Doce parte de Notas de aburrimiento

¡Nuevo capítulo mensual!, ya sabemos que la desaparición de un bolígrafo de la directora ha provocado todo un cataclismo, eso sólo podía pasar en el instituto de Abelardo… pero tiene su explicación… que sea lógica es otro tema….

Nota 109

La directora, por fin, me ha contado a qué viene tanto revuelo con un bolígrafo que podría haberse comprado en cualquier tienda, y que fácilmente hubiera podido confundirse con uno nuevo, pues apenas se ha usado… lo que tiene su razón de ser… por decir algo:

-Verá, Abelardo… -Comenzó a hablar mientras usaba un tono místico.

También entrecerró las cortinas, lo que me provocó una mezcla de emociones diversas: por una parte, el despacho, con tanta luz y tanta sombra, parecía una película de intriga, lo que resultaba muy emocionante; pero, también es cierto que, aquel mismo día, Mari había propuesto a Visi secuestrarme para poder violarme, todo con el sano propósito de salvar la especie, a causa de este particular apocalipsis… por una vez me he sentido feliz de no ser muy guapo; pero como la directora ya se me ha insinuado, sigo teniendo razones para tener miedo, aquí encerrado con ella…. En cualquier caso, ella continuó relatándome lo siguiente:

-…La historia que le voy a contar, sucedió hace mucho tiempo… mucho, mucho tiempo… dos décadas o así… en aquella época, ¡aunque le resulte difícil creerlo!, yo sólo era una profesora más, recien llegada a este instituto, y para nada consciente de mi destino, aunque le diré, que ya había varios oráculos que me habían pronósticado un gran futuro….

¿Oráculos?, supongo que se referirá a los clientes del bar “Oráculo”, que está a la vuelta de la esquina y sus clientes habituales son consumados borrachos.

-…Y varias adivinas… -añadió.

Sin duda, esas mujeres del parque del Retirado saben decir exactamente lo que uno quiere oír.

-…Me habían profetizado que yo -continuó-, llegaría algún día a cambiar el rumbo de la educación, que era… la elegida… no sé si era el destino o la historia, quien me llamaba a gritos, ¡sí, a grito pelado!… pero todo me llevaba a la grandeza…. Yo, naturalmente, en ese momento no aceptaba la enormidad de mi destino; pues, aunque le sorprenda, era más joven que hoy día, ya sé que no aparento muchos años… algún día le contaré también como encontré el secreto de la eterna juventud….

Secreto que debe seguir guardando y no ha debido usarlo nunca, o si no, claramente no le ha servido de mucho.

-… Pero, ahora, centrémonos en lo que estamos….

“Sí, por favor”, reprimí decir.

-…Sí, yo, incluso más joven y hermosa; ya deslumbraba con mi increíble carisma a todos cuantos me conocían, pero no era capaz de aceptar mi gran y fulgurante destino… hasta que un día… -exclamó, mientras me daba la impresión de que por fin iba a dejar de dar rodeos-… era… era un día de tormenta, pero también hacía sol… y había un arco iris… porque también llovía un poco, ¿eh?… en resumen, hacía un poco de todo: viento, sol, arco iris, lluvia, quizás también nieve… de eso último no estoy muy segura… el caso, es que era un día como nunca había habido y como nunca más volverá a haber….

Yo no creo que tal día hubiese existido jamás, en realidad, empiezo a dudar de la rigurosidad histórica de este relato… en fin, habrá que consultar al instituto meteorológico, porque si tal cosa pasó, tuvo que resultar un tiempo único en toda la historia de la humanidad.

-… y eso era -aclaró-, porque yo tenía una cita con el destino, ¡sí, con el destino!, ¡y este nunca es impuntual a sus citas!….

En ese momento, reprimi el decirle algo así como “pues la verdad, no lo sé, nunca he quedado con él, pero siendo el destino, seguro que el padre tiempo le regala los relojes, ¡y así cualquiera!”… pero decidí ahorrarme los comentarios ingeniosos.

