Once parte de Notas de aburrimiento

¡Un nuevo capítulo, en el que además se llega a la nota número 100!, y así comienza:

Nota 96

¡Qué tranquilo estoy en la conserjería, mordisqueando el bolígrafo que cogí en el despacho de la directora!, me sienta bien hacer esto, porque así, en cierto modo, es como si me vengara de ella y del instituto en general. Sí, vale, sé que es una venganza bastante patética estropear y babear la tapa de un bolígrafo, que además me voy a quedar y que nunca van a volver a ver o usar, ¡pero es lo único que tengo, y pienso disfrutarlo!.

Nota 97

De repente se ha oído un grito penetrante en todo el instituto, igualito que los de las películas de terror. Sólo que en este lugar, dudo que haya un psicópata merodeando y matando a gente, en todo caso, sabiendo donde estoy, estarán ellos merodeando y el psicópata escapando… compadezco realmente al pobre perturbado mental que se crea que puede montar su propio filme de horror adolescente en este lugar….

Nota 98

Estoy mirando a través de la ventanilla de mi conserjería, y ahora veo que el grito salió del despacho de la directora; pobre mujer, seguro que habrá tenido un disgusto grandísimo… porque los personajes de su novela rosa no acaban juntos al final o algo así; si es que hay que tener cuidado cuando se trata con “importantes documentos que son la base del futuro de este instituto” como ella decía; a cualquiera puede explotarle en la cara tanta responsabilidad.

Y es una pena, yo sólo vi la portada y la contraportada de la novela esa que estaba leyendo, que creo que se titulaba “El que me desinocentó”, pero tal y como la jovencita, aunque milagrosamente bien desarrollada, duquesita de Camonfort abrazaba y sucumbía en los brazos del poderoso y fornido paje Vartelé, es asombroso que no estuvieran hechos el uno para el otro… misterios de la vida… ¡y todo ello a pesar de los encuentros furtivos en el pabellón de caza, y del cuidado puesto por los arribistas barones de Teterens!… no, si ya verás como al paso que voy, acabaré pidiendole a la directora que me preste la novela. Bien pensado, no hará falta, esperaré a que la devuelva a la biblioteca del instituto, que seguro que también compró ese libro con dinero público.

Nota 99

Empiezo a pensar que la cosa va en serio, bueno, todo lo en serio que puede ser algo en este instituto, claro. Lo digo porque varias personas se han precipitado en el despacho (incluyendo a Mari, por supuesto, no por interesarse por la salud de la directora, sino porque luego se lo tendrá que contar, en general, a todo el instituto, y en particular a la orientadora) y cada vez se oyen más gritos y más escándalo.

Nota 100

¡En esta nota no pongo nada, sólo quería celebrar que he llegado a la nota número 100!, supongo que definitivamente estas notas dan resultado como terapia, a pesar de todo lo que me pasa, me siento más desahogado.

Además, creo que es bueno dejar testimonio escrito de todo esto, ¡ya sé!, algún día publicaré todas estas notas y las titularé… no sé… ¿”Notas de aburrimiento”?… ufff, que título más malo; en cualquier caso, lo que está claro es que tendré que publicarlo como una ficción, porque si pretendo que alguien se lo crea… no hay duda, me encerrarán en un manicomio.

Nota 101

Cada vez se concentra más gente en el pasillo de dirección, hay más bullicio, y por encima está a punto de comenzar el recreo, aquí se arma un espectáculo sí o sí.

Una parte de mí tiene curiosidad, la otra prefiere quedarse en donde estoy, lugar que es mínimamente seguro… a veces.

Pero, ¿qué se supone que estará pasando allí?… decididamente, mejor no me acerco, seguro que sin quererlo en absoluto, me acabo enterando igual.

Nota 102

La directora está saliendo del despacho; ayudada por la subdirectora, la secretaria de administración y Mari… aunque no me extraña que la sostengan, está pálida y apenas puede andar… se está deshaciendo en lágrimas, y cada poco, lanza profundos gritos de dolor… decididamente, la historia de la duquesita de Camonfort no tuvo un final feliz.

