Precelebración de la década del blog: Veinte parte y final… de la Primera Compilación de Notas de aburrimiento

Precelebración de la década del blog: Veinte parte y final… de la Primera Compilación de Notas de aburrimiento

¡Se acabó “Notas de aburrimiento”!; bueno, más o menos, digamos que esta es mi primera novela por entregas terminada para el blog… pero espero, y deseo, que sólo sea el primer libro de otros… o tal y como he decidido nombrarla, la Primera “compilación” de Notas de aburrimiento.

No negaré que, a partir de ahora, intentaré centrarme más en las otras novelas por entregas, y también en los relatos cortos o en los microrrelatos… pero, prometo que algún día, volveré con la Segunda compilación de Notas de aburrimiento, es decir, el segundo libro o novela sobre las peripecias de Abelardo… hasta entonces, ¡tened paciencia… o demandádmela incansablemente, pues vuestro interés me motiva!.

Por otro lado, me alegro mucho de haber concluido mi primera novela para el blog, y publicarla como regalo, homenaje previo, pistoletazo de salida, y gran anuncio de la celebración de la década de Universo de A, porque… ¡qué mejor manera de celebrar el 10º cumpleaños, o aniversario del blog, que de esta manera!, ¡a mí me parece absolutamente fabuloso y perfecto!.

Así pues, divirtámonos, con esta última parte (por un tiempo) de “Notas de aburrimiento”, que clausura la primera novela por entregas del blog, ¡y comencemos a prepararnos para la gran celebración de la década de Universo de A!, ¡que apenas quedan unos días; horas, si me apuras!:

 

Nota 223

He asumido que tengo que volver al instituto… porque no me queda otra… me he pasado toda la noche desvelado, intentando hallar alguna salida (metafórica… porque los accesos al exterior del edificio, ya me los he estudiado todos concienzudamente, por si tengo que salir huyendo)… pero no la hay.

Por supuesto que podría renunciar a la plaza… pero he decidido sacar mi parte orgullosa, y tengo claro que no voy a claudicar… además, estaría tan loco como ellos, si renunciara a ser funcionario, sólo para no volver a verlos.

Sólo es un empleo; mucha gente trabaja con gente que no le gusta… aunque estos últimos suelen estar aceptablemente bien de la cabeza.

 

Nota 224

Bien pensado, es muy inmadura la idea de que esa gente me va a guardar rencor eternamente porque tomé prestado un bolígrafo… ¡por favor, somos adultos!, ¡esto es completamente ridículo!, ni siquiera en ese lugar se puede llegar a ese nivel de locura absoluta.

Y además, ¡qué narcisista soy!, el mundo no gira a mi alrededor, esa gente tiene más vida (o eso quiero creer), y no van a estar pensando en mí día y noche… ¡qué tontería, qué absurdo, el pensar que van a dedicar unos instantes de su existencia a acordarse de mi persona!, ¡como si no tuvieran mejor cosa qué hacer!.

Seguro, segurísimo, que ya ni se acuerdan del tema del bolígrafo, o cualquier otro relacionado conmigo… además, ¡si cada día están montando una diferente!; es casi seguro, que han pasado tantos apocalipsis y acontecimientos “históricos” varios (quizás, últimamente, el universo le ha dado a la directora un portaminas, por ejemplo), desde que me puse a faltar, que ya no se acuerden ni de mi nombre.

Sí, eso es lo más posible: llegaré allí, y me saludarán con toda la normalidad del mundo, sin rastro alguno de rencor. Sin duda eso será lo que pasará.

Tal pensamiento, me ha consolado de tal modo, que he decidido compartirlo con mi hijo:

-Pues, la verdad, papá -me dijo Ildefonso-… y no quiero asustarte, porque si no, no va a haber forma de llevarte a trabajar… es que te odian a muerte, todos, sin excepción… han montado el club “Anti Abelardo”, que tiene un gran movimiento y participación muy activa en las actividades extraescolares del instituto; además, organiza las más diversas cuestiones, como el popular, y veterano, concurso de redacción “por qué odiamos a Abelardo Bueno”….

-¿Veterano? -respondí yo-, ¡si no les ha podido dar tiempo a organizar más de una edición!.

-Uff, ¡te equivocas! -contestó Ildefonso-, tras el éxito de la primera convocatoria, en la que hubo que aplazar la fecha de la entrega de los premios, y aumentar la cantidad de personas del jurado, porque los organizadores se vieron desbordados por una participación masiva… decidieron hacer nuevas ediciones diarias del concurso… y hacer que formara parte de las asignaturas de letras: así, en lengua, se daba tiempo libre para participar en el concurso; en historia se hacían redacciones de por qué eras tan detestable históricamente; si se impartía un idioma extranjero, traducíamos la redacción de animadversión hacia ti que habíamos escrito en lengua… etc.

La verdad -continuó-, es que se ha convertido en algo de lo más motivador para mejorar las capacidades de redacción de muchos alumnos, y ha dado un resultado de lo más excelente, ¡muchos han mejorado sus calificaciones gracias al interés puesto en el concurso!.

-¡No me lo puedo creer! -mentí, vaya si me lo creía… y a continuación, no pude evitar preguntar, con temor-… y tú habrás participado también, supongo….

-¡Gané el primer concurso, y varios posteriores!, ¿no estás orgulloso de mí?… aunque entenderé si no me ves el mérito… tenía cierta ventaja sobre los demás, porque sé más cosas horribles sobre ti, que para eso eres mi padre.

Ya no me molesté en indignarme, ¿para qué?.

-Aunque admito -continuó Ildefonso-, que todo esto, está creando algo de mal ambiente en el instituto, tanto odio no puede ser bueno….

-¡Me alegro!, si es que no es normal que me detesten tan intensamente… supongo que, al final, estarán entrando en razón… la poca que les queda.

-¡No!, ¡si odiarte a ti, es lo que más nos une!, ya sabes que nada crea más lazos que un enemigo común… es más, por primera vez, la directora y la jefa de estudios, han firmado un pacto: el “Acuerdo contra Abelardo”… aunque también es lo único en lo que se ponen de acuerdo, en lo mucho que te detestan….

-Tenía que ser precisamente en eso -respondí yo.

-Sí… justo después de firmar el acuerdo, ya discutieron, y pasó lo de siempre: se tiró la una encima de la otra, y empezaron a pelearse, revolcándose por todo el salón de actos….

Pero, como te decía -añadió-, la razón de que haya mal ambiente, es que la directora decidió hacerse cargo de la presidencia honorífica del club “Anti Abelardo”… e inmediatamente, la jefa de estudios consideró el acuerdo firmado incumplido, y montó su propio club, que se llama: “Odiamos mucho más a Abelardo Bueno”… así que, ambas asociaciones se dedican a competir ferozmente por quién te aborrece más… es una rivalidad brutal, porque ambas organizan todo tipo de cosas, para demostrar lo mucho que les asqueas, y se pelean por conseguir socios… lo último más destacable, que hizo uno de esos clubs, es que organizó un botellón, durante una clase, con el lema “bebe tanto como odias a Abelardo Bueno”.

-Entiendo… -mentí, no comprendo nada… obviamente, sí sé lo que significan las palabras que me ha dicho… pero no puedo asimilar nada de lo que me dice Ildefonso… bueno; no creo que pueda hacerlo, ni yo, ni nadie con algo de cabeza.

-¡Y también tienen mucho éxito las actividades deportivas!: las carreras, en distintas modalidades, bajo el lema “corre como si fueras a pillar a Abelardo Bueno”, están batiendo nuevas marcas en el instituto… ¡la gente se siente tan motivada!… y ya no te digo, el auge que están experimentando: las artes marciales, la lucha libre, el boxeo… espero que no te importe, que me haya llevado los álbumes familiares de casa, para proporcionarles fotos a las que pegar… es que verás, ¡con una imagen tuya se sienten tan inspirados!, ¡la violencia y la agresividad les sale sola!.

-¡Qué bien!, por lo que me cuentas, estoy siendo todo un catalizador de la vida social, cultural y deportiva del instituto… -le respondo, con dolorosa ironía, basada en que soy consciente de que todo lo que me cuenta es cierto, y sin ningún tipo de exageración.

-Pues la verdad es que sí, hasta cierto punto, puedes sentirte orgulloso por todo el bien que estás provocando… debido a lo mucho que te aborrecen, ¡si no lo hicieran, muchos no estarían consiguiendo los grandes logros que están alcanzando!.

-Y pensar que hay quienes piensan que el motor del mundo es el amor… va a resultar que es el odio….

-Bueno, los grandes odios han sido tan decisivos en la historia de la humanidad como los grandes amores… quizás más, todos los grandes hechos históricos de verdad, se han producido por odio: conquistas, el nacimiento y caída de naciones o clases sociales, el desarrollo de las religiones… ¿o es que alguna vez has visto que algún acontecimiento relevante se haya producido a besos?.

-¡Qué maravilla!, nunca hubiera pensado que odiar, pudiera ser tan necesario e imprescindible, para la evolución y el progreso -comenté con doloroso sarcasmo.

-No tiene nada de extraordinario -comentó Ildefonso-, al fin y al cabo, todo son reacciones químicas en el cerebro… nos lo han enseñado en la clase de biología, cuando nos explicaban por qué era absolutamente natural que te detestáramos tan profundamente.

-Ya -continué yo-, y a todo esto Ildefonso… si sabes cuál es la situación en el instituto, ¿por qué insistes tanto en que vuelva?, ¿qué quieres, que acaben conmigo?, ¿quieres quedarte huérfano?.

-Papá, no digas tonterías, ellos no piensan asesinarte… hacerte algo de daño, a lo mejor. Pero nunca te matarían, porque, si no, se quedarían sin el objeto de odio por excelencia… que ha provocado todo un florecimiento de la armonía en el instituto, y la felicidad general.

-Insisto, ¿para qué quieres que vaya? -dije cortante, harto de que qué todos me desprecien, haya causado efectos tan positivos.

