La conquista de Méjico

La ópera ha muerto… ¡viva la ópera!

Sinopsis y ficha técnica

Die Eroberung von Mexico

Una ópera  sobre la destrucción y el cruce de culturas que cuenta con la dirección de escena de Pierre Audi y con los cantantes Nadja Michael y Georg Nigl. Montezuma y Hernán Cortés son los protagonistas de esta ópera compuesta en 1992 por Wolfgang Rihm y que ahora el Teatro Real presenta en una nueva producción.

El libreto de ‘La conquista de México’, escrito por el propio Rihm sobre textos de Antonin Artaud y Octavio Paz muestra la singular visión del compositor alemán sobre la fundación de México como nación y el hecho histórico de la conquista.

Es sin duda una obra vibrante y llena de imágenes sugestivas, con una música intensa y evolvente que cuenta con el aliciente de estar inspirada en la obra y vida de un artista como Antonin Artaud. Un escritor que pasó mucho tiempo en México  donde escribió algunos de sus textos más importantes.

Rihm presenta una ópera en el que el encuentro de dos culturas y dos visiones distintas del cosmos dan como resultado un nuevo mundo profundo y fascinante.  De ahí que la ópera culmine con un dúo entre Montezuma y Hernán Cortés, considerado como uno de los más hermosos del siglo XX.

DATOS DE INTERÉS

Director musical: Alejo Pérez

Director de escena: Pierre Audi

Escenógrafo: Alexander Polzin

Montezuma: Nadja Michae, días 12 y18 Ausrine Stundyte

Cortéz: Georg Nigl, días 12 y 18 Holger Falk

……………………………………………

Llega esta ópera, que sin duda representa uno de los mayores adalides de la dirección de Gerard Mortier, quien, por lo visto, a su llegada al cargo prometió tender puentes y reforzar el sentimiento hispanoamericano.

Y con ella llegó el propio Mortier, como de costumbre, en la correspondiente rueda de prensa, interesaba todo menos la ópera, la reaparición del que había sido director artístico, y ahora reconvertido en “consejero artístico” parece finalizar el ya conocido culebrón Mortier o aún más apropiadamente denominado “la ópera bufa de Mortier” (para más datos sobre este nuevo escándalo del Teatro Real, consultar este artículo anterior)… aunque si conocemos bien a nuestro hombre, seguro que no, ¿pero no son este tipo de cosas las que hacen más emocionante acudir a este teatro?, confesémoslo.

En cualquier caso en la rueda de prensa se negó a hablar de otra cosa que de la ópera (como si alguien fuera allí para hacer otra cosa que saber más sobre las jaranas del Real, y de las suyas en concreto), que por lo visto era uno de sus proyectos más acariciados y que junto con la siguiente “The indian queen”, constituiría toda una especie de saga; que esperaba que el público español apreciara.

Naturalmente, dijo que apoyaba totalmente al nuevo director artístico del Real (que remedio le queda… aunque no olvidemos cuando dijo aquello de que no había un director en toda España capacitado para seguir con su proyecto) y parece que su despido express no lo será tal al final… fue una lucha de titanes y Mortier parece haber perdido (no es para menos, el pobre hombre ahora tendrá unas facturas muy altas que pagar debido a su enfermedad, y tampoco están los tiempos como para quedarse sin empleo… eso sin mencionar todos sus problemas anteriores en otros trabajos; parece que no son buenos tiempos para personas temperamentales y con grandes visiones artísticas).

En cualquier caso, la verdad es que todo el mundo iría temblando al estreno, conociendo el amor de Mortier por nuestra patria, coger un tema como la conquista de Méjico, anda que no puede ser utilizado para decir todo tipo de barbaridades… pero el resultado fue tan inesperadamente “Mortieresco” (en el sentido abstracto y ultramoderno de la palabra) que ha dejado a todo el mundo desconcertado y sin saber como reaccionar… el público por lo visto aplaudió timidamente en el estreno. Los críticos se han quedado un tanto desconcertados, pero todos acabaron por escribir que regular tirando a mal.