Aunque si realmente está así por el final de la novela, menudo espectáculo se está montando por el tema, todos los profesores que estaban en la sala de docentes han bajado al vestíbulo para ver que pasa, y todo el mundo pone cara de alarma en cuanto le dicen lo que sucede.

Voy a afinar el oído para escuchar mejor lo que están diciendo.

Nota 103

-¡Señora, por favor, señora, tranquilícese! -suplica la subdirectora, mientras se pone de rodillas, rogándole que se reprima… y no me extraña, la directora está protagonizando su propio drama operístico en medio del vestíbulo.

-¡Todo está perdido, Diana!, ¡ha llegado el fin, el fiiiin! -dice en medio de berreos sollozantes, acompañados de gestos de tragedia griega- ¡es mi final, y por tanto, el final del instituto… y de la civilización tal cual la conocemos!; ahora, este lugar que había sido una isla, un paraíso para el desarrollo del sistema educativo, sucumbe -todos gritaron a la vez, en una mezcla de horror y asombro, como si estuvieran coordinados para ello-, ¡sí!, ¡sucumbe finalmente sin remedio!, ¡nuestra gloria, mi grandeza perdida para siempre!.

¡Ah claro!, ya lo entiendo, están ensayando una obra de teatro, por eso están tan bien sincronizados, ¡van al pie de los dialogos de la directora!… y seguro que todo lo que he visto hasta este momento era una broma, una extraña improvisación de una obra absurdamente vanguardista, basada en volver loco al conserje… si es que alguna explicación tenían que tener tantas extravagancias….

-¡Pero recordadme! -continuó la directora-; ahora que muero, aquí, en medio del vestíbulo, que yo repinté de color verde-magenta fosforescente, siguiendo las indicaciones de un estudio de Finalandia, que decía que ese color potencia la atención y el estudio… ¡ahora os abandono, cayendo aquí!, en medio del vestíbulo verde-magenta fosforescente….

Lamentablemente, está claro que todo lo que he vivido hasta ahora no era una broma ni una absurda improvisación vanguardista, esta gente es así, por sorprendente que pueda parecer, han coincidido todos los excéntricos del mundo de la educación aquí, en este instituto.

-¡No olvidéis ponerle mi nombre a este vestíbulo, y erigirme una estatua!… pero que no la diseñe Andriuu; y no le digáis que yo he dicho esto… si es que aún queda algo en pie cuando yo caiga -y dicho esto, muy teatralmente, se tiró al suelo.

-Directora -dijo Inma, la secretaria de administración- aún puede arreglarse, no se puede perder la esperanza…

-¡Qué arreglo va a tener! -dijo Mari, toda pizpireta- ¡es el fin, decididamente es el fin! -dijo levantando los brazos con despreocupación. Esta mujer siempre metiendo cizaña, porque será que no me sorprende-, ¡el fin de todo!, ¡no hay ningún tipo de duda!, ¡asistimos al final de lo que se supone que hemos vivido hasta este momento!, ¡sin posible solución!, ¡sin remisión!, ¡ya nada se puede hacer!, ¡por más que nos esforcemos o luchemos, todo estará perdido! -dijo con una mezcla de alegría, falsa tristeza y alarmismo, combinación emocional, que yo creo que sólo ella en todo el mundo sería capaz de hacer-, ¿cómo íbamos a esperar algo tan terrible, tan horrible?, ¡nadie, ni siquiera la directora, y ya es decir, podrá sobrevivir a esto!.

En ese momento, Almudena la miró de forma fulminante, lo que duró poco, pues tenía que continuar con su discurso de apocalipsis melodramático desmesurado.