-Dejando de lado la parte práctica de nuestra subsistencia -comentó mi hijo, muy pragmático él-; sería bueno que te pasaras por allí, porque la gente ya no te maldice con tanto gusto y emoción como antes, el sentimiento de odio se está apagando porque no has hecho cosas malas nuevas, y la gente ya no está tan motivada como antes en aborrecerte… así que vas, metes otra vez la pata, ¡y todo el mundo te vuelve a odiar al máximo!.

-Qué consuelo, gracias por tu voto de confianza en que conseguiré que las cosas se arreglen.

-¡Papá!, ¿no serás capaz de hacer algo tan horrible, verdad?, ¡entiéndelo!, has dado un motivo de unión a personas de toda clase y condición, por primera vez, todos trabajamos aliados con un mismo objetivo, mano a mano, en gran camaradería, todos juntos, con esperanza, en el gran ideal de….

-¿Odiarme?, perdona que no me sienta muy cómodo con eso.

-¡Oh!, no seas dramático, ¡eres un símbolo!… no te odian a ti: odian lo malo de sí mismos, su inadaptación a todo lo desagradable del mundo… vale, a quién quiero engañar, sí, te odian a ti, y además, a muerte.

-Gracias Ildefonso, ya me siento mejor.

-Mira el lado positivo, varios escolares, en riesgo de exclusión social, están ahora de lo más integrados gracias a que han manifestado el mucho asco que sienten por ti.

-¡Qué bien!, nunca hubiera imaginado que el odio pudiera traer tantas cosas buenas… aunque yo le veo un pequeño, diminuto, pero muy crucial defecto… ¿qué pasa conmigo?, ¿por qué tengo que sufrir yo la aversión de todos?.

-Es un pequeño precio a pagar, por todo el bien que se ha producido a cambio, ¿no te parece? -me respondió, con tono filosófico.

Me quedé pasmado por la reflexión de mi hijo: ¿Puede el mal producir un gran bien?, ¿es justificable sacrificar a un individuo (aunque este no quiera ser inmolado) por el bien común?…. Tan reflexivo y absorto me quedé, en tan apasionantes y complejas sentencias de largo y fructífero debate moral y ético… que Ildefonso me dio un beso, y, estando completamente seguro de que hoy iría al instituto, se despidió de mí, esperando verme allí… aunque sólo fuera para ver como me prendían y azotaban… pero si eso, al final produce tantos efectos positivos, como negarse… ¿no?.

 

Nota 225

Ya estoy en el instituto, he entrado sin pensarlo, así, sin más, como quién se saca una tirita.

Me gustaría pensar, que Ildefonso sólo me gastó una broma, cuando me contó todo lo anterior… pero mucho me temo que tengo la confirmación de todo ello en la conserjería… han transformado mi despacho en el “Museo Abelardo Bueno, de todo lo odioso y lo repugnante de este mundo”; hay múltiples cosas expuestas, como excrementos de varias especies animales, fotos de dictadores sanguinarios… pero la pieza central, la más importante de toda la colección, es una foto mía (de las que Ildefonso proporcionó… es más, mi hijo aparece en la cartela como “generoso donante y mecenas del museo”); eso, y varios objetos que suelo utilizar en el instituto, son, sin duda, el punto más interesante y visitado de esta nueva institución cultural, dedicada a la difusión del valor por excelencia, motor de los grandes acontecimientos históricos: el odio.

Con todo, he de reconocer que el montaje no está mal, y el criterio de musealización de mi despacho ha sido bastante acertado, escogiendo unos colores para las paredes que no son los típicos, pero que no son demasiado llamativos como para despistar de las importantes obras que forman la colección… sin mencionar las vitrinas, y una iluminación muy acertada que no crea reflejos sobre lo expuesto….

También hay una exposición temporal… hay que ver el partido que le han sacado a tan poco espacio… y trata sobre… “el infame hurto del divino bolígrafo”, ¡cómo no!.

¡Uy, mira, si aquí está el folleto del museo!, a ver qué pone: “Este museo, nace con un claro ideal: odiar a Abelardo Bueno”… “la fundación que lo sostiene, tiene entre sus principales valores, el propagar la aversión hacia el conserje aquel”… “trepa repugnante”… “le robó el bolígrafo a la directora”… vale, creo que ya voy entendiendo la compleja temática de este museo….

Y también tienen visitas guiadas, bajo el claro lema, de que en la variedad está el gusto:

“-Visita pedagógica: odiamos a Abelardo Bueno, pedagógicamente.

-Visita histórica: odiamos a Abelardo Bueno, históricamente.

-Visita artística: odiamos a Abelardo Bueno, artísticamente.

… etc.”

¡Oh Dios, pero que leo!, el director del museo… ¡es Ildefonso!, ¿por qué será que no me sorprende?… bueno, miraré el lado positivo, algún día podrá incluir ese cargo en su curriculum, ¡director de un museo, nada menos!; y tal vez esté iniciando una gran carrera en el ámbito de la gestión cultural, ¡y cómo voy yo a impedirle que se realice profesionalmente!.

Por otro lado, supongo que el hecho de que mi propio hijo, se ocupe de mantener y conservar el templo de animadversión hacia su padre, es algo secundario… ¡bah!, es un adolescente, todos pasan por esa fase de detestar a sus padres… supongo que no debo preocuparme; además, hay rebeldías de la edad del pavo, peores, y mucho más peligrosas, que dirigir un museo.

 

Nota 226

Estaba yo, tan tranquilo, admirando esta cuidada institución cultural, dedicada a expresar lo repugnante que soy… que, no me di cuenta de que había entrado la jefa de estudios.

-¡Oh, eres tú! -dijo subiendo levemente la voz, como queriendo disimular por si alguien la oía, pero a la vez, cerrando la puerta-, ¡te odio, te odio, te odio! -dijo con poco convencimiento, y una vez que se aseguró de que estábamos solos, y nos podía oír nadie, me dijo-… ¡Abelardo, cuánto me alegro de verte!; yo sólo venía aquí (temprano porque si no, vuelan), para conseguir unas invitaciones para el concierto que organiza el museo “música alrededor de lo detestable que es Abelardo Bueno”, ¡pero qué bien verte por aquí!, ¡te has hecho tan popular!… públicamente tengo que sentir repugnancia hacia ti, porque es lo correcto, pero tú siempre has sabido el afecto que te tengo….

-¿Ah, sí? -pregunté con incredulidad.

-¡Es nuestro momento! -afirmó Alicia-, ahora que tu popularidad está en la cresta de la ola, ¡es la hora de dar el golpe de directorado!; mira, lo vamos a hacer así: tú afirmas que la gestión de Almudena es lo mejor que ha habido jamás, y empiezas a promocionarla….

-¿Me estás diciendo que quieres que defienda a la directora?, me sorprendes Alicia, ¿y qué pasa si argumento tan bien su buena labor, que todo el mundo la acaba apreciándola más, y ya no consigues sacarla nunca del puesto?.

-¡Qué tontería! -respondió la jefa de estudios-, como la gente te detesta, ¡va a hacer exactamente lo contrario de lo que tú digas, sea lo que sea!, ¡es así de sencillo!; porque, no lo olvides: no es relevante tener grandes ideas, hacer brillantes razonamientos o saber la verdad… ¡eso a nadie le importa!… ¡lo significativo, es quién transmite la información!; que esta, esté bien o mal, ninguna persona se molesta en preguntárselo… ¡porque para eso habría que pensar, y tener ideas propias!… y a casi todo el mundo le aburre profundamente eso, sin mencionar que, quién se atreve a ello, a menudo acaba siendo considerado un disidente peligroso… ¡y con razón!, hay que pensar exactamente lo mismo todos, ¡la masa unida!… lo diferente sólo causa problemas.

-Ya, pero le veo una contrariedad a tu plan Alicia -le digo, siguiéndole el juego durante un rato, a estas alturas, ¿por qué no?-… ¿qué pasa conmigo?, eso no soluciona mi problema, si Almudena cae, aunque tú consigas ser la directora, yo seguiré siendo igualmente despreciado….

-No entiendo, ¿cuál es el problema? -pregunta sorprendida.

-¡Pues que, como todo el mundo, no quiero que me odien!.

-¡Pero qué egoísta eres!, ¿es que no puedes pensar en el pueblo, no quieres destruir la tiranía, no deseas entregarle el gobierno a la masa, o lo que es lo mismo: a mí?, ¿no tienes ningún sentido de la justicia social?.

-Es que a mí no me parece muy justo, ni socialmente, ni de ninguna otra forma, ser el chivo expiatorio, la cabeza de turco, para tus propósitos y ambiciones de poder… a lo mejor, resulta que no estoy lo suficientemente concienciado….

-¡Pues no, no lo estás!, ¡no me extraña que todo el mundo te odie!, ¿cómo no lo va a hacer?, ¡qué repugnante es tu falta de responsabilidad cívica, educativa y política!… ¡esa será la temática de la próxima exposición temporal del museo!, ¡voy a decírsela a tu hijo, para que comience a organizarla, en la próxima temporada cultural!.

Y así, hecha una furia, se marchó dando un portazo.

Mirando el lado positivo, he tenido suerte, pues ya tengo un avance de las próximas actividades del museo… será mejor que vaya reservando las entradas, que seguro que se acaban; ahora que tengo la primicia, no puedo desperdiciar tan importante información.

En cualquier caso, está claro que soy el impulso cultural de este instituto, no sé que harían si no me detestaran tanto….

En fin, supongo que, si el sufrimiento ha sido lo que ha producido algunas de las creaciones artísticas más extraordinarias… el odio bien puede crear grandes movimientos culturales… ¿triste, pero cierto?.

 

Nota 227

Estaba terminando la colección permanente del museo, e iba a pasar a ver la exposición temporal (¡antes de que la quiten, que ahora ya sé que se está planificando una nueva!), cuando, de repente, apareció Andriuu, y me dijo:

-O sea que es cierto -exclamó, mientras me miraba con indignación-… se ha atrevido a volver.

Supongo que debería de sentir miedo; supongo que debería de querer huir; supongo que… no, la verdad, es que, a estas alturas ya no era capaz de sentir nada, por alguna extraña razón, enfrentarme a mis mayores miedos en este lugar, me ha llevado a perderlos. Está más que claro, que todo el mundo en el instituto se está enterando de que estoy aquí, también es evidente que mi estancia no va a ser fácil, pero lo estoy asumiendo con una calma pasmosa… como los animales antes de ir al matadero.

