Catorce parte de Notas de aburrimiento

Nunca nadie hubiera podido imaginar, que todo un instituto dependiera de un bolígrafo, supuestamente perdido, y que encontrarlo supondría su salvación… bueno, más o menos.

¡Seguimos con una nueva parte de esta novela por entregas!:

Nota 121

La directora ha ido al pasillo colgante que hay entre las aulas del primer piso y la sala de profesores… ¡uy, perdón!, quería decir al balcón directorial… y ha desplegado el estandarte del instituto (cosa que, por lo visto sólo hace en las grandes ocasiones, o cuando va a dar un gran discurso; y en el que, por supuesto, hay pegada una foto gigante suya), para sorpresa de todo el mundo, que ya han sido llamados al vestíbulo:

-¡Escuchadme todos!, ¡el fin se ha acabado! -gritó la directora en plan política populista.

Tras anunciar esto, el gran problema fue qué, quizás, la gran frase con la que se daba por concluido todo el tema del apocalipsis del instituto, no estaba del todo bien construida sintácticamente… por lo que nadie supo como interpretar el mensaje, de hecho, algunos entendieron que definitivamente era el fin, así que se pusieron a gritar, con lo que comenzó el pánico otra vez… ¡si es que no se puede andar improvisando los discursos a las masas!.

-¡Ay! -exclamó la directora quejumbrosa, al ver el panorama-, a ver, ¡no me habéis entendido bien!, ¡callaos y dejad que me explique!… lo que quiero decir es… ¡que ya no es el fin!, mirad, aquí está… ¡el bolígrafo!.

Y como si fuesen figurantes contratados, al igual que en una escena de película, con una coordinación que envidiaría cualquier ballet nacional… todos se pusieron a regocijarse y a gritar de felicidad… a tal punto llegó la cosa, que temí incluso que se fueran a postrar y adorar al bolígrafo. No hay duda de que pasar demasiado tiempo aquí causa lesiones cerebrales, esperemos que no irreversibles, por mi bien y el de Ildefonso.

-Sí -continuó Almudena triunfante-, debéis saber que el destino, el universo y los dioses de la educación de todos los tiempos, me lo han devuelto de nuevo -“Dios santo, a ver que historia inventa ahora”, pensé-, para que siga con mi glorioso directorado, para que el instituto alcance las más altos cúlmenes de grandeza educativa… ¡en definitiva, para alcanzar cotas de sublimidad sólo al alcance de los dioses! -dijo mientras levantaba el bolígrafo a más no poder, cual si fuera una reliquia sagrada, ante una emocionada multitud, cuya reacción no hubiera sido muy diferente si hubiesen presenciado el milagro de un santo o una aparición divina.

Bueno, visto con perspectiva, mejor que se entretenga contando esas chorradas… con algo de suerte se olvidará de eso que me dijo, de que ahora me daría nuevas y más importantes responsabilidades, y que ya no me dejaría ser conserje; cosa que, por primera vez en toda mi vida, es sinceramente lo único que deseo y ambiciono ser, es más, ¡daría cualquier cosa por ser conserje en un instituto!.

-Cierto -continúo la directora en medio de su alucinación personal, que sorprendentemente se había vuelto colectiva… realmente la jefa de estudios tenía razón, esa mujer tiene un don para contar historias-, pero todos eses entes divinos han puesto una condición, ¡una única e importante condición para que alcancemos la grandeza definitiva!.

Uy, espera, que esta parte de la historia no la conozco y es nueva, a ver qué cuenta que ya estoy intrigado.

-Sí, devolviéndome el bolígrafo nos han dado una señal, la señal de que algo debe cambiar para que podamos alcanzar nuestro súmmum, hay algo que nos detiene, nos frena para conseguir llegar a lo más alto, ¡eso me han comunicado!, y lo que hay que cambiar para que podamos avanzar hacia la gloria absoluta es… ¡el nombre del instituto!.

¿El qué?, ¡qué fuerte!, esa parte del cuento es nueva, a saber cuando se lo han comentado las voces del otro mundo, quizás se lo pregunte luego….

-¡Sí, para alcanzar el éxito absoluto debemos dejar de ser el IES “Tomás de Todaquemada” definitivamente! -vociferó siguiendo con su estilo de falsa profeta.

