Reinas trágicas II

Parte 2

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-Isabel II de España (1830-1904): Si las anteriores Reinas os han parecido trágicas, es probable que ninguna supere a Isabel, cuya tragedia comenzó incluso antes de su nacimiento, y durante toda su vida se vio rodeada de verdaderos monstruos de ambición (lo cierto es que recuerda mucho a las heroínas románticas de las novelas de su época: La Regenta, Fortunata y Jacinta…), mientras ella, bondadosa por naturaleza, lo perdonaba todo; sí, con razón acabó siendo llamada por el escritor Benito Perez Galdós “la Reina de los tristes destinos”.

      Sí, antes de nacer Isabel, reinaba Fernando VII de Borbón, dinastía que había traído consigo de Francia la ley sálica (ley que impedía y negaba derechos a las mujeres sobre un trono, la cual se había instaurado definitivamente para evitar guerras tales como la de los 100 años; aunque en España no venía a nada, pues si bien había primacía del varón, la mujer nunca estuvo excluida del trono); el monarca, que tuvo que pasar por hasta cuatro esposas para tener hijos, con la última, María Cristina, vio por fin cumplido su deseo de la esperada descendencia, aunque fuese femenina, afortunadamente, años antes, la ley sálica había sido abolida a favor de la pragmática sanción, que permitía a las mujeres heredar; pero había alguien que no estaba dispuesto a admitirlo, el que se había visto como heredero durante todo ese tiempo, el Infante Carlos, hermano del Rey, que rápidamente, a pesar de las ordenes del monarca, no aceptaría a la niña recién nacida como heredera y esperaría pacientemente su momento, un bebé no iba a acabar con sus pretensiones, y la recién nacida Isabel, aún apenas nacida, ya tiene un archienemigo que hará lo que sea para arrebatarle el trono y que no dejará de cuestionar sus derechos.

     El nacimiento de una segunda hija de este matrimonio (la Infanta Luisa Fernanda), consolidará la posición de Isabel y reforzará las ideas del Infante Carlos y de sus partidarios.

     Fernando VII, no obstante, ya se ha asegurado de que todo sea legal para que su hija pueda reinar, pero entonces, enferma. La Princesa de Asturias (es decir, Isabel, la heredera) no tendrá más de dos años y aunque el testamento dice que la Reina deberá de ser la regente de España durante la menor edad de su hija, pronto varios intrigantes la hacen creer que no tiene el apoyo de la nación, la Reina está aterrada, y es convencida de que debe de hacer revocar a su marido, en su supuesto lecho de muerte, la pragmática sanción, y que su hija no gobierne, Fernando VII, totalmente débil, accede.

     La Princesa parecía haber perdido el trono a favor de su tío, pero para sorpresa de todos, el Rey se restablece, y naturalmente, vuelve a imponer a su hija como heredera; mientras tanto, la hermana de María Cristina, la Infanta Carlota, la pone verde y la califica de “regina de galleria”; pero todo ello sólo ha demostrado la falta de carácter de la regente, que nunca se sentirá segura si no es teniendo al ejército a su favor; y que irá acumulando cada vez mayor manía hacia su hermana, que parece obsesionada con gobernar. Mientras, Isabel, en cuestión de semanas, ha perdido y recuperado el trono con tan solo dos años.

    A los tres años pierde a su padre, la primera de sus grandes perdidas; pero no será la única tragedia del momento, mientras la Reina pasa a ser la “Reina gobernadora”, el Infante Carlos no pierde el tiempo y comienza una guerra civil (primera guerra carlista) con el objetivo de hacerse con el trono y deshacerse de su sobrina de tres años.

     Isabel, es proclamada inmediatamente Reina a esa edad, pasando a ser Isabel II (y siempre se vería comparada con la primera Isabel, la católica), no todos los países la reconocen, dando así esperanzas a los carlistas.

     Realizar la ceremonia con una niña tan pequeña es complicado, pero eso es lo menos importante, puesto que todos empiezan a notar en el besamanos, la especial aspereza de la piel de la nueva Reina, claro síntoma de mala salud.

     La Reina gobernadora intenta mantener el absolutismo heredado de su marido, pero no puede (y después del motín de la granja, una especie de golpe de palacio protagonizado por varios sargentos y la guardia real que mantuvieron en jaque a la regente, con peligro de su vida y de sus hijas -imaginémonos como percibirían esto unas niñas pequeñas de las personas que en teoría deberían de protegerlas y en las que supuestamente podrían confiar, pero esto sería una constante en la vida de la pobre Isabel II- y su imposición del liberalismo, María Cristina, con su autoridad desafiada, cada vez se encuentra más contrariada y proclive a la oposición por la nueva corriente política), lo cierto es que no tiene aptitudes políticas y sólo sabe rodearse de camarillas sin fuerza suficiente para imponer su voluntad; por encima, la mayoría de los conservadores que podrían apoyar la opción que ella desea, se han puesto de parte del Infante, y pronto ve que no queda más remedio que hacer una aproximación a los liberales; y se hizo, con una especie de constitución, el estatuto real, que apenas recortaba las prerrogativas reales (y aún dentro de sus partidarios encontrará gente muy decidida a derrocarla, como su propia hermana Carlota, que alejada del poder, no parará de intrigar incesantemente, aún después de haberse ido a Francia).

     Los jefes de gobierno se suceden (algunos son detestados por la Reina gobernadora), y las revoluciones también, en 1835 y 1836; que obligan a una mayor liberalidad (puesto que los liberales se dividen en moderados y progresistas); María Cristina trata de imponer siempre a los moderados, pero finalmente tendrá que cargar con un progresista demasiado popular: el general Espartero (que ha acabado con la guerra carlista); sí, la Reina gobernadora ha conseguido hacerse impopular (y por encima se ha vuelto a casar en secreto con un militar) y cada vez resulta más humillante que siempre que aparecen juntos el Duque de la Victoria y ella, él salga más aclamado; Espartero además no se deja seducir por ella; con lo cual acaban declarándose la guerra cuando la monarca sanciona una ley a sabiendas de lo en contra de ella que estaba el general. El resultado acaba siendo que ante la inmensa popularidad de él, ella acaba renunciando a la regencia (hay versiones sobre si Espartero la obligó a ello o si ella lo hizo para dejarle a él como un monstruo que separa a una hija de su madre); es así, como Isabel II ve partir a su madre a los 10 años, probablemente sin entender gran cosa.

