Crítica exprés: J. K. Rowling después de la saga Harry Potter

Este blog es algo curioso, aunque yo nunca haya querido que fuera así, lo cierto es que no todas las secciones se han desarrollado por igual, y casi involuntariamente, ha habido siempre unas preferentes, o al menos, unas en las que la publicación estaba asegurada sin que pudiera mediar la más mínima excusa de pereza.

Muy desgraciadamente, esta de “Libros”, no ha sido el caso; para ella siempre funcionaba la disculpa del “ya se hará, hay tiempo, si total no hay prisa…” o la de “si redacto acerca de todo lo que hago, tendré que dejar de hacer cosas porque ya sólo podré escribir”.

Todo ello, muy al contrario que para otras secciones más afortunadas como “Películas” o “Teatro”, que tienen garantizada una publicación por cada vez que vaya a uno de estos espectáculos (con excepciones, por supuesto, no escribo acerca de todas las películas que veo porque si no, no acabaría nunca; así, no escribo sobre todo lo que pueda ver en televisión o en formato doméstico, pero sí lo que vea en las salas… del mismo modo, en lo que respecta al teatro, casi sólo publico lo que veo en Madrid, con alguna rara excepción).

Sea como sea, y volviendo al tema, lo cierto es que muy rara vez termino una lectura y voy a escribir un borrador de crítica. Ahora, aunque me ha costado, y he tenido que mantener esa idea como inapelable varios días en mi cabeza (porque creedme, tengo un montón de borradores de artículos pendientes de escribir que a veces me pregunto si algún día verán la luz), al fin he conseguido llevarla a cabo, ponerme a ello… y una vez empiezo algo en serio, muy rara vez lo dejo sin terminar.

Finalizar este tema, añadiendo que otra de las cosas que siempre me ha dado rabia de esta sección es su cierta irregularidad: se juntan críticas de grandes clásicos junto a las de otros libros irrelevantes, además de los típicos superventas… aunque supongo, por otra parte, que esto también tiene algo de bueno, pues en la variedad está el gusto, y siempre es bueno ofrecer todo tipo de posibilidades de lectura.

Pero dirigiéndonos al tema de este artículo, no voy a extenderme acerca de lo que pienso sobre J. K. Rowling, y su carrera, anterior y posterior a la saga Harry Potter, puesto que considero que ya lo hice abundantemente en la crítica en la que abordé, entre otras cosas, el tema de su primer guión cinematográfico.

En cualquier caso, sí quiero decir que, al igual que me pasó con el actor protagonista de la saga del mago inglés; sí quería ver, y tenía mucha curiosidad por comprobar como se manejaba la escritora fuera de ese ambiente mágico que le había dado tanto éxito y en otros menesteres. Tardé tiempo en conseguirlo y ponerme a ello, pero lo hice, y este artículo ha sido el fruto de mis desvelos.

Por supuesto, no he leído todos los libros que ha publicado a posteriori de su famosa saga, ni ganas que tengo, mi curiosidad ha sido sobradamente satisfecha con lo que ya he visto (en cualquier caso, para más detalles sobre ello, ruego que se consulte esta otra crítica),  la razón de ello, la podéis leer en las conclusiones que saco más abajo.

En fin, comenzamos, las publicaciones de Rowling que he leído a posteriori de Harry Potter han sido:

 

Como curiosidad, antes de nada, comentar que este libro es editado por Salamandra (como todos los de la autora, que yo sepa), la misma empresa que ha hecho lo propio con las novelas… y que en ningún otro caso se les hubiera ocurrido publicar teatro. Hay que ver cómo tira el dinero y que poco tira el arte.

Tampoco está de más aclarar que la edición española es la de los ensayos de la obra, y por tanto no la versión definitiva (es decir, que si cuando se escenificó se hicieron cambios de cualquier tipo -incluso en el propio argumento-, estos, evidentemente, no están reflejados en la publicación de la editorial española).

 

-Harry Potter y el legado maldito: saber hasta que punto hay una sola línea escrita por Rowling en esta obra, y no solamente su consentimiento legal para hacerla, sería una cuestión interesante; cierto que si uno coge el libro o ve algunas de las imágenes promocionales de la obra, su nombre es el que sale el más grande… pero rápidamente se vislumbra que poco parece haber hecho (tres personas se atribuyen la idea original, entre ellas Rowling -como es obvio, pero tal mérito ya habría que otorgárselo legalmente sólo por haber creado los personajes de las novelas, sin necesidad de que hiciera ninguna otra cosa más-… pero las otras dos son el dramaturgo y el director de escena, haced cuentas y decidme, si creéis que esta mujer hizo algo más que extender la mano para cobrar); y la verdad es que ni siquiera se intuye el estilo de la autora en todo el texto.

¡Quién hubiera dicho que la saga de Harry Potter no continuaría audiovisualmente en cines sino en teatro! (y no en sitios cualquiera, ha estado en el West End londinense, y va camino de Broadway); por supuesto, declaraciones aparte de los autores, lo cierto es que no hay una verdadera justificación para el cambio de medio, más bien todo lo contrario, pues debido a la absolutamente innecesaria longitud del texto, aquellos que acudían a su representación se veían obligados a pagar dos entradas para poder ver el espectáculo completo, ya que este se dividía en dos sesiones de varias horas cada una (nunca una gallina de los huevos de oro fue tan prolífica ni unos fans se dejaron camelar tan sumisamente).

Respecto a la obra original, hay que reconocer que prepara una puesta en escena espectacular… bueno, más bien imposible y megalómana; que, por fotos y vídeos que he visto por todo internet, parece que la dirección, como era evidente, debido a las lógicas y obvias limitaciones del medio, no consigue llevar a cabo (vi soluciones de lo más simplistas y en las que se pedía más a la imaginación del espectador de lo que se ofrecía en escena). Sea como sea, no voy a seguir hablando de una dirección de escena que no vi en directo, puesto que no tendría sentido, aunque sí creo que el comentario anterior no está de más.

Así pues, me centro en el texto en sí mismo, que probablemente (y, hasta cierto punto, desgraciadamente) se ha convertido en el texto teatral más vendido de las últimas décadas; cosa que no es poco para un género que, al igual que la poesía, no es de los más adquiridos por el gran público, y siempre de los más ignorados en las estanterías (de hecho, a veces da la impresión de que sólo los estudiantes de arte dramático leen teatro… y sólo por obligación, por supuesto. Quizás ello se debe a que no hay cultura de hacer tal cosa, de leer algo, siempre leemos novelas… y ello resulta paradójico, puesto que el teatro es increíble, inmensamente fácil, rápido y dinámico de leer).

La historia que nos narra “El legado maldito” sería una secuela de Harry Potter que se desarrolla poco después de dónde acaba la última novela, es decir, en ese futuro en el que todos los personajes que hemos conocido ya están en la edad adulta. No hay que negar que no es mal punto de partida, al fin y al cabo, muchos sintieron sed de más al terminar el último libro, y estuvieron convencidos de que la cosa continuaría por ahí.

Lamentablemente, la continuación se hace de una manera absolutamente penosa, pues si bien se saca a colación alguna que otra cuestión muy sugestiva (la relación padre-hijo de Harry y Albus es bastante interesante, aunque este último personaje es de lejos lo mejor de toda la obra, pues a través de él se hace una reinterpretación y revisión en plan pesimista del propio personaje de Harry Potter), lo cierto es que, en general, acabas teniendo la impresión de que estás leyendo un fanfiction, oficial y con mucho dinero detrás, pero un fanfiction en cualquier caso.

Y es que la verdad es que la obra de teatro no aporta casi ninguna novedad; además, se excede tanto en los homenajes, que se acerca más al plagio que a la admiración por las novelas originales; pues da la impresión de que se está siguiendo una misma plantilla en la que hay que meter los mismos elementos sí o sí para que el orden de factores no altere el producto.

Dicho de otro modo, no hay imaginación, ni creatividad, ni sorpresa… todo lo que hemos visto en las novelas vuelve a reaparecer como si estuviésemos en una eterna ceremonia de rendición de pleitesía al terminal mundo de Harry Potter.

Incluso lo que deberían de ser sorpresas, los grandes clímax dramáticos de la historia, acaban por resultar cómicos, por lo forzados, tópicos e incluso predecibles que resultan. Insisto de nuevo, en la obra existe una gran falta de imaginación.

En realidad todo ello me ha recordado, especialmente un caso concreto, y salvando muchísimo las distancias, a la saga de Los tres mosqueteros, en los que el personaje de Milady siempre volvía en todas las nuevas entregas… pero cómo la habían matado en el primer libro, siempre retornaba de las formas más grotescas y surrealistas para seguir dando problemas desde la ultratumba: con un hijo secreto, con el heredero de un hombre que fue su amante… etc.

Por otra parte, las pocas novedades que se introducen, son bastante poco veraces o aceptables. En ocasiones, también se nos quieren vender algunas cosas como aportaciones a la saga, pero rápidamente se ve que no son sino recursos muy viejos, vistos ya antes en mil productos de este mismo género.

