GC: El nacimiento de una nación

      Desde que comencé a hacer este espacio, apenas he tenido oportunidad de comentar películas clásicas como siempre había deseado, por eso me alegro mucho de que los próximos GCs (Grandes Comentarios) tambíén estén en una de las secciones más completas de Universo de A, y que hablen, en este caso de un cine muy poco conocido y poco valorado (que personalmente, sólo en determinados casos me entusiasma): el cine mudo; escojo así para los GCs dos obras cumbres de este periodo (una norteamericana y otra europea). ¡Espero que os guste y os interese!:
 
 
TITULO ORIGINAL The Birth of a Nation
AÑO
1915
DURACIÓN
158 min.   Trailers/Vídeos
PAÍS
 
DIRECTOR D.W. Griffith
GUIÓN D.W. Griffith & Frank E. Woods (Novela: Thomas F. Dixon Jr.)
MÚSICA Película muda
FOTOGRAFÍA G.W. Bitzer (B&W)
REPARTO Lillian Gish, Mae Marsh, Henry Walthall, Miriam Cooper, Mary Alden, Ralph Lewis, Raoul Walsh
PRODUCTORA David W. Griffith Corp.
GÉNERO Y CRÍTICA


 
Drama / Clásico del cine mudo que narra los acontecimientos más importantes de la creación de los Estados Unidos de América: la guerra civil, el asesinato de Lincoln, etc. De tintes racistas por su glorificación del Klux Klux Klan, fue considerada la primera película en contar una historia de modo convencional -hasta ese momento el cine era un conjunto de escenas con poca relación entre ellas-.
 
      David Wark Griffith es el director de esta conocidísima película, pero no sólo eso, porque desde que dirigió Las aventuras de Dollie, quizás no ha habido otro realizador más citado por los directores, historiadores y críticos de cine, cualquiera que sea su nacionalidad, como una de las figuras más importantes de la historia del cine ya que revolucionó el séptimo arte hasta transformarlo en como lo conocemos hoy.

      En efecto, Griffith es conocido por convertir aquel cine “primitivo” en un arte dotado de un lenguaje, marcando así el punto de partida de lo que conocemos como modelo cinematográfico; lo que acabaría siendo una referencia para otros realizadores de su tiempo como Tom Browning, Eric Von Stroheim, W.S. Van Dyke, Allan Dwan, Victor Flemming, Cecil B. DeMille, John Ford… etc; muchos de los cuales comenzaron su carrera siendo ayudantes de Griffith, y acabarían convirtiéndose en grandes directores en los años veinte, y en especial durante los treinta y los cuarenta, lo que hizo posible en nacimiento del cine clásico de Hollywood.

      Viendo esto, no es de extrañar que Griffith haya pasado a ser popularmente considerado como el gran innovador que “inventó” múltiples técnicas narrativas, hoy habituales en cualquier film; ejemplos de ello son: el primer plano, el montaje alternado, el flashback, los fundidos, el gran plano general, la iluminación flou, el largometraje… etc.

      Por otra parte, a partir de aquí se crea una clara independencia por parte del cine del medio teatral del que seguía usando una buena parte de su lenguaje (no obstante, cuando se suele hablar de esto nunca se aclara a que tipo de teatro nos referimos concretamente, porque algunos géneros tienen más en común con el cine que otros; como es el caso de la pantomima, el vodevil, el music-hall, el melodrama teatral o la linterna mágica); se hacía ver pues, que se estaba evolucionando de una “seriarte” a un arte con mayúsculas  

      Algunos incluso consideran que su irrupción en el mundo del cine señala un punto de inflexión en la historia del medio cinematográfico, estableciendo así un antes y un después de Griffith.

      No obstante, muchas personas experimentan ciertos reparos a la hora de aproximarse al propio personaje de Griffith y a parte de su obra (entre ella la película de la que hablamos); puesto que Griffith como otros genios como Wagner (se adelantó a Hitler –que más tarde utilizaría la obra del compositor como estandarte del nacionalsocialismo- y ya proclamaba la superioridad de la raza aria y su odio desaforado hacia los judíos por la mayoría de las cervecerías de Munich; cosa que también plasmó en su obra, la cual es muy “alemana” –por poner un ejemplo, todas sus óperas tratan sobre leyendas o sucesos acontecidos en Alemania-) o Dalí (estuvo seriamente comprometido con el franquismo y no dudó en pintar retratos a las hijas del dictador y en tener varios encuentros con él) y otros tantos; no es lo que hoy llamaríamos “políticamente correcto”, con lo cual, como en los anteriores ejemplos, hay cosas que se prefiere ocultar o no nombrar, básicamente para no irritar a una parte considerable de la gente.

