XXIV Ciclo de Lied en el Teatro de la Zarzuela

El placer del redescubrimiento de lo sencillo

Sinopsis y ficha técnica

Diferente en cada actuación

Comentario previo

Hace una eternidad de tiempo (tanto que pensarlo me asusta), comencé a descubrir el género del lieder en este mismo teatro… y reconozco que mis primeras impresiones no fueron positivas, así que lo aparté durante bastante tiempo de mi vida.

Años después, habiendo acumulado un mayor bagaje musical, conseguí apreciarlo como se merece.

Por eso, cuando por fin, a pesar de que mis primeras malas impresiones respecto al género se dieron aquí mismo, decidí que era el momento de enfrentarme a mis fantasmas y superar el pasado… y no podría haber elegido mejor forma de hacerlo, acerté de pleno: el lied ha vuelto a mi vida para quedarse (o al menos yo tengo la voluntad para ello, que se den las circunstancias favorables, es otro cantar).

Y a todo esto, y saliéndose totalmente de tema, ¿cuándo volverá el maravilloso cine mudo al Teatro de la zarzuela?… sin duda ha sido una de las mayores pérdidas que hemos sufrido con el nuevo director.

 

Crítica

Intentaré, en lo posible, acudir a más de un concierto de este maravilloso ciclo, pues al primero al que he acudido me ha entusiasmado.

Así pues, reseñaré todas las funciones a las que vaya en este mismo artículo, que al estilo de otros recopilatorios (como los que se pueden encontrar en las secciones de Turismo y Televisión) se irá ampliando continuamente, complementándose con nueva información hasta el fin del ciclo (o eso espero).

Y, como en la mayoría de los artículos de este tipo, la información más actual será la que esté más pegada a estas líneas.

En cualquier caso, de momento reseño lo que ya he visto, que es:

 

-Recital X:

El magnífico programa musical nos ha permitido cotejar la evolución del Lied y comparar a aquellos que se dedicaron a ello. Eso en sí mismo ya ha sido un acierto en la selección, pero la belleza de las piezas escogidas no se queda atrás. Verdaderamente una maravilla.

El programa de mano fue interesante aunque breve.

En lo que respecta a las interpretes, la verdad, se hicieron de rogar para los bises, y aunque dieron las gracias por estar aquí por primera vez, la verdad, parecían palabras vacías y de pura cortesía; en definitiva, no me causaron una buena impresión personal. Ahora hablaré de cada una durante el recital:

-Hanna-Elizabeth Müller: tiene una voz afinada, bien educada pero sobre todo con fuerza y potencia, parece llenar con ella el teatro sin mayor esfuerzo. Para muchos ha resultado todo un descubrimiento.

Como curiosidad, decir que también ha estado muy acertada en la selección de su vestuario.

-Juliane Ruf: tiene la suficiente inteligencia como para no destacar demasiado pero tampoco dejarse eclipsar (y con la cantante que tenía en frente, la verdad, era tarea difícil), en definitiva: es eficaz.

 

-Recital IX:

¡Triunfo!, el Teatro de la Zarzuela seguirá siendo independiente… más información en mi artículo sobre el tema, que ya he actualizado en uno de mis habituales post scriptums al final de todo.

Me parecía sumamente interesante este recital, básicamente porque no suele haber muchas oportunidades de escuchar a un contratenor y siempre resulta curioso.

Encontré la atención al público maravillosa y el programa de mano instructivo… aunque seguimos echando de menos el servicio del guardarropa, ¡si es que nunca se sabe lo que se tiene hasta que se pierde!, ojalá se recupere pronto.

En lo que se refiere al recital en sí, la verdad es que la selección musical fue todo un acierto, tan variada como inteligente, bella e interesante… un placer para los oídos y para las ansias de conocimiento, vamos. Verdaderamente, esto fue de lo mejor del espectáculo.

Y la duración muy adecuada (sobre una hora y media), creo que cualquier acto de esta naturaleza debe durar más de una hora porque sino siempre te sabe a poco y te preguntas para qué saliste de casa.

