Blancanieves y los siete enanitos

Arte e Historia con mayúsculas

 

TÍTULO ORIGINAL Snow White and the Seven Dwarfs
AÑO             1937
DURACIÓN       83 min.
PAÍS
EEUU
DIRECTOR David Hand
GUIÓN Ted Sears, Otto Englander, Earl Hurd, Dorothy Ann Blank, Richard Creedon, Dick Richard, Webb Smith, Ted Sears (Cuento: Jacob Grimm, Wilhelm Grimm)
MÚSICA Leigh Harline, Paul Smith, Frank Churchill
FOTOGRAFÍA Animación
REPARTO Animación
PRODUCTORA Walt Disney
PREMIOS 1937: Nominada al Oscar: Mejor banda sonora original. Ganadora de un Oscar honorífico
GÉNERO Animación.      Fantástico.      Musical. Celos. Brujería
SINOPSIS La malvada madrastra de Blancanieves decide deshacerse de ella porque no puede soportar que la belleza de la joven sea superior a la suya. Sin embargo, Blancanieves consigue salvarse y se refugia en la cabaña de los siete enanitos. A pesar de todo, su cruel madrastra consigue encontrarla y la envenena con una manzana. Pero la princesa no está muerta, sólo dormida, a la espera de que un Príncipe Azul la rescate.

 

Es curioso, desde el origen de Universo de A, ya había pensado que la sección de Películas sería probablemente una de las más prolíficas (como demuestra su primer artículo, de hecho fue la tercera sección en ser creada, y no lo voy a negar, muy en parte el blog se constituyó por ella y por mi propio deseo de hacer crítica de cine entre otras cosas), como efectivamente así ha sido (es la sección con más artículos y de las más vistas); pero sobre todo quería hacerla porque pensé que me daría la oportunidad perfecta para hablar de algunas de mis películas favoritas y de todos esos grandes filmes que me encantan, y de paso, también para hacer crítica de cine de la cartelera del momento y avisar sobre lo bueno y lo malo que hay en ella… ¡que ingenuidad por mi parte el creer que dispondría de tanto tiempo y energía!, finalmente, la cartelera actual se llevó todo el protagonismo y las grandes películas quedaron, aunque no olvidadas, si en permanente espera, puesto que, cada vez que se acaba con las películas del hoy, hay que prestarles atención al resto de secciones que siempre parecen estar demasiado olvidadas. Apenas hubo excepciones a esa cruel regla (hay varios pero ejemplifico algunos de ellos con enlaces): algunos artículos de cine (especialmente musical) o GCs diversoscríticas acerca de una saga al completoalguna película traída a la actualidad por alguna razón, y una buena primera intención que se quedó en un caso único en un proyecto tristemente inacabado… son los no demasiados ejemplos en los que Universo de A se salió fuera de los estrenos recientes (y si se bucea en el blog se encontrarán otros ejemplos).

Por eso, y como se puede ver, cada vez que uno se mete en una película más antigua no deja de ser un motivo de emoción y celebración, en este caso, medio lo había prometido ya, y es que, después de haber hablado tanto este año de Blancanieves, ya iba siendo buena hora de publicar algo sobre la gran Blancanieves del cine, la eterna e inolvidable joya: “Blancanieves y los siete enanitos”.

Y es que es muy buen momento para publicar esta crítica, en primer lugar porque es día de Reyes (así que es mi regalo para Universo de A y para todos los lectores de este), pero además porque pronto se estrenará a nivel mundial en el Teatro Real la ópera “The perfect american” con una visión (se dice que muy crítica) sobre ese gran personaje histórico (que yo ya digo que admiro profundamente) que es Walt Disney (hay quien ha dicho que sólo ha habido tres verdaderos genios en Hollywood: Thalberg/Chaplin, Griffith y Disney). Y por supuesto, debido a este año que no hemos parado de hablar de Blancanieves y de los cuentos de hadas en general, así pues, hagamos un repaso por el archivo del blog, antes de empezar con la crítica.

