Novena parte de Notas de aburrimiento

Como cada mes, una nueva entrega de uno de los Grandes Relatos, y vuelven… las “Notas de aburrimiento”:

Nota 71

Ildefonso se ha ido al instituto sin mí… estaba harto de cogerme de la ropa y arrastrarme por todo el suelo de casa diciendo que tenía que ir a trabajar, mientras yo contestaba a gritos: “noooo, noooo quiero ir”. ¡Qué niño más quisquilloso!, empiezo a replantearme si lo he educado correctamente… o quizás lo he hecho demasiado bien.

Nota 72

Quizás Ildefonso tenga algo de razón, y después del todo, deba de asumir con madurez mi situación, los adultos hacen eso (o eso aseguramos). Sí, iré al instituto con la cabeza bien alta, y no volveré a permitir que nada de lo que suceda allí me afecte; a partir de ahora no volveré a hacer esas tonterías de intentar evitar ir, o conspirar para no volver al instituto, ¡no puedo creer que haya sido tan inmaduro, por fin estoy actuando con sentido común!.

Nota 73

Mejor pensado… ¡Ni hablar!, así que he cogido el teléfono inmediatamente y he llamado para pedir cita con el médico de cabecera urgentemente:

-Síii, centro médico “La santa de la mala cabeza”, ¿dígame?.

-Hola, llamo para pedir cita con mi médico nuevo, es que nos hemos cambiado de distrito y….

-¿Pero a usted le ha llegado el nuevo carnet de la Inseguridad asocial?

-No, supongo que me vale el mismo, me he cambiado de distrito, no de país…

-Eso no importa, usted tiene que esperar a que venga el carnet, en el caso de que no le llegue en aproximadamente dos meses -dijo con un tono monocorde que volvía aún más apasionante nuestra conversación-, tendrá que redactar un escrito o reclamación, que presentará por duplicado, en su anterior centro de salud y en el nuevo, ambos deberán ser sellados y contrasellados por los respectivos jefes de archivo y directores de ambos centros, que… pero mire, lo tiene todo en internet, consúltelo ahí -dijo mientras parecía estar a punto de colgar.

-Todo eso está muy bien, pero entonces, mientras se soluciona toda la cuestión administrativa, ¿yo a dónde voy, a mi antiguo centro o al nuevo?.

-¿Y yo que sé? -y evidentemente tampoco le importaba.

-¡Es que estoy enfermo! -dije comenzando una serie de mentiras, con la que luego alucinaría releyendo estas notas.

-Venga, vale -dijo con desgana, como haciéndome un gran favor, mientras se dirigía a otra mujer cerca de allí, y le contaba mi situación con el mismo aburrimiento que si estuviera recitando la tabla de multiplicar-. Pili, ¿y entonces que hacemos con el caballero este?.

-Dile que puede hacer una pre-reclamación para que el proceso se adelante -dijo con pesadumbre la Pili esa, que claramente había desayunado vinagre, al igual que su compañera, que me estaba atendiendo.

-Pero es que dice que está enfermo… -dijo esto último, como si mi enfermedad consistiera en lo pesado que soy para ella. Me pregunto si eran conscientes de que yo estaba oyéndolo todo.

-¡Que gente más rallante!, ¡dile que tome un caramelo, para que le suba la tensión, mucha agua, y que deje de molestar! -dijo la tal Pili que se acababa de autolicenciar en medicina -era lo que me faltaba Nati, ahora resulta que voy a acabar haciendo yo también el trabajo de los médicos, como si no tuviera bastante, con todos estos impresos sin sellar, y el café de media mañana sin tomar… ¡qué castigo de vida, de verdad te lo digo!.

-¿Ha oído caballero?, pues hala, un caramelo y mucha agua, hasta más ver… -dijo dispuestísima a colgar sin escuchar mi respuesta.

-Es que lo mío no se arregla con un caramelo y mucha agua… estoy muy enfermo….

-Sí, sí, todos dicen lo mismo, pero según se toman el caramelo se quedan fenomenal… excepto si no les gusta el sabor, y de ser así, con cambiarlo, ¡solucionado!… pero si no quiere, no se lo tome, ¡si la mayoría de las enfermedades se solucionan dejándolas pasar, venir a los centros médicos es una pérdida de tiempo! -no me puedo creer que una persona que trabaja en uno me acabe de decir eso.

-Sí, pero es que… ¡a mí me duelen mucho… los pulmones… y el corazón también!.

-Un caramelo y mucha agua caballero, no me haga perder el tiempo.

-Y estoy sangrando….

-Un caramelo y mucha agua -dijo implacable.

-Me sale la sangre a chorros por el ombligo, aunque no sé si esto tendrá mucho que ver con los dolores del estómago y del corazón….

