La herencia del Rey loco: capítulo 6

     Bueno, hay que compensar todo este tiempo sin publicar, así que casi seguido, publico otro nuevo capítulo en el que se desvelarán cosas muy importantes (y por cierto, si para imaginarlas necesitas fotos, no dudes en consultar mi album de Baviera) y por eso me ha costado especialmente hacerlo, en fin, ¡no esperes más para leerlo!:Capítulo 6:

     Norberto y Herman habían quedado aquella tarde y probablemente saldrían después, o al menos esos eran los planes del segundo mientras reía sin parar en la habitación de Norberto:
-No, no, no -bromeaba Herman- tío, no te vuelvo a llevar a una fiesta con famosos, siempre me dejas en ridículo jajaja.
-Bueno, vale, reconozco que estaba algo emocionado, pero tampoco te pases -protestó en broma Norberto.
-¿Algo emocionado? gritaste en medio de la fiesta “¡es Daniel Brühl!” y saliste corriendo hacia él para pedirle un autógrafo, no me extraña que los seguratas pensaran que eras un fan superfanático de esos que se saltan hasta las medidas de seguridad más tremendas, estuve por dejar que te detuvieran y mirar a otro lado para que no me dejaras en evidencia, pero tuve miedo de que te pusieras a gritar mi nombre y hubiera sido peor.
-Al menos conseguí el autógrafo, además no es tan extraño, es un actor casi internacional, se los pedirán a todas horas.
-¡Pero no en medio de una fiesta!, se supone que van allí a relajarse, divertirse, alejarse de la persecución de los focos… y a lamer el culo de quien convenga -rió Herman, casi con desprecio, pues el hecho de haber tenido dinero siempre y haber nacido en una familia poderosa le había aportado siempre una tremenda arrogancia, desprecio por el trabajo y los que lo hacían, además de que nada podía impresionarle ya, ¿al fin y al cabo, que sorprende a una persona que desde niño ha visto pasar por su casa, un día sí y otro también, a gente importante de toda índole y profesión?, debido a la importancia de su padre había conocido desde altezas reales a premios nobel (pues si bien Baviera no tenía la capital del Alemania, no es un estado cualquiera; para empezar es el más grande de toda la república federal, y además cuenta con varias empresas de renombre que tienen su sede central allí, desde el sector automovilístico al de seguros, eso sin contar con  que también es el primer destino turístico del país)  pero, sin embargo, estas cualidades que podrían resultar realmente insoportables, quedaban muy bien disimuladas bajo una gran simpatía, carisma y afabilidad, era, por decirlo de algún modo, un pijo simpático.
-¡y también conseguí el de Diane Kruger! -volvió a decir un Norberto al que le brillaban los ojos con sólo recordarlo- ¡y es aún más guapa en persona!
-¿sabes que me la tiré? -interrumpió Hermann
-sólo me lo has contado como un centenar de veces
-no, pero también aquella noche, después de que te fueras -dijo Herman en parte para hacer rabiar a Norberto, pues sabía que a este no le haría gracia que mancillara a los dioses de la interpretación.
-en cualquier caso, -dijo Norberto intentando volver a llevar la conversación a su terreno- es una actriz de mucho talento
-no sabes bien tú para lo que tiene talento esa mujer ufff, si yo te contara -dijo con un gesto obsceno combinado con un gemido de excitación mientras Norberto le ponía una cara de “para ya”, no obstante, sabía que no podía enfadarse con él aquella noche, y menos por una minucia, tenía que decirle algo muy importante: 