-Y ahora, mientras fallezco, aquí, como Julio Cesario falleció en los mármoles del senado, y habiendo alcanzado tanta o más gloria… voy a hacer testamento: en primer lugar, debéis saber a quien dejo mis novelas rosas -en ese momento la gente puso cara de hastío-… aunque pensándolo bien, no puedo irme sin dejar a alguien que… decididamente, primero haré testamento político… -repentinamente todos los presentes se juntaron, apiñaron y empujaron para estar más cerca de la directora, de hecho, algunos que estaban observando el asunto desde lejos, de repente, dieron un salto, se abrieron paso a codazos, le cogieron la mano a la supuesta moribunda, y le pusieron cara de compasión, mientras daban se peleaban con el de al lado para conservar el sitio; era un espectáculo ver como se pegaban por cogerle las manos- debéis saber que….

Pero nunca supimos quién o quiénes iban a ser sus depositarios políticos, pues sonó la sirena y, sucedió una de las pocas cosas en las que este instituto se parece al resto de todo el mundo: los alumnos salieron de clase en tropel… aunque, como no, el IES “Tomás de Torquemada”, también es original en este sentido, pues los primeros en salir corriendo de la clase son los propios profesores, los cuales según suena la campana, se van inmediatamente de la clase, da igual que estuviesen en medio de una explicación o que un alumno quiera hacerles una pregunta… salen, literalmente, corriendo por la puerta, para no tener que dar ni un segundo más de clase. No sé que es más increíble, si eso, o que la educación de mi hijo esté confiada a esas personas.

-Señora, por favor, levántese -imploró nueva e inmediatamente la subdirectora-, ¡el recreo está a punto de empezar, los alumnos bajaran, el resto del profesorado también y la verán en este estado!, ¡señora, por favor, recompóngase!….

-¿¡Y qué importa ahora!? -clamó dramáticamente la directora.

-¡Cierto!, ¡ahora que todo está perdido! -coreó Mari trágica pero contenta-, ¡sin remedio!, ¡no hay nada que hacer, pero nada de nada!.

-¡Qué lo sepan todos!, ¡qué todo el mundo sepa que el instituto ha caído! -exclamó Almudena con un gesto ampuloso y teatral.

Dicho esto, la directora se levantó, y subió corriendo por las escaleras, entre las peligrosas multitudes que bajaban impacientes por empezar el recreo.

En el primer piso, se encuentran a un lado algunas de las aulas y al otro la sala de profesores, pero para cruzar de un sitio al otro, hay una especie de pasillo colgante que da al vestíbulo, y que es visible en todo este, en otro instituto hubiera sido una peculiar solución arquitectónica… pero no en este, donde, por lo visto, también es usado a modo de balcón, para que la directora pueda saludar con la mano desde allí, en su cumpleaños, aniversario del instituto y cosas por el estilo. También da discursos desde ese lugar, y cosas por el estilo. Por supuesto, como no podía ser menos, además tiene colgado un gran tapiz con un blasón; pero a estas alturas, ¿a alguien le sorprende?.

-¡Alumnos del instituto!, ¡escuchadme! -dijo mientras gesticulaba de forma grandilocuente-, ¡también el personal docente y el no docente! -el discurso estaba empezando a perder fuelle-, es decir… todos, ¡escuchadme todos!… -por lo que veo, la gente debe estar muy acostumbrada a momentos como este, porque algunos sí hacen caso y otros pasan- ¡vuestro instituto ha muerto, la educación está en tinieblas!… todos, ¡llorad!, ¡la incivilización os ronda!, ¡llorad!, ¡llorad la caída del instituto Tomás de Todaquemada!… -y repentinamente abandonó el tono dramático, para decir con toda tranquilidad- que por cierto, ya se me había olvidado, próximamente cambiará ese nombre por: “IES señora y gran directora Almudena de Castro”, por razones obvias -repentinamente, retomó el tono dramático, pero ya con algo de enfado para decir- ¡qué lloréis, leñe!.

Dejando de lado que la directora, siguiendo su propia tradición, copió descaradamente el discurso de algún sitio, en este caso del de Sofía Lorén en “La recaída del imperio romano”; supongo que ha sido bastante conmovedor… aunque yo sigo prefiriendo la actuación de la Lorén, no me preguntes porqué.

