El holandés errante (Der fliegende Holländer)

Una obra que no erra en nada
 
Wagner escribió el libreto de Der fliegende Holländer en París en 1841 y compuso la música en seis semanas en Meudon. En su ópera, que se estrenaría el 2 de enero de 1843 en Dresde con la famosa soprano Wilhelmine Schroeder-Devrient, están presentes los grandes temas de su concepción del arte y la vida: la maldición, la redención y el anhelo de muerte. También aparece aquí por primera vez el leitmotiv que individualiza a un personaje o define una idea o un sentimiento. Las formas cerradas, aunque conservadas a la manera de arias, dúos o baladas, muestran ya esa exigencia de fusión que se llevará a cabo en las óperas de madurez del artista, que se inician con esta obra.

En esta coproducción con el Gran Teatre del Liceu de Barcelona (donde se estrenó en abril de 2007), dirigida por Àlex Rigola, uno de los nombres más sugerentes del teatro catalán de los últimos años, la acción está situada en una moderna fábrica de conservas de la costa de Noruega, con una presencia constante del mar. Jesús López Cobos volverá a poner de manifiesto su magnífico conocimiento del universo wagneriano. El sólido reparto contará, en el papel de Senta, con la soprano alemana Anja Kampe, que acaba de obtener sonados triunfos con esta misma ópera en Múnich y Londres (en Madrid es conocida por sus recientes Ariadne auf Naxos y Leonore en Fidelio); y el regreso al Teatro Real de la cada vez más afianzada soprano portuguesa Elisabete Matos. Dos poderosos bajos-barítonos, el danés Johan Reuter (que ha encarnado recientemente a Nick Shadow en The Rake´s Progress) y el letón Egils Silins, muy afirmado internacionalmente en el firmamento wagneriano, darán vida al Holandés. Dos tenores habituales del Festival de Bayreuth, Stephen Gould (que fue Florestán en la Leonore beethoveniana) y Endrik Wottrich personificarán a Erik, el prometido de la protagonista, y el excelente bajo alemán Hans-Peter König será Daland, el ávido padre de la joven, en alternancia con Eric Halfvarson, que lo interpretó en el Liceu barcelonés.

 
      La crisis ha llegado hasta al teatro Real, y todo se nota, la calidad del papel de los programas es mucho menor, tienen menos páginas, cobran cosas que antes no cobraban… en fin, al menos han hecho ahorro en cosas que se notan menos que otras que le harían perder totalmente su carácter de teatro público. No obstante, sigo pensando que sería mucho más preferible tener la información acerca de la ópera en el programa que en una conferencia previa, en la que por cierto, afortunadamente, esta vez el conferenciante (que siempre es el mismo, debe de tener algo que ver con el teatro) estaba mucho más inspirado y dijo cosas muy interesantes.
     Pero hablemos ya de esta magnífica producción; en la que la historia es sumamente interesante pues trata sobre la apasionante leyenda del conocido barco fantasma, que queda perfectamente plasmado en un libreto hecho por el mismo compositor (como era habitual).
     De la música, no estaba seguro que esperar, la última ópera de Wagner que había visto no me había entusiasmado (ver Tannhäuser), sin embargo en este caso mereció realmente la pena, ¡toda una maravilla!, de principio a fin (y eso que normalmente en todas las óperas hay momentos muy brillantes y momentos muy flojos; y en este caso ni siquiera había descanso), de modo que la belleza de la ópera apenas decaía en ningún momento, y como no, muy Wagner, es decir, muy grandilocuente.
     La inspirada dirección, si bien normalmente me quejaría por los "modernismos" del teatro Real, en esta ocasión llega a ser realmente adecuada, pues trae el relato a nuestros días haciendolo totalmente creíble, a lo que contribuye, y mucho, una gran labor de escenografía y vestuario, con momentos de absoluta brillantez, por ejemplo un principio tan evocadoramente cinematográfico, la permanente presencia del mar, determinadas sublimes coreografías… y un larguísimo etc.
      Se convierte así esta ópera en la mejor de la temporada (al menos de lo que va de ella) y quizás una de las mejores que se han representado en el Real; así que si se tiene la oportunidad de verla, no debe de dudarse ni por un segundo.
      Por último y como curiosidad, comentar que no sé porque razón en todas las óperas de Wagner que se representan ultimamente en este teatro tienen que salir gente desnuda, y en este caso ni siquiera semitapados… ¡desnudos integrales! (y el femenino sin venir demasiado a cuento), no dejo de preguntarme la razón, ¿será para vender más entradas o atraer a un nuevo tipo de público?… lo que hay que ver.
 
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