Crítica exprés: La bella y la bestia (2017)

La historia de cómo surgió “La bella y la bestia” es sumamente interesante… desde luego, para explicarlo, podríamos retrotraernos a los primeros relatos previos al que se ha quedado como “el oficial”, que es el de Jeanne Marie Leprince de Beaumont, y a sus muchas versiones posteriores… pero tengo un blog y no una enciclopedia.

Así que me ceñiré a resumir su aparición y relevancia en la compañía del ratón Mickey Mouse, que es lo que importa en este artículo. El propio Walt Disney estaba muy interesado en adaptar esta historia al cine de animación, e hizo múltiples intentos a lo largo de los años, pero, a pesar del sublime precedente del filme de Cocteau, nunca consiguió que una historia que iba sobre dos personas que sólo hablaban durante la cena funcionase.

Con la muerte del fundador de la compañía, esta entró en una crisis de la que no se recuperaría hasta décadas después, concretamente en los años noventa, con “La sirenita”, que arrasó y supuso todo un lavado de cara (en todos los sentidos) para la compañía… muchas de las personas que participaron en este proyecto, estarían también en el siguiente, que sería, ni más ni menos que “La bella y la bestia”.

Y fue así como el camino iniciado por Ariel se consolidó total y definitivamente con Bella, dando paso definitivamente a la tercera época dorada del estudio, en la que se realizarían algunos de los títulos más celebrados de la compañía Disney.

Y es que “La bella y la bestia” hizo mucho más que deslumbrar a sus espectadores, fue y es adorada por la crítica (no ha faltado quien la haya definido como LA película de animación); deslumbró al público; recolectó premios de una forma que nunca se había imaginado que un filme de sus características podía hacer (fue la primera y única vez en la que una película de animación fue nominada al Oscar a la mejor película); recuperó el estilo de Broadway (y lanzó ya imparablemente la carrera del gran Alan Menken, innegablemente uno de los grandes compositores de nuestro tiempo, múltiplemente reconocido en muchas ocasiones)… y un largo etcétera. En definitiva, lo tenía todo, era la película perfecta y todo el mundo cayó rendido incondicionalmente ante ella.

Puede que fuera precisamente por eso que, muchos años después, cuando la Compañía Disney decidió lanzarse a la conquista del teatro, del gran Broadway, de entre todas las películas que pudo haber versionado, optó por una que no era precisamente fácil, pero cuyos resultados anteriores la avalaban: “La bella y la bestia”. Fue otro gran triunfo que permaneció en cartel, en la meca por excelencia del teatro musical, más de una década (y, como curiosidad, añadir que en España, tras su estreno, su duración en cartel batió todos los records vistos hasta entonces… y posteriormente ha sido reprogramada múltiples veces) y permitió a la compañía Disney establecerse y consolidarse entre bambalinas, lo que posibilitó futuras y aplaudidas producciones como “El rey león”.

Vista esta retahíla de triunfos absolutos e incuestionables de un mismo producto, no es de extrañar que la compañía Disney llevase muchos años barajando el hacer una versión de acción real de “La bella y la bestia”, que, supuestamente, sería una adaptación del musical de Broadway.

Pero tales proyectos no cristalizaron hasta hace muy poco, y el resultado está en este momento en la cartelera cinematográfica.

Le tengo muchísimo cariño a “La bella y la bestia”, por múltiples razones me trae recuerdos maravillosos y es una de esas obras de arte señaladas en mi vida… y por eso temblaba ante lo que pudieran hacer con ella. Ciertamente el musical teatral había sido algo sublime, una adaptación sin mácula, una versión perfecta y mejorada, así que decidí tranquilizarme y esperar a juzgar.

Sin embargo, hace mucho que no voy a ver ninguna de las versiones en acción real de las películas de animación de Disney (la última a la que fui debió ser la “Cenicienta” de Kenneth Branagh), al principio, como a la mayoría, me hacían gracia y levantaban mi curiosidad… pero más tarde, al ver que no sólo no aportaban nada nuevo, sino que encima eran bastante malas, además de que trataban de rehacer lo que ya estaba muy bien hecho de la manera más torpe y prescindible, por lo que acabaron por parecerme ridículas y un insulto hacia las películas originales de animación, al fin y al cabo, ¿por qué hacer una versión en acción real si la versión animada ya es muy buena?, ¿por qué arrebatarles además sus icónicas, ilustres y maravillosas bandas sonoras que están en el imaginario de todos?… realmente, las nuevas versiones hechas hoy día, carecían innegablemente, y con toda lógica, del encanto de sus predecesoras, y lo que es mucho peor, se perciben como innecesarias y estúpidas.