Por su parte, el habitual conferenciante, nos rogaba que abrieramos la mente que la música era muy accesible y que simplemente nos déjaramos llevar… y he de decir que tenía toda la razón (aunque pobre hombre, algún día le imagino explotando en medio de la conferencia, y gritando “¡ya está bien!, estoy harto de explicar bodrios y tener que justificar todas las mortieradas de este teatro!, ¡que se busquen a otro!, ¡esto es imposible! jajaja, pero eso sería más propio de mis “Notas de aburrimiento”).

A ello hay que sumarle las declaraciones contradictorias de Mortier en las que se nos culpaba sútilmente pero a la vez se nos quitaba todo mérito en el tema americano, con frases como “la conquista de Méjico no es un acontecimiento español sino mundial” o “espero que esto sea apreciado por el público español pues ellos, aunque les quede muy lejos, lo inspiraron”… pero también es cierto que él reconoció su vergüenza por el pasado colonial belga y dijo que la colonización española fue algo totalmente diferente y que no entendía porque resultaba incómodo para los españoles.

Por si fuera poco, la Familia Real (y en concreto la Reina) parece haber sido desterrada de su propio teatro, con el palco real ocupado por músicos (¡primera vez en la historia!) y el escudo regio del escenario tapado con altavoces… ¿se trata quizás de otro, en apariencia, desprecio mutuo entre Mortier y la Corona?… pero mejor dejemos las especulaciones poco fundamentadas para otra ocasión.

Sea como sea, la gente ha preferido curarse en salud, y es sabido que la venta de entradas no ha sido tremenda ni en esta ni en la siguiente ópera, que ya se sabe que ha sido calificada como semiópera y que, a pesar de ser de Purcell, ha sido “mortierizada” de tal modo, que a ver si la reconocemos.

Por su parte, el público parece haber adoptado también la táctica de la guerra fría, y ha dejado de lado esos antiguos y conocidos accesos de exaltación y cólera transmitidos a través de espectaculares abucheos o de frases de indignación a voz en grito que se oían en toda la sala… ahora muchos optan por un desprecio más sofisticado pero tan o incluso más cruel: el abandono sistemático y en masa de butacas. En mi función el teatro ya no estaba demasiado lleno, pero para cuando terminó la obra, una parte importante de la platea se había esfumado, cosa que había hecho a cuentagotas durante una buena parte del espectáculo, otros, aunque esperaron a la conclusión de la obra, se levantaron sin más muy dignamente según bajo el telón, como diciendo “hasta aquí hemos llegado”. Aunque también es cierto, y curioso reconocerlo, que el entusiasmo (y los aplausos) por la obra subía a medida que subían los pisos del teatro, de hecho, en algún piso alto se escuchó un “¡bravo!”, de hecho, llama la atención esa divergencia de opiniones entre las zonas del teatro y esa no uniformidad tan llamativa (¿tendrá que ver con el nivel social y los recursos?, ¿o tal vez con el cultural?, ¿o pura coincidencia?, quien sabe).

Y para finalizar, no puedo dejar de alabar en ningún momento los magníficos programas de mano, las interesantísimas conferencias previas y la muy buena revista del teatro Real que convierten cada asistencia a este teatro en una auténtica clase magistral del género operístico… a ello se han agregado además unos magníficos paneles luminosos en el vestíbulo con aún más y más apasionante información acerca del espectáculo, compositor, cronología… etc; cierto es que quizás estamos un poco sobreinformados y que cuesta asumir tantas cosas (de hecho, realmente uno se lleva deberes para casa, porque no hay tiempo para leerlo todo), ¿pero a quien le importa?, el trabajo del Real en ese sentido es totalmente encomiable y no hay duda de que está sentando cátedra acerca de lo que todos los teatros deberían hacer, o por lo menos, los teatros públicos; no imagino mejor forma de justificar la existencia de una institución de ese tipo que este tipo de “extras” de la función. Esperemos que con la nueva gestión, todas estas cosas tan dignas de loanza no desaparezcan pues supondría una enormísima decepción (y más teniendo en cuenta que su existencia es bastante reciente: hace dos temporadas todos recuerdamos aquellos horribles cartones que apenas tenían el nombre de los cantantes a modo de programas de mano; o la aparición y desaparición repentina de la revista del Real… creo que las conferencias han sido lo único que se ha mantenido medianamente estable -y por si fuera poco, con una notoria mejoría por parte del orador-).