-¿ha probado a tomar un caramelo y mucha agua? -dijo como si en su mente hubiese una gran elipsis que le hiciera olvidar toda nuestra conversación.

-Y además, no puedo andar, ¡¡¡creo que tengo las piernas paralizadas!!! -dije alcanzando el culmen del dramatismo… momento en el que me arrepentí, ¿y si ahora envían una ambulancia inmediatamente y descubren toda mi farsa?, ¿¡qué voy a hacer, qué voy a hacer!?… sólo espero que haya suficiente tomate frito en la nevera, por si acaso….

-¿Caballero? -dijo la tal Pili, que había decidido tomar las riendas para evitar que su importante café de media mañana se retrasase más-, si está tan enfermo vaya al médico, aquí no podemos hacer más.

Y colgó, asi de simple. Mandarme una ambulancia, ¡ja!, creo que había confiado demasiado en nuestra Inseguridad asocial. Supongo que ya no queda más remedio que ir al instituto.

Nota 74

Pues todo parece normal hoy aquí, y la gente está muy agradable… ¡estarán planeando algo!… vale, voy a bajar mis niveles de paranoia al minímo.

-Abelardo querido -me ha dicho Mari-, ve a subirle la programación didáctica del departamento a Andrés Montesperales, para que vea qué le parece, es profesor y estará en el aula de plástica. Yo, como ves, no puedo hacerlo, estoy muy ocupada -su principal ocupación era estar de charla con Visi, la orientadora, con la que cotilleaba acerca de alguien del centro (no me enteré, y francamente, prefiero no saberlo), que si era una guarra y que no sé con cuántos hombres había salido este año… mientras, varios alumnos habían ido a pedirle las fotocopias que necesitaban urgentemente para la clase de Lengua de la siguiente hora (y que llevaban una semana pendientes de fotocopiar, pues Mari, evidentemente, había estado muy ocupada arreglando la vida de los demás con la ayuda de Visi). Cuando me fui de reprografía, una alumna, de las que se ve responsables, exclamó:

-Mari, necesito ya las fotocopias para la siguiente clase, ¡te lo pido por favor!, ¿me las puedes hacer?.

-¡Ay, bonita!, si yo te las haría encantada de la vida, ¿pero no ves lo ocupadísima que estoy?, ¡que estrés, por favor!, que vida más dura hemos escogido, ¿no, Visi?.

-Y que lo digas -respondió categoricamente la orientadora-; yo, según pueda, me prejubilo porque esto es inaguantable… es un empleo tan poco motivador, ¡deberían pagarnos un suplemento por eso!.

-Vale -dijo la alumna desesperada- entiendo que estáis muy ocupadas, y que vuestros trabajos son muy duros….

-Muchísimo -interrumpió Visi-, una oye de cada cosa como orientadora… sin ir más lejos, hace dos días, Paula, tu mejor amiga, ¿sabes que me contó sobre ti?….

-En otro momento Visi… Mari, ¿me dejas que haga las fotocopias yo?, por favor, sólo será un momento.

-Bueno vale, pero ten cuidado con la fotocopiadora, que es muy difícil de utilizar, ¿por qué crees tú sino que para este puesto hay que hacer una oposición?, el 50% del temario consistía en como aprender a utilizar esa maquina… ¡hay tantas opciones!: una cara, dos caras, color, blanco y negro, ampliación, disminución… aunque si me estropeas el aparato tampoco importa -dijo casi esperanzada-, así tendré unos días libres y no estaré tan estresada.

A pesar de estas palabras, la alumna hizo las fotocopias en unos segundos, y se marchó alegremente. Para mi sorpresa, había tardado más tiempo intentando convencer a Mari de que hiciera su trabajo, que haciéndolo ella misma.

Nota 75

Acabo de entrar en el aula de plástica, justo cuando el profesor Andrés había dado por terminada la clase… parece simpático, aunque su aspecto es un poco extravagante (porque será que no me sorprende), parece que no se haya peinado esta mañana y lleva unas patillas y perilla como si viviese en el siglo XIX… la verdad es que va con una mezcla de elegancia y zarrapastrosidad: americana de terciopelo combinada con unos pantalones rotos….

-¡Y no olvidéis traer ese trabajo para la semana chicos! -dijo mientras los alumnos se marchaban contentos y le respondían que sí-… ¡oh! usted es sin duda el nuevo conserje, encantado de conocerle; ¿qué poco se ha dejado ver, no? -parece simpático, por fin alguien agradable, quizás sea un poco extravagante en el vestir, pero al menos es de buen trato- no sabe cuánto me apena que no nos hayamos visto antes, le hubiera enseñado el centro… aunque ya le digo que hay mucha gente bastante extravagante en él -“qué me vas a contar”, pensé- pero se les coge cariño, yo llegué hace unos años… ¡y estoy muy contento!, porque, ¿sabe?, estando aquí uno vive en un ambiente de eterna creatividad -desde luego es un modo curioso de verlo- lo que es muy importante para un artista… ¿pero a que ha venido buen amigo mío?, ¿puedo llamarle amigo? estoy seguro de que seremos muy buenos compañeros desde ahora, tuteémonos por favor, ¿qué es esta absurda formalidad entre colegas como nosotros?.

-Pues muchas gracias por el recibimiento Andrés, yo venía a….

-¿¡Andrés!?, ¿qué nombre es ese? -vociferó-, ¿es qué no sabe quién soy yo?, ¿acaso, es posible, puede ser que no me haya reconocido?.

En este momento sentí la tentación de fingir que sabía quien era, pero me pareció algo infantil y ridículo; pensé que mentir no lleva a ningún sitio. Me equivocaba.

-Pues no, ¿no eres el profesor de plástica? -pregunté con tono de voz inocente.

-¡El profesor de plástica!, ¡el profesor de plástica! -dijo dando gritos y haciendo aspavientos aún mayores-; yooo, soy el gran Andriuu, el mayor de los artistas que haya habido jamás… ¡y que habrá nunca jamás!, ¿lo ve?, está escrito aquí -dijo mientras me enseñaba su tarjeta de visita, en la que ponía, literalmente: “Andriuu. El mayor de los artistas que haya habido jamás y que habrá nunca jamás”. Genial, otro loco para la colección, tengo que salir de este aula y encerrarme en mi despacho cuanto antes-. Entonces, ¿sabe ya, quién soy yo?, ¿recuerda alguna de mis numerosas y excelsas obras de arte, que han obtenido el éxito rotundo entre crítica y público?.

-Estoy tratando de recordar, Andrés… -traté de decir cortesmente.

-¡Es usted un conserje inculto!, ¡y no me llame de tú!, ¡que confianzas son esas con en gran Andriuu! -dijo mientras levantaba el mentón hacia el techo-. ¡Pero le instruiré, usted tendrá en mí el mentor que estaba buscando desesperadamente!.

-No, si no hace falta -dije mientras intentaba acercarme a la puerta-… yo, casi que prefiero seguir siendo un inculto….

-¡Deténgase insensato!, no permitiré que caiga en las garras de la vil ignorancia, pues ha de saber que yo, ¡Andriuu! (me fijé en que, cada vez que decía su propio nombre, levantaba la barbilla hasta el máximo de sus posibilidades físicas, de hecho, alguna vez temí que se desnucara allí mismo), soy un grandísimo artista: todo el que es alguien ha estado en mis exposiciones, y he recibido halagos de los más eminentes críticos y compañeros, expongo muy a menudo, y mi obra es muy cotizada, además de que suelo ser solicitado para dar conferencias continuamente; sin mencionar que, si yo estoy encantado de conocerme, no me quiero ni imaginar la situación de éxtasis que estará viviendo usted….

Vaya, si es cierto algo de lo que dice, a lo mejor es verdad que es un gran artista… desde luego, este lugar, como el bien dijo, sí que se presta a la creatividad… porque aquí, en apenas una hora, se pueden vivir cosas suficientes, y sufrir abundantemente, como para quedar inspirado de por vida y realizar un catálogo de obras maestras entero. Y desde luego, se suele decir que los artistas suelen ser gente extravagante, así que aquí estará en su salsa….

-Bueno… yo… -le dije, decidido a cumplir la misión que me había traído allí- Andriuu, sólo le quería dar esto….

-¿Qué es?, a ver… -dijo arrebatándome la programación de las manos- arrgggh -soltó un alarido- ¿qué quiere usted, matarme?, ¡oh, maldito!; ¡esto es acabar con mi creatividad!, no sólo me veo obligado a tener una programación didáctica que frena mi natural inspiración, sino que encima… ¡me la da impresa!, ¡cláveme -dijo buscando algo con lo que pudiera hacerlo-… este paraguas y máteme de una vez!. ¡Basta!, no seré humillado por más tiempo, el gran Andriuu, jamás, jamás, lee nada que esté impreso pues es algo carente de toque artístico… así que, pase la programación inmediatamente a mano, y vuélvamela a traer, ¡cuánto antes! -dijo haciendome un gesto de desdén, tirándome la programación a la cara, y expulsándome de la clase.

Nota 76

Sigo alucinando, le conté a Mari una versión resumida de lo que pasó, y me contestó:

-¡Claro!, ¿que esperabas? Andriuu es así.

-¿Será una broma? -dije controlando mi ira- ¿no esperará que copie de mi puño y letra una programación del departamento de todo el curso de más de sesenta hojas?.