En cualquier caso, cuando terminó de hablar, se puso a llorar a grito pelado, mientras era llevada, por los altos cargos de dirección, al despacho nuevamente.

Los alumnos mientras tanto, se seguían preguntando que pasaba en realidad. Como había mucha gente, y así nadie notaría mi presencia (no fuera a ser que se les ocurriera llamar al “Alto mediador oficial de todo el instituto y sus diversas dependencias, juez y ayuda para todas las acciones diplomáticas de los mismos” porque creyeran necesitarme para algo), decidí acercarme, pues seguía preguntándome que sucedía exactamente.

Nota 104

He visto como una alumna ha intentado preguntárselo a la subdirectora, en el momento en el que salió un momento del despacho de Almudena… desde el qué, por supuesto, siguen oyéndose todo tipo de alaridos, procedentes de la misma persona que, sólo unas horas antes, me decía, textualmente, que “las personas que estamos en los más altos puestos, somos el ejemplo para los más bajos, incluyendo a los alumnos; debemos mostrar siempre entereza y un perfecto comportamiento”; sinceramente, me dan ganas de recordarle su comportamiento de hoy algún otro día… ¡bah!, dejemos las ironías para estas notas, que me irá mejor:

-Pero subdirectora Diana, ¿qué se supone que pasa con el instituto? -preguntó la alumna con cierta preocupación.

-No te lo puedo decir Sara, se produciría un pánico masivo, y queremos evitar que haya una situación de alarma social a toda costa -dijo seriamente, como si estuviese intentando evitar la crisis de los misiles en plena guerra templada.

A buenas horas no quieren causar alarma, supongo que lo de que la directora se pusiera  a gritar entre lágrimas que era el fin del instituto, era un mensaje de lo más tranquilizador, aquí como todo es cómo es, puede que sí.

-¿Pero qué sucede? -dijo la alumna, visiblemente intranquila; pero la subdirectora, ya sin hacer caso, se fue corriendo por otro pasillo, para ir a buscar a saber qué. Me sorprende que los alumnos sigan siendo normales en semejante ambiente… supongo que tiene de bueno el que les obliga a madurar antes, debido a tanta adversidad, quizás, después de todo, Ildefonso saque algo bueno de semejante experiencia educativa.

Nota 105

-¡Visi!, ¡Visi! -Mari ha salido gritando del despacho de la directora, de modo que la oye todo el mundo, pues la orientadora está al otro lado del vestíbulo-, ¡acapara todas las chocolatinas, refrescos, y cualquier cosa comestible no perecedera de las maquinas y de la cafetería!, que se va a imponer un toque de queda, racionamiento, ¡y a saber cuánto tendremos que resistir!, ¿dónde nos atrincheramos, en reprografía o en el departamento de orientación?.

-Pero no será para tanto, mujer… -dice Visi.

Las oficinas de administración dan al vestíbulo, y tienen grandes ventanales, que casualmente, estaban abiertos en ese momento, de modo que todo el mundo pudo oír también esta orden de Inma, la secretaria:

-¡Vamos señores!, -dice a gritos y con tono de desesperación- ¡hay que quemarlo todo, todos los documentos deben desaparecer!, ¡especialmente las cuentas y el libro titulado “El libro que no hay que enseñar al inspector”!, ¡que no quede nada!, ¡destruidlo todo!.

Entonces, repentinamente, todo el mundo se pone a gritar y a correr de un lado para otro y sin sentido, en plan fin del mundo total. Pero aún, en medio de los empujones, oigo dialogos confusos, que salen de administración, como:

-Pero Inma, ¿cómo vamos a hacer fuego aquí? -dice otro de los funcionarios que trabaja allí.