Pero en fin, dejando de lado los cotilleos y las cosas del Real, centrémonos en si la ópera vale la pena o no:

Crítica

Cuando llegué al espectáculo tenía todos los anteriores precedentes que he descrito en el comentario previo a esta crítica, y por tanto iba pensando, “a ver donde me he ido a meter”, como este año aún no he visto ningún bodrio alarmante y tremendo (también la temporada está recién empezada… mal iríamos, aunque con monsieur Mortier, todo se puede esperar…) que me quitase las ganas de jugar a arriesgarse y a ver que pasa, decidí acudir; uno, porque el tema me interesaba y dos porque había algo que me decía que debía de hacerlo, a pesar de toda la información contraria y negativa que había recolectado (que por otra parte, tampoco era mucha, razón de peso por la que intento sacar esta crítica lo antes posible y que sirva de referencia a otra gente), de todo lo que había investigado, seguía teniendo ganas de ir, así que me dije a mi mismo (y a veces hay que hacer caso al instinto y no a la razón, pues acierta) “pues hala, vamos, cuando quedes asqueado, ya aprenderás para la próxima vez”.

Y por extraño que resulte, me preparé involuntariamente para hacerlo, en un mismo fin de semana, de pura casualidad, vi esto, se celebró el día de la hispanidad, y además vi la película de Saura “El dorado”… vamos, que he tenido unos días de lo más hispánico.

En cualquier caso, cuando terminó el espectáculo (y aunque tuve muchas dudas sobre si poner el subtítulo que puse en la crítica, pues tampoco es que fuera para tantísimo) una de las frases que me vino a la cabeza fue una readaptación de la típica cita francesa que se dice al morir el monarca: “el Rey ha muerto, ¡viva el Rey!”, que viene a significar que un reinado, una época ha terminado o muerto, pero que acaba de comenzar otra diferente aunque dentro del mismo sistema… como se puede leer en el subtítulo de la crítica, yo lo he adaptado a “la ópera ha muerto, ¡viva la ópera!”, y es que con razón entiendo que haya quien calificara a esta ópera como la primera de su género en el siglo XX, época histórica de rupturismo en todas las artes, pero que en el caso de la ópera, la ruptura llegó hasta el punto de hacerla irreconocible y crear otras “cosas” (por llamarlas de algún modo, recordemos “grandes creaciones” que tuvimos el “placer” de apreciar también en el Real, como “Pelléas et Mélisande” o “Wozzeck”) que, en mi opinión, era difícil calificar como ópera.

Pero en el caso presente, el de “La conquista de Méjico”, aunque sí hay rupturismo y vanguardia (desde luego), si se conserva y respeta el legado anterior, y, de formas que ya explicaré más detalladamente, se hace evolucionar el género, poniéndolo en un camino (y digo que sólo lo pone, porque si bien la ópera me gustó muchísimo más de lo que esperaba -también mi expectativa era bajísima-, también consideraba que había muchas cosas por mejorar, y lo vi más como un precendente, como un camino nuevo y abierto a explorar, que como una obra definitiva y perfecta que sienta cátedra), por el que si sigue, puede conseguir darle toda una vuelta de tuerca al género y hacer que vuelva a vivir una nueva y gran época, es decir, como ya he dicho “la ópera ha muerto, ¡viva la ópera!”.