Pero como sabía que, casi seguro, de todas todas iba a ir a ver la nueva “La bella y la bestia”, decidí documentarme lo justo (para poder recibir sólo las sorpresas desagradables con antelación, y tratar de obtener las buenas durante la proyección): en principio el reparto artístico me parecía moderadamente aceptable (unos más que otros); aunque el director no me entusiasmaba (es bastante parsimonioso), sí que tenía experiencia y respetaba el musical; supe también que no sólo sería una película del género antes mencionado (como debe ser), sino que además habría nuevas canciones (¿del musical?, ¿se trataba finalmente de una adaptación de este?); leí también por encima críticas oficiales y de aficionados, generalmente positivas (en una segunda relectura más atenta, observo que no todo el monte es orégano, y que a veces uno lee lo que quiere leer)… y aunque oí noticias bastante alarmantes como la “homosexualización” de uno de los personajes (y no me puedo imaginar película menos susceptible a ello que “La bella y la bestia, hay otras que sí, pero esta para nada), he de admitir que opté por ignorar el tema… todo lo anterior, el tráiler, y una publicidad invasiva con imágenes del filme, me llevó tranquilo y con gusto al cine, deseando ver si se había creado una gran adaptación de acción real de “La bella y la bestia”.

No encontré eso. Pero esa cuestión es tema de la crítica, que hago a continuación.

Por cierto, comentar como curiosidad extra, que desde que se estrenó esta película, y hasta el momento en que conseguí escribir esta crítica completa (que deduciréis, por su longitud, que me dio buen trabajo), obtuvo muchas visitas mi crítica de la versión cinematográfica francesa de 2014… de hecho, no me extrañaría nada que muchos la descubrieran precisamente gracias a esto.

 

-La bella y la bestia: si esto fuera una crítica completa, sin duda alguna, el subtítulo rezaría lo siguiente “burla intolerable o, en el mejor de los casos, vulgar, torpe e involuntaria parodia de una obra maestra”, hablando en plata, esta película da vergüenza ajena y resulta inadmisible que Disney haya podido producir algo así, dando de ese modo la razón a todos aquellos que dicen eso de que la compañía sólo está interesada en hacer caja.

Todo o casi todo está mal, pero por algún sitio hay que comenzar a criticar, así que comencemos por el guión, que tiene de base una muy excelente historia como bien he analizado en el comentario previo, tiene un material perfecto de partida… pero es incapaz de apreciarlo ni aprovecharlo.

Cierto que es una pena que no le volvieran a encargar el guión a Linda Woolverton (autora del de la versión animada original), pero tampoco me fío mucho de ella, pues ha llegado a hacer unos bodrios que es para darle de comer aparte (ejemplo 1, ejemplo 2), por lo que tampoco es garantía de nada… pero lo de Stephen Chbosky (el guionista de esta película) es repugnante: no sólo plagia con descaro el guión de la película animada (las frases están copiadas tal cual, sin apenas variación), sino que todo lo que mete nuevo chirría, sobra por todos los lados, no aporta nada e incluso crea unas incoherencias que en la versión animada ni notábamos; por poner varios ejemplos: todo lo del pasado de los personajes es ridículo y absolutamente inverosímil; la forzada homosexualidad de Lefou resulta tan repugnante como fuera de lugar; los nuevos personajes no hay quien se los trague y no están nada bien definidos (y lo que hace con los viejos es innombrable, Bella resulta antipatiquísima)… etc. En definitiva, el nuevo guión no sólo no aporta nada a la historia original sino que encima, parasita de ella para sólo lograr un resultado deforme y repulsivo.

Con tal material Bill Condon, claramente perteneciente a la mafia de terciopelo (o gay), se empeña en hacer una película que pueda desfilar en la próxima cabalgata del orgullo; y, como de costumbre (ejemplo 1, ejemplo 2) su filme adolece de una importante falta de ritmo. Cierto, busca desesperadamente una gran espectacularidad, se empeña en darle a la película el aire de superproducción que merece… pero todo es tan forzado, artificioso, preparado… que no cuela; se nota que el tema se le va totalmente de las manos, que no está preparado, que no consigue gestionar la historia que tiene ante él… sí vale, hay mucho oropel y mucho relumbre para engañar al menos avispado, pero a la mínima, cualquiera se da cuenta de que no es oro todo lo que reluce.

