo escribió una sola persona, esta es una pésima escritora que no tiene ni idea ni de cómo estructurar un texto o siquiera ordenar correctamente la información de la que dispone; bien se puede entender que es muy difícil organizar todo un libro a través de horas y horas de conversación, y más sabiendo que los diálogos o la forma de hablar nunca está estructurada y ordenada (dentro de lo que cabe, un político está muy entrenado para ello), ¡pero es que en eso precisamente es en lo que consiste el trabajo de escribir esta obra!.

Yo me atrevería a decir que a cada uno de mis supuestos e hipotéticos autores se le otorgaba la misión de escribir determinados capítulos de la vida (y del libro) de Sánchez y al final se unió todo el plan Frankestein, sin apenas revisión global, lo que explicaría la escasa cohesión y coordinación interior del texto. Si no es así, francamente, no se entiende su falta de calidad literaria.

Como supongo que la gran mayoría, conocí este libro debido a todas las polémicas que levantó (algunas ya comentadas), y, como tantos otros, lo tuve en tiempo record en mi poder… por medios no convencionales (y, la verdad, sin esfuerzo alguno por mi parte).

Pero la pregunta aquí es, ¿por qué le iba a atraer este libro a una persona como yo, poco o nada interesada en política y que sólo sabe de ella como de la canción de verano, es decir, exclusivamente porque está ahí y le rodea inevitablemente? evidentemente, yo no iba a buscar en este libro lo que su público objetivo.

Lo que me atrajo, es que, como curioso nato que soy, tenía ganas de profundizar en los interiores de la política española, y los que forman parte de ella, sabía que no podía esperar sinceridad (al fin y al cabo, ya comentaba Groucho Marx que sólo muerto puedes escribir una autobiografía sincera) y que debería leer entre líneas todo el rato, pero algo imaginaba que se podría sacar… había decidido plantearme este libro como quién lee una novela sobre luchas de poder o intriga política (y ya dijo Stefan Zweig que cuando la historia se pone creativa, los autores de ficción ya pueden apartarse)… sin mencionar el morbo que siempre tiene leer cosas más íntimas sobre los grandes personajes históricos o públicos….

Y para qué mentir, también lo quería leer porque creía que me serviría además para echarme unas risas… y es que cuando salieron los pasajes, ya famosos, del colchón monclovita (y con C’s diciéndole que lo fuese empacando), pensé que la cosa podía ser divertida y que habrían cometido el error de escribir un libro lleno de chorradas sólo por vender o a modo de promoción. Y aunque no fuera así, una mente nada sectaria como yo, encontraría cómica la cualidad opuesta. Así que me animé a la lectura.

En todo caso, ya tenía otros libros prioritarios primero y asignado cuando leerlos en mi lista y calendario personal de lectura, así que lo aparté momentáneamente, a pesar de que sabía que cuando publicara esta crítica ya dejaría de ser el libro de moda, pero ello no me importaba tanto como leerlo como es debido… en fin, lo terminé hace poco, y, la verdad, a pesar del retraso, me alegro de que haya sido así. En parte lo hice también por eso, pues sabía que un libro tan de actualidad, tan del momento, leído a posteriori gana en interés histórico y perspectiva… y aún ganará más cuando se acabe el tiempo de Pedro Sánchez en el gobierno, puesto que el libro está lleno de las ideas con las que ha llegado a este y, el tiempo dirá con qué intenciones vino y que rumbo tomó después… porque lo cierto es que ha dejado un testimonio imborrable y muy extenso de ello: un libro de cientos de páginas no es una vacua promesa electoral formulada espontaneamente en un mitin (y esto es especialmente significativo porque, si recordamos, el libro salió muy poco antes de una campaña electoral, siendo, directa o indirectamente, una descarada avanzadilla de esta).

En fin, termino el comentario previo y paso a la crítica:

 

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-Manual de resistencia: si hubiera un quinto evangelio, sin duda alguna, tendría que ser “Manual de resistencia”; si el socialismo tuviera una Biblia, para algunos, este libro tendría que entrar en el canon con todos los honores, y si el denominado “Sanchismo” (más por sus opositores que por sus seguidores) tiene una sagrada escritura, no hay duda, esta es.

