Temporada televisiva de otoño-invierno de 2015-2016

El ocio según Universo de A:

-La temporada de exposiciones otoño-invierno de 2015-2016 en Madrid.

-Temporada televisiva otoño-invierno de 2015-2016.

-Los eventos de otoño-invierno de 2015-2016 en Madrid.

TEMPORADA CONCLUIDA

Estos enlaces anteriores (entre los que está incluído este artículo), son los llamados artículos recopilatorios, que se actualizan continuamente (hasta que termina la temporada que dice el título, momento en el que se publica uno nuevo), por lo que, para estar informado de todas las novedades, se recomienda volver a visitarlos a menudo.

Para una información más extensa o sobre otras cuestiones culturales (Turismo, críticas de Películas o Teatro… etc), visitar las secciones correspondientes que aparecen permanentemente en un listado a la derecha.

Si hay algo que aún no he publicado, y sin embargo te interesa, pregunta a través de un comentario, puede que te ayude, ya que a lo mejor lo he visto, pero no he tenido tiempo de escribirlo.

………………………………………………….

Finalmente, vuelven los artículos recopilatorios, después de tantos meses… y quizás vuelva el dinamismo a este blog… aunque de momento no sabría decir, con tantas ocupaciones como tengo, pero se intentará, se intentará….

Sea como sea, comento algunos de los programas que me están llamando la atención esta temporada….

 

Novedades:

 

TVE1

-Carlos Rey Emperador: sería difícil decir si Carlos I fue un buen sucesor de Isabel I, tan europeo él y tan castellana ella, sería realmente complicado decir si el nieto de los Reyes católicos fue un buen heredero de estos… pero aunque esto podría ser un debate histórico interesantísimo, hay algo que difícilmente se podrá discutir a nivel audiovisual: que la serie “Carlos Rey Emperador” no es una buena sucesora de la gran “Isabel”.

Y tiene gracia, porque “Carlos Rey Emperador” tiene todo lo que su antecesora no tuvo: un presupuesto claramente mayor, una gran libertad para desarrollarse, la confianza de la cadena, un público ansioso de más… no había riesgo alguno, sólo tenía que seguir la estela del éxito anterior (hay quien ha tratado de defenderla diciendo que la expectativa era muy alta, pero eso no justifica los pobres resultados).

Así tras cinco capítulos, puedo afirmar sin duda alguna, que es probable que no acabe la temporada (como me pasó con “Hospital Real” que al principio resistí, pero la cosa no duró mucho tiempo), y que si lo hago, será la última que vea. No soy el único, la audiencia no ha apoyado al nuevo monarca televisivo, ni se ha dejado embaucar por la simple pero torpe pátina dorada de la que pretende envolverse la serie.

¿Razones del fracaso?, bien, la primera y la más simple es que “Isabel” pese a su gran pobreza de medios (muy especialmente en la primera temporada, cuando resultaba incluso aberrante), siempre tuvo unos guiones absolutamente excelentes, magníficamente trazados de principio a fin, casi sin mácula; todos estábamos absolutamente admirados, tanto los amantes del audiovisual como de la historia (y ya no te digo los que somos incondicionales enamorados de ambos), todos quedamos maravillados con lo bien que estaba trazada, todo el argumento en general desde el principio al final de las temporadas, los arcos argumentales tan brillantemente enlazados, lo emocionante que resultaba cada episodio (incluso cuando sabías exactamente lo que iba a pasar), la rigurosidad y el respeto a la historia (permitiéndose incluso meter algo de leyenda, y porque no, alguna licencia artística, cosas que hasta los más tiquismiquis aplaudíamos), la condensación de tanta información de una forma tan brillante y entretenida… sí todo aquello elevaba a “Isabel” al grado de obra maestra con todos sus méritos, a ser el símbolo, la razón de ser de la existencia de una cadena pública… incluso a pesar de la espantosa estética y de bastantes interpretaciones pésimas que hacían sangrar los ojos (aunque a partir de la segunda temporada se empezó a mejorar muchísimo en ese tema)… sin embargo, la lección que se aprende de esto, es que de nada vale el más brillante oropel sin un fundamento detrás; y que la forma sin contenido, simplemente no es suficiente; en definitiva, que, aunque pueda sorprender, vale más talento que dinero, y tener mucho de lo segundo, no compra lo primero.