-¡Traed dos piedras del patio, coged los libros de texto que hablan de la prehistoria y que explican como hacían fuego en esa época! -dice Inma con impaciencia, como si le estuviesen preguntando lo más tonto del mundo-, ¡quemadlo todo!, ¡pero que no se enteren ni los alumnos ni el personal docente y no docente!, es decir, ¡qué no lo sepa nadie!.

-Bueno, yo, -dijo timidamente y con inseguridad un joven funcionario, que probablemente acababa de obtener la plaza… pobre, si sobrevivimos a este apocalipsis de instituto, tendré que conocerle mejor- yo creo que si hacemos aquí una hoguera va a llamar bastante la atención….

-¡Por mí como si lo metéis todo en una tostadora!, ¡pero quemadlo todo! -gritó Inma totalmente sulfurada.

Oí también a los alumnos en el vestíbulo, que aterrorizados gritaban:

-¡Van a quemar el “Libro que no hay que enseñar al inspector”!, ¡estamos perdidos!, ¡realmente es el fin!.

Mientras, por su parte, Mari y Visi se me han acercado sigilosamente, y yo empecé a oírlas murmurar:

-Chica -dice Visi-, vale que tengamos que encerrarnos y todo eso para sobrevivir, pero secuestrar al Abelardo ese, por si necesitamos a alguien para procrear… es estar muy desesperadas… ¿no podemos al menos secuestrar a alguien más atractivo?.

-Visi, es lo que tenemos a mano, más no podemos pedir. Además, al menos sabemos que es fértil, porque tuvo un hijo con la mujer barbuda, y la verdad sea dicha, tu estás al borde de la menopausia….

-Y tu también, ¡vaya cosa! -exclamó la orientadora indignada-, pero entonces, ¿para qué lo necesitamos?, sólo nos consumirá comida, porque encima, ¡seguro que querrá comer!.

-Pues también tienes razón -dijo razonablemente Mari-… no lo necesitamos para nada, ¡venga, al refugio!.

De buena me he librado, creo.

En fin, es el apocalipsis del instituto, supongo que debería intentar salvar a Ildefonso, aunque conociéndolo, seguro que no lo necesita… no sé que hacer… supuestamente tendría que cerrar las puertas durante el recreo, y luego volver a reabrirlas para las siguientes clases… pero no estoy seguro de si tengo que mantener esas obligaciones durante el fin del instituto… o si seguirán necesitando que les haga fotocopias….

Nota 106

Lo que no pasa en este instituto, no pasa en ningún lado; de verdad, es como si estuvieran representando una comedia delante de mí todo el rato (tengo que dejar de escribir notas y grabar en vídeo estas cosas, quien sabe, si no tengo talento como escritor, a lo mejor lo tengo como cineasta): suena la sirena que anuncia que termina el recreo… y sin más, dejan de gritar que “¡es el fin!”, de correr desordenadamente (profesores incluidos)… y se van todos ordenadamente a las clases, como si nada hubiera pasado. Alucinante. Y todo con una naturalidad pasmosa, como si fuese lo más normal del mundo.

Deben de disfrutar con todo esto, porque si no, no se explica… será una más de las distracciones y entretenimientos que ofrece este instituto, probablemente estará incluído como actividad extraescolar, y hasta seguro que cobran una subvención por ello; ya me imagino como lo reflejarán ante la administración para conseguir el dinero: “actividad de simulacro de pánico apocalíptico: tres veces al año excepto en 2º de bach por falta de tiempo material. Criterios de evaluación: quien más grite, alborote, y cause más terror popular se lleva más nota”.

En poco tiempo, el vestíbulo se ha despejado entre los comentarios más diversos, oí a unos profesores decir:

-Pero, ¿tú sabes por qué es el fin?, quiero decir, ¿qué se supone que está pasando?.

-Ni idea, pero si la gente corre de un lado a otro, y lo está gritando, por algo será.

-Tienes toda la razón, ¡nunca oí un argumento más lógico!, ¿a quién le importa saber lo que pasa realmente si hay gente corriendo y gritando?, ¡lo divertido no es mirar sino unirse!.