Una de las citas de Walt Disney es reseñada en la sección respectiva (y fue de las primeras que se publicó), y en lo que respecta a los cuentos de hadas en general se ha hablado de su verdadero origen, se los ha analizado humorísticamente (siendo este artículo uno de los más vistos del blog), e incluso e escrito un relato corto en dos partes uno con la versión para los niños y la segunda parte que contarles de adultos. A nivel de televisión, se ha hecho crítica de  la serie “Érase una vez” (dónde el cuento de Blancanieves tenía un muy especial protagonismo).  y en lo que respecta al cine se ha hablado de los tópicos sobre el cine de animación; y ya refiriéndonos directamente al cuento, este último año la cantidad de producciones que se han estrenado sobre el cuento de Blancanieves son una buena cantidad, y muchas de ellas dignas de mención:  una en versión cómica, otra de carácter más serio que profundiza en el lado oscuro de los cuentos, e incluso nuestra versión muda española. A todo lo cual hay que añadir que el tema también ha sido tratado en teatro, y que precisamente esa obra musical (también de origen español) se ha reestrenado una vez más estas navidades, me refiero a “Blancanieves Boulevard”. Y ya que estamos analizando su recorrido por las artes, también la fotografía se rindió a los cuentos de Disney (incluyendo el de Blancanieves) de la mano de, nada más y nada menos que Annie Leibovitz que contó con múltiples e importantes famosos para representarlos (no siendo por cierto un caso único y cada vez más frecuente).

Por todo ello, me parece un momento más que oportuno para hacer la crítica de esta película y para tratar este tema que claramente parece estar de actualidad (aunque, ¿realmente alguna vez ha dejado de estarlo?).

“Blancanieves y los siete enanitos” de Walt Disney es muchísimo más que una película, es un documento histórico, el origen de un género, el principio de un modo de entender el cine y el arte, razones por las cuales, como es comprensible la convierten en una obra maestra, ya no del cine, sino del arte en general. Pero la película no se queda ahí, porque es incluso más que eso, es un referente cultural, un icono popular, Disney consiguió asentar con ella un imperio no sólo cinematográfico sino cultural, de modo que es muy pero que muy difícil imaginar a otra Blancanieves que no sea la de Disney, con su “Blancanieves” comienza el brillante asentamiento de una forma de ver los cuentos de hadas, de una forma de ver y entender la vida, de volver a “ese rincón puro y limpio que todos tenemos en nuestro corazón, que tal vez el mundo nos haya hecho olvidar, pero que quizás podamos recuperar por medio de nuestras películas”. Quizás por eso, por muchas nuevas versiones que se hagan, ninguna puede superar a esta, porque simplemente, es la “original”, la única e indescatalogable, habrá quien la alabe y quien la desdeñe, pero lo cierto es que todo el mundo se ve obligado a referenciarla, mencionarla, y eso significa algo.

Y nadie lo hubiera dicho en su tiempo, aquel filme era calificado como “la locura de Disney”, los críticos aseguraban que una película de dibujos animados jamás daría resultado, que los ojos no soportarían tal estallido de color, ningún estudio jamás había tomado en serio a Disney (y seguirían sin hacerlo -e irían cayendo uno tras otro-, dejándole a la compañía una tajada muy importante del mercado hasta bien entrados los 90, momento en que se dedicarían a competir seriamente)… la verdad es que nadie creía que los dibujos animados sirvieran para otra cosa que para esos cortos previos a la película protagonizados por simpáticos personajes a los que no se les daba mayor importancia y que simplemente eran un entretenido extra antes de poner el filme de verdad.

Pero el estreno de “Blancanieves y los siete enanitos” pronto dejó clara la equivocación, los sollozos que se oyeron con la muerte de Blancanieves en la película, los gritos de emoción y los aplausos del final no engañaban a nadie… Walt Disney (como haría durante toda su vida, por otra parte -unas veces con más suerte que otras-) había arriesgado el todo por el todo en esta película, y había ganado, había triunfado absolutamente (aunque no creo que en ese momento se hubiera podido imaginar hasta que punto).

A día de hoy, “Blancanieves y los siete enanitos” es reeditada una y otra vez en los nuevos formatos en magníficas ediciones de excelentísima calidad (como es tradicional en la casa Disney, por otra parte), y no ha perdido ni un ápice de su magia, cuya inmortalidad parece probada: es vista tanto por jóvenes, que no pueden ni sospechar que están ante una película de 1937 (cuando en otros casos la reconocerían al instante y la rechazarían por ese mismo motivo); adultos y cinéfilos de todo el mundo, y admirada por todos… cada uno ve en ella algo diferente, pero a todos les aporta algo, y esa, esa señores es la esencia del arte.

Incluso en su tiempo fueron conscientes de su excepcionalidad, la concesión a Disney de un Oscar honorífico con siete estatuíllas enanas es un buen ejemplo de ello. Y de hecho, pronto el propio Walt se tendría que enfrentar con su propia creación, en la que había alcanzado tales cotas de perfección, que pronto se dio cuenta de que le resultaría muy difícil superarse a si mismo (de hecho en la siguiente, “Pinocho”, a mi juicio y el de otros muchos críticos, no lo consiguió), por lo que incluso llegó a odiar a su primera obra maestra que ya entonces tenía una sombra muy alargada (y más que se alargaría con el tiempo, pero para el bien de la compañía), lo que demostraba, ya en esa época y sin perspectiva histórica, hasta que punto aquel producto había sido un punto de no retorno, un antes y un después en la Historia con mayúsculas.

