la incoronazione di poppea

Monteverdi evolucionó… pero sigue siendo Monteverdi
 
Claudio Monteverdi (1567 – 1643)
Dramma musicale en un prólogo y tres actos
Libreto de Giovanni Francesco Busenello
Nueva edición de Jonathan Cable (2010) basada en la versión de Venecia
Nueva producción del Teatro Real en coproducción con el Teatro La Fenice de Venecia
 
Les Arst Florissants
 
Duración aproximada de las representaciones:
  • Acto I: 1 hora y 35 minutos 
  • Pausa: 25 minutos
  • Actos II y III: 2 horas  
Introducción: Sabina Popea fue, como es sabido, una de las más célebres cortesanas de la antigüedad. Su libertinaje y libidinosidad fueron tan legendarias como su ambición, que la llevaría finalmente a un desgraciado final. Pero esto no es lo que nos cuenta Claudio Monteverdi en su última ópera, L’incoronazione di Poppea, estrenada en el Teatro dei Santi Giovanni e Paolo (Teatro Grimani) de Venecia en 1642, sino que se limita a relatar su imparable ascensión al trono imperial, para lo cual traicionará no sólo a su amante Ottone sino también al filósofo y preceptor del joven emperador, Séneca, y a la primera mujer de éste, Ottavia. La obra está basada en los Anales de Tácito, aunque también se utilizaron otras fuentes como Los doce Césares de Suetonio y la Historia de Roma de Dion Casio. El tema central es el amor triunfante de Nerón y Popea, aún a costa de la virtud. Giovanni Francesco Busenello, miembro de la aristocrática y libertina Accademia degli Incogniti, escribió un libreto lleno de ironía, sobre un tema bien conocido por el público veneciano. Tanto Busenello como Monteverdi demuestran aquí su extraordinaria habilidad para describir a través de la música y el texto la psicología de cada uno de los personajes. Es una obra con momentos de un realismo cruel, lo que la hace ser de una rabiosa actualidad, y en ella el compositor de Cremona se presenta en toda la plenitud de su madurez creativa.
Después de L’Orfeo e Il ritorno d’Ulisse in patria en las pasadas temporadas, con esta coproducción el Teatro Real culmina, junto con el Teatro La Fenice de Venecia, la representación de la trilogía monteverdiana, que se ofrece por primera vez en España de una manera cíclica, en un montaje de Pier Luigi Pizzi, que ha dirigido escénicamente también por primera vez el ciclo completo, contando siempre en el foso con uno de los máximos intérpretes de la música barroca, William Christie, al frente de su conjunto de instrumentos de época Les Arts Florissants. Destacan entre los solistas principales, por primera vez en el teatro, la atractiva soprano Danielle de Niese, que encarnará el papel titular, y uno de los más brillantes contratenores de hoy, Philippe Jaroussky. Y, entre otras, también las voces de Anna Bonitatibus, Max Emanuel Cencic, José Lemos, Terry Wey o Robert Burt.
 
      Hace unos años, el mismo Teatro Real escenificó la primera ópera de la historia (de este mismo compositor), y no me entusiasmó, decidí no ver otra de Monteverdi; pero he vuelto a caer, supongo que os preguntaréis porque. No iba a ir, pero empecé a leer (peligrosa aficción) sobre la ópera, que sí que era la última que había compuesto, que si lo mucho que había evolucionado, que si era la base de la ópera y la primera con personajes históricos y blablabla… total, que sucumbí y fuí… durante 4 horas, hasta un estudioso musical que investigaba sobre el tema dijo que estaba saturado de Monteverdi, así que imaginaos yo. Enténdamonos, la ópera se lleva mucho mejor que Orfeo y desde luego es todo lo anteriormente mencionado, pero que queréis, es algo para lo que hay que ir psicologicamente preparado.
      La historia es bastante escasa y como es lógico viendo su primitivismo, se preocupa más del lucimiento de los cantantes que de decir algo interesante, por lo que no hay un gran libreto.
      Musicalmente, hay una clara evolución y resulta interesante el comparar ambas obras y escuchar (cosa que no se hace a menudo) música renacentista. No obstante tiene que entusiasmarte, pues su lentitud es tremenda.
     La producción, la misma que hizo Orfeo si bien es agradablemente clásica, los decorados son muy poco variados y predecibles, lo que disminuye movilidad a una ópera ya de por sí lenta.
     En cuanto a los cantantes, se suponía que había que quedar fascinado con Philippe Jaroussky (un contraalto famosísimo, nunca imaginé que un hombre pudiese cantar notas tan agudas sin ser un castrati, ¿o quizás aún quedan en el s.XX? jajaja) pero a mi quien me entusiasmó fue un secundario Max Emanuel Cencic que tenía una voz aguda realmente preciosa; sin embargo recuerdo que una de las más aplaudidas fue Poppea.
     En fin, una ópera recomendable sólo para los muy fans del género que quieran profundizar a fondo en él y en todas sus épocas.
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