      Hay un punto que es importante aclarar, que la ya Reina madre se haya exiliado a la corte de Luís Felipe (pariente suyo) en París no significa en absoluto que deje de hacer política, no, en absoluto, ella tiene el deseo de volver, y de hacerlo triunfante; pero mientras tanto, ha sacrificado cruelmente a sus hijas, que se quedan aunque no en la teoría, sí en la práctica huérfanas; porque lo cierto es que a partir de ahí, Isabel II no tendrá influencia positiva de ningún tipo, nadie a quien seguir, y sobre todo, nadie a quien entregar todo el amor que ella posee (muestra de ello, es que cuando la condesa de Mina, asignada por los progresistas para ser la aya de la Reina se presenta ante esta, esperando un recibimiento frío, puesto que ha sido su partido el que le ha arrebatado a su madre, la niña, se lanza sobre ella y le da un abrazo como bienvenida).

      Sí, Espartero será el regente, pero es frío; y lo cierto es que ni en palacio la pobre niña puede estar tranquila, donde sólo hay espías, partidarios de uno u otro partido; sí, lo cierto es que todo son intrigas, y todo el mundo intenta llevar a la joven Reina hacia su lado, su propia madre, urdirá un plan para secuestrar a su hija y llevarla con ella, para luego volver triunfante, pero los generales que asaltan el palacio sólo consiguen llegar a la despensa. Detenido este incidente por otros generales progresistas, el regente le pide a la Reina que les conceda unos honores, por ser súbditos tan fieles que la han protegido; tan pronto la niña se va a cambiar, una de sus criadas le dice que de ningún modo debe darle honores a esos traidores, que piense en su pobre madre y que a quien debe de honrrar debe de ser a otras personas; la pobre niña, no sabe que hacer, ¿Cómo saber quien tiene razón?.

     Todo eso se acentúa cuando los asaltantes son condenados a muerte, hay quien en palacio le ruega por ellos, que son personas leales a ella y a su madre, otros le dicen que son traidores, todo el mundo la acosa, y cuando del agobio la pobre chica no puede más, rompe a llorar; la Reina sin embargo, siempre bondadosa, pide que no se les condene, pero el regente no hace caso.

      Durante ese tiempo, a pesar de que hubo quien dijo a la tutora “siga formándonos una Reina Victoria”, lo cierto es que nadie se preocupa realmente de la educación de la Reina de España, baste con decir que si había algo que suprimir eran siempre las lecciones y que entre ellas estaba el coser y el bordado (algo muy útil para una mujer burguesa de la época, pero lo que es para una Reina de España…); aunque con lo que Isabel realmente disfruta es con las lecciones de canto, en las que se revela como una gran mezzosoprano (es posible que hubiera sido una gran cantante de ópera), con su hermana acompañándola al piano, formando una pareja encantadora.

     Espartero pierde el poder y entran los moderados una vez más de una forma poco apropiada en esa incipiente democracia (las constituciones cambiaban con cada partido), y aunque hay personas con buena voluntad como Narváez que sí desea la alternancia de partidos, los ambiciosos no faltan, y no tendrán ningún problema en implicar al trono para defenderse, todo vale.

      Un gran ejemplo, es la proclamación de la mayoría de edad de la Reina, allí se tiene en cuenta cualquier cosa excepto si la Reina está o no preparada (tenía tan sólo 13 años), existen múltiples facciones, a María Cristina le interesa sumamente que suceda, así podrá volver a España, a los moderados partidarios de Olozága también; a los de Cortina en cambio no, porque se llevan mal con la Reina madre; y los progresistas también están divididos. Mientras, Isabel II, no puede sino lamentarse “¿y como voy a gobernar si yo de eso no sé nada?”. La pobre acaba siendo nombrada mayor de edad.

     Hay intentos de alternancia, se hace que un progresista Olozága, sea presidente del gobierno, pero a pesar de los acuerdos firmados entre partidos, rápidamente los olvida una vez en el poder, y hace firmar a la Reina una disolución de las cortes para poder reorganizarlas a su modo (¿por obligación?), cuando al día siguiente Isabel II se lo comenta a su aya, la marquesa de Santa Cruz, esta exclama “¡vuestra majestad ha firmado la sentencia de muerte de la monarquía!”; Olozága saldrá, naturalmente muy perjudicado políticamente, y nunca se lo perdonará a la Reina, por lo que, a partir de ese momento, hará todo lo posible para hacerla caer.

     Narváez, acabará haciéndose con el poder, e inaugurando una de las etapas más estables (las de los moderados siempre lo fueron); María Cristina vuelve a España y vuelve a ver a sus hijas después de tantos años (aunque se irá de vez en cuando, cuando no esté de acuerdo con el jefe del gobierno).

     Pero la tranquilidad nunca llega, pronto se suscitará otra importante cuestión: el matrimonio de la Reina, que de inmediato se convierte en una cuestión internacional en la que todo el mundo opina, todo el mundo claro, excepto la Reina Isabel II; la cual sólo oye leves rumores de posibles candidatos y pregunta “¿es cierto que me van a casar?”. Una vez más todo el mundo tiene intereses (y ninguno a favor de la joven Reina); la Infanta Carlota ha hecho firmar hace años a su hermana un papel en el que destina a sus dos hijas a los dos hijos de ella, y defiende su legalidad una y otra vez (e incluso ha llegado hasta el punto de ir a palacio a presentarle a su hijo mayor en secreto a la Reina); María Cristina no puede ni ver a su hermana, y no quiere bajo ningún concepto casar a sus hijas con sus sobrinos, por el contrario, quiere casarlos con los hijos de Luís Felipe I de Francia que tan bien la ha recibido en Francia; pero a ello se opone radicalmente Inglaterra y Alemania, hasta el punto de que las naciones realizan el tratado de Eu según el cual Isabel deberá casarse con un descendiente de Felipe V (primer Rey de España de la rama Borbónica); ¿pero para que están los tratados si se puede negociar en secreto? Los moderados, María Cristina, los progresistas buscan candidatos en todas partes; aunque los hay que piensan que lo cierto es que no es realmente importante con quien se case, puesto que es una niña con mala salud, y probablemente no tenga hijos (aunque Isabel II demostrará que, aunque siempre conservará su enfermedad de la piel, en lo demás estará enteramente saludable; fue una gran amazona que nunca se cayó de un caballo), así que nada de que la Infanta Luisa Fernanda se case (con Montpensier, como deseaba la Reina madre; que aunque nadie podía sospecharlo, sería uno de los principales artífices de la caída de la Reina) hasta que su hermana mayor esté casada y tenga hijos. El elegido gana porque nadie lo apoya realmente: Francisco de Asís, un gran triunfo para el hijo de la Infanta Carlota, que no lo ve porque está muerta. La Reina es casada a los 16 años.

