GC: Napoleón

 

TITULO ORIGINAL Napoleon
AÑO
1927
DURACIÓN
235 min.   Sugerir trailer/vídeo
PAÍS
 
DIRECTOR Abel Gance
GUIÓN Abel Gance
MÚSICA Película muda, Carmine Coppola (Copia restaurada 1981)
FOTOGRAFÍA Jules Kruger, Jean-Paul Mundwiller, L.H. Burel (B&W)
REPARTO Albert Dieudonné, Gina Manès, Edmond Van Daele, Alexandre Koubitsky, Acho Chakatouny, Antonin Artaud, Marguerite Gance, Abel Gance, Annabella
PRODUCTORA Société General des Films / Les Films Historiques / Westi
GÉNERO Y CRÍTICA


 
Drama. Biográfico / SINOPSIS: En los días moribundos de la revolución francesa, un general corso comienza a destacarse por su fuerte liderazgo y personalidad. Con el tiempo, Napoleón Bonaparte llevaría a Francia a ser un imperio como nunca en su historia. Obra maestra que en su día supuso un verdadero acontecimiento del séptimo arte. Tras esta versión de 1927 Gance montó una versión sonora en 1935. En 1981 los estudios de Coppola "Zoetrope Studios" restauraron la copia original de 1927, con música de Carmine Coppola interpretada por la "American Symphony Orchestra".

 

      He de reconocer que el Napoleón de Abel Gance me sorprendió enormemente y de la manera más positiva, me parece simplemente asombroso lo bien que la dirigió Abel Gance, hasta tal punto que parece hablada y no soy capaz de entender como pudo fracasar; especialmente conociendo el chauvinismo tan característico (y que ellos mismos reconocen) de los franceses; pero, dejando de lado ese aspecto, no hay duda de que Napoleón es toda una genialidad no sólo como innovación de que se comenzara a darle otros usos a la cámara que dejaba de tener aquel permanente estatismo de las anteriores películas, sino también en el modo de dirigirla y como se aprovechan tan sabiamente esos movimientos para crear metáforas o algún tipo de símbolismo y de ese modo darle un significado que acaba por involucrar al espectador en la trama de tal modo que incluso llega a creer estar en ella (un buen ejemplo sería la secuencia de la tormenta).

      Personalmente, creo que una de las cosas más destacables de la película es su enorme espectacularidad lo que se ve con planos multitudinarios pero que no se duda en combinar con primerísimos primeros planos que antes no se utilizaban demasiado y que incluso se llegan a usar, de una forma extremadamente sabia, para representar los pensamientos de Napoleón; eso sin contar los magníficos travellings y las maravillosas localizaciones (lo que debió de aumentar el coste de la producción).

       No se puede dejar de nombrar en magnífico montaje, que parece moderno (de hecho, casi de videoclip) y que debió ser una revolución para la época; pues a pesar de su dinamismo extremo, no se perjudica en ningún momento la lectura de la historia que se comprende perfectamente, y que de hecho, consigue aportársele mucho más interés y significados a las acciones (quizás por el abundante uso del plano subjetivo)

       Por otra parte, las innovaciones más destacables y que siempre se suelen nombrar suelen ser la escena de persecución que está rodada con una cámara situada en el lomo de un caballo al galope; la escena inicial del filme; la batalla de bolas de nieve, que fue rodada por un operador cámara en mano, algo completamente inusual en la época o que para las secuencias de la tormenta en alta mar y la disputa en la Convención,  hizo colgar la cámara como un péndulo, de modo que se movía de un lado a otro; y naturalmente, tampoco se puede dejar de hablar de que para el clímax final de la película (la campaña de Italia de 1796) Gance utilizó un sistema panorámico especial, con tres pantallas y tres proyectores, al que denominó Polyvision, y que le permitía también mostrar tres acciones simultáneas, en forma de tríptico.

       También hay que decir que todo el aparato técnico de la película parece estar al servicio del protagonista, que casi siempre está en el centro de la composición, lo que resta importancia al resto (lo que se hace, muy probablemente, de forma totalmente intencionada).