      En el caso de Griffith, si bien la gran mayoría de los críticos y los historiadores reconocen que la filmografía de este cineasta presenta enormes innovaciones técnicas y narrativas que lo hacen singular respecto a sus contemporáneos (quizás debido a su tendencia a la experimentación de nuevas formas de narrar); también es verdad que se sabe que el director representa en el plano ideológico la visión conservadora de la era victoriana, esa concepción del mundo más recalcitrante y reaccionaria del universo burgués decimonónico (lo cual no deja de resultar enormemente irónico sabiendo que su obra fue la inspiración de directores del bando comunista como es el caso de Einsenstein –que de hecho vio la película Intolerancia porque Lenin se lo pidió diciendo que así debería ser el cine en Rusia-; y también de directores vanguardistas como podrían ser Stroheim, Vidor o Sternberg. Eso sí, también inspiró a los conservadores Dwan, Crossland, Beaudine o Flemming –al fin y al cabo, yo considero que a la hora de juzgar una obra, debemos siempre dejar de tener en cuenta quien la hizo para poder valorarla adecuadamente; ya que, como por ejemplo, aunque Tchaikovsky odiara a muerte su ballet El Cascanueces, no significa por ello que la obra deje de ser una maravilla; o que Camilo Jose Cela fuera un tanto temperamental y en algunas ocasiones no tuviera el comportamiento que se espera de un premio novel de literatura, no significa que La Colmena no sea una auténtica obra de arte; por ello siempre se debe separar el autor de la obra para poder ser imparcial y justo, otra cosa distinta es que luego valoremos la obra en un conjunto más amplio y entonces ya tengamos que añadir el contexto social e histórico en el que la obra fue creada, pero ese paso es posterior-); no obstante ante esto, algunos dicen que el pensamiento de Griffith simplemente era el de un hombre blanco educado en el sur del Estados Unidos de su época, lo que no lo hacía directamente racista, o por lo menos no de manera consciente, tal y como aseguraron todos sus colaboradores (¿estarán estos historiadores buscando la parte políticamente correcta del artista que ya comentábamos antes?); incluso algunos dicen que a Griffith le sentó extremadamente mal que se le tachara de racista, hasta el punto de que pasará el resto de su carrera intentado demostrar lo contrario, muestra de ello es que en Lo más importante en la vida (1918) un soldado oficial sureño besa a un negro, o que en Lirios rotos (1919) convierte en el protagonista de la película a un negro.

      En cualquier caso, lo que si que es cierto, es que la creación de la obra que llevó en masa a la gente al cine y que consolidó a este arte como el fenómeno que conocemos hoy en día; comenzó cuando Frank E. Woods, un guionista que trabajaba a menudo con Griffith, le comentó al director su interés por una obra teatral escrita por el reverendo Tohomas E. Dixon, cuyo título era The clansman (que era una adaptación de la novela best-seller del mismo autor) y que, aunque ya había sido adpatada al cine por la Kinemacolor Company (sin demasiado éxito, ya que el proceso fotoquímico de color utilizado destruyó la película filmada), llamó la atención del realizador, que incluso leyó la novela, la cual describe la derrota de los confederados tras la guerra civil a través de dos familias (Los Cameron de Carolina del Sur y los Stoneman de Pensilvania); algunos aseguran que le entusiasmó de tal modo que acabó leyendo otra novela del mismo autor, la cual fue The leopard’s spots, que narra como surgió el Ku Kux Klan. Finalmente, se comprarían los derechos de las dos novelas.

      Y es a partir de aquí cuando yo considero que si esta película se convirtió en lo que se convirtió a nivel de público, fue gracias a varios factores publicitarios bien utilizados; ya que en primer lugar se utiliza un tema polémico (la guerra civil estaba a tan sólo 50 años de distancia) cosa que ya de por sí, vende mucho (sólo hay que recordar el reciente El código da Vinci de Dan Brown) y hace que todo el mundo desee conocer el objeto de la polémica, que en este caso fue muy fuerte, puesto que el film provocó enfrentamientos raciales por el racismo de su lectura histórica; cosa que ya había logrado la adaptación teatral de Dixon, que incluso llevó a que naciera la asociación denacional para el desarrollo de la gente de color, llamada N.A.A.C.P., que llegó a contar con más de 9000 miembros en las ciudades más importantes del país) por lo que cuando la película se estrena, esta asociación organiza manifestaciones contra la exhibición de la película exigiendo a las autoridades la denegación de su licencia de exhibición.