-Claro está -aseveró el otro.

-Y si es el fin -comentó otro, más inocentemente-, ¿por qué damos clase?, ¿qué lógica tiene? -ese debe de ser un sustituto, porque ese razonamiento me parece muy normal y racional para ser de alguien de aquí.

-¡Que tontería!, ¡pues porque ha sonado la sirena!, ¿es que no la has oído?, ¡cuando suena la sirena, se acaba el recreo y empiezan las clases de nuevo! -dijo como si estuviese diciendo lo más evidente y obvio del mundo.

-Sí, es verdad, tienes toda la razón -dijo el otro avergonzado.

Por su parte, los alumnos también tenían sus propias preocupaciones, en medio del “fin de la civilización”:

-Sí, tía -decía una estudiante muy despendolada, mientras mascaba chicle, a otra compañera que también vestía muy llamativamente- está claro que es el fin, y yo sin enrollarme con el Rafita… si ya sabía yo que tenía que romper con el Gomi la semana pasada….

-Total tía, pero mejor que sea el fin, así no tenemos el examen sorpresa de pasado mañana…

-¿Hay un examen sorpresa pasado mañana? -dijo la otra sorprendida.

-¡Pues claro!, es un secreto, ¡me lo contó la orientadora!.

-¡Qué fuerte tía!, y yo sin estudiar….

-¿Pero cómo vas a estudiar para un examen sorpresa?, tienes que disimular, y no estudiar nada para sorprenderte a ti misma y al profesor cuando sea el examen… ¿si no, qué sentido tiene?.

-Eres mazo de lista tía, no entiendo como nunca sacas más de un 3’5.

-Es que todos los profes me tienen manía….

Seguro que estas son compañeras de Ildefonso… y alguna acabará siendo su novia; de hecho, con la suerte que tengo, probablemente ya se habrá prometido con una de ellas.

Nota 107

La curiosidad me ha vencido, ¡ya me he cansado de que sea el fin sin saber porqué!, y nadie parece darle importancia, todos han subido a las aulas, los pasillos y el vestíbulo están despejados y todo sigue con normalidad (bueno, con toda la normalidad que puede haber en este sitio).

Aunque probablemente me arrepienta, voy a ir al despacho de la directora a ver si averiguo algo….

Nota 108

En el despacho, la directora sigue deshecha en lágrimas, mientras la subdirectora, inclinada, y con la misma cara de congoja, no deja de pasarle pañuelos; acompañada de la secretaria de administración, que se dedica a recoger las cosas que, probablemente, la directora tiró por todo el lugar en sus ataques de furia/congoja. También hay algunos profesores. Mari, sorprendentemente, no está aquí, supongo que ya estará en el bunker con Visi.

Al verme entrar, la directora ha dicho:

-¡Abelardo!, ¡Abelardo!, ¡ha venido!, es en los peores momentos cuando se descubre a los verdaderos amigos… ¡iros!, ¡iros todos!, ¡no voy a decir nada sobre mi testamento político!, ¡buitres!.

Todos han puesto cara de decepción y han salido, excepto la subdirectora, que, previa genuflexión a la directora, se va la última.

-¡Oh, Abelardo!, ¡usted que me conoció en toda mi gloria ahora me ve en toda mi decadencia!, ¡en mi final! -no creo que pueda aguantar otra vez el melodrama, va a ser mejor que busque una excusa para irme, ya me acabaré enterando de porque es el fin en otra ocasión….

-Sí, en su gloria… -dije mientras ella comenzó a abrazarme con fuerza, tanta que parecía que me metía mano, y me empujaba al asiento de modo que no me permitía moverme.

-Abelardo, ahora que es el fin, ya no tenemos porque ocultar nuestro deseo, la tensión sexual que nos ahoga, ¡dejémonos llevar por una pasión desbocada! -y dicho esto se arrancó el collar de perlas que llevaba puesto, mientras estas saltaron por toda la habitación, y yo, tragué saliva-… ¡sé que me ama!, ¡y yo, sé que le amo desde el primer momento en que le vi!, entreguémonos a nosotros mismos en estos últimos momentos… -dijo mientras, ya sin la menor timidez, me tocaba lujuriosamente.

