Dieciséis parte de Notas de aburrimiento

Como siempre, ha pasado demasiado tiempo, entre la última publicación de mi novela cómica por entregas, y esta… pero mirémoslo con perspectiva, más vale tarde que nunca, ¡las “Notas de aburrimiento han vuelto!, y con algo de suerte, a lo largo del verano espero publicar más de una entrega….

 

Nota 139

Me acabo de despertar, y he decidido que no voy a volver al instituto… sí, ya sé, es lo que digo todos los días, y todas las mañanas, pero esta vez va en serio; no voy a volver nunca.

No es inmadurez ni irresponsabilidad, tengo un plan perfectamente pensado para conseguirlo… ¡voy a darme de baja por enfermedad!; soy funcionario así que no me pueden echar, por lo que la subsistencia familiar queda resuelta…

Además, estoy en mi pleno derecho, no puedo seguir en estas condiciones, ¡estoy muy enfermo!.

 

Nota 140

Tengo que decidir qué enfermedad tengo.

 

Nota 141

He empezado a documentarme, para poder pedir la baja; pues algo le tengo que decir al médico, y quiero que mis síntomas sean coherentes y lógicos; si yo le digo que me duele esto o lo otro, ¿cómo va a poder él negar que sea así?… y más, si tengo bien investigadas todas las cosas que me tienen que estar pasando para que me dé el diagnóstico que quiero… se lo voy a servir en bandeja, debería darme las gracias, hasta un novato podría decir lo que me pasa, ¡con lo documentado que voy a estar yo!… no sé ni para que ir al médico, podría darme la baja yo mismo… ¡qué sistema más absurdo, y qué manera de aumentar las colas y las esperas de la Inseguridad asocial!.

 

Nota 142

Ya me estoy preparando el papel de enfermo; pero esto de documentarse es mucho más complicado de lo que pudiera parecer a primera vista: al principio me cogí una enciclopedia de medicina que tenemos por casa… pero me entró el temor de que la ciencia hubiese avanzado tanto, que cada una de las enfermedades registradas, en todos los tomos, ya se pudiesen curar con un analgésico cualquiera… y adiós a mi baja. Así que me fui a interné… pero está lleno de mentiras, y de gente que habla por hablar, así que no sé qué será peor, el remedio o la enfermedad, literalmente hablando.

No, tengo que estar perfectamente documentado, tengo que mostrar unos síntomas clarísimos y nada contradictorios, que no dejen duda alguna, de que soy la baja más lógica habida y por haber.

 

Nota 143

¡Ya está!, ¡ya la he encontrado!. He buscado en interné razones para darse de baja, y me he encontrado con una enfermedad… ¡terrible, espantosa!, ¡qué síntomas!; si con esto no me dan la baja, no lo harán de ninguna otra manera: cólicos o dolor abdominal con hinchazón, nauseas, vómitos, estreñimiento, fatiga, sueño excesivo, aumento de la frecuencia urinaria, alteraciones del paladar y del olfato, gases, vértigos, variaciones de humor, dolor de cabeza y espalda… ¡qué maravilla!, espero que no sea una enfermedad muy exótica, y pueda darme de baja por ella… voy a seguir leyendo: aumento de pecho, retraso menstrual… ¿eh?, ¿es que esto sólo lo padecen mujeres?, qué raro, ¿de qué enfermedad se trata?.

 

Nota 144

Decididamente, tengo que descartar lo anterior, fingir un embarazo no me serviría de nada… ¡básicamente, porque sería una baja muy corta y yo necesito algo permanente!.

 

Nota 145

La mayoría de las enfermedades son una guarrería, y me meten en unos problemas espantosos para simularlas… tendría que hacer un curso de maquillaje y otro de efectos especiales para conseguir algo mínimamente creíble.

 

Nota 146

Me he puesto a documentarme a fondo… así que estoy visionando “El exhortista”; para ver como vomita la niña esa, como la maquillaron y despeinaron para que estuviera hecha una pifia… así quiero ir yo al médico. Pero como no tengo esas melenas, quizás me compre una peluca, aunque no sé como voy a conseguir el efecto del pelo graso….

A todo esto, ¿darán bajas por posesión demoníaca?, me gusta como enfermedad, además, así podría decirles a gritos, lo que realmente pienso, a los del instituto, y quedarme tan ancho… pero eso de andar dándose golpes contra las paredes, y no poder dormir porque tienes que dar saltos en la cama, y gritar hasta el amanecer… me resulta un poco más incómodo.

Aunque tiene la ventaja de que tendré la excusa para estudiar más idiomas, que todos los poseídos son políglotas… pero yo no pienso aprender esas lenguas muertas raras que todos los endemoniados parecen empeñados en chapurrear. Eso no sirve para nada, optaré por aprender las lenguas de moda, y más en boga, en los ambientes empresariales y diplomáticos. No veo yo porque, de tener que hablar en otros idiomas, no voy a elegir algo práctico, útil, y que me entiendan en algún sitio cuando viaje. Sin mencionar que, ya me dirás para que voy a andar gritando barbaridades y blasfemias varias, por el mundo adelante, si nadie las comprende, ¡es tomarse un trabajo absurdo e inútil!. Y no hay que olvidar, lo bien que quedarían esos idiomas en mi curriculum, al fin y al cabo, yo no he conocido a nadie que fuera contratado por saber una lengua que no hablan en ningún sitio.

 

Nota 147

Bien pensado, esto de fingir una posesión demoníaca no es buena idea, tardaría demasiado tiempo en aprender los idiomas, y yo necesito conseguir la baja ya, que estoy agotando todos los días de asuntos propios y vacaciones para evitar ir al instituto. Además, no estoy muy seguro de que me vayan a dar una baja médica por eso.

Pero, con todo, me ha dado la pista de que debería fingir una enfermedad psicológica, así no tendré que gastar una fortuna en maquillaje y efectos especiales.

 

Nota 148

Me he puesto a ver la película “Juana la pirada”, para sacar ideas… y he llegado a la conclusión de que para estar loco, hay que dejarse la garganta en el proceso… demasiado griterío, y aunque eso valga para el instituto… en casa no quiero problemas con los vecinos; ¿no habrá algo más silencioso?.

 

Nota 149

¡Al fin, al fin!, ¿cómo es que no había caído antes?, ¡una depresión!, según mi investigación: las causas no están claras, los síntomas varían de persona a persona… ¡es perfecto!.

Pero hay tantas variedades de trastorno depresivo, tanto donde elegir, que no sé bien con cual quedarme… ¡venga, una al azar!… a ver esta, qué síntomas tiene: ser incapaz de cuidar de mí mismo o de mi hijo, sentir el temor de quedarme solo con mi hijo, tener sentimientos negativos hacia mi hijo, preocuparme intensamente o tener un absoluto desinterés por mi hijo… ¿qué clase de depresión es esta?, ¿es que los solteros no se deprimen o qué?… uy espera, esta es la depresión postparto… umm, no sé yo si veo factible esta posibilidad… no sólo no he parido, sino que han pasado más de diez años desde que ha nacido Ildefonso. A lo mejor puedo inventar un nuevo tipo de trastorno, la depresión “empático-regresiva”: una década después, padezco lo que no sufrió Julia en su momento.

 

Nota 150

Decididamente, no puedo ir por ahí adelante diciendo que tengo los síntomas de una depresión de un parto que sucedió hace más de diez años (por muy “post” parto que sea, supongo que habrá un límite de tiempo para deprimirse… y yo diría que se me ha pasado la fecha tope).

Además, aunque el médico se lo tragara; luego no podría contárselo a nadie sin que se partiera de risa… haría un ridículo espantoso, y acabaría con una depresión porque todo el mundo se ríe de mí; entonces tendría que cargar con mi depresión auténtica, y con la que tengo que fingir para mantener la baja… lo que me llevaría a tener otra depresión por la tremenda presión que estaría soportando… y tres depresiones distintas, cada una con sus síntomas propios, son demasiado complicadas de mantener y dirigir; sin mencionar que no tengo tiempo para eso, ¡y mucho menos estando tan deprimido!.

Además, si me curo de una, a lo mejor resulta ser la que no quiero, y tengo que acabar volviendo al instituto porque no pedí la baja por las otras… lo que me llevaría a otra depresión más, ¡y ya es la cuarta!… que va, que va, con una única depresión llega y sobra, pero hay que elegirla bien, ¡concienzudamente!.

 

Nota 151

Tener una depresión es complicadísimo, no me explico como hay gente que se anima a ello… veamos, “depresión psicótica”… bla, bla, bla… “además los que la padecen sufren una ruptura con la realidad, alucinaciones, y delirios…”; no, esta no, demasiado complicado, tendría que estar inventando visiones y manteniendo conversaciones con gente que no existe… bueno, tengo un hijo adolescente, así que supongo que tengo práctica en ello… pero no lo veo, tendría que pasarme las noches inventándome los delirios del día siguiente para resultar creíble… y para eso ya sería mejor hacerme novelista (aunque no creáis que no lo he pensado, tal vez debería publicar estas notas como si fueran ficción… ¡bah!, a quién quiero engañar, no le interesan a nadie)… además, no sé que estructura narrativa es la preferida de los psicóticos a la hora de alucinar.

“Trastorno afectivo estacional”, ¡este, este!, ¡esto sí que es una ganga!: “se caracteriza por la aparición de una enfermedad depresiva durante los meses del invierno, cuando disminuyen las horas de luz solar. La depresión generalmente desaparece durante la primavera y el verano”… es perfecto: estaré enfermo durante el curso escolar, y cuando lleguen las vacaciones… ¡me recuperaré milagrosamente! (aunque volveré a recaer muy oportunamente cuando comience el curso de nuevo)… uy, pero por esto no se te incapacita… no me vale… sigamos mirando….

“Trastorno bipolar… cambios cíclicos en el estado de ánimo”… emm, no, demasiados cambios de humor, además, me acabaría liando con cual tengo que interpretar en cada momento, para no ser repetitivo o hacer más de uno que de otro… y acabaría teniendo que hacer un horario, para saber de qué humor tengo que estar en cada momento… o quizás un calendario mensual, para tener un control sobre en qué estado de ánimo tengo que permanecer según la ocasión… por ejemplo: lunes de 9 a 12: triste; de 12 a 16: eufórico; de 16 a 19: ni fu, ni fa; de 19 a 21: rabioso; de 21 a 24: estilo libre… decididamente, es demasiado complicado de hacer; además, habría que asegurarse, en el calendario, de que unas emociones no chocasen con otras, o coincidiese un estado de ánimo parecido muy seguido, porque sino, ¡se daría por hecho que estoy curado!. No lo veo.

¡Ah por fin!, creo que este podría ser: “trastorno depresivo grave… incapacita a la persona y le impide desenvolverse con normalidad”, ¡esta es la que quiero, la compro!… y los síntomas no son nada difíciles: “interfieren con la capacidad para trabajar, dormir, estudiar, comer, y disfrutar de las actividades que antes resultaban placenteras…”; vamos, la depresión de toda la vida, la de andar llorando por los rincones y todo eso… ¡qué fácil, voy a buscar unas cebollas para ponerme a soltar lágrimas ya!.

 

Nota 152

O tal vez debería enfermar de verdad… podría ir a un hospital, y empezar a chupar, sobar todos los vasos, lugares dónde hayan comido los pacientes… o podría salir a la calle y dejarme atropellar por un coche… umm, no, no funcionaría, para cuando consiguiera cita con el médico de cabecera, ya estaría curado, y no podría pedir la baja… a menos que me quede discapacitado, ¡y esa sería toda una solución!, ¡eureka!.

 

Nota 153

Parece ser que lo de quedarse discapacitado no es tan buena idea como parece, porque, aunque consiguiera sufrir un accidente de la forma y modo apropiado para ser incapacitado… podría no llegar al porcentaje concreto que se exige para que te declaren inválido… imagínate que me falta un 1%, ¡todos mis esfuerzos habrán sido para nada!, ¡encima tendría que volver al instituto!, ¡y eso sí que sería lo peor, hasta ahí podríamos llegar!.

De ninguna manera, no me convence, decididamente toca deprimirse: no sólo es algo limpio (dentro de lo que cabe, cuando lloro, moqueo bastante); sino que puedo mantener todos mis miembros corporales, pues, de darse el caso, una amputación no resultaría ni cómoda ni agradable.

Desde luego, he pensado en simplemente fingir la discapacidad, pero es una complicación tremenda: falsificar todo tipo de documentos para demostrar que te ha pasado tal cosa, pasar las pruebas médicas… y lo peor de todo: pasarte el resto de la vida, aguantando a los típicos listillos que van a pellizcarte la parte que, supuestamente no sientes, diciendo eso de: “¿de verdad no sientes nada?”… y yo tengo una piel muy sensible, acabaría dándoles un tortazo a la mínima, se creerían que es un milagro, que me he curado… y adiós a mi tan bien ganada y merecida invalidez.

 

Nota 154

Hay algo dentro de mí que se remueve, que no me deja sentirme bien, ¿será mi conciencia, tal vez estoy llegando demasiado lejos?, ¿tal vez burlar al sistema sanitario, y a todos los contribuyentes, para que me mantengan de por vida, sólo porque no me gusta el sitio dónde trabajo, quizás no esté del todo bien?… no, que tonterías digo, lo que pasa es que no he desayunado; voy a hacerme unas tostadas.

 

Nota 155

Ya está, no hay como un buen desayuno para empezar bien el día, ¡cómo me gusto la nueva mermelada de uva negra que compré ayer!… ¡¿pero qué digo?!, el día ha empezado mal porque estoy a punto de darme de baja por depresión… ¡pero qué poco me gustó la mermelada que compré ayer!, ¡yo la quería de uva blanca, me equivoqué eligiéndola, y resultó repugnante!, ¡hasta para adquirir las confituras tengo mala suerte!, ¡qué desgracia de vida!.

 

Nota 156

Bueno, estoy llamando para pedir cita con el médico, ya han pasado los tonos de que está comunicando, la musiquita… siempre me quejo de las operadoras, pero en el fondo, no es todo culpa suya, el problema es que el sistema está colapsado por gente que se dedica a llamar por naderías, e ir al médico sin tener nada de verdad… que poca consideración hacia los enfermos que tanto necesitamos atención.

 

Nota 157

Ah por fin, ya salió la operadora:

-Buenos días, Centro de salud Goyescas, ¿en qué puedo ayudarle?.

-Buenos lo serán para usted -digo inspirando con fuerza… demasiada de hecho, parece que estoy esnifando algo, voy a tener que controlarme-… yo, necesito ver a mi médico, porque estoy muy mal, es que….

-A mí no me lo cuente que no soy el médico. Por favor dígame el número de su Documento transnacional de identidad; su número de afiliación a la Inseguridad asocial; el del Libro del Pater Familiae….

-Oiga, que yo de momento sólo llamo para pedir cita….

-Claro, y para dársela necesito la información que le pido.

-¿Y si tuviera una faringitis y no pudiera hablar?.

-Pues se presentaría aquí, y no daría la lata por teléfono.

No tengo ganas de discutir, voy a buscar todos los documentos que me pide, que necesito conseguir la baja cuanto antes (a ver si hoy por la tarde, a eso de las cinco, con algo de suerte ya he acabado con el tema), y haré lo que sea para alcanzar mi propósito.

-… Ya está, creo que eso es todo -dije después de darle todos los datos que me exigió-, ¿podría conseguir cita… ya mismo?, ¡es que estoy muy mal!.

-La verdad es que no, su médico se ha dado de baja por depresión….

Ese lo que tiene es cuento, yo le he visto tomándose una cerveza el otro día, en el bar del hospital, riéndose a carcajada limpia, ¡hay que tener cara!.

-¿Y entonces qué?, ¿es que me he quedado sin médico o qué?.

-Bueno -continuó la operadora-, puede esperar a que vuelva de sus vacaciones… quiero decir, a que se recupere de su depresión -genial, todo el mundo sabe la farsa- o ir a otro médico.

-¡A otro médico, cuánto antes! -la urgí yo.

-Pero entonces tendría que hacer usted el procedimiento para cambiar de médico, lo que le llevaría de tres a cuatro semanas; puede hacerlo usted presencialmente u online….

-¡No puedo esperar ese tiempo!, ¿y cuando cree que mi médico estará sobrio?… estooo, ¿curado de su depresión?.

-Bueno, -contestó la teleoperadora- estas cosas nunca se saben, son enfermedades complejas, pero dado que suele coger unos días de descanso en este mes… creo yo que vendrá a figurar un poco, digo… a trabajar en las próximas semanas; si su salud se lo permite, claro.

-Por supuesto que sí, faltaría más, lo primero es la salud, y mucho más tratándose de un médico -dije sin poder contener cierto tono irónico.

-Bueno, hay otra posible solución -me dijo conciliadora, como si se hubiese dado cuenta de que había metido la pata hasta el fondo-, puedo meterle en la lista de espera para urgencias.

-¡Genial!, ¿podría ir ya mismo? -dije entusiasmado.

-¡Qué va, la semana que viene como mucho!; bueno, entiéndame bien, dentro de siete días hábiles podré meterle en la lista, y en unas semanas, con suerte, conseguiría usted cita.

-¡Pero qué clase de lista es esa!, ¡¿a qué llaman ustedes “urgencia”?!, ¡porque su definición no coincide con la del diccionario! -respondí colérico.

-Mire, no siga hablándome así… que aún voy a coger una depresión -me respondió simulando sollozos-. En fin -dijo cambiando totalmente el tono a una versión mucho más alegre-, ¿cuándo quiere usted la cita?, no será por falta de posibilidades, ¡pensar qué hay quién se queja del sistema sanitario!; el caso, ¿en qué lista le meto?.

-Métame… ¡donde le quepa! -grité mientras colgaba furioso.

¿Y ahora qué?, pensaba ir al médico por la mañana, y para por la tarde, tener mi baja por depresión de por vida; ¡me han deshecho todos los planes de hoy!, ¡qué fastidio!.

 

Nota 158

¡Oh no!, con la tontería de buscar nuevas formas de no ir al instituto, me he olvidado de despertar a Ildefonso…  bueno, no soy un padre irresponsable, todo el mundo sabe que en las primeras clases los alumnos y los profesores están dormidos… y gracias a que mi hijo ha pasado en la cama más horas, rendirá mejor que el resto durante todo día que queda; sin duda, ha sido todo un acierto permitir que vaya a media mañana a clase, así su aprendizaje será más fructífero.

¡Ildefonso, hijo, tu abnegado padre ya acude a despertarte para que te conviertas en un hombre de provecho!.

 

Nota 159

Ildefonso no está en su cama… de hecho, toda la habitación está ordenada y recogida: la cama está hecha, se ha llevado la mochila, no están los libros correspondientes a las asignaturas que le tocan hoy… ¡oh!, ¡Dios mío!, ¡terror!, ¡¡¡ha ido a nuestro horrible instituto!!!.

 

Nota 160

¡Ahora lo entiendo todo!, ¡era un truco!: Ildefonso y yo, sólo vinimos a casa para que los del instituto supieran que estoy aquí… ¡y pudieran cogerme!, ¡mi propio hijo está compinchado con esa gentuza, y está dispuesto a entregarme para mantener sus puestos de delegado!… seguro que asaltan esta casa en pocas horas; estarán preparando los cocteles molotov en la clase de física, serrando las espalderas del gimnasio en la clase de tecnología para convertirlas en arietes… y lo que es peor, ¡seguro que Andriuu lo está decorando todo!… y muchas cosas peores que no soy capaz ni de imaginar, ¡terror!, ¡que cunda el pánico!.

 

Nota 161

Ya está, ¡no puedo más, voy a huir del país!. ¿Me concederán asilo político?… quizás debería documentarme acerca de cómo se pide… ¡qué más da, no hay tiempo!, ¡ahora tengo que escapar, escapar, escapar!.

 

Continuará….

Todos los capítulos publicados aquí.

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5 respuestas a Dieciséis parte de Notas de aburrimiento

  1. Blanca dijo:

    JA, JA Y JA!!!
    Tus notas son muy divertidas y estas de la enfermedad… ja, ja y ja.
    Eres un gran contador, me alegra.

    Me encanta saber que eres googleiano, jajajaja.
    Unos miles de abrazos fresquitos.

  2. ¡Aún me alegra más a mí haberte enganchado!, hace años no conseguí que te interesaras por la sección de Grandes Relatos, ¡pero parece que ahora he conseguido captarte un poquito!… bueno, no olvides que tienes todas las entregas de esta novela y de mis otras ficciones aquí: https://universodea.wordpress.com/2011/11/29/guia-de-capitulos-de-grandes-relatos/ … por si quieres divertirte otro poco.

    En principio tengo planificado publicar más entregas de “Notas de aburrimiento” a lo largo del verano… a ver como va la cosa, pero al menos se intentará… y espero que te hagan tanta gracia como estas.

    ¡Miles de Abrazos!.

  3. Pues si finalmente lo haces, no dudes en dejarme tus impresiones con tus comentarios, ¡hasta pronto!.

    ¡Millones pues!.

  4. Pingback: Diecinueve parte de Notas de aburrimiento | Universo de A

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