      Visto todo esto, resulta complicado de entender que Napoleón pasará casi desapercibido en su estreno frente a El cantor de jazz (especialmente si nos paramos a pensar en el conocido chauvinismo de los franceses), que, si bien supuso una gran novedad y se anunció a bombo y platillo con el slogan de ¡El cine habla!, también es verdad que si nos paramos a mirar la realización, esta es de un corte totalmente clásico y que no goza de todas las novedades que incluía Napoleón (eso sin nombrar que las partes habladas en El cantor de jazz son bastante escasas y casi quedan reducidas a las canciones); aunque quizás la gran novedad de la nueva película hablada no fuera sólo el hecho de que se hablara ( y quizás eso fue lo que pudo ser el factor clave de la novedosa película francesa), sino que con ella nacía un nuevo género (el musical) que habría de convertirse en el favorito del mundo entero durante más de treinta años (décadas de los 30 a los 60) hasta el punto de que conseguiría que el estudio más importante de la época, la Metro Goldwyn Mayer, creara unas productoras especialmente dedicadas a la creación de películas de este género.

       En cualquier caso; todas estas novedades se deben a un mismo hombre, el director de la película, que es ni más ni menos que Abel Gance, el cual curiosamente, nace en el mismo año que el cine, pero curiosamente, fue el hijo ilegítimo de Abel Flamant, un acaudalado médico judío y la obrera Françoise Pèrethon; por lo que fue criado por sus abuelos maternos en el pueblo de Commentry hasta que, cuando tenía ocho años, su madre contrajo matrimonio con el chófer Adolphe Gance, y Gance se trasladó a París a vivir con ellos. Aunque tomó el apellido de su padrastro, siguió recibiendo ayuda económica de su padre, lo que le permitió recibir una excelente educación.

       Pero la parte más relevante de su vida comenzaría en 1909, momento en el que comenzó a trabajar como actor y guionista cinematográfico. Dos años después, en 1911, fundó, con la ayuda de algunos amigos, su propia compañía, y dirigió su primera película, La Digue, un drama costumbrista. Su segunda película, Le Nègre blanc (1912), aborda el tema de los prejuicios raciales, desarrollando la historia de un niño negro maltratado por los blancos. Una incipiente carrera como autor teatral fue interrumpida por el estallido de la Primera Guerra Mundial, durante la cual Gance volvió a dedicarse al cine, con películas como el cortometraje La locura del doctor Tube, una extrañísima comedia sobre un científico loco que inventa unos polvos que transforman la apariencia de las personas. Para rodarla, Gance recurrió al uso de espejos distorsionantes. En sus películas de los años siguientes introdujo las técnicas de montaje empleadas ya en Estados Unidos por David Wark Griffith, el uso de primeros planos y otros procedimientos innovadores para la época; todo lo cual acabaría culminando en Napoleón.

      A partir de 1917, el interés de Gance se centra en los dramas sociales, con películas como Le Droit à la vie y Mater Dolorosa, las dos de 1917. Su obra más interesante en esta etapa es La Dixième symphonie (1918), en que un compositor sublima sus padecimientos personales en una trascendental obra de arte. Tras el final de la guerra, Gance estrenó Yo acuso en 1919, un durísimo alegato contra la carnicería organizada que supuso la I Guerra Mundial. El filme tuvo un gran éxito, tanto en Francia como en el extranjero. Gance viajó a Estados Unidos para exhibir la película ante un público entre el que se encontraba el propio Griffith (al que conoció) y las hermanas Lillian y Dorothy Gish (que recordaremos porque la primera fue una de las grandes estrellas de Griffith y que apareció tanto en El nacimiento de una nación como en Intolerancia       –aunque en el papel más reducido de la mujer que mece la cuna-).

      La siguiente obra de Gance, La rueda (La Roue), fue rodada entre 1919 y 1920, pero no se estrenó hasta 1923. Se trata de una producción monumental, de 32 bobinas, que tuvo que ser estrenada en tres sesiones sucesivas, y que desarrolla la melodramática historia de un maquinista enamorado de su hija adoptiva (lo que nos recuerda en parte a la historia de Los miserables de Victor Hugo). El interés del filme radica sobre todo en el tratamiento poético que le imprime su director, desarrollando metáforas como la de la vida como una interminable rueda. Más tarde; fue una película muy admirada por grandes cineastas, como Jean Cocteau o Akira Kurosawa.