-Pero, ¿entonces cómo nos llamaremos? -dijo un joven alumno de los primeros cursos, que levantaba la mano para preguntar-… es que yo tengo que saberlo antes de la próxima semana, porque mi madre no está, y viene mi tía a buscarme, y si se cambia el nombre del instituto tengo que decirle por cual tiene que preguntar….

-Bueno -le contestó otro alumno, intentando ayudar-, como el nuevo nombre, de momento no va a ser muy conocido, puede seguir preguntando por el nombre antiguo, ¿no?.

-¡De eso nada! -berreó la directora airada- debemos borrar nuestro pasado decadente y….

-¿Cuándo habla del pasado decadente, debemos incluír también el tiempo de su mandato? -dijo curiosa, la secretaria de administración-… porque el instituto se llamaba igual que ahora, también cuando usted empezó a ser directora… yo lo pregunto, más que nada, para ubicarme en la cronología….

Sorprendentemente a nadie se le ocurrió decir que eso de cambiar el nombre del instituto era totalmente ilegal, y que no se podía hacer de ninguna manera a menos que interviniera alguna autoridad política oficial… ¡pero a quién le importan estas minucias en el “Tomás de Todaquemada”!… o como sea que se llame dentro de cinco minutos (y conociendo como funcionan las cosas aquí, seguro que el nombre acabará cambiándose semanalmente, por lo menos).

-¡Qué te calles Inma! -gritó la directora furiosa- ¡esto es un discurso, no un coloquio!; pero bueno, ¿qué va a ser esto?, ¿dónde se ha visto algo igual?… bueno, no importa, porque como ya digo, ahora entramos en una nueva era, si cabe aún más gloriosa que la anterior, que empieza en el momento preciso en el que cambiemos el como llamamos al instituto… y para el nuevo nombre, naturalmente, el destino ya me ha hecho su sugerencia, la cual he tenido que aceptar, porque yo, obedezco las normas venidas del universo, que no tienen, y repito, ¡no tienen!, discusión alguna, que para eso las han hecho entes superiores….

Si bueno, entes superiores o ella hace cinco minutos, aunque yo considero más probable la segunda opción.

-Así que, el nuevo nombre que deberemos darle al instituto es… “Grandísima y excelentísima señora Directora doña Almudena de Castro Benavides, gloriosa depositaria de los designios de la educación universal”… pero como eso quedaría muy largo en el letrero, y mi sentido del recato no permitiría tanto, lo dejaremos en “Grandísima y excelentísima señora Directora doña Almudena de Castro”; lo que no creo que ofenda a lo decidido por los entes superiores de la educación. He de decir -continuó, con desmedida hipocresía-, que yo protesté insistentemente ante ellos por esta decisión, pues no me considero en absoluto merecedora de ello, y mi natural humildad y modestia, principios que yo siempre he considerado básicos, y guías de mi persona y gobierno, me lo impedían totalmente, pero finalmente, no me quedó más remedio que aceptar su decisión… así pues, ¡Bienvenidos al IES “Grandísima y excelentísima la señora Directora doña Almudena de Castro”!.

Bueno, gran espectáculo, supongo que habrá acabado, me voy a hacer mi trabajo. Aunque pensándolo bien… a lo mejor, como yo pedí el traslado para el IES “Tomás de Todaquemada”, y ahora ya no existe… ¡quizás ya no tengo que volver nunca más!, lo consultaré.

-Pero eso no es todo… -continúo la directora.

¿Ah no?, ¿y ahora qué pretenderá?, ¿qué hagan los bocadillos de la cafetería con su cara?.

-He de deciros, que los entes divinos de la educación usaron a alguien para devolver el bolígrafo….

Qué no siga por ahí, por favor.

-…Y ese alguien fue… ¡Abelardo Bueno!, ¡sí!… y también me comunicaron que él tiene los más grandes merecimientos, por lo que debe ser propuesto para los más altos cargos… -en ese momento estuve a punto de gritar “¡pero es que no ha interpretado bien el mensaje que me inventé!”… no, si ya verás como al final, va a acabar siendo peor el remedio que la enfermedad- por lo que, de ahora en adelante, deja de ser el conserje del instituto, ¡para siempre!.