-…Sí, yo-continuó relatando-, bajaba majestuosa por la escalera del instituto, tras acabar la última hora, cuando ya no quedaba nadie en el centro; pues como usted bien sabe, no hay nadie más trabajadora que yo, ¡hasta las señoras de la limpieza, agotadas, habían terminado antes!… sí, yo siempre era la última en salir, demostrando de ese modo, ya en mi juventud, que estaba hecha para las responsabilidades que me serían encomendadas…. Pero, ¡volviendo al tema!, bajaba por la escalera… y entonces vi como el instituto se había transformado, ¡en un palacio!, y fue en ese momento cuando….

“Se dio cuenta de que había perdido definitivamente el juicio”, no me digas más… los comentarios irónicos en mi mente eran inevitables. Pero mucho me temo que ella no dijo eso, sino que aseguró que:

-… El viento me arrastró fuertemente al medio del patio, mientras en algún sitio tocaban campanas una melodía de lo más singular, entonces hubo nieve por todas partes, y repentinamente… todo se quedó oscuro, ¡sí, oscuro como la noche!… porque creo que en ese mismo día también hubo un eclipse lunar y otro solar, ¡los dos seguidos!….

No hay duda, ese día los del instituto de meteorología tuvieron que estar realmente ocupados.

-…Tal cual se lo cuento -añadió-, ¿increíble, verdad?….

Tan increíble que no hay quien se lo trague, aunque la pregunta más intrigante es, ¿se lo creerá ella misma realmente?, aquí nunca se sabe… en cualquier caso, ella continuó contándome su historia:

-… En realidad, sólo yo brillaba en medio de esa oscuridad, puesto que mi piel se había vuelto fosforita, sí, como estos rotuladores…

Me comentó, mientras cogía uno de esos marcadores que se utilizan para subrayar apuntes, y que, según me han contado, ella prefiere usar para tirárselos a la cabeza a la gente cuando está moderadamente furiosa… porque cuando está realmente cabreada, prefiere tirar la grapadora… al parecer, en grado proporcional a su cabreo, lanza unas cosas más pesadas y dañinas que otras… todo muy apropiado, como no podía esperarse menos de ella.

-… Pasé al menos un minuto en esa extraña oscuridad en la que sólo brillaba yo -afirmó-, hasta que de repente, un rayo de luz, que, según dicen, sólo baja a la tierra cada mil años, o más, descendió, sobre un matojo de hierbas del patio, y entonces, entonces… ¡el bolígrafo apareció allí, en medio, iluminado!.

-¿Sigue usted hablándome del bolígrafo desaparecido? -me atreví a decir… aunque no tuve valor para preguntar que clase de estupefacientes se había tomado para poder ver todas esas cosas.

-¡Desde luego! -continúo ella-, era el mismo bolígrafo del que hablamos… sí, cuando vi el bolígrafo, tuve el valor de cogerlo, y entonces… ¡se hizo la luz!, de una forma deslumbrante, y en medio de un vendaval enorme, mientras las estrellas del cielo bajaban para cantar aquel momento glorioso… porque, aquel no era un bolígrafo cualquiera, aquel bolígrafo me había sido enviado directamente por el destino, por los dioses de la educación y de la cultura de todos los tiempos habidos y por haber… ¡y por el propio universo!, ¡para que yo pudiera salvar al mundo de la incivilización!, así, armada con el bolígrafo del destino….

-¿Pero de verdad que seguimos hablando de un bolígrafo de marca Tic? -aquello comenzaba a hartarme, aún así, decidí ser prudente-, perdone que se lo diga, pero a mí me pareció verlo, de lejos -añadí, por si acaso-, y no diría que se diferencie mucho de cualquier otro que se pueda comprar en una tienda cualquiera….

-Oh, oh, oh -dijo con suma pena- mi pobre Abelardo, eso es porque usted sólo ve las apariencias, no es capaz de apreciar un objeto tan mágico, ¡pero créame!, si usted lo tuviera, lo poseyera por un instante, notaría su inmenso poder….