-Odio verle -exclamó-… ¡y eso me hace sentir encantado de la vida! -“madre mía, a ver que quiere este”, pensé-; ¡tenga, aquí tiene!.

Y me extendió una cuartilla de cartulina, que resultó ser una invitación, para acudir a la inauguración de su próxima exposición.

-¿Me está pidiendo que vaya?.

-¡Pues claro!, y aún le voy a requerir algo más: no se mueva mucho de aquí, pues quiero que su gran reaparición se produzca durante mi evento… con todo el instituto allí, ¡causará sensación!.

-¿Pero no será incómodo?, ¿no me detesta todo el mundo?.

-¡Ay!, Abelardo, usted siempre tan inculto y con tan poco mundo… una inauguración, o cualquier evento público que se precie, no es nunca un auténtico éxito, si la gente no tiene algo de lo que quejarse o que criticar ferozmente… y mejor que sea a usted, que a mi obra, ¿no le parece?; así todos podrán disfrutar del placer de la contemplación artística, y del aún mayor deleite de la vituperación ajena, ¡ya lo verá, la inauguración de la exposición tendrá un éxito colosal!.

-Claro… pero, a pesar de su gran, caritativo, y altruista interés, en ayudarme a reconciliarme con el resto de la gente del instituto, y asegurar el buen ambiente laboral en este; mucho me temo que debo rechazar su invitación -dije con sarcasmo nada disimulado-; porque, lo menos que querría, es quitarle protagonismo a usted y a su obra….

-¡En absoluto!, ¡no se preocupe por eso!, ¡si le invito, es precisamente por llamar la atención sobre mí!… si fuese usted un vulgar conserje, ni se me hubiera ocurrido convocarle para el evento artístico de la temporada… pero yo, el gran Andriuu, como gran artista que soy, siempre estoy rompiendo las normas y relacionándome con los elementos subversivos de la sociedad, pues ello me convierte en el no va más de la vanguardia… a nadie se le ocurriría invitarle a ningún acto social, todo el mundo le ignoraría o despreciaría -“que más quisiera”, pensé-… pero yo no, porque soy un gran artista, y estoy por encima de todo eso… ¡usted será mi happening, mi performance de la noche!, y a todo el mundo le quedará claro que no hay creador más rupturista que yo… ¡invitar, al ser más odiado, al acontecimiento cultural de la temporada!, ¡qué triunfo… para mí!, todos quedarán alucinados con mi revolución artística… por otra parte, una reunión de personas, nunca acaba de funcionar con éxito, si al menos dos de los integrantes del grupo, no sienten cierta aversión por otro.

-Es maravilloso, cada vez estoy más convencido de ir -ya ni me molesto en disimular la ironía, total, nadie la nota-… pero a ver, dónde y a qué hora es… uy, ¡qué pena, temo que voy a estar ocupado! -dije sin molestarme en mirar la invitación, con los datos del evento.

-¿Va a estar ocupado en el segundo recreo?, ¿en qué?, ¿jugando en los columpios?… si además no tiene nada qué hacer porque no se lo van a mandar, que la directora le ha despedido… bueno, más le vale estar en mi inauguración; porque si no, realizaré un happening que consistirá en buscarle y apalearle… ¡y que viva el arte!.

-¿Y eso no sucederá igualmente si voy? -dudé.

-En absoluto, mientras esté en mi exposición, será una más de mis obras, y por tanto estará bajo mi protección… recuerde, ¡es usted mi performance!.

Y dicho esto, se marchó sin más.

Lo más raro de todo, es que estoy valorando ir… aunque sólo sea porque así, tal vez, consiga conservar mi integridad física… durante unas pocas horas más.

Además, ahora resulta que soy una de las obras de arte que se va a mostrar… tiene gracia, excepto para el empleo por el que se supone que estoy aquí, he hecho y sido de todo en este instituto; y nadie parece darle mayor importancia a que no haga el trabajo para el que he sacado la plaza. A veces me pregunto, si lo hace otra persona a quién hayan nombrado extraoficialmente conserje (por más que yo quiera serlo, ¡si es que ya no es suficiente ni con sacarte la oposición!)… y lo peor de todo, es que no me extrañaría nada de nada.

 

Nota 228

Me he puesto a leer la invitación del profesor de plástica, ya que finalmente, voy a formar parte de lo expuesto, tendré que saber dónde colgarme… el escrito dice lo siguiente:

“Mi querido amigo del arte:

Le invito formalmente (e informalmente, también), a la inauguración de la exposición del mayor artista de nuestros tiempos, pasados y futuros, obviamente, yo: el gran Andriuu.

La exposición, cuyo título es “una exposición, no es sino parte de un todo menor, observado con lupa por parte de un viejo relojero renacentista, que subido encima de la parte posterior de la grupa de una mula, contempla los yacimientos de un universo paralelamente cuántico… en relación a la estadía del cosmos”; contará con una restrospectiva mía, y además, destaparé mi obra inédita, con la que inauguro una nueva etapa, dentro de mi imprescindible desarrollo y recorrido artístico.

El evento se celebrará durante el segundo recreo, en el vestíbulo del IES Tomás de Todaquemada.

P.D: no venga sólo por el catering, avisamos que será de cartón piedra, hecho por mis alumnos de plástica.

 

Nota 229

Pues nada, allá voy… no he tenido que desplazarme muy lejos, apenas unos cuántos pasos, para llegar al “evento artístico de la temporada”, tal y como lo describió Andrés.

La verdad es que hay bastante gente… básicamente porque, como es el recreo, y esta es una zona de paso obligatoria para ir: al patio, la cafetería, las clases, la sala de profesores, los departamentos, cualquier salida… etc, pues no faltan personas dando vueltas por aquí… pero no veo a nadie mirando nada de lo expuesto.

Aunque, lo que tiene gracia, es el título de la exposición: pintado sobre varias sábanas blancas, que cuelgan apoyadas en postes de madera, dando paso a la muestra… y que ocupa más espacio que lo que se exhibe… a lo mejor es que yo soy un inculto, pero nunca antes había visto una retrospectiva con sólo cinco obras… más la nueva, que está tapada con una bayeta de limpieza, y que, supongo que será destapada en el momento culminante del acto.

En realidad, me estoy centrando en observar lo que se expone, para evitar mirar directamente a la gente: veo caras de indignación, de furia, comienzo a oír murmullos, empiezan los corrillos… ¡oh, Dios!, se acercan, me están rodeando… esto no va a acabar bien… ¡qué alguien me salve, por favor!.

 

Nota 230

-¡Abelardo! -grita Andriuu, mientras se me acerca-, ¡está aquí!….

“Que alguien me salve… pero que no sea él”, pensé.

-… Ya estaba notando su infecta presencia -continuó hablando, mientras me ponía en la mano una copa de champán… echa de plastilina-; realmente, mi performance está siendo un éxito, ¡todo el mundo está con unas ganas de darle una paliza!, ¡qué ánimos más exaltados, qué actitud más proclive al romanticismo de la explosión furiosa y del acto agresivo impulsivo!… como esto siga así, pasará de performance a happening, ¡porque el público intervendrá!, ¡qué maravillosamente artístico!.

-Bueno, no podía faltar -respondí, por decir algo-, pues consideré toda una nueva experiencia el ser una obra artística… seguro que el cuadro de “Las Nenitas”, se está muriendo de envidia, allí, rodeada de turistas, en el Museo del Campo.

-¡Pero qué paleto es usted, por favor!, ¡usted no es, ni será nunca, nada artístico!, ¡el hecho de invitarle, es, en sí mismo, la obra artística!.

-Ah, no lo había entendido, ¡es un concepto tan audaz, que se me escapaba totalmente! -no lo he comprendido, ni yo, ni nadie… porque mucho me temo que la gente que me hace señales, indicando que van a pegarme, tampoco está apreciando mucho el vanguardismo de Andriuu. Por si acaso, me voy a quedar muy cerca de él, que parece que así estoy más a salvo.

-¡Por supuesto que no! -disertó Andriuu-, el arte que lo es de verdad, ¡no lo entiende nadie!. Verá, ante una obra, sólo hay dos personas: los que admiten su estúpidez, y se sienten acomplejados por ello; y los que fingen que no son tontos, y aseguran arrogantemente entender lo que ven… aunque no sea así… y desprecian a los primeros por su incultura.

Además -continuó-, a la gente le encanta el misterio… ¿a usted cree que a alguien le importaría algo el cuadro de “La mona plana”, si la gente sólo viera a una señora sentada delante de unas montañas?, ¡claro que no!… tiene que haber iluminados, que le busquen los tres pies al gato; y que digan que, tiene una sonrisa muy misteriosa porque, después de veinte años de matrimonio, por fin ha tenido un orgasmo con su marido; o que, en realidad, la retratada es un dromedario disfrazado, propiedad del artista.

Es más, sin ir más lejos -añadió-, ¡yo siempre trato de no entender mi propia obra!, ¡de no tener ni idea de lo que hago!, así me aseguro de que es arte, ¡es una apuesta segura, con total confianza!… es más, a veces alcanzo tal punto de vanguardismo, que, como no hay quien lo comprenda, creo que habría que traer a un especialista del futuro para que nos lo explicara….

-Ya, y por eso decidió titular la exposición de esa forma tan larga… lo que no parece muy práctico… ni muy comercial… porque la invitación parecía un testamento, tuve que usar un marcalibros para leerla entera, ya que lo hice en ocasiones diferentes -objeté yo.

-¿Y qué me importa que el vulgo no sea capaz de entender el arte superior a todos… es decir: el mío?, como ya le he dicho, el auténtico arte… te hace sentir estúpido, no lo olvide. Usted, dejando de lado su estado normal y natural, ¿se siente hoy especialmente tonto?, ¿sí?, pues entonces he hecho arte.

-¡Y yo que pensaba que el auténtico talento, se demostraba llegando a la mayor parte de personas posibles, creando emociones, moviendo almas!… -exclamé burlón.