De la parte técnica, aunque sólo respeta lo justo del original de animación (por ejemplo, la versión del vestido del baile es espantosa), hay que reconocer que está muy cuidada en su estilo de rococó extremo, cumple su función de grandilocuencia y pomposidad… desgraciadamente, nada más tiene que eso: afectación. Sin embargo hay que reconocer que gracias a una eficaz dirección artística y fotografía, la película resulta, al menos estéticamente, bastante agradable y admisible de ver… también es lo único.

Quizás muy buena parte del problema también ha estado en que no hay suficiente respeto por el material original… ¡hasta se meten referencias de la versión de Cocteau!.

Al final, lo mejor de la película es, como era de esperar, la música del gran Alan Menken, uno de los mejores compositores de nuestro tiempo, y de cualquier otro, que ya ganó dos Oscars precisamente por su trabajo en la versión animada, y que también hizo la adaptación para Broadway; así pues, esta es, como mínimo, la tercera vez que Menken revisa “La bella y la bestia”, puesto que, finalmente, la película de la que hago la crítica, no es una adaptación del musical de Broadway, sino, simplemente, una versión en acción real de la película de animación; por lo tanto, Menken vuelve sobre esta historia a la que, con toda seguridad, guarda gran cariño y respeto (probablemente también por el recuerdo de su amigo y compañero Howard Ashman, que falleció poco después de terminar este trabajo), y vuelve a crear una obra maestra, y, en realidad, su mayor mérito y triunfo creativo consiste precisamente en que no parte de cero, sino que, además de música nueva, también versiona y modifica tanto la del filme original como la de Broadway adaptándola a la nueva película, demostrando que su imaginación y talento no tienen igual. Por supuesto, compone varias nuevas canciones (y versiones de las anteriores), que prueban que este casi septuagenario está en plena forma y que no necesita jubilación alguna porque sigue fluyendo con un ingenio, creatividad y talento inconmensurables… no hay duda de que la belleza de sus obras maestras vivirá por siempre y de que nadie, nunca jamás, podrá musicalizar tan bien “La bella y la bestia” como lo ha hecho él, pues ha explorado la historia desde todos los focos posibles, y siempre de una manera nueva, brillante e ingeniosa; en definitiva: sublime.

Respecto a los actores, a cada cual peor. En general todos parecen estar perdidísimos y en constante búsqueda y captura de un personaje al que no consiguen encontrar ni debajo de las piedras. Detallo:

-Emma Watson: si no fuera porque sabemos perfectamente que creció, y prácticamente mamó de las cámaras, parecería una completa aficionada que no sabe desenvolverse y a la que le falta experiencia. En cualquier caso, se la ve incómoda permanentemente, desagradada, insegura, totalmente fuera del personaje, muy perdida, y con una permanente sonrisa burlona en plan “que tontería estoy haciendo”. Por supuesto, no tiene voz para el canto.

-Dan Stevens: no tiene voz para el canto pero consigue disimularlo aceptablemente. No resulta creíble en el personaje

-Luke Evans: sobreactúa y parece el auténtico gay de la película, bien armarizado eso sí.

-Kevin Kline: decide interpretar a Maurice como si fuera clown, no se toma nada en serio y sólo hace payasadas, sus momentos más dramáticos dan mucha risa.

-Josh Gad: Lefou es una loca que le lanza miraditas, insinuaciones, y mete mano a Gastón, pero al final acaba con un travesti, con eso lo digo todo. De vergüenza ajena.

-Emma Thompson: por más que se pase todo el tiempo poniendo voz de ancianita muy viejecita, lo siento pero no está en la edad. No cuela.

-Ewan McGregor: ¿qué se puede esperar de uno de los peores actores de hoy día?, pues eso: lo peor.

… y luego hay otra serie de grandes actores como Ian Mckellen, Audra McDonald o Stanley Tucci que pasaban por allí y si fueran figurantes no habría mucha diferencia, y total, para lo que hicieron, más les hubiera valido.

También decir que yo vi la versión doblada en el cine… y madre del amor hermoso, que cosa tan espantosa, vale que la versión original no es mucho mejor, pero ya podrían haberse esforzado un poquito en mejorarla… los peores momentos son, de lejos, cuando cantan, y a pesar del disimule del retoque digital, se intuye claramente que a la mínima podría salir un gallo horroroso. Yo no dejo de preguntarme porque no usaron a los dobladores originales de la cinta de animación, que, además, tuvieron el honor de ser los primeros que doblaron una película de Disney en España (todas las anteriores vinieron con el doblaje de Hispanoamérica, muchos de ellos de Edmundo Santos, los cuales muy desgraciadamente se están perdiendo porque a la compañía del ratón le ha entrado la absurda e insufrible costumbre de redoblar sus filmes, destrozando el recuerdo infantil y nostálgico de muchos).