-Cambiando de tema, oye, tengo algo muy importante que pedirte, ¿podrías -dijo abordando el tema directamente, pues sabía que en este caso los rodeos eran absurdos- conseguirme una entrada para el tesoro de la Residenz y más concretamente para ver las joyas de la corona con más atención?.
-Hombre, yo si quieres te compro la entrada, pero me parece una tontería porque no vives tan lejos, podrás ir de nueve a seis -dijo socarronamente.
-Creo que no me entiendes, me refiero a una “visita” fuera de ese horario.
-Lo he entendido a la primera, pero… ¿por qué se supone que yo puedo conseguir tal cosa? -dijo con falso tono de inocencia.
-Herman, eres el hijo del primer ministro de Baviera, estoy seguro de que puedes entrar como Pedro por su casa -continuó pacientemente Norberto.
-No sé como se te ha podido ocurrir tal cosa… -continuó bromeando Herman.
-Por favor, los museos se abren con una facilidad asombrosa a determinadas personas, ¿cuantas veces se han celebrado fiestas exclusivas el sitios como el MOMA o incluso en el British museum?.
-Vale, vale, veo que vas en serio, pero, ¿a que viene decirmelo a mi?, ¿no se lo puedes pedir a tu querido profesor?.
-Mi querido profesor, como dices, para variar no está decidido a ayudarme…
-No me extraña, varias tías con las que salí de Historia ya me dijeron que aunque se portaba con las notas, en persona es un cabronazo y que por eso, aunque sólo da optativas, la gente prefiere no cogerlas para no aguantar sus ralladas.
-El caso es -continuo Norberto- que es de vital importancia que tenga acceso a las joyas de la corona para un aspecto muy importante de mi tesis.
     Norberto decidió no revelarle a Herman todo lo que había descubierto, aunque fuera su mejor amigo en Alemania, no estaba seguro de que debiera de decirle nada, al fin y al cabo ¿qué ganaría con ello? quizás incluso lo metiera en problemas, y bastantes tenía ya normalmente. Así se disculpaba mentalmente el estar ocultándole parte de la verdad, lo que también se debía en parte a que Norberto, al fin y al cabo, no dejaba de ser una persona bastante introvertida y le costaba confiar, era la típica persona de pocos y buenos amigos de toda la vida. Herman por su parte era todo lo contrario, siempre animado, siempre en un constante optimismo y con un permanente “carpe diem” en los labios, gustaba más de conocer a mucha gente de la manera más superficial, quizás porque le encantaba también ser conocido y reconocido; de hecho, quizás su relación con Norberto, a pesar de su corta duración, era de las más profundas que había tenido en años, lo que no era de extrañar dado los ambientes frivolos en los que se solía mover.
-Bien, -dijo Herman sin llegar a estar totalmente serio- ¿y se puede saber lo que vamos a averiguar?
-¿Vamos?, pensaba que los museos te daban alergia, o eso me dijiste cuando te propuse ir el otro día a la Alte Pinakothek (pinacoteca de arte antiguo) o eso me dijiste, ¿no? -dijo Norberto intentando, en parte, alejarle de sus planes.
-Sí, a la tercera vez reconozco que me entra un sarpullido, ¿pero a quien no? -dijo riendo- además, será excitante estar en uno de esos sitios lúgubres de noche, a ver si vemos el fantasma de tu querido Luisito, le preguntas lo que quieres y acabas la tesis y así vamos de marcha todos los días, ¿sabes que acaban de inaugurar una nueva disco superexclusiva?…
-Pero entonces, ¿puedes conseguir el permiso?.
-Sin problema, el director de ahora le debe el puesto a mi padre, no creo que tenga ni que hablar con él para conseguir entrar, diré que tengo antojo de historia -dijo mientras rompía a carcajadas- si lo sabe mi padre a lo mejor me sube la paga y todo, jajaja.
-Y el poder examinar las joyas de la corona, que es lo más importante, ¿también?.
-En principio no debería ser un problema, ya sabes que un favor se paga con otro favor, y allí hay varios que deben muchos desde que gobierna Aldous vom Rhein; te llamaré en todo caso para confirmar.
 