-Pero bueno, ¿va a discutir de arte con un grandísimo y eminentísimo artista como yo?, que sepa, que he expuesto, y lo sigo haciendo, en las instituciones más prestigiosas del mundo, ¡los museos, y las galerías de arte, de las ciudades más punteras culturalmente, se pelean por mi obra!; ¡matan!, mandan sicarios, para intentar secuestrarme, cada dos por tres, y que acceda a exponer para ellos….

-Claro, lo entiendo -dije yo, aguantando esta ridícula conversación, aunque sólo fuera para no quedarme solo… y que me apalearan-, y por eso hace sus exposiciones en el instituto, para que los sicarios, y prestigiosos directores y galeristas de todo el mundo, no puedan descubrir sus nuevas creaciones -y a continuación murmuré-… bueno, ni ellos, ni nadie.

-Pues no, como de costumbre, usted no se entera de nada… expongo aquí porque esto es el colmo de la modernidad y de la renovación artística… ¡es rupturista!, ¡se escapa de los círculos comerciales del arte para crear algo nuevo y fresco!… y eso se consigue, mostrando mi obra aquí… y en los centros culturales, que, cuando tengo suerte, me hacen el favor, y me ceden algún espacio, también exhibo mis creaciones en ellos…. sin ir más lejos, mi última exposición fue en uno de ellos, con otra gran artista, Maruja Pastor, una encantadora anciana, que mostró los cuadros de los jarrones con flores que había pintado en el taller de pintura del mismo centro, y que tienen gran mérito, pues son una abstracción de un tema tradicional… aunque tal vez, eso sea así, es decir, que no se distinga nada de lo que pinta, porque la mujer sufre cataratas, miopía y astigmatismo… ¡pero tiene un arte!.

En cualquier caso -argumentó Andriuu-, lo cierto es que, ahora, cualquiera que se precie, que sea un auténtico artista, jamás expone en galerías o museos, pues son puro academicismo, ¡arte prefabricado!; nadie, que sea alguien de verdad, expone allí.

-Pues los auténticos artistas, los que se precian tanto, no sé lo que harán… pero los que venden su obra por millones sí se exponen en galerías y museos….

-Es usted tan idiota, está tan ajeno a los grandes círculos del arte, ¡es tan paleto!; claro, como nunca acude a los grandes eventos artísticos, ni conoce a nadie… ¡menudo ignorante!… además, ¿acaso está ciego?, ¿no puede ver, claramente, que todo el que es alguien en este mundillo está hoy aquí?.

Mire a mí alrededor, intentando captar la realidad alternativa que me proponía Andrés Montesperales, el profesor de plástica… pero lo único que era capaz de apreciar, era a un montón de personas yendo de un lado al otro del instituto; adolescentes agrupados en las esquinas; niños corriendo; profesores tomando café y comentando cuestiones del departamento… etc. Incapaz de responderle eso, le miré con cara de desconcierto.

-¡Por favor! -dijo exasperado ante mi reacción-; aunque no se lo merezca, y sólo para remediar su profunda incultura, voy a hacer que conozca a algunas de las personas más influyentes del arte en la actualidad… tal vez esto sirva para que pueda comprender mínimamente dónde está, consiga entender el alcance de la situación, sentirse emocionado y orgulloso, de haber estado en un evento cultural, tan histórico, como la inauguración de una de las exposiciones de Andriuu. Ahí, sin ir más lejos, está el director de un museo… se lo voy a presentar.

-Creía que los museos eran instituciones arcaicas, que no tenían nada que ver con los artistas que lo eran de verdad… -contesté mordaz.

-¡Cállese! -me respondió Andriuu-, le presento a Ildefonso Bueno, el director del museo del instituto.

-Ya lo conozco, es mi hijo -contesté.

-Tenías que haberlo dicho papá… siempre me avergüenzas -dijo Ildefonso.

-¿Ah, sí?, ¿pero ustedes se conocen?… ¡uy, Abelardo!, está usted mejor relacionado de lo que imaginaba -me dijo cariñoso Andrés, mientras me pasaba el brazo por el hombro, y me susurraba-; ¿no conseguirá convencer al director del museo para que adquiera una de mis obras, verdad?, me paso la vida intentando persuadirle, pero no hay manera….

-Pues no sé, es que soy tan estúpido… -respondí.

-¡Eso tiene arreglo!, le voy a presentar a otro de los más ilustres asistentes a esta inauguración… este es Fernando Gardel -me dijo, mostrándome a un señor bastante mayor, pero muy trajeado, con el mentón permanentemente muy levantado… y al que acompañaba un perro, que no dejaba de dar vueltas alrededor de nosotros-, un importantísimo profesor universitario, muy reconocido… bien es cierto que jamás ha ejercido profesionalmente en nada artístico, que se ha pasado toda su carrera en un despacho, y que por no dar, no da ni las clases… hay quien dice que tampoco da palo al agua… pero, con todo, es toda una personalidad a tener en cuenta, pues lleva, más de veinte años, haciendo una investigación, subvencionadísima, pero utilísima y absolutamente imprescindible para el desarrollo mundial, titulada: “la tactilidad de las yemas de los dedos, sobre el pincel, por parte de los escultores policromistas de la Edad madura: una aproximación breve”.

-Ya -contesté yo-, a lo mejor es que yo soy un analfabeto -¡qué partido le estoy sacando a hacerme el ignorante!-, ¿pero el objeto de su estudio está en la playa?, es que le veo a usted muy moreno….

-A decir verdad, hasta ahora sólo he conseguido escribir el título… -confesó el profesor universitario-, llevo diecinueve años esperando a que me vuelva la inspiración para terminar la investigación… pero por más que la busco en destinos turísticos exóticos, no hay manera, y eso que me paso horas y horas tomando el sol en la playa, bebiendo cócteles incansablemente, mientras me pregunto que poner en la siguiente página después de la portada….

-Pobre, ¡qué tragedia! -comenté socarrón-, menos mal que sigue cobrando usted igual… porque si no lo hiciera, ¡seguro que perderíamos definitivamente su gran contribución a la humanidad!… ¿y ha venido usted aquí, a ver si rodeado de… bueno, de las cosas que hace Andriuu… consigue sacar ideas para su investigación?.

-Lo cierto es que -me comentó el profesor Gardel-, yo había salido a sacar al perro, para que hiciera sus cosas… y había varios alumnos intentando que entraran los viandantes a la exposición, porque decían que así el profesor de plástica les subía la nota… pero estaban tan desesperados, que me secuestraron al perro para que tuviera que venir aquí, y no me lo han devuelto hasta ahora….

-Pero no sólo grandes estudiosos de mi obra nos acompañan -le interrumpió Andriuu, tratando de retornar mi atención hacia él-… ¡también han venido compañeros artistas!, ¡fíjese!, este hombre que tiene aquí delante, ¡trabaja como director en la CBB!.

-¿La prestigiosa cadena de televisión? -pregunto, sorprendido y fascinado por primera vez-, ¿el canal famoso por su cuidada programación y su apuesta por productos de gran calidad?.

-No -me responde el supuesto gran profesional del audiovisual-, yo lo que hago, son vídeos de comuniones, bodas y bautizos, ¡CBB!. ¡Pero no sólo los dirijo!, también los grabo, edito, paso a formato de vídeo doméstico… me encanta explorar, y prácticar múltiples disciplinas, soy como los artistas del reparimiento. También grabo algunas de las funciones de fin de curso de este instituto… cuando me llaman; pero como soy el primo de Andrés… perdón, de Andriuu… pues entonces tengo algo de enchufe -dice guiñándome un ojo.

-¡Y para finalizar! -me dijo Andriuu-, este espectacular paseo por los personajes más influyentes del mundo artístico… no podía usted dejar de conocer al motor de todo, a los que hacen que el arte sobreviva: los mecenas; personas sensibles, con cultura, gusto, clase y estilo -si poseen esas características, no creo que le compren nada a Adriuu-; cuyo refinamiento y modestia se puede apreciar con sólo acercarse, le presento a mi patrocinadora por excelencia: Almudena de Castro.

¿Me acaba de presentar a la directora?, ¡yo alucino!… aunque ella más; parece que le vayan a salir rayos de fuego por los ojos con los que fulminarme… está extendiendo la mano… pero no sé… si es para que yo también se la dé… ¡o para retorcerme el pescuezo!.

 

Nota 231

Afortunadamente, y antes de mis mayores temores se confirmaran, se produjo una acción que llamó la atención de todos, y que me permitió escaparme de allí, por tener una excusa para dirigirme hacia el nuevo foco de interés… era la voz de mi hijo, que anunciaba:

-Y ahora, señores y señoras, espero que se unan a la visita guiada por la exposición retrospectiva de Andriuu, que culminará con el descubrimiento, literal y figuradamente, de su nueva obra -dijo Ildefonso.

Pobre hijo mío, ¿qué te han hecho?

-Sí, señores -proclamó Andrés-, prepárense para un acontecimiento único, porque les acompañará en esta visita guiada, el artista… y el director del “Museo Abelardo Bueno, de todo lo odioso y lo repugnante de este mundo”, institución que ya está en negociaciones para adquirir alguna de mis obras, para su sala, de próxima inauguración, que llevará el nombre de “lo contrario a lo odioso y repugnante” -al decir todo esto, Ildefonso miró a Andrés con extrañeza-… en cualquier caso, esta institución la dirige uno de mis mejores alumnos, que, no me preguntes por qué, pero tengo la intuición de que va a sacar sobresaliente en todas las asignaturas que imparta yo, durante todos los cursos que permanezca en el instituto -dijo Andrés, mientras le guiñaba un ojo a mi hijo, y este le devolvía el gesto, alzando el pulgar de la mano.

-El caso -continuó Ildefonso-, vamos a comenzar la visita, acompáñenme, por favor… -dijo mientras daba apenas dos pasos y señalaba un pupitre con ¿esculturas? encima- en esta sección, pueden apreciar algunas de las primeras obras de Andriuu; esta es su etapa de las “secreciones”, pues todas las esculturas que contemplan, están hechas con sustancias producidas por su cuerpo….