No quiero dejar de comentar tampoco, que yo vi la película en 3D, y considero que esta tecnología ha mejorado sorprendentemente (especialmente en los trailers) desde la última vez que fui, que fue hace años. Comienza a merecer la pena pagar un extra por ello… sólo comienza (en el fondo, también hay que saber hacer este tipo de cine, y aquellos que se dedican a ello tienen que aprender como rentabilizarlo visualmente y sacarle partido… sino, la tecnología en sí misma, no sirve de nada).

En definitiva, es mejor olvidar este horror de versión en acción real de “La bella y la bestia”, fingir que jamás ha ocurrido, que será mejor… o no, porque quienes olvidan su historia están condenados a repetirla, y esperemos que algo tan malo no se repita jamás. Conclusión: muy mala, no le llega a la suela de los zapatos a ninguna de sus predecesoras.

 

No quiero, sin embargo, terminar mi crítica sin añadir dos cosas más (¡plagadas de SPOILERS!):

 

+Una pequeña comparación entre la película original y la versión actual (cotejando una selección de argumentos, personajes…), para que os hagáis una idea de lo mala que es la última. Así pues, a partir de las siguientes líneas pondré un tema, y a continuación expondré como era en la película animada, y después, separado por dos barras, como es en la versión actual, para que también podáis hacer la comparación (ejemplo: “tema: versión animada de 1991 // versión en acción real de 2017”). En fin, comienzo mi exposición:

-Moraleja: la belleza está en el interior // puedes hacer lo que te de la puta gana: ser déspota, egoísta, consentido, etc… siempre y cuando invites a gente fea a tus fiestas, y muy especialmente si son hechiceras.

-Bella: es una chica culta y adelantada a su tiempo que vive en un lugar que no le corresponde y en dónde no pueden comprenderla ni valorar todo lo que puede aportar // es una niñata engreída, arrogante, erudita a la violeta, con ínfulas por haber vivido en París (aunque ni ella misma se acuerda, pues sólo nació allí), que desprecia a todo el mundo por paleto y provinciano, ya que ella se cree mucho más, y utiliza la cultura como medio para sentirse superior y mirar al resto por encima del hombro.

Quizás, la secuencia que mejor defina la diferencia entre las versiones del personaje, en estas películas, sea la del rechazo de Gastón: mientras que en el filme de animación Bella rehusa a su incómodo pretendiente de una forma graciosa (en todos los sentidos de la palabra), fina, ingeniosa, educada, amable, discreta y apropiada (pero en cualquier caso verosímil y digna del personaje que representa); a pesar de que él se esté portando como un imbécil e incluso la acose físicamente… en la versión de acción real, Bella se comporta como una absoluta maleducada, rechazando a Gastón de una manera grosera, desagradable e impertinente; hasta el punto de que… ¡llegas a sentir pena por el pobre Gastón!, que se queda ahí en medio como un pardillo, como un pobre pagafantas que va detrás de una tía con la que no tiene ninguna posibilidad y que se ríe de él en su cara. Esto último, no dudo en afirmar, lo siento mucho, pero no es el personaje de Bella, la cual necesariamente posee un gran tacto y sensibilidad, pues lo contrario sería una contradicción absoluta con el resto de su personalidad y características.

-Bestia: un hombre atormentado y castigado por su pasado (en todos los sentidos), al cual la soledad y la desesperación han llevado a un cierto estado de incivilización y a quedar destrozado interiormente // un huérfano de madre cuyo padre lo educó en el amor al arte y la belleza, por lo cual es castigado. Luego, además, está de mal humor porque sí (mi teoría es que la humedad del castillo le encrespa el pelo y además se lo deja graso, por lo que no consigue tenerlo tan sedoso como querría), porque eso de ser una bestia tampoco parece molestarle demasiado.

-La hechicera: un personaje que sólo es una excusa para realizar el encantamiento con el que el príncipe aprende la lección // un personaje principal que da vueltas por toda la película sin ningún sentido: primero aparece para encantar al príncipe, a continuación, se queda como solterona en el pueblo de Bella pidiendo a sus paisanos (a los que no hechiza, a pesar de que nunca le dan limosna), y cuando sucede la batalla en el castillo, se pasea alegremente por toda ella con una capa muy mona y en plan misterioso. Cuando le da por ahí, desencanta a la Bestia, así, sin más, porque sí.

