Ópera I due Figaro

Segundas partes operísticas nunca fueron… tan buenas

Sinopsis: Saverio Mercadante (1795-1870), autor redescubierto en los últimos años, pasa por ser el eslabón perdido entre el canto fiorito rossiniano, la escuela napolitana y el melodramma psicológico de Verdi. Entre las cincuenta y siete óperas compuestas de 1819 a 1866 figura I due Figaro, estrenada en Madrid en 1835.

I due Figaro es un melodramma buffo en dos actos, compuesto por Mercadante en 1826 sobre un texto de Felice Romani, el más significativo libretista italiano de la primera mitad del siglo XIX, colaborador también de Rossini, Bellini y Donizetti, quien tomó como modelo el original de Lorenzo Da Ponte en su combinación de elementos serios y cómicos. Mercadante alterna números solistas de relativa sencillez con escenas de ensemble de mayor complejidad musical, haciendo suyos así los presupuestos de la escuela napolitana. Para caracterizar los personajes y sus acciones utilizó diversos niveles de estilo, de acuerdo al estatus social de cada personaje y añadió dos arias virtuosistas respectivamente para Cherubino y Susanna. Otros momentos que recuerdan a Da Ponte son el gran cuarteto del primer acto y la progresión terceto-sexteto en la escena en la habitación de Susanna del acto segundo.

En su propósito de captar las simpatías del público hispano a favor de la ópera italiana, Mercadante integró melodías y ritmos españoles, ya desde la Sinfonia caratteristica spagnola,que sirve como obertura de la ópera hasta el bolero de Susanna o el polo entre esta y Figaro. Con ello, esta “comedia de carácter” asumía elementos propios del couleur locale del siglo XIX y perseguía a su vez una concisión expresiva de importantes repercusiones en el ulterior desarrollo del melodramma italiano.

FICHA ARTISTICA:

Dirección musical: Riccardo Muti Dirección de escena: Emilio Sagi
El conde: Antonio Poli La condesa: Asude Karayavuz Inez: Rosa Feola Cherubino: Annalisa Stroppa Figaro: Mario Cassi Susanna: Eleonora Buratto Torribio (Don Alvaro): Anicio Zorzi Giustiniani Plagio: Omar Montanari

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Crítica: Llevábamos una temporada horrenda (con la excepción de Iolanta) decepción tras decepción en el Teatro Real, no era ya que los montajes ultramodernos impidieran disfrutar de las óperas, era además que las propias óperas ultramodernas impedían difrutar del sólo hecho de ir a la ópera (ver Pélleas et Mélisande, por ejemplo); así que, desde ese momento miraba siempre las críticas antes de ir a una ópera, ya estaba harto de sorpresas desagradables. Y más en este caso era necesario saberlo, cuando se trataba de una ópera semidesconocida de un compositor casi desconocido (Saverio Mercandante, del cual podremos disfrutar otra ópera esta temporada y una más la que viene, debido a un acuerdo con el teatro de Nápoles; y teniendo en cuenta el gran descubrimiento que ha resultado ser esta ópera, no hay duda de que estoy impaciente por ver las siguientes).

Y las críticas hablablan… muy bien de ella, es más, se dice que en el estreno la gente gritó “¡así se dirige una ópera!” y francamente, no es para menos, teniendo en cuenta el panorama vivido.

Finalmente fui, y la experiencia resultó… esplendida, una vez más quedé deslumbrado; y ya hacía falta, estaba pensando seriamente en dejar de ir al Real, muy especialmente cuando en este caso, y para sorpresa de todos, los precios de todos los días eran de estreno (mucho más caros) algo realmente escandaloso.

La verdad es que la ópera ya se parte de una premisa curiosa, muy poco habitual en este género: la secuela, sí, porque “I due Figaro” es la segunda parte de “Las bodas de Fígaro” de Mozart” o “El barbero de Sevilla” de Rossini (personalmente, yo veo más conexiones con esta, pero ya hablaré de eso. Por cierto, fue representada hace unos pocos años también en este teatro), así pues, algo que posteriormente sería tan sobreexplotado (podéis leer un divertido artículo sobre el tema aquí), resulta aquí sumamente original, pues resulta interesante ver como acabaron esos divertidos personajes y saber que pasó después del “amor y fe eterna reinen sobre vosotros” que son los últimos versos de la obra de Rossini.

Así pues, partiendo de esta original premisa se desarrolla una historia divertidísima, realmente tronchante y perfectamente a la altura de su predecesora en la que la mayoría de los mismos personajes (que recuerde la mayoría de los nombres se mantienen) han alcanzado la madurez y viven la juventud de sus hijos, así, Lindoro y Rossina ya no están tan enamorados, y Fígaro ha perdido facultades y se enfrenta con un poderoso contrincante joven que viene pisando fuerte y que rivaliza en astucia y sin quedarse atrás en absoluto con el que en tiempos había sido el barbero más espabilado y el “factotum de la citta” (de ahí el nombre de la ópera “Los dos Fígaros”). Así pues, nos encontramos con un libreto brillantemente realizado en el que hay enredos amorosos, tramas de líos y malentendidos totamente humorísticos, y todo ello aderezado con momentos realmente ingeniosos que crean una ópera simplemente delirante, divertida y maravillosa (como único defecto señalar el quizás exceso de personajes, algunos no muy bien presentados o creados muy arbitrariamente).

Pero… ¡ah!, esto es ópera, y aunque un buen libreto es muy importante, la música lo es quizás más y en este caso… es maravillosa, si bien no parece muy original en mi opinión, recuerda demasiado a Rossini en muchos aspectos (mucho más que a Mozart, como algunos suelen decir; en todo caso, se pueden oír también melodías españolas por en medio, lo que también resulta interesante y la hace deliciosamente nacional); pero dejando de lado ese detalle, la música de Mercandante se convierte en una fiesta para los sentidos que disfrutan al máximo de ese espectáculo completo que deleita y divierte y que se combina a la perfección con la historia que cuenta… simplemente magnífico.

En lo que respecta a la producción, con razón se grito aquello en el estreno, por primera vez en mucho tiempo, la escenografía se vuelve más clásica (aunque nunca del todo, ¡eso sería demasiado para el Real!) y permite que se cuente la historia sin escenarios minimalistas ultrametafóricos, optando por situar a los personajes en los escenarios de los hechos, los cuales además destacan por su gran belleza y espectacularidad, así que la dirección de escena de la ópera fue realmente memorable; al igual que los cantantes, todos y cada uno muy bien elegidos.

En definitiva, “I due Figaro” es un imprescindible para los amantes de la ópera que disfrutarán al máximo viendo como acabaron algunos de los personajes más famosos de este género (y si uno ya disfruta con un Fígaro, ¡imagínate con dos!); y extremadamente recomendable para el resto, pues es muy divertida y hermosa musicalmente, además de que no se representa muy a menudo, con lo cual, si se tiene la oportunidad… ¡no se puede perder!.

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4 respuestas a Ópera I due Figaro

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