-Consideré -explicó Andriuu-, que dado que ya se había agotado la exploración artística del cuerpo humano, era el momento de explorar las cosas que nos regala, y que van saliendo de nosotros.

-Observen -apuntó mi hijo- la primera obra, titulada “Mis mocos hacen una escultura”, en la que las mucosidades del artista logran formar una figura antropomorfa… y es toda una reflexión sobre la composición del cuerpo humano, que, cómo sabrán, es en buena parte agua….

-¿Ah, sí? -dijo Andriuu-, ¡nunca lo hubiera pensado!, ¿y reflexioné eso?, ¡qué inteligente soy, sin saberlo!, porque cuando hice esa obra, ¡estaba sacándome todo de la nariz, y acabó quedando esa forma!… pero supongo que mi subconsciente artístico lo modeló.

-La segunda escultura -añadió Ildefonso-, ya supone una evolución en este gran creador; que pasa del medio líquido, a uno más solido… la cera de oído, componiendo una forma animal.

-Intenté que fuera un perrito -le comenta Andrés al profesor universitario, que le mira desconfiado, porque se ha puesto a acariciar a su can-, pero creo que parece más un antílope.

-¡Pero qué guarrada! -exclama Mari, que, como no, también se ha apuntado a la actividad-, ¿y esto es arte?.

-Mira que eres tonta, ¡claro que lo es!, ¿no ves que no lo entendemos? -responde su inseparable Visi, que, a día de hoy, creo que nunca la he visto en el despacho de orientación… no sé si la pobre sabrá dónde está siquiera.

-¿Pero dónde pones eso en casa? -le pregunta a su amiga, la reprógrafa.

-¡Ay!, ¡pero qué inculta eres! -contesta la psicóloga-, hoy día nadie adquiere arte porque le guste, sino como inversión, ¿o tú comprarías petróleo porque sea bonito, huela bien, para bebértelo o hacer la crema de verduras?, pues eso.

-Y en este momento -dice Ildefonso, continuando con la visita guiada-, es cuando el gran Andriuu se encuentra ante una terrible complicación….

-¡¿Cuál?!, ¡¿cuál?!, ¡¿cuál?! -pregunta impaciente el profesor de plástica-, ¡no nos dejes con la intriga!.

-Y es que -continúa mi hijo-, dado que ya ha explorado el medio líquido, y el sólido, ya sólo le queda el gaseoso… sin embargo, no consiguió hacer una estatua con sus ventosidades… pero, encontró nueva inspiración en las pelusas de su ombligo, que, al tener una textura lanosa, eran también metáforas de las nubes del cielo, el algodón de azúcar….

-¡Qué bonito, qué artístico! -aplaude Andrés totalmente entusiasmado, como si no se estuviera hablando de su propia obra.

-Pues a mí me sigue pareciendo una asquerosidad, que quieres que te diga -se reafirma Mari-, será que no entiendo de arte….

-Y esta metáfora infantil -prosiguió Ildefonso-, fue la inspiración clave para su nueva etapa, que los expertos que han confeccionado el catálogo de esta exposición….

-Bueno -exclamó Visi-, tanto como expertos… que lo has escrito tú, Ildefonso, ¿un poco de modestia, no?… ¡uy!, vas a tener que venir a verme, que te noto un complejo de superioridad, de agárrate….

-Tú cállate -respondió airada la jefa de estudios-, que el prólogo lo escribí yo, así que, al menos, una especialista en movimientos artísticos urbanos, sí que la hay… ¡que yo estoy siempre paseando por la ciudad mirando los grafitis!.

-¿¡Qué!? -gritó la directora-, Andriuu, ¡exijo una explicación!, ¡que para eso te pago… digooo… soy tu mecenas!.

-La explicación -afirmó Alicia-, es que el arte no se vende, ¡por más que los poderosos quieran comprarlo!, porque, ¡la gente, aunada, jamás será derrotada!… y por eso, he sobornado a Andriuu, y a Ildefonso, para que me solicitaran hacer el prólogo del catálogo, ¡viva la camaradería!.

A punto estaban la directora y la jefa de estudios de pelearse, como es costumbre, cuando Ildefonso continuó con la visita guiada:

-El caso es que, su siguiente etapa es llamada, la de los “dibujitos de parvulitos” -comentó mi hijo, mientras nos conducía a una pared cercana, dónde, sobre unas cartulinas, estaban hechas unas ilustraciones con pintura de dedos… que niños de tres años hubieran hecho mucho mejor-; observen la simplicidad de los dibujos, el trazo descuidado, y la fusión de los elementos intrínsecos y extrínsecos en uno solo….

-Eso también lo hacía yo -afirmó Mari.

-Sigues sin entender nada -le explicó Visi-, en el arte contemporáneo, lo importante es la idea….

-¿Qué idea?, ¿la de dibujar cómo si fueras retrasado?… entonces tienes razón, son unas obras exquisitas, ¡qué ignorante he sido!.

-Aprecien, además -nos explica Ildefonso-, la aleatoriedad en el uso de las manchas de color….

-La verdad -confiesa Andriuu-, es que siempre me salgo de las líneas, ¡nunca consigo que los colorines se me queden dentro de la figura que pinto!.

-Las temáticas de esta nueva etapa -continua mi hijo-, se centran en la reinterpretación de los más primitivos temas de la historia del arte: el culto solar, la divinidad femenina, o la representación de escenas costumbristas.

-¿De verdad? -pregunta Andrés, con asombro-, ¡y yo que sólo quería pintar un sol, una casa, y dos niñas jugando a la comba!.

-No volvemos a una exposición de arte moderno -le dice Mari a su amiga-, yo esto no lo entiendo, estoy teniendo todo el tiempo la impresión de que todo es una estupidez y un engañabobos, pero Ildefonso dice que hay que apreciarlo… y encima no estoy entendiendo nada de lo que nos explica.

-La próxima vez -propone Visi-, vamos a una exposición del centro cultural; están a punto de acabar el trimestre, y Maruja me ha contado que están pintando unas manzanas… que dan ganas de comérselas.

-Eso sí que es arte -afirma contundentemente Mari-; que se sabe lo qué es cuando lo miras. Una cosa, ¿quieres que compremos el catálogo de la exposición de Andriuu para que parezca que la entendemos y nos ha gustado?, además, yo tengo que rellenar una estantería en casa….

-Desde luego que lo vamos a comprar, ¡no vamos a quedar como estúpidas! -responde Visi.

-De eso nada, porque voy a dar la orden de que ese catálogo se retire, ¡hay que proteger a todo el mundo de su contenido indecente y contra las buenas costumbres! -declara la directora-, ¡o al menos arrancarle las hojas del prólogo… el resto me da igual!.

A punto estuvieron nuevamente Almudena y Alicia de enzarzarse… pero Ildefonso, inteligentemente, ya nos había hecho avanzar a todos hacia la última obra, la que estaba tapada con una bayeta; y comenzó a hablar:

-Y después de haber seguido este gran recorrido artístico, de un genio al que no puedo nombrar sin emocionarme….

-¿Cómo que no lo puedes nombrar?, ¡soy yo!, ¡el gran Andriuu!

-Ahora, saltamos a una nueva etapa -manifiesta mi hijo-, ¿con qué nueva fase nos sorprenderá este impresionante creador?, ¿qué grandes cosas debemos esperar de su mente e imaginación privilegiada?.

-Nada bonito, seguro -comenta Mari-, ¿Andrés, por qué nunca pintas niños o caricaturas?, hay una plaza dónde varios que lo hacen, y buen dinerito que se ganan.

-¿Quieres dejar de criticar? -la reprende la directora exaltada-, a todos nos parece horroroso lo que hace Andriuu, pero si queremos ir por ahí diciendo que un gran, e importante artista, enseña en nuestro instituto, que expone… etc; ¡no se lo puede andar descalificando!… además, yo ya me he comprado varias obras suyas, ¡y se me van a devaluar, si se descubre que, en realidad, Andrés es un tipo patético y sin talento!, ¡y pobre de ti como pierda mi inversión!… ¡recuerda!, oficialmente Andriuu es un genio, personalmente puedes pensar que es una porquería, siempre y cuando públicamente proclames que es brillante.

-No se preocupe, señora -la tranquiliza la subdirectora-; ya se ocupará el resto de la sociedad de que calle lo que realmente piensa: si los supuestos entendidos, y las autoridades apoyan algo, el resto lo harán también, como borregos… ¡y pobre de aquel que piense lo contrario!.

-Y menos mal -responde Almudena-, necesitamos orden y disciplina, ¡cómo serían las cosas si cada uno hiciera lo que le viniera en gana!.

 

Nota 232

-¡Ha llegado la hora de destapar la última obra maestra del gran Andriuu! -exclamó Ildefonso, consiguiendo de nuevo que todos centrásemos nuestra atención en él-, la que inaugura su nueva etapa… en la que el artista se queda fascinado por: la base de la creación artística, su comienzo, origen, el inicio de todo!.

-¡Cierto! -vocea Andriuu-, ¡les presento, mi nueva gran obra, titulada: “el punto clave de la cuestión o i latina sin rabito”!.

Acto seguido, retiró la bayeta, y, sobre una pizarra, pudimos apreciar un folio pegado con celo. Nadie supo muy bien como reaccionar, hasta que Mari dijo:

-Andrés, alguien ha pegado un folio con celo a tu pizarra.

-¡El folio es la obra, inculta! -respondió el profesor de plástica, airado.

Todos hicimos un largo “ahhhh”.

-¡Ildefonso! -exclamó Andriuu-, explícales mi nueva obra a estos paletos, que no se están enterando de nada.

-Es que yo tampoco la había visto -respondió mi hijo-, así que no me ha dado tiempo de inventar nada, o de sacar palabras raras de libros de teoría del arte de la biblioteca….

-¡Pero qué gente más palurda! -gritó Andriuu- ¡¿cómo podéis no verlo?!, no entender mi obra definitiva, tan simple y a la vez tan compleja… ¿es que no veis el punto?… mirad, arriba del todo -y así, fijándonos bien, pudimos observar, a la izquierda de la hoja de papel, un pequeño punto escrito con bolígrafo-, ¿no lo entendéis?, es la representación del comienzo de todo, porque todo empieza por un punto….