-La rosa: un símbolo del fin de la esperanza, del paso del tiempo, además de la pérdida de oportunidades vitales… el ciclo vital de una rosa, y muy especialmente su parte final, cuando se marchita, es una metáfora absolutamente brillante que evoca todo el filme y la vida en sí misma // uno de los muchos regalos de la hechicera (que a lo mejor era un Rey Mago, y ahora en vez de traer carbón, a los príncipes que se portan mal, les traen maleficios), que vino con un montón más de obsequios: un espejo, un atlas… y no sabemos si también la última PlayStation o una suscripción a Netflix hasta los 21 años, para que el Príncipe pudiese entretenerse durante esas interminables tardes encerrado en el castillo.

-Maurice: un inventor muy creativo, hombre adelantado a su tiempo, que es tomado por loco por sus paisanos que son incapaces de entenderle y valorarle. Es el comprensivo aunque un poco atolondrado padre de bella, el típico genio despistado // ¿es un pintor?, ¿un relojero?… lo que es seguro es que es un completo payaso sin sentido ni matices.

-Gastón: un pez grande en un estanque pequeño, un narcisista que se lo puede creer por ser la celebridad local, y porque está en un lugar dónde se valora la fuerza bruta. Se obsesiona con Bella porque le parece un trofeo apetecible más para colgar en su pared // un gay armarizado que lo disimula yendo detrás de mujeres inalcanzables, en el fondo está loco por Lefou, y se le nota. Supuestamente es un soldado del cual no se sabe de dónde es, ni de qué guerras viene, y sólo Dios sabe cómo apareció, de la noche a la mañana, en el pueblo de Bella. Además es inseguro, patético y pagafantas.

-Lefou: el lacayo de Gastón, en el más extenso sentido de la palabra // una loca que no desentonaría nada en cualquier carroza del desfile del orgullo gay, quiere oficializar su relación con Gastón (porque yo estoy seguro de que algo hubo) el cual quiere seguir en el armario; al final, como este no quiere salir ni a patadas, Lefou comienza una nueva relación con un travesti.

-Los objetos: unos personajes con entidad, personalidades propias perfectamente distinguibles y definidas, además de funciones concretas dentro del castillo; su destino ha quedado atado al de su señor, por lo que, para ayudarle a él (lealtad del antiguo régimen) y a sí mismos, harán todo lo posible para lograr que se deshaga el hechizo. Consiguen ser los perfectos conductores de la historia, que ayudan al público a entenderla (además de al personaje de la Bestia) y a que empaticen con una situación tan extraordinaria, logrando que el anhelo de que vuelvan a ser humanos otra vez se convierta en el deseo de todo espectador // unos secundarios, sin demasiada importancia ni personalidad, que distraen al público de vez en cuando, cual si fueran el entremés puesto en el medio de la historia principal o los teloneros de los protagonistas. No nos importan una mierda, tanto nos da si se quedan siendo objetos para siempre, así están bien (aunque reconozco, que de lo poco bueno que tiene esta versión de 2017, es la lacrimógena “muerte”, poco a poco, de todos los objetos; no puedo evitar admitir que es una secuencia muy bien hecha y bastabte bien medida).

 

+Una de mis mordaces reproducciones de lo que supone ir a verla… que seguro que os gustará más que la película original, ¡a ver si me la producen!, jajajaja:

Comienzo a ver la película, hay una obertura que suena bien… pero de repente, ¡horror!, ¡¿qué hacemos en el carnaval de Venecia?!, ¿me habré equivocado de sala?, pregunto insistentemente al de al lado si esta es la sala en la que se proyecta “La bella y la bestia”, pero, aunque me afirma que sí, en su mirada también se intuye la duda.

“Erase una vez, hace mucho tiempo, un joven príncipe…” afirma una voz en off femenina.

¿Pero quién es esta señora?, me pregunto yo, ¿dónde está mi narrador de voz grave y profunda?, ¿qué pasa?, ¿libraba hoy?, ¡no se preocupen, si yo prefiero esperarle!; pero, por favor, ¡quítenme a la becaria esa que le ha dado por locutar!.

“…al que le gustaba tener cosas hermosas y dar grandes fiestas a las que sólo invitaba a gente hermosa… ah, y, por cierto, además el pueblo pasaba hambre”.

