La dolce vita en la bella Italia

     Con motivo del renacimiento, el barroco de Universo de A (que aún se sigue desarrollando), y además para aumentar la celebración con motivo del 4º cumpleaños de Universo de A, publico las fotos de mi reciente viaje a Italia, que como véis, son tan abundantes que están estructuradas por ciudades, es lo que tiene un viaje organizado; ciao bambinos!:

Roma, la ciudad eterna y el Estado de la ciudad del Vaticano: a la capital de Italia yo la he calificado de desfase artístico, porque yo, siendo un amante total del arte y de la historia que no conoce límites en su gusto por ella, quedé saturado en esta ciudad: no podías dar ni dos pasos sin que hubiera una iglesia llena de obras de arte (evidentemente no todas eran importantes, pero arte al fin y al cabo), de todas las épocas posibles y creíbles, y así hasta enloquecer, porque realmente la ciudad de Roma es un museo en sí misma y si quieres ver arte no hace falta ir a ningún museo, en fin que resultó simplemente agotador (eso sí, como en todo viaje acabas cansado pero feliz).

      De todos modos los transportes en esa ciudad son una locura (y una vergüenza para una ciudad europea de su talla): el metro sólo tiene dos lineas que se entrecruzan entre sí, de modo que no resulta muy práctico (y como haya la gente que hay en Madrid a las 7 de la mañana, tiemblo por quien lo tenga que coger en Termini, que es a la vez donde se entrecruzan los metros, hay una estación de tren, de autobuses… etc; pero parece que los romanos no usan mucho el metro -parece más para turistas, hasta están marcadas las estaciones por los monumentos cercanos-, y en cualquier caso, a una ciudad de estas características tampoco se le pueden pedir maravillas -cavas un tunel y aparecen restos arqueológicos-), y los buses son horriblemente caóticos y nunca llevan a cerca de ningún sito práctico, horrible vamos.

      Y una anécdota, yo cuando llegué, pensé ingenuamente que los italianos serían muy buenos al volante, pues no parecían necesitar semáforos (en frente del Vittorio hay una rotonda de más de ¡cinco carriles! y ni un sólo semáforo, por ejemplo); luego supe la triste verdad, por lo visto en Roma morían atropelladas varias personas a la semana, pero eso es algo de lo que no se habla (y visto su forma de regular el tráfico, no es de extrañar).

      En cualquier caso, la ciudad eterna fascinará a cualquiera y nunca decepcionará.

     En lo que respecta al Estado del Vaticano (al fin y al cabo se supone que es un estado y ciudad diferentes) es una visita fascinante, eso sí, hay que ir con mucho tiempo para ver todos los museos y submuseos; y tal vez, nos genere ciertas dudas acerca de la Iglesia (o por lo menos a mi me lo hizo) y su forma de emplear sus riquezas, sin embargo, no debemos olvidar, que esas construcciones pertenecen a otra época y manera de pensar, hay que tener perspectiva histórica.

Pompeya, el pasado paralizado: si uno quiere descubrir como era la vida en la época de los romanos y como eran realmente sus ciudades, la visita a Pompeya es imprescindible; allí, todo se conserva: casas, prostibulos, tabernas… etc, eso sí, no es una visita exenta de peligros, ver a las personas carbonizadas por la lava del Vesubio y saber que su dolorosa muerte ha servido para que ahora podamos ver la esplendida ciudad romana no es un espectáculo agradable.

      En cualquier caso, yo ya deseaba ir y por eso cogí un itinerario que me lo permitiera.

Nápoles, ¡castillos y palacios!: dicen que es un lugar donde hay muchos; en cualquier caso, la visita de Nápoles puede ser diferente dependiendo de lo que hagas, en nuestro caso, mi grupo se dividió en dos: unos fuimos a visitar el palacio real y los castillos y otros a dar vueltas por la ciudad; los primeros salimos maravillados y encantados con Nápoles y nuestro “tour real” que incluyó una de las escaleras más majestuosas que nunca vi en el palacio o la preciosa biblioteca nacional que tenía frescos en todas las salas y unas estanterías preciosas; los otros contaron una versión totalmente diferente: habían salido aterrorizados y habían visto “el Nápoles profundo”, se metieron por calles extrañas en las que se encontraron ropa colgando y un señor que vendía pescado encima de una tabla y sin hielo, además de una tremenda suciedad, y acabaron gritando que no iban a arriesgar la vida cruzando una carretera. Vamos, versiones totalmente diferentes de la misma ciudad, extraño y fascinante a al vez, ¿no?.

