Crítica express: Brokeback mountain / Hécuba / Nippon-koku

-Brokeback mountain: y una vez más vuelve un estreno mundial al teatro Real (el año pasado tuvimos el de “The perfect american” sobre la figura de Walt Disney que vamos a ver ya en cine); algo siempre magnífico, pues siempre es algo excepcional y emocionante, que nos hace ver que el género de la ópera no está muerto (aunque viendo muchas óperas contemporáneas, uno no deja de preguntarse si no lo estarán asesinando a traición… por otra parte, hay que reconocer, que, al igual que otros muchos artes clásicos -pintura o escultura, por poner otros casos- no está en su mejor forma, y demasiado a menudo parece que está más con respiración artificial que otra cosa); a lo que nunca podremos dejar de dar las gracias a Gerard Mortier, que con este tipo de encargos pone al coliseo madrileño en el mapa musical internacional.

Otra cosa es que nos guste lo que vemos, sí, eso es algo muy distinto, de hecho, esta temporada se están notando mucho las ausencias, y parece que se ha pasado de los “abucheos organizados” que decía Mortier, a los desplantes en masa; un teatro medio vacío (algo que no es la primera vez que pasa en esta temporada) demostraba el escaso interés del público hacia algo tan excepcional como este estreno (y el público que había, se notaba que era de clara tendencia progresista… sin mencionar lo que había descendido el nivel de elegancia de los asistentes, gente vestida normalmente y sin trajes o ropa distinguida, no parecía el Real, sino otro teatro cualquiera), que además contaba con un polémico precedente cinematográfico y que, por supuesto, prometía ser un nuevo escándalo del Real (¿no la han programado por eso acaso?).

Personalmente, hacía años que tenía noticias de ella (aunque aún no sabía donde se iba a estrenar, y mucho menos que podría asistir) por eso fue especialmente increíble saber que tendría la oportunidad de poder ver la conversión en ópera de una historia que conocía a través de la película; pues como persona apasionada del audiovisual, el ver las formas de adaptación a los distintos géneros, las comparaciones entre estos, las decisiones e ideas escogidas siempre resulta muy interesante y apasionante de examinar.

En definitiva, y volviendo a la crítica, ¿con que nos encontramos entonces? pues con una ópera que falla precisamente en lo que no debería de fallar: la música. No me voy a dedicar a cargar contra la atonalidad pues reconozco que es buena para algunos momentos, pero recalco “algunos momentos”; ¿qué significa esto? que una ópera entera con ese estilo rara vez tiene sentido alguno (y este no es el caso), y es que “Brokeback mountain”, efectivamente, tiene algunos momentos llenos de emoción y bien creados, pero son la excepción que confirma la regla, pues cuando ves el libreto escrito por la misma autora del relato original (asombrosamente bueno, todo hay que decirlo, quizás lo mejor del conjunto) no dejas de pensar en lo bien que hubiera quedado con otro tipo de canto: ves los duetos, ves las arias, ves auténticos buenos momentos desperdiciados y despreciados de la peor forma, piensas en lo que pudo haber sido, y que pudo haber sido realmente bueno… y lo que es mucho peor, te das cuenta, de que el libreto por si mismo (con algunas pocas modificaciones, probablemente) podría ser una buena otra de teatro, pero esa música añadida, que encima parece que va por libre (como la propia orquesta) lo estropea todo y llega a resultar molesta e innecesaria.

Por lo demás, la dirección tampoco es nada del otro mundo, y a veces parece la obra de un instituto con esa puesta en escena tan pobre y poco apropiada.

Por supuesto, ningún cantante puede lucirse con semejante partitura.

En definitiva, la sensación que queda es de un resultado regular y de lo que pudo haber sido y no fue, ¿qué en determinados momentos es muy buena y realmente consigue transmitir lo que pretende? indudablemente, pero son la excepción, no la regla.

Sin embargo, como ya digo e insisto, no deja de ser emocionante el acudir a un estreno mundial de ópera, a una ocasión única e irrepetible que siempre se podrá recordar como un hito, y que siempre será algo de agradecer en estas temporadas.

Como curiosidad final, comentar que el conferenciante habitual, Jose Luís Tellez, se pierde demasiado cuando no son óperas antiguas, sino tiene una base de documentación firme, ya no sabe ni de que habla, y en la habitual conferencia previa se le notaba bastante perdido.

-Hécuba: empieza a dar la impresión de que en Madrid simplemente no se sabe hacer tragedia (especialmente en el teatro español), la “Antígona” del año pasado fue un desastre, y esta “Hécuba”… bueno, seguid leyendo….

Exceptuando decorados y vestuario y quizás alguna cosa técnica más, nada se salva en esta tragedia que en poco tiempo se convierte en comedia, juro que tuve que contenerme para no revolcarme de risa en la butaca, opinión no compartida por buena parte del público (el no mucho que había, el teatro estaba considerablemente vacío) que entre toses y aclaraciones de voz varias (síntoma evidente en teatro de aburrimiento) dejaba clara su opinión de la obra.

¡Qué completa catástrofe!, aunque  no era para menos, la tragedia es un género muy peligroso, porque hay una línea muy fina entre el drama y la comedia, y cuando este último se exagera en exceso, o no se hace bien (como es el caso) rápidamente se cae en el segundo género.