-¡Sí, claro! -grito Mari indignada-, ¡pues yo no pienso hacer todas las fotocopias sola, estaríamos buenos! -¿pero cuando hace esa mujer una fotocopia?, ¡si la gente le pide, por favor, hacerlas ellos mismos, ya que ella se pasa todo su horario laboral cotilleando con Visi o averiguando nuevas intimidades de todo el instituto para contárselas después!.

-Eso es verdad, ¿quién hará entonces ahora el trabajo del conserje? -preguntó otro de los profesores.

-¡Os lo repartiréis entre todos! -exclamó con frustración Almudena-, pero como ya digo, ¡Abelardo nunca, nunca, jamás volverá a ser conserje!, ¿queda claro?, ¡es un designio divino!… y además, os recuerdo que ha impedido el fin, ¡nos ha salvado a todos!, ¡a todos!

Para mi sorpresa, empezó a haber murmullos de aceptación entre la multitud. Estas cosas ya ni me sorprenden… sin mencionar que me preocupa más lo siguiente que se le vaya a ocurrir decir a esa loca peligrosa.

-Además -añadió la directora-, no podrá hacer su antiguo y bajo trabajo, porque estará muy ocupado con nuevas responsabilidades… por tanto, de ahora en adelante, es mi directorial decisión que, además de mantener su prestigioso cargo de “Alto mediador oficial de todo el instituto y sus diversas dependencias, juez y ayuda para todas las acciones diplomáticas de los mismos”; también será nombrado “Fidelísimo de la ilustrísima y emintentísima gran directora doña Almudena”, que será su mayor cargo, pues se convierte así, en uno de mis consejeros más importantes, de modo que, la antigua conserjería, ya no será tal cosa, sino que de ahora en adelante, será el “despacho del Fidelísimo”….

Estoy impaciente porque alguien me pregunte en que trabajo, le contaré que mi empleo es de “Fidelísimo” en un instituto… me rió por no llorar. Será mejor que me lo tome con humor… aunque siento la impotencia de quien ve como se avecina una gran catástrofe y no puede hacer nada para impedirlo.

-Pero no será el único cargo importante que se le dará, pues no sólo ha recuperado el bolígrafo, sino que este le ha sido entregado por el mismo destino, quién le habló -maldito sea el momento en que se me ocurrió inventar eso-. Así pues, además le nombro a él: consejo escolar en su totalidad, es decir, que nadie puede formar parte de este órgano sino él….

-Grandísima señora directora -dijo tímidamente la subdirectora-, no sé si entiendo bien lo que ha ordenado, ¿no se supone que el consejo escolar, está formado por varios representantes de cada uno de los componentes de un instituto, que deben de ser elegidos en…?.

-Eso era así en la época de la decadencia Diana, en la nueva y gloriosa era, el consejo escolar lo formará sólo una única persona: Abelardo; qué también será conocido como “El consejo escolar”.

No sé como se va a llamar entonces “consejo”, si sólo lo forma una persona… pero para qué molestarse en darle vueltas al tema en vano… al fin y al cabo, todo esto va contra todas las leyes de este país, y, francamente, estoy por llamar a la inspección, y autodenunciarme por todo esto, con algo de suerte me penalizarán gravemente, y ya no tendré que venir a este instituto.

-Además -continuó la directora, incansable-: será delegado, con ejercicio, de todas las clases que aún no lo hayan elegido; censor oficial de los libros de texto, y de cualquier material didáctico y no didáctico que haya en este instituto; presidente del claustro de profesores con capacidad para convocarlo, disolverlo, y tomar decisiones por él, especialmente en lo que respecta a las programaciones didácticas de los departamentos y a los métodos pedagógicos a seguir; co-orientador; bibliotecario mayor bajo el cargo de “Guardian de la cultura del instituto, de las colecciones privadas, mecenazgo de la gran y gloriosa señora directora doña Almudena”; jefe de los vigilantes del patio bajo el título de “Vigía de la concordia en zonas exteriores e interiores del centro educativo, supervisando a los vigilantes, y los desplazamientos de los individuos en las zonas adyacentes al centro”.