      Norberto había llegado a la Max-Joseph-platz (plaza del Rey Maximiliano José), Herman siguiendo el eficiente estilo alemán, le había llamado al poco de su conversación y lo había dejado todo solucionado, así que hasta pudieron elegir el día para ir, que ya había llegado, y Norberto se sentía nervioso, lo cual no mejoraba el hecho de que Herman, como siempre, llegara algunos minutos tarde, cosa que éste consideraba sofisticado. Por fin llegó y se dirigieron al palacio.
     Naturalmente, llevaba ya un tiempo cerrado, pero como esperaban su visita, no les fue difícil entrar; a recibirlos salió el propio director del museo y un guardia de seguridad que tan pronto abrió las puertas para las que se le necesitaba, rápidamente fue despachado por el director con cierto desprecio.
-Señor Vom Rhein, que bien verle por aquí, le esperaba impaciente, y a usted también señor… -dijo el elegante hombre.
-Bosco -dijo Norberto, dejando ver su no nacionalidad alemana.
     El director, un hombre claramente orgulloso, muy trajeado de Armani, de edad considerable, lo que denotaba su pelo blanco y su extendida calva, miró con extrañeza a los dos jovenes y a continuación volvió a hablar:
-¿De donde es usted? -entonces vió el gesto de impaciencia de Herman y decidió cambiar rápidamente de conversación- bueno, en todo caso, decir que será para mi todo un honor hacerles de cicerone hoy…
-Creo que se equivoca, -cortó rápidamente y con cierta altivez Herman- mi amigo y yo no estamos en absoluto interesados en todo eso -Norberto le miró casi con cara de reprimenda, ¿cómo podían rechazar una visita guiada del que se supone que es el que más sabe de un lugar tan apasionante?, sin embargo, a continuación recordó cual era su principal objetivo y volvió a centrarse- sólo nos interesa una cosa: las joyas de la corona bávaras.
-Un interés muy loable, como no concretó exactamente que parte de ellas quería ver, se han sacado las medidas de seguridad de todo ello y se han puesto a su disposición en medio de la exposición por si quisieran ver alguna más -dijo el adulador hombre de mediana edad- ¿necesitarán audio guía por casualidad?
     Herman miró a Norberto y adivinó la respuesta mientras decía afablemente:
-estoy seguro de que mi coleguita sabe más de lo que nos pueda decir cualquiera de esos aparatejos.
-Seguro que sí -dijo con una sonrisa de compromiso mientras se preguntaba quien era ese extranjero cuyo común atuendo dejaba ver claramente que no pertenecía a la misma clase social del hijo del poderoso ministro, en todo caso, comenzó a guiarles hacia el Tesoro, lugar donde se hallaban los múltiples objetos de valor reunidos por los Wittelsbach a lo largo de su historia, llega con decir que su recorrido con audioguía llevaba cinco horas, y no era para menos, en aquella, una de las colecciones más importantes del mundo había 1000 años de historia (desde la edad media hasta la moderna); todo tipo de maravillas se podían observar en él, relucientes collares de ordenes de caballería, báculos de obispos, bellísimos utensilios de cristal, esculturas llenas de gemas… etc; y en el centro del Schatzkammer, en medio de la sala, se hallaban las jovenes joyas de la corona, tanto como al Reino que simbolizaban, puesto que al fin y al cabo, su existencia respondía a la aparición de este en 1806, y es que hasta el siglo XIX el estado bávaro había sido muchas cosas: primero parte de una provincia romana, después con los godos llegó a convertirse en lo que más tiempo sería: ducado, formó parte del imperio carolingio, según los vaivenes de la historia era o dejaba de ser ducado, se disminuía y extendía, formaba una parte importante del sacro imperio romano germánico; en todo caso, momentos indudablemente claves, fueron cuando en 1180 el conocido Emperador Federico Barbaroja concedió el ducado a Otón de Wittelsbach, familia que se mantendría ininterrumpidamente al frente del estado hasta 1918 o cuando adquirieron el Palatinado electoral en 1214, algo muy importante, pues dejaban de ser unos simples duques (por poderosos que fueran) a convertirse en Príncipes electores, es decir, personas con el poder para elegir el Emperador del sacro imperio romano germánico (teóricamente, sucesor de los Emperadores romanos); atravesó divisiones y reunificaciones, concesiones de la Iglesia para que no se pasaran al protestantismo como el resto de Alemania (Baviera es el único estado católico del país) y múltiples guerras que amenazaron su existencia; hasta llegar al siglo XIX, momento en el cual, Maximiliano de Wittelsbach, admirador de las ideas de la ilustración, apoyaría a Napoleón casi hasta su final, y este, le otorgó algo que en principio sólo habría podido conceder el Emperador del sacro imperio romano germánico (pero, ¿que importaba? aquel había renunciado a su título para quedarse sólo en “Emperador de Austria”, y al fin y al cabo Napoleón Bonaparte o Napoleón I había sido coronado en Roma por el propio Papa, ¿se podía pedir más?), el lugar que gobernaba ascendía a ser el Reino de Baviera y él, Maximiliano I. El Reino sobreviviría incluso a la unificación alemana (precisamente en tiempos de Luís II) pero ya no podría superar el desastre de la primera guerra mundial que empezaría a cambiar la faz de Europa.
