Décima parte de Notas de aburrimiento

¡Y llegamos al capítulo o parte 10!, y que mejor forma de celebrar esta publicación (que por cierto, es el artículo nº 601 de todo Universo de A, ¡cómo pasa el tiempo y cuánto he escrito en este blog!), que presentándola sin más preámbulos, ¡cuéntanos Abelardo!:

Nota 82

¡Al fin, al fin, al fin han llegado las tarjetas de la Inseguridad asocial!, ¡tengo un superplan!: pediré cita con el médico, fingiré estar enfermo, ¡y ya no tendré que ir al instituto!… y además, aprovecharé para constatar todos los trámites burocráticos que hay que hacer para sacarnos de allí. Pero mientras tanto… ¿qué hago, cómo evito ir a ese lugar?

Nota 83

Le he dicho a Ildefonso que tengo que validar nuestras tarjetas de la Inseguridad asocial, así que no podré ir al instituto… tengo que mantener una imagen hacia él, no puedo permitir que me vea como un irresponsable, soy todo un ejemplo para mi hijo, su modelo de conducta por excelencia, sin duda la persona a la que más admira… así que le transmití, de forma seria y con tono de sabiduría, mi intención. Desgraciadamente todo se vino abajo cuando me contestó:

-Como quieras papá, pero llevas un montón de tiempo sin ir al instituto y estás gastando todos los días de vacaciones y asuntos propios para intentar evitar lo inevitable, ¿qué pasa con eso de que cada uno debe cumplir con su deber y asumir sus propias responsabilidades?, ¡menudo ejemplo me estás dando!… menos mal que mis modelos de comportamiento son los concursantes de los reality shows, los colaboradores de los programas de la prensa rosa, y demás personajes del corazón que viven del cuento… ¡ah!, -dijo con una mirada de admiración idolatrada que me produjo verdadero miedo- ¡algún día yo también seré como ellos, y viviré a base de exclusivas, sin pegar golpe!; porque está visto que estudiar, hoy día, no tiene futuro… hasta las chicas de la clase, cuando les preguntas en que les gustaría trabajar, contestan que posando desnudas para la revista “Entrevista”….

-Ildefonso -dije con tono serio, implacable y voviendo al tema que me interesaba… ya resolvería el problema educativo/televisivo de mi hijo en otro momento, ahora debía salvaguardar mi prestigio como padre-, ya sabes que los trámites burocráticos tienen horarios muy precisos, y no me queda más remedio que ir a esas horas… que casualmente coincidan con todo el tiempo en el que tendría que estar en el instituto, ¡es pura coincidencia!.

-¿Pero qué dices?, ¡que yo también he leído esa carta!, donde vienen todos los horarios, y dice que, además, puedes hacerlo por interné, y ni tienes que ir allí ni nada, ¡encima mentiroso!, ¡papá, que hasta los concursantes de “Gran Cuñado” son más coherentes que tú!….

-¡Eso es una tontería!, todo el mundo sabe que interné es una herramienta demasiado reciente, que sólo funciona a veces, y es muy inseguro hacer los trámites de la administración por ese medio, por eso es mejor hacerlos en papel y en persona.

-Papá, la administración fomenta que se utilice interné para evitar el papeleo, y sólo deja la atención presencial para los fósiles como tú. Además, interné no es tan reciente, sin ir más lejos, los primeros intentos son de principios de los 70….

-¡Que te calles, niñato sabiondo! -dije intentando contener mi ira- ¡lo que me faltaba, una lección sobre interné!, ¡seguro que esas tonterías te las han enseñado en el instituto!….

-Pues la verdad es que sí, en… -comenzó a decir.

¡Lo sabía!, en el instituto tenía que ser, ¡qué astutos son!, seguro que lo tenían todo planeado… ¡qué horror!, ¡qué acoso!, ¡esto parece sacado de una de esas películas que pone los sábados por la tarde el Canal 3!, ¡pero aún más terrorífico!, ya imagino los títulos para un filme de ese tipo sobre este año de mi vida: “Instituto letal”, “Acosado por su instituto”, “Peligro en la conserjería”, “Trabajo fatal”.

-¡Largo de aquí! -le interrumpí a gritos, ya totalmente fuera de mí, mientras expulsaba a mi propio hijo de casa- ¡cuándo tú seas mayor, podrás lidiar con la burocracia a tus digitales maneras, pero mientras vivas bajo mi techo lo harás todo en papel impreso, con tinta de bolígrafo!, ¡y punto en boca! -dije mientras le cerraba la puerta en las narices. Ya tengo un nuevo éxito educativo para apuntarme. Vale, en serio, me pregunto si no habré sido demasiado duro con él… ¡qué importa, ya me lo perdonará cuando hayamos huído del instituto!.

Nota 84

¡Ah!, ¡delicioso cuerpo de funcionarios estatales!, acabo de llegar al centro médico para validar nuestras tarjetas de la inseguridad asocial… y ya hay que coger número, hay una gran cola, un montón de gente sentada con cara de profundo aburrimiento… voy a pasar aquí toda la mañana, ¡geniaaal!.

Nota 85

Parece que hay cambio de funcionarios… unos se van y otros se quedan, ¡pues hala!, a dejar que pase el tiempo mientras hay el cambio, los recién llegados se acomodan, comienzan a ponerse al tema y a enterarse de algo… ¡y con algo de suerte, los nuevos serán aún más lentos e incompetentes que los anteriores!: la de la mesa 3, apenas podía leer con sus propias gafas graduadas, y siempre se lo tenía que preguntar todo a los compañeros de al lado, ¡qué maravilla!.

Quizás es sólo una vaga esperanza, pero puede que tenga que pasar aquí días enteros, y siga teniendo una excusa para no ir al instituto, ¡ah!, ¡sin duda merece la pena pagar impuestos por esto!, ¡gloria y prez a nuestros trabajadores estatales!.

Nota 86

Pero… ¡un momento!, ¿qué se supone que está pasando?, de repente la gente se está levantando, las colas desaparecen ¡y los números avanzan a toda prisa!, ¡esto no puede ser!.

Nota 87

¡Ah claro!, ya sé lo que pasa, sin duda ha habido un problema informático o con las impresoras, y ahora le están diciendo a todo el mundo que esperen unas cuantas horas o que no se puede hacer nada hasta mañana… umm, pero para cuando me lo digan a mí, ¡ya será tan tarde que no merecerá la pena ir al instituto!… ¡uy, que pena más grande!, ¿qué se le va a hacer?, con estos trámites burocráticos uno siempre pierde medio día, todo el mundo lo sabe.

Nota 88

Han pasado menos de siete minutos, y ya estoy delante del mostrador, ante una mujer con cara de avispada y con gafas evidentemente bien graduadas:

-Buenos días señor -dijo felizmente, como si aquel empleo fuera el sueño hecho realidad, en el que llevaba toda la vida deseando trabajar, ya desde su más tierna infancia- ¿viene usted a validar la tarjeta?, ¿me enseña su identificación personal?, ¡perfecto!, pues pasamos la tarjeta por la banda magnetizadora… ¡y ya está!, ¡qué tenga un buen día!.

-¿¡Cómo que ya está, será una broma!? -le respondí yo.

-No señor, ¡ya tiene usted su tarjeta nueva en perfecto funcionamiento!, ¡mire usted que rápido!.

-¡Y me lo dice así!, pero vamos a ver, ¿eso como es posible? si los anteriores funcionarios tardaban más de quince minutos en atender a cada persona….

-Es que nuestro grupo se organiza mejor, y divide los trámites según su duración, de modo que los sencillos como el suyo van en esta cola, por tanto se hacen mucho más rápido, y cuando termino con ellos puedo ponerme con otros más largos, ¡como ve, es una organización muy eficiente!. Aunque bueno, en confianza, mis compañeros del anterior turno son de la vieja guardia, y claro, los pobres tienen problemas con el nuevo sistema informático… además, muchos de ellos están a punto de prejubilarse, así que ya no se molestan en nada….

-¡Qué!, ¡tenían que tocarme a mi los funcionarios eficientes y eficaces!, ¿que hay, uno entre cien?, ¿pero qué es esto, un congreso, una asamblea, una reunión de todos aquí trabajando a brazo partido? -dije con indignación.

-Muchas gracias señor, es usted muy amable, ¡adios y buenos días! -dijo alegremente, como si estuviera viviendo su momento de plenitud en su realización personal y profesional.

-Oiga, ¡aquí hay un fallo! -dije astutamente- sólo le he presentado un documento y… -continué de forma desesperada intentando enredarme allí con cualquier tecnicismo legal- ¿cómo sabe usted que realmente necesito la tarjeta que me ha dado, y no he escondido la vieja para tener una nueva?, ¿eh?, ¿eh? -insistí de forma inquisitiva.

-Porque sería usted bastante tonto señor, primero por hacerlo, y luego por confesarlo, en cualquier caso, no tiene mayor importancia, ya tiene su tarjeta nueva.

-Bueno pero… ¡Hay gente muy rara en el mundo… -contesté, intentando encontrar cualquier excusa para quedarme retenido allí durante más tiempo.

-Qué me va usted a contar… -dijo con una media sonrisa, mientras miraba de soslayo a una compañera que se la devolvía.

-… Y si yo hubiera hecho eso, ¡colapsaría el sistema!, ¡todo por no presentar la documentación adecuada!, ¡vamos rápido!, ¡dígame que no es suficiente!, ¡oblígueme a ir a mi casa a por el resto, a traer un montón de papeleo fotocopiado, compulsado y acompañado de declaraciones juradas, a volver a hacer esta y varias otras colas… a gastar toda la mañana aquí inútilmente!, ¡por favor, se lo ruego!.

-¡Señor!, ¡el trámite está terminado!; ¡el siguiente por favor! -a partir de aquí siguió atendiendo a los demás con encantadora amabilidad y con una sonrisa de oreja a oreja, y encima en cuestión de segundos, mientras yo seguía intentando hablar con ella.

-¿¡Pero esto se podrá reclamar!?, ¿no hay una solicitud?, ¿otra cola para quejas?… ¡algo! -exclamé desesperado.

-Pero señor, ¿cómo va a reclamar algo que está bien hecho?, por favor… anda, váyase y aproveche la mañana, qué, en confianza se lo digo -dijo casi susurrando-, si hubieran estado los compañeros del anterior turno, hubiese usted pasado aquí el día entero.

-¡Y encima me lo restriega por la cara! -dije ya totalmente frustrado, mientras veía que ya no me quedaba más remedio que dirigirme hacia la salida.

-Y no olvide -me dijo desde lejos- que con su nueva tarjeta puede hacer todos sus trámites sanitarios a través de interné sin necesidad de esperas, papeleos o colas.

-¡Nunca! -grité- ¡me oye!, ¡nunca lo haré!, ¡nadie me arrebatará mis esperas de media mañana! -dije mientras salía airado.

Bien pensado, quizás Ildefonso tenga razón y no soy muy coherente, al menos en lo que respecta a la administración pública.

Nota 89

¡No me lo puedo creer!, ¡de verdad que no me lo puedo creer!, ¡he tardado menos de diez minutos en hacer un trámite de la administración pública!… me sobra el tiempo para ir al instituto, ya no tengo excusa posible, ¿pero cómo puede ser esto?, en fin, habrá que ir, no puedo permitir que Ildefonso me vuelva a recriminar que no cumplo con mis responsabilidades y deberes, sí, iré, y así le descubriré lo eficiente que soy, y lo bien que he aprovechado la mañana, para que no diga que me ando escaqueando de nada.

Nota 90

¡No quiero ir a ese lugar!, he valorado la opción de hacer pellas, pero no creo que los chavales esos de la esquina, que están haciendo botellón, me acepten en su grupo, ni siquiera tapándome la calva con una gorra del revés….

Nota 91

Bueno, ya he entrado en el instituto, no creo que pase nada anormal hoy… aunque teniendo en cuenta que lo anormal es lo normal en este lugar… no sé que te diga.

Nota 92

Lo que faltaba, Mari me ha contado que la directora me ha llamado a su despacho inmediatamente, Dios mío, a saber que querrá esta mujer…

Nota 93

-Abelardo, querido, por fin le vemos -dijo la directora con su habitual sonrisa falsísima exageradamente diplomática-; ha faltado usted muchos días y eso no puede volver a ocurrir….

La directora estaba, como siempre, superelegante y parecía haberle copiado el modelo (un traje de chaqueta rojo, de terciopelo, acompañado de una blusa de volantes blanca con un pañuelo de colores en el cuello) y el peinado que llevaba a alguien de la realeza; y no se quedaba atrás en joyas, sólo le faltaba la tiara de brillantes: collar de perlas de varias vueltas, broche, anillos… etc. es más, he visto a reinas, en actos oficiales, mucho más austeras. Su despacho va, naturalmente, a juego con su megalómano vestuario, pero esa descripción la dejo para otra nota, que lo siguiente ya da bastante que contar….

-Es que he estado ocupado, por eso tuve que coger varios días de asuntos propios… -dije mientras me sentaba, puesto que daba la impresión de que aquello iba para largo.

-No me interrumpa cuando hablo -dijo fría y cortante, pero pronto readquirió su tono diplomático- no debe olvidar -continuó dulcemente- que se dirige usted a… la directora -exclamó, volviendo a usar ese tono mesiánico, que pronto entendí que ponía cada vez que hablaba de sí misma o de su cargo-. Y haga el favor de no sentarse en mi presencia, adopte una postura firme y correcta, ¿es que hay que enseñárselo todo? -dijo resoplando, con cara de puro aburrimiento, pero, sorprendentemente, según se volvió hacia mí, de repente retornó al tono dulce… esta mujer debe tener doble personalidad… en el mejor de los casos- Oh, Abelardo querido, perdone, es que, a veces es peor usted que los niños, y hay que tratarle como a tal, ¿qué le pasa? es que se ha olvidado de sus responsabilidades?.

-Bueno, supongo que Mari habrá tenido más trabajo, y lo siento por ella -mentí con descaro; además, seguro que no hizo nada y tendré que acabar haciendo yo su trabajo también, mientras ella se dedica a hablar con Visi, la orientadora-, pero es que somos nuevos en el barrio y hay muchas cosas qué hacer debido al traslado….

-Claro, claro, claro -dijo con una hipócrita cara de comprensión muy evidente, aunque era muy obvio que no le había interesado nada de lo que había contado, e incluso que quizás, le había aburrido terriblemente-… pero Abelardo, usted no ha seguido el protocolo para estos casos….

-Sí que lo he hecho, he solicitado los días de forma oficial y….

-No, no lo ha hecho querido, no he recibido la instancia, ni ha pedido audiencia conmigo.

-Ja, ja, ja, ¡qué chistosa! -de repente vi que ella continuaba seria, y además, con cara de indignación, así que me puse serio también rápidamente, para evitar un conflicto en todo lo posible-… no, yo traté con la administración….

-Y debe hacerlo querido -dijo de nuevo amablemente, para volver a un tono duro después- pero nunca antes sin haber recibido la autorización de… la directora -vuelve el tono mesiánico.

-Disculpe, pero creo que ese no es el procedimiento habitual….

-Por si no se ha dado cuenta, que seguro que sí, este instituto no es “lo habitual” -“¿de verdad?” grité con ironía en mi cabeza “¿me lo dices o me lo cuentas?”-; y todo ello se debe -dijo mientras se echaba el pelo hacia atrás, y ponía cara de ir a empezar uno de sus discursos con la intención de dejar huella en la historia-, modestia aparte debo decir -entonces empezó a levantarse mientras se ponía firme como una escoba, como si fuera a cantar un himno nacional, mientras su voz volvía a adoptar ese tono mesiánico que me estaba empezando a dar verdadero miedo- ¡a mí!, yo, Almudena de Castro, La Directora de este instituto, que lo saqué de la decadencia, fundando un nuevo orden para el que había sido elegida por los designios y la gracia de la educación -en ese momento se quedó un minuto callada, con las pupilas dilatadas, como admirada de su propia grandeza deslumbradora-… antes todo era caos, pero llegué yo, y se hizo el orden… es gracias a la grandeza y la gloria de la dirección, por la que este instituto es considerado el más brillante de la Colectividad de Madriz, ¡que digo de la Colectividad!, ¡del mundo entero!.

-Sin duda, sin duda -dije tratando de seguirle la corriente a esa loca peligrosa-… en fin, me voy, la dejo con sus importantes asuntos de estado… quiero decir, de dirección.

-¡Alto ahí! -dijo con tono de sacra majestad, para volver a modificarlo inmediatamente por el tono melodioso e hipócrita-; querido, además, usted no tiene derecho a faltar ni a ponerse enfermo… no olvide las altas responsabilidades que ostenta, en otro instituto usted hubiera sido sólo el conserje, pero aquí, al haber tenido usted la inmensísima suerte de haber venido aquí -por favor, que no siga o me va a dar un ataque-, ¡oh, aquí!, en este instituto es eso y además el “Alto mediador oficial de todo el instituto y sus diversas dependencias, juez y ayuda para todas las acciones diplomáticas de los mismos”, título que, como bien recordará, yo tuve la enorme bondad de otorgarle… ¡y que no sólo es honorífico!, usted, ¡usted es importante aquí Abelardo, acepte su destino y no se resista!….

En ese momento, sentí la tentación de preguntarle si entonces era más importante que ella… naturalmente, dejé pasar la oportunidad.

-… Usted también puede formar parte de la historia, de mi glorioso directorado -sentí la tentación de decirle “¡pero es que yo sólo quiero ser el conserje, ¡déjenme en paz, por favor!”, pero rápidamente me di cuenta de que no hubiera servido de nada hacerlo, e incluso lo hubiera empeorado, así que ya ni me molesté en hablar-, ¿no se siente conmocionado con el solo pensamiento? -dijo con palpable emoción en la voz.

Se quedó callada, esta vez estaba claro que esperaba una respuesta, traté de contestar no muy alto, no fuera a ser que se me escapara el tono irónico

-Síiii, bueno… -dije lo más neutro que pude.

-Por tanto, -continuó sin notar mi poco entusiasmo, es evidente que para ella no había empleo más grande, perfecto y gratificante en el mundo que estar a su servicio, todos lo demás son tonterías- no debe usted volver a faltar: las personas que estamos en los más altos puestos, somos el ejemplo para los bajos, incluyendo a los alumnos; debemos mostrar siempre entereza y un perfecto comportamiento, acorde con la posición que nos corresponde. Y ahora, Abelardo, le consiento que se siente, pues debe copiar una lista de libros, que deberá entregar en la biblioteca para que los compren para el centro, de modo que yo pueda seguir ejerciendo mi fructifero mecenazgo literario, por el que sin duda seré altamente recordada (entre otras abundantes cosas) por muchas generaciones posteriores… al fin y al cabo, yooo, personalmente, me encargo y superviso casi todas las adquisiciones que se hacen en la biblioteca del instituto. A ver….

-Señora Directora doña Almudena, ¿Me presta algo para escribir? -dije cortesmente y bajando levemente la cabeza… si le sigo la corriente, a lo mejor esto se acaba pronto.

-De acuerdo -dijo con cara de aburrimiento-, pero que no vuelva a suceder, cuando se es recibido por mi alta persona, se debe traer siempre todos los útiles que pueda necesitar… en cualquier caso, quiero que reciba esta hoja de papel que le doy, como una muestra de mi aprecio por usted, créame, es un gran honor escribir en los folios de… la directora… y no olvide que en ellos se han firmado las más importantes e históricas resoluciones para este instituto, ¡nunca lo olvide!.

Sí, les haré una reverencia cada vez que pase delante de ellos, no te fastidia. Vaya, tampoco tengo bolígrafo, y cualquiera se lo pide a esta mujer… no importa, le cogeré uno del lapicero ahora que está distraída, y seguro que no se da ni cuenta… espero.

Nota 94

Me ha despedido con la siguiente frase:

-Ah, y Abelardo, querido, vístase como es debido, que es usted uno de los altos cargos de este instituto, hágame el favor; eso sin nombrar, que es usted la primera impresión del instituto, todo el que entre por la puerta le verá a usted inmediatamente, ¿qué quiere, avergonzarnos a nosotros y a usted mismo?… estoy pensando, creo que debería llevar un traje oficial pues es evidente que poco podemos hacer con su inmensa falta de gusto, clase y estilo… no sé, estoy entre vestirle con una variación del chaqué o una librea del siglo XVIII… o quizás una mezcla de ambos, ¡a lo mejor le pido a Andriuu, el profesor de plástica que lo diseñe! -¡lo que faltaba!-, no sé, ya lo pensaré… le avisaré cuando lo tenga decidido, puede irse -dijo mientras hacía un gesto exageradamente sofisticado-, debo leer importantes documentos que son la base del futuro de este instituto -comentó mientras cogía una novela rosa que tenía encima de la mesa, y que ya estaba leyendo cuando llegué. A saber que tendrán que ver con el porvenir del instituto, los amores de la inocente duquesita de Camonfort con su poderoso y fortachón paje Antón Vartelé, y sus encuentros furtivos en el pabellón de caza de los arribistas barones de Teterens (es lo que ponía en la parte de atrás del libro); todo un misterio, que personalmente, prefiero no averiguar.

Y en cuanto a lo del “traje oficial”, ¡lo que me faltaba, supongo que no creerá realmente que puede imponerme tal cosa!… no sé ni para que me hago a mi mismo preguntas tontas, claro que lo cree y si no se olvida, es capaz de ponérmelo ella misma.

Nota 95

No puedo creer la lista de libros que va encargar para que formen parte de la biblioteca del instituto, ¡son todo novelas rosas o eróticas como la que estaba leyendo cuando me dejó salir del despacho!, está claro que ella no gasta una fortuna comprando libros, ¡se los paga el dinero público a través de la biblioteca del instituto!, ¡vaya con su mecenazgo!, ¡es indignante!. Y no estoy paranoico, sólo hay que repasar algunos de los títulos que enumeró: “La aventurera y la descubridora del sexo”, “El amante incendiado”, “Amor desflorado”, “Pasión granjeril”, “Amistad sexual”… y así hasta quince títulos más; bueno espera, al menos hay un clásico “Memorias depravadas del marqués sádico”. Yo de verdad, ya no sé ni por qué me sorprendo.

Por cierto… aún conservo el bolígrafo que tomé prestado en el despacho de la directora… ¡pero cualquiera entra ahí para devolvérselo!, casi que lo esconderé en uno de mis cajones y asunto olvidado, no creo que note la falta de un simple bolígrafo de la marca Tic, que son los más comunes del mercado.

Continuará…

Todos los capítulos publicados aquí

Esta entrada fue publicada en Grandes relatos. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a Décima parte de Notas de aburrimiento

  1. Pingback: Guía de capítulos de Grandes relatos | Universo de A

  2. plared dijo:

    Pues is te la deje, pero no debió de salir, busca en el span. Pues nada, mas o menos te decia que al ser tan largo es dificl mantener el nivel. Pero algunos bastante interesantes, me ha gustado lo de los funcionarios, bastante conseguido. Cuidate

  3. Pues en el spam no está, o no lo dejaste y creíste escribirlo (el típico despiste) o la nueva novedad de WordPress es perder los comentarios, ¡vete tú a saber!.
    Bueno, debes de juzgar el conjunto, en cierto modo, ahora que lo pienso, cada nota es como una tesela del gran mosaico que compone la novela “Notas de aburrimiento” (sí, me parece una muy buena metáfora), aunque claro, en una novela no todos los pasajes son buenos ni en una obra de teatro o una película todos los dialogos.
    Me alegro de que te divirtiera lo de los funcionarios, aunque me pregunto si no se estará volviendo un tanto repetitivo en estas notas, y empiezo a tener la impresión de que siempre estoy cargando contra ellos… con las que están pasando últimamente. Bueno, todo es humor, sin otra pretensión y como tal espero que se tome.
    En todo caso, gracias por seguir las notas.

  4. Anónimo dijo:

    lo de la directora se te alarga un poco, el resto me gusta, tiene toques graciosos,por eso me gusta.

  5. Es una pena, lo de la directora es el arco argumental más largo hasta ahora de las notas; pero me alegro de que el general te siga gustando y te resulte gracioso.

¡Deja un comentario!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s