Madame Marguerite

La insondabilidad del arte

Sinopsis y ficha técnica

No muy lejos de París es día de fiesta en el castillo de Marguerite Dumont. Como todos los años, una serie de amantes de la música se reúne alrededor de una gran causa. Nadie sabe mucho sobre esta mujer, excepto que es rica y que toda su vida se ha dedicado a su pasión: la música. Marguerite canta de todo corazón, pero desafinando terriblemente, y el público hipócrita, entre risas, actúa como si ella fuera la diva que cree que es.

Actores Madame Marguerite

  • Catherine FrotMarguerite Dumont
  • André MarconGeorges Dumont
  • Michel FauAtos Pezzini
  • Christa ThéretHazel
  • Denis MpungaMadelbos
  • Sylvain DieuaideLucien Beaumont
  • Aubert FenoyKyrill Von Priest
  • Sophia LeboutteFélicité la barbue
  • Théo CholbiDiego
  • Astrid WhettnallFrançoise Bellaire
Dirección
  • Xavier Giannoli
Producción
  • Olivier Delbosc
  • Marc Missionnier
Guión
  • Xavier Giannoli
Decorados
  • Martin Kurel
Dirección fotografía
  • Glynn Speeckaert

 

Comentario previo

En primer lugar, quizás sería bueno comentar que, aunque la película comienza asegurando estar basada en hechos reales, lo cierto es que está basada, muy libremente en la vida de la americana Florence Foster Jenkins; pues, aunque ciertamente se recogen pasajes principales y destacados de su existencia, y hay una inspiración histórica muy clara, la película que tenemos ante nosotros se puede considerar una ficción completa, pues, a la hora de la verdad, tanto los hechos que presenciamos, como los personajes que vemos, son ficticios (por más inspiración en la realidad que tengan y lo documentado que esté el filme). Tal vez la película “Florence Foster Jenkins” que se estrenará en agosto en EEUU, que ha dirigido Stephen Frears y protagoniza un reparto tan estelar como Meryl Streep y Hugh Grant (que está totalmente desaparecido en los últimos años, y al que sólo se le ve, muy de vez en cuando, para volver a reprotagonizar alguna comedia tonta romántica que claramente hace por el dinero); nos dé una versión más fidedigna de la vida de la “cantante”… en cualquier caso está claro que las comparaciones no van a faltar (ya algún crítico las ha hecho) y quizás sean odiosas, pues esta película francesa de la que haré la crítica ha pegado fuerte… en definitiva, y hablando en plata, ¿podrá la intelectualidad francesa vencer al carisma de Hollywood?, a la espera quedamos de resolver tal duda.

Y ahora, voy a aprovechar este comentario previo para hablar, como suelo hacer, de tres temas paralelos relacionados con el filme, que son:

 

-Crítico vs “artistos”:

Todos aquellos que me hayan criticado (y estoy hablando eufemísticamente, pues aquí todos sabemos que este blog ha sufrido cosas mucho peores y nada justificables) por mis críticas o por mis opiniones acerca de alguna “actividad artística” (llamémosla así, aunque no haya pasado de “artistada”) en la que hayan participado, deberían ver esta película, pues así, tal vez, entenderían como se ve desde fuera lo que hacen; en ese aspecto, este filme refleja a la perfección lo hilarante, lo cómico, lo ridículo que resulta una persona sin talento que se empeña en hacer algo para lo que no vale… y la terrible lástima que da; sin mencionar lo fastidiosa que llega a resultar.

Tal vez nos encontremos un precedente interesante, también a nivel cinematográfico, en la película de Cuarón “Rudo y cursi”, pero su tratamiento del tema de que la autonegación y el empecinamiento no borran la falta de talento, no llega a ser todo lo brillante que hubiera podido resultar… eso sí, nos deja una de las mejores frases escuchadas sobre ese tema “no es lo mismo la pasión que el talento”.

En cualquier caso, el tema es que no se pueden pedir peras al olmo, y cada uno debe ser consciente de sus capacidades, virtudes y defectos, entre otras cosas en eso consiste madurar, en saber reconocer para qué valemos y para qué no (y sí, soy perfectamente consciente, y viví de primera mano, que no todo el mundo es capaz de eso).

