Pelléas et Mélisande

Pesadilla ultramoderna… esta vez el Teatro Real se ha pasado de verdad

Sinopsis: Peleas y Melisande (título original en francés, Pelléas et Mélisande) es una ópera en cinco actos con música de Claude Debussy y libreto en francés del mismo compositor y Maurice Maeterlinck, sobre una pieza teatral del éste último. Fue estrenada el 30 de abril de 1902 en la Opéra-Comique de París, con Mary Garden y Jean Périer en los papeles principales. En España se estrenó el 1919, en el Teatro Tívoli de Barcelona.

La ópera describe un apasionado triángulo amoroso entre Pelléas, su hermano Golaud y la extraña Mélisande. Está ambientada en un reino imaginario llamado Allemonde. No hay referencias temporales, aunque su arcaísmo sugiere que transcurre en la Edad Media.

El drama está basado en la trágica historia de Paolo Malatesta y Francesca de Rimini, casada con el hermano de Paolo, que fue evocada poéticamente por Dante Alighieri en el Canto V de La Divina Comedia.

Música: Claude Debussy. Dirección musical: Sylvain Cambreling. Dirección de escena y escenografía: . Intérpretes: Yann Beuron, Laurent Naouri, Camila Tilling, Franz-Josef Selig, Jean-Luc Ballestra, Hillary Summers, Orquesta y Coro titulares del Teatro Real. Lugar: Teatro Real, Madrid.  31 de octubre

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Crítica: Ahora que lo veo con perspectiva, puedo afirmar sin ningún género de dudas, que “Pelléas et Mélisande” fue sin lugar a dudas la culminación de la que probablemente se recordará como una de las temporadas más mediocres del Teatro Real, y es que menudo año, menudo año. Probablemente quisieron justificarlo, como suelen hacer de una forma muy absurda, que sus montajes ultramodernos y sus escogidas óperas supermegavanguardistas, que llegan a ser un reto para el oído, atraen al público joven… pero va a ser que no. En todo caso, parece que han aprendido la lección, en esta nueva temporada 2012/2013 tenemos un montón de óperas conocidas (aunque ya veremos como son los montajes) que claramente quieren llamar la atención del público en general, es más, por primera vez, el teatro Real se ha anunciado por televisión (claramente atravesa la crisis como todos; eso sin mencionar el hecho de que haya prestado sus instalaciones para conciertos de cantantes como Bisbal o grupos como Los secretos, es evidente que el teatro necesita dinero, ¿cómo sino se rebajaría a eso?). Afortunadamente, la necesidad del teatro de abandonar sus vanguardismos y volver a lo que da dinero, tal vez nos de este año una muy buena temporada (aunque que conste que aún ha tenido un último gesto de testarudez: la primera ópera de la temporada -aunque sea en versión concierto- es Moses und aron de Schoenberg, con la que se celebra el aniversario de la institución).

No fueron los únicos cambios que atravesó el teatro el año pasado: programas de mano de mala calidad (en páginas, material de estas y en contenido), programas anuales que se cobraban (afortunadamente, esto se ha modificado esta temporada, e incluso han elaborado unos muy bellos e ingeniosos de mano), los horribles dibujos infantiles de segunda que sustituían a las bellas y artísticas fotos que representaban habitualmente las óperas (afortunadamente, también en eso se han corregido, este año volvemos a tener unas fotos muy ingeniosas utilizando elementos arquitectónicos del teatro para crear diversos simbolismos muy cuidados); la absurda creación de una tarjeta de amigos del teatro claramente diseñada para recolectar más dinero; o la más que terrible sustitución de los venerables acomodadores que tradicionalmente aposentaban al público, por unos macarrillas jovencitos que ni se molestan en hacer su trabajo prefiriendo hablar entre ellos y tratar a los espectadores con desdén, muy poca educación, y que para más inri, seguramente la primera vez que escucharon una ópera fue en su primer día de trabajo, antes dudo que supieran lo que era (eso sin mencionar el cambio de uniformes, de aquellas majestuosas libreas a esa horrible camisa y pantalón negro con el logo, como si fuese una cafetería), han llegado a convertir el que tradicionalmente ha sido el teatro de referencia y el majestuoso por excelencia en un lugar en ocasiones bajo y desagradable. Afortunadamente, se mantienen los descuentos para determinados colectivos y el orador que da las conferencias previas a la ópera ha mejorado mucho hablando en público, aunque, todo lo hay que decir, sigue siendo muy especializado para la mayoría de la gente (pero desde luego merece la pena ir a oírle)… en definitiva muchas veces sigue habiendo razones para seguir llendo (aunque reconozco que tras varias decepciones, este año racioné bastante mi asistencia).