-Debió de quedársete la cabeza descansada después de pensar eso -replicó Mari.

-¡Pues yo digo que es una obra maestra! -manifestó la directora-, ¡la compro!… en nombre del instituto, y con su dinero, claro.

-De eso nada -dijo Alicia-, ¡que yo ya la tenía reservada!, ¿a que sí Andriuu?.

-¡Cualquiera sabe -expuso Almudena-, que en lo que se trata de patrimonio artístico importante, las autoridades tienen prioridad en la compra!.

-¡Yo soy la jefa de estudios!.

-¡Y yo la directora!.

Entonces, Almudena arrancó el folio de la pizarra dispuesta a llevárselo… pero Alicia se lanzó sobre ella, y comenzaron a pelearse y revolcarse por el suelo.

-¡Mi obra, mi obra!, ¡nunca imaginé que mi arte produjera tales pasiones! -dijo fingiendo lamentarse, pero con una alegría muy evidente.

-¡Andriuu! -berreó Alicia mientras seguía tirándole de los pelos a Almudena-, dile a esta que yo tenía la obra reservada….

-Bueno -contestó Andriuu- técnicamente no estaba pagada, así que….

-¡Ja, ja! -rió la directora, que estaba asestándole un buen rodillazo a su rival-, ¡entonces es mía!.

-A ver -comentó Andriuu-, “ser”, “ser”, no es de ninguna persona… aún. Le pertenecerá a quién más esté dispuesto a hacerse con ella….

-¡Será mía o no será de nadie! -berreó la directora, sacando unas tijeras del bolsillo, dispuesta a destruir la obra de Andriuu.

-¡Eso digo yo! -clamó la jefa de estudios, extrayendo un mechero de su bolsillo, y dirigiéndose rápidamente hacia el folio.

-¡Oh, Abelardo! -me dijo el profesor de plástica, mientras se me tiraba encima-, ¡el futuro del arte está en sus manos!, ¡salve mi obra, sálvela, sálvela, sálvela!… ¿no quiere evitar la catástrofe de que se pierda para siempre?, ¡haga algo!.

-¿Pero por qué yo?, ¿qué tengo que ver con todo esto? -le respondí.

-Porque usted es el Alto mediador del instituto y….

-¡Qué no!, ¡que perdí todos esos puestos!, me despidieron, ¿se acuerda?.

-¡Sálvela, sálvela! -berrea, mientras se lanza a por su folio con un punto pintado, antes de que lo cojan las otras… y me lo pone en las manos, sin que a mí me dé tiempo a reaccionar-; ¡auxilie al arte, ampárelo, socórralo… la posteridad se lo agradecerá!….

Pero no pudo seguir con su discurso, porque las dos mujeres lo empujaron y me rodearon. Qué miedo.

-¡Abelardo! -exigió la directora-, entrégueme de inmediato la obra, ¡no empeore su situación!, ya sabe que yo soy… la directora. Y esa creación es una representación simbólica del poder legítimo, ¡pues el punto representa la base del sistema y la estabilidad!.

-De eso nada -me reclamó la jefa de estudios-, ¡debe entregarme la pintura a mí!, ¡puesto que el punto representa al individuo, capaz de movilizarse y de cambiar las cosas en un destino no escrito!.

-Yo creo -afirmó mi hijo-, que deberíamos celebrar un proceso en el que se decida a quién pertenece en justicia la obra.

-¡Ildefonso! -respondí alarmado-, ¿¡estás tonto o qué te pasa!?

 

Nota 233

Como no, estamos celebrando el proceso judicial más absurdo de la historia… yo, que no tengo ni idea de derecho, soy el juez, y el resto… pues no tengo ni idea de lo que son, sólo sé que se gritan y pelean entre sí, y que aquí nadie tiene pruebas, ni testigos… ni otra cosa que insultos para los demás. Y llevamos una hora así.

-¡Se acabó! -grito yo-, ya he hallado la forma de resolver esto.

He tenido una idea brillante, inspirándome en la historia del juicio de un rey de las escrituras sagradas, Solomono, voy a reproducir su gran sabiduría… ya sabía yo que estudiar religión en la escuela me serviría de algo.

-Está claro -dije majestuoso, ya metido en el papel… y a punto estuve de arrancar una de las sábanas que colgaban, con el título de la exposición, para disfrazarme del todo-, que las dos mujeres aquí presentes tienen derechos sobre el objeto en cuestión… pues bien, siendo imposible discernir a quien pertenece la obra de arte de Andriuu… ¡la partiré en dos, y cada una se quedará con una parte! -dije, esperando que finalmente una de ellas renunciase a la obra, o las dos, para evitar que se destruyese.

-¿Pero qué dice el tipo este? -exclamó el profesor de plástica, poniéndose blanco.

-Pues a mí me parece muy bien, mejor algo que nada -respondió Alicia.

-Mientras me toque la parte del punto, por mí perfecto -contestó Almudena.

-¿En serio? -dije yo, incrédulo, pero rápidamente retomé el papel, y puse voz grave-, ¡bien!, pues ahora mismo lo voy a hacer, ¡voy a partir en dos la pintura de Andriuu!.

-Nooo, nooo, ¡salvajes! -berreaba Andrés-, ¡estáis todos locos! -por primera vez, coincido en algo con el profesor de plástica-, ¡mi obra!, ¡mi obra definitiva!, ¿es qué nadie va a hacer nada?.

Empecé a partir el folio poco a poco… y a nadie parecía afectarle, es más, tanto la directora como la jefa de estudios me hacían gestos de impaciencia… sólo Andriuu se tiraba por el suelo, intentando rasgarse la ropa, y tirándose del pelo. Entonces, terminé de romper la hoja… y Andriuu se desmayó.

-Ya está -exclamé yo-, se ha hecho justicia, aquí tiene cada una su parte.

-Ahora está rota, ya no la quiero -manifestó la directora.

-Es verdad, ¿para qué voy a querer yo, un folio roto?, ¡qué tontería! -dijo la jefa de estudios-, tíralo a la papelera, eso ya no sirve para nada.

Entonces, Andriuu, recuperó el conocimiento, y yo empecé a temer su reacción, parecía que iba a llorar o a estallar de furia… y entonces dijo:

-Esto, ha sido… ha sido… ¡el colmo de la vanguardia!, ¡he experimentado una auténtica catarsis!, ¡ha sido la mejor performance de la historia!, ¡es absolutamente brillante!, ¡acabamos de dar un paso de gigantes en la historia del talento!… ¡hemos llevado el arte a un nuevo nivel!, ¡ha sido absolutamente sublime!.

-¡Y todo gracias a Abelardo Bueno! -exclamó mi Ildefonso-, ¡él ha salvado la situación, mediando entre las dos grandes fuerzas del instituto… y además nos ha puesto en la vanguardia de la modernidad artística!.

Para mi sorpresa, hubo un murmullo de aprobación, mientras mi hijo me sonreía, y de repente, me cogieron todos en volandas, y me llevaron, vitoreándome, por todo el instituto.

 

Nota 234

Vuelvo a estar en la conserjería, que ya me han prometido, que dejará de ser el museo de lo mucho que me odian muy pronto (querían cambiarlo por el museo de lo mucho que me aman… lo que me horrorizaba; pero Ildefonso intervino rápidamente, afirmando que el criterio museístico era tan distinto, que habría que empezar de cero, así que el proyecto se ha descartado)… sólo a Andriuu le ha parecido mal, no porque me odie, sino porque ya creía que iba poder venderle toda su obra al museo del instituto, y ahora se ha quedado sin negocio.

Quizás, con muchísima suerte, hasta consiga que mi despacho sea, algún día, si me esfuerzo y soy tenaz, la conserjería del instituto.

 

Nota 235

Ha venido Ildefonso, con una gran sonrisa, y me ha dicho:

-¿Qué tal?, ¿cómo sienta volver a estar a bien con todos?.

-Muy en parte gracias a ti… ¿lo organizaste tú todo? -le pregunté.

-¡Papá!, ¡me sobrevaloras, qué más quisiera yo, que ser tan astuto!… no, simplemente aproveché las ocasiones según iban surgiendo, ¿en eso consiste vivir, no? -me respondió con ese tono de gran madurez, que tanto le sale últimamente, pero que esta vez, no me irritó en absoluto.

-Gracias -le respondí sinceramente.

-Lo hice porque así volveremos a estar bien posicionados, y aliados con las fuerzas más poderosas del instituto….

-¡Ildefonso!, no me lo puedo creer… -exclamé, un tanto dolido.

-…Y porque eres mi padre, y te quiero -me dijo mientras me abrazaba, y daba un beso.

-¡Yo también! -le dije, devolviéndole el abrazo muy fuertemente, y cubriéndole de más besos.

-Bueno, tampoco te lo creas tanto, la verdad es que si seguías caído en desgracia, me hubiera acabado afectando, así que tenía que solucionarlo -me dijo, mientras intentaba soltarse de mí, pero yo no estaba dispuesto a dejar que ese momento de sincero cariño paterno filial se desvaneciese.

-Claro que sí -dije sonriendo… porque sabía que en sus últimas frases, la adolescencia hablaba por él; ya que, sus verdaderos sentimientos, ya me los había confesado.

Estábamos así abrazados… bueno, con Ildefonso intentando soltarse; cuando, súbitamente, entro la directora en el despacho, y tosió para hacer ver que estaba presente.

-Yo… -tartamudeó Ildefonso-… sólo estaba revisando si el conserje llevaba las tallas adecuadas en la ropa… así que estaba comprobando las etiquetas… como primera persona que ven los visitantes al instituto, hay que asegurarse de que vaya bien vestido.

-Sin duda, aprecio mucho que un padre y un hijo se quieran tanto -comentó Almudena-, ¡pero no que lo muestren en horario escolar!, para cada cosa hay su momento, ¡así que a ver si nos dominamos un poquito, la base de una buena educación, es el autocontrol! -dijo, mientras yo me acordaba, de múltiples anécdotas suyas, que contradecían descaradamente la sentencia que acababa de pronunciar… podría haber hecho un comentario irónico, pero no tuve necesidad de ello.