Y es que cuando uno la analiza, al contrario que otras obras anteriores del siglo XX, ve que no se despega de características plenamente operísticas, parece llegar a alejarse del género, pero permanece en él, no es algo totalmente nuevo, pero a la vez es muy innovador; esas son sin duda las grandes virtudes de “La conquista de Méjico”.

En lo que respecta a la historia, como en la mayoría de las óperas contemporáneas, de eso no hay o es sólo una levísima idea extremadamente abstracta… dicho en otras palabras, si la ópera se hubiese llamado en vez de “La conquista de Méjico”, “el viaje de Salvador Dalí y el ratoncito Pérez al subconsciente de la memoria en el sueño del alto Perú y la Patagonia polaca”, no creo que nadie hubiera notado gran diferencia.

Y es que esta ópera no pretende en absoluto dar una lección magistral de historia de libro, de hecho, la ignora y tergiversa cuanto le da la gana y más, pues el objetivo no es en absoluto narrar la conquista de Méjico, temática que es sólo una vulgar excusa para hablar, de unas formas totalmente simbólicas y muy alegóricas de temáticas como la intolerancia, el cruce, choque y convivencia de culturas y lo destructivo de la humanidad.

Eso fue principalmente lo que desconcertó a público y crítica en el estreno, que seguramente esperaban (como no esperar otra cosa de Mortier) a unos españoles diabólicos sedientos de sangre y poder masacrando inocentes indígenas… ahora bien, hablemos claro, detrás de toda la abstracción, de todo el simbolismo y de toda la alegoría… la realidad es que no quedamos bien: Cortés es el hombre invasor, poderoso y ambicioso, la fuerza violenta y no racional que acaba con todo, mientras que Moctezuma (representado por una mujer, y por tanto aumentando así la sensación de su vulnerabilidad y fragilidad) no deja de ser la víctima en ningún momento.

En cualquier caso, la historia supuestamente tiene un libreto… pero como si no lo tuviera, lo que se dice es más bien poco relevante (textos sueltos de poemas de Artaud, Paz…) y lo que se representa en escena es apenas entendible o coherente. Desde luego puedes intentar leer el programa de mano para intentar comprenderlo, pero la realidad es que ninguno de los creadores le da mucha importancia, cosa que sabes al leer las entrevistas.

Entonces, ¿qué se valora aquí?, ¿qué hay que ver aquí, que es lo importante?, pues la verdad (que he confirmado leyendo sobre el tema, aunque lo sospeché y disfruté durante toda la representación): la emoción; como dijo el conferenciante, había que dejarse llevar, dejarse llevar por las emociones que te suscita y provoca todo (y las va a haber): por el flujo de música, la estética de la escenografía, la pasión de los cantantes… etc; francamente, sino consigues disfrutar de eso, estás perdido, y acudir a esta ópera será una perdida de tiempo. Un buen ejemplo lo tuve en las señoras que tuve detrás (que parecían las típicas jubiladas insoportables que no tienen cosa mejor que hacer que ir al cine y se dedican a comentar la película para desesperación del resto de los asistentes): primero empezaron haciendo comentarios de que si no entendían y lo aburrido que era el tema, después, ya llegando al colmo, sacaron el teléfono móvil para poner la luz y empezaron a leer el libreto, y a tratar de descifrar entre las dos lo que estaban viendo… estuve a punto (y no lo hice porque siempre me da reparo hacer estas cosas) de darme la vuelta y decirles claramente: “señoras, si de verdad pretenden comprender racionalmente esto, marchense porque están perdiendo el tiempo, lo único que tienen que hacer es sentir, sin más”; pero no hizo falta, acabaron lléndose ellas solas, como estaba visto.

Así pues, esta ópera se trata de una degustación emocional, haciendo una analogía, no se trata tanto de descifrar los complejos significados de un cuadro lleno de símbolos de la pintura flamenca, como de disfrutar de una pintura surrealista de Dalí; porque como ya digo, historia y libreto son sólo una excusa para expresar otras cosas (no en vano, la obra bebe mucho del teatro de la crueldad de Artaud), y una buena prueba de ello es que los sonidos humanos no articulados son una parte importante y muy emocional de la obra.