Y es una pena, puesto que “Carlos Rey Emperador” subsana muchos de los errores de inicio de “Isabel”: una estética muy cuidada; unos actores bastante creíbles (unos más que otros -aunque la mayoría pecan de presentismo o se les nota demasiado que están actuando… y algunos directamente son pésimos-, incluso viéndose demasiado que no tienen ni idea sobre el personaje histórico que interpretan; pero hay que decir que algunos hasta tienen cierto parecido físico con la persona real; y no sobra mencionar, como detalle divertido, el que no parezca haber edades intermedias en el reinado de Carlos I: todas las personas que salen en la serie o son muy jóvenes o son muy viejos -esto también es copia de “Isabel”, la idea de rodear a un elenco joven de unos interpretes secundarios maduros y consolidados… pero en la serie sobre la Reina católica jamás se cometió el error de crear un abismo generacional tan evidente-, al menos no todos los actores son catalanes…). En definitiva, se nota que esta serie tomó nota de las mejorías de “Isabel”… pero de nada sirve coger lo superficial si no se entiende la base.

Y es que el gran problema de la nueva serie es precisamente que sus guiones son absolutamente desastrosos desde el primer episodio a todos los niveles: no hay presentación de personajes o esta es pésima (dejando al espectador en un permanente lío y caos, algo especialmente peligroso cuando se trata de una ficción histórica en la que hay que entender tantas cosas muy complejas y explicarlas de un modo muy simple; siendo así, si se falla en lo mencionado, difícilmente el espectador empatizará con unos personajes que no entiende), es más, algunos de los personajes con más protagonismo nos costaría decir su nombre o sus relaciones familiares si sólo atendemos a lo que nos ha expuesto la serie; se crean montones de arcos argumentales sin peso, que no van a ningún lado, y que por tanto saturan innecesariamente al espectador con una información absurda, que no viene a cuento y que no aporta nada (la presentación desde el principio de otras cortes europeas, se hizo siguiendo el hilo de “Isabel” (especialmente en su tercera temporada), pero en esta última serie, jamás se hizo de forma gratuíta -como sí se ha hecho en “Carlos”-, no hubo una sóla vez en la que apareciese, ya fuera Granada, Francia, el Papado… etc, que no tuviese que ver con la historia que se quería contar, que en última instancia, era la de los Reyes católicos y la de Isabel I, todo, tarde o temprano, encajaba y tenía sentido, nada era innecesario ni fuera de lugar, todo estaba perfectamente calculado y servía a un propósito… en “Carlos” no hay nada de eso); y con ese gusto por lo superficial y la anécdota sobre lo importante y lo relevante, al final, lo único que se consigue, es aburrir (básicamente porque no sientes que lo que ves vaya a algún lado o tenga un propósito final)… lo peor que puede hacer un producto de entretenimiento.

Y ya no hablemos del tema histórico, con demasiadas imprecisiones, demasiadas licencias y libertades excesivas… si con “Isabel” nos podíamos confiar, con “Carlos” se duda de todo e incluso es uno de esos casos en los que te indignas ante las descaradas mentiras, reinterpretaciones y barbaridades que cuentan.

Topándonos con tanto fallo en los guiones, que resultan realmente insalvables, le tocaba a la dirección el darles vuelo y dinamismo del que siempre gozó ampliamente “Isabel”… y en esto también se fracasa rotundamente; si a una historia narrada de una forma mala y caótica, le unimos una dirección bastante deficiente, un montaje muy poco afortunado (con una espantosa, inadecuada y pretenciosa utilización de la música, entre otras cosas)… etc; y y no hablemos de peluquería y maquillaje, eterna asignatura pendiente de “Isabel” y que la serie sobre su nieto tampoco consigue superar; por tanto, teniendo en cuenta todo esto, “Carlos Rey Emperador”, no podía sino tener un mal resultado, y así es.

No nos extrañemos, no es el equipo de “Isabel” el que está tras esta serie (de los que sí prontamente nos llegará, al parecer en cines, la continuación de aquella gran serie en forma de largometraje cuyo título será “La corona partida”; y en la cual, sí repetirán papel muchos de los que no lo hicieron en “Carlos”) sólo algunos de los que trabajaron en ella; pero no son ni la gran mayoría ni los más importantes; por lo cual, este sonoro fracaso resulta menos llamativo de lo que pudiera parecer en un principio.