Además, como se refleja magníficamente en la película, no siempre las personas que nos rodean nos lo van a decir, pues todo el mundo está condicionado por las más diversas circunstancias, girando en la misma rueda de cortesías, deberes y favores… así que es la misión de los críticos decirlo; y no necesariamente lo harán los oficiales, que también giran en esa rueda; pero sí las personas como yo, que nada ganamos ni perdemos haciendo una buena o mala crítica y que sólo opinamos por el gusto de hacerlo (en mi caso con todo el análisis y fundamento posible, pues lo considero una característica del blog, no decir las cosas por decir, luego claro, me salen estos artículos larguísimos…); supongo que por eso también nuestros pareceres son doblemente dolorosos, pues se saben sinceros, ya que nada los condiciona.

Pero aquí todos sabemos que “no hay peor sordo que el que no quiere oír”, lo cierto es que ya, por ejemplo, podré yo despotricar una y otra vez, y seguirá habiendo “artistos”, puesto que hay demasiada gente autoconvencida de su genialidad, de que tienen algo que aportar, aunque no haya nada que refrende el que decidan tener esa actitud (e incluso no falten razones que lo nieguen), sin mencionar que ningún genio o artista verdadero tuvo la soberbia de autoconsiderarse en serio como tal (de ahí que yo haya creado para ellos el calificativo de “artistos”). No sé si todos tendremos algo que aportar al mundo o si todas las vidas tienen algún sentido (eso requeriría un análisis psico-sociológico muy complejo para el que no tengo los recursos de ningún tipo), pero sí que tengo claro que no todo el mundo vale para determinadas cosas, y cuando eso sucede, dejarlas cuanto antes es lo preceptivo, por tu propio bien y el del resto, pues ninguno gana nada con ello; o al menos dejarlas para la intimidad, dónde hagas menos daño.

En cualquier caso, no puedo dejar de reseñar lo dicho anteriormente, si hay algo que este filme refleja magníficamente, es el ridículo de quién se empeña en negar su propia falta de talento, y el cómo se percibe eso desde fuera… no hay duda alguna, es un filme imprescindible para los “artistos” (y si no quieren verlo entero, con el tráiler también es suficiente).

 

-El cine Europeo, y concretamente el francés:

Hace bien poco, me lamentaba por la falta de identidad del cine español, y no faltan en este mismo momento ejemplos en la cartelera, los cuales no me molestaré en visionar (“Toro”, “Cien años de perdón”…), pues sólo hay que ver el tráiler para comprobar que no son sino malas reproducciones del cine estadounidense; o muy desgraciadamente, lo más patrio que tenemos es la vulgaridad y la chabacanería (“Kiki” del siempre bochornoso Paco León), estilo que, aunque tenga éxito en una primera instancia (como es el caso de la saga “Torrente”, por ejemplo), a la larga, al igual que la telebasura, siempre es perjudicial pues supone una devaluación completa de imagen de cara al público, y luego claro, se genera el consecuente, lógico rechazo, y se refuerza el inevitable tópico de que el cine español es malo. En definitiva, ¿Cómo es posible que no hayamos conseguido desarrollar nuestro propio arte fílmico, nuestra propia identidad cinematográfica?.

Eso en el resto de nuestro continente no pasa, y fácilmente distinguimos una película Estadounidense de una Europea, y, si me apuras, no resulta complicado darse cuenta incluso de que país es, que no se confunde con facilidad una película inglesa con una francesa.

También es cierto que no faltará quien dé el argumento de que allí el cine nacional tiene éxito… ahora bien, eso lleva a la pregunta de por qué; ¿tal vez tenga que ver con la calidad de las producciones?, ¿con que la población se siente identificada con su propio cine?, ¿con qué hay una educación en estos temas?… tales situaciones debemos considerarlas en España, en este momento (e incluso a medio-largo plazo), como imposibles, o como ciencia-ficción futurista.

Y duele, realmente duele como español, el ver como los países vecinos, a los que no tenemos nada que envidiar (recordemos, no es una cuestión de dinero, sino de talento), triunfan en un terreno en el que nosotros también podríamos salir adelante con las personas adecuadas.