Ahora hablaré de los intérpretes:

-Xavier Sabata: no a todo el mundo le gustan los contratenores (aunque a mí siempre me llaman la atención por ser capaces de producir unos sonidos que no están al alcance de todos los hombres), tanto a neófitos como a expertos, tal vez porque muchos los consideran una mala sustitución o imitación de los castrati quedándose en un quiero y no puedo, ya que nunca serán lo mismo (y realmente, no existe mucho repertorio para un contratenor); y otros porque consideran que sólo es la voz en falsete, impostada, de un tenor o un barítono que puede alcanzar esas tonalidades agudas… sea como sea, a mí no me deja de parecer extraordinario.

No obstante, en unos se nota más que en otros esa impostación, hay contratenores en los que la voz aguda sale natural, fuerte, potente, fluida en definitiva… y ese no es el caso de Xavier Sabata, tal vez sea porque ya tiene una edad (y la voz cambia con el tiempo y hay que adaptarse a ello), pero durante casi todo el recital (sólo al final, con el bloque de Luciano Berio se le escuchó más desenvuelto) sonó demasiado forzado, como intentando sacar una voz y unos tonos que se le resistían; los sacó, sin duda, debido a una técnica, práctica y ejercicio, sin duda, incansables… pero no sonaban naturales, y de hecho, se le escuchaba como si estuviese al límite.

-Anne Le Bozec: asombrosa pianista, que conseguía el mérito de lucirse por sí sola, y a la vez ser una buena acompañante, de ello tuvo buena oportunidad, puesto que tuvo al menos dos piezas para ella sola. La verdad es que considero que consiguió dar una gran emotividad a todo lo que tocó, destacando en sus solos, y no haciendo sombra cuando acompañaba… la verdad, estuvo perfecta.

En definitiva, a pesar de que el contratenor me decepcionó un poco, por lo demás este recital fue maravilloso, y supuso una bocanada de aire fresco después de tanto Schubert (leer anteriores críticas de este mismo artículo para más detalles).

 

-Recital VIII:

Destacar que los trabajadores del teatro siguen en lucha por evitar la OPA hostil del Teatro Real… ¡sin descanso!, no faltan los esfuerzos para ello.

El programa de mano debería haber sido más completo, me pareció bastante superficial.

Por lo demás, continuamos en el ciclo con Schubert y su estilo tan melancólico, con todo lo bueno y lo malo que eso tiene.

De los intérpretes, estaba previsto que repitieran los mismos del recital IV (del que aquí mismo he hecho la crítica), pero cambió el pianista, sin que ello afectara a la calidad del espectáculo. Ahora dedicaré unas breves palabras a cada uno de ellos:

-Matthias Goerne: aunque me sigue gustando, esta vez no me impresionó.

-Alexander Schmalcz: hizo muy bien su función, no sobresalía por encima del cantante, pero además conseguía demostrar personalidad como músico y tener su cierto protagonismo… en definitiva, el modelo perfecto del pianista acompañante.

En definitiva, el recital no estuvo mal, pero tampoco fue excepcional, se quedó un tanto corto, y un único bis no fue suficiente (y más teniendo en cuenta los precedentes inmediatamente anteriores).

Como curiosidad, decir que había gente a la entrada pendiente de si a alguien le sobraba una entrada, de lo que se deduce que fue un éxito de afluencia de público.

 

-Recital VI:

Maravillosa atención al público en el Teatro de la Zarzuela, muy especialmente en el guardarropa.

Curiosamente, la historia de cómo este recital consiguió celebrarse llega a ser más interesante que el propio evento musical: en estos momentos de caos (justificados, por otra parte, para más detalles leer este artículo) y de cancelación de funciones, parecía un milagro que el Ciclo de Lied (que curiosamente, es la actividad más rentable del teatro… también se debe a que es la más barata de hacer, no nos engañemos) se mantuviera (lo que es otra demostración de que, a pleno rendimiento, este teatro funciona a las mil maravillas y que el Real no le tiene que dar lecciones de nada)… pero quizás, precisamente para demostrar claramente la competencia de sus trabajadores, se celebró igualmente.