También -añadió… mientras yo me preguntaba dónde estaría el límite de su inventiva-; y para completar todos estos importantes cargos, se le hace entrega de la clase del laboratorio de ciencias; y también de la mitad del patio, que incluye una canasta de baloncesto, objeto que a partir de ahora llevará su nombre, siendo conocida como la “canasta Abelardo”… todo lo cual, será, a partir de ahora, de su propiedad única y privada.

Esa es mi incuestionable decisión -exclamó Almudena-, ¡y ahora, equipo de dirección, vamos a elaborar los nuevos carteles, para pegar encima de los viejos, con el nuevo nombre del instituto!.

¡Por supuesto que sí!, porque digo yo, ¡a quién le importa la legislación vigente del estado!, hemos inclumplido tantas leyes, decretos y ordenanzas que ya ni me molesto en llevar la cuenta.

Nota 122

Por fin hemos salido del despacho de la directora… resulta que ahora formo parte del equivo directivo, ¡y hemos pasado tres horas debatiendo como deben de ser los carteles con el nuevo nombre del instituto!. Lo que sí hemos acordado, es que deben poder sacarse con facilidad, por si viene un inspector (aunque la directora fue un tanto reticente en esa cuestión, en sus propias palabras: “¿y qué le importa al ministerio como dirija yo este centro?, ¡yo estoy al servicio de algo más alto!”)… porque la opción de que fueran permanentes, a pesar de valorarla, no nos decidimos, ya que habría que, para disimular, realizarlos de modo que pareciesen la gamberrada de un alumno (y así, luego se le podría echar la culpa al primero que pasase por ahí), un graffiti, o algo así… y la directora opinaba que ese estilo no era lo suficientemente digno para su nombre.

En todo caso, la principal razón de indecisión de la directora, se debe a que no está segura de qué tipo de letra le gusta más: si la “Ariel Copperfield” o la “Tiempos nuevos romano”.

Pero bueno, en realidad, siendo sinceros, nadie discutía nada… no sé de que sirve, exactamente, formar parte del equipo directivo, cuando en realidad no decides nada… la directora, ella solita, discute y mantiene largos debates y discusiones consigo misma; mientras, los demás miramos… a veces, por hacer algo, nos atrevemos a intervenir, pero nunca nos tiene en cuenta, así que nada… sí, el poder es más aburrido de lo que hubiera podido imaginar.

Y por supuesto, como siempre, y por seguir una ya arraigada tradición… no podía salir de ese despacho sin un disgusto:

-¡Ah! -observó Almudena-, y Abelardo, querido, empiece a trabajar en sus nuevos cargos: en primer lugar convoque a todo el claustro como presidente, y anuncieles que el presupuesto de todos los departamentos se baja un 30%, lo cual ha sido ratificado también por el consejo escolar, que es usted.

El dinero que originalmente les hubiera estado destinado -aclaró-, se invertirá en la biblioteca, donde usted, como bibliotecario mayor, se pondrá inmediatamente a encargar las novelas rosas que le dije, y en la mejor edición posible, ¡son carísimas!, ¿pero quién quiere unas tapas cutres cuando puede tener unos tomos espectaculares que adornen y dejen bonita la estantería?, ¡quiero que la biblioteca de la nueva era brille como nunca!, ¡para eso es una nueva época!… y por supuesto, no las incluya en la sección general, a la que puede acceder todo el mundo, sino en mi sección privada de mi uso exclusivo.

¡Ah! -añadió- y no se olvide tampoco, que dado que ocupa el puesto de bibliotecario mayor y censor general, deberá reescribir el final de la novela “El que me desfloró” que tantos quebraderos de cabeza nos ha dado, ¿no se olvide, eh?… y cuánto antes.

Ahora entiendo para qué me concedió todos esos cargos, de qué le sirve haberme elevado tan alto y qué esté en el equipo directivo: ¡sólo soy su marioneta para hacer todos los trabajos sucios, y todo aquello con lo que no quiere que se la asocie directamente!… supongo que, incluso en su locura, se da cuenta de que sus abusos absurdos tienen que tener un limite.

