Sexta parte de Notas de aburrimiento

Como bien sabréis los seguidores de este Universo de A, existe la obligación por mi parte de publicar como mínimo un artículo al mes, pues bien, he decidido utilizar esta excusa para que mis novelas por entregas avancen con más velocidad (aunque no será porque no tenga un montón de cosas pendientes por publicar), esperemos que esta iniciativa cuaje. En fin, volvemos con la novela cómica, con la delirante historia de Abelardo:

 

Nota 28

Siento un ardor en el estómago, creo que es una úlcera, decididamente hoy no iré al instituto, me siento tan mal….

Nota 29

Ildefonso no se lo ha creído, y se ha producido una curiosa inversión de papeles; pensar que antes yo era el que lo sacaba de la cama para ir al colegio… y ahora es de este otro modo:

-Papá, por favor, tienes que ir al instituto, ¡levántate ya!.

-No, no quiero -dije con voz un tanto infantil, lo reconozco- estoy muy enfermo, me duele aquí y aquí.

-Venga ya, sabes perfectamente que no te duele nada.

Pero, ¿de dónde ha sacado esa voz supermadura?, yo no se la he enseñado, ¡seguro que fueron los del instituto!, ¡están conspirado hasta tal punto contra mí, que han convertido a mi hijo en uno de sus sicarios!… espera, estoy somnoliento y paranoico… da igual, no pienso levantarme de la cama, estoy mal y punto, de algo tiene que servir ser el adulto de la casa.

-Vamos papá -dice mientras tira de las mantas y de las sábanas, ¡con el frío que hace!- ¡no te lo digo dos veces, eh!, ¡si no, vas sin desayunar!.

-¡No quiero ir! -digo con una voz más infantil que nunca, la cual me trae recuerdos de mi niñez- ¡los demás compañeros son malos conmigo!.

-Pero si te han nombrado “Alto mediador oficial de todo el instituto y sus diversas dependencias” -dice entre risas- ¿cuándo en toda tu carrera habías llegado tan alto?, ¡que orgulloso me siento de ti! -ahora ya no puede evitar revolcarse en el suelo de risa- ¡pensar que antes sólo eras un conserje!….

-¡Precisamente!, no se puede mediar nada en un sitio en el que cada cual está más loco que el anterior, ¡están todos igualados!, ¡no necesitan ningún mediador!, además, tengo una úlcera y estoy de baja.

-Eso tiene que certificártelo un médico, y mientras tanto alguien tiene que ganar dinero en esta casa, ¿cómo voy a gastarlo yo sino?, ¿sabes lo caro que es sostener mi estilo de vida? en la secundaria la imagen lo es todo.

Genial, mi hijo se ha contagiado de la locura de esa institución, me pregunto si se le pasará con el tiempo o ya no tiene remedio y hay que llevarlo a un psiquiatrico, en cualquier caso, si fuera así, yo iría con él, el tiempo en ese lugar me ha traumatizado totalmente, y apenas han sido los primeros días.

-Y además -continúo Ildefonso, otra vez con la voz supermadura como si fuese Fumasa en “El Príncipe León”- también tenemos que comer, no es tan importante como lo anterior, pero si estás demasiado delgado la ropa no te queda bien, cualquiera lo sabe -dijo sentando cátedra.

Me levantaré, decididamente me levantaré y haré un esfuerzo… por descubrir como cambiar a mi hijo de ese centro de locos, iré al instituto, me encerraré en el despacho mirando internet para descubrir eso… así nos iremos, y volveremos a ser felices muy pronto….

Nota 30

Definitivamente, tardaremos mucho en volver a ser felices. Desde luego no hay dinero para un privado, y en el resto… uff en el resto, hay unas listas de espera que no te cuento, ¡la educación ha pasado de ser obligatoria a una misión imposible!. Y lo peor de todo esto, es que este sustancial saber lo he conseguido tras horas de investigación.

Lo milagroso es que no me molestara nadie en todo ese tiempo… bueno, en realidad no tiene nada de extraño, me puse una chaqueta negra que me cubría todo el cuerpo, y entré medio agazapado y a escondidas en el instituto (vale, diré la verdad, me puse de rodillas para no hacer ruido), creo que nadie me reconoció, y francamente, prefiero que piensen que falto al trabajo a que sepan que estoy en él, ¡esto último es muchísimo más peligroso!.

El caso es que llamé al 013, que es el teléfono de información de Madriz (¡y del que al final descubrí que es pagando!, ¡qué clase de institución pública te cobra la información que necesitas!, y lo que es peor, ¡como la directora lo sepa, fijo que me hace pagar la factura!), y tras un buen rato de oír el ballet de “El Cascabellotas”, cuya audición se extendió hasta tal punto en el tiempo, que me olvidé de que tenía el teléfono en la mano y empecé a imitar a un violinista con los brazos; es más, lo único que evitó que fuera más allá, y me pusiera a hacer el grand plié, seguido de un arabesco, encima de la mesa del despacho fue que, por fin, escuché una de esas voces enlatadas y encantadoras de señorita:
-Información de la Colectividad de Madriz digameeeeee, soy Sonia en que puedo ayudarleeeeeee.