Y lo que es peor, la obra peca, en general, de frivolidad y superficialidad, algo que difícilmente se achacaba a las novelas originales dónde se podían encontrar, con mayor o menor sutileza, algunas ideas o reflexiones inteligentes y profundas acerca de los más variados temas, como: los mecanismos de los sistemas totalitarios, el racismo, el poder, el funcionamiento de la prensa, la represión… etc. Con toda probabilidad, la ausencia de esto último es lo que infantiliza y le da a la obra más aspecto de fanfiction; pues sólo nos encontramos con un texto que habla de maguitos y de hechizitos magiquitos en castillitos-colegios maravillositos… impresión que queda reafirmada por unas acotaciones entre tontas, irrisorias y grotescas, pues parecen más fascinadas por el “J. K. Rowling’s wizaring world” que por intentar hacer un texto con un mínimo de calidad, o con, al menos, una historia o personajes que se sostengan, o, siquiera, que sean dignos de contar.

Hablando claro: desde luego, si pretendían resucitar la saga con esto, más bien han conseguido lo opuesto. Sin embargo, lo peor de todo, es que tampoco creo que les preocupara, puesto que estoy seguro de que eran conscientes de que la gente acudiría en masa fuese cual fuese la calidad del producto final… ¡Harry Potter en teatro, y en el West End (y pronto en Broadway)!, ¡no es para menos!, al fin y al cabo, ¿a quién no le agrada disfrutar de aquello que le gusta en todos los medios posibles?… estoy seguro de que muchos, que hasta ese momento ni se les había ocurrido pisar un teatro, lo hicieron con este motivo (seguramente, ahora algunos querrían meterse en el clásico debate de si ello podría ser bueno para este medio, y si logra atraer un  nuevo público… pero yo soy partidario de que tal cosa no sucederá: esta clase de público fue a ver a su querido Harry Potter, y ahí se acaba todo).

En cualquier caso, los diálogos resultan más bien infantiloides, tontos (muy especialmente los de Scorpius, que parece que tiene una tara mental), y verdaderamente, necesitarían muy buenos actores para sacarlos a flote, y conseguir que el producto no parezca una obra para niños… en el peor de los sentidos.

Así pues, el texto se desarrolla de una manera más bien torpe y se extiende innecesariamente para contar muy poco, pues fácilmente se ve que podría haberse resumido; la historia, lo que se cuenta, simplemente no da de sí, no tiene la importancia que se quiere autoasignar.

En definitiva, y concluyendo, esta obra de teatro no es sino un fanfiction oficial, que seguramente a muchos les gustará disfrutar como la continuación de su saga de novelas favoritas, como los seguidores de “La guerra de las galaxias” consumen cualquier cosa que lleve su marca… pero eso no significa que sea buena o que esté a la altura. Aunque tampoco puedo afirmar que las novelas originales fueran la maravilla nunca vista… así que, supongo que con la lectura (y probablemente, también el visionado) de “Harry Potter y el legado maldito” todos obtenemos lo que buscamos, queremos o merecemos. En cualquier caso, después de leer esta crítica, que nadie diga que no estaba avisado.

 

¿Pero quién es ese Robert Galbraith?, ¿este artículo no iba sobre J. K. Rowling?… pues sí, sigue siendo sobre ella, puesto que a la autora le dio por firmar con pseudónimo. La teoría oficial asegura que lo hizo porque deseaba empezar desde cero, y volver a sentir la emoción de ello (cómo se nota que no le costó mucho llegar a donde llegó), además de no estar bajo la presión de las expectativas… la realidad y la lógica indican que, más bien, fue ese mismo exceso de expectativas, y la mala recepción por parte de crítica y público, de su primera novela, tras la saga de Harry Potter, lo que la llevó a emprender, de nuevo (con las novelas del mago publicó con sus siglas porque le recomendaron que no desvelase que era mujer), el camino de la ocultación de su identidad.

¿El resultado?, pues yo creo que se podría calificar como desigual: Robert Galbraith, a pesar de ser, supuestamente, un autor novel, fue apoyado y publicitado por la editorial como el más consolidado de los escritores… pero no terminó de convencer al público. Así que pronto se desveló quién estaba detrás de sus escritos… y, por supuesto, las ventas se catapultaron. Que quieres, somos así, no tenemos remedio.

 

-El gusano de seda, un nuevo caso de Cormoran Strike: sin duda, si lo que Rowling buscaba era alejarse de la imagen de autora de libros infantiles-juveniles (etiqueta que, como la gran mayoría de los artistas, ella nunca ha reconocido pues le ha sido impuesta por el mercado), con estas novelas del detective Cormorán Strike lo ha conseguido, pues tanto sus personajes como el uso de un lenguaje extremadamente “adulto”, coloquial (aunque algo de ello ya se ve en las novelas de Harry Potter, al menos en la lengua original) e incluso procaz, lo refrendan claramente.

Por otro lado, si no fuera porque sabemos con seguridad que Rowling es Galbraith, yo reconozco que, a veces leyendo el libro, he llegado a dudarlo. Tal vez lo que suceda es que la escritora tiene un estilo escurridizo o los traductores españoles no consiguen plasmarlo lo suficientemente bien.

En cualquier caso, esta novela no aporta nada al género de detectives al que pertenece: sigue sus mismas pautas y reglas sin aportar novedad alguna, ni en la estructura o los personajes. Hablando claro, no veremos nada que no hayamos visto antes en escritos o películas del estilo.

Pero muy desgraciadamente, sí se deja viciar por algunos de los mayores errores narrativos que a veces encontramos en los peores ejemplos del género: como los deus ex machina continuos, falsearnos, cambiarnos u ocultarnos información… y en general, realizar todo tipo de trampas que hacen que el lector, al final, se sienta estafado, pues sabe que la autora no ha sido honesta con él, y que no le ha permitido en ningún momento, o dado siquiera la más mínima oportunidad, de tratar de resolver el crimen con el detective o intentar confirmar sus sospechas. En cualquier caso, al final, cuando se da la resolución del crimen, es tan forzado e inverosímil, tan “tienes que creértelo porque yo lo he decidido así”, que resulta sumamente decepcionante. Haciendo una analogía deportiva: es como si nos hubiesen invitado a jugar un partido, luego nos dejasen todo el tiempo en el banquillo, y encima, para colmo, nuestro equipo hubiese perdido.

Tampoco está de más decir, que se encuentran unas cuentas incoherencias y contradicciones narrativas que producen especial desagrado en el lector, digamos que el argumento, la información y los datos que manejamos se alteran intencionadamente según convenga a la autora, y que son muy fáciles de cazar y detectar a poco que se vuelva unas cuantas hojas atrás.

Por otro lado, aunque el estilo es muy fácil de leer (mejor que el de Harry Potter), las descripciones siguen dejando que desear. Los personajes son sumamente tópicos, pero eso se puede perdonar hasta cierto punto en una obra tan de género como esta.

Sin embargo, con toda probabilidad, lo más interesante (y quizás original) de su lectura está en cómo se adentra en el mundo literario, editorial actual, con sus miserias a todos los niveles y rangos; cosa que hace en manera implacable e impía… hasta el punto de llegar a resultar desagradable (y suena incluso desagradecido, y más para una persona con la que, a todas luces, ese mundo se ha portado más que bien, y difícilmente puede tener nada que recriminarle), no se salva nadie: editores, agentes, aspirantes a escritores y los que están consolidados, grandes ejecutivos… etc. Con todo, considero que esta característica es la más interesante y valorable del libro.

Las citas “celebres” (fragmentos de distintas obras inglesas, algunos sin mayor interés) que dan inicio a cada capítulo, pueden sonar un tanto tontas, innecesarias o petulantes en muchas ocasiones; pero también se pueden redescubrir como un recurso sumamente interesante, especialmente si se leen, no justo cuando se empieza el capítulo dónde están situadas… sino justo después de terminarlo.

En definitiva, “El gusano de seda” es un libro absolutamente de género y poco original, con todo lo bueno y lo malo que tiene eso (por resultar en muchos aspectos tópico), pero además, con el enorme defecto de ser extremadamente tramposo, cosa que es muy desagradable para un lector acostumbrado a este tipo de narración o que ha leído las grandes obras de este tipo. No negaré que se lee bien… pero ello no lo convierte en una lectura imprescindible, sino en algo para pasar el tiempo y a lo que no dar mayor importancia una vez acabado. Yo personalmente, no albergo ningún interés en leer más de los nuevos casos del ficticio detective de Denmark Street, Cormoran Strike. Estuvo bien una vez, pero se acabó, es hora de pasar a lecturas más interesantes, trascendentes y relevantes.

 

Conclusiones: ha resultado curioso descubrir a Rowling fuera de Harry Potter… pero no me convence como creadora literaria; en el fondo, siempre le veo las mismas temáticas (personajes corrompidos y pasados tenebrosos) y tampoco me parece que lo que escribe merezca tanto la pena o que vaya a aportar algo único, inédito y original. Así pues, aunque nunca se puede decir que de “este agua no beberé”, tengo claro que no voy a hacer mucho más por leer otras cosas de la autora inglesa.

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