     No obstante, estas joyas, no son en absoluto las más modernas de Europa, de hecho, muchas joyas de la corona de otros países (incluso de las monarquías más consolidadas y antiguas) son de esa época o fueron complementadas o adornadas en aquellos tiempos.
     Las joyas se componen de: una corona de las Reinas, de oro perlas y diamantes; una gran espada; un orbe de oro; un magnífico cetro de oro con brillantes esmeraldas y zafiros y lo más importante: una corona para el Rey, de oro, con rubies, esmeraldas, perlas, diamantes y zafiros; que curiosamente, nunca se había puesto en la cabeza ningún monarca, básicamente porque la ceremonia de coronación bávara no lo exigía (lo que no es tampoco sorprendente tampoco respecto a otros países, como por ejemplo en España se hace sólo una proclamación), se mantenía cerca del monarca durante toda ella (al igual que el resto de los objetos nombrados) como símbolo, pero nada más. Y estes importantes objetos eran los que tanto interesaban a Norberto aquel día.
     No tardaron mucho en llegar a la sala aunque a Norberto le hubiera gustado volver a ver con tranquilidad toda la colección, especialmente ahora que no había un inoportuno público con el que se hubiese que pelear por ver algo; afortunadamente Herman, con más cabeza que él por una vez, lo empujó continuamente hacia delante para llegar cuanto antes, a pesar de lo que quisieran parecer, aquello era cualquier cosa menos una visita turística.
-Bueno, pues aquí están -dijo el director- admirables, ¿no?, debo de reconocer que me resultó curioso que quisieran ver con detalle casi unicamente esto, aunque bueno, supongo que son la “estrella” del tesoro.
      Norberto se quedó inmovilizado, no podía realizar una revisión seria de las joyas si aquel tipo inoportuno no se largaba, cosa a la que no parecía dispuesto, afortunadamente Herman pareció leerle el pensamiento.
-Estamos fascinados -dijo Herman con una ligera altivez- seguro que usted tendrá cosas importantes que hacer, así que no queremos entretenerle más, vaya, nosotros nos quedamos aquí un rato admirándolas.
     El director de la institución miró con desconfianza, especialmente al que él había apodado mentalmente “el extranjero”.
-Tranquilo -dijo Herman un tanto irónico- procuraremos no llevarnos ninguna corona, ya no se consideran un complemento adecuado hoy día, además, pesan mucho.
     Rápidamente el director balbuceó algunas disculpas y justificaciones y se fue; pero eso sí, tan pronto como estuvo lejos de los dos jóvenes habló con el vigilante de seguridad para que, de un modo discreto no les quitase ojo y que le diera informes cada cierto tiempo de lo que pasaba.
      Por fin parecía que estaban solos, aunque Norberto sabía que, tanto si realmente era así como sino, había que actuar siguiendo un plan que ya tenía perfectamente estudiado, y lo más rápidamente posible. El trabajar en Sotheby’s en un puesto sin una gran importancia le había permitido conocer a mucha gente interesante de muchos departamentos, lo que era aún más importante tratándose de la casa de subastas internacional más antigua del mundo, y que por tanto contaba con gente muy preparada en cada campo; y dada su curiosidad natural y su permante deseo de saber más, había aprendido sobre muchas cosas muy variadas, algunas que sólo sabían los especialistas, y aún no sabiendo nada sobre un tema, tenía uno de los conocimientos más importantes, sabía a donde o a quien dirigirse para conseguir una información.
     Y precisamente eso es lo que había hecho cuando, tan pronto tuvo la confirmación de Herman, se dirigió a Kay Schultz, un importante tasador de la empresa que le informó de lo complicado que podía llegar a ser identificar el oro verdadero: para empezar debería descartar los conocidos métodos caseros de frotarlo o morderlo, no sólo existían imitaciones extraordinarias, sino incluso trampas del tipo de cubrir otro material con ligeras capas de oro, de modo que al probarlos por fuera parecía que eran del valioso material sin serlo realmente. E incluso hay diferentes pruebas para el oro blanco y el dorado o cuando está en estado puro… etc.
     Norberto había tomado buena nota de todo; y se puso a aplicar sus conocimientos recien adquiridos, para empezar cogio la real corona en sus manos, no pesaba mucho, pero lo cierto es que tampoco era un experto para determinar de forma definitiva si el peso era demasiado menor, pero ya era un comienzo; a continuación observó detenidamente las gemas engastadas, no parecían de una excelente calidad, lo que podía dar a entender que la pieza no era auténtica, pero una vez más, teniendo en cuenta sus escasos conocimientos sólo era una sospecha. Había que dejar de jugar e ir directamente a las comprobaciones de verdad.
     Para eso la mejor garantía era un probador de oro que le prestó Schultz, una maquinita facilmente transportable y que usan siempre los profesionales, que pensaba sacarse de la mochila en último término pues sabía que, con toda probabilidad no se la iban a permitir utilizar.