Lo anterior no son unas palabras hiperbólicas o una metáfora excesiva; porque Sánchez, en el libro, al igual que Jesucristo (bueno, no al igual, porque este según el evangelio que le retratase tenía bastantes malas pulgas, además de que todo era andar combatiendo demonios como si aquello fuese “Embrujadas”… umm, tal vez es un precedente de la serie…) es la encarnación de la bondad, un ser puro, carente de malas intenciones, pleno de ideales, cuyos actos son siempre justificables, y al que, sin embargo y a pesar de tanta benignidad (o tal vez precisamente por ella) acosan malvados y fariseos que, contumaces, buscan su destrucción… y por extensión la destrucción del bien, de España, Europa y del mundo entero si me apuras (cita en muchas ocasiones a sus colegas internacionales y lo pendientes que estaban de su situación)… sí, tal cual, como si la vida fuesen dibujos animados. De él, y sólo de él, depende nuestra salvación eterna, sólo de él como representante del socialismo en la tierra, se puede obtener la gracia y redención definitivas….

Y es que Pedro Sánchez se pone de lo más providencialista en su libro, como si fuese un elegido o algo así, y en general muestra muy poca humildad y más bien megalomanía: todo lo ha hecho él o lo ha conseguido él por primera vez, dónde los demás cayeron, el triunfó; pero a la vez, también aporta las directrices e intenciones de su gobierno, estableciendo así una especie de sacra alianza con todo y con todos, cual antiguo testamento bíblico.

En cualquier caso, si cambiáramos la analogía, bien podríamos decir que, la historia del cine sería muy diferente si este libro se hubiese publicado antes de que Frank Capra hubiese rodado “Caballero sin espada”, y es que el original “Mr Smith goes to Washington” no le hubiese costado convertirse en “Mr Sánchez goes to Moncloa”, porque si crees que el personaje de James Stewart en el clásico filme es bueno, honesto, lucha por sus ideales y todo lo que es justo en este mundo (¡Dios bendiga américa!)… en realidad es un simple aficionado y un inútil en comparación con Sánchez. Capra, si hubiese leído el libro, no hubiese dudado ni por un momento en cambiar todo el guión, y hasta al actor principal para que encajase con la notoria belleza física de nuestro presidente.

Reconozco que esas fueron las partes del libro que me hicieron más gracia, porque la verdad, a parte de lo del colchón, no hay muchas más anécdotas chorras (y todas se quedan en el primer capítulo), solamente que su primera negociación como presidente del gobierno fue alcanzar el consenso con sus hijas para mudarse a la Moncloa.

Pero a veces llega a resultar tan exagerado, tan sectario, tan unilateral, tan falto de visión… que uno se pregunta si él pensó en que, a parte de sus fanáticos, alguien más podría leer el libro… pero como digo, y comenté arriba, la cosa va por fragmentos (de ahí lo inconsistente del libro: en unos capítulos está en plan providencialista; en otros se muestra más racional, didáctico y explicativo; y en algunas líneas hasta muestra algún asomo de humildad).

Por otro lado, para ser honestos, muchas autobiografías suelen pecar de egolatría, aunque no todas, que conste (sin ir más lejos, el director de cine antes mencionado, publicó una extensa titulada “Frank Capra, el nombre antes del título” dónde acusaba un importante nivel de vanidad… no así por ejemplo Groucho Marx en los distintos libros autobiográficos que escribió, aunque bien cierto es que este tenía el arma del humor y que mentía más que hablaba…). Quizás también va un poco con el género, al fin y al cabo, lo que se espera es que uno escriba sobre uno mismo y sobre sus supuestos logros importantes. No obstante, lo dicho, algo de modestia y humildad no están de más de cara a encarar estas cuestiones.