      Tras una extraña comedia de horror en colaboración con el cómico francés Max Linder llamada Au secours! (1924), Gance rodó su obra más importante, la monumental Napoleón (1927), que se puede decir que es considerado unánimemente tanto por los historiadores como por los cinéfilos uno de los grandes clásicos del cine mudo e incluso del cine en general.

      Para realizar tal obra, Gance invirtió dos años en su realización, y en ella se recrea la primera parte de la biografía de Napoleón Bonaparte, desde su infancia hasta la campaña de Italia, en 1796; esto se debe a que este filme pretendía ser el inicio de un proyecto de seis largometrajes sobre la vida de Napoleón, que nunca se llegarían a realizar.

       La película se comienza a rodar en los estudios Villacourt (después de dos largos años de búsqueda de financiación), poco antes de la irrupción de El cantor de jazz; y su costo se elevo de forma tan estrepitosa que hasta los actores tendrán que financiar en parte la película.

       Pero las únicas cifras sorprendentes de esta película no son sólo las de los costes, sino que también podemos encontrar otros números astronómicos, pues por ejemplo: se dieron por buenos hasta 13000 metros de película rodados con hasta seis cámaras al tiempo y 10 horas de filmación; hay secuencias en las que llega a haber 100000 figurantes y que se llegaron a emplear hasta 3000 caballos para las secuencias de batalla.

       En la película, Gance no esconde su admiración por el personaje, al que retrata como un líder idealista y visionario, en la línea de los grandes escritores románticos (Byron, Hugo, Heine), que habían visto en Bonaparte la encarnación del espíritu revolucionario.

       A modo de anécdota, no sobra decir que el director también participó como actor, realizando una sobria y aclamada interpretación del famoso revolucionario Louis de Saint-Just, uno de los máximos representantes del Reinado del Terror de la Revolución Francesa.

      Finalmente, la película se estrena en el teatro de la ópera de París, lo que nos demuestra que ya en su tiempo no se consideró una película cualquiera (no olvidemos que en materia de cultura, allí sólo va la crème de la crème, como dirían los franceses y de hecho durante toda su historia, la ópera de París fue más que un lugar para disfrutar de la ópera, un lugar de prestigio, un círculo elitista donde burguesía y aristocracia acudían a lucirse, y es que aún hoy en día, en la impresionante galería que da a los balcones orientados a la Plaza de la Opera se celebran importantes fiestas, actos sociales y recepciones), y lo que es más importante, el cine evoluciona de aquellos cochambrosos y populares barracones a un santuario de la cultura como el que se ha nombrado (y que probablemente es un precedente de la construcción de aquellos edificios destinados a esta actividad y que en el futuro serían conocidos como los palacios del cine)

       Por si lo anterior fuera poco, Napoleón se anunció por radio desde la torre Eiffel como todo un logro patriótico (lo que me hace pensar que, si bien comentaba en mi anterior trabajo sobre El nacimiento de una nación, que esta película podía considerarse como el precedente de los grandes lanzamientos publicitarios polémicos que se hacen hoy en día a determinadas películas; tal vez Napoleón podría considerarse el primer fracaso no esperado de una gran superproducción pensada para agradar y para vender a todo un público general)

      De todos modos, la película no llegó a los cines tal cual la concibió Gance, sino que, como duraba seis horas, se comenzó a reducir más y más a cada pase (en algunos cines incluso la dividieron en varios pases).

      En cualquier caso, a pesar de la influencia de El cantor de Jazz, Napoleón fue vista por quince millones de franceses.

      En cuanto a los países extranjeros la excesiva duración del filme también provocó que se exhibiese generalmente en versiones mutiladas (en Estados Unidos, por ejemplo, se proyectó una versión de sólo 72 minutos, es decir, poco más de una quinta parte del metraje original). En Puerto Rico, la Universidad del Sagrado Corazón exhibió su versión de solo cuatro horas… etc.