Pero, ¿cómo se construye una obra maestra así?, ¿cómo se alcanza tal genialidad? no parece haber una única respuesta, y desde luego tiene que haber muchas correctas para poder entender el fenómeno (no se puede calificar de otra manera) de como una película asentó un imperio cinematográfico, cultural, empresarial (y una de las grandes majors por excelencia)… etc que ha durado más de cien años y sigue al pie del cañón (¡y eso que al principio era una empresa familiar!). Si bien es cierto que como Walt dijo “todo empezó con un ratón”, no hay duda de que Blancanieves es el otro gran hito, el otro gran símbolo por excelencia de la factoria de la magia por excelencia.

La verdad es que uno de sus más importantes méritos, aunque a menudo suela pasar desapercibido, es sin duda alguna, el hecho de conseguir adaptar un cuento que normalmente contado de palabra apenas duraría diez minutos (con suerte) y transformarlo en todo un largometraje; es quizás ahí, en la adaptación dónde empezamos a apreciar el estilo Disney, ese estilo que se convertirá en marca de la casa y que nos descubrirá su forma de ver e interpretar los cuentos de hadas; así, Disney se basa en el cuento pero lo reinterpreta (como todo buen artista), quita las partes macabras y resalta las buenas (hoy curiosamente tenemos tendencia a hacer exactamente lo contrario, y calificamos de ñoño a Disney… lo que me lleva a preguntarme, ¿en que clase de sociedad nos hemos convertido?), la lección principal a enseñar siempre será la misma a lo largo de toda su filmografía y surge aquí: el bien triunfa sobre el mal, la bondad y la buena intención tienen siempre un final feliz mientras que la maldad será siempre castigada (¡que deliciosamente irreal!, ¡quizás por eso nos gusten tanto las películas del sr. Disney, porque nos muestran exactamente como debería de ser el mundo!)

Pero no es sólo eso, para conseguir transformar un relato corto en un largometraje, crea, inventa situaciones y personajes que vuelvan la película algo propio e inolvidable para el público: muchos de los animales del bosque se convierten en personajes, aunque sin nombre pero con personalidades delineadas (la pequeña ardilla, la lenta tortuga…); y no digamos los enanitos, una simple masa en el cuento original, que en la película ganan en personalidad y campechanía, adoptando cada uno un nombre y una forma de ser que los identifica sin ninguna duda. Es más, incluso las nuevas producciones, aún sin quererlo, copian parcialmente las características de los enanos de Disney, hasta ese punto han quedado consolidados como personajes.

En cuanto a los personajes más principales, Blancanieves se convierte en un referente del tipo de princesa Disney durante mucho tiempo: buena, adorable e ingenua, con valores y ética intachable, devuelve bien por mal, confía en que su bondad y su deseo de hacer el bien acabará por imponerse… simplemente no conoce la mala intención, es buena por naturaleza.

Pero no es menos reseñable su antagonista, la malvada madrastra, que sienta el precedente del villano con carisma y deslumbrante que resulta una auténtica amenaza para el protagonista precisamente porque no es nada patético, y si algo ha sabido hacer Disney, es grandes malvados (algunos de ellos incluso consiguieron eclipsar al bueno, no falta quien diga que este es uno de esos casos, aunque yo no lo creo así), pero la que ocupa el honor de ser la primera es la terrible reina.

Y es que, aunque indudablemente Disney apostó por una historia ganadora (sólo hay que ver que en el último año ha sido el cuento más adaptado -aunque probablemente, de forma mucho más disimulada y menos reconocible, el de La Cenicienta sea el cuento de hadas más adaptado de una u otra manera- lo que también se deba a que es probablemente de los más complejos y con más factores a explotar) y un buen punto de partida; es el excelente guión, el magnífico tratamiento de la historia lo que hace que esta consiga salir adelante, al fin y al cabo, no es nada sencillo dar vida a unos personajes tan míticos, a unos personajes tan clavados en nuestro imaginario de los que todos conocemos y admiramos su historia y sus vivencias… sin embargo Disney tiene el mérito de que no sólo consigue superar esa primera barrera que ponemos a todas las adaptaciones, sino que encima consigue imponerse y convertirse en una de las referencias en los cuentos de hadas; tal vez nos hayan contado el cuento antes, pero nunca como Walt Disney.