     “Comienza la cuenta atrás” pensó Norberto mientras ponía en la base de la corona la pinza de metal que la sujetaría al dispositivo electrónico, que, dada su avanzada tecnología, podría indicar incluso que tipo de metal era, si no era oro.
     Herman estaba empezando a alucinar “¿que se supone que hace este loco?” pensó, pero el hecho de que sabía que Norberto nunca le haría daño a nada histórico hizo que no le dijera nada, al menos hasta que este empezó a vertir sobre el lugar donde estaba la pinza un líquido que era ácido nítrico y se quedó paralizado sin saber que hacer, aquello desde luego no era lo que había planeado. En cuestión de segundos el probador determinó que aquello no era oro, sino latón dorado, y Norberto se apresuró a confirmarlo sacándo un trozo de lija y ráspando un poco; el color se diluía, la corona no era de oro, estaba absolutamente confirmado.
     A Norberto en parte le sorprendió, y entonces pensó “¿podría ser?” tocó una de las perlas, aquello era cristal, y el resto de las gemas también, decidió confirmarlo apretando la perla hasta reventarla, cristal pintado, pero cristal “¡latón dorado y cristal!” pensó inmediatamente Norberto “¡exactamente los mismos materiales que los de la lámpara del salón del trono del castillo de Neuschwanstein!, ¿casualidad? seguro que no, Luís II pasó sus últimos años allí, contaba con aquellos materiales allí y escribió su último testamento allí” ¿que más pruebas quería? era muy posible que el infortunado monarca no sólo hubiera escondido sus joyas, sino que hubiese dado el cambiazo con otras sabiendo bien lo que le iba a pasar después (detenimiento y encierro) y que nadie se hubiese dado cuenta hasta que fue tarde, ¡era brillante, efectivamente nadie se volvería a coronar con los símbolos del Reino de Baviera, aún sin saberlo! otra probabilidad era que, dada la desaparición de las joyas de la corona, los nuevos gobernantes, no pudiendo encargar otras dado lo mal que estaba el país tras las sucesivas guerras, hicieran rápidamente una mala versión para que nunca nadie sospechara el secreto triunfo del Rey que ahora llamaban loco.
      No importaba, la cuestión es que a Norberto se le iluminó la cara mientras Herman se había quedado paralizado. Inmediatamente entró el director seguido del guardia de seguridad que acercaba la mano amenazadoramente a su arma.
-¿Que significa esto? -gritó agresivamente, había perdido todo su tono pelotillero.
-Las joyas de la corona son falsas, acabo de descubrirlo -dijo Norberto tomando por primera vez la palabra, casi con orgullo- debe de darlo a conocer inmediatamente.
-¿Pero que dice este palurdo extranjero? -gritó perdiendo los nervios y hablando con todo desprecio- ¿quien le da derecho a hablar de nuestro patrimonio a este paleto que no sabe ni siquiera pronunciar bien nuestro gran idioma?, ¿va a saber el más que todos los conservadores de la Residenz? -dijo intentando justificar lo injustificable, y ya dirigiendose con tono amenazador a Herman- señor vom Rhein, no sólo me trae aquí a la peor calaña extranjera, sino que encima…
-Un segundo -interrumpió Norberto con todo el valor que le faltaba a Herman- ¡usted lo sabía! -dijo repentinamente, dándose cuenta de ello; el director se quedó palido ante tal afirmación- lo sabían pero no lo decían porque, ¿quien querría ver un tesoro falso?, ¿acaso iba alguien a pagar por algo así? -Norberto empezó a indignarse, aquello era la vertiente que más odiaba del turismo y de la historia: el negocio a cualquier precio, lo importante era vender entradas- está en un lugar importantísimo en su historia y sólo le importa la caja registradora, ¿cómo es que no se le cae la cara de vergüenza?.
     Automáticamente el director reacionó.
-¡Expúlselos inmediatamente Groß! -vociferó al fornido guardia de seguridad que rápidamente sacó a empujones y casi pistola en mano a los dos jóvenes hasta la salida; pero ya en la plaza Norberto sonreía, ¿que mejor prueba había de la veracidad del testamento? se dió cuenta de que había comenzado una auténtica aventura, había dejado de leer la historia para vivirla; así que rápidamente se despidió de Herman que estaba a punto de pedirle explicaciones y corrió ilusionado por las calles de Munich a casa, tanto, que casi le atropella una bicicleta.
     Entretanto, en la Residenz el director fue apresuradamente a su despacho a hacer una llamada:
-Señor, han venido y han descubierto el asunto de las joyas de la corona -y a continuación contó todo lo que había pasado con tono muy humilde- creo que sólo podían saberlo de una manera, podría ser que, ya sé que podría ser sólo un mito pero… ¿y si se diera esa posibilidad?…. -la autoritaria voz del otro lado del telefono le dijo que no era su trabajo suponer así que el director no continúo con el tema.
     Al día siguiente, la cantidad habitual de turistas visitó la Residenz, algunos también el tesoro, donde vieron la corona de los Reyes de Baviera, a la que no le faltaba ni una perla, pero nadie percibió, a través del grueso cristal, que en la base había una pequeña mancha negra, que denotaba que ese objeto no era aquel “símbolo de poder y soberanía con el que se habían coronado los monarcas bávaros” del que hablaba el audioguía.
 
