Simon Boccanegra

La decepción Verdi
 
Giuseppe Verdi (1813 – 1901)
Melodramma en un prólogo y tres actos
Libreto de Francesco Maria Piave y Arrigo Boito (revisión 1881), basado en Simon Boccanegra, de Antonio García Gutiérrez
Producción del Teatro Real (2002)
 
Coro Titular del Teatro Real
Orquesta Titular del Teatro Real
(Orquesta Sinfónica de Madrid)
 
Introducción: Basada en el drama homónimo del escritor andaluz Antonio García Gutiérrez, la primera versión de Simon Boccanegra se estrenó el 12 de marzo de 1857 en La Fenice de Venecia. La obra alcanzó sólo un éxito moderado, y el libreto de Francesco Maria Piave en particular recibió fuertes críticas. Posteriores representaciones a finales de los 50 tuvieron mejor acogida, pero el estreno en la Scala en 1859 fue un completo fiasco. Por todo esto, Verdi decidió revisar la partitura, pero no fue hasta 1879 cuando finalmente realizó una serie de cambios fundamentales, también en parte para probar la posibilidad de trabajar con Arrigo Boito como libretista en su gran proyecto de Otello. El compositor pensó que el prólogo y los dos últimos actos podían permanecer más o menos como estaban, pero que el primero necesitaba una profunda revisión, para inyectarle mayor contraste y variedad. Esta idea dio lugar a la famosa escena del Consejo. Pero al final Verdi decidió que toda la obra necesitaba una profunda revisión. Esta nueva versión se presentó en la Scala en 1881 con enorme éxito, bajo la dirección de Franco Faccio y con un prestigioso reparto que incluía al barítono Victor Maurel, el bajo Edouard de Reszke o el tenor Francesco Tamagno. Simon Boccanegra es la ópera verdiana de madurez más concienzudamente revisada por su autor. El drama de 1857 era considerablemente avanzado para su época, en especial desde el punto de vista de la caracterización de los personajes. Hay una preponderancia de las voces masculinas graves, frente a un único personaje femenino, y esta inusual constelación vocal otorga a toda la partitura unos colores oscuros y sombríos que la hacen particularmente atractiva. 
El Teatro Real recupera este montaje propio firmado por Giancarlo del Monaco, estrenado en 2002, para clausurar su decimotercera temporada tras la reapertura con dos elencos de prometedora brillantez, en el que destacan como Amelia Grimaldi la albanesa Inva Mula (una de las sopranos más queridas del público, al que ha cautivado con sus delicadas interpretaciones de Mimì en La bohème, Violetta en La traviata o Antonia en Les contes d’Hoffmann) y la rumana Angela Gheorghiu (quien realizará finalmente su debut escénico en el Teatro Real con un papel en el que ha triunfado recientemente en el Metropolitan de Nueva York y el Covent Garden londinense), el barítono georgiano George Gagnidze, y Plácido Domingo que, fiel a su cita anual con el público madrileño, no ha querido resistirse a incorporar el magnífico papel protagonista. Junto a ellos estarán otros nombres de absoluta garantía como los tenores Roberto Aronica y Marcello Giordani como Gabriele Adorno o los bajos Giacomo Prestia y Ferruccio Furlanetto como Fiesco.
 
     No existe nadie perfecto, ni tan siquiera Verdi, y hasta ahora me habían gustado todas sus óperas, pero, tenía que llegar la que no. Esta es y no es una de sus últimas óperas, no lo es porque la compuso de joven y fue un fracaso (y debió de haberla dejado en un cajón) y lo es porque la revisó y la reeestrenó de viejo, no sé como sería la primitiva, pero de lo que si estoy seguro es que la revisión no salió mucho mejor.
     La historia no tiene interés y al libreto le resulta imposible dársela, de hecho creo que ni siquiera consigue entenderla el mismo.
     La música no llega a calar ni a enamorar como en otras obras, apenas recuerdas algunos fragmentos destacables, y no creo que tenga nada que ver una partitura más oscura vocalmente hablando; simplemente, no da resultado.
     La producción del Real no lo mejora, una misma, simple y cansina puesta en escena (con algún ligero cambio sin importancia) para toda la ópera, sólo contribuye a que todo resulte más pesado y lento, llegando a perjudicar a la ópera claramente.
     En fin, que Verdi tiene muchísimas óperas magníficas (pongamos por ejemplo algunas de las que ya se ha hablado en Universo de A, como Rigoletto, Un ballo in maschera y naturalmente La Traviata), así que, a menos que se quiera conocer al compositor más profundamente, no veo la razón para ver esta ópera.
 
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2 respuestas a Simon Boccanegra

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