Intento entender el silogismo que me plantean, pero, parafraseando a Cervantes, al igual que don Quijote “con estas razones perdía el juicio, y desvelábame por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para sólo ello”; pero supongo que vienen a querer decirme que: si invitas a gente guapa a tus fiestas.. ¡entonces la gente pasa hambre!; así, porque sí. Y ser un mecenas de las artes es ya, el colmo de la villanía y la perfidia…. Si es que al final, aquello de ser “egoísta, déspota y consentido”, que decía el original, no es para tanto. Lo auténticamente maligno es no invitar a gente fea a las fiestas. Que tío más repugnante el Príncipe ese (no me preguntes porqué, pero para mí que el guionista o el director no lo debieron pasar bien en el instituto).

“Como castigo le transformó en una horrible bestia…”.

Según la lógica que acabamos de ver, no hacía falta alguna que la hechicera transformara al Príncipe en bestia, ¡ya lo era!.

En cualquier caso, la película avanza, y nos situamos en la canción de presentación de Bella, Emma Watson hace su primera aparición y se pone a cantar:

“Esta es… ¿esta es?… ¡joder, esto parece Hogsmeade!, ¡cada día igual!”

Poco después aparecen Gastón y Lefou, este último pronuncia una frase en francés, que el primero no entiende a pesar de ser del país galo… en realidad, el gran misterio de esta película es: ¿por qué todos hablan en inglés con perfecto acento británico excepto Ewan McGregor que tiene un artificial y tópico acento francés?, y lo más intrigante, ¿por qué los franceses no saben hablar francés en este filme?… claro, ya caigo, lo que pasa es que esta película se desarrolla durante la guerra de los cien años, en la zona de la ocupación inglesa, y esas son las guerras de las que hablan Gastón y Lefou… aunque no se ve nunca tal contexto histórico ni sabemos de dónde han salido ellos… y si se desarrolla todo en la edad media, ¿por qué el vestuario es del XIX; las casas de la aldea siguen el estilo del renacimiento alemán; y el interior del castillo, que veremos luego, es del rococó?… me vuelve la cita, ya mencionada del Quijote, a la cabeza, y como tengo miedo de acabar igual que él, decido no pensar más, va a ser lo mejor.

A esas alturas, la canción ya ha avanzado y llegado a su punto culminante:

“-Bella: ¡la puta que parió a mi agente!, esto es igual que Harry Potter, la gente va a pesar que soy Hermione, no me voy a desencasillar jamáaaaaaas!.

-Gastón: ¿dónde está Bella?, ¡tengo que ir a mi marca, con tantos figurantes en un decorado tan pequeño, no consigo encontrarla!, ¡no voy a llegar jamáaaas!.

-Coro: apenas nos podemos mover en el decorado, ¡esto parece el metro en hora puntaaaaaaa!, deberíamos señalar a Bella, pero no sabemos donde estáaaaa… ¡pero ahora, digamos un par de palabras más en francéeeees, con acento inglés!, ¡bonyogur, bonyogur!.

Se acaba la canción, no han desafinado porque hoy día hay programas digitales que hacen maravillas. Pero yo ya estoy temblando viendo lo que nos espera. El caso es que Bella llega a casa y habla con su padre Maurice:

-Bella: ¡ay!, o sea papuchi, he ido a ver al anacronismo histórico….

-Maurice: ¿el anacronismo histórico, hija?.

-Bella: sí, ya sabes, el cura negro del pueblo; ese que cuando nos pase de todo, va a tener primeros planos poniendo cara de circunstancia pero no va a hacer nada por ayudarnos.

Sí, lo sé, yo también flipé cuando vi un cura católico negro en un pueblo francés del siglo XVIII, ¡viva el artisteo y muerte a la historia!.

-Maurice: ay, sí, hija, ya sé. ¿Pero para que vas a pedirle prestados sus cuatro libros?, ¡si nunca los lees, sólo los paseas por el pueblo!, ¡se te están quedando unos brazos, hija mía!, ¿te vas a presentar a un concurso de halterofilia?.

-Bella: ay papuchi, es que la gente de aquí es tan vulgar, paleta y palurda… y una parisina como yo no puede aguantar estos aires provincianos sin asfixiarse… yo tengo otras aspiraciones… soy como aquella de “First dates”, y también quiero vivir bien mantenida en una casa con piscina y mayordomo… y para colmo de desgracias me está persiguiendo Gastón, que seguro que es marica y de Podemos, ¡como Fernando Tejero!.

-Maurice: Bueno tranquila hija, que yo te cuento un chiste….

-Bella: ay no, por favor, otra vez no.