Continuará…
Archivo:Schatzkammer Residenz Muenchen Krone des Koenigreichs Bayern.jpgFile:Kronjuwelen2, Schatzkammer Residenz München.jpg
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7 respuestas a La herencia del Rey loco: capítulo 6

  1. alberte dijo:

    la historia sigue muy interesante,pero creo que te enrrollaste un poco con los detalles en la primera parte y se me hizo algo pesada, luego te centraste en la historia y se acabo demasiado rapido muy bien la segunda parte.

  2. A dijo:

    No sé exactamente a lo que te refieres con la primera parte, pero deduzco que estás hablando de la importante cantidad de historia que metí acerca de Baviera. Confieso que yo también me pregunté hasta que punto es realmente importante y que debo o no meter de ello (y ya te advierto que es un resumen exhaustivísimo); quizás sí me excedí, no lo niego, pero me parece importante hablar del lugar donde suceden todos los hechos, puesto que, y aunque mucho de lo que escribí no llegue a tener después mayor importancia en el conjunto del relato, si me parece importante para conocer el conjunto, al fin y al cabo, ¿cómo voy a hablar luego de príncipes electores o de Sacros imperios romanos germánicos si antes no he explicado lo que son?, ¿o cómo se explicarán los que lo lean que pocos antecesores antes de Luís II sólo eran unos simples duques y no Reyes y toda la transformación del estado bávaro?, ¿o por qué Baviera forma parte de la república alemana?; no sé hasta que punto tengo razón, pero creo que siempre es mejor pecar de mucha información que de poca.