No sobra decir que hay quien muy a menudo a pretendido criticar a Disney de forma absurda por sus personajes femeninos (y otras tantas cosas, lo que es muy popular rápidamente consigue una leyenda negra), las cuales no son sino un reflejo de su época (y cualquiera que sepa un mínimo de historia o arte sabe que un personaje o una obra nunca se deben juzgar desde el contexto actual, sino desde el de la época), Blancanieves es un perfecto ejemplo de ello, ya que, aunque su vestuario es del momento histórico que la película evoca, su peinado es claramente del tiempo en el que esta fue producida, sin duda para darle un toque de modernidad y contemporaneidad.

Como a toda obra maestra, a la película no le faltan grandes momentos para el recuerdo, indudablemente, sus números musicales son todos maravillosos y algunos ya forman parte del imaginario colectivo, pero también se podría destacar la magnífica secuencia de la huída por el bosque de la Princesa, que es indudablemente una de las escenas más terroríficas de la historia del cine y de las que mejor han plasmado (sino la que mejor) el estado de terror y paranoia; aunque de terror la película va sobrada: el siniestro espejo y la malvada madrastra confeccionando la poción son secuencias tremendas. Y por supuesto, no se puede dejar de reseñar el gran momento de la cinta, que tanto emocionó en su estreno (muy comprensiblemente) y que aún hoy está cargado de grandeza narrativa, el momento culminante que a pesar de que todos nos sabemos de memoria, nunca deja de emocionar, el momento del beso y el despertar a la vida con la consecuente alegría de todos los que aman a Blancanieves (en la película y entre el público).

Así pues, sólo se puede resaltar la magnífica dirección de la cinta, que como en tantas otras de animación, normalmente era un caldo que revolvían varios, sorprende el como a pesar de eso podía dar tan buen resultado (aunque era algo muy habitual en el sistema de estudios, en el que la visión del director no era realmente muy importante); tal vez haya otra gente acreditada, pero, como en la mayoría de sus películas, la mano de Walt Disney está muy pero que muy presente, es el famoso toque Disney que aquí brilla por primera vez en un largometraje y que acabaría por deslumbrar al mundo entero.

Y en cuanto a la animación, los colores ciertamente te ciegan, pero de emoción al ver como las líneas y los tonos cromáticos le dan vida a unos personajes; siempre he pensado que la animación tradicional es el género más artístico del cine, al fin y al cabo, es como ver una obra pictórica en movimiento, es como si “Las meninas” de Velázquez, “El juicio de Paris” de Rubens, “La natividad” de El Greco… etc, se movieran; no en vano, no dejan de ser obras pictóricas, los bellos fondos de “Blancanieves” por ejemplo son acuarelas (práctica artística muy realizada por grandes maestros de la pintura), y lo cierto es que muchas de las películas de Disney se basaron en épocas artísticas concretas para recrear su dirección artística, (en el caso de “Blancanieves y los siete enanitos” parece ser el alto renacimiento, a finales de la edad media) como se puede comprobar fácilmente en “La Cenicienta” (rococó francés), “La Bella durmiente” (gótico), tradición que se ha mantenido incluso recientemente con “Encantada” (modernismo). Y con el tiempo, no faltarían los grandes artistas que colaborarían con la casa (entre ellos el español Dalí) traídos por Walt Disney que siempre quería tener a los más talentosos, a lo mejor de lo mejor para crear auténticas obras maestras del arte.

Y que más se puede decir de la esplendidísima animación: tan artesanal, tan trabajada… eso sólo hace aumentar sus méritos… cuándo uno piensa en como se pintaban uno a uno cada uno de los fotogramas, cuando se reflexiona en aquellas mujeres que aplicaron colorete siempre de manera uniforme y perfecta a todas y cada una de las imágenes de Blancanieves para que la cara de esta cobrara vida en cada uno de los fotogramas… sólo se puede sentir admiración y quedarse totalmente deslumbrado. Pero no es sólo eso, “Blancanieves y los siete enanitos”, es la culminación de un trabajo que ya era magnífico, es el examen final (que saca con matrícula de honor), de los cortos que habían servido tantas veces de prueba y error, tanto trabajo, tanta búsqueda de la realidad y de la verosimilitud en la animación finalmente, como en sus propias películas, termina con un final feliz, “Blancanieves y los siete enanitos” es un éxito, una obra maestra de ayer, de hoy y de siempre.