-Sí, señora -dijo Ildefonso, mientras se marchaba avergonzado.

Entonces, entró Diana, la subdirectora y anunció:

-¡La señora directora, doña Almudena de Castro y Benavides!.

Esta avanzó, y se sentó, después de que la subdirectora cerrase la puerta de mi despacho.

-Abelardo… -me dijo la directora- lo sé todo.

-¿Todo?, ¡qué suerte!, yo sé más bien poco, aunque siempre he querido profundizar en termodinámica y motores endotérmicos…. -respondí yo, decidido a hacerme el tonto… no vaya a ser que diga algo inconveniente y que las cosas vuelvan a acabar mal.

-¡No me refiero a eso!, lo que le quiero decir, es que he hablado con mi hermano….

Hace no demasiado tiempo, esa descarada falta de ética profesional, me hubiera sorprendido, indignado, escandalizado… yo que sé; ahora, ya siento que puedo asumir cualquier cosa, estoy de vueltas de todo.

-… Y ya entiendo -me dijo la directora-, porque se ha comportado usted de una manera tan rara… ¿de verdad quiere irse?, porque, a pesar de nuestras diferencias, usted ha sido el único conserje decente que hemos tenido en muchos años.

-¿En serio? -respondí yo, extrañado.

-Sí, bueno, que duda cabe, de que es usted sumamente extravagante, difícil, complicado, de humor inestable, raro como usted solo… pero lo cierto es, que ha logrado que le queramos… como mediador del instituto, porque esa función la ha cumplido muy bien….

-Gracias… supongo -murmuré.

-De hecho, le devuelvo su puesto… puede darme las gracias -me dijo, altiva.

-Ya… si yo no es por ser desagradecido… ¿pero podría ser simplemente el conserje?.

-¡Qué caprichos más insólitos tiene usted!, bueno, pues, en una merced especial por mi parte, le permito serlo.

Y dicho esto, se levantó, con intención de marcharse, dirigiéndose a la salida, pero antes añadió:

-¿Sabe, Abelardo?, aunque no quiera creerlo, usted ya forma parte de este instituto, es uno más de nosotros.

Un terrible escalofrío me recorrió todo el cuerpo, con la sola idea.

-Claro que lo es, señora -añadió Diana-, porque, si no lo consideráramos como tal, le hubiéramos denunciado ante el ministerio, por faltar injustificadamente a su puesto de trabajo de forma constante… y hubiera perdido su plaza de funcionario, definitivamente -aunque dijo esto de forma amable, sonaba terriblemente amenazador.

-¿Lo ve, Abelardo? -comentó Almudena-, ¡está usted metido hasta el fondo en este instituto!, yo soy su amiga, usted es mi amigo… y nos guardamos los secretitos.

-¡Exacto! -añadió la subdirectora-, sin ir más lejos, la dirección tiene, bien guardadas, a muy buen recaudo, las pruebas incuestionables de su absentismo laboral injustificado, que, de ningún modo, utilizaríamos nunca contra un compañero… que lo sea de verdad, claro está.

-¡Porque le queremos Abelardo! -me dijo la directora con su sonrisa falsa habitual-, ¡porque es uno más!.

-Y no le conviene dejar de serlo -murmuró Diana… pero de una forma lo suficientemente alta y clara.

Y dicho esto, la directora me tendió la mano, mientras yo le devolvía el gesto, completamente pasmado… y ella, para mi sorpresa, me dio dos besos, y me hizo una caricia en la cara, de conveniente y falso cariño.

A continuación, ambas mujeres se fueron de la conserjería, pero yo me quedé, completamente confuso, durante varios minutos, ante aquella mezcla fascinante, de afecto y chantaje.

 

Nota 236

No me dieron mucho tiempo para recuperarme de mi asombro, porque, de repente, entró Mari exclamando:

-¡Qué bien te han pillado, Abe!, ¡ahora no te escapas de aquí, ni aunque te mates!.

-¡Mari! -le respondí yo-, pero si estabas escuchando… ¡qué cosa más poco habitual en ti!.

-No digas tonterías, lo que pasa es que las ondas de sonido, viajan, viajan… y llegaron a reprografía, así que me enteré de todo, aunque no quería, mientras trabajaba como una esclava….

-Sí, pobre, ya sé que tú nunca paras….

-Además -comentó Visi, mientras entraba en el despacho, y se unía a la conversación sin más, y sin sentir en absoluto la necesidad de ser invitada a ello-, míralo con perspectiva, yo creo que aquí, tu hijo recibirá una preparación esencial para la vida adulta.

-Sí, supongo que sí -respondí yo-, básicamente porque tendrá que superar todas las dificultades imaginables, así que, cuando sea adulto, se aburrirá por falta desafíos.

-¡Visi! -exclamó escandalizada Mari-, ¿estabas cotilleando nuestra conversación?.

-¡En absoluto!, ¿por quién me tomas? -respondió indignada la orientadora-, a mí también me llegaron las ondas de sonido, que con tanto viajar, llegaron a mi despacho.

-A todo esto -pregunté con tanta curiosidad como malicia-, ¿dónde está el departamento de orientación?.

-Está… -dijo Visi, dudando- por ahí… en esa dirección.

-Pero no era por… -dijo la reprógrafa señalando hacia el lado contrario.

-¡Es por ahí! -vociferó Visi-, pero volvamos al tema que tratábamos -dijo dirigiéndose a mí de un modo afectuoso y confortador-, la verdad es que, aunque no te lo creas (debido a tus complejos de inferioridad, que deberemos tratar en próximas terapias), la gente de aquí te quiere….

-Sí bueno, como mal menor, pero, dentro de lo que cabe, se te quiere -afirmó Mari.

-Y es muy cierto -continuó la orientadora-, que has sido el mejor conserje en mucho tiempo….

-Básicamente -añadió la reprógrafa-, porque los anteriores estaban denunciándonos continuamente, y poniendo quejas al ministerio sin parar; así que los inspectores de educación, se pasaban todo el tiempo aquí, y nos hacían la vida imposible: que si esto es irregular, que si no se hace así, que si es ilegal… ¡qué gente más pesada y metomentodo!.

-… Y la gente quiere que te quedes… -manifestó Visi.

-Sobre todo -interrumpió Mari-, para que no venga otro y se ponga a fastidiar, dándonos problemas con la inspección… cosa que tú, ya sabemos que no vas a hacer, porque si caemos nosotros… ¡zas!, también caes tú… aunque no te sientas coaccionado, que no tiene porque pasar….

-Y es que… ¡todos te consideran uno más! -afirmó amigablemente la orientadora.

-¡Porque tú también tienes mucho que esconder! -dijo la reprógrafa, alegremente.

-Y es innegable -prosiguió Visi-, que se ha creado una pura confraternidad y compañerismo….

-Fundamentado en el interés -declaró Mari-, que al final, ¡es lo que más une!.

-En fin, -concluyó la orientadora-, que nos quedan muchos, y muy largos años de trabajo juntos, así que, más vale que nos llevemos bien….

-¡Cómo si le quedara otro remedio! -comentó Mari.

-Así que, ¡hasta luego, Abelardo! -dijo Visi, mientras me acariciaba cariñosamente el brazo-, te veo durante el resto del día, y me agradará mucho seguir encontrándome contigo mañana, y al día siguiente….

-Lo mismo digo -complementó Mari-, aunque a ver si te veo por reprografía, ¡que hay un montón de apuntes a fotocopiar, y van a acabar echándome la bronca, porque el trabajo no se hace solo!; a ver si aprendes a ser algo más cariñoso, me haces una visita… ¡y el trabajo pendiente!.

Y dicho esto, se marcharon… si la anterior visita me había desconcertado, esta no me había dejado menos sorprendido, con su amalgama de fraternidad e interés.

 

Nota 237

-Abelardo -dijo alguien susurrando detrás de la puerta de la conserjería-… ¿está usted… solo?.

-¡Qué mas quisiera! -no pude evitar exclamar.

De repente, entró Inma (la secretaria de administración, y espía doble, a tiempo parcial, para la jefa de estudios) en el despacho… una vez más, gesticulando exageradamente, como si estuviera en una película de agentes secretos… de los años 20: pegándose a las paredes, mirando hacia los lados… cuando acabó con el numerito, se dirigió hacia mí sensualmente, y me dijo:

-Hay alguien muy, pero que muy interesado, en usted -dijo, casi gimiendo-, ¡oh!, pero no sé si usted querría tener… el placer -dijo todo esto, mientras se recostaba sobre mi escritorio, haciendo unas poses cuanto menos eróticas-… de encontrarse con….

-¡Deja ya el tema, Inma! -bramó la jefa de estudios, mientras entraba bruscamente en mi despacho-, sólo te pedí que comprobaras que estaba solo, ¡mirar, volver y decírmelo!, ¡no es tan difícil!.

-Bueno, pues está solo -dijo Inma, molesta porque hubieran interrumpido su momento exhibicionista.

-Gracias -respondió Alicia-, Abelardo, me he enterado de todo, ¡y no te preocupes!, ¡porque voy a solucionarlo!.

-¿Ah, sí? -respondí con tanta incredulidad como falta de interés… pero como total, no voy a poder librarme de ellas, pues tanto da.

-¿Y sabes por qué voy a ayudarte? -me dijo, toda proselitista, la jefa de estudios-, ¡pues porque eres un compañero más, oprimido por el poder!.

-Pues muchas gracias… -le respondí, por decir algo.

-¡Sí!, pienso hacer una operación sofisticadísima con la ayuda de Inma: ¡vamos a robar los documentos que te incriminan por tus faltas graves, me los voy a quedar, y a partir de ahora… te chantajearé yo!.

-¡Ah!, bueno… no sé que te diga Alicia, cambiar una coaccionadora por otra, no sé si me tendrá mucha utilidad.

-¡Pero no me compares! -me respondió la jefa de estudios, indignada-, pasarás de ser extorsionado por una representante del poder tiránico, a serlo por una de la masa, como es mi caso… yo sólo le veo ventajas.