  3. gabriela dijo:

    Me ha gustado mucho, está muy bien construido y opino que la parte histórica es necesaria (para los que no conocemos esos datos es una información muy valiosa para comprender el alcance de los hechos que se desarrollan en el relato y, de paso, para aprender algo), aunque entiendo que a algún lector pueda resultarle pesado. Espero el siguiente capítulo para seguir analizando el buen o mal discurrir de los acontecimientos. Un saludo 🙂

  4. A dijo:

    Me alegro, este es uno de los capítulos que más he tardado y me ha costado escribir, sobre todo por el tema de la documentación (parece una tontería, pero hay que leer muchísimo sobre historia de Baviera, de joyas de la corona, de como identificar el oro… etc) y por mi eterna manía de que todo sea lo más fiel a la realidad posible (dentro de lo que es una novela, claro). Como he dicho en un anterior comentario, también veo necesario aportar ciertos datos históricos que más tarde o más temprano serán necesarios, tal vez con una simple alusión, una frase, pero el lector la comprenderá inmediatamente porque ya tenía esta información cosa que no pasaría sino la tuviera. Una cosa que me ha resultado curiosa, es que normalmente sueles dar una de cal y otra de arena, y esta vez parece que no has visto ningún defecto, ¡voy mejorando!; no obstante, tu que sueles mirar tanto el estilo, quizás me puedas decir si se nota en exceso eso que hago a veces de sustituir el tiempo pasado (tradicional en la novela) por el tiempo presente en varios momentos (porque algo sigue pasando); da la impresión de que ninguno de los lectores lo ha visto, así que deduzco que no suena mal, ¿no?. Y por cierto, en una ocasión tu clasificaste la relación entre Norberto y Herman como una especie de relación Quijote-Sancho, ¿sigues pensando lo mismo? En cuanto al próximo capítulo, lo publicaré cuando pueda, no supone un reto a nivel de documentación pero sí de argumento, y aunque crear no me cuesta, sí que tengo que tener claro lo que puedo y lo que no puedo decir en cada momento, la información, y más en un relato de este tipo, debe ser suministrada muuuy cuidadosamente, ¡cosas de escritores, ya sabes! ¿Por cierto, leíste el capítulo 5 (también publicado recientemente y anterior a este)? por que me sorprende que no me dijeras nada de él. Hasta pronto.

  5. gabriela dijo:

    La verdad es que este capítulo podría pertenecer a un libro de Matilde Asensi, por poner un ejemplo. No veo mal el uso de los diferentes tiempos verbales, es más creo que ese tipo de cambios le dan más vida al relato (jugar con los verbos siempre me da impresión de movimiento, de algo vivo). Puede parecer una tontería pero la literatura tiene algo de alquimia, hay que mezclar y experimentar y desde que Einstein descubrió que el tiempo es relativo, y no absoluto como se venía creyendo hasta entonces, es casi obligatorio jugar con él (tiempo). Si tuviese algo malo que decir lo habría dicho, precisamente por eso te he advertido que espero la siguiente parte para ver si está a la altura (que tanta perfección me pone nerviosa jajaja).No veo a Don Quijote y Sancho, algo hemos avanzado. Son personajes antágonicos pero cómplices, los polos opuestos se atraen no? Sí, lei el capítulo anterior pero no tenía mucho tiempo así que he aprovechado para comentar en este.

  6. A dijo:

    Finalmente seguí tu recomendación y conseguí un libro suyo, desgraciadamente no pudo ser uno de los que me recomendaste y acabó siendo "El salón de ambar", que sinceramente no me entusiasmó, no obstante, trataré de darle una nueva oportunidad cuando pueda. Me alegra que lo digas, porque a veces tengo miedo de no saber si estoy utilizando el tiempo correcto, al fin y al cabo, se supone que esto se desarrolla en una actualidad indefinida, pero dado que está contado en pasado, es parte del pasado, y sé que en ciertos sitios siguen pasando ciertas cosas y… ¡que lío temporal!, lo mejor será que ponga el verbo que más me cuadre, que es lo que me vienes diciendo. Trataré de publicar el próximo en cuanto pueda, pero a ver cuando es exactamente eso. La verdad es que tu comparación Quijote-Sancho siempre me llamó la atención y me pregunté como asumías que sería la relación entre ambos. Y cierto, has utilizado una de las frases que yo utilicé para definirlos en el primer capítulo. ¡Ah! ya me extrañaba que no lo hubieras comprobado antes de ponerte a leer uno nuevo, en fin, me gustaría que algún día sacaras algo de tiempo para decirme que opinas de ese capítulo anterior y de los personajes que nos presenta. Nos vemos.

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