No voy a reflexionar por milésima vez sobre la importancia de que haya tanto buenas cabezas en los puestos superiores para que puedan reconocer e impulsar a las que están en los inferiores, pero es una pena que la situación sea así.

Desde luego todo es opinable, pero hay algo cierto, en Europa existen ciertas cinematografías nacionales claramente definidas y con las que el público se identifica… ¿por qué nosotros, a quienes no nos falta tradición fílmica -pensemos que hasta Hollywood estuvo aquí con los Estudios Bronston- no somos capaces de desarrollarla y estamos por detrás de otros países que sí la tienen, y a los que, repito, no tenemos nada que envidiar?.

Al final va a tener razón Felipe II, que decía en el siglo XVI, que el gran problema del Reino es “la falta de cabezas” en los escalafones superiores… la contrariedad es que ya estamos en el siglo XXI.

 

-Realidad y ficción, verdad y mentira, arte y… :

la película de la que hago la crítica abajo no es una comedia, sí, tiene momentos muy cómicos y te ríes, pero no es una comedia. Eso se debe a la sensibilidad con la que se trata al personaje protagonista, lo cual nos lleva a abordar otra interesante temática.

No han faltado artistas que hayan definido sus actividades como una necesidad, incluso como un veneno que se te mete en la sangre y que ya no puede salir, como algo que simplemente, hay que hacer… ¿pero qué pasa cuando es el caso de alguien que no tiene ningún talento para ello?, como abordaba unos párrafos más arriba, la mejor opción es dejarlo (tengo un ejemplo muy bueno: conocí a una persona que estudiaba música y tocaba un instrumento, pero no se le daba bien… acabó concluyendo que lo suyo era escuchar y no hacer música, así, alcanzar tan sabio razonamiento fue lo mejor para todos, tanto para él -que sufría por su incapacidad- como para el resto -que ya no tenían que aguantarlo-), pero, ¿qué pasa si no se puede?, ¿qué pasa si el deseo y la necesidad lo superan todo?, en esa situación, como decía arriba, tal vez debamos relegar esa cuestión a la intimidad, pero ello nos lleva a abordar otros temas muy interesantes y curiosos.

¿Puede la constancia sustituir al talento?, desde luego, es innegable que con tenacidad se pueden alcanzar grandes mejoras y ciertas metas (y yo soy muy partidario de darlo todo de uno mismo cuando se desea alcanzar algo) y que muchas personas en principio torpes, llegan a superar, con constancia, e incluso triunfar sobre los más talentosos aunque vagos… pero también hay que afirmar con rotundidad que si no se posee el don, jamás se tendrá, pues hay cosas que se tienen o no se tienen, así de simple; ahora bien, ¿se puede triunfar sin talento?, también es innegable que sí, la propia mujer en la que se inspira este filme es un buen ejemplo de ello; pero no es el único, Hollywood está plagado de casos de personas que fueron más estrellas que actores, y les fue mejor que a otros que se pasaron la vida mendigando un papel y se murieron de hambre a pesar de ser buenísimos. El arte y sus balanceos también nos demuestran que el talento y la genialidad no se valoran de la misma forma en todas las épocas, ¿cuántos artistas o grandes personajes murieron sin ser reconocidos en vida? (acerca de esto hablaba hace muy poco), ¿cuántas veces en su tiempo se aplaudieron a determinadas personas de las que hoy ni nos acordamos y ya no valoramos? (pensemos en el fracaso de las vanguardias en su tiempo, y en los hermanos Zuloaga que ganaban todos los premios en España… ¿y quién se acuerda de ellos?, ¿cuánto vale uno de sus cuadros en comparación con un Picasso?)… etc; El Greco, del que hace poco celebrábamos centenario con toda pompa y boato, fue despreciado por Felipe II, y sus cuadros estaban en un almacen del Prado a principios del siglo XX… etc.