Pero se supone que esto es una crítica de la ópera y no del teatro dónde se representa. Así que vamos allá:

En ocasiones, en este teatro una ópera puede ser semiestropeada por un montaje absurdamente ultramoderno… ¿pero que pasa cuando la propia ópera no tiene salvación posible?, por lo visto, nunca se ha vuelto a hacer nada como “Pelleas et Mélisande” debido a su extrema originalidad en su época que se mantiene hoy día… y gracias a Dios, esto no es ópera, Debussy crea un recitativo continuo, inacabable e inaguantable (y si mi crítica parece feroz, no lo fueron mejores las de su tiempo), con razón los cantantes decían en una entrevista que el recitativo era lo difícil de esta ópera… ¡y es que no hay otra cosa! (y en todo caso, no os creáis que es un recitativo tipo Rossini, no, es un recitativo parado y adormecedor -en algunos casos que pude observar, literalmente-).

Por lo tanto, ¿se puede decir que haya música? no mucha en mi opinión, esto aún se compensaría medianamente si hubiera un muy buen libreto que hiciera olvidar el nefasto acompañamiento musical, pero por supuesto, no es el caso, es más, con mi francés medio pude detectar que había rimas de pareado de autentica vergüenza ajena (como si en español rimaramos emoción y sensación), y la historia… ¿pero es que hay historia? sería todo un descubrimiento, sí, y es que “Pelleas et Mélisande” alcanza tal punto de mondernez en la ópera que decide prescindir de todo lo considerado básico en una ópera: de la música, de la historia e incluso de un libreto con frases coherentes (ya que vamos de modernos, seamoslo hasta el final), convirtiéndose en un magnífico ejemplo de como la originalidad puede ser perfectamente confundida con la mediocridad, que es en mi modesta opinión, lo que es esta ópera (por más que alguien dijera en su momento que sólo había habido tres grandes óperas en la historia y que esta era una de ellas). Para que os hagáis una idea, imaginad por un momento estar durante más de dos horas viendo a unas personas canturreando (por llamarlo de algún modo, y el uso de esa palabra es totalmente halagador) en un escenario vacio donde una única chica contempla un círculo creado por un foco que está arriba mientras dice frases como “el anillo se ha perdido, las hadas son constantes, el hermano del hielo no siempre acepta que el frío nunca termina de ser congelador, pero yo, yo no tengo a quien acudir cuando a veces tengo sueños inconstantes en el día que no termina” o parecidas, ¿parece una pesadilla?, ¡no, señores!, ¡es una auténtica pesadilla!, me basta con recordar la cara del chico que estaba a mi lado y que era la primera vez que venía a la ópera… alucinó por colores, por supuesto le recomendé que fuera a ver una decente, que esto había sido un desfase absurdo.

Finalizado el comentario sobre la ópera en particular, hablo de esta producción, naturalmente el colmo del vanguardismo, sin embargo, aceptable, muy estética, muy bella, muy pensada para resultar agradable a los sentidos… pero no se puede vivir de belleza visual (y más cuando es tan parada) durante más de dos horas con los oídos chirriandote, por lo cual, la dirección, no puede hacer otra cosa sino resignarse a hundirse a ella misma y al resto del barco con ella, puesto que la ópera en sí es insalvable, sin remedio ni remisión.

Normalmente al final de estas críticas suelo decir si recomiendo el espectáculo, pero después de todo lo dicho, seguro que podéis sacar vuestras propias conclusiones.

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9 respuestas a Pelléas et Mélisande

  1. plared dijo:

    Es lo que tiene el vanguardismo y la huida de lo clásico. Termina devorándolo todo, no puedo opinar sobre este articulo ya que apenas he visto opera este año, pero si que las moderneces en ciertos géneros, no aportan nada, mas que acelerar su desaparición. Cuídate

  2. Quizás no te falte razón, en algunos casos más perjudican que en otros, pues da la impresión de que el tema está tan gastado que ya no hay de dónde sacar, y lo cierto es que la ópera como tal (aunque se sigan componiendo, próximamente la crítica de la maravillosa “Ainadamar”) no es un género muy pero que muy vivo, las grandes óperas pertenecen al pasado realmente (o quizás no conocemos demasiado las modernas, eso también es muy posible, al menos en España).
    En todo caso si tienes razón que la ruptura por la ruptura no aporta nada, sólo es una extravagancia sin sentido que no consigue ningún beneficio, y francamente, creo que es el caso de “Pelleas et Melissande”.

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