     Francisco de Asís, homosexual o como mínimo bisexual, y no podía tener un temperamento más contrario al de su mujer; retraído, en ocasiones mezquino, orgulloso y frío, sólo se muestra cariñoso con su esposa cuando quiere algo de ella (también será uno de los que intriguen en contra de su propia mujer). Sobre él existen varias anécdotas contadas por la propia Isabel II, en las que, con su modo de hablar tan castizo, tan gracioso, se dijo que cuando le anunciaron quien sería su marido, ella respondió “¡con Paquita no!” y por si esto fuera poco, también declararía, a un embajador mucho tiempo después hablando de su marido: “pero excelencia, ¿qué se puede decir de un hombre que en la noche de bodas llevaba más puntillas que yo?”.

     El matrimonio ha sido acordado por los moderados y por eso ya hay muchos interesados en que fracase; y no es difícil, la real pareja, con caracteres tan distintos no se lleva bien; Isabel es buena, generosa, abierta, encantadora, trata de acercar a la gente a sí misma, amante de la equitación y de las salidas al aire libre siempre ha sido así y nadie puede cambiarla; él es todo lo contrario.

     Así pues, cuando el Rey consorte mantiene “amistades” masculinas y femeninas, la Reina también decidirá hacer lo mismo; cosa que la condenará para la historia (¿cuántos la han acusado de ninfómana?, pero en cambio, ¿hay algún Rey del que se haya dicho que padecía satiriasis?); y todos esperan sacar tajada de ella, que ingenua y generosa a más no poder, da lo que se le pide ¿qué el gobierno le dice que les perdone la deuda millonaria que tienen con la Casa Real y que tan necesaria será de ser cobrada cuando nazcan los hijos? perdonada, ¿que pide dinero? concedido, ¿qué se necesita traer una máquina del extranjero para crear una fábrica? por supuesto; la gente no se cansa de pedir y ella tampoco de dar. 

    Así, su primer amor, “el general bonito” Serrano, es un escándalo público, él se afilia a los progresistas, y se oyen vivas a la Reina en el teatro, en la calle, como aplaudiendo su elección; el Rey consorte se enfada, se marcha al Pardo y abandona a la Reina durante meses por más que ella le suplica y le pide perdón, todo Madrid ve las lágrimas de la Reina (que sigue cumpliendo puntualmente, y a pesar de todo, todos sus compromisos) y el consorte nunca será popular después de eso (aunque protagonizará más altercados de este tipo a lo largo del reinado, cada vez que tiene un capricho, cosa que Narvaez no le consiente y llega a ponerlo bajo arresto).

     La Reina tendrá cinco hijos que llegarán a la edad adulta (tuvo otros abortos e hijos que murieron siendo niños).

     Isabel II continuará un reinado sumamente complicado, en el que todo el mundo tiene algo que decir, y que se resume en sus propias palabras: “alguien me decía, debes hacer esto, luego otro decía, no debes hacer lo otro, y luego llegaba un tercero que decía, ni lo uno ni lo otro, debes hacer aquello”; incluido un golpe de estado progresista con un gobierno que duraría dos años; y en el que se incluirían desamortizaciones a la Iglesia que Isabel II como buena católica no era capaz de admitir (especialmente porque llegó a ser dominada por su confesor y por la monja sor patrocinio; así, la Reina tanto pasaba de una devoción fanática a tener un nuevo amante); por lo que le regalaría al Papa una nueva tiara, al recibirla, este la despiezó y entregó el dinero a los pobres.

     Los moderados volverían a gobernar, pero Isabel II está más que decidida a hacerlo también y a ejercer como Reina, pero poco a poco se irá quedando sola cuando sus partidarios vayan desapareciendo; muchos ya traman contra complots contra ella (incluidos familiares), y se acaba acordando que no se sabe que pasará luego, pero hay que derrocar a Isabel II.

      Se manipulará al pueblo para que organice una revolución “la gloriosa”, hay muchos interesados en que la monarca caiga, porque saben que de no ser así, nunca podrán acceder al gobierno (o al menos no como desean hacerlo), así que empezarían a oírse por las calles gritos en contra de la dinastía. Los republicanos, como no, terjiversan (por no decir que crean directamente una realidad alternativa) todos los acontecimientos de la forma más absurda y olvidan cuidadosamente todas las muestras de bondad de la monarca (el caso más evidente es el del pueblo de San Daniel; la monarca, de camino a su visita oficial a Portugal pararía por cuestiones técnicas en el lugar, el problema es que en la estación se amontonó la gente para verla hasta el punto de que varios cayeron a la vía del tren, provocando una gran tragedia, a pesar de sus deseos, no pudieron parar pues la esperaban en el país vecino, fue entonces como la prensa repúblicana empezó a decir que ella “no tuvo la piedad de pararse a mirar a aquellos sobre los que pasaba con su manto de armiño”, olvidando cuidadosamente, eso sí, que a la vuelta de Portugal, Isabel II iría casa por casa a visitar a las familias de cada una de las víctimas). A la Reina se le anuncia el comienzo de la revolución, a lo que ella responde “y bien, que remedio hay?”, a lo que le responden “colgar a los traidores”, ella inmediatamente responde “eso no lo hago yo aunque me cueste el trono”, así será, una vez más se aprovecharan de la afabilidad de Isabel II.