Nota 123

¡Pues qué haga ella todas esas cosas si quiere!; ahora mismo voy a descansar un poco en la conserjería… digo en el “despacho del Fidelísimo”… supongo que ahora que soy tan importante, podré hacerlo, y me dejarán en paz un rato… alguna ventaja tiene que tener.

Nota 124

Decididamente no tiene ninguna ventaja, ¡no ha parado de venir gente en todo momento debido a mis cargos!: primero la clase de 3º C, que tenían un problema, y qué, como yo soy su nuevo delegado, tenía que ir a hablar con el tutor; después los trabajadores de la biblioteca, que querían preguntarme cómo llevaremos a cabo el archivo, el registro de los libros para el año que viene, y si adaptaremos lo que hemos hecho, hasta ahora, al estándar internacional, o lo mantendremos tal cual; también vinieron dos profesores del mismo departamento, para que mediase acerca de un problema que tenían (pues para eso soy el “Alto mediador oficial…”); a continuación, el profesor de física y química con toda su clase en pleno, bajaron a rogarme si les permitía entrar en mi laboratorio de ciencias (¡la cosa no deja de tener gracia, nunca aprobaba química, y ahora el laboratorio que utilizan es de mi propiedad!); después vinieron todos y cada uno de los profesores, representantes de cada departamento, a presentarme sus programaciones didácticas para ver si yo las aprobaba, por ser el presidente del claustro y el censor oficial… y cuando ya creía que tendría unos segundos de tranquilidad, durante el recreo, han aparecido unos alumnos que querían jugar un partido, pero que no podían debido a que una parte del campo, canasta incluida, me pertenecen… yo iba a decirles que sí, que podían hacerlo sin mayor problema, siempre que quisieran, ¡pero la burocracia de la directora es sorprendentemente rápida!, y ya ha puesto en circulación: solicitudes, modelos de trámites… etc, para hacer ese tipo de peticiones, que fue lo que me presentaron, por triplicado y compulsado, aquellos pobres chicos.

¡Esto es demasiado!, ¡y por encima, no me dejan en paz ni un sólo segundo del día!, antes cerraba la puerta, y a veces se iban… pero ahora la aporrean día y noche, nunca se van, y encima se ponen a gritar “¡fidelísimo, fidelísimo!, necesitamos su ayuda urgentemente, por favor fidelísimo!”, con voces ensayadamente angustiadas… y yo trato de ser amable, ¡pero esto no hay quien lo aguante!.

Y por si fuera poco, Mari le está diciendo a todo el mundo que soy un vago de mucho cuidado, que se me han subido los humos a la cabeza, que ya no paso por reprografía ni a saludar, y que me estoy pegando la gran vida, sólo por encontrar un bolígrafo perdido; mientras ella está trabajando como una esclava, pues sólo falta que la encadenen a reprografía, sin mencionar que ya no va a necesitar pagar un solárium, porque se está poniendo morena, por la luz de la fotocopiadora, de tanto usarla… lo que yo daría, por poder hacer, aunque sólo fuera… ¡una fotocopia!.

Nota 125

¡El colmo!, Ildefonso ha venido a verme (fíjate tú por dónde, ahora que soy “importante”, ya no le molesta que nos relacionen) y me ha dicho lo siguiente:

-Hola papá, vengo a hacerte una gran oferta -dijo con tono de mafioso.

-Ildefonso, ¿cómo aguantas esto? a ti también te han hecho delegado de no sé cuantas clases, además lo eres honorífico y a perpetuidad de otras, ¿cómo lo llevas? -comenté desesperado.

-Con total naturalidad, hago lo normal en estos casos: les digo que sí a todo, no les hago ni caso, y no hago nada.

-Pero, ¡hijo mío!, tú antes tenías escrúpulos, ¿cómo te has vuelto así?… no respondas, ya sé cómo… pero en todo caso, ¡así no se solucionan los problemas!, ¿qué pasa con la gente que te viene con sus preocupaciones y tú no te molestas en hacer nada?.