-Sí, no tengo la más mínima duda de que así lo piensas -ya ni me sale el tono irónico-; pero, sabes qué, ¡primero aún tenéis que robarlos!, ya me contarás cuando lo consigas, ¿eh? -dije, para librarme de ellas, consciente de la improbabilidad de que alcanzaran su objetivo-, ¡y entonces hablamos!, ¡camarada!, ¡compañera! -dije para quedar bien, aunque no pude evitar cierto tono burlón.

-¡Eso mismo! -respondió emocionada Alicia-, ¡vámonos Inma!, que tenemos que preparar la “operación documentos del conserje ausente”.

Y se fueron… menos mal.

Pero cómo me alegra que aquí la gente se preocupe tanto por mí, y quiera hacer cosas para auxiliarme… siempre y cuando se ayuden también a ellos mismos.

 

Nota 238

-¡Abelardo! -dijo Andrés Montesperales, mientras abría la puerta de par en par, entraba sin pedir permiso alguno, y me abrazaba, sin más.

“El qué faltaba… literal y figuradamente”, no pude evitar pensar.

-Ya me han dicho -continuó el profesor de plástica-, que finalmente se quedará con nosotros para siempre… a pesar de que anteriormente, se decía que, inexplicablemente, no se encontraba a gusto aquí, que no terminaba de encontrar su lugar….

-Sí, es un misterio, cosas chocantes que pasan en la vida… -dije socarrón.

-…¡Y que incluso estaba intentando marcharse por todos los medios!….

-¡Ay que ver las cosas qué dice la gente!, ¡no sé como se les habrá ocurrido pensar que yo podría sentirme incómodo aquí!.

-Cierto, ¡con lo bien que se le ha tratado! -añadió-, muy especialmente por mi parte, que debo decir que yo, el gran Andriuu, he hecho todo lo posible para lograr su integración, y no ha sido fácil, ¿eh?, nada fácil, porque usted es de un rarito….

-Gracias, creo que nunca conseguiré agradecérselo como merece -le respondí, intentando que no sonase amenazador.

-Y sin duda, su integración definitiva, su deseo de quedarse, se ha debido a la participación en mi performance, en mi mejor inauguración de una exposición….

-Hombre, yo creo que el hecho de que me estén chantajeando, algo tiene que ver, pero bueno, ya puestos, lo otro también podría ser.

-Y además, he de confesarle que, después de todo esto, se ha convertido usted en mi muso… -me confesó.

-¿Su muso?.

-Sí, porque, aunque le cueste creerlo, yo llevaba un tiempo falto de ideas, de creatividad….

-¿En serio?, ¿a pesar de que en su retrospectiva sólo había seis obras?, ¡nunca lo habría dicho! -y todas ellas careciesen de todo talento… pero no hay forma de decirle eso de una forma disimulada, así que me callo.

-Me volcaba en la docencia para engañarme a mí mismo, y tratar de tapar la desaparición de la inspiración….

-Sí, ya me fije que era eso precisamente lo que hacía -dije mordaz.

-¡Pero ahora ha vuelto!, ¡usted es mi inspiración!… ¡crearé una serie de obras basadas en conserjes de instituto!.

-Me alegro de que mi presencia le haya ayudado tanto -dije, intentando parecer sincero.

-Oiga, no se confunda, no se dé una importancia que no tiene, usted es una persona vulgar y corriente, lo que pasa es que se han dado una serie de coincidencias que le han llevado a convertirse en mi inspiración, pero no porque usted sea especial, ¿eh?, para nada… de hecho, lo que más me interesa de usted es lo común y ordinario que resulta, ¡es perfecto para investigar el hombre de la calle!; porque, ya sabe que yo, ¡el gran Andriuu!, relacionado con las más altas esferas artísticas, muchas veces, estoy tan subido en el pedestal en el que he sido puesto por la gente culta, que me cuesta bajar, y volver a alcanzar la naturalidad en mi obra… ¡sí, usted es perfecto para conseguirlo!, ¡es la perfecta representación de la incultura y la ignorancia primigenia, en su estado más embrutecido y natural!… por tanto, me alegro de que se quede, volveré de vez en cuando, para observar lo corriente que es, e inspirarme, ¡comienzo una nueva etapa!.

-¡Pero si apenas ha empezado la anterior! -contesté.

-¡Es que mi inspiración no tiene límites! -gritó, mientras salía de la conserjería, y continuaba gritando, mientras daba vueltas sobre sí mismo, en el vestíbulo-, ¡no puedo ponerle barreras a mi creatividad infinita!, ¡mi genio vuelve a alcanzar nuevas cotas de perfección!, ¡qué maravilloso es ser el gran Andriuu!.

Hay que ver lo imprescindible e innecesario que soy, todo ello a la vez, para este instituto.

 

Nota 239

Por fin me han dejado en paz.

He aprovechado, estos momentos de tranquilidad, para pensar… y tiene gracia, pero, finalmente, después del todo, me he dado cuenta de que… no estoy tan mal aquí.

Es absolutamente innegable que, después de todo lo que he hice, y todo lo que saben, podrían haberme hecho la vida muy difícil, y lo cierto es que, pese a todo, no lo han hecho.

Y no puedo negar que, a pesar de las cosas malas que pueda tener este trabajo (como las tienen todos… aunque de forma muy diferente en otros casos), aquí nunca me aburriré, y siempre podré permitirme hacer un poco lo que me dé la gana, porque, ¿no es lo que hacen todos por aquí?… ¿y cuántos trabajos permiten algo así?.

Sí, es innegable que ningún otro empleo, en absolutamente ningún otro sitio, me daría las grandes libertades que me aporta el que tengo.

La realidad es que, a pesar de todo, sí podría hacer mil cosas diferentes para marcharme de aquí, cuando el curso termine… sí podría conseguir un trabajo rutinario, tranquilo, estable, cómodo, y llevar una vida anodina y vulgar… eso era a lo que intentaba volver desesperadamente hace no demasiado tiempo… pero, de repente, me doy cuenta de que ya no es eso lo que quiero… por extraño que resulte, prefiero quedarme en este lugar: caótico, absurdo, descabellado, trastornado, trasnochado… pero emocionante y divertido. Podría hundirme en el sopor de la complacencia, como tantos otros acaban haciendo irremediablemente… pero yo voy a elegir lo impredecible y original.

Nunca creí que, finalmente, escribiría lo siguiente en estas notas, pero: me va a gustar quedarme aquí.

En cuanto a mi hijo, bien, he estado queriendo protegerle todo el rato… pero lo más curioso, es que ha acabado siendo él, el que me ha protegido a mí… la verdad es que Ildefonso ha demostrado una gran capacidad de adaptación, y eso es muestra de inteligencia, sin mencionar lo maduro que se ha vuelto… sí, no puedo intentar protegerle de todo, y no hay duda de que, si sobrevive a este instituto, podrá enfrentarse a cualquier cosa en la vida, sus experiencias aquí le ayudarán a ser fuerte, y cuando lo consiga, podrá lograr todo lo que se proponga, ¿y no es precisamente eso, lo que cualquiera querría y desearía para su hijo?, ¿no consiste, precisamente en eso ser padre?.

Estaba en medio de estas reflexiones, cuando de pronto, apareció… una cara amiga: Cari. Menos mal, una visita de la que no temer nada, al fin.

-¡Abelardo, chico!, ¿te pillo bien? -me dijo sonriente, mi amiga y excompañera, mientras me daba dos besos, y, después de que yo asintiera a su pregunta, se acomodó con toda naturalidad-; pues nada, nosotros estamos de obras, porque ha saltado una cañería, así que tengo varios días libres… pasaba por aquí cerca, y me acordé de que ahora trabajas en este instituto, ¡así que he pasado a visitarte, para ver cómo te va!, ¿qué tal todo?.

Hace no demasiado tiempo, hubiera comenzado una interminable lista de lamentaciones; tal vez hubiera podido entregarle todas estas notas, para que se hiciera una mínima idea de lo que había vivido; o podría haberle contestado, burlándome y riéndome de las extravagancias del IES Tomás de Todaquemada, y de todos los que forman parte de él… pero no hice nada de eso. En realidad, lo único que fui capaz de responder, con un tono de lo más usual y natural, fue:

-Lo de siempre, lo normal aquí… en este instituto, todos los días son lo mismo.

 

Fin de la primera compilación de “Notas de aburrimiento”.

 

Toda la ficción de mi autoría, aquí.

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6 respuestas a Precelebración de la década del blog: Veinte parte y final… de la Primera Compilación de Notas de aburrimiento

  1. Manuel dijo:

    He tenido que echar un buen rato para leer las notitas.
    Paso por aquí antes del día señalado.
    Sigue con los preparativos para la celebración.
    ¡Hasta mañana!

  2. ¡Chico!, pues si lo has leído todo dame tu opinión, qué te pareció, si te gustó… etc. Me interesa especialmente lo que puedas decir por que te dedicas a la docencia, y no olvidemos que “Notas de aburrimiento” se centra en la vida de un instituto (un tanto peculiar, pero bueno).

    Veo que estás pendiente del aniversario, ¡me gusta mucho eso!.

    Ya entramos en el descuento total, después de tanto tiempo viendo en la cuenta atrás meses, ¡ahora sólo quedan horas!.

  3. Manuel dijo:

    Hice una primera lectura rapidita. Ahora lo he vuelto a leer con más detenimiento. Muy interesante. Muy currada la entrada. En cuanto a mi opinión poco puedo aportar, soy un humilde lector y como se suele decir para los gustos los colores. En el tema de la escritura, como en otras facetas de la vida tomo un símil deportivo: ” lo importante es participar”, o mejor dicho te dejo tu aportación que dejaste en mi blog:
    “para escribir sólo se necesitan dos cosas: tener algo que contar y contarlo”.

  4. ¡Uy!, evades opinar… mucho me temo que lo que has leído de mi novela cómica no te acaba de convencer… bueno, es complicado, pues sólo has leído el último capítulo sin conocer nada de los precedentes.

  5. Anónimo dijo:

    me gusta,se lee bien y tiene toques muy graciosos.Buena manera de pasar el rato.Te la recomiendo.

  6. ¡Gracias!, ¡ojalá muchos hagan caso de tu recomendación!.

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