Y ello fue un milagro, no por la huelga, sino porque el cantante que finalmente dio el recital era… ¡el sustituto de la sustituta!, verdaderamente puede sorprender que en menos de una semana, hubiera que sustituir al vocalista ¡dos veces!: Anna Lucía Richter era la que estaba programada y su nombre impreso en el programa de mano… con una afección vocal fue sustituida por Julia Kleiter… que enfermó de lo mismo e informó de ello poco antes del concierto; y así, en un fin de semana y con las agencias artísticas cerradas, hubo que tirar de agenda y, al final, en vez de soprano, hemos tenido un barítono.

Por supuesto, y como era de esperar, el programa original no ha podido sobrevivir a tanto cambio, y, de hecho, sin mal no hice las comparaciones, sólo una pieza subsiste de lo que hubiera sido en un principio. Sin embargo, no diría que hemos salido perjudicados y nadie pareció molestarse. Bien se encargó también Florian Boesch, el cantante, de que así fuera, dando hasta tres bises.

Destacar que la organización también hizo el esfuerzo de colgar en internet el programa que se acabó interpretando.

Por lo demás, sin embargo, juzgue interesante el programa de mano… y debo admitir que me dejó con ganas de haberlo escuchado, pero, teniendo en cuenta que explicaron el que acabamos oyendo previamente a la función, pues no tengo queja.

El programa que finalmente se interpretó, tenía mucho encanto: la melancolía de Schubert, y luego, como contraste un tono más variado de Schumann.

Ahora hablaré de los intérpretes:

-Florian Boesch: sin duda alguna tiene una voz entrenada, pero no especial ni extraordinaria, consigue momentos bonitos debido a que es un profesional que sabe como usar su instrumento, pero no pasa de ahí. Por otra parte, claramente se sentía más cómodo con Schumann, y fue con sus lieder con los que consiguió sus mejores momentos.

-Justus Zeyen: discreto, quizás demasiado, yo casi no me di cuenta de que había un piano.

En definitiva, fue un recital con su gracia, muy especialmente la segunda parte.

 

-Recital IV:

¡Y efectivamente, aquí estoy actualizando! (y ahora que descubrí como hacer llegar esta noticia a las redes sociales es mucho más fácil y más práctico que antes, pues ahora, desde el momento en que termino de escribir, puedo hacer que todos los seguidores del blog se enteren de las novedades que he escrito); la verdad es que lo dicho, me encanta acudir a los conciertos de Lied.

Aunque, la verdad, me suele apenar que sean tan cortos, tal vez porque hoy día estemos acostumbrados a que todos los espectáculos duren como mínimo hora y media. La verdad es que se agradecería que se aumentase la duración del concierto.

Por otra parte, buenísima atención al público en el Teatro de la zarzuela.

El programa de mano es bastante notable, no sobresaliente, pero está bien… sentí que faltaba información y el único artículo se me hizo poco.

Verdaderamente, una de las grandes ventajas de este ciclo es que no sólo es interesante el programa, sino las voces que se traen, que suelen ser realmente buenas.

Por lo demás, el programa elegido no da sorpresas (en el mal sentido), Shubert musicalizando unos poemas de Müller, bastante malos, la verdad (y no soy el único que lo piensa), que jamás hubieran cogido el vuelo, ni serían recordados si no fuera por el compositor, el cual hábilmente teje una partitura de gran belleza melódica para tratar de contar una historia sumamente mal trazada (los amores y de una molinera), triunfando, por supuesto, la música, que hace oscilar y produce los más diversos estados de ánimo. Lo dicho, la letra vale muy poco, es la música lo que merece la pena.

En lo que respecta a los intérpretes:

-Matthias Goerne: tiene una voz dulcísima, y un dominio de esta completamente espectacular… pero lo bien educada que esté, en su caso es absolutamente irrelevante, pues lo verdaderamente importante es lo mucho que consigue emocionar y transmitir con ella. Verdaderamente es preciosa y da mucho gusto escucharle.