La banda sonora, siguiendo la estela de los triunfantes musicales de la época (para saber más recomiendo la lectura de este artículo), consolida también el cine de animación musical que se extendería durante una parte muy importante de la historia de la casa y crea algunas de las primeras creaciones míticas que acabarían por pasar a la historia y convertirse en melodías populares de obligado conocimiento, también las canciones se han consolidado hasta tal punto que forman parte de la memoria colectiva, pero lo que tiene más mérito es que es a nivel internacional, y no sólo de EEUU (no siempre sucede y pocas películas pueden consolidarse tanto y tan bien, y hay que reconocer que Disney tiene la hegemonía en este campo), así “Heigh ho”, es la más reseñable, aunque no faltan otras también maravillosas que acabarían definiendo el estilo de la casa como “Cantando al trabajar” (que iniciaría la tradición de las canciones de limpieza de las princesas) o “Mi Príncipe vendrá” (las grandes baladas románticas); que si bien, como ya digo, en principio parecían seguir la estela del género por excelencia en aquella época, una vez más, Disney no sólo utilizaría el musical, sino que además lo restransformaría y lo haría a su manera… y lo cierto es que en los 80 y los 90 el único que aún seguía apostando por el musical era la compañía Disney… por algo será. En todo caso, crea un estilo de canciones también, un modo de hacer, que acabaría siendo identificable y marca de la casa, una vez más, Disney muestra su genio al saber diferenciarse y crea también un universo propio que a todo el mundo encantó (en todos los sentidos de la palabra) en su momento, y que aún hoy sigue encantado… y por muchísimo más tiempo seguramente.

Y por supuesto, con Blancanieves se asentaría el conocido merchadising de Disney y su poderosa publicidad que consolidaron su imperio y que mantienen su imagen hoy día (y que también hacen que sus obras de arte nunca mueran y estén de permanente actualidad), en la que Blancanieves no ha envejecido ni un sólo día desde los años 30 y sigue luciendo como la más bella del Reino, día tras día, acompañada en ocasiones de las nuevas incorporaciones regias que han surgido con los años, pero siempre sabiendo orgullosa que ella es la “madre” de todas, que ella fue la primera, y que sin ella nada de lo posterior hubiera existido.

 

Valoración final: Obra maestra es, como creo que ya he expresado durante toda la crítica, un calificativo que le viene pequeño al primer filme de animación de Disney y de la historia, porque, simplemente, es muchísimo más que una película, es mucho más que una obra de arte, mucho más que un documento histórico, que un fenómeno social… es todo lo anterior y mucho más… es un imprescindible, una clave de la cultura mundial.

Carátula Interior Trasera de Bso Blancanieves Y Los Siete Enanitos

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19 respuestas a Blancanieves y los siete enanitos

  1. Pingback: Historia del cine musical | Universo de A

  2. plared dijo:

    Esta vez ni un pero. Coincido plenamente contigo y ademas te ha quedado un articulo de nivel muy alto. Me ha gustado la verdad…..Cuidate

  3. ¡Gracias!, me alegro de que te haya gustado tanto; no fue nada fácil hacer la crítica de un filme que abarca tantas otras cosas…

  4. Pingback: Walt Disney | Universo de A

  5. Pingback: Oz, (el grande y poderoso) un mundo de fantasía | Universo de A

  6. Anónimo dijo:

    que bonito

  7. Muchas gracias, me alegro de que te haya gustado

  8. Anónimo dijo:

    ! ME A GUSTADO MUCHO Y ME AYUDADO BASTANTE EN MI DRAMATIZACION LES AGRADESCO FULLLLLLLLLLLLL GRASIAS ¡

  9. ¡Muchísimas gracias!, ¡nunca me hubiera imaginado que pudiese ser útil para una dramatización, descubrir que tu artículo es útil para otras cosas que no sabías es de lo más gratificante!.

  10. Anónimo dijo:

    a i no me sirvio por que no es el quion de teatro pero es un buen trabajo apuesto que te esforzaste muchiziiiiiiiiiiiiiiiim000000000000000
    :p

  11. Gracias, pero la verdad, como en todos los artículos de este blog, todo ello se hace con esfuerzo y afecto, y por supuesto, porque lo disfruto (aunque efectivamente, me de su trabajo).

  12. Pingback: Walt Disney y Mary Poppins vuelven al cine, esto es… ¡supercalifragilisticoespialidoso! | Universo de A

  13. popis dijo:

    gracias fue muy entretenido

  14. Gracias a ti, por tu buen comentario.

  15. Anónimo dijo:

    yo quería una imagen de la cabaña
    pero esta muy bien

  16. justin biber dijo:

    no esta bien

  17. Pingback: Críticas exprés: Vaiana / El ciudadano ilustre / 1898, los últimos de Filipinas | Universo de A

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