Críticas express: Las dos bandoleras / Orfeo y Eurídice

Publico estas críticas demasiado tarde para que se pueda ir en Madrid (a menos que las repongan, no sería la primera vez) pero son obras que a menudo salen de gira, con lo que son críticas aún perfectamente aprovechables.

-Las dos bandoleras: está claro que el CNTC ha visto negocio en eso de traer actores conocidos de la pequeña pantalla… otra cosa es que luego den la talla, y que incluso resulten cruelmente humillados cuando los veteranos actores de teatro clásico les pasan por encima como apisonadoras; de modo que, aunque son sus nombres y su imagen lo que atrae al público al teatro, este acaba conquistando por los “desconocidos” de la escena… la cosa no deja de resultar paradójica.

En este caso encontramos a Carmen Ruiz y Llorenç Gonzalez que, la verdad pasan bastante desapercibidos. Macarena Gómez por su parte, está tan mal como era de esperar, siendo como es, una actriz sin registros y que siempre hace exactamente lo mismo para cualquier personaje, con una voz espantosa y fatalmente modulada, resulta absolutamente horrible en el teatro, aunque, como ya se ha comentado, era de esperar.

No obstante, la obra es muy interesante y muy buena (Lope de Vega, por supuesto), y además está bien dirigida (aunque la escenografía es muy pobre -y parece bastante incómoda para los actores- algo demasiado habitual en este teatro, por otra parte); por lo que sí es recomendable.

-Orfeo y Eurídice: está ópera en el teatro Real fue una de esas pocas para las que ha sido difícil conseguir entrada, puede que por los pocos días, o sobre todo por Pina Bausch (a la que hace unos años se le dedicó una película con su mismo nombre).

Pero antes de nada, no puedo dejar de criticar esa manía que ha entrado en el Real de no subtitular las óperas, por importantísima y relevantísima que sea la danza, los subtítulos son necesarios y exigibles, ¡es vergonzoso!. Ya no estuvo bien que en el Mark Morris dance group (de próxima publicación, estará disponible en este enlace en su momento) adjuntaran la traducción en el programa y que hubiese que volverse loco con la linterna del móvil, pero es que en esta ópera de Gluck, ¡ni eso!, ¡es el colmo!, ¿en que se supone que están pensando?.

Tampoco resulta agradable la permanente falta del conferenciante últimamente (y la gente esperándole en vano, sin que nadie se molestase en avisar que no va a haber conferencia); si a eso sumamos la clara baja de la calidad del programa de mano a nivel de textos… todo esto no parece augurar nada bueno para la nueva temporada, y parece que la gestión del señor Matabosch no empieza muy bien, y va camino de hundir todo el centro de cultura operística que se había conseguido con tanta información para cada ópera entre el programa, la revista del Real, los paneles informativos, la conferencia, los videos… parece que quizás, desde otro lugar, y aunque le pese, monsieur Mortier podrá decir ese refrán tan español de “otros vendrán que bueno me harán”.

Pero volviendo a la crítica de la ópera en sí (si es que se la puede llamar de ese modo, a continuación aclaro el porqué de esta duda) vaya usted a saber a que a venido tanta expectación.

Y es que lo que funcionó con Mark Morris, aquí no da el pego; la ópera ha sido recortada y deshecha hasta ser irreconocible, no funciona nada, y la danza no consigue expresar el mito de Orfeo y Eurídice, logrando que el público se pierda y no sepa muy bien que ha venido a ver, ¿es una ópera?, ¿es un ballet o danza cotemporanea?, ¿no es ni lo uno ni lo otro?, la realidad, mucho me temo es que no consigue ser nada, puesto que la danza no es tan buena como para imponerse, y la ópera ha quedado totalmente destrozada escenográficamente (y sin subtítulos,) además de profanada con un innecesario cambio de idioma… de modo que el producto final se queda en un nada más bien poco interesante.

Por otro lado, el desdoblamiento de los personajes principales no sólo no funciona, sino que desconcierta absolutamente, y la coreografía es medianamente salvable, aunque no destacable, de modo que soy incapaz de entender tanto revuelo con esta coreografa.

Tampoco parece tener ningún o muy poco sentido tener la música y los cantantes en directo en el escenario, donde pintan muy poco o nada humillados y avasallados por los bailarines.

En definitiva, una producción claramente fallida.

Comentar por último también, que hace unos meses se ha reabierto la tienda del Real… pero me parece peor que la de antes. Cierto es que esta es más pública, está más abierta a la calle, pero también está mucho más vacía, no sé, la verdad es que, aunque resulta esteticamente agradable a la vista (con tanto blanco), no me termina de convencer… y por supuesto, los precios están a la altura del teatro (por ser caros).

 

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