-Papá por favor, nadie espera que resuelvas sus problemas de verdad, sólo quieren quejarse a alguien, y así desahogarse… en el fondo saben que las tribulaciones de la vida no tienen solución, e incluso, yo diría que les dan exactamente igual, y hasta se lo pasan bien sufriendo, ¿si siempre fuéramos felices, qué gracia tendría?… lo dicho, mientras les digas que vas a hacer algo al respecto, ¡todo solucionado!… es una especie de pacto no hablado. Y si al final, coincide, te viene bien, y lo haces, pues mejor que mejor; ¿o es qué acaso has visto alguna vez, por ejemplo, a la directora haciendo algo que no fuese para su propio provecho? -dijo con gran aunque maquiavélico raciocinio.

-Visto así… -reflexioné en voz alta.

-Precisamente, estas cuestiones tienen que ver con la oferta que te venía a proponer -dijo Ildefonso mientras cerraba la puerta y bajaba la voz-… papá, ¿qué te parecería si el instituto se llamase Abelardo e Ildefonso Bueno?… aunque si quieres que pongamos mi nombre delante no me opondré….

-¿¡Qué!? -exclamé-, ¡te has vuelto totalmente loco! -dije horrorizado.

-No es ninguna locura papá -dijo con un tono seguro y astuto-, piénsalo, yo controlo una buena parte de las clases con mis diversos puestos de delegado… y tú casi el resto… apenas hay unas pocas aulas que tengan delegado propio, y serán fáciles de controlar… máxime cuando tú eres el consejo escolar y por tanto no tendrán representación posible… además tienes el voto de los profesores como el presidente de su claustro… ¡¿no te das cuenta?!, ¡tenemos el poder absoluto al alcance de nuestras manos!, lo único que hay que hacer es… ¡robar el bolígrafo del destino, y con él reclamar el directorado!, ¡y entonces podremos instaurar nuestra dinastía en un instituto que llevará nuestro nombre!.

-¡Esto es increíble! -exclamé-; cosa número uno: ni loco volveré a tener ese bolígrafo en mis manos; número dos: ¡estás completamente loco!, ¡este instituto te ha hecho males tan terribles y evidentes, que debí habernos hecho un seguro de vida antes… ¡y ahora seríamos millonarios, y ya no tendríamos que volver nunca jamás!; y cosa número tres: nada de eso será posible, porque ahora mismo voy a ver a la directora, le diré que queremos ser normales los dos, y que ambos renunciamos a todos nuestros cargos.

-¡Te odio! -se enfurruñó, diciendo algo propio de un adolescente normal, por una vez en muchos meses-, ¡si haces eso, no volveré a hablarte jamás, me escaparé de casa, y no volverás a verme nunca!, ¡te odio! -dijo corriendo fuera del despacho mientras lloraba.

-¡Ódiame todo lo que quieras, algún día me lo agradecerás! -sí lo sé, parecemos un tópico andante, ¡por fin!, ¡cómo me gusta!-… ¡incluso aunque esta gente te haya dejado lesiones cerebrales irreversibles, en tu demencia acabarás por agradecermelo! -ni siquiera cuando mantenemos conversaciones de manual de teleserie adolescente, acaban por ser normales, ¡qué tragedia la nuestra, de verdad!.

-¡No me importa lo que digas! -dijo Ildefonso entre lagrimas-, el que seas tan poco ambicioso, es lo que ha hecho que nunca hayas llegado a ningún sitio… ¿pero sabes qué?, ¡si pierdo todos mis cargos, le pediré asilo político a la jefa de estudios, y ella no me lo negará! -y dicho esto, se fue dando un portazo.

Lo que me faltaba, Ildefonso en manos de otra loca peligrosa, que es capaz de adoptarlo como su sucesor político o algo así… hay que hacer algo… aunque lo peor de todo, es que no le puedo echar toda la culpa por tener esas ideas, al fin y al cabo, yo mismo estuve valorando la posibilidad de un golpe de estado… directorado… lo que sea… hace no demasiadas horas.

Nota 126

¡Ya está!, ¡no soporto recibir a más peticionarios con solicitudes ridículas! (después de que se fuera Ildefonso, no he podido ir inmediatamente a ver a la directora… ¡ni siquiera ir al baño!… pues han venido otras cinco personas a pedirme, comentarme, sugerirme… y me han tenido más de dos horas entretenido… trataba de darles la razón como a los locos, pero cuanto más lo hacía, más se emocionaban, con lo que se empeñaban en explicarme todas sus sugerencias exhaustivamente, y con todo detalle).