-Markus Hinterhäuser: según acabó el concierto fui corriendo a mirar su biografía y confirmé lo que sospechaba durante todo el espectáculo: este señor no tiene formación como pianista acompañante y además ha desarrollado la mayor parte de su carrera como solista. Y así, todo quedaba explicado, pues el piano se muestra impertinente e irrespetuoso con el barítono, va por libre, aprovecha la más mínima ocasión para lucirse y, en general, se nota demasiado que no está, ni tiene ningún interés, en coordinarse con el cantante, algo totalmente inapropiado para este recital. Podrá parecer una tontería, pero hasta para saber estar en tu sitio hace falta aprender y ser un auténtico profesional.

Como curiosidades del concierto, decir que ambos músicos adoptaban las posturas más extrañas cuando tocaban, hasta el punto de parecer dibujos animados: el pianista se encorvaba de las formas más peculiares y cada vez más pronunciadas; y el cantante hacía las cosas más extrañas con el torso, muy especialmente cuando se inclinaba… realmente era una cosa muy curiosa

 

-Recital III:

Antes de comenzar, ruego que se me permita un comentario personal: resulta increíble el poder del arte, al menos en mi persona: cuando salí de casa para ir al concierto, me había enfrentado justo antes a una situación dramática… y, mientras estuve en la sala, degustando hasta la última nota, supe que estaba exactamente dónde debía estar, y ello me hizo sumamente feliz. El poder sanador de la música me recordó que el arte siempre estará ahí como apoyo y consuelo, y que, al final, eso es lo importante… sé que no todo el mundo es capaz de entender o conseguir algo como esto, pero para los pocos que lo alcanzan… no nos podemos ni imaginar lo privilegiados que somos: hemos sido admitidos en un paraíso que nadie nos podrá quitar, formamos parte de una aristocracia única cuyas prebendas son espectaculares… es maravilloso.

Antes de comenzar la crítica no quiero dejar de alabar el maravilloso programa de mano, lleno de información interesantísima y que yo agradecí mucho, ¡y menos mal!, ¡parecía que tales objetos habían desaparecido definitivamente de este teatro!.

Y ahora hablemos del recital, antes de empezar, lo que estaba en boca de todos era exactamente lo mismo: “¿tú conoces alguno de los compositores?”, no era para menos, autores no muy conocidos para el gran público que, para más inri habían desarrollado su carrera hacia el final del XIX e incluso en el siglo XX, no aportaba grandes perspectivas… y desde luego no era el esperable concierto plagado de lieder del romanticismo.

Tales miedos, que le ponían a más de uno la cara de “Dios mío, ¿dónde me he metido?”, en parte compartidos por mí, pronto desaparecieron según los intérpretes comenzaron a hacer música.

Y debo decir que la selección que se ha hecho para este recital ha sido absolutamente exquisita, variada y de gran belleza melódica; se disfruta hasta la última nota y te mantienes, emocionado, pegado a la butaca esperando oír más continuamente.

Respecto a los intérpretes:

-Piotr Beczala: posee una voz bella, melodiosa, muy bien educada y entrenada, aunque no extraordinaria. Es muy lógico que guste y que sea muy agradable oírlo, pues es innegable lo bien que canta, pero de ahí a decir que aporta algo más, eso sería mucho decir. Tampoco era necesario, yo al menos no vine por él sino por la música en sí misma, y a él no se le puede negar que cumplió muy sobresalientemente y que un altísimo porcentaje del triunfo del concierto se le debe absolutamente.

-Helmut Deutsch: eficaz y discreto al piano, virtudes que no le permiten sobresalir, pero sí cumplir su función.

Como detalles menores, decir que hubo varios fallos técnicos graves en el concierto: así, el programa de mano, a partir de la segunda parte no estaba bien, pues se varió el orden en el que se interpretó, con lo cual no siempre era fácil seguir el recital; lo cual empeoró el desastre absoluto e imperdonable que se produjo con los subtítulos, pues ello nos dejó al menos la mitad de la segunda parte sin información alguna sobre aquello que se interpretaba. En definitiva, horrible.

Concluyendo: para mí este recital fue una experiencia absolutamente sublime y encantadora que espero repetir dentro de no mucho… y toda una oportunidad para descubrir algún que otro nuevo horizonte musical (realmente, en ese aspecto, el Teatro de la zarzuela está cumpliendo brillantemente con su función como institución pública).

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