Así pues, lo importante en esta obra es ir descubriendo las emociones y las sensaciones que produce, y creedme, si uno se abre lo hace, y tiene muchos medios para ello.

El principal es, lógicamente siendo una ópera (característica importantísima y que la vincula totalmente a obras de este género), la música, una música brillante y perfectamente creada para evocar estados de ánimo, efectos e impresiones; quiero que se me entienda bien, dentro de lo que cabe, es una música perfectamente accesible y no llena de atonalidades y disonancias tan características de la ópera contemporánea que las hace a menudo tan imposibles hacia nuestro oído; ahora bien, eso no significa que sea clásica o convencional, pues utiliza numerosos recursos para evitar serlo.

En primer lugar, y lo más llamativo es la disposición de la orquesta, que se reparte por los palcos de toda la sala creando totalmente el efecto envolvente y 3D del que tanto hablaba la prensa, algo totalmente espectacular, absolutamente nuevo y magnífico… ¡no cabe duda, la ópera ha conseguido trascender más allá y encontrar una forma de evolución total! (si a eso le sumamos el como empezaba la obra -cosa que por desgracia no se desarrolló más- que era comenzar por medio del público, lograba una inmersión total del espectador en la historia, pues repentinamente… ¡era como si formara parte de ella!), creando una magnífica experiencia de estar dentro de la orquesta y si te descuidas, dentro de la propia ópera, no hay duda, si el cine trata de evolucionar hacia el 3D para aumentar la espectacularidad y el realismo del medio, este es el 3D de la ópera, pues con este esplendido experimento, no sólo termina con múltiples convencionalismos históricos, sino que mejora, y mucho, la experiencia operística, convirtiendola en algo totalmente único (ya decían por internet que ninguna grabación en audio o visual podía reproducir algo como esto; y es que, si bien la ópera en directo rara vez puede ser superada por una grabación, no hay duda de que este tipo de montaje es muy difícil de grabar y que sea una pálida imagen del directo).

Y es que a través de la música, los sonidos, las voces, uno consigue entrar totalmente en un mundo nuevo en el que es llevado hábilmente y en el que se disfruta perdiendose.

Otra grandísima idea de la que al principio desconfiaba pero que acabó resultando muy buena, es la división de los personajes en varias voces, una en la escena y otras fuera… ello rehace totalmente el concepto del personaje y aumenta muchísimo su capacidad expresiva, creando genialmente todo un nuevo medio de expresión y formas de comprenderle, las múltiples voces crean nuevas dimensiones para el personaje, y no hay duda de que es otra gran idea que la nueva ópera debe explotar pues no sólo no dificulta la compresión del personaje sino que la amplia y mejora muchísimo.

También me pareció muy hábil representar a los españoles como sólo hombres (es decir, la idea de: el principio activo, la fuerza bruta… etc), y los indígenas como mujeres (lo pasivo, la emocionalidad y la debilidad…), no sólo en la cuestión física o simbólica, sino porque a nivel vocal, se creaba una dimensión totalmente única y distinta que hacía la ópera más emocionante: la idea de las diferencias irreconciliables y el proceder de algo distinto… etc (aunque también crea cierto lío, uno llega a creer que en cualquier momento Cortés y Moctezuma van a tener algo…). Sin embargo creo que el personaje de Malinche no se aprovechó como era debido, podría haber sido algo muy bueno (el tercer personaje en discordia, el que está entre ambas culturas y trata de acercar su comprensión)

Los sonidos no articulados, eran muy apropiados también para esta ópera pues ayudaban en mucho a crear la sensación de selva y nuevo mundo.

Lo único que no me gustó del concepto musical fue quizás la grabación de los coros, puesto que con ello se perdía toda su fuerza y potencia, entiendo que de ese modo podían sonar por muchos sitios distintos de la sala, pero hubiera sido mejor tener coro distribuído por distintos lugares a una grabación, que siempre pierde presencia.