Y es que los actores son completamente desastrosos, ¡ni Concha Velasco se salva!, la diva de la interpretación por excelencia se descubre como una actriz muy poco apta para el teatro con una voz muy mal modulada y una capacidad interpetativa y presencia en escena totalmente nulas (¡con la magia que tiene en el cine y la televisión!); de modo que nunca llegas a ver a Hécuba, sino a Conchita Velasco haciendo un superpapel, y aún diré más, llega a dar más la impresión de que Hécuba está interpretando a Concha Velasco que al revés (que obviamente, sería lo lógico y normal, el actor interpretando el papel y no el personaje intepretando al actor). Sin mencionar que luego no para de salir al escenario incansable a hacer reverencias.

El resto del reparto artístico es una auténtica calamidad que no sabe ni como moverse en escena y cuyo concepto de la actuación consiste en hacer gestos desmesurados y exagerados en plan “¡que mal lo estoy pasando, pero que trágico es todo, de verdad te lo juro!”, y cada dos por tres, en levantar las manos hacia el horizonte por alguna extraña e incomprensible razón. En cuanto al texto, lo declaman (sí, he utilizado a propósito la palabra “declamar” para que os hagais una idea de como son sus interpretaciones) sin sentirlo ni lo más mínimo, no se lo creen ni ellos, ¿pretenden que nos lo creamos nosotros?.

La dirección de escena también es bastante deficiente, supongo que porque el director no se atrevía a decir ni una palabra de más con tan egregia protagonista.

Ah, y también hay alguna que otra canción, que también es de lo poco bueno de la obra, lo cual te hace pensar que quizás hubiera funcionado como musical.

En definitiva, cómica y aburrida a partes iguales, no consigue transmitir nada de lo que pretende, un fracaso.

-Nippon-koku: Muchas veces he defendido en Universo de A que la danza es uno de los lenguajes más bellos que existen (sino el que más); el problema, es que como ni siquiera el de los gestos es nuestro lenguaje más habitual y más fácil de interpretar (a veces no lo son ni las palabras, nuestro sistema clave de comunicación); necesariamente, la danza tampoco resulta fácil de entender siempre.

Si uno se fija en los ballets clásicos, suelen contar historias muy simples, muchas veces cuentos de hadas, historias que a menudo se cuentan en diez minutos (lo que genera también un gran problema coreográfico, si uno lo piensa, y que acaba siendo otro problema que deriva en el divismo de los bailarines, pues, ¿cómo conviertes diez minutos en un ballet de cuatro horas sino es añadiendo danzas gratuítas por todos los lados y que tienen que ver más bien poco con la historia?), y ello es porque, como ya comento, la danza tiene el problema añadido de que, pese a su belleza, no es un sistema de comunicación que siempre nos resulte accesible y fácil de traducir.

Pues bien, si eso nos pasa con historias poco complejas, imagínate como será con filosofías baratas supuestamente profundas (mirar el programa de mano para reírse un poco) y salidas de madre.

El resultado final es un espectáculo de danza contemporánea bastante absurdo y fuera de lugar (y de las que Japón es protagonista, vaya usted a saber porqué, pero tendrá todo el espectáculo para intentar averiguarlo… sin conseguirlo; tal vez si subtitularan los berreos en japonés de la única bailarina de ese origen a lo mejor entenderíamos algo, aunque lo dudo) del que se entiende más bien poco y que a saber lo que quiere decir, dicho de otro modo, espero que ellos entiendan lo que bailan, porque lo que es el resto del público, más bien no.

Eso sí, a nivel técnico es irreprochable, toda una superproducción de danza contemporánea (una pena que haya sido invertida en esto) en la que la estética no es dejada al azar tanto en decorados, vestuario, iluminación o distintos efectos; como ya digo, lo técnico es de lejos lo más destacable del espectáculo, un trabajo muy digno que no puede dejar de reconocerse… una pena que eso no cree en sí mismo un buen espectáculo.

En lo que respecta a lo artístico, tenemos que creernos que bailan bien porque para eso están en la Compañía nacional de danza, pero demostrar, no tienen la oportunidad de demostrarlo.

Como anécdota final, decir que no dejaba de pensar en lo maravilloso que hubiera sido presentar este espectáculo en el centro cultural de los ejércitos de Madrid o en cualquier cuartel español, ¡causaría furor! (literal y figuradamente), el sólo imaginar a los militares viendo esto, y su mezcla de alucine e indignación ante tal contemplación, hace que me monde de risa.

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5 respuestas a Crítica express: Brokeback mountain / Hécuba / Nippon-koku

  1. plared dijo:

    Joer te acuerdas cuando yo te decía que esta o aquella seria un bluff catastrófico y tu empeñado en descubrir nuevas tendencias. Pues se ve que el pesimismo te embraga por que no hay una buena que te lea.

    O realmente desde que se abandono lo clásico, lo de siempre esto es sencillamente un desastre. Quizás y solo quizás. Cuídate campeon

  2. ¡No sabes como me alegra verte de vuelta, no creía que fuera a suceder!.
    Sin embargo, en estas críticas express tenemos motivo de discusión: efectivamente “Brokeback mountain” es algo moderno… pero “Hécuba” no, es totalmente clásica en sus planteamientos y sin embargo un auténtico fiasco… como ves, no existe la panacea universal.
    Y, siendo sinceros, a todos los críticos por lo general nos divierte más escribir una crítica mala que una buena, te da más oportunidad de lucir ingenio, para que vamos a mentir (y siempre es una manera de resarcirte de una mala inversión de tiempo y dinero).

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