      A pesar de que esta es su película más señalada y también quizás su mayor fracaso a causa de la irrupción del cine sonoro; de todos modos, su carrera no se pararía ahí en absoluto, pues continuaría haciendo filmes durante el sonoro, de quizás, menor relevancia. En cualquier caso, su carrera se extendería durante 60 años, lo que es una duración más que considerable.

      Posteriormente, la película ha sido muy reeditada (incluso por personas muy importantes como el conocido director de cine Francis Ford Coppola), de hecho, una de las más reeditadas del cine francés.

      No sobra decir que algunos incluso la ven como un antecedente del reportaje de investigación (aunque ahora comentaré que la película no me parece del todo rigurosa históricamente hablando)

      Por otra parte, ya que la película es histórica y más concretamente biográfica, no creo que esté de más ver hasta que punto coincide la película con lo que pretende relatar; así, la película (que en realidad era la primera de la que quizás hubiera sido la primera saga de la historia, pues en principio hubiera habido cinco más) comienza en la infancia del protagonista, y ahí comienzan ciertas alteraciones de la historia puesto que Napoleón Bonaparte en realidad nació Napoleone di Buonaparte (Nabolione o Nabulione en corso), sólo un año después de que Francia comprara la isla a la República de Génova. Napoléone años después cambió su nombre por el afrancesado Napoléon Bonaparte. El registro más antiguo de este nombre se registra en un informe oficial fechado el 28 de marzo de 1796; de lo que se puede observar que en realidad no era tan extremadamente francés como se dice en la película (aunque la discusión que se ve en la película acerca de a donde debe pertenecer Córcega parece muy reveladora respecto a lo anterior).

      Otra cosa importante es el hecho de que, Su familia formaba parte de la nobleza local y su padre, Carlo Buonaparte, abogado de profesión, fue nombrado en 1778 representante de Córcega en la corte de Luis XVI, lugar donde permanecíó por varios años, por lo que fue su madre, María Letizia Ramolino la figura fundamental de su niñez. Adelantada a su época, exigía que sus ocho hijos se bañaran diariamente, cuando lo común era bañarse, llegado el caso, una vez al mes. Napoleón, de carácter huraño y taciturno, se mantuvo apartado de sus compañeros, pues le gustaba estar solo para meditar (lo que parece encajar muy bien con lo que se describe en la película) y sentía profunda aversión hacia los franceses, a quienes acusaba de ser los opresores de los corsos (una vez más, nos topamos con algo que Gance oculta posiblemente de forma intencionada)

      La realidad era también, que no era muy buen estudiante y sólo le preocupaban las matemáticas, ciencia en la que progresaba asombrosamente. También se dedicó a la lectura de obras de la literatura clásica como Historia Universal de Polibio; Vidas Paralelas de Plutarco o Expedición de Alejandro de Arriano de Nicomedia, obras que tuvieron una profunda influencia en su espíritu.

      Más tarde, su padre consiguió que Napoleón y su hermano José se trasladaran a la Francia continental, para estudiar en la escuela militar francesa de Brienne-le-Château a la edad de 10 años (lo cual coincide perfectamente con la película). Antes de entrar debía aprender francés, idioma que habló con un marcado acento italiano por el resto de su vida. Obtuvo notas destacadas en matemáticas y geografía, consiguiendo también las necesarias para aprobar las demás materias. Tras su graduación en 1784, fue admitido en la École Royale Militaire de París. Aunque había buscado en un principio una formación naval, terminó estudiando artillería en la École Militaire. Después de su graduación en septiembre de 1785, fue comisionado como teniente segundo de artillería. Tomó sus nuevas obligaciones en enero de 1786, a la edad de 16 años.

