Evita

“Never been a lady loved as much as Eva Peron”? / ¿”Nunca ha habido una mujer tan amada como Eva Perón”?

Sinopsis y ficha técnica

El Cabildo de Tenerife, a través de Auditorio de Tenerife, presenta una nueva producción del musical Evita. Una nueva y actualizada revisión de la célebre obra de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice que cuenta con la versión española y dirección de Jaime Azpilicueta.

Conducida musicalmente por Julio Awad, alrededor de esta producción se consolida la idea de un equipo estable de producción para la puesta en escena de musicales en el Auditorio de Tenerife, al repetir gran parte del conjunto técnico y artístico que ya participó en Jesucristo Superstar. Un elenco artístico que cuenta con Inma Mira (Evita), Jadel (el Che) e Ignasi Vidal (Perón) como protagonistas,  20 artistas y un cuerpo de baile de seis personas y un coro de niños. Además, la producción cuenta con una orquesta formada por 9 músicos que tocan en directo.

Esta nueva versión supone el reestreno y actualización en castellano de la función puesta en escena hace ya más de 30 años, en 1981, que se enriquece con la inclusión del tema You must love me, que se compuso para la versión cinematográfica y que obtuvo el Óscar a la mejor canción. En esta ocasión y, por primera vez, se presenta la versión en castellano, lo que supone un aliciente más para este estreno mundial de la nueva Evita.

Este título del legendario compositor Andrew Lloyd Webber fue estrenado en el West End londinense en 1978. Desde entonces ha sido visto por millones de personas en los cinco continentes. En 1996 se realizó una película basada en el musical, que obtuvo un gran éxito. Dirigido por Alan Parker, fue protagonizado por Madonna (Evita), Antonio Banderas (Che) y Jonathan Pryce (Perón). En este tiempo, la obra ha tenido múltiples reposiciones en los cinco continentes, incluida la española, dirigida también por Jaime Azpilicueta y protagonizada por Paloma San Basilio y Patxi Andión.

Edad recomendada: para todos los públicos

Duración: 2 horas y media con descanso

Letra: Tim Rice
Música: Andrew Lloyd Webber
Dirección: Jaime Azpilicueta

 

Comentario previo

En primer lugar decir, que ha sido dificilísimo encontrar fotos decentes de esta producción, tal vez, porque debido a que es un tanto modesta, no han invertido mucho en publicidad.

De hecho, mi crítica llega tarde (aunque no es para menos, apenas ha estado unas semanas en cartel)… pero supongo que, si el Cabildo de Tenerife la ha traído a Madrid, también pensará llevarla de gira por el resto de España, o al menos acercarse a alguna otra ciudad como Barcelona… o quién sabe, puede que se reponga en las islas Canarias y mi escrito acabe teniendo utilidad igualmente.

Y hablo tanto de las instituciones Canarias, puesto que, al parecer, existe la idea, de producir un gran musical al año en el auditorio de Tenerife… gran proyecto, sin duda, pero veremos si queda exento de críticas, porque, muy por desgracia, el musical sigue arrastrando la inmerecida fama de género frívolo (aunque el título del que haré la crítica es la perfecta demostración de lo contrario), y de hecho, aquí en Madrid, está relegado (aunque con gran éxito) a los teatros privados (de hecho, algunos de ellos, han sido salvados por este género) y extremadamente comerciales, apenas atreviéndose a ser programado en los públicos (el Teatro Español hizo algún que otro intento -siempre con Sondheim-; también el Teatro de la Zarzuela se aventuró esporádicamente, con gran éxito, aunque siempre, por supuesto, dándole el tono castizo pertinente; y los Teatros del Canal son la excepción que confirma la regla); y es que, por desgracia, se ha consolidado la idea de que las instituciones públicas sólo deben apoyar a aquello que no pueda sobrevivir comercialmente (lo que muchas veces les lleva a apoyar a pretendidos artistas que no pasan de “artistos”, y las mierdas que producen)… aunque quizás, debamos empezar a pensar, que los gustos del público no son inversamente proporcionales a la calidad de las obras, y tal vez, eso nos lleve a un mayor éxito, comercialidad y arte no son inversamente proporcionales, acordémonos sino de Lope de Vega. En definitiva, Puede que haya quienes quieran tachar la producción de un gran musical anual, por parte del Cabildo, de frivolidad intolerable, pero yo digo, ¿si vende y además tiene la debida calidad (que no vamos a producir cualquier musical, sólo faltaría), qué más le podemos pedir?, pues eso.

Respecto a la atención al público en el Teatro Nuevo Alcalá, la encontré pésima en esta ocasión (exceptuando el taquillero, sumamente atento y amable), con unos acomodadores a los que o les preguntabas, o pasaban de ti, y no te hacían ni caso; sin mencionar que prácticamente había que arrancarles los programas de mano a ruegos (o se los pedías, o no te los daban… la mayor parte de los asistentes se fue sin él), pues casi te los entregaban como haciéndote un favor… aunque no me parece para menos, todas las veces que he ido a ese teatro, creo recordar que siempre he visto personal diferente, y así es imposible generar un buen clima de trabajo que favorezca una buena atención al público.

He de decir que me gustó mucho que esta producción proporcionase un programa de mano gratuito (algo nada habitual en teatros privados, dónde se cobra hasta el aire que respiras y los servicios ofrecidos al espectador son nulos… aunque no debemos olvidar que esta producción es de un organismo público, así que la excepción comentada se deberá a eso), que no resultó demasiado informativo (estaba plagado de halagos del director a la compañía), pero al menos es un paso adelante en el buen trato al espectador por parte del Nuevo Alcalá.

Antes de meterme en la crítica de esta producción en concreto, me gustaría abordar dos temas paralelos, que considero muy enriquecedores:

 

-Eva Duarte de Perón, la cuestión histórica: Evita, Evita… como todas las grandes figuras históricas, llena de controversia, amada u odiada, e incluso aunque haya algunos hechos claros, las interpretaciones siempre son diferentes. Incluso hoy día, en su país, Argentina, sigue siendo una figura extremadamente polémica, sobre la que algunos prefieren ni opinar.

Pero hay algo que no se puede dudar, esa mujer poseía carisma (el periodista Carlos Herrera la calificó en un artículo como “el mayor caso de hipnosis colectiva”)… cuales eran sus auténticas intenciones, eso sólo lo sabía ella (y quizás ni siquiera, el ser humano es tan contradictorio…); pero probablemente, la entendamos mejor si la humanizamos, olvidamos prejuicios, sectarismos, y recordamos que no hay nadie totalmente bueno ni malo, y aunque sí pudo ser una persona vanidosa y megalómana, seguramente estaba convencida de las ideas que proclamaba, y realmente quería mejorar la vida de las personas de la clase social en la que había nacido… aunque le faltó la preparación para ello, sólo tenía las buenas intenciones, de modo que se olvidó de lo importante para concentrarse en lo urgente, así que le faltó visión de futuro. Y también es muy probable, como pasa tantas otras veces, que aunque ella sí hiciese todo lo posible por mejorar las cosas, no supiese, o tuviese que hacer la vista gorda, al hecho de que muchas personas de su alrededor sólo buscaban su propio interés… ya se sabe, en política, el fin justifica los medios.

Populismo, demagogia, culto a la personalidad (¡Perón os quiere, santa Evita!)… pero también freno a los oligarcas, a la intromisión extranjera y preocupación social; luces y sombras de una política, cuanto menos controvertida, que aún hoy está sujeta a debate en sus bondades y maldades.

Sea como sea, en los casi diez años seguidos en los que Juan Domingo de Perón se mantuvo en el poder… sólo aguantó tres tras la muerte de su segunda esposa, Eva Duarte; y aunque volvería a la presidencia, durante escaso tiempo y más de diez años de exilio después, ya nunca nada sería lo mismo. Incluso hoy en día, a pesar de la división de los peronistas, todos quieren volver a tener la magia de Evita, sobra decir, vanamente.

Como legado en España, dónde ya sabemos que inició la famosa gira europea o del arco iris (con gran éxito de público, aunque no tanto con la familia Franco, muy especialmente con Carmen Polo, que, debido a tan inolvidable experiencia, nunca volvió a permitir huéspedes en el Pardo), queda un parque (qué ironía, precisamente en el barrio de Salamanca), con su nombre, e inaugurado por ella (aunque el monumento que le está dedicado es posterior). Todo ello, sin mencionar que Perón pasó parte de su exilio aquí, le fue devuelto el secuestrado cadáver de su segunda esposa también en la ciudad de Madrid, y se casó en España por tercera vez.

No está de más, ya que abordamos la cuestión histórica, tocar el tema del Che Guevara (acerca de su supuesta, y cuestionable, aparición en el musical, toco ese tema abajo), el cual no tuvo relación alguna con Evita, puesto que era muy joven (en un párrafo de la entrada de este blog, se traza un magnífico paralelismo de ambas vidas, haciéndose evidente la imposibilidad de relación alguna entre ambos personajes); sí es cierto que, al parecer, su familia de alto nivel, era (con lógica) claramente antiperonista, pero también es cierto que existe alguna carta en la que él expresa su amargura por la caída de Perón (el cual, por otra parte, llegó a definirlo como un aliado), y que, en cualquier caso, la vida pública del Che estuvo muy lejos de su patria natal, cuando bien podría haber sido un revolucionario en ella, y no llegó a hacer tal cosa en ningún momento de su vida (sin mencionar que no faltan quienes digan que no definió sus ideas políticas hasta su estancia en Méjico). Sea como sea, si tenemos que posicionar a Ernesto Guevara, difícilmente lo podemos sacar de la neutralidad, o, como máximo, levemente afín al peronismo debido a sus preocupaciones sociales.

 

-Evita, el musical y sus versiones: si la historia de la figura histórica es apasionante y polémica, no lo es menos la del musical.

Pero para conocer esta última, para entender su génesis, tenemos que retroceder mucho tiempo atrás, antes de que, siquiera, la idea fuese concebida… concretamente, a cuando Andrew Lloyd Webber (creador de otros musicales tan famosos e internacionales como podrían ser “El fantasma de la ópera” o “Cats”, y que aún no había recibido importantes honores como haber sido hecho caballero por la Reina Isabel II, ni mucho menos nombrado Barón, como sucedería décadas más tarde, pasando por tanto a ser un Lord del Reino Unido) creó “Jesucristo Superstar”; este musical, que se grabó y vendió como disco antes de ser escenificado (sentando un precedente que también se aprovecharía para “Evita”), fue un éxito desde ese primer momento, con lo que tardó muy poco en internacionalizarse y arrasar por donde iba (muchos recordarán la producción española con Camilo Sesto).

Y también causó furor en Argentina… en realidad, demasiado; para los que no conozcan mínimamente la obra de la que estoy hablando, he de decir, que es una auténtica y total blasfemia (en resumen: la historia es contada desde la perspectiva de Judas Iscariote, que es el auténtico protagonista, y que cuestiona a Cristo en todo momento con todo tipo de dudas teológicas, metiendo el dedo en la yaga de todas las contradicciones de la religión y sus consecuencias… mientras Jesús se queda, aparentemente, pasmado, sin entender de la misa la mitad e incapaz de resolver sus propios conflictos internos). Pues bien, cuando la obra se quiso llevar a Argentina, desde que se supo, comenzó a haber amenazas de forma continua… y poco antes del estreno, cócteles molotov que acabaron por incendiar el teatro, de modo que el musical no se llegó a estrenar.

¿Es coincidencia que, poco después, Andrew Lloyd Webber decidiera escribir su nueva obra, precisamente sobre el personaje más famoso -al menos a nivel internacional- de la historia argentina… sólo para criticarlo, cuestionarlo y ponerlo contra las cuerdas?, ¿o tal vez fue una brillante y bien orquestada -nunca mejor dicho- venganza?… la respuesta sólo la sabe el compositor, por lo que, una vez presentados los hechos, que cada uno saque sus propias conclusiones.

El resto es historia, “Evita” triunfó, y además consiguió llevar a la fama o consolidar a figuras como Patti Lupone en Broadway o Paloma San Basilio en España.

Después, durante mucho tiempo, por diversos estudios fue barajándose el proyecto de una película sobre el musical, y grandísimas actrices pelearon, o fueron consideradas, para el papel principal: Liza Minnelli, Meryl Streep, Michelle Pfeiffer…  pero se lo llevó Madonna, y una vez más, el rol de Evita hizo su magia: la cantante que siempre había obtenido críticas pésimas, que había sido considerada una malísima actriz… de repente se revelaba como lo contrario y hasta conseguía ganar un Globo de oro.

El filme, estrenado en una mala época de la historia del musical (que sobrevivía gracias a Disney), tuvo un éxito muy regular, a pesar de ser una película incuestionablemente muy bien hecha, brillantemente documentada, y en general, toda una muy esforzada superproducción que puede colmar las expectativas del más exigente.

En cualquier caso, curiosamente, la película no estaba basada en la obra de teatro musical, sino en aquel disco que se sacó previamente, pues el director, decidió usar eso como base y no saber nada de las decisiones teatrales, ni dejarse influir por ellas; por lo que, ver ambos productos, resulta de máximo interés para todos aquellos apasionados en comparar los distintos lenguajes audiovisuales.

Aquí pues, entramos en otra fuente de polémica: el personaje de “Che”. Tim Rice, el libretista, jamás dijo que se basara en Ernesto Guevara (e incluso admitió, que supo mucho después, que este había nacido en Argentina); y es bien sabido que la decisión de caracterizar al personaje teatral como el histórico se produjo al llevar el musical al escenario. ¿Cómo se explica y a qué viene todo esto?, pues a que “che” es, como sabe casi cualquier hispano, una expresión coloquial argentina muy usada y característica de este pueblo… en definitiva, el personaje de Che, no representa a Guevara, sino al ciudadano anónimo, aquel que sufre en sus carnes el día a día, el que es consciente permanentemente de la realidad, porque la vive, sin dejarse deslumbrar por los fastos del poder. Esa idea original de Rice fue la que Parker llevó con éxito al cine… sin embargo, y a pesar de que “Evita” volvió a ser repuesta en Broadway y en el West End múltiples veces, en la gran mayoría de los nuevos montajes, se optó por la solución escénica de la primera producción (aunque ya hemos visto, párrafos arriba, que históricamente no es muy correcta).

Sin embargo, y a pesar de todo esto, Argentina siguió sin apreciar la nueva obra de Lord Andrew Lloyd Webber y su visión de ese carismático (guste o disguste) gran personaje de Argentina… no es para menos, si la figura histórica es polémica, ¿no lo va a ser también el musical?.

 

Y ahora que ya he comentado todo esto, me pongo con la….

 

Crítica

En primer lugar, cabe hablar del producto original, que es una incuestionable obra maestra, absolutamente brillante y redonda.

“Evita” como musical, es un ejemplo perfectísimo con el que demostrar como este género puede ser el rey de todos los demás, y tener una capacidad única de expresión que no puede alcanzar ningún otro; es muestra excelente de como este género puede ir muchísimo más allá de lo frívolo y resultar extremadamente profundo y brillante.

Y es que “Evita” es una lección de muchas cosas, pero sobre todo, de historia y política, las reflexiones del libreto sobre estas cuestiones, y otras muchas (la ambición, las relaciones personales y amorosas, el lenguaje y la retórica… etc); y su cuidadísima documentación (que consigue crear una magnífica y bien ilustrada biografía), llegan a una perfección asombrosa.

Sí, es cierto, el músical es desmesuradamente crítico con Evita… pero también genera interés sobre ella, debate… y eso es lo mejor que le puede pasar a cualquier figura histórica; porque muchos no se quedarán sólo en el musical, luego cogerán libros de historia, puesto que es innegable que “Evita” es capaz de cautivar sobre la persona que dio pié a la creación de la obra artística.

La música no es menos perfecta, por parte de un gran compositor, que desde siempre se decidió a que sus creaciones estuvieran a la altura y con el prestigio de la ópera (no en vano, casi se ha apropiado del término ópera-rock… aunque técnicamente ni siquiera lo haya inventado él, ni haya nacido en el musical), con múltiples referencias a los tipismos argentinos y unos leit motivs sumamente hábiles e inteligentes. Hay grandísimas y brillantísimas canciones.

Ahora bien, teniendo tan buen producto original, ¿está a la altura la nueva producción española de la que hago la crítica?, no vamos a engañar a nadie: es sumamente modesta… pero también es cierto que hay esfuerzo y talento, que logran disimular sus carencias asombrosamente bien.

La traducción es bastante fiel y apropiada, cierto que se toma alguna que otra libertad excesiva, pero en general, podemos decir que la versión en castellano hace justicia al original, e incluso aporta su propio grano de arena (para bien o para mal, depende de como se mire).

Nuevamente, el director Jaime Azpilicueta, siempre capacitado y con soluciones ingeniosas, vuelve a trazar, bastante bien, el rumbo de la producción, logrando cierta impresión de lujo y de que los asistentes al teatro sientan que no han gastado su dinero en balde. En definitiva, se puede hablar de una puesta en escena buscadamente espectacular (con sus grandes decorados, ocurrentes cambios de escenario, vestuario deslumbrante… etc), y con considerable éxito en su pretensión. Por lo demás, también se debe halagar su interés por documentarse y encontrar imágenes y vídeos originales, que muestran a la auténtica Evita. En definitiva, como siempre, Azpilicueta sale sumamente bien parado en su trabajo.

No se puede decir lo mismo de la coreografía de Ezequiel Dibelo, que parece puramente improvisada.

En lo que respecta a la dirección musical, es llevada muy eficazmente, aún enfrentándose a que una reducida orquesta consiga hacer volar la música del Barón Lloyd Webber, pero lo consiguen muy notablemente.

Y por supuesto, como no, hubo múltiples fallos de sonido en mi función, en ocasiones se distorsionaban las voces o la música… si es que si nos libráramos de los microfonitos y los altavoces, y optásemos por el teatro puro y auténtico, estos problemas no existirían.

En lo que respecta al reparto artístico, a pesar de las desmesuradamente halagadoras palabras de Azpilicueta en el programa de mano, mucho me temo que podemos decir, en general, que nos encontramos con unas interpretaciones caligráficas, con mucha técnica (bueno, más o menos, porque escuchamos a unos supuestos personajes argentinos con perfecto acento neutro castellano, como de Valladolid o Burgos), pero con muy poco corazón, frías, y poco creíbles, básicamente porque los intérpretes dan más importancia a no fallar en una sola nota, que a dar vida a sus personajes, siempre están jugando sobre seguro, no arriesgan, hacen una reproducción y repetición de tópicos… irónicamente, eso también les perjudica a nivel de canto, pues tal vez lleven a cabo una correcta ejecución de la partitura, pero se queda en eso, no hay nada emocionante ni extraordinario en sus voces.

Ahora concretaré sobre algunos de los actores principales: Inma Mira, interpreta a Evita, y, una vez más, el director escoge a una voz diferente, poco habitual, para hacer su protagonista… que sea adecuada es otra cosa, pues Mira tiene voz de niña cantando, y como actriz, sobreactúa la mayor parte del tiempo. Jadel no sabe actuar, escoge una postura, lo arrinconan debajo de un foco en un extremo… y se queda ahí como una estatua, da igual lo que pase a su alrededor, ni siente ni padece… ni siquiera cuando tiene que intervenir en la acción. Por su parte, Ignasi Vidal, está tan ocupado asegurándose de dar el do de pecho, que sólo le falta ponerse en posición de cantante de ópera, vamos, que si el musical hubiera sido en versión concierto, en su interpretación no se hubiera notado diferencia alguna.

El resto del elenco hacen un trabajo regular, aceptable… pero nada más.

En definitiva, “Evita” es el perfecto ejemplo de un musical impecable, original, brillante… y esta producción, aún con sus defectos, conserva algo de ese relumbrón, de esa magia especial… yo, personalmente, no me arrepentí en absoluto de ir, y la recomiendo totalmente.

Concluyendo, nunca sabremos si Eva Duarte de Perón hubiera sobrevivido al duro examen de la historia (ese que decide a quién se recuerda y a quién no) de no existir el musical… pero hay algo de lo que podemos estar seguros, guste o no, el Barón Lloyd Webber la ha inmortalizado e internacionalizado para siempre, asegurándose de que viva más allá de los libros, dando todas las garantías de que permanezca como uno de los personajes más recordados de la historia universal.

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