-¡Es que yo estoy casado! -dije recordándolo de repente, tiene gracia, por primera vez en mi vida, Julia me ha sido útil para algo-… pero aún así, no siga hablando señora directora -dije imitando su dramatismo, la locura de esta gente se me está contagiando-, que es usted tan seductora, que si sigue hablándome así, voy a sucumbir -dije mientras me escapaba, como bien podía, para evitar que me besase-; ¿pero qué sucede exactamente? -dije cambiando rápidamente el tema-, ¿es el fin debido a que la duquesita de Camonfort no acaba casándose con el paje Antón Vartelé?, vamos señora directora, ya habrá otras novelas con finales felices….

-¡Oh!, no me recuerde ese horrible final, llevo cuatro meses leyendo incesantemente esa novela -que yo observé que sólo tenía cincuenta páginas y una letra enorme-, y al final, para nada, ¡qué tragedia! -y dicho esto, se puso a llorar aún más fuerte.

-Mire señora, ¿qué tal si vamos a la biblioteca y vemos si ha llegado otra nueva?, vamos, hay que superarlo….

-Y de que servirá si es el fin… -dijo tirándose sobre la alfombra del despacho.

-El mal final de una novela no tiene porque ser el final de su… -tuve que contenerme para no reírme- “glorioso directorado”… venga, vamos a buscar otra novela rosa de las que le gustan a usted, esta con mucho erotismo para que sea más excitante…

-¡Un momento! -dijo de repente, recuperando la compostura y levantándose con muchísima dignidad- ¿cree usted que todo esto es debido al final de “El que me desinocentó”?, ¿cree usted que he estado llorando toda la mañana, que he gritado de desesperación, que he anunciado el fin y mi propia caída, incluso desde mi balcón institucional, en definitiva, que he provocado una ligera alarma en el todo el instituto, sólo, por el mal final de una novela?.

En circunstancias normales, y si hubiera estado en otro lugar, sabría que responder, pues aquella situación sería imposible. En ese instituto no estaba en absoluto seguro de que hacer o decir, así que, decidí soltar lo primero que me viniese a la cabeza, seguro que hay respuestas peores:

-Es que hay novelas con finales tan terribles que da la impresión de que trascienden a nuestra realidad cotidiana… -comenté, intentando descubrir la lógica mental de la directora.

-Señor Bueno, por favor -dijo con mucha grandeza de espíritu, y recobrando su estilo altanero de siempre… lo que contrastaba con su ropa desordenada y rasgada, su despeinado total, o su maquillaje corrido por toda la cara-; ¿acaso cree que estoy loca de atar? -preferí no responder a esa pregunta, además, supongo que era retórica-, ¿cómo me iba a poner así por el final de mi novela, aunque fuese malísimo, de hecho, sólo la devolveré a la biblioteca cuando arranque estas páginas finales, y ordenaré que alguien del departamento de lengua las reescriba, ¡no podemos permitir que las generaciones futuras se lleven el disgusto de descubrir que la duquesita de Camonfort y el paje Vartelé no acaban juntos!….

-Bueno, pero, si es el fin -dije yo- no creo que las generaciones futuras puedan apreciar el nuevo final….

-¡Ah sí!, ¡lo olvidaba!, es que hablar de las grandes obras literarias de nuestro tiempo es mi último consuelo en estos momentos, porque no hay duda, es el fin, ¡el fin definitivo!.

“Pero, ¡¿por qué, por qué, por qué?!”, quería gritar. Pero no lo hice, pues decidí intentar sonsacarla astutamente:

-No sé que podría haber peor que qué la duquesita de Camonfort y el fornido paje de Vartelé no acaben juntos… -comenté.