Llevo con él toda la mañana, y lo único que me ha hecho sentir es mal sabor de boca, de tanto mordisquearlo… ¡no me extraña!, era un bolígrafo de al menos veinte años, ¡puag!, ¡qué asco!.

-… Si usted lo tocara -argumentó-, notaría que está hecho con un material metafísico, que no es humano….

No he podido resistirme a meter la mano en el bolsillo, por más que lo toco, a mí me sigue pareciendo que está hecho de plástico… y en cuanto al sabor, también era a plástico… si lo que dice esta mujer es cierto, los materiales metafísicos esos saben aparentar ser vulgares de un modo….

-… es un material divino, ¡divino! -añadió exaltada.

Quería preguntarle a la directora que por qué el destino, los dioses, el universo, o cualquier ente inmaterial de eses, no le habían enviado ese tan necesario bolígrafo al ministerio de educación… pero, teniendo en cuenta el efecto que ha causado en este instituto, mejor que se quede aquí, aunque yo tenga que soportarlo. O tal vez ya lo tengan en el ministerio… lo que explicaría muchas cosas….

-Bueeno -empecé a decir- un cuento precioso, digo historia, digo… bueno, ya no sé ni lo que digo, el caso es que me ha encantado, voy ahora mismo a reflexionar sobre ello -dije mientras intentaba salir del despacho.

-¡Pero si aún no ha terminado! -dijo ella, entusiasmada con mi valoración de su historia, y debido a ello, continuó con aún más energía. Decididamente mi propia cortesía y amabilidad me pierden.

-¿Ah no? -contesté con una media sonrisa, mientras intentaba abrir la puerta que ella se había ocupado de bloquear con su propio cuerpo-… pues ya me contara el resto mañana, que son demasiadas emociones fuertes para un día, y a ver si me va a sentar mal… además no sé si conseguiré asimilar tanta sabiduría en tan poco tiempo….

-Seguro que no, por eso, lo mejor que puede hacer es tomar apuntes, y así, de ese modo podrá leer y releer lo que le estoy contando, hasta que lo comprenda a la perfección -“y acabe tan loco como ella, de paso”, pensé-… pero como yo ya le di una hoja de papel hace poco, y ese es un alto privilegio, no espere que lo vuelva a hacer hasta dentro de varios años, si le ando regalando las hojas de la dirección al conserje, ¿qué clase de privilegio es ese?.

-Le recuerdo que soy el “Alto mediador oficial de todo el instituto y sus diversas dependencias, juez y ayuda para todas las acciones diplomáticas de los mismos” -dije presumiendo de forma pomposa, para mi propio asombro, y por primera vez, del “título” que aquella mujer me había otorgado.

-¡Oh!, perdone, siempre olvido que le concedí esa merced -¡qué siempre lo olvida!, ¡sólo cuando le conviene!, ¡ojalá lo olvidasen todos para siempre!.

-Bueno, el caso, le sigo contando -dijo retomando su tono místico-… mientras las estrellas, que habían descendido del firmamento en pleno día, y sólo con el objetivo de cantar mi gloria… de repente oí una voz, que no sé de quien era… pero que evidentemente no era de este mundo, ¡debía de ser… del destino por lo menos!; y en medio de una ventisca de nieve y de hojas otoñales me dijo: -en ese momento, para mi sorpresa, se puso a imitar la voz que le habló- “Almudena, tu destino es ser directora del IES Tomás de Todaquemadaaaa, abraza tu destino, coge el bolígrafo del poder educativo, firma con él tu cargo y así, obtendrás toda la gloriaaaa, la gloria educativaaaaaa”.

Desde ese mismo momento -añadió- ya noté un cambio en mí, me sentía capaz de todo, y al día siguiente, todo el mundo me reverenciaba; me presenté para el puesto de directora y fui elegida sin discusión, firmé la aceptación del puesto con el bolígrafo, tal y como me había indicado el destino (o el dios calderero de la educación, o quien fuera que me hablara)… y desde ese día, la gloria y prez han reinado en este instituto, todo gracias a mí, pues era mi sino ser grande, y no me quedó más remedio que estar a la altura de lo que se exigía de mí, ¡ay!, ¡qué difícil ha sido y cuántas veces he deseado dejar este puesto!….