Asís, una abadía enorme para un santo modesto: la ciudad tiene un gran encanto y veremos construcciones típicas italianas; y una cosa, si lo tuyo es comprar souvenirs religiosos, mejor deja Roma y las tiendas cerca del Vaticano que son carísimas, y esperate a esta encantadora ciudad medieval, ¡hasta podrás comprar un rosario con una reliquia del santo! (tierra de su tumba); en cualquier caso veréis que el lugar es muy bello.

Siena, arquitectura del norte: aquí apreciamos por primera vez eso, y además aquí se grabó 007 quamtum of solace; es un lugar bello por el que vale la pena callejear. En cuanto a la conocida catedral, por mucho que a Wagner se le llenaran los ojos de lágrimas al verla, a mi no me impresionó, en fin, ved las fotos y juzgad vosotros.

Florencia, arte puro: por lo visto aquí está el 5% del patrimonio de la humanidad de la Unesco; y eso ya dice mucho.

      El más famoso de los museos, la galeria de los Ufficci (que es además la pinacoteca nacional italiana) no me impresionó (ni siquiera los Botticcelli me entusiasmaron en exceso) y de hecho creo que perdí demasiado tiempo allí (y si uno no sabe que se puede hacer reserva en una puerta cercana, hará una cola de cuatro horas mínimo), ¡y es que hay otros muchos lugares bellos para visitar! entre ellos el palazzo vechio o el Pitti, y aún con esto os quedarán cosas por ver y os sabrá a poco; y es que para Florencia hace falta tiempo, ¡mucho tiempo! (y en ningún viaje organizado te dan más de un día, o sea que es una pesadilla).

Pisa, ver e irse: esta ciudad ha quedado inmortalizada gracias a su famosa torre (que sí, está realmente muy torcida, hasta el punto de que si te acercas parece que se vaya a caer en cualquier momento, porque no es que se incline sólo hacia un lado, parece como si estuviese mal hecha, y sino fuera porque sabes que lleva ahí siglos, no te acercarías mucho, y aún así, tienes cuidado, no vaya a ser), ¡y menos mal!, porque, y lo veréis en las fotos, la ciudad no tiene mucho más, ¿encanto? sin duda, como toda ciudad italiana, pero poco más; sin embargo, la idea de ver la torre, y el preciosísimo conjunto religioso que la rodea desde luego merece la pena.

Padua, el milagro de S. Antonio: ¡juro que me entró un fervor religioso allí!, será que de tanto ver iglesias al final la cotrareforma hizo efecto en mi; en cualquier caso, si pedis un deseo al visitar la bellísima basílica (y la ciudad también es una autentica maravilla en la que hay que pararse) sed altruístas y pedid algo que beneficie a la mayor parte de gente posible.

     En cualquier caso, ese lugar tiene algo, un no sé que, pero algo especial y místico.

Venecia, conocer la belleza: la perla del adriatico, se ha convertido, supuestamente, en un parque temático para adultos (casi no quedan habitantes); pero aún así su atractivo es simplemente incuestionable (y pensaba que me decepcionaría porque había oído de todo: que si que no estaba cuidada, que los canales parecían cloacas… etc) y su belleza incomparable, es un paraíso en la tierra (por muy atestada que esté, que siempre lo está), donde todo transcurre de un modo distinto, un lugar tan deliciosamente diferente que no parece real sino ficticio, eso es Venezia.

     De ella tengo varias anécdotas: nuestra guía nos recomendó que compraramos si queríamos antes de llegar a esta ciudad, porque allí todo iba a ser carísimo y no lo ibamos a poder hacer, sin embargo en nuestro caso, ¡fue la ciudad donde más compramos!; y tiene gracia porque ya nos habíamos prometido que en ningún caso ibamos a sucumbir a las compras en Venecia, todo empezó cuando nos llevaron a la fábrica de cristal de murano (típico truco de las organizadoras de viajes), tras enseñarnos como se hace (incluyo video de eso) se nos hizo pasar, como no, a la tienda, donde se nos anunció que para nosotros todo estaba rebajado al 50%, oír esas palabras anuló totalmente nuestra razón, y nos lanzamos sobre la ganga; poco después pasaba por delante de un magnífico escaparate y no podía resistirme a comprar una preciosa máscara (pueden llegar a ser realmente baratas y bonitas a 5 euros nada menos) y cuando nos descuidamos ya habíamos comprado otras dos.

     Y como en todo viaje, después de tantos días, por una parte de da pena irte, pero otra gran parte de ti sabe que no puedes continuar con ese ritmo y que quieres volver a casa.

      Y es entonces, una vez superado el cansancio, cuando miras estas fotos que ahora también están a vuestra disposición para que las disfruteis, y te vienen tantos maravillosos recuerdos y lo que fue para nosotros La dolce vita en la bella Italia.

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3 respuestas a La dolce vita en la bella Italia

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