Hasta la web ha decaído flagrantemente; de aquella vasta información, casi inabarcable que se publico para “Isabel” sólo queda el recuerdo, quizás, porque la documentación que se ha usado para “Carlos” es más bien escasa… lo cual explica demasiadas cosas sobre la serie. En realidad, los extras de “Carlos Rey Emperador” (web, making of posterior al episodio… etc) son el mejor ejemplo e imagen de porque la serie fracasa: también son superficiales, y se han creído que una buena apariencia permite descuidar un buen contenido. Obviamente, se han equivocado de medio a medio, y el espectador ya les ha demostrado que no es estúpido, ni va a dejar que lo tomen por tal (las audiencias no están respaldando la nueva serie, y lamento decir que con razón).

Quizás, el gran problema de esta serie es que ha pecado de soberbia, pues se ha creído que podía heredar sin más los méritos de su predecesora sin mayor esfuerzo, y no está fuera de lugar este comentario, pues “Carlos” llega a resultar incluso pretenciosa.

En definitiva, al final, la impresión que se acaba teniendo, más tarde o más temprano, es que vemos un amasijo de datos sin entrelazar; un hermoso caos muy bien decorado; un laberinto con sus setos muy bien podados, pero sin solución y que no lleva a ningún sitio cuando lo recorremos… y nadie quiere recorrer un camino que no lleva a ninguna parte; a donde, mucho me temo, es exactamente el lugar al que se dirige esta serie.

Tras varias emisiones: es definitivo, la dejo. Tengo la permanente sensación de pérdida de tiempo al verla, y es algo que para mí resulta muy desagradable. A nivel histórico es infame; y a nivel audiovisual, extremadamente deficiente. No creo que haya más que comentar, me reafirmo totalmente en todo lo que he dicho anteriormente, pues mis impresiones no sólo no han cambiado sino que se han reforzado y empeorado.

Y digo todo esto con gran pena, pues parecía que se iniciaba toda una fascinante saga de series históricas sobre la historia de España y sus monarcas (que a mi me hubiera encantado apoyar, como estuve haciendo hasta ahora); pero mucho me temo que el proyecto ha quedado truncado, al menos de momento; porque, en cualquier caso, con “Carlos Rey Emperador” y su estilo, jamás podrá tal proyecto tener continuación.

 

-En tu casa o en la mía: mucho se ha hablado de este programa, y a causa de lo polémico que es, yo también he querido verlo.

Al principio se agradece que no sea la típica entrevista agresiva a la que estamos tan acostumbrados, que ya cansa y agota tanto. Pero entonces empiezas a percibir que eso no es una entrevista, es un nuevo género, la “hagiovista”, una especie de mezcolanza terrible entre una entrevista y una hagiografía. Yo vi el programa dedicado a Ana Obregón (como pude haber visto cualquier otro), y creí que iba terminar de la siguiente forma, “y finalmente, Ana Obregón ascendió a los cielos en una nube de querubines y entre cantos de ángeles como si fuese la inmaculada concepción”, lo juro.

Y no se puede decir que el concepto sea malo, la idea de realizar una entrevista en un lugar que resulte cómodo y familiar para los entrevistados, acompañados por un entrevistador no agresivo, que lleva el tema como si fuese una conversación personal, y que, gracias a eso, el invitado se sienta cómodo y más dispuesto a ser él mismo y comportarse de forma más íntima, dejando de lado su personalidad pública, es, en sí misma, una idea absolutamente excelente. Sin embargo el programa no lo consigue en absolutamente ningún momento.

Tal vez se deba, muy en parte, a que los entrevistados ya tienen, la mayoría, muchas tablas como para dejarse torear, y detectan una cámara a un kilómetro a la redonda, de modo que adoptan el comportamiento público, y sólo ven el programa como un modo de promoción, de asegurar su fama y relevancia. Dicho de otro modo, con este programa, no se consigue ver a personas, sólo a personalidades, de modo que, fracasa estrepitosamente en su intento de ser un programa de entrevistas diferente.