      Y como es lógico, con esa fama racista que la precedía allí donde iba, en cada sitio donde se estrenaba acababa provocando revueltas sociales y manifestaciones en contra de ella.

      Todo esto llegó a los niveles políticos más altos, ya que incluso el propio presidente de los Estados Unidos del momento, Woodrow Wilson acabó entrando en el tema (fijémonos en toda la publicidad gratuita que se le dio a esta película de forma casi involuntaria) cuando en principio apoyó su exhibición, aunque acabaría rectificando por el malestar que causó en muchos votantes.

      Finalmente, hasta el propio acabó entrando Griffith también directo a la polémica cuando, al no haber previsto aquella reacción por parte del público y las continuas acusaciones con las que se encontró de racismo; así que publicó inmediatamente un airado panfleto titulado “Esplendor y caída de la libertad de expresión en Norteamérica” donde defendía la libertad creativa y atacaba la censura.

      Si a todo eso sumamos que además el tema parece generar un enorme interés en el público norteamericano (sólo hay que ver la posterior Lo que el viento se llevó, que consiguió ser extremadamente taquillera y además conseguir los oscars más importantes, entre ellos el de mejor película; y que, aunque ningún historiador lo ha señalado, personalmente, yo encuentro muchos paralelismos entre la película nombrada y la película que estamos analizando, puesto que ambas tratan de forma clara el tema de la familia; coinciden también en que tienen la perspectiva del sur; y ambas destacan los sufrimientos a los que lleva la guerra; y algunas escenas de hecho, son extremadamente parecidas como para que sea simple casualidad, como por ejemplo, esa en la que todos los hombres parten para la guerra; por lo tanto creo, que alguno de los múltiples directores que tuvo la película, bien pudo hacer un pequeño homenaje a El nacimiento de una nación o quizás se pudo inspirar en parte en ella; no obstante, es sólo una teoría) y a eso también le tenemos que sumar el que fuera una de las primeras “superproducciones” (quizás incluso la primera) de la época, en la que todos los presupuestos previstos se saltaron olímpicamente y acabó haciéndose un despilfarro total y absoluto (una mala costumbre de Griffith, que volvió a repetir en Intolerancia, pero en la que la apuesta no le salió tan bien, porque si El nacimiento de una nación fue un éxito arrasador que acabó dando unos beneficios enormes; Intolerancia no sería comprendida por muchos y acabaría constituyendo un fracaso tan enorme que Griffith pasaría el resto de su vida endeudado por causa de ello, y los estudios ni se molestarían en desmontar los enormes decorados –por cuestiones de dinero-, prefiriendo que el tiempo acabara por destruirlos totalmente), cosa que no olvidemos, es un buen ardid publicitario que dio magníficos resultados en películas como Cleopatra (de Joseph L. mankiewicz) o la reciente Titanic (de James Cameron); así que considero, que podríamos añadir a los meritos propios de El nacimiento de una nación el hecho de ser también la primera superproducción anunciada como tal y que supo utilizar hábilmente todas las variantes de publicidad para lograr aumentar la taquilla; seguramente muchos discutirán esto, pero mirémoslo por donde lo miremos, lo cierto es que, ya sea por pura y fortuita casualidad o por astucia e inteligencia publicitaria, la película nunca hubiera sido lo que fue (al menos a nivel de público, no entró en el terreno artístico y técnico) sino fuera porque toda esa información llegó al público que por primera vez, no tomó la decisión de ir sólo al cine a ver que ponían y tragarse lo que llegara, sino que optó por ver una película muy concreta (algunos historiadores incluso aseguran que su éxito de taquilla no ha sido superado aún en la actualidad; algunos afirman incluso que llegó a ganar 40 millones de dólares), el filme del que todo el mundo hablaba (ya fuera muy bien o muy mal), y esa fue El nacimiento de una nación; y es que esta película debe ser considerada, además de una obra maestra, todo un fenómeno sociológico de profundo calado en la historia del cine.