      A continuación, Napoleón sirvió en la guarnición de Valence y de Auxonne hasta el estallido de la Revolución Francesa (aunque se tomó casi dos años de licencia en Córcega y París durante este lapso). Poco después de comenzar la revolución, Napoleón se encontraba en Córcega. Apoyó la facción jacobina y obtuvo el rango de comandante segundo de la Guardia Nacional de Voluntarios de la isla. Después de entrar en conflicto con el líder nacionalista Pasquale Paoli (antiguo héroe de Napoleón), Bonaparte y su familia fueron obligados a huir a Francia, donde llegaron en junio de 1793 (lo que no se enseña en absoluto en la película, de hecho, parece esquivarse de mala manera con la ligera mención de cómo Napoleón roba la bandera y se marcha; de hecho, por lo que se ve en la película, ni siquiera parece tener familia (lo que no deja de hacer que nos preguntemos como hubiera resuelto Gance las siguientes películas, si las hubiera hecho, en las que Napoleón nombra a miembros de su familia como reyes de toda Europa); quizás estos temas se esquivaron por el pasado de nacionalista de Córcega que tuvo Napoleón y que no convenía mostrar.

       La historia de la película acaba cuando, según los hechos históricos, Napoleón través de la ayuda de compañero Saliceti, se convirtió en comandante de artillería de las fuerzas francesas que sitiaban la fortaleza realista de Tolón que se había amotinado contra el terror republicano y había permitido el desembarco de una fuerza angloespañola. Napoleón definió y ejecutó una estrategia basada en el emplazamiento de baterías artilleras que crearan una superioridad total de fuego previa a los asaltos a los diferentes fuertes que protegían Tolón, que finalmente fue evacuada por la armada angloespañola. Su determinación, su capacidad de trabajo y su frialdad bajo el fuego le convirtieron en el héroe del sitio, tras lo cual fue nombrado general de brigada (todo ello bastante bien descrito en la película).

      En conclusión, se puede decir que a nivel de examen histórico, esta película no podría ser considerada como buena por su altísimo nivel propagandístico, en el que no se duda ni por un segundo en modificar hechos o incluso en recrearlos de una forma muy libre yendo mucho más allá de lo que se suele calificar como “licencia dramática” para servir al único objetivo de ensalzar a Francia como nación incomparable y magnífica, porque no nos engañemos, aunque a quien se parece alabar en apariencia todo el tiempo es a ese personaje histórico, en realidad el no es más que otro símbolo, una mera representación de una nación que es Francia, puesto que él la defiende a toda costa y todas sus ideas van dedicadas a un único fin, glorificar a Francia que es la única nación posible (de lo cual es buena muestra el increíble final en el que la pantalla se parte formando una bandera francesa y la Marsellesa de fondo, que llega a exaltar a cualquiera –yo mismo a punto estuve de gritar “¡Vive la France!”).

      Eso sin nombrar que, aunque no he hecho un cálculo científico, parece que la bandera de Francia aparece más veces que la nazi en La fuerza de la voluntad o la norteamericana en Yankee-doodle-dandi; las cuales son también películas de carácter extremadamente propagandístico (curiosamente, en nuestra película de carácter más “nacionalista”, Raza, no recuerdo que apareciera ninguna bandera de la España franquista).

      Volviendo a la película de la que hablábamos, quizás a nivel artístico sea más salvable, puesto que, aunque el parecido físico de los actores con los personajes que interpretan es casi nulo, si es cierto, que parece haber habido una documentación, de modo que muchas escenas nos recuerdan a distintas obras de arte.

      He comentado al principio que la película tiene muchos y abundantes símbolos y metáforas; pues bien, uno de los símbolos más claros de la película es el águila, puesto que, a pesar de que intenté documentarme acerca del asunto, no he encontrado ningún dato que pueda verificar el que realmente Napoleón pudiera tener realmente semejante animal (además de que por lo que se ve en la película se vuelve aún más que improbable por las características que tenía la jaula en la que la guardaba que no hubiera permitido al animal sobrevivir más de un par de días si es que no consiguiera escaparse antes); por tanto considero que en realidad ese águila sólo es una especie de premonición del futuro; ya que desde siempre tanto en heráldica como en el arte en general, el águila ha sido símbolo del imperio, y como tal lo utilizaron los muchos predecesores de Napoleón, como es el caso del imperio romano, de Carlomagno, de Carlos I de España y V de Alemania e incluso de personajes posteriores a Napoleón como Hitler. Por tanto me parece una coincidencia excesiva que pudiendo tener el futuro emperador cualquier otra mascota más manejable se le haya adjudicado precisamente esa ave, de la que no dudo que el director conocía todas las connotaciones; eso sin nombrar la escena en la que el águila se escapa y sin embargo vuelve dócilmente, al igual que el imperio vendrá más adelante de una forma pacífica y tranquila; o como si el águila volviera porque debía volver y quedarse con él, al igual que era su destino que el imperio volviera y la corona se quedara en su cabeza.