-Pues yo creo que la jefa de estudios lo aceptaría encantada, si está usted tan cansada del poder… -le dije con un levísimo tono de ironía, no fuera a ser que se ofendiera.

-¡De eso nada! -contestó inmediatamente, de forma brusca y furiosa, aunque rápidamente se calmó y volvió al tono conciliador y falso-… como ya sabe usted ahora, es mi sino, y hay que asumir el destino de uno, por mucho que cueste.

“Sí claro, seguro que sí, ya veo lo que te cuesta y los reparos que sientes ejerciendo el poder; nunca vi a nadie tan tímida y comedida en el ejercicio del mando”, pensé con sarcasmo.

Entonces volvieron las lágrimas a sus ojos, y volvió a retomar su particular tragedia griega, género que habíamos abandonado temporalmente, mientras me contó su historia, por el legendario trovadoresco, ¡qué talento el de esta mujer, le da a todo!:

-Por eso, ¿entiende ahora, por qué es tan importante el bolígrafo? -de repente puso cara de terror, mientras temblorosa decía-. ¿Me lo habrá arrebatado el destino?, ¿habré hecho algo mal?.

“¿Quieres que te haga una lista?” pensé jocosamente. Pero lo cierto es que, en el fondo, me compadecía de aquella mujer destrozada… por una estupidez… pero destrozada al fin y al cabo; además, hay gente con manías más raras (yo no las conozco, pero supongo que las habrá), así que le dije de forma consoladora, pensando en, poco a poco, ir llevando el tema a mi terreno, para poder acabar devolviéndole el bolígrafo, y darle la alegría de su vida:

-Vamos, señora -dije acercándome y abrazándola… curiosamente se dejó, de hecho, ella empezó a apretujarse contra mí con cierta lascivia un tanto desagradable-; a lo mejor, sólo se ha perdido porque se le ha caído por debajo de la mesa, o alguien se lo cogió accidentalmente del lapicero para tomar una nota….

-¿¡Qué alguien ha usado mi bolígrafo!?, ¿¡el bolígrafo que me dio un ente superior del ámbito educativo!?, ¡¿y encima lo ha robado?!….

-¡No!, no lo habría robado… y lo que voy a decir es una hipótesis, ¿eh? -dije poniéndome nervioso, y empezando a preocuparme de que me siguiera metiendo mano de una forma tan descarada, ya no porque no me sintiera atraído por ella… sino porque, a lo mejor, de tanto manosearme, acababa descubriendo el bolígrafo en mi bolsillo-… simplemente, ese alguien, pudo haberlo cogido, ¡y no usado!, ¿eh?, ¡no lo ha usado!… y luego, esa supuesta persona, se olvidó de devolverlo a su sitio… lo que no es nada terrible, ¿no?, ¿acaso le guardaría rencor a alguien por un accidente así?, ¿por algo tan tonto e inocente? -dije conciliador.

-No, desde luego que no le guardaría rencor, no podría… ¡porque no se le guarda rencor a los muertos!, ¡le mataría, me oye, le mataría! -dijo mientras, en medio de su emoción se lanzaba a mi cuello.

Claramente, devolverle el bolígrafo alegremente no es una opción… mi plan de darle la alegría de su vida se había frustrado.

Afortunadamente o por desgracia (la verdad, no estoy muy seguro), de repente, la puerta se abrió de golpe y la jefa de estudios entró gritando triunfante:

-¡Ríndete Almudena!, ¡tu directorado ha caído!, ¡es tu fin, todo el mundo lo sabe!.

-¿Y aún te enteras ahora? -dijo la directora con hastío.

-¿Pero qué es esto? -dije confuso.