A muchas cosas se le puede echar la culpa de esto, entre otras, al conductor, Bertín Osborne, futuro conde de Donadío de Casasola, que simplemente se dedica a escuchar como si no le estuviesen grabando (quizás, paradójicamente, él es el menos consciente de la cámara); y que no tiene el suficiente carisma ni la fuerza como para llevar a los invitados a su terreno, dejándose devorar, manejar y manipular absolutamente por estos; de modo que ellos pueden vender lo que les de la gana, y Osborne (que dudo muchísimo que se documente mínimamente sobre las personas a las que entrevista) se lo compra, da igual lo que sea, como si le cuentan que han comprado acciones de Marte y tienen un 70% del planeta rojo; a Osborne le da igual lo que fuercen la credibilidad de lo que dicen… lamentablemente no al espectador, que tiene la permanente sensación de estar escuchando sólo una versión de la historia y propaganda descarada. Así pues, el presentador, es incapaz de imponerse en su propio programa, logrando que los entrevistados se adueñen de él.

Tampoco resulta agradable, y termina siendo aburrida, esa manía de recostarse y amodorrarse en un sofá para la entrevista, genera posturas muy antiestéticas y nada sofisticadas.

Paradójicamente, la fenomenal realización que hace sumamente ameno el programa (sin dejar de mencionar los acertados efectos digitales), también lo condena, pues se percibe claramente que a causa de eso, los invitados sienten aún más la presión de los focos, y son todo el tiempo conscientes de que los están grabando.

Muy probablemente, también hay un serio problema en la colocación de las cámaras, que quizás están demasiado cerca de los personajes como para que estos puedan desarrollar una auténtica intimidad y dejar de ser conscientes de que están ante una audiencia.

Como anécdotas curiosas del programa de la Obregón, comentar que, después de verlo, quien no supiese porque esta era apodada “Ana la fantástica” ya no le quedará duda alguna, comenzó diciendo que tenía mucha imaginación, y lo confirmó pero a base de bien; si se cree la mitad de las cosas que dijo, tiene un problema de mentira patológica grave; lo simpático es que, a pesar de eso, no consigue hacer creíble nada de lo que dice.

Tampoco hay que perderse las malas actuaciones de esta fingiendo no darse cuenta de que Bertín está en su casa, o buscando el título universitario que no sabe donde los pone porque no les da importancia, pero que está oportunamente sobre un sofá próximo y enmarcado. Quizás lo mejor haya sido la entrevista con su hijo Alejandro, al que sí se le veía más natural, irónicamente, por su escasa o nula desenvoltura ante la cámara, pues estaba tan nervioso (ver su pie en los escasos planos generales) que prometía el que fuera a decir algo indiscreto; sin embargo, demostró tener un extraordinario sentido del humor.

Tampoco hay que dejar de destacar como gracioso, la obsesión de Bertín Osborne de hablar de las cosas conocidas (preguntó hasta cuatro veces por el “¿Qué apostamos?”, jajaja, aún recuerdo aquella frase continua: “… ¡y entonces hiciste “¿Qué apostamos?”!, ¡porque eso es lo que yo recuerdo!”) mientras que la Obregón prefería desviarse continuamente a lo mucho que, supuestamente, había hecho en otros campos, y que nadie conocía (de hecho me pregunto si ella misma); o el momentazo en el que el presentador exclama que saber si la entrevistada es bióloga o no, es, y cito literalmente, “un interés nacional”, ¡toma ya!.

En definitiva, es un fracaso como programa a todos los niveles, primero porque no se consigue el objetivo de alcanzar una intimidad y confidencialidad que nos haga ver quienes son las personas detrás de las personalidades; y segundo, y también muy importante puesto que en eso ya fracasa incluso en su propio género, porque el programa, debido a la poca pericia de su presentador, acaba por no ser de entrevistas y resultar simplemente un vehículo de promoción de los entrevistados.

 

CANAL +

-Versailles: tuve la oportunidad de ver el piloto en el Festival movistar de series… y me horrorizó. En realidad, me sorprende que no se haya producido una segunda revolución francesa ante tanta barbarie; ya es de por sí una blasfemia rodar en inglés una serie “histórica” (ya diré porque pongo esto entre comillas) sobre el personaje símbolo de Francia por excelencia y contra el cual sólo podrían competir en ello santa Juana de Arco o Napoleón; hacerlo además con actores británicos y que encima el monarca sea encarnado por un inglés (que demostró en el preestreno no tener ni zorra idea del personaje que interpretaba, ni su época… aunque según lo que descubriríamos poco después, tampoco le hacía ninguna falta); pero es que el resto hace subir los colores… de vergüenza, desde luego, pero también de asco e ira.