      Con explicaciones menos amplias pero no por ello menos importantes, podemos ver otra premonición o flashforward (tal vez el primero de la historia) en una de las primeras escenas en la que, “casualmente” el profesor está enseñando las islas, y a parte de hablar de Córcega como una isla a medio civilizar y esa lígera mención del afecto de Napoleón por su lugar de origen; luego se habla de Santa Helena, la isla que en el futuro se convertiría en su prisión, y que se describe como “una isla perdida en medio del Atlántico” y que parece causar certa impresión en el joven niño.

      No se puede dejar de hablar tampoco de la guillotina que aparece una y otra vez en medio de la tormenta, y que sin duda representa no sólo el la terrible época del terror, sino la caída de todas esas personas que defendieron la revolución francesa, una tras otra.

      Pero la realidad es que en Napoleón todo es grandilocuente, hasta la música (que probablemente se ha escogido esa en la versión que vimos por alguna razón) que suena todo el tiempo al estilo de las melodías de los himnos o las militares y que es claramente una música de exaltación, no sólo por los temas elegidos, sino por la forma de tocarlos y el hecho de que haya casi toda una orquesta, a lo que hay que añadir también que hay un claro predominio del viento-metal, grupo de instrumentos típicamente militares por su sonoridad en espacios abiertos sobre el resto (si nos fijamos, en la mayoría de las películas mudas se incorpora una música extremadamente suave en la que podemos encontrar un piano o incluso violines; lo que hace que veamos claramente la diferencia con esta música triunfalista que la película de Napoleón tiene).

      Por otra parte es en muy patriótica, ya que los temas que se tocan no han sido elegidos al azar, sino que (aunque no gozo de una enorme cultura musical francesa como para poder poner la mano en el fuego acerca de la siguiente afirmación) cada uno de los temas que se tocan no fueron compuestos especialmente para la película, sino que forman parte de música de la época, aunque no cualquier música, sino algunas canciones o melodías patrióticas de la época, por lo que no se queda en una simple elección de un compositor u otro para ambientar la película sino que la música es un factor fundamental para entenderla.

      En cualquier caso, he conseguido identificar la melodía de la Marsellesa hasta tres veces (incluyendo la escena en la que aprenden a cantarla) tocada de forma distinta e incluso como una ligerísima melodía (como quien no quiere la cosa, lo que hace que la película sea extremadamente manipuladora, aún sabiendo que es de propaganda); y Ah! ça ira, canción también muy conocida en Francia e inventada en la revolución y que se podría considerar como la segunda canción más importante de la historia de Francia (después de La marsellesa), en la cual, como curiosidad diré que hay un estribillo muy conocido que es el siguiente:

 

Le Français toujours vaincra!

Ah ! ça ira, ça ira, ça ira!

Les aristocrates à la lanterne,

Ah ! ça ira, ça ira, ça ira!

Les aristocrates on les pendra!

 

      Cuya traducción aproximada sería:

 

          ¡Los franceses juntos vencerán!

          ¡Ah, se hará, se hará, se hará! (otros prefieren traducirlo como “¡Ah, caerán!”)

          ¡Los aristocratas a las farolas!

          ¡Ah, se hará, se hará, se hará!

          ¡De ellas los colgaremos!

 

      Todo esto tiene importancia para la película y sus símbolismos “secretos” porque esa canción que habla de la caída de una clase privilegiada y el levantamiento de otra, suena precisamente cuando tanto en la convención como en el mar donde está Napoleón, hay una tormenta; de modo que el mensaje no puede ser más claro, mientras que en París se produce la inexorable decadencia de la nueva clase privilegiada (los políticos de la convención que no dejan de discutir) en el mar se produce el alzamiento de una persona que se alza sobre los demás en todos los ámbitos y que según los propios carteles de Gance “libra su batalla con el destino” para conseguir triunfar sobre él.