Pero volviendo al tema del canto, un caso real, para el musical “Sunset Boulevard” (basado en la película de Billy Wilder del mismo nombre) se escogió para el papel protagonista a la perfecta y broadwayesca diva Patti Lupone, una cantante de técnica perfecta que parecía la elección ideal… pero a nadie le gustó; y la que acabó haciendo el papel fue la actriz Glenn Close, que tuvo que aprender a cantar, y cuya voz dejaba bastante que desear, pero que conquistó a todos… y si cogemos las grabaciones de ambas, y comparamos, veremos una diferencia abismal. ¿Así pues, que es realmente verdad?, ¿qué es el talento?, ¿qué es hacerlo bien?, nadie podría negar que Patti Lupone en su debut en Londres estaba perfectamente afinada… pero a todo el mundo, crítica incluida, les pareció mucho más auténtica Glenn Close (alguno que otro afirmó que tal vez resultaba más creíble porque ella misma era una actriz de cine en decadencia); y lo cierto e innegable es que la actriz de cine acabó sustituyendo definitivamente a la de teatro, y que quién hizo el papel tanto en Los Ángeles como en Broadway fue Close, cuya calidad como cantante dejaba mucho que desear, especialmente en comparación con Lupone.

En cualquier caso es innegable que todas las grandes voces de la historia del arte tienen algo especial, un toque diferencial, quizás porque, si sonaran exactamente igual que el resto, no tendrían ningún interés, pensemos sino en personas como Edith Piaf, Judy Garland, Barbra Streissand, Michael Jackson, Frank Sinatra, Maria Callas, Marisol, Alfredo Kraus… etc, todos ellos tenían un componente diferencial, algo que hacía que cuando cantaban fuesen perfectamente distinguibles de los demás, sus voces no se ajustaban a los estándares, a la normativa impuesta (algunos fueron rechazados en coros o en sus inicios)… no eran perfectos, y en eso radicaba su perfección.

Y es innegable que muchos grandes personajes de la historia (artista y no artistas), fueron rechazados en sus comienzos, ¿es la constancia tal vez el secreto?, ¿el creer en uno mismo a pesar de las circunstancias?, ¿quizás aunque no seas reconocido en tu época lo serás posteriormente?… difíciles preguntas que tal vez nunca tengan respuesta.

Lo que sí es cierto, es que aún hoy, escuchar a Florence Foster Jenkins (en quién está basada la película de la que hago la crítica abajo), en las grabaciones que nos quedan (accesibles algunas en YouTube), sonroja y da risa; no sé si lo que hacía se puede llamar arte, que es rupturista, y que tenía un especial talento para cantar mal y destrozar cada nota de una manera sin igual, eso es evidente, y también es innegable que ello produce emociones inmediatas (hilaridad, risa, pero al fin y al cabo, emociones), y en tiempos de las vanguardias, donde todo era rompedor… quién sabe si algún día la consideraremos el excelente previo de algún tipo de estilo futuro y una mujer adelantada a su tiempo, al fin y al cabo, la inaudible música futurista es considerada el precedente de la electrónica, y bien exitosa que es esta última hoy día.

Argumentado todo esto, os dejo que lleguéis a vuestras propias conclusiones (¡y podéis escribírmelas en un comentario!).

 

Crítica

Con todo el buen hacer tradicional del cine francés, se realiza esta película que llega a resultar una delicia a muchos niveles.

La historia adapta muy libremente la vida de una cantante americana (leer en el comentario previo acerca de este tema), así que crea un guión en el que se toman múltiples licencias, pero todas ellas, resultan beneficiosas en última instancia para el producto que se quiere crear (y por otra parte, generan curiosidad sobre el personaje real, una pena que su nombre no fuera incluido en ningún sitio), que no es una película biográfica, sino un auténtico ensayo cinematográfico sobre el arte y otros temas que comentaré luego.

Así pues, nos encontramos con un guión profundo, quizás demasiado, pues aunque el tráiler nos está vendiendo una comedia, al final, el texto nos entrega toda una reflexión intelectual acerca de múltiples temas, de hecho, tantos, que quizás el gran problema del guión, y la razón de que no sea perfecto, es que se pierde, puesto que no se llega a centrar del todo en ninguna temática, ni llega a ninguna conclusión, lo que no significa que todas las que aborda, no las haga con profundidad, pues sí que lo hace, ya que, si hay algo de lo que no se pueda tachar a este guión es de ser superficial, algo pretencioso tal vez, pero desde luego, no superficial.

