Crítica exprés: Jackie

Se suele decir, y la película de la que haré la crítica también maneja ese concepto, que lo más parecido que han tenido los EEUU, desde su independencia, a una Familia Real, han sido los Kennedy… quizás por ese aura, ese carisma y estilo, además de la tragedia y leyenda negra (se dice que, incluso actualmente, si alguno de sus miembros se presentara a las elecciones rápidamente correría peligro) que los acompaña, aún hoy día, forman parte del imaginario colectivo.

Personalmente, no me resultan especialmente simpáticos (eran un tanto inmorales y mafiosos en muchos sentidos, incluso en las relaciones familiares), aunque les reconozco algunas afinidades, y el presidente JFK tendió puentes en lo que respecta al pasado hispánico de los EEUU.

En cualquier caso, de todos ellos, Jacqueline Kennedy (quizás, porque, como mujer, gusta tanto a hombres como féminas… aunque sea por distintas razones) es probablemente el miembro más icónico, reconocible de la familia (y también de su época) con su tan característico peinado y sombreros.

Y he de reconocer que, la que fue primera dama de EEUU, me provoca sentimientos contradictorios: por una parte, la veo como un pobre peón de la familia en la que entró y a la vez obligada a mantener una imagen de cara a la galería… aunque también como una frívola que le amargó la vida a Aristóteles Onassis con sus caprichos insaciables (algo que el armador se mereció, francamente, después de como había tratado a María Callas)… ¿pero cuánto de todo esto es verdad y cuánto leyenda?, bueno, como de todos los grandes personajes (y más de aquellos que han alcanzado el nivel de icono), muchas veces resulta difícil saberlo, así que no queda más remedio que tratar de averiguar, aprender más… e intentar sacar nuestras propias conclusiones.

Lamentablemente, mucho me temo que esta película no nos ayudará mucho en tal labor, pero, con todo, este comentario previo sí os ayudará a situaros, saber por qué me interesó ir a ver este filme y con qué expectativas iba.

 

-Jackie: ya no cabe duda de cómo elige sus papeles Natalie Portman: ¿para qué formar parte de un reparto lleno de estrellas, cuando puedes estar en una película en la que tú aparezcas el 90% del tiempo y el resto sean secundarios irrelevantes a los que les puedes sacar foco fácilmente, mediante las reacciones adecuadas, que el director se encargará de enfocar porque la película está diseñada a tu medida?, pues eso, Portman sigue por el camino que ya había iniciado astutamente en “Cisne negro”, consistente en que “sólo hay una estrella y esa soy yo”.

Por lo demás, es una lástima de película, porque el guión está sumamente bien, y fácilmente podría haber sido un magnífico filme que no sólo reflexionara sobre la familia Kennedy, su legado, el poder, la imagen pública y sus imposiciones… etc, sino también sobre cosas más comunes y más cercanas al resto de los mortales, como el luto, las reacciones ante la muerte o lo que pudo haber sido.

Pero lamentablemente, no se escoge la opción anterior porque todo el filme está en manos de unos narcisistas de película (nunca mejor dicho), y no me refiero sólo a Portman, acaparadora innecesaria de todos y cada uno de los planos hasta el hastío; sino también al director Pablo Larraín, que se obsesiona con hacer todo tipo de piruetas y experimentos en plan cine de arte y ensayo, que, además de no venir a cuento y chirriar por todos los lados, en muchas ocasiones incluso le salen mal, de modo que la ególatra dirección acaba llamando la atención forzosamente, y no precisamente por algo positivo, sino por esa obsesiva manía de llamar la atención permanentemente, colocando la cámara en los lugares más inverosímiles. Todo ello, sin mencionar los interminables y pesados primeros planos de la Portman, que encima no los aprovecha, por lo que acaba percibiéndose falsedad en todo. Y tampoco va bien el filme de ritmo, pues llega a aburrir, a pesar de que sólo dura hora y media, pero es que la historia no está nada bien gestionada narrativamente.

El resto del apartado técnico es una buena reproducción de la época, la verdad es que hacen todo lo que pueden para una película que no lo merece.

En lo que respecta al reparto artístico, a parte de lo ya mencionado, Natalie Portman se lo pasa pipa haciendo de Jackie Kennedy… tanto que se le nota, pero demasiado… en realidad, nunca llegamos a ver a Jacqueline Kennedy (ni siquiera a nivel físico, la verdad es que la fisonomía de la actriz no cuadra nada con la de la que fue primera dama), sólo a Portman, en plan diva, haciendo una imitación de escasa calidad o creyéndose que hace una gran interpretación que arrasará en todos los premios cinematográficos… y lo siento mucho, pero a mí no me cuela.

Reseñaría a alguno de los secundarios, pero cómo apenas aparecen, y para lo que hacen, más parecen figurantes con frase (como ya digo, toda la película está conformada por primeros planos de la cara de Portman haciendo teatro y drama barato) pues poco se puede decir… aunque no quiero dejar de destacar, en un sentido negativo, al que interpreta al sacerdote, pues es tan espantoso que produce risa involuntaria… ¡y no sólo a mí!, fijaos en Natalie Portman cuando habla con él, ¡está intentando contener las carcajadas!.

En definitiva una propuesta que pudo y debió haber sido mucho más de lo que fue, podría haber sido una gran película y ha acabado por resultar un filme ególatra, narcisista, de autolucimiento y profundamente pedante. La verdad es que no merece mucho la pena, y yo la califico de muy regular.

Esta entrada fue publicada en Películas. Guarda el enlace permanente.

¡Deja un comentario!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s