Por lo demás, el libro cuenta de forma, extremadamente desordenada (puede resultar lioso e incluso llegas a desubicarte cronológicamente), y con algunos breves flashbacks intermedios, el ascenso-caída-ascenso-caída de Sánchez. Es notorio y extraño como abunda en algunas cosas y otras en cambio, las pasa muy por encima… hasta el punto de que si fuera un personaje de ficción, no tendría consistencia, porque, ¿cómo se explica, por ejemplo, que un descendiente de abuelos pescadores analfabetos, padres iletrados que hicieron la universidad trabajando, y todos de clase obrera de topicazo a más no poder, pueda acceder a unas prácticas laborales tan ventajosas y en instituciones internacionales a tan corta edad? un misterio.

Aunque, curiosamente, si con sus ascendientes trata de justificarse como de clase obrera, en cambio, su familia actual es paradigma de lo conservador: mujer e hijas perfectas de postal. Y todos bien avenidos con toda la familia: relación maravillosa con los padres, apoyo incondicional de todos a su obsesión con el trabajo (llega a reconocer que su familia no le veía… aunque bueno, suponemos que sabían cuál era el costo del trabajo del cabeza de familia).

Aunque si profundizamos en la analogía de lo conservador, bien podemos sacarla también en su libro, en el que recuerda a los héroes patriótico-hispánicos por excelencia: el Cid y don Quijote (el primero por ser el pobre hombre que sufre injusticias para luego ser resarcido; y el segundo como aquel que lucha por los buenos ideales para sólo recibir palos)… así de tremendo es “Manual de resistencia”.

El libro es, en cualquier caso, y fuera de bromas, una gran proclama política, un mitin de cientos de páginas, una carta de propaganda política muy larga, un panfleto de su modo de entender el gobierno y también una autojustificación continua (no para de desmentir cosas y de abundar en cotilleos que todos hemos oído… curiosamente, ni menciona el famoso avión, que tanto dio de sí en la campaña electoral con métodos de lo más ingeniosos -aunque rozando la ilegalidad electoral- como cuando el PP abrió una falsa oficina de “Falcon viajes” -referencia a la histórica agencia Halcón Viajes-, justo al lado de la sede socialista, bajo el lema “Viaja Sánchez, pagamos todos” sin mencionar los divertidos memes twitteros con fotos de Sánchez en el avión y el texto “se me ha pasado la legislatura volando”… etc).

Y luego hay cosas en las que directamente, miente con descaro sobre hechos que todos hemos visto con claridad y que resultan muy pero que muy difíciles de negar, o les da una interpretación rocambolesca muy poco creíble o una explicación nada verosímil que sólo suena a intento de justificación desesperado.

Por supuesto, no hay ni el más mínimo atisbo, o siquiera intento, de neutralidad o de objetividad, aunque sólo sea para quedar bien o disimular. Sí hay, lógico en un político, prudencia y cautela en determinados juicios, aunque las reflexiones, son en general, totalmente electorales y las esperables o imaginables de un profesional de su color político, es decir: muy calculadas muy poco naturales y muy de discurso aprendido. Es cierto que por momentos te llega a convencer de su idealismo y de su fe en lo que hace, pero a continuación lo exagera tanto que pierde credibilidad.

Con todo, yo saqué cosas interesantes de la obra, ya lo dice Cervantes en su segunda parte de “Don Quijote”: “no hay libro por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena”; pero, ya advierto que, para sacarlas, hay que dedicarse a leer todo el libro entre líneas… tampoco se podía esperar menos de un político (cuando tuve que tratar con ellos profesionalmente, su retórica encubridora siempre me ponía de los nervios).

Así, sí que es muy interesante examinar las luchas de poder, no sólo entre los partidos sino dentro de estos mismos (y conocer algunos detalles interiores que no todos sabíamos); aunque, probablemente, lo que más me llamó la atención, fue hasta que punto las relaciones personales pueden condicionar el curso de la política e incluso del estado… cierto, estamos acostumbrados a saber de figuras históricas cuyas vidas personales condujeron a esto o a lo otro a millones de personas, pero parece que nos queda muy lejos; la verdad es que tendemos a despersonalizar a las figuras públicas actuales (especialmente las personas de tendencia mitómana como yo), como si no tuviesen sus simpatías y antipatías y sólo se moviesen por intereses superiores cuales dioses; y quizás aún más en democracia, dónde parece que todo depende de muchos y no sólo de un único individuo… pero no, si algo ilustra muy bien el libro de Sánchez (aunque sea involuntariamente) es que los políticos son tremenda, terriblemente humanos, y que una tontería personal (un gesto, quizás no premeditado o un detalle no necesariamente intencionado… esas pequeñas tonterías que en la vida diaria de cualquiera, con suerte, pueden costar sólo una frialdad de unos pocos días… pero que en la vida de ellos todo se ve magnificado) puede hundir pactos y posibilidades de futuro durante mucho tiempo… y es que la política la hacen personas, no dioses… así que no son mejores que nosotros. Pero la verdad, es que se retrata muy bien lo que es la vida de un personaje público, tanto en sus cosas buenas como sus sinsabores. Estes son, en mi opinión, los puntos más resaltables y que más merecen la pena del libro.