¡Con lo bien que estaría yo, abriendo y cerrando las puertas de las aulas, y barriendo el vestíbulo de vez en cuando!; ¡esto se acabó!… y por encima lo de Ildefonso, que sin duda padece un síndrome, y varios traumas, debido a su permanencia en este centro… Ahora mismo voy a hablar con la directora, y terminar con esta pantomima, ¡pero es que ya!, ¡la tontería de los cargos inventados y absurdos tiene que terminar definitivamente!, ¡yo volveré a ser conserje, e Ildefonso un alumno normal y corriente!, ¡hasta aquí podíamos llegar, esto se va a acabar ya!.

Nota 127

Estaba cruzando el vestíbulo, cuando vi como todo el claustro de profesores salía del despacho de la directora… genial, seguro que se han quejado de que no les gusta como hago mi trabajo de “Fidelísimo”, o cualquiera de los otros… y ahora a esa mujer se le va a ocurrir encerrarme en mi despacho por las noches, para que trabaje las veinticuatro horas, y que de ese modo pueda cumplir y estar a la altura de los “altos e importantes compromisos de mi importante cargo”.

Se me están acercando, hay algunos con lágrimas en los ojos, esto me da miedo….

-Gracias -me dijo sollozando un hombre-, soy uno de los jefes de departamento, y quiero agradecerle todo lo que ha hecho por el instituto, ¡en unas horas ha solucionado problemas de años!. También los alumnos, y los profesores vigilantes del recreo, me han hablado de su estupenda labor gestionando el patio!… perdone que llore, pero es de gratitud -yo estaba tan alucinado, que era incapaz de decir una sola palabra-… usted ha conseguido poner en orden la biblioteca también… ¡y en definitiva, estamos muy felices porque usted esté aquí y haya solucionado todo!.

-Bueno -dije, recuperando poco a poco el habla, y tratando de dar una respuesta lógica… dentro de lo absurdo de la situación, claro está-… yo sólo les escuché, y tomé la decisión que consideré mejor, como haría cualquiera….

-¡Cualquiera no! -afirmó otra profesora-, ¡antes no se resolvía nada, todo el mundo daba largas así que nada se solucionaba nunca porque nadie tomaba decisiones!… además de que ninguna persona se molestaba en escuchar a los demás, pero usted, ¡usted es genial!.

-Sí, y por eso, como agradecimiento, todos los departamentos han decidido admitirle como jefe honorífico, y como profesor con ejercicio, ¡así que ahora, también podrá y tendrá que dar clases!… tenga -dijo tendiéndome un papel-, la directora ya le ha redactado su horario de clases: mañana comienza las ocho dando física -“¡ya se podrían meter su agradecimiento por donde yo me sé!”, pensé en ese momento-, ¡y además, hemos conseguido que la directora apruebe que el salón de actos lleve su nombre!.

-¡Qué bien! -dije con falsa alegría para librarme de ellos-; bueno compis, hablamos en otro momento, ¿eh?, que ahora tengo que hablar urgentemente con la señora directora….

¡Vaya si tengo que hablar con esa mujer!, ¡voy a acabar haciendo el trabajo de todo el mundo!, ¿porque no me nombran directamente el “instituto”, se meten todos dentro de mí, y arman sus jaleos personales en mi pancreas?… ¿pero qué digo?… no importa, voy a acabar con todo esto inmediatamente, ¡pero es que ya!.

Nota 128

Llegué al despacho de la directora, estaba furioso y decidido, iba a exigirle ser un simple conserje de nuevo… cuando la frialdad del ambiente me tranquilizó, por una vez, me recibió con un tono, más bien, poco afable:

-Vaya Abelardo -dijo con desprecio-, ¿qué tal asume sus nuevas responsabilidades?, ¿qué?, ¿ganándose el favor del populacho?.

-Pues mire -afirmé impulsivo, decidiéndome a retomar mi discurso original, y resuelto a no salir de allí sin ser conserje de nuevo, ¡y a perpetuidad!-, la verdad es que….