Por supuesto, siguiendo esa repugnante tendencia de que una serie histórica sólo se puede vender de forma polémica, es decir, con sexo y violencia por un tubo (algo que nuestra “Isabel” demostró que no era necesario en absoluto, y que se podía hacer un producto que combinara a la perfección comercialidad y rigor), se eleva esa máxima a lo más alto y se decide prescindir de la forma más vergonzosa de la historia; algo ridículo, pues muchas veces se ha dicho que cuando la historia (o los historiadores, dijo más de un erudito con ironía) se ponen imaginativos, ya pueden apartarse todos los folletinistas del mundo que no hay competencia posible.

Y a pesar de sus inventos infames, es incapaz de crear una historia siquiera medianamente entretenida, me pasé la larga hora que duró el piloto removiéndome una y otra vez en la butaca deseando que terminara porque me parecía una porquería inmensamente aburrida (en realidad, recuerda mucho a aquel otro fracaso de “Los tres mosqueteros”, que también se creyó demasiado superior para basarse en la genial obra maestra original… y así acabó, ni hemos vuelto a saber de ella ni volveremos a hacerlo… gracias a Dios).

Si a eso le sumamos una dirección a la europea, que casi parece de cine independiente, y que es incapaz de centrar la cámara en algo mínimamente interesante; un montaje infame; y un resto de apartado técnico bastante vulgar y poco atractivo que no consigue resaltar la belleza y encanto de esa época (y ya es difícil)… tenemos la catástrofe completa.

Por supuesto el reparto artístico da risa, y no porque sea una comedia, por desgracia.

En definitiva, una vergüenza, yo si fuera francés me sentiría indignado, ya me siento como español (aunque debo decir que Luís XIV es uno de mis personajes históricos favoritos), imagínate…. En fin, un producto infame que desaparecerá con la misma rapidez con la que apareció, no merece otra cosa.

 

Retornos: 

 

TVE1:

-Audiencia abierta: sigue este magnífico programa que no me cansaré de alabar y que se convierte en otra de esas razones de ser de una cadena pública.

 

CUATRO:

-Gym Tony: aún con un cambio permanente de personajes, y sin mucha estabilidad, sigue siendo divertido echarle una ojeada de vez en cuando a esta serie, desde luego, no para seguirla, pero sí cuando no se tiene nada mejor que hacer y coincide.

 

OTROS MEDIOS:

-Downton Abbey (6ª, y última, temporada): como ya comenté en su momento, no quedé muy satisfecho con la anterior temporada, y francamente, debo de reconocer que me alegro de que acabe la serie, para que no llegue al típico punto de volverse irreconocible y que el final resulte una cruel parodia de aquello que nos entusiasmó en un principio, una soez burla.

Ya es sabido que esta será la última temporada de la serie, se argumenta que tiene lógica, por cuestiones como que el personaje de Maggie Smith, la maravillosa Condesa viuda, llegaría a tener más de 100 años y la cosa comienza a no resultar creíble (aunque si ese tema fuera lo más inverosímil de la serie, ojalá fuera eso…)… etc; pero está claro que la cuestión es más grave: es más que evidente que no se consigue que la serie salga adelante o encuentre la forma de tener más recorrido.

Ya he visto sobre tres capítulos de la nueva temporada, y aunque el ritmo narrativo ha mejorado, y se disfruta el ver la serie; se demuestra una y otra vez que esta está acabada, tal vez pueda tener un final dorado y digno, pero desde luego, está claro que no puede ni debe continuar (o al menos no con el mismo equipo creativo, que es incapaz de sacarla a flote). ¿Razones?, argumentos repetitivos y más que manidos, que vuelven una y otra vez sobre lo mil veces visto y explorado (tanto en esta serie como en otras), y que ya llegan a resultar incluso cómicos (los dramas de la pobre pareja Bates y sus diálogos casi parecen una autoparodia, me da la impresión de que los actores estén aguantándose la risa todo el rato, hasta que corten la escena), personajes a los que se les saca muy poco partido… etc.

Aún quedan cosas interesantes en esta serie, y esa profundización que se hace en la decadencia de determinadas casas nobiliarias resulta interesante (aunque, una vez más, algo que ya han hecho); pero es más que evidente que la serie no consigue salir de donde está, que simplemente no puede aportar más tal y como está siendo llevada, y por tanto, y rara vez digo yo esto, realmente lo mejor es que se termine.