-Pues sí -dijo anegada de nuevo en lágrimas- aunque le sorprenda, hay cosas mucho peores… usted lleva poco tiempo en este instituto, y por tanto no lo sabe, no conoce bien el lugar, pero si se hubiese fijado en mi escritorio -en este momento totalmente desordenado- descubriría que falta algo… falta… ¡mi bolígrafo Tic!.

“¡Horror!”, pensé, “ese es el que le he cogido y he estado mordisqueando varias horas, ¿dónde lo tengo?, en el bolsillo del pantalón… ¡tengo que disimular!, como lo descubra, seguro que tengo problemas, ¡debo actuar como una persona que no ha cogido un bolígrafo que no es suyo!, ¿pero como actúa una persona así?, da igual, me portaré con naturalidad, ¿y eso como se hace?, no importa, haga lo que haga… seguro que es más natural que lo que haría cualquier persona de este instituto, eso está claro.

Continuará…

Todos los capítulos publicados aquí

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5 respuestas a Once parte de Notas de aburrimiento

  1. Pingback: Guía de capítulos de Grandes relatos | Universo de A

  2. plared dijo:

    Están bien, pero leerlas todas de golpe cansa. Quizás seria mejor que las publicaras de dos en dos o tres a lo sumo. Una simple recomendación que puedes tomar o ignorar. Cuídate, cuando de verdad me gusta este sitio es cuando hablas del musical, genero que sin duda dominas

  3. Gracias por la recomendación, pero cada parte de ellas suele contener un arco narrativo, con lo que cuenta una misma historia, así que no puedo atender tu sugerencia (y tampoco podría aunque quisiera, están escritos todos los capítulos hasta enero, en este caso, por primera vez, varias partes se dedican al mismo suceso); en todo caso, como lector que eres, tú mismo puedes optar por graduar cuantas notas lees; siempre he pensado que una de las grandes ventajas que tendría “Notas de aburrimiento” para el lector potencial, es precisamente lo divididas que están, y el hecho de poder dejarlas y retomarlas con cierta facilidad; así pues, no lo olvides, tómate el tiempo que necesites cuando las lees.
    No obstante, y aunque sabes que agradezco y mucho el interés que te tomas en esta novela por entregas, si no te convence (pues al fin y al cabo, sé que cuando conociste Universo de A, se dedicaba mucho más al cine de lo que quizás ahora lo hace), no te veas en absoluto obligado a leerla o comentarla, no olvides que hay muchos artículos publicados en Universo de A, con muchas secciones que puedes explorar, al fin y al cabo, como en la mayoría de las cosas… ¡lo último publicado no necesariamente es lo mejor!.
    Pero como veo que te gusta leer lo que escribo sobre el musical, te haré recomendaciones sobre algo de lo ya publicado que creo que es abundante (¡hala!, ¡ya tienes para leer, te va a dar de sí!; te indico así algunos de los especiales que hice en algún momento o cuando traté el tema de forma genérica, las críticas concretas habría que buscarlas):
    Historia del cine musical: la leíste pero creo que la amplie poco después de que lo hicieras: https://universodea.wordpress.com/2007/01/12/historia-del-cine-musical-2/
    Que es el cine musical: mi definición personal acerca del género https://universodea.wordpress.com/2010/12/19/que-es-un-musical/
    Entender y apreciar el musical: un largísimo artículo, que además analiza los números musicales al completo de algunas películas muy conocidas: https://universodea.wordpress.com/2009/08/16/gc-entender-y-apreciar-el-cine-musical-introduccion-1-de-10/
    ¡Qué los disfrutes!.

  4. Anónimo dijo:

    tiene sus rasgos graciosos ,pero lo de la directora se hace un poco largo.

  5. Es una pena, lo de la directora es el arco argumental más largo hasta ahora de las notas y lo trabajé mucho (quizás demasiado, y por eso quedó demasiado profundo y barroquizado); pero me alegro de que el general te siga gustando y te resulte gracioso.

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