Por lo demás, la dirección de escena es moderadamente acertada, mantiene la espectacularidad del Real, aunque es incapaz de recrear algo con sentido o inteligible, aunque no creo que se esforzasen mucho en ello; en parte es una pena, porque quizás, a pesar de todo hubiese dado resultado. Las coreografías también resultan llamativas, aunque como ya digo, ininteligibles. Por cierto, los casi-desnudos vuelven al Real, esta vez con ropa interior.

La escenografía, del artista Alexander Polzin, autor también de las preciosas imágenes que representan las óperas durante toda la temporada, es de una belleza estética maravillosa, que da gusto verla, al igual que el preciosísimo vestuario y demás atrezzo del que disfrutamos de su contemplación absolutamente aumentando nuestro placer artístico al máximo (de hecho, ese fue uno de los argumentos dados a mi mismo para convencerme de ir, que la puesta en escena era de gran belleza -aunque ya sé por experiencia en este teatro que a veces eso no es suficiente-, para comprobarlo, ved las imágenes de este mismo artículo y seguro que coincidiréis conmigo en ello).

Y por supuesto, tal y como dijo el conferenciante, no se puede dejar de alabar la gran pericia de los técnicos para recrear esa ficticia conquista de Méjico tan bien coordinada a través de las luces y los sonidos.

La orquesta fue muy hábilmente dirigida por Alejo Pérez, que bastantes dificultades tendría para sacar adelante una orquesta diseminada por todo el teatro.

Sólo queda hablar del reparto artístico, que es sorprendentemente amplio, a pesar de que en el fondo es sólo una historia de dos personajes.

He de decir que fui a propósito a la función con Nadja Michael (básicamente porque era de lo poco salvable del Wozzeck del año pasado), que una vez más me sorprendió para bien, voz potente y expresiva y además es buena actriz, algo importante (aunque quizás femenizó demasiado a Moctezuma). La complementan brillantemente Katarina Bradic, pero especialmente la impactante Caroline Stein, ambas fuera del escenario pero con voces que no nos dejaran indiferentes en absoluto.

En cuanto a Cortés, está a cargo de Georg Nigl (al que ya conocíamos de “Il prigioniero”, por ejemplo), que se dedica a pedir a gritos, durante toda la obra, un profesor de arte dramático; ¿cómo se puede sobreactuar tanto, tan inefablemente y que nadie se lo diga?, es incomprensible (y más cuando la última vez que lo vimos en el Real lo hacía bien), a menos que lo haya dirigido un ciego. Ni él ni sus voces recitantes (que pasan casi desapercibidas durante toda la obra, al contrario que en el caso de Moctezuma -ese darle unas voces tan potentes y predominantes a este personaje hace que se vea bastante claro un posicionamiento en su favor, aunque se pretenda negar-) llaman mucho la atención.

Aunque en el fondo, todos sabemos que la gran (y si te descuidas) y casi indiscutible protagonista de esta obra es la música (de ahí tanto efecto envolvente tipo Dolby surround).

El coro de bailarines por su parte cumple muy eficazmente su función.

Recomendar por último, ver esta obra en platea (si es posible), lo más centrado que se pueda, pues el efecto en lugar tan privilegiado, es absolutamente mágico.

En definitiva, es toda una experiencia para recordar, puede que a todos no guste, puede resultar excesivamente abstracta para muchos o difícil de comprender (y quienes lean este blog a menudo, saben que no soy gran fan de la ópera vanguardista, pero en ningún momento me arrepentí de haber acudido a esta); pero su originalidad y el hecho de que supone una vivencia absolutamente única y emocionante es totalmente innegable por todo lo anteriormente descrito. Por otro lado, no creo que se programe muy a menudo teniendo en cuenta sus características ya comentadas, por lo que yo la recomiendo absolutamente, porque hay cosas que merece la pena vivir y probar.

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7 respuestas a La conquista de Méjico

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