-Maurice: pues había una señora… jajajaja… que tenía un perro que se llamaba… jajajaja….

-Bella: ¡qué asco de vida!. Oye, qué tal si hablamos de mamá….

-Maurice: ¡de eso no hablamos!, ¡es como en “Rebecca” de Hitchcock!.

-Bella: pero es que yo quiero saber….

-Maurice: ¡que me dejes!, me voy al bosque, ¡sin más, porque sí!, ¡en medio de la noche!.

La película avanza, Maurice llega al castillo, y coge una rosa del jardín, en una secuencia que plagia con descaro la versión cinematográfica de este cuento que Jean Cocteau hizo en 1946. La Bestia, que debe de ser de la SGAE, porque sino no se explica que otra razón tuvo para hacer lo que hace a continuación, le encierra en una mazmorra de lo más original y única arquitectónicamente: situada en lo alto de una torre, con ventanas sin cristales ni rejas… patrimonio de la UNESCO como mínimo.

El caso es que Bella, tras otra canción en la que expresa sus anhelos de dejar de estar rodeada de esas gentes ordinarias, paletas y pueblerinas; decide acercarse al castillo, porque no tiene nada mejor que hacer aquel día, pues no hay sesión en el cine de arte y ensayo, y así al menos podrá presumir ante toda la aldea de haber hecho una visita cultural (con suerte en el castillo habrá una exposición temporal de arte contemporáneo). El caso es que la chica entra en la fortaleza:

-Bella: ¿papá?… ¿estás por aquí?… ¡oh Dios!, ¿pero esto no es…?, ¡mierda, esto es Hogwarts!, que bien me engañó mi agente, ¡ya estoy en la octava de Harry Potter!. Bueno, venga, habrá que seguir actuando… ¿Harry?, ¿Ron?, ¿profesora McGonagall?, ¿director Dumbledore?.

-Maurice: ¡Bella!, ¡hola, me he quedado aquí porque estoy haciendo un curso de mimo y clown con unos profesores geniales!, ¡son buenísimos!, ¡consiguen parecer objetos de verdad!, ¿qué tal me sale el candelabro?, ¡mira, ahora el reloj!, ¡la tetera!, y ahora lo mejor… ¿a qué parece que estoy encerrado tras una pared invisible?.

-Bella: no sabía que tuvieran esa asignatura en Hogwarts….

-Bestia: ¿qué haces tú aquí?.

-Bella: ¡ay, profesor Lupin!, ¡no moleste!, ¿no ve que estoy hablando con Kevin Kline?, y destransfórmese de hombre lobo, ¡que ni siquiera hay luna llena!.

-Bestia: ¡no soy el profesor Lupin!.

-Bella: es que no te distingo bien, ¿eres Sirius?, quiero verte a la luz.

Bella se queda horrorizada cuando la Bestia se muestra bajo una zona plenamente iluminada, como con foco de teatro.

-Bella: arghhh, ¡no puede ser!… ¡eres el troll de la primera película!, ¡esto es lo peor!, estoy en un remake de “Harry Potter y la piedra filosofal”, ¡ahora sí que puedo echarme a llorar!, ¡voy a matar a mi agente!.

El caso es que Hermione… esto… Bella se queda en el castillo porque le había quedado una para septiembre… creo, vaya usted a saber. Maurice por su parte, se marcha al pueblo para que el AMPA le apoye, ya que, está claro que los profesores de Hogwarts le han cogido manía a su pobre hija. Cuando llega, todo el mundo está en la taberna, lugar dónde, tras una canción en la que nadie sabe seguir la coreografía, Gastón y Lefou se ponen a hablar:

-Lefou: ¡ay, maricón!, esta noche dormimos juntitos, ¿no? -dice mientras le mete la mano por debajo de la ropa-, a ver si se encuentran nuestros soldaditos y guerreamos con ellos….

-Gastón: mejor no, que cada vez que duermo contigo, al día siguiente me duele mucho el culo….

-Lefou: ¡Pues bien que gritas de placer como una perra!, marica protestona, ¡ay!, porque el resto estaban cogidos, que si no, a buenas horas te iba a aguantar yo estas tonterías.

Es entonces cuando descubrimos que, para Gastón, Bella sólo era una excusa, porque a quién realmente quiere conocer es a Maurice, y su matrimonio con ella es la tapadera perfecta para iniciar una relación con su futuro suegro. Para conseguir tales propósitos, se lo lleva a la zona cruising del pueblo que es el bosque; pero como Maurice no accede, lo ata allí para que nadie pueda desvelar su secreto.