-¡Un golpe de instituto!, ¿qué va a ser? -dijo con tono de obviedad la jefa de estudios-. Es inútil que te resistas, tengo a todos mis camaradas fuera esperando mis órdenes por si hubiera que asaltar tu despacho… ¡firma tu rendición y renuncia al cargo en mi favor!, ¡comienza una nueva época, ahora, yo… seré la directora!.

Como ambas estaban ocupadas en medio de ese peculiar y absurdo golpe de estado, decidí asomarme a la puerta, para ver si en el vestíbulo había gente con antorchas o algo así… sorprendentemente no había nadie; o la jefa de estudios se estaba tirando un farol, o tiene una imaginación tan o más delirante que la de la directora… sin duda ambas merecen la dirección de este centro.

-¡Aparta, vieja caída! -dijo arrogantemente la jefa de estudios-. ¡Es hora de que el pueblo empiece a gobernar!… ahora, ¡traeré a las masas al poder y acabaré con tu gobierno autocrático!, y para lograrlo… impondré nuevas leyes que me darán un poder absoluto para asegurarme que la voluntad de la masa, que por supuesto yo decidiré, siempre será respetada- y dicho esto, empujó a la directora, mientras se sentaba en la silla de su escritorio y realizaba la simbólica toma del poder-. Sí, ahora por fin ha cambiado el regimen, ¡ha llegado el fin de la esclavitud y la liberación de las cadenas hace su aparición triunfal!, porque yo, como nueva directora, me aseguraré de imponer la libertad, y acabar con todos los que se opongan a ella, o lo que es lo mismo, con todos los que se opongan a mí… ¿pero a qué esperas?, firma tu dimisión, y sal por patas del instituto que estás acabada….

-Lo haría encantada Alicia, pero verás, no tengo con que firmar, no tengo… el bolígrafo de la dirección -dijo altiva y triunfante.

-¡Pues cógelo del lapicero! -dijo indignada la jefa de estudios, porque le hicieran perder el tiempo mientras podía estar ejerciendo ya como directora.

-No está -respondió Almudena.

-¿Cómo que no está? -dijo la jefa de estudios mientras revolvía en el lapicero-, ¡mira!, los hay: rojos, negros, azules… de otros colores… también están los rotuladores que tiras a la cabeza a la gente….

-Pero no está el bolígrafo necesario, el bolígrafo de la educación -dijo la directora gravemente.

-No querrás decir… -dijo sorprendida la jefa de estudios.

-¡Sí, completa estúpida!, ¿por qué crees que todo el mundo, hasta tú misma, se ha enterado de que era el fin?, ¡pues porque una sensación removió sus almas al saber que el bolígrafo ya no estaba en mi poder! -“sí bueno”, pensé yo, “eso y que montó todo un espectáculo temático al respecto en el vestíbulo, pero supongo que ya lo intuían con el removimiento de sus almas”…-; ¿como sino ibamos a llegar a este caos?, ¿acaso crees que estoy loca? -menos mal que no me hizo a mí esa pregunta.

-Pero, -dijo desesperada Alicia- sin ese bolígrafo, jamás podrás firmar tu dimisión, y yo no podré firmar la aceptación del puesto y entonces… ¡yo nunca seré directora!, ¡tienes razón, es el fin, el fin! -gritó.

Mientras, yo miraba un lapicero lleno de bolígrafos exactamente iguales. De repente, me puse a pensar en la perversa idea de que ni la propia directora supiera exactamente cual de esos bolígrafos era el del destino. En cualquier caso, Alicia no se paró a pensar en que podrían haber utilizado cualquiera de los otros, y haber sustituído el bolígrafo del destino ese, fácil y disimuladamente.

-Una vez más, fracasas Alicia -“¡una vez más!”, ¿es que hace esto a menudo?, pensé, mientras la directora continuaba diciendo-; pero ahora, aunque siempre rivales y enemigas, hemos de unirnos en una causa común… Abelardo, sin duda envíado directamente por el destino para solucionar esta catástrofe….