Disfrutaré no obstante esta última temporada, que muy en parte veo precisamente porque lo es (pues tal y como iba la serie, estaba muy camino de perder todo mi interés y que dejase de verla definitivamente), y aunque siempre será triste ver desaparecer una serie que me gusta, sé que es lo mejor. Fue una gran serie que se disfrutó mucho durante un tiempo, realmente admirable en muchos aspectos, y que ha abierto un camino muy interesante en el audiovisual que tal vez otros sigan con acierto, y por todo eso, sin duda alguna guardaremos un gran recuerdo de “Downton Abbey”.

Seguiré informando de qué me parecen el resto de los episodios.

Tras varias emisiones: en fin, “Downton Abbey” gusta de hacerse de rogar y nos hace esperar su final, en Inglaterra, el tradicional episodio de navidad no se emitirá, muy apropiadamente, hasta el día 25 de diciembre… por lo que difícilmente lo podré ver antes.

Apenas puedo aportar más de lo dicho, salvo decir que el como se está encaminando el final es un tanto deus ex machina, pues resulta bastante forzado y poco creíble a todos los niveles, pero como es satisfactorio, pues supongo que todos lo aceptamos sin problemas, al fin y al cabo, todos queremos que los personajes con los que nos encariñamos acaben bien (aunque que finalmente lo hagan es otra cosa, todos sabemos como es esta serie).

En fin, quedamos a la espera del final.

Final de temporada y de serie: mucho miedo tenía a este final que podría fácilmente terminar de destrozar la serie, y más con el gusto que ha llegado a tener esta por el drama barato. Pero no, afortunadamente, “Downton Abbey” está dispuesta a seguir al dedillo el manual de como terminar satisfactoriamente una serie y como contentar a los seguidores; la mejor prueba de ello es que, aunque no faltan cosas que suenen un tanto forzadas (a pesar de que se nos metieran como con calzador durante toda la temporada, para que chirriasen menos hacia el final), se aceptan por el simple hecho de que quieres que los personajes acaben bien. Por tanto, no esperéis grandes sorpresas al final de la serie, no imaginéis que os van a sorprender grandemente, de hecho, todo es predecible desde el primer segundo, pero se trata de una previsibilidad positiva, esa que no te importa por el simple hecho de que todo está saliendo exactamente como querías que sucediese; sí, todo en el último episodio se precipita como un kamikaze hacia un final feliz, ¿pero no es acaso lo que todos queremos?.

Así pues, la serie, perfectamente consciente de que es su final, se ocupa de atar todos los cabos posibles (y dudo que quede alguno), y enfatiza especialmente algo que habíamos visto más de una vez durante la temporada, que es el recuperar viejos y queridos personajes para hacer una gran despedida.

Tal vez muchos quieran recriminar que hay unas cuantas cosas poco verosímiles, tanto en la temporada como en el episodio final: el matrimonio Carson, la repentina santificación de Barrow, los precipitados ascensos sociales y cambios de vida varios… etc; pero lo dicho, tragamos con ello sin mayor problema por el simple hecho de que, a la hora de la verdad, lo que más deseamos es seguir pudiendo imaginar que, de alguna manera, las vidas de nuestros queridos personajes siguen igual que cuando los habíamos conocido… pero un poco mejor; y en eso la serie, consigue dar una lección  maestra.

En fin, no niego nada de mis afirmaciones anteriores, está bien que “Downton Abbey” haya terminado, y sobre todo, está muy bien que haya terminado así, con su tradicional pero último y triunfal episodio navideño (y mejor eso que haber dejado de ver la serie porque había perdido todo encanto e interés); podremos conservar, así pues, un magnífico recuerdo de esta originalísima serie que nos ilustró sobre como era la vida de la decadente aristocracia inglesa de finales del XIX y que tuvieron qué hacer para seguir existiendo; sin dejar de recalcar sus méritos narrativos y audiovisuales, pues ya desde la primera temporada se enfrentaron al reto terrible de conseguir hacer interesante un microcosmos tan reducido y limitado narrativamente (quizás por eso acabó desfasándose) como una casa en el medio del campo (por muy noble que esta sea); sin mencionar que ha afianzado con todo derecho el género histórico en televisión. Así pues, por esos y por otros múltiples méritos, debemos considerar a esta serie una de las grandes de su época, un buen ejemplo de como hacer buena ficción, y absolutamente interesante y recomendable a todos los niveles.

 

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