-Sí, no hace falta que me lo cuente -me comentó, con cara de asco, y con tono de burla-… todo el mundo le está muy agradecido, todos le adoran… ¡pero bueno! -dijo gritando y dejándome paralizado-, ¡quién se ha creído que es usted!, ¡yo le encumbre!, ¡no sería nada sino fuera por mi!.

-Pues precisamente, la verdad es que lo que yo quería era… -empecé a decir, ¡por fin!, ¡es el momento de pedírselo!, ¡ahora que está celosa, con algo de suerte me quitará todos esos cargos tontos!.

-Sé perfectamente lo que usted quiere, Abelardo -dijo con enorme desdén-; ¡es usted una víbora, un vulgar trepa de tres al cuarto que cree que puede ocupar un lugar que no le corresponde!, ¿de verdad se cree usted con tanto poder?, ¿en serio piensa que puede hacer lo que quiera sin consecuencias?.

-¡Pero si yo lo único que quiero es abrir, cerrar puertas, llevar documentos y…! -grité indignado.

-Siempre con esa falsa modestia, ¡qué asco! -exclamó con repulsión- ¡pero qué sepa que usted a mí no me engaña!: se desliza como una serpiente, sinuosamente, pero tarde o temprano será cazado, ¡vaya si será cazado!… y entonces yo reiré la última, ¡porque yo seguiré aquí, sabe, yo seguiré aquí!.

“Me parece genial, esperemos que yo no”, no pude evitar pensar.

-Y ahora -continuó con el mismo tono de repugnancia-, ¡lárguese!, es usted un desgradecido, pero… ha conseguido lo qué quería: ¡compartiremos el nombre del instituto!; ya que ha conseguido conjurar a todo el mundo contra mí, y que exijan que su nombre vaya a continuación del mío -afirmó, a punto de llorar, como si hubiese matado a su familia-, ¡sí!, el nombre del centro, en la nueva era, será “Grandísima y excelentísima señora Directora doña Almudena de Castro y Fidelísimo del instituto don Abelardo Bueno”….

“¡A saber como va a caber todo eso en un cartel!”, pensé… lo peor de todo ello, es que tendré que resolverlo yo, porque para eso soy del equipo de dirección. En todo caso, ¡ahora ya sé porque todo el claustro de profesores salía del despacho de la directora!.

-¡Qué nombre tan horrible! -exclamó Almudena mientras empezaba a llorar-, ¡años sacrificándome por el instituto, para que llegue un arribista como usted, y me dé esta puñalada mortal!… ¡estará contento!, ahora váyase, ¡váyase de una vez!, ¡ser sin escrúpulos y de ambición ilimitada!. Cuando pienso que yo le deseaba….

Tuve que salir del despacho, porque la directora empezó a tirarme cosas; que eran objetos mucho más pesados y punzantes que los rotuladores, que tiene como tradición estampar contra las cabezas ajenas.

Y ahora que lo pienso, ya no me acuerdo ni para que fui a ver a esa mujer… en realidad, nunca me acuerdo de porque voy… porque cuando salgo, tengo todo tipo de situaciones tan extrañas y extraordinarias que asumir, que me siento completamente perdido… es como si sufriera una aneurisma cada vez que entro en ese lugar… a ver, recapitulemos, asumamos la información que hemos recibido: ¿el instituto va a llevar también mi nombre?.

Continuará…

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3 respuestas a Catorce parte de Notas de aburrimiento

  1. Pingback: Guía de capítulos de Grandes relatos | Universo de A

  2. plared dijo:

    Sigo leyéndote aunque me pierdo. Joer que obsesión con los bolígrafos tienes……

  3. Es lógico, creo que no leíste el capítulo 13 (o al menos no lo comentaste, debió de pasarsete en uno de esos momentos en los que publiqué una marabunta de artículos todos juntos).
    En cuanto a lo de los bolígrafos, bueno, sigue el juego del absurdo, el como un objeto tan cotidiano e insignificante puede provocar todo un cataclismo… al menos en ese instituto jajajaja.
    Pero tranquilo, creo que el asunto del bolígrafo termina en el próximo capítulo.

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