Y ahora hablaré de otra de las cosas que más ganas tenía yo de leer en este libro: sus opiniones sobre sus conocidos, que dado que son figuras públicas, nos acerca más a una visión personal de estas (y más tratándose de algo escrito en primera persona)… esperaba algo más de cortesía profesional, pero lo cierto es que Sánchez se suelta bastante, conservando, por supuesto, la prudencia para evitar una denuncia… en realidad, de su propio partido no habla mal de nadie realmente, siempre que quiere referirse a algo malo que pasó o que le hicieron, es un ente quien le ataca: la junta, la gestora, los barones… etc, nunca o casi nunca es una persona concreta. El chico compra en Mediamarkt, así que no es tonto y no quiere enemigos internos.

Fuera de bromas, afortunadamente, sí menciona algunos cuantos nombres importantes (fuera de su partido, por supuesto) y vierte ciertas impresiones sobre ellos, recojo aquí los que considero más principales:

-S.M. el Rey don Felipe VI: esta es una de las cosas que me hace considerar más la teoría de varias autorías, porque tanto pasa de puntillas por la Proclamación Real (le dedica una línea como si sólo hubiesen pasado acta en el congreso), como se extiende en su intimidad y amistad con don Felipe. A la Corona, como institución, la trata con la habitual ambigüedad y ambivalencia del PSOE, que vendría a resumirse en “está ahí y no molesta” y que han llegado a calificar de simple “respeto institucional”. También en el terreno literario, pues, aunque se expresa siempre con respeto acerca del monarca, lo cierto es que nunca pone la palabra “Rey” con mayúscula (mientras que “congreso” sí), y nunca le otorga el tratamiento de “Don” o “Majestad” (aunque en un diálogo aparece el tratamiento de “Señor”). Así, Pedro Sánchez tanto trata de contentar a aquellos que no están a favor de la institución, como a los que sí. Sin embargo, es importante decir que queda aceptablemente clara la utilidad de la monarquía en nuestro sistema y lo clave que fue en determinados periodos recientes de nuestra historia (sobre ello, publiqué en su momento un artículo)

-Mariano Rajoy: en una de sus largas peroratas acerca de la importancia del diálogo en la política, sentando cátedra acerca de lo que él hace bien y los demás no, Sánchez asegura que él se ha sentado muchas veces a hablar con Rajoy. No me lo creo, simplemente no me lo creo. Para empezar por cómo se expresa acerca de él: es el único de todos los políticos del cual nunca utiliza el nombre propio, sólo el apellido; y luego por otras anécdotas personales como si este tiene o no su teléfono, lo que demuestra que entre ellos ha habido poca o nula comunicación.

Por lo demás, Rajoy queda en el libro como un inepto, pero sobre todo como un débil e inapetente político… nada que no se corresponda con su imagen pública (lo que demuestra, también en mi opinión, lo poco que ha dialogado con él. Francamente, pese a que es fácil ver en Rajoy a un pánfilo, yo siempre he pensado que en el fondo debe de ser un ser verdaderamente maquiavélico… al fin y al cabo, no se llega a ser el secretario de un partido y presidente del gobierno por inocencia o casualidad… y menos con el bagaje procesal que está arrastrando últimamente el Partido Popular). Como personaje en el libro, se trata del viejo enemigo, pero uno secundario, sólo el tradicional, en horas bajas.