Algún día, cuando me vaya de aquí, estoy seguro de que la directora contará una apasionante versión de como el conserje fue enviado directamente por el universo y con un mensaje extra de los dioses mesopotámico/asirios de la educación para salvar su directorado… y la verdad, me alegraré de no oírla nunca

-…Pues me ha inspirado una brillante idea -dijo la directora-; el bolígrafo, pudiera no haberme sido arrebatado por el destino, ¡sino que pudo haberse perdido! -¡Uy, qué cosas pasan!… es increíble que esa no fuera la primera posibilidad que se valorara-; así pues, debemos buscarlo, pero la desaparición del bolígrafo tiene que ser un secreto que no debe salir de aquí… ¡no quiero que se provoque el pánico entre el personal del instituto y que la gente pierda el control, las formas y la compostura!.

-Desde luego -dije viendo la oportunidad de salir por fin del despacho-, ¡lo buscaremos!, empezaremos ahora y lo haremos con toda discreción, ¡hala, vamos allá! -y dicho esto, salí corriendo y volví a la conserjería, uff por fin.

Nota 110

Pero de repente, me entraron temblores… al fin y al cabo, seguía con el bolígrafo, y la verdad, no sabía como devolverlo…. Bah, da igual, ahora están empeñadas en mantener el secreto de estado, y como no hablarán de ello, se acabarán olvidando, y al fin y al cabo… ¡no se puede mantener un falso apocalipsis permanentemente!.

Nota 111

Súbitamente, se ha oído en la megafonía de todo el instituto, la voz de la directora:

-Atención personal docente, no docente y alumnos: creemos que se ha podido perder el bolígrafo que me regalaron los entes inmateriales, y que permiten la existencia de este centro; no quiero alarmaros, pero de no aparecer, ¡mucho me temo que todos estamos en peligro de muerte, es el fin!. Eso es todo, ¡tened un último, feliz y final día de vida queridos!.

Esta gente siempre me sorprende con su creatividad, no sólo encontrarán la manera de que “el fin” dure semanas, meses e incluso años, sino que al final ya nadie se molestará en hacer nada por el simple hecho de que es el final.

Pero mi problema sigue siendo el mismo, ¿qué hago con el bolígrafo?, ¿lo devuelvo de alguna extraña manera?… no, está mordisqueado, ¿cómo voy a justificar eso?. Tampoco puedo deshacerme de él, porque sino, nunca acabaremos con el estado de alarma y este instituto será una pesadilla peor de lo que es habitualmente… a lo mejor, mi destino era coger el bolígrafo para ser el nuevo director, e iniciar una nueva y gloriosa época para el instituto… genial, ya alucino en colores como esta gente. No sé que voy a haceeer.

Continuará…

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5 respuestas a Doce parte de Notas de aburrimiento

  1. plared dijo:

    Mira que puede dar de si, un puñetero bolígrafo. A veces las cosas mas simples, provocan reacciones mucho mas complicadas. Ley de vida quizás……

  2. Pingback: Guía de capítulos de Grandes relatos | Universo de A

  3. Y lo que le queda al tema, lo que le queda… este simple y vulgar bolígrafo va a causar de todo.
    Es curioso lo que dices, sabes, en una ocasión alguien definió “Notas de aburrimiento” como un relato “surrealista y a la vez tan pegado a la cruel realidad” y “Una historia para analizar la realidad desde un punto de vista tragicómico”; y yo estoy totalmente de acuerdo, no te equivoques, detrás de toda la extravagancia y el disparate subyace todo un fondo, y veo que empiezas a atisbar parte de él.
    Y menos mal que logro contestarte, ¡últimamente no tengo tiempo para nada!.

  4. Anónimo dijo:

    esta bien,pero lo de la directora se me hace un poco largo.

  5. Es una pena, lo de la directora es el arco argumental más largo hasta ahora de las notas y lo trabajé mucho (quizás demasiado, y por eso quedó demasiado profundo y barroquizado); pero me alegro de que el general te siga gustando y te resulte gracioso.

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