Mientras tanto, en el castillo, Bella ya ha tenido la oportunidad de descubrir que la Bestia es hombre de posibles, y por si fuera poco, seguramente, con un título nobiliario; así que, decidida a no soltarlo, se hace la interesante e inicia un tira y afloja para cazarle y que el tío se quede encoñado. Aunque tampoco se aburren, pues apenas pasan tiempo en el castillo: hacen excursiones, cruceros, viajes en el tiempo… etc; en estos últimos, descubren como la Bestia se quedó huérfano y los criados no hicieron nada para evitar que le gustasen y organizase fiestas con gente guapa (¡que malísimos!), razón por la cual también han sido hechizados; y Bella descubre que es tan gafapastas, alternativa y moderna porque nació en Montmartre siglos antes de que se construyera, vamos, que es la primera hipster vegana oficial de la historia universal. Ah, y además su madre murió de peste. Pero esto último no importa, el asunto clave de este viaje al pasado es que confirmamos que ella es una sofisticada y bohemia parisina que está a otro nivel Maribel.

Tras unas cuantas secuencias más, en las que no pasa nada que no hayamos visto ya; Bella vuelve a su pueblo, pues el espejito mágico, no sólo le ha confirmado que es la más hermosa, sino que además van a encerrar a su padre por loco, y ella no puede tolerar tal cosa… ¡y menos ahora que opta a una corona europea, la prensa rosa la machacará… y ya no digamos su primo y su tía twittera republicanos!. Así que hace su reaparición en la aldea, ¡pero no de cualquier forma!, ¡con el vestido del baile!… pobre, no ha tenido tiempo a cambiarse o no tenía su antiguo vestido de aldeana… y tuvo que atravesar todo el bosque con semejante miriñaque, pobrecita… el caso es que se presenta en su antigua residencia vestida a todo trapo, para dejar muy claro que aún hay clases. El pueblo, naturalmente, harto de tanta pedantería, la encierra con su padre; y se van a asaltar el castillo… porque la excursión al balneario de Mondariz, que había organizado la parroquia (de ahí la cara de circunstancia del cura negro), se ha cancelado en el último momento, y Gastón propone este otro plan alternativo.

Luego hay una batalla… porque los masajes en el castillo no tienen final feliz, y encima los aldeanos son unos guarros, así que los objetos los echan del lugar. A Gastón le gustan mucho los ojos de la Bestia, así que corta definitivamente con Lefou, y se dedica a perseguir a la Bestia por todo el castillo, convencido de que será una fiera en la cama. A última hora, Bella salva a la Bestia de tal acoso sexual, pero este está rendido de subirse hasta a los tejados del castillo para poder escapar de la sodomía… y muere. La hechicera aparece, los desencanta a todos porque sí y sin razón alguna… pero como ya estamos acostumbrados a que nada sea lógico en esta película, pues ya ni nos extraña. Nadie ha aprendido ninguna lección, ni falta que hacía, parece transmitir el filme.

-Bestia (destransformada): Bella… soy yo.

-Bella: ¡oh, Dios mío!, ¡eres el tío de “Downton Abbey”!, ¡el heredero del Conde de Grantham!, ¡madre mía que partidazo he agarrado!, y además Príncipe de sangre francés… no entiendo porque Lady Mary te despreció durante dos temporadas….

-Bestia: Venga, bésame ya, que la transformación incluyó afeitado y ya no te van a hacer daño los pelos.

-Bella: ¿por qué?, ¿qué necesidad hay?.

El caso es que al final hay una gran fiesta, exactamente igual a las del principio de la película (de lo cual deducimos lo magníficamente que se ha aprendido la lección y todo lo que se ha sacado de la experiencia vivida), y todos celebran que han conseguido sus objetivos: la Bestia, que la depilación ya no le sale por un potosí, y puede volver a organizar todas las fiestas que le de la gana; Bella, que ha dado el braguetazo de su vida; Lefou, descubre su bisexualidad, alternando las mujeres con una relación abierta con un travesti que pasaba por allí; y la señora Potts, recuerda, repentinamente, que tenía marido, y su hijo padre, así que retoma la relación con su esposo tras una larga separación, aunque le lanza miraditas a Maurice, dejando entrever que bien podrían hacer todos una cama redonda (que, visto el tono de la película, seguro que incluiría a Chip).

Cantan todos, créditos finales… y el público canta un aleluya porque tal infamia e insulto de vergüenza ajena ha terminado al fin.

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