-Hola, buenos días, verá es que yo quería saber….

-¿Sabeeeeeeeer?, uff espere, tengo que consultar si yo puedo decir algo sobre cosas que la gente quiere sabeeeeer.

Y me pone “El Cascabellotas” otra vez, ahora la “danza lusa” mientras a mí se me queda cara de estupefacción, menos mal que la música de espera es buena, venga, ahora voy a imitar el trombón….

Tres números de ballet después, la señorita de la lata reaparece….

-Síiiiii, me parece que puedo antender sobre cosas de saber, bueno, ¿entonces que quería usted sabeeeeeer?.

-Es que yo quería….

-¿Quereeeer?, espere que no se si eso es de mi competenciaaaa….

“El Cascabellotas” una vez más. Mira que me gustaba esa música pero empiezo a odiarla. Ahora se les ha acabado el ballet entero y comienzan con la 1ª sinfonía de Betovén… bueno, mirandolo con perspectiva, quizás esta espera tenga algún resultado práctico, podré oír todas las sinfonías de este gran compositor, porque al paso en que vamos, seguro que llegamos a la veinteava sin mayor problema.

Sonia se ha dignado a ponerse de nuevo al teléfono, ¡ay!, me la imagino pizpireta entre las demás telefonistas, mientras se parte de risa con el resto de sus compañeras, e igualmente despiadadas telefonistas, por el tiempo que hace esperar a un alma inocente, y a lo mejor angustiada al otro lado del teléfono; afortunadamente, le queda suficiente piedad en el fondo de su corazón para acordarse de mi:

-Bieeen, digame entonces que va a “quereeeer” o “sabeeeer”.

¡Ajá!, me dije habilmente, hagas lo que hagas no cambies ni una de las palabras que has dicho o volverás a recibir un cursillo gratuito de música, así que hábilmente le digo:

-Yo quería saber como podría cambiar a mi hijo de instituto a estas alturas de curso.

-¿Y cómo quiere que yo lo sepaaaaa?, ¡no soy la ministra de educacióooon!.

-Veamos Sonia -a estas alturas, por alguna extraña razón, y a pesar de haber pasado más tiempo escuchando música que hablando con ella, había adquirido una extraña confianza con esa desconocida mujer al otro lado de la línea, quizás porque, en cierto modo, era como un amor platónico: no siempre la ves en persona, no le hablas, pero sin embargo, no paras de pensar en ella… bueno, yo, llegados a este punto, ya pensaba en ella y en toda su familia-, este es un teléfono de información, y supongo que si usted no la tiene, podrá pasarme con alguien competente en la materia….

Craso error, me arrepentí según lo dije, y ella, que parecía tonta pero no lo era en absoluto, supo aprovechar la ocasión:

-¡Efectivamenteee!, ¡le paso con otra compañeraaaa! -dijo triunfante.

Horror. Repetí el proceso con varias operadoras más; por suerte, a la quinta fue la vencida, y esta consiguió pasarme, fíjate tú que sorpresa, con el “Ministerio de educación, reeducación, culturismo y ejercicio mental”… el sólo pensar que podría haber llamado allí desde un principio me da dolor de cabeza.

Lamentablemente, no fue capaz de pasarme con el departamento apropiado, aunque en realidad, nadie sabía cual era:

-¿Departamento de ciencias aplicadas, dígame?… no mire, eso tiene que hablarlo con la  sub-sub-sub-sub secretaría antestatal de la colectividad autónoma de Castilla la Manchada… -dijo una funcionaria, que claramente no quería contestar al teléfono.

-Pero es que mi problema es aquí en Madriz….

-Ah, entonces sólo deberá dirigirse por correo postal, con todos sus datos, Documento transnacional de identidad, libro del Pater Familiae, certificados escolares varios, etc; sin olvidar realizar una instancia o descargársela en internet, siempre y cuando posea el formulario nº 352 que deberá solicitar a la inseguridad asocial, además del resguardo pro-nuevo impuesto indirecto, que incluya fotocopia compulsada de que usted ha pagado el correspondiente montante de todo lo anterior -recitó con aburrimiento.

-¿Pero está usted segura de que hace falta todo eso?, yo creo que tiene que ser mucho más simple….

-Pero vamos a ver, ¿usted no ha llamado para solicitar una de las becas “Saritita Montiel”, concedidas a niños de entre 0 y 5 años por invalidez económica para estudios de astrofísica avanzada? -exclamó con indignación.

-¡No!, ¡yo sólo quiero cambiar a mi hijo de colegio! -dije desesperado, pero con la esperanza de que, si esta mujer sabía tanto de trámites, seguramente también sabría a que departamento, sub-gabinete, o vicedirectorio le correspondería mi caso.

-¡Este no es el departamento correspondiente! -contestó airada, y colgó sin decirme a dónde tenía que dirigirme, bueno, en realidad sólo le faltó añadir “¡y haga el favor de dejar de molestar!”.