      Incluso, muchos años después de su estreno, ya en los años 30, cuando se reestrena con banda sonora; la izquierda norteamericana lo señalará como el baluarte de la ideología capitalista y fascista. En la actualidad, la película sigue siendo usada por el Ku Kux Klan para sus campañas de propaganda política (con esto se puede ver la gran capacidad que tuvo esta película para causar polémica y publicidad que hasta ha llegado a nuestro días).

       Por otra parte, no hay duda de que sino fuera por la enorme publicidad y sobre todo recaudación, el mundo de las finanzas nunca hubiera comenzado a ver el medio cinematográfico como un sector productivo, respetable y de magnitudes insospechadas.

       Volviendo a como comenzó la película, lo cierto es que aunque el presupuesto inicial de la película ascendía a 40000 dólares, cifra que ya para la época cuadriplicaba el presupuesto normal de un largometraje; acabaría costando, oficialmente (los hay que aseguran que pudo ser cuatro veces más) 110000 dólares. Para tal empresa, Aitken tuvo que vender parte de sus acciones de la Mutual ya que sus socios se negaron a participar en un proyecto que parecía haberse desbordado totalmente. Griffith por su parte, no se quedaría atrás, ya que invirtió toda su fortuna personal, e incluso solicitó diferentes préstamos a los bancos (que debido al éxito de esta película acabaría pudiendo salir del apuro; pero nuevamente volvió a invertirlo todo en Intolerancia, en la que ya sí que lo perdería casi todo). Esto llevó a la creación, por parte de ambos, de la productora y distribuidora Epoch Producing Co.

      A continuación, se produjeron seis semanas de preparación en las que se buscaron las localizaciones y fueron consultados más de un millar de documentos. Por fin, la película comienza a rodarse el 4 de julio de 1914 en el sureste de California; el rodaje durará nueve semanas; y el montaje duraría tres meses, lo cual era impensable para una película de la época; pero aún más llamativo es que según Lillian Gish (una de las actrices que aporta mucha información sobre Griffith en sus memorias) no existía un guión detallado antes del rodaje, con lo que los actores hacían su papel desconociendo el argumento completo de la película; con lo que el único que podía tener una visión de conjunto era el propio Griffith (y no debía de estar muy seguro de ello, ya que a pesar de su buena intuición y capacidades; sólo se utilizó un 10% de todo lo rodado para el montaje final del film; que aún así, tiene una gran duración para la época).

      Pero la verdad es que todo lo referente a El nacimiento de una nación es sorprendente por sí mismo; ya que la película tenía originalmente 13508 pies (que fueron reducidos por Griffith a 12500); 1544 planos (en la época la media era de 100); la duración llegó a alcanzar los 180 minutos y los participantes en la producción superaron las 18000 personas; en las escenas de guerra se utilizaron 3000 caballos; para la confección de los trajes de época se emplearon más de 37000 metros de tela; para mejorar la técnica de fotografía nocturna se pagaron más de 5000 dólares y otros 10000 diarios para el alquiler del rancho donde se desarrollan las escenas del Ku Kux Klan; y la enorme cantidad de personal que participaba en la película llevó a crear un hospital para atender accidentes laborales; eso sin contar con que para las escenas de batalla se pidió a la academia militar de West Point su colaboración para diseñar la contienda. A todo ello debemos sumar que en la película intervinieron los actores más importantes del momento; extras de lujo como Erich Von Stroheim o John Ford y ayudantes de realización que se convertirían en grandes realizadores.

      Otra cosa muy a destacar de esta película y muy innovadora es el hecho de que tuvo incluso una banda sonora, probablemente a muchos les extrañará tal afirmación tratándose de una película muda, pero casi todos sabrán también que en la mayoría de los cines la sesión cinematográfica se amenizaba con un pianista que tocaba fragmentos de obras que fueran acordes con la situación que se desarrollaba en pantalla; pues bien, para esta película el propio Griffith se interesó en la partitura musical que se debía tocar e incluso firmó como autor de ella (esto no es del todo cierto, ya que la partitura fue compuesta por Joseph Carl Breil –que también la firmó, y que anteriormente ya había compuesto la partitura de las versiones norteamericanas de La Reina Elizabeth o Cabiria; mas tarde volverá a trabajar con Griffith en Intolerancia y en Flor que renace; y naturalmente, en la versión sonorