Crítica exprés: El nuevo nuevo testamento

Me gustaría hablar también en este artículo de los cines Renoir, a los que a veces voy (siguiendo mi estela de comentar los lugares a los que acudo); que además se han hecho especialmente conocidos en los últimos años por ser visitados, al parecer, por la Realeza, puesto que durante mucho tiempo se dijo que don Felipe y doña Letizia, siendo Príncipes de Asturias, habían acudido a los cines de esta zona (incluso a pesar de tener su propia sala de proyección en el palacio de la Zarzuela).

Cerca de allí, en la calle Martín de los Heros (y en frente de más cines en v.o.) se encuentra además el Paseo de la fama español (bastante cutre, pero es lo que hay, quizás no deja de ser un indirecto e irónico reflejo de la cinematografía patria…).

Yo no suelo ir mucho, por no decir casi nunca, y cuando lo hago es de casualidad, por varias razones: una de ellas es que no suelo ver versión original, me parece de gafapastas pretenciosos que intentan parecer más intelectuales (es más, soy un ferviente defensor del doblaje, pero ese tema dejémoslo para otro artículo), por lo tanto, cuando voy a estos lugares, suele ser porque no hay la película en absolutamente ningún otro sitio de Madrid capital (y dependiendo del tipo de cine que quieras ver, esto es menos infrecuente de lo que pudiera parecer a primera vista); y por otro lado, porque también me resulta inconcebible ver el cine de otro modo que no sea con una pantalla gigantesca, sino, como que siento que no me compensa el precio de la entrada (y estos cines tienen salas pequeñas y pantallas a juego).

Así pues, estos cines tienen todos los defectos para no gustarme (sus pantallas podrían ser perfectamente igualadas en tamaño por algunos televisores); por otro lado, sus instalaciones están ya un tanto anticuadas (muestra de ello es que sus sesiones son sin numerar), aunque bastante bien cuidadas.

La atención al público se intenta que sea familiar y cercana, saben que es lo que les diferenciará de las grandes cadenas. En realidad, me sorprende el exceso de personal (venden hasta palomitas… y teniendo en cuenta los humos que trae el público, como si fueran a rebajarse a tomar tal comida, símbolo de lo comercial por excelencia, hasta existe la denominación “cine palomitero” al efecto…), y no dejo de preguntarme si les compensa y pueden mantenerlo. Sin mencionar que te invitan a hablar con ellos sobre cine en su página web, y que también tienen programas de fidelización… etc

Por otro lado, lo mejor de acudir a estos cines, es de lejos, el que también puedes obtener una especie de programa de mano del filme (y cogerlo de todas las películas que te interesen), en el que suelen contar con todos los datos de la película, comentarios y múltiples extras que enriquecen enormemente el visionado de cualquier proyección (y que suelen ser mejores que esas frívolas revistas que encontramos en tantos otros cines, que apenas tienen otra cosa que el argumento de los filmes y nulo sentido crítico).

En definitiva, estos cines nunca serán mi primera opción (más bien la última), pero reconozco que, de vez en cuando, me gusta dejarme caer por allí; por algo será si decido no esperar a que la película llegue a la televisión o al formato doméstico.

 

Creo que lo primero es sincerarse, aclarar ciertas cosas para que todo el mundo sepa de qué palo voy, porque sería un engaño decir que determinadas cosas no nos influyen.

Yo tuve una educación, como muchos en este país, católica, de una religiosidad común a la mayoría, sin grandes aspavientos. Hasta la adolescencia creí realmente, tuve fe… pero a partir de ese momento me entraron dudas (porque yo quería conservar mis creencias), traté de resolverlas leyendo teología, hablando con sacerdotes… pero fue peor. Finalmente, como me di cuenta de que era una situación demasiado difícil a resolver, decidí que la religión debía seguir por su camino y yo por el mío; dicho de otro modo, respeto estas cuestiones y a la Iglesia, pero yo hago mi vida.

Pero no voy a negar que sigo considerándome y autocalificándome de católico (¡cristiano no!, ¡católico, apostólico y romano!), es más, me gusta formar parte de esa cultura, me gustan las obras de arte que ha creado, y su grandilocuencia y espectacularidad… es más, si no fuera católico, las únicas opciones religiosas que se me ocurren que me vayan son el cristianismo ortodoxo o el hinduismo.

Por otro lado, también soy gran defensor de la asignatura de religión en las escuelas, la considero básica para entender la historia y el arte occidental; lo que me ha provocado no pocas discusiones con otras personas que argumentan que la asignatura no se utiliza para eso sino para adoctrinar (¡como si cada uno no eligiera después el camino que toma y todos fuéramos robots que no nos podemos salir de los datos que nos dan!); aunque suelo reconocer que, la verdad es que quizás lo mejor sería, una asignatura seria (y recalco esto último, porque la verdad, nunca la ha habido) sobre todas las religiones y mitología en general.

Llegados a este punto, comprenderéis que me resultan sumamente interesantes las reflexiones sobre el tema religioso, por tanto, tenía muchas ganas de ver esta película, sonaba realmente interesante.

Como curiosidad final, comentar que una reflexión que sí obliga a hacer el filme (debido al desarrollo del argumento) es si estás contento con tu vida, es decir, responder a esa pregunta tan compleja y tan ambigua de si eres feliz (una cuestión, ya advierto, terrible, y de peligrosa respuesta en muchos casos). Esta pregunta surge a través de lo que les pasa a los personajes, que descubren lo poco que les queda de vida (misteriosamente a todo el mundo le queda poquísimo), y entonces empiezas a ser consciente de que a ti, tal vez no te queden tantos años como pensabas, comienzas a recordar las estadísticas sobre la esperanza de vida en España, y que el tiempo ha pasado volando… y empiezas a preguntarte si ha valido la pena, y si, de encontrarte en la súbita y repentina situación de saber que te queda muy poco tiempo de vida, qué harías (que estuviera en tu mano) para cambiarla… mi respuesta me asombró y me encantó: nada. Me di cuenta de que, a pesar de que como a todos no me faltan problemas, preocupaciones, tristezas, tengo disgustos y considero que hay cosas muy mejorables en mi realidad cotidiana, y siempre hay algún tipo de ambición que te perturba… pero la realidad es que, de lo que está en mi mano cambiar (es decir, no por arte de magia), no haría nada al respecto, me gusta mi vida tal y como es, me siento satisfecho… no viajaría más o haría actividades que nunca había hecho; no probaría cosas que creía que no me había atrevido a probar… etc. Me sorprendió y alegró descubrir que soy feliz y que tengo una vida plena (quizás sea porque, en el fondo, como muchos han dicho de mí, siempre he hecho lo que me ha dado la gana); con toda seguridad mejorable, pero todo siempre lo es, el inconformismo forma parte del ser humano; y saber eso, descubrir que no has desperdiciado tu vida y que estás contento con ella, es algo maravilloso.

 

-El nuevo nuevo testamento: fallida, absolutamente fallida; y es una pena, porque podría ser una de las mejores películas con cavilaciones sobre la religión de la historia.

Su gran problema es que es profundamente cobarde, frívola, superficial… a la hora de la verdad no se atreve a meterse con los grandes enigmas de la religión, con todas sus contradicciones, con los problemas reales… y se queda en una burda nadería, en una tonta caricatura de lo que pudo haber sido.

Ello se debe a un texto que no es profundo, que sólo coge unas ideas demasiado intrascendentes como para que puedan funcionar todo un guión cinematográfico, que no desarrolla todas las paradojas de la religión, ni se molesta en ahondar en ello. En consecuencia, no es inteligente, no consigue tener gracia tampoco (pues no funciona como comedia) y por si fuera poco, su desarrollo de la historia es pésimo, está demasiado visto (especialmente en el cine Europeo, y ya no digamos en el francés… el modelo se ha repetido hasta la saciedad), resulta insoportablemente predecible… en definitiva, nada da resultado.

La dirección de Van Doarmel (que también se ocupó de la escritura del filme), por supuesto, es incapaz de realzar el filme, que está condenado desde su inicio, y se reduce a permitir que el aburrimiento campe a sus anchas.

El apartado técnico también es insufriblemente antiestético, hortera, y reitera lo que ya estamos hartos de ver, tampoco consigue ser capaz de aportar nada nuevo.

El mismo tópico siguen unos actores que parecen hastiados de sus propias frases y que se limitan a recitarlas como si de un trabajo mecánico se tratase; desde luego, esto también se debe a una pésima dirección.

En definitiva, resulta más interesante lo que pudo haber sido que lo que es, la idea que el desarrollo, y desde luego, que el producto final, puesto que este resulta vulgar, intrascendente, nada interesante y muy prescindible.

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