Finalmente decidí consultarlo por interné, no en una página oficial, por supuesto (ya había quedado escarmentado), sino en otros sitios y acabé por descubrir espantosas noticias de personas que no habían conseguido institutos para sus hijos, huelgas, protestas a las autoridades… etc. Quizás, pensé por un momento, bastante suerte tenga Ildefonso con tener donde estudiar, especialmente si la cosas está tan mal; entonces, miré hacia la puerta dispuesto a encarar un nuevo día, a volver a ver a mis compañeros de trabajo… y volví rápidamente al ordenador, puede que yo aún no pueda salir de aquí, pero tal vez consiga que mi hijo sí.

Después de investigar más, comprobé que no podía hacer nada hasta que salieran de nuevo las matrículas para el curso que viene (¡pobre Ildefonso, pobre yo!), y aunque lo hiciera de ese modo, no podría intentar cubrirme las espaldas apuntándome a dos centros a la vez, porque anularían la matrícula de ambos… ¡e Ildefonso se quedaría sin instituto! (lo que quizás sea una buena noticia para él). Por si fuera poco, temas como la renta, cercanía al domicilio o hermanos en el centro determinan el poder ir a un instituto determinado… así que, vamos listos, nuestra casa está pegada al instituto (¡en que estaba pensando!), Ildefonso no tiene más hermanos, y por si fuera poco, su casi única familia trabaja aquí… ¡nunca podremos escapar!, ¡¿qué voy a hacer?!, ¿qué voy a hacer?, ¡tengo que salvar a mi hijo!… él quiere ser fuerte, y por eso disimula, pero yo sé que sufre, que echa mucho de menos a sus amigos del anterior instituto y que no puede soportar la inmensa soledad de este lugar lúgubre, terrible y desesperante….

Nota 31

Ildefonso ha entrado en mi despacho… ¡y viene con Mari!.

-¿Ves?, sabía que estaría aquí -dice Ildefonso.

-¡Abelardo!, ¿dónde estabas querido?, ¡cualquiera diría que eres un chiquillo que se esconde en sus primeros días de colegio! -dice Mari con esa voz falsamente afectuosa.

En ese momento me apresuré a apagar el ordenador… luego borraré toda la información que pueda, y contrataré a un hacker profesional para que lo formatee todo, de modo que nunca, nunca puedan descubrir que intenté huir de aquí, si lo llegan a saber estaremos perdidos… o algo peor.

-Todos estaban muy preocupados por tí papá, se rumoreaba que habías muerto, pero nadie estaba seguro de si había sido por una epidemia de gripe holandesa, o si te había atropellado un camión que transportaba madera a Cantalabria… así que vinieron a preguntarmelo a mí -dijo como si hubiese vivido el proceso más lógico del mundo, llegados a este punto, lo único que me pregunto es si todos están locos o soy yo el loco.

-¡Qué tonterías!, yo jamás pensé en cosas tan absurdas -dijo Mari con dignidad mientras se apoyaba en mí-; si Abe está enfermo de algo, sin duda es de una enfermedad exótica traída de la selva amazónica… a saber que frutas habrá comprado en el mercado….

Definitivamente, ellos son los locos.

Entonces Ildefonso salió del despacho, pero desgraciadamente, Mari no, pues suspiró, y me dijo:

-¡Ay, Abelardo!, ¡qué popular se ha hecho tu hijo, y eso que acaba de llegar!, ¡todo el instituto le adora!: profesores, alumnos, personal no docente… fíjate que le han votado como delegado de su clase, de todas las de su curso, y también de los dos siguientes, ¡se habla incluso, de que puede llegar a serlo a perpetuidad, además de que, incluso cuando salga del instituto, seguirá siendo delegado honorífico!… ¡y que contento está, siempre rodeado de gente!.

Contemplé con horror que eso era verdad, y no pude evitar preguntarme si Mari me lo decía con deliberada crueldad, mientras exhibía una sonrisa de oreja a oreja. Me parece que nunca conseguiremos escapar de aquí.

Por otro lado, tras múltiples horas de investigación posteriores, que dejarían en ridículo a Sherlock Olmos, he descubierto que es la Comisión de escolarización del barrio la que lleva lo del cambio de instituto… pero sigo sin estar muy seguro….

Continuará…

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5 respuestas a Sexta parte de Notas de aburrimiento

  1. Pingback: Guía de capítulos de Grandes relatos | Universo de A

  2. plared dijo:

    No me entero de nada…..

  3. Jajajaja, hombre, es lógico que no te enteres de nada, este es el sexto capítulo de una novela… empieza por el primero para saber de que va o leete el resumen que viene en la “Guía de capítulos de Grandes relatos. En cualquier caso, haz click en el enlace del final del artículo “Todos los capítulos publicados aquí” (dónde encontrarás el resumen mencionado y enlaces a todos los capítulos), cualquier duda más, no dudes en plantearmela.

  4. Anónimo dijo:

    esta bien ,se lee bien,pero los tienes mejores.esperaremos al proximo.

  5. ¡Ya están publicados nuevos capítulos!, no olvides pinchar en el enlace que siempre hay al final o mirar en la sección de Grandes relatos. En cualquier caso, estoy seguro de que los nuevos te gustarán. ¡Hasta pronto!.

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