-Por supuesto que lo espera, y debes hacerlo, sino dirá que no se la has entregado y tendremos problemas con la dirección… ¡y quien sabe si con la inspección!, ¡Dios nos libre!

Nota 77

Ahora entiendo porque Mari no fue a llevar la programación al profesor. Lo peor de todo, es que, a pesar de lo absurdo, desagradable de la situación, además del trabajo extra que me supone, estoy convencido de que sería aún peor si no obedezco a Andriuu. Sí, hasta ese punto hemos llegado.

Nota 78

¡Por fin he terminado de hacer la copia!, quería acabar con esto cuanto antes, así que lo hice en varias mañanas (¡lo cual fue la excusa perfecta para encerrarme en el despacho y que no me molestara nadie!) e incluso por las tardes, pero al fin, está totalmente manuscrita para Andriuu… quién sabe, si realmente es un gran artista y sus obras se cotizan bien de verdad, tal vez me regale una que al venderla nos haga millonarios y… ¡renunciaré a mi plaza, y nunca, nunca más volveré a este horrible instituto!.

Nota 79

He ido a llevar a Andriuu el documento, ha quedado muy contento, y ha alabado “la naturaleza imperfecta, pero sabrosa de mi manuscrito, que supone un triunfo del arte de los amanuenses sobre la terrible, maléfica imprenta, y el éxito de la personalidad del individuo sobre la deshumanización de la globalización”. A saber lo que ha querido decir, aunque tampoco me importa, para qué voy a mentir.

En cualquier caso, dijo que estaba impaciente por leerla, y que la guardaría como un tesoro toda su vida, pues le ha encantado mi letra, que ni siquiera ha mirado ni por encima.

Nota 80

Lo que me faltaba, ha bajado a decirme que no entiende absolutamente nada, que tengo una letra espantosa, y que le lea todo el documento:

-¿Pretende que yo le lea más de sesenta páginas seguidas? -dije con un asombro incontenible. Tengo que mirar si en mi despacho hay una cámara oculta, es la única explicación posible a esta locura de sitio.

-Desde luego, tiene usted una letra horrible Abelardo, y no he entendido ni una sola cosa de lo que ha escrito, la intención ha sido buena, pero la verdad, no ha servido de absolutamente nada… y lamento mucho tener que comunicarle, que no tiene ningún futuro como artista, ¡es la letra más vulgar que he visto jamás!, es más, me ha parecido tan prosaica que… ¡casi hubiera preferido leer la programación impresa!.

-¡Pues hágalo! -dije enfadado.

-¡Nunca caeré tan bajo!, vamos, comience a leer, ¡que tengo que saber lo que voy a hacer este curso!.

Me di cuenta de que la única manera de acabar con aquello lo antes posible era, por extraño que pudiera resultar, leerle el tocho de la programación entero (sin mencionar que, por alguna extraña razón, lo vi mejor opción que un conflicto diplomático con la dirección), así que decidí empezar:

-“Programación didáctica del curso”….

-¡Pero léalo con un poco de gracia, hombre!, ¡entonación!, ¡entonación!, aporte matices al texto -exclamó Andriuu.

Debe de pensar que estamos haciendo Xespir. Decidí continuar, a ver si así le contentaba, cambiando los tonos de agudo a grave de forma continua y absurda:

-“Introducción y contexto: el instituto Tomás de Torquemada es un centro que”….

-¡Ufff!, ¡que monocorde, que monotonal!, ¡que frustración artística!, no puedo soportarlo más….

Una sonrisa de triunfo y felicidad se esbozó en mi cara, mientras le acercaba las dos programaciones, la impresa y la manuscrita, ¡me había librado!.

-Peeero -exclamó Andriuu rápidamente- lo resistiré, pues ello me provocará tal catarsis artística que me llevará a hacer mi mejor obra, pues es sabido que todos los grandes artistas alcanzan su culmen a través del sufrimiento, y la verdad, oírle a usted es uno de los peores tormentos que he tenido que sufrir; en fin, ¡todo sea por mi obra!, ¡todo sea por el futuro del arte que estaría perdido sin… mí! -dijo adoptando un tono dramático mientras se revolcaba en la silla de mi despacho, sintiendo convulsiones de emoción por sus propias palabras.

Nota 81

Varias horas después, he terminado de leerle la programación, y él se ha marchado sin darme ni las gracias, voy a ir a beber urgentemente pues no me ha dejado hacerlo en todo el tiempo; dijo que mi voz, primero ronca, y después directamente afónica, sonaba mucho más artística, bonita e inspiradora… ¡quiero aguaaaaaaa!.

Continuará…

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3 respuestas a Novena parte de Notas de aburrimiento

  1. Pingback: Guía de capítulos de Grandes relatos | Universo de A

  2. Anónimo dijo:

    sigue muy ocurrente,me gusta.

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