       Quizás el mayor defecto de la película es su excesivísima deificación del personaje (lo que no es exageración, puesto que hay un cartel en la película que dice acerca del protagonista, en palabras literales, “todo lo ve y todo lo hace bien”) hasta el punto en que no resulta en absoluto creíble, puesto que da la impresión de que Napoleón es tan perfecto y maravilloso que no puede hacer absolutamente nada mal y que cualquiera de sus acciones es simplemente intachable; un claro ejemplo de esto es la escena en la que todo el mundo discute a voz en grito (o en “mudo” más bien) de que nacionalidad deben ser los corsos, y todos parecen coincidir en su adversión hacia Napoleón, sin embargo, cuando este se levanta, da a conocer su identidad y a continuación da un discurso acerca de porque deben ser franceses, todos le adoran y quedan absolutamente convencidos con lo que les acaba de decir. De todo ello se puede extraer que haga lo que haga Abel Gance va a conseguir que quede como un héroe; de hecho, me parece una autentica pena que no se hubieran hecho las otras cinco películas, puesto que me hubiera encantado ver escenas como la coronación como emperador de Napoleón (si una tormenta le da tanto juego a Gance, no quiero imaginar una coronación en Notre Dame) y naturalmente la abdicación del 11 de abril en el tratado de Fontaneibleau o el fin de la batalla de Waterloo (momentos que si siguen el estilo de la primera película, se acabarían convirtiendo en, de la derrota absoluta y casi humillante que cuenta la historia; en un acto de generosidad por parte de Napoleón que desea que su pueblo sea feliz y por eso les concede la autodeterminación con sus antiguos monarcas y él, pobre, que está cansado de ayudarles a todos como emperador, decide irse prejubilado de vacaciones a la isla de Sta Helena, donde nadie pueda molestarle pidiendo que le firmen autógrafos).

      En conclusión, creo que Napoleón es una película imprescindible, y no sólo porque haya que considerarla una obra maestra o porque sea de casi obligatorio visionado para saber de cine; sino porque también me ha gustado (a pesar de su extremada intención propagandística; pero por otra parte, si nos paramos a pensar, ese detalle tampoco puede ser algo a utilizar para juzgar totalmente la calidad de una película, porque sino grandes obras maestras del cine quedarían excluidas de ese título; por poner un ejemplo, los austriacos aseguran que Sonrisas y lágrimas es una película totalmente propagandística –argumento que sostienen a causa de la dulcificación de la historia y de algunos otros cambios-, y sin embargo tiene un oscar a la mejor película y es uno de los filmes navideños por excelencia en multitud de países –lo que implica que cientos de niños lo ven, por lo que no parece que sus padres la consideren una película perjudicial para su educación; ya que nadie le da panfletos políticos a sus hijos-) y considero que es una verdadera obra maestra de la que cualquier futuro realizador podría aprender mucho en todos los ámbitos posibles, especialmente, insisto, en los simbolismos que son tan poco abundantes en el cine actual y que permiten al espectador reflexionar e ir descubriendo nuevos mensajes en la película, a parte claro, de los que ya están.

      Y por supuesto, como manejar de una forma genial la cámara y conseguir, no sólo implicar totalmente al espectador y que se sienta parte de la historia y de la acción (¡casi como en el cine 3D!), sino transmitir toda una serie de sentimientos y sensaciones; lo cual tampoco es extremadamente frecuente hoy en día; quizás porque Napoleón surgió en el momento y el lugar inadecuado; tal vez si hubiera aparecido mucho antes de El cantor de jazz se hubiera creado toda una escuela de seguidores de ese nuevo método de hacer cine; pero eso ya entra en el reino de las posibilidades y en el tan inseguro “que pasaría si” que nunca se puede asegurar y que los historiadores suelen rechazar.

      En cualquier caso, Napoleón ha sobrevivido al tiempo, la historia le ha hecho justicia, y hoy podemos apreciar toda la calidad que tenía para su época; puesto que sino, yo no la habría visto y por tanto no estaría escribiendo este GC.   

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