      Revolución, batallas, Isabel II acaba teniendo que abandonar el trono, se marcha a París donde vivirá exiliada, allí, protagonizará varias anécdotas: como cuando decide regalarle a una doncella un vestido, cuando esta lo usa, descubre un fajo de billetes dentro, así que, honradamente va a devolvérselos a la ex-monarca, la cual le responde, “quédatelos, son un adorno del vestido”. Su generosidad era tan conocida, que un abogado, tras representarla, le dijo que no aceptaría regalos valiosos, así que ella le pidió que al menos aceptara un retrato, a lo que el le respondió, “de acuerdo, pero sin joyas”; efectivamente, Isabel le mandaría un retrato en la que ella aparecía sin ninguna joya y con una nota “ya veis, sin joyas”, pero el marco, era de la más fina pedrería, el abogado, aceptó el retrato y devolvió el marco.

     Desde París, vería también como su dinastía era sustituida por los Saboya, pues España, lógicamente, era incapaz de proclamarse república; debido a la poca resistencia de Amadeo I, que renunció al trono y abandonó el país con la frase “me parece estar volviendo de un viaje a la luna” (inestabilidad absoluta); teniéndose que proclamar el país, en palabras de un político, “una república sin republicanos”, que afortunadamente sólo duraría unos meses.

     Isabel II debía de hacer ahora la mayor renuncia, si quería que se restaurase la monarquía, debía abdicar en su hijo Alfonso, perdiendo de ese modo y para siempre la posibilidad de volver a reinar; lo hizo, y Alfonso XII fue proclamado Rey, lo que vino compensado con otro disgusto, la mujer que su hijo había elegido era su prima, hija de aquel Montpensier que no había parado de intrigar para derribarla; lo que empeoraría mucho las relaciones con su hijo.

     Con la muerte, a los pocos meses de esa esposa, Isabel, la que había sido Reina, seguía intentando volver a su amada España, pero los políticos sólo ponían impedimentos, a nadie le parecía oportuna la presencia de la ex-monarca, hasta tuvo que permitir que la separaran de su hija, que ahora debía ejercer como Princesa de Asturias hasta que su hijo tuviera hijos. Acabaría volviendo, pero en ningún caso para vivir en la corte, sino en Sevilla bien alejada, allí abandonada por un hijo al que habían puesto en su contra y cuyas cartas eran más frías en contraste con las de ella, siempre tan afectuosas, y humillada de vez en cuando por Montpensier, languidecería y sucumbiría a la depresión hasta que tomó la decisión de volver a Francia, donde moriría, sin rebelarse nunca contra las críticas hacia su reinado pero declarando que la culpa no había sido toda suya y que ella había querido hacer bien en todo momento. Como no, fue un acto de bondad el que la mató, se vistió para recibir a la ex-emperatriz Eugenia de Motijo mientras estaba enferma, lo cual empeoró la enfermedad hasta acabar con ella.

     Al menos podría ver la consolidación de la monarquía con el sistema canovista: Alfonso XII, la regencia de María Cristina y después el principio del reinado de Alfonso XIII.

     En su testamento, la que había sido la Reina Isabel II de España, dejó escrito: “Que se haga saber a la nación española, después que yo fallezca, que he muerto amándola, y que, alcanzada la presencia de Dios, intercederé por su prosperidad”

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-Sissí (1837-1898): Conocida por ese apodo, Isabel de Wittelsbach no estaba destinada a ser la consorte del emperador de Austria, todo se le vino encima y aunque muchas veces no dudó en ayudar a las causas que creía justas, sobre todo trató de huir desesperadamente en busca de la felicidad (de una forma muy parecida a la de su primo Luís II, que conocemos por el relato de aquí en Universo de A, La herencia del Rey loco).

     A pesar de que Sissí pertenecía a la dinastía real de Baviera, lo cierto es que sus primeros años y su vida estuvieron muy alejados de una vida “de Princesa”, no, ella vivía en una casa familiar en el campo, donde podía practicar deportes, hablaba sin ningún problema con todos los habitantes del lugar y no estaba constreñida a ningún tipo de norma, ella y sus muchos hermanos.

     Pero esa vida idílica acabaría por sorpresa a los 16 años y de la forma más inesperada; su madre, Ludovica, llevó a una buena parte de la familia a ver a su hermana, la Archiduquesa Sofía, con la esperanza de presentar y ya planificar un enlace de la hija mayor: Elena. Eso nunca ocurriría; el joven Emperador, Francisco José se quedaría prendado de Sissí, su gusto fue respetado, y la pareja se casó enamorada.

     Antes de continuar, es bueno saber algo más sobre la corte vienesa de la época y como había llegado a esa situación; El anterior Emperador había sido bastante inútil y no estaba capacitado para su puesto, conscientes todos de eso, y sabiendo que el siguiente hermano que ostentaba los derechos (y con el que estaba casado la archiduquesa), no era nada más allá, Sofía pronto vio claro hacia donde iría todo: su hijo, Francisco José, este fue extremadamente disciplinado, y su madre le impuso un modo de hacer tremendamente ordenado que conservaría el resto de sus días; sí, ahora sólo cabía aguardar la esperada abdicación. Y sucedió, la Archiduquesa había triunfado, y nada más nombrado su hijo como Emperador, se alzó como jefa de palacio y no permitió que nada se moviera sin su consentimiento, extremadamente conservadora, mantenía todas las tradiciones con rigor, pero Europa estaba, o más bien, había cambiado (por primera vez en la historia de la nación se atentó contra el Emperador cuando este paseaba libremente por la muralla; lo que fue asombroso, pues durante toda la historia, todos los extranjeros no cabían en su asombro al ver como la Familia Imperial se paseaba sin ningún tipo de escolta por toda Viena; en todo caso, aquella intentona nunca fue perdonada por la Archiduquesa).

     Sissí, como se habrá adivinado, era todo lo contrario, y rápidamente empezaría a tener problemas de adaptación a la estricta etiqueta de la corte, aquella permanente vida pública resultaba agotadora e insufrible para la joven que no soportaba que cualquiera pudiese entrar en sus habitaciones cuando quisiese para los “cercles” por el hecho de tener un alto rango. En cuanto a Francisco José, se dice que no tardó en tener amantes, y la joven Emperatriz vio como tendría que aguantar eso, quisiera o no.

     Naturalmente se enfadó con su marido, y volvió a su casa en alguna ocasión, pero allí le hicieron ver rápidamente que ella había dejado de ser quien había sido y ahora era la Emperatriz de Austria, tendría que resignarse.

     Pero esos serían pronto los menores de sus problemas, cumpliendo con su principal deber como consorte, proporcionó una posible heredera al Imperio, una niña llamada Sofía; la archiduquesa, inmediatamente quiso ponerla a su cuidado, debía de hacer tan buen trabajo como con su hijo, y no paró hasta arrebatársela a la pobre Emperatriz, pero Sissí no estaba dispuesta a ceder, esta vez sí que no, volvería con sus padres, pediría su intercesión, rogaría a su marido, haría cualquier cosa para recuperar a su hija, que debía criar ella pues era su madre; la archiduquesa Sofía no dejaba de argumentar la escasa preparación de la joven Emperatriz y la necesidad de un constante cuidado de una posible heredera del Imperio, pero finalmente los argumentos maternales pudieron más.

     Desgraciadamente para Sissí, su hija murió en un viaje a Hungría a los dos años. Aprovechándose de esta circunstancia, la archiduquesa Sofía vio su gran oportunidad para declarar la incompetencia de la Emperatriz y el absurdo de haber sometido a una niña tan pequeña a semejante viaje; Sissí débil, y el Emperador escarmentado, además de una madre con una influencia casi absoluta, lograron que la Emperatriz no pudiera volver a criar a sus hijos, que se le arrebataban nada más nacer entregándolos a la archiduquesa, y fue así como Sissí vio como sus hijos crecían como auténticos desconocidos que se dirigían a ella con toda la formalidad y el cariño que el protocolo permitía, Gisela primero, y luego Rodolfo.

      Sissí por otra parte, seguía sin integrarse en la corte a pesar del tiempo que pasaba, y todo el mundo a quien conseguía entregar su confianza parecía traicionarla (su cuñado Luís Víctor por ejemplo); si a eso complementamos el hecho de que supo como su querido primo Luís II de Baviera, tan parecido a ella moría en circunstancias tan extrañas, pues todo eso no ayudaba.

      Quizás por eso empezó a obsesionarse con su físico, sí, todo el mundo diría que era rara, pero también dirían que era perfecta y hermosa; así empezó a obsesionarse con no pasar de los 45 kilos, y a pesar de las advertencias médicas practicaba dietas exhaustivas y practicaba ejercicio sin descanso, ya fuera al aire libre con kilométricas caminatas o en sus habitaciones donde había ordenado poner aparatos de gimnasia (que aún se pueden ver en el palacio de Holfburg); eso sin nombrar sus arreglos personales, el peinado de su pelo llevaba cuatro horas; pero, el mito de su hermosura ha perdurado a través del tiempo (y también de su supuesta anorexia, aunque no creo que se pueda decir tal cosa).

      Pero Sissí estaba muy lejos de preocuparse sólo por el físico, de grandes inquietudes intelectuales: era una gran liberal, escribía poemas, leía a los grandes autores, estudiaba todo tipo de cosas (durante sus largos peinados), incluidos idiomas, algunos no muy del gusto de su suegra, como el húngaro, nación por la que llegó a sentir un gran aprecio (estudio su cultura, la visitó, disfrutaba descubriendo nuevas cosas…), hasta el punto de influir en su marido para que, viendo el cada vez más creciente nacionalismo, ser coronados como Reyes de Hungría y de ese modo apaciguar la situación, nacía así el famoso Imperio Austro-húngaro.

      Desgraciadamente, esas influencias en política sólo la volvieron más impopular en Viena, donde se llegó a inventar el malicioso rumor de que la última hija que había tenido, María Valeria, era hija de Andrassy, un destacado conde nacionalista con el que la Emperatriz había tenido una buena relación y gracias a la cual se había facilitado el dialogo evitando problemas mayores; y lo cierto es que efectivamente Sissí quería mucho a María Valeria, pero eso era porque era la única a la que se le había permitido cuidar.

     Pero a esas alturas Sissí ya se había decidido a ignorar totalmente a aquella corte que ya hacía mucho tiempo que odiaba y cumplir sólo con lo justo, ya estaba aburrida de todos, les había dado herederos para el imperio, cumplía con las funciones básicas, su trabajo estaba hecho, o al menos ella así lo consideraba.

     Quizás por eso, debido a esa fobia a la horrible corte vienesa, y al cada vez mayor alejamiento de su marido, tuvo problemas de salud, por lo que tuvo ir a balnearios, pero esos sólo fueron los primeros viajes, puesto que estes pequeños traslados se irían convirtiendo con cada vez más frecuencia en incansables periplos por toda Europa (dado que a Hungría no podía ir para que no se rumorease); sí, adiós a la siempre pérfida corte donde no tenía ningún aliado y donde a sus damas fieles (como la húngara Ida Ferenzy) se las maltrataba y se les trataba de hacer trampas todo el rato; se acabó el espionaje constante (y una vez muerta la archiduquesa Sofía mejor que mejor), ahora por fin alcanzaba la libertad que tanto anhelaba, viajando, conociendo, disfrutando.

      Sólo llegaría a acomodarse en la isla de Corfú (Grecia), donde construiría una villa, a la que le tendría gran aprecio, dedicada al heróe Aquiles, y en la que pasaría largas temporadas.

      Tal vez en esa huída constante, Sissí había alcanzado algo de felicidad, pero por mucho que huyas, las desgracias siempre te alcanzaran, estando en Viena, la Emperatriz recibía la noticia más terrible que puede recibir una madre: la del suicidio de su hijo. Pobre Rodolfo, aquel chico sensible que había heredado tantas características de su madre; educado estrictísimamente por ser el Príncipe heredero, no faltarían los tutores crueles, como militares con pocas actitudes pedagógicas, crecería abocado a un gran liberalismo, y como gran enemigo de la Prusia y de su Emperador, por eso sería un disgusto y una frustración permanente que su padre no le dejara intervenir de ningún modo en el gobierno (quizás porque el Emperador sabía que se juntaba con radicales peligrosos); todas estas circunstancias, y una frustración continua llevaron a que el Príncipe heredero se suicidara de un modo planificado en el pabellón de caza de Mayerling con su joven amante, una baronesa. Sissí fue la primera en recibir la terrible noticia, cuando lo hizo, vio que el Emperador estaba a punto de cruzar la puerta, y le pidió que no lo hiciera para acabar de oírla y tratar de dársela ella con el mayor tacto posible; cuando el Emperador lo supo se lamentó mucho, no sólo había perdido a un hijo, sino al heredero del Imperio, y sospechaba, y con razón, que se estaba muy cerca del fin, la poderosa dinastía de los Habsburgo que había ostentado las coronas más poderosas y prestigiosas de Europa pronto daría su canto de cisne; Francisco José nunca se recuperaría.

      Sissí por su parte, aunque llegó a pensar en vender su apreciada villa de Corfú, finalmente decidió ya viajar casi permanentemente, abandonando aquella Viena a la que ya nada debía; acabó aceptando que su marido tuviera amantes e incluso se las buscó, como la actriz Katharina Schratt, a la que ambos en privado llamaban “la amiga”, y que se convirtió en uno de los grandes consuelos durante toda la vida de Francisco José.

      A partir de determinada edad, ya no permitió que se la retratase o fotografiase, interponiendo siempre un objeto (un abanico, por ejemplo) en caso de que se intentase, para que la idea de su belleza juvenil siempre perdurase.

      Así siguió usando sus viajes como método de huída, pero, como no, la última desgracia la encontraría de nuevo; Sissí, en Suiza, firmando siempre con un nombre falso (especialmente si iba a algún Reino, quería evitar recepciones y ceremoniales a toda costa) era sobradamente conocida; por eso, no le fue difícil de identificar a un anarquista que llevaba mucho tiempo preparando un crimen que le llevase a la primera página de los periódicos y que le hiciese entrar en la historia, la víctima era el Rey de Francia, pero este había cancelado su viaje; no importa, está la Emperatriz de Austria-Hungría, cierto que es algo conocido su talante liberal, ¿pero no es una Emperatriz acaso?; con una aguja hecha con un hueso en la cárcel dónde había estudiado anatomía sin descanso, y un simple empujón en la zona adecuada, el anarquista en apariencia sólo había hecho un simple agujero en la piel, pero en realidad era una perforación en órganos vitales; Sissí y su dama no notaron nada pensando que aquello había sido para robarle el reloj, Sissí se desmayaría en el barco y entonces se descubriría como se iba desangrando poco a poco, moriría en el hotel donde se hospedaba, y el anarquista se suicidaría en su celda con su cinturón.

      Finalmente, Sissí no pudo huir más, pero al menos, fue su última desgracia.

      Bueno, espero que haya resultado interesante, sí, ya sé que muchos diréis que no son sólo estas las únicas trágicas, ¡pero es una selección! (como por ejemplo, yo ya hecho de menos a Catalina de Aragón, primera esposa de Enrique VIII o a Alejandra Fiodorovna, última Zarina de Rusia), vamos, que no están todas las que son, pero sí son todas las que están; en cualquier caso, si queréis aportar vosotros también alguna Reina trágica, tal aportación es muy bienvenida; y ahora una pregunta un tanto frívola, ¿cuál os ha parecido más trágica de las cinco sobre las que he escrito?.

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19 respuestas a Reinas trágicas II

  1. Melina dijo:

    Bueno, hoy terminé de leer, porque empecé embalada, pero me detuve cuando llegue a la 2da parte. No te respondí sobre cuáles reinas imaginaba que estarían en el relato, pero tengo que decir que acerté en las únicas tres que pensé, Juana la Loca (con todo respeto), Ma Antonieta, y Sissi. De la historia de Juana había unas cuantas cosas que no sabía, y directamente de Isabel II creo que no sabía nada..A mi parecer la historia de Juana es la más trágica, he leído cosas más grotezcas alguna vez sobre ella, por lo que no sé si en verdad lo de su locura era una artimañana, como aquí contás, o en verad sufría algún desorden…Pero que indudablemente no se merecía su encierro, y encima de parte de su familia, eso es lo más trágico. Después, y perdiendo un poco mi objetividad, creo está Sissi, sobre todo por el hecho de haber vivo y conocido una vida "normal", "feliz" y despreocupada, y de repetende verse inmersa un en ambiente tan estructurado, hostil, con un marido que es un niño de mamá, con una suegra que es una verdadera bruja, víctima de infidelidades, y lo peor, el arrebato de sus hijos!! Contrario a vos, yo sí creo que haya sufrido anorexia, o algún trastorno alimenticio, hay datos sobre que hacía dietas estrictas que inculuían carne cruda (no recuerdo bajo qué explicación), y bravajes asqueroso con el afán de manterse en 45kg!!!, además de su rutinas de ejercicio, y el hecho de no permitir que se la retrate pasada no sé que edad, creo que son un típico cuadro de obsesión por la imágen,por lo menos…Recorada por su belleza, pero poca cosa para su marido…(te odio Francisco José!!)jaja. Lo único que quería era que la dejen en paz. Y en tercer lugar (sí que es frívolo lo que estoy haciendo) creo que está María Estuardo, sobre todo por el hecho de que nunca le hayan permitido vivir en paz, siempre en medio de intrigas, imposiciones, y los horribles años de encierro. Aunque en ella me parece que al que le faltó objetividad es a vos, un poquito al menos, siempre dejándola como la pobre víctima inocente…nunca con malicia ni pensamientos vengativos…Hay historias de engaños al marido, abortos sospechosos, casarse con amante… Y tu evidente desprecio por Isabel I, la que tampoco creo para nada lo de virgen, pero me parece admirable por haber tenido lo que se necesitaba en un mundo de hombres (sí, no me estoy refiriendo a bondad exactamente..bueh) para estar realmente al frente de una nación, y hacerla grande como no lo hicieron otros. Es que esa cosa de, por ejemplo, lo pobre Isabel II, taaan generosa y caritativa, creo que es lo que hizo que fueran bastante débiles lamentablemente como para ejercer…mmmmmm, me fui no??? María Antonienta tuvo más que nada final trágico, sobre todo, e Isabel II, no sé porqué su historia como que me aburrió pobre, que mala que soy, la mayor tragedia fue esa madre abandónica…que triste ser una criatura y necesitar cariño y que en vez te den títulos!! Hasta la próxima!!

  2. alberte dijo:

    bueno yo creo q todas tienen sus partes de vida buena y sus partes menos buenas,como todo el mundo, tenian sus privilegios como reinas y sus deveres a lo mejor sin poder controlar su vida y su destino¡pero quien puede¡. pero bueno si tengo q escoger lo haria por este orden q a lo mejor no es el justo pq tendria q volver a leerlas: maria estuardo porque casi nunca estuvo tranquila,maria antonieta pq aparte de su final tuvo q lidiar con suegra dificil y luego un pueblo q no la queria.juana la loca q mas q una locura era una gran depresion con una fijacion absurda por su marido y manipulada por todos,y asi lo dejo tratando de ser lo mas objetiva posible.

  3. A dijo:

    Os contesto:-Melina:En primer lugar agradecerte que firmaras en el libro de visitas de Universo de A (¡y sobre todo con una crítica tan buena!), reconozco que iba a sugerírtelo hace tiempo, pero me ha alegrado especialmente que lo hicieras por ti misma. Una vez más, gracias por participar tan activamenteEn cuanto al artículo, sí, la verdad es que hasta para mi resultó largo de hacer, creí que no sería muy largo, pero metí demasiadas Reinas y demasiados datos y acabé enloqueciendo; costó trabajo pero ahí está (de hecho, ¡yo no esperaba en absoluto tener que dividirlo en dos partes!).Vaya, que intuición femenina, 3 de 5, no está nada mal, aunque no sabía que grado de conocimiento tendrías de la historia de España (siempre es un enigma y una intriga para mi saber que conocen de nosotros y hasta que punto estudian nuestra historia los demás hispanohablantes) y si Juana I sería lo suficientemente conocida, bueno, tiene lógica, América estaba recientemente descubierta, mientras que con Isabel II la mayoría de las colonias se habían perdido (creo recordar que la mayoría de Sudamérica se independizó con la invasión napoleónica al principio del reinado de Fernando VII, el padre de Isabel II, ya sabes), así que tiene más lógica que conozcas a la primera que a la segunda.Que por cierto, ¡que maravillosamente rigurosa has sido!, ¡no te has conformado con decir cual te pareció la más trágica sino que hasta las has puesto por orden!.Respecto a Juana, te diré, que, entendámonos, la mujer no es que estuviera como unas castañuelas, es decir, no estaba loca, pero era bastante depresiva y obsesiva; lo cual se utilizó muy hábilmente políticamente, y yo la verdad, estoy convencido de que si hubiera tenido un buen esposo (como lo tuvo por ejemplo la Reina Victoria) hubiera podido ser una gran Reina. Y por cierto, ¿qué cosas grotescas escuchaste sobre ella?.La verdad es que sí, Sissí no estaba preparada para ser Emperatriz, pero no olvides, que al menos pudo escapar de ello al final de su vida. En cualquier caso, creo que lo suyo no era exactamente obsesión por la imagen, si lo fuera no hubiera sido tan culta, ella no era en absoluto una mujer superficial, creo q era una manera de hacer que los demás dijeran “que rara es, ¡pero que bella es nuestra Emperatriz!”, démonos cuenta, de que ella debió decidir reflejar su belleza interior a través de su belleza exterior, o al menos yo la veo así.En cuanto a mi objetividad, vale, reconozco que no demasiada, este artículo está hecho un poco en plan de victimizarlas a todas un poco y convertirlas en las heroínas de su tragedia (siempre dentro de la verdad, claro está), pero de todos modos, tampoco me juzgues mal por eso, hasta el más riguroso y objetivo de los historiadores se vuelve parcial en cuanto decide utilizar o desechar determinadas fuentes, y ya sabes que hay figuras históricas que o son representadas como ángeles o son diablos (y María Estuardo es una), pero lo de los engaños al marido y los abortos jamás lo había oído; lo de casarse con el amante lo recogí (¿te referías a Bothwell, verdad?).Por lo que respecta a Isabel I, que quieres, ¿cómo no voy a odiar a la que acabó con nuestra armada invencible? Juejuejue (que por cierto, lo de virgen, está confirmadísimo históricamente que nada de nada; tuvo amantes para dar y regalar), en cualquier caso, reconozco que nunca he sentido simpatía por esa figura histórica, siempre tan hipócrita y encima hija de aquella ramera de Ana Bolena (me estoy pasando… juejue).En cuanto a María Antonieta, “el final” como dices, fueron años, verdaderos años de angustia y de inseguridad.Y en fin, creo que Isabel II te aburrió porque fue el más largo, y en ello se reconoce, debo decirlo, que es mi favorita, (no la de todos los comentaristas que han escrito hasta ahora, todos la ponen de última, ¿por qué, por qué?) porque las otras sí tuvieron un tiempo de felicidad, unos años para vivir, pero Isabel II, no tuvo ni un minuto de vida, es cierto, no fue ejecutada, pero se marchó al exilio con la responsabilidad sobre su cabeza de que quizás había perdido el trono de su familia para siempre (afortunadamente no pasó); y bueno, quizás es la que veo también más cerca históricamente (date cuenta de que es la tatarabuela de nuestro Rey D. Juan Carlos I); pero quizás tienes razón, era una persona débil, de hecho, yo también pienso que si una Princesa de cuento de hadas gobernara un Reino de verdad, sin duda sería como Isabel II. Pero creo que tú opinas igual que el título de una biografía no muy a favor de la monarca “Isabel II, no se puede reinar inocentemente”-Alberte: sin duda, incluso dentro de una vida trágica hay momentos de felicidad, pero una cosa es eso, y otra verte arrastrado a un destino que no puedes evitar; en cualquier caso, ten por seguro de que tú personalmente puedes controlar mejor tu destino de lo que lo hicieron ellas.Por cierto, veo que en tu lista (gracias por hacerla también) te saltas a Sissí y a Isabel II, ¿te has olvidado o ha sido intencionado?.

  4. Melina dijo:

    La verdad que lo que sé y sigo aprendiendo de la historia de España, y otros países, fue más por mi gusto tamprano por la historia que por lo enseñado en la escuela, para ser sincera, aunque obviamente algo aprendí ahí. De la pobre Juana he escuchado, o leído, no sé, cosas como que se paseaba con el féretro de Felipe El Hermoso meses después de fallecido, y que hasta dormía junto a él!!! Jaja, sé que no debe haber sido así, pero lo que llegué a saber no eran datos "racionalizados" por un coterráneo de ella, sino quizá alguien que lo que pretendía era dejarla justamente como el mote que tenía…La verdad que en cuanto a si Sissí tenía alguna "obsesión" o no , quien sabe, no? La misma Lady Di admitíó haber sufrido creo que anorexia, y no creo que haya sido superflua, siempre me parecieron en cierto punto similares las historia de ambas, lo de la suegra, los hijos un poco, el marido con amante… para mi son cosas diferentes (y me conviene que así sea), eh conodido chicas muy inteligentes, que pretendían llevar la "perfección" hasta en el aspecto…creo que los desórdenes inconscientemente son pedidos de ayuda, muestras de inconformidad con algo de la vida.Por otro lado, no te juzgo mal por tu subjetividad, es tu espacio!!! No pretendo leer un libro de historia aquí, y aunque lo haga tampo me fío de todo lo que leo en ellos, la historia no es una ciencia exacta, como se pretendía antes, yo no fui objetiva con el orden de "tragedia".Viendo de nuevo el artículo sobre María Estuardo, descubrí que la investigadora es inglesa, así que tampoco me fío eh??!! Así que ni vale la pena, pero por las dudas, es de Lesley Smith, y fue publicado en el NY Times.Y por último, habiendo pensado en mi comentario, decirte que no quería hacer una apología de la maldad en el trono, o algo por el estilo, que diferente hubieran sido muchas historias con gobernantes más benévolos!!! Me refería más que nada a la fortaleza, ímpetu, iniciativa…etc. Adios!!

  5. A dijo:

    Umm, sí, yo ya había visto que eras una persona culta; pero eso sigue sin resolverme un poco que dais sobre historia de España, es decir, ¿lo dáis como parte de la historia internacional o también como una parte de vuestra historia?, la verdad es que me intriga también porque siempre dicen de los europeos que somos muy "eurocentricos" en ese aspecto. Vale, las cosas que escuchaste sobre Juana I no son del todo incorrectas, pero dicho así suena muy macabro; entendámonos, los caminos de la época no eran precisamente transitables, y si bien hoy un viaje a Granada podría llevar horas, en aquella época podía llevar semanas, e incluso meses teniendo en cuenta toda la comitiva que acompañaba a la Reina para enterrar a su esposo y cumplir su último deseo, además, se tuvieron que desviar para encontrarse con Fernando el Católico (padre de Juana), ¿si dormía junto a él? bueno, tal vez al lado del ataud sí, no te digo que no, pero todo el mundo tiene reacciones muy extrañas ante la muerte, así que no creo que deba calificarsela de loca por eso; ahora bien, con lo que estamos contando, ya estamos viendo que las cosas, dichas de un modo u otro pueden hacernos ver que estaba como una cabra o que estaba en un estado lógico tras la perdida del ser que más amaba. Quizás tienes razón y Sissí sí que tenía algunas obsesiones, pero en todo caso provocadas por el ambiente en el que vivía (¡que barbaridad!, ¡parezco el abogado defensor!), no se que decir, no soy psicologo, ahora bien, que era una persona fuera de lo común, es obvio. En cuanto a Diana de Gales, siempre he tenido una mirada contradictoria hacia ella; por una parte me parece lógico que se rebelara contra la injusticia que sufría, pero por otra, no me parece bien como atacó deliveradamente a la corona británica y con clara mala intención; personalmente no creo que se parezca a Sissí, no sé como la trataría la Reina Isabel II, pero estoy seguro de que no le quitaron a sus hijos y tampoco me creo que ella no supiera algo de lo de Camila antes de casarse (prueba de que hoy día los matrimonios por conveniencia de la Realeza no funcionan; sí es que es gracioso que siempre decimos que ahora todos somos muy liberales, pero nos dicen que alguien de la Familia Real tiene un amante y… ¡esto es un escándalo!). ¡Yo también hago lo mismo!, siempre saco mis propias conclusiones de lo que leo (especialmetne en historia) y creo que es importante hacerlo, por lo que tu dices, y porque los historiadores son humanos, y la historiografía cambia mucho, por tanto hay que conseguir los más datos posibles para poder juzgar mejor a los personajes históricos, eso es lo que yo creo, y seamos realistas, no hay ninguna historia imparcial, siempre está condicionada social, politicamente, por corrientes artísiticas… etc. ¡Pero que culta eres!, ¡lees el NY times!, supongo que tienes un gran dominio del inglés, ¿sabes si se puede acceder a ese artículo por internet?; que por cierto, con todo esto de las fuentes que estamos hablando, estoy pensando que debería agregar una bibliografía a mi artículo, para quien quiera saber más. Bueno, quizás tienes razón, y en política siempre hay que ser un poco "Maquiavelo", porque en la política rara vez triunfan los débiles.

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  8. plared dijo:

    Bueno el articulo y buenos los comentarios. Cuidate

  9. Muchas gracias, como se dice por ahí, en su día supuso una tarea tremenda (como lo ha sido hace poco el Especial Grace Kelly, por otra parte), pero se compensó tanto a corto plazo (con todos esos interesantes comentarios como tú mismo has dicho) como también a la larga, pues es uno de los artículos más visitados y valorados de Universo de A.
    Y tú, Plared, ¿no tienes una reina trágica favorita?, y por cierto, ¿cómo fuiste a parar a este artículo en concreto?

  10. plared dijo:

    Aunque su historia tenga mucho de leyenda y mitologia Dido Elissa, la reina de cartago. Pues vi la entrada curioseando por tu pagina. Saludos

  11. ¿Sabes que hay una ópera sobre ella y su amor con Eneas? es de Purcell, y según acabo de recordar, es muy probablemente la primera ópera que he visto.
    Y por cierto, ¿de todas las Reinas trágicas de estos dos artículos, cual es tu predilecta?

  12. plared dijo:

    Desde luego como tragica, tragica. Diria que la emperatriz Sissi. Saludos

  13. Sí, Sissí tiene muchos adeptos quizás por su belleza o porque su imagen se ha popularizado mucho a lo largo del tiempo (es más, ¡dentro del propio palacio de hofburg hay un museo dedicado a ella!, lo que, si te paras a pensar, no deja de ser irónico). Aunque entre estos dos artículos, María Antonieta también es muy popular; aunque todas lo son a su manera, depende de la persona, supongo que hay un factor personal y de identificación.
    ¡Y nada, no consigo sumar más adeptos para mi gran favorita Isabel II!.

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