De ese modo, se tratan temáticas sumamente variadas, pues es toda una reflexión sobre el arte (lo qué lo es y lo que no lo es, los movimientos artísticos -el personaje del artista y la secuencia de un concierto vanguardista no tienen precio-) y el mundo que lo rodea (el personaje del crítico es especialmente magnífico al principio de la película), el talento y lo efímero que puede resultar a pesar de haberlo poseído, la constancia, la autoestima, la hipocresía, las relaciones sociales y personales (incluidas las de pareja, especialmente las de larga duración), la urbanidad, cortesía y educación, la verdad y la mentira… etc; la verdad es que considero que cualquiera que se acerque a este filme, podrá encontrar ciertas cuestiones con las que identificarse, aún cuando no sea un apasionado del arte, pues hay múltiples cosas que cualquiera puede reconocer de otros ámbitos… obviamente, si eres un enamorado del arte, entonces verás muchas más cosas y te encantará.

También se puede decir que el guión, aún siendo una ficción, está asombrosamente bien documentado, y realmente consigue introducirse y reflejar una época histórica de una forma realmente brillante.

La dirección lleva bien la película, con un ritmo un tanto parsimonioso, y desde luego con una elección de planos original, pero cuenta bien la historia (quizás el único gran defecto que se deba recalcar es la división en capítulos, que resulta absurda, irritante e innecesariamente literaria; y tal vez algún que otro personaje desaprovechado y por tanto un tanto sobrante), y sobre todo, sabe sacarle mucha rentabilidad a sus actores, especialmente a la protagonista.

En el resto del apartado técnico hay muchas cosas que destacar, ya que, exceptuando la desagradablemente oscura fotografía, el resto es absolutamente impecable, creando una preciosa película de época a través de una impecable dirección artística que fabrica unos decorados perfectos y elige unas localizaciones ideales; un vestuario magníficamente apropiado; pero sobre todo, una banda sonora absolutamente fabulosa, maravillosamente bien seleccionada, que te encandila por completo, sí, porque está lo tópico y lo esperable, pero también hay la sorpresa y el triunfo musical… sublime, hasta cuando oímos a la protagonista destrozar (¡y que divertidamente mal cantadas están!, ¡no puedes parar de reír de lo desastroso que es!) grandes arias operísticas lo disfrutamos, y con eso lo digo todo.

Sólo queda hablar de los actores, todos los cuales cumplen muy efectivamente su función y su papel; pero no se puede dejar de destacar a la protagonista Catherine Frot, que consigue que su personaje, que sobre el papel podría resultar tonto, completamente patético, absurdo, ridículo y esperpéntico, nos despierte una gran compasión y sintamos una auténtica empatía hacia él en todo momento; realmente Frot aprovecha hasta el último de sus planos, y consigue robarnos el corazón, haciendo que deseemos desesperadamente, al igual que su personaje, que consiga sus anhelos… aún cuando somos perfectamente conscientes de que es una causa imposible, pero queremos autoengañarnos con ella, y el haber alcanzado tal empatía con su personaje, es un gran mérito muy a destacar de la interpretación de Frot.

 

Valoración final: sobresaliente película (a punto estuve de considerarla una obra maestra, pero quizás es tan cerebral que resulta fría y no lo suficientemente emocional) que bien se puede calificar de ensayo cinematográfico; tal vez por eso, tampoco me atrevo a hacer una recomendación general, pues es demasiado intelectual, demasiado profunda para que todo el mundo pueda apreciarla, y no llega a tener, en demasía, ciertas virtudes vendibles a todo el mundo, por ejemplo, resultar muy cómica, pues no es así (su comicidad es pensada, no espontánea).

Así pues, debo considerarla una delicatesen, que será muy apreciada por un público selecto, de intelectuales y amantes del arte, para unas personas que vayan con la disposición de apreciar todo lo que puede ofrecer y lo que les van a presentar; pues otros espectadores que no vayan con esa intención, estoy seguro de que no la entenderán o no serán capaces de estimarla en todo lo que vale.

Esta entrada fue publicada en Películas. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Madame Marguerite

  1. Pingback: Críticas exprés: Monsieur Chocolat / La noche que mi madre mató a mi padre | Universo de A

  2. Pingback: Nacida para ganar | Universo de A

  3. Pingback: Crítica exprés: Florence Foster Jenkins | Universo de A

¡Deja un comentario!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s