Por supuesto el PP es el pudridero de lo corrupto y los socialistas les hacen un favor gobernando para que puedan regenerarse (esta última frase sale, casi literal, en el libro). En cualquier caso, son la encarnación del mal en la tierra; hacer un pacto con ellos no es muy diferente de hacerlo con el diablo. Pablo Casado aparece muy de refilón, y sólo para decir que es el sucesor de más de lo mismo….

-Pablo Iglesias: la imagen que da de él el libro corresponde con lo que vemos la mayoría en él: un ser lleno de soberbia, megalómano, ególatra, prepotente, narcisista… vamos, el típico profesor universitario en toda regla… con los humos (¡incluso más!) subidos. Es de los que peor queda pues resulta de lo más desagradable y cerrado de mente.

Podemos por su parte queda como un partido de inexpertos y de gente muy pero que muy perdida, que no sabrían que hacer con el poder si lo tuvieran, y como unos niñatos en general.

-Albert Rivera: tampoco sale bien parado, pero posiblemente, es el personaje más interesante: Sánchez lo hace ver (siempre muy subrepticiamente, como digo, hay que leer entre líneas), como un ser ladino, maquiavélico, calculador, cínico incluso… una serpiente peligrosa que nunca se sabe por dónde va a salir. Si el libro fuera una novela, sin duda sería el personaje que daría más juego, giros narrativos inesperados y que haría la traición más climática en el momento cumbre.

Ciudadanos, para Sánchez no son sino un PP 2.0 con menos bagaje. De hecho, a Inés Arrimadas se la acusa de hacer lo mismo que Rajoy: nada.

-Alberto Garzón: sólo se le menciona dos veces en el libro, la primera es para decir que Albert Rivera empezó a vivir en Madrid en su mismo bloque de apartamentos… y teniendo en cuenta los gustos inmobiliarios del líder de ciudadanos, dudo mucho que fuera una barriada obrera… supongo que también, como con su boda y luna de miel, envidia de Casas Reales, el líder de Izquierda Unida piensa que así es vivir “como todos los españoles”; lo que demuestra, como es habitual, lo muy alejado que está del electorado al que asegura (más bien finge) defender… pero bueno, supongo que él pensará que de algo hay que vivir.

La segunda vez que se le menciona es para comentar lo proteccionista que es con la marca de su partido… aunque todos sabemos que es casi imposible disasociarlo con Podemos y que ha acabado subordinado a este, por más que lo nieguen de palabra (que no de hechos e ideas).

-Santiago Abascal: no aparece. Sí aparece como personaje del relato el riesgo a una creciente extrema derecha, desafío al que habrá que enfrentarse… como si estuviésemos ante el comienzo de una saga literaria… ¿tendrá “Manual de resistencia” secuela? (estoy bromeando con esto, pero, aunque la hubiera, dudo mucho que la lea).

En fin, ¿digo lo que pienso?, creo que el editor de este libro hubiera podido conseguir una auténtica obra maestra si les hubiera encargado al resto de los políticos de los principales partidos exactamente lo mismo, que retratasen según sus perspectivas el mismo periodo y hechos históricos; además, se conseguiría todo un espejo de la política española contemporánea, e incluso del país, reuniendo todas las versiones en un mismo volumen; lo que beneficiaría al lector, pues, como dicen muchos: “leo un periódico, leo otro, leo un tercero… y así espero enterarme de la mitad de la noticia”… pero, sólo tenemos la versión de Pedro Sánchez, con todo, algo es algo, y siempre es menos que nada y, por tanto resulta interesante.

Entonces, ¿recomendable? supongo que sí, para quien esté interesado en la actualidad de la política española o quien sea fiel seguidor del PSOE y de su actual secretario general… el resto, no creo que le encuentren mayor interés a este libro, la verdad sea dicha.

 

No quiero finalizar, pero ya fuera de la crítica, sin dejar aquí algunas frases del libro que me gustaron. Esta es una costumbre que tengo desde hace años con la mayoría de los libros que leo (y películas, series…), anotar las citas que más me llaman la atención; siempre pueden ser una inspiración (de todos modos, el libro está plagado de citas ilustres que también merecen la pena)… en fin, procedo a ello:

“Todo ha adquirido una velocidad inusitada que a menudo desafía hasta a las personas más amantes del cambio. Nuestra época se caracteriza por esa aceleración de los tiempos en todos los campos. Desde  luego  en  el  terreno  de  la  información:  ahora  estamos  informados instantáneamente, o al  menos, enterados, que  no es lo  mismo. Esos tiempos informativos  están  estrechamente  ligados  a  los  de  la  política  y,  a  su  vez,  la aceleran  también.  Todo  está  determinado  por  esa  velocidad,  todo  emerge rápido  y  se  sumerge  de  nuevo  con  premura”

“En  estos  tiempos  de fake news, en los que el chisme se confunde con la noticia, y la charlatanería con lo relevante.”

“Los  refugiados,  esas  personas  que,  como  dijo Hannah Arendt, son apenas nada más que seres humanos. Las vidas de esas personas  nos  muestran  cuán  fácilmente  cualquiera  de  nosotros  podemos perder  nuestro  trabajo,  nuestro  país,  nuestros  seres  queridos  y  los  derechos más  elementales.  No  ser  nada  más  que  seres  humanos  supone  una vulnerabilidad  extrema  y  lo  cierto  es  que  ver  a  los  refugiados  de  cerca, conocerlos,  tratarlos,  no  importa  cuál  sea  su  origen,  te  pone  ante  los  ojos  la esencia  misma  de  la  humanidad,  la  suya  y  la  tuya”

“Al final, la realidad es que uno hace lo que debe y no lo que quiere”

“Para muchos ciudadanos votar en democracia significa un simple cambio de capitán y tripulación, pero sin un verdadero cambio de rumbo y sin planteamientos nuevos.”

“Quedaron anclados en la protesta,  sin  pasar  a  la  propuesta.  Finalmente  se  ha  acompasado  el  paso. Nuestro  gran  acierto  ha  sido  plantear  como  elemento  central  la  reforma. España  quiere  —y  necesita—  reformas,  no  rupturas”

“Si tú haces lo que crees que debes hacer en cada momento, podrás no obtener el mejor resultado —de hecho,  así  ocurre  en  política—,  pero  habrás  cumplido  contigo  mismo  y  con tus conciudadanos. Como dicen mis hijas, a veces no ganan los buenos”

“Tampoco lo palpaba en la calle; al contrario, todos los comentarios que recibía me indicaban que no iba a ser así, aunque, claro, esto era hacer sociología de cuñado”

“Realmente hay una identificación dañina e interesada en la política española, consistente en equiparar el simple hablar con el diálogo; el diálogo con la negociación, y la negociación con la concesión. De manera que cuando dos dirigentes políticos hablan, ya estamos en puertas de una claudicación”

“Si solo te sientas con quienes ya estás de acuerdo, mantienes una conversación, no una negociación”

“Jamás  como  entonces  ha  habido  en  nuestro país una escisión tan enorme entre la opinión pública y la opinión publicada”

“Sin embargo, cuando hablamos de cambiar la sociedad —algo que ahora dice  mucha  gente,  parece  estar  de  moda  afirmar  que  hay  que  cambiar  el mundo—, yo pienso «muy bien, pero ¿hacia dónde?». Tengo un sentimiento muy  marcado  de  justicia  social,  y  por  eso  me  identifico  con  la socialdemocracia.  No  quiero  cambiar  por  cambiar,  sino  cambiar  para combatir  las  injusticias”

“—¿Y si pierdo?

—Hay batallas que hay que darlas, aun a riesgo de perderlas.

Tenía razón. No se trataba de mí, sino de todas las personas que estaban detrás”

“Lo cual demuestra que, cuando tienes movilizada la energía de la gente, puedes hacer muchas más cosas con menos dinero”

“Su  error  fue  pensar  que  era  imposible. O  tal  vez  nuestro acierto fue hacer posible lo imposible.”

“Gobernar  significa  muy  a  menudo  elegir  la  opción  menos  mala”

“No dejemos que  el  no  lograr  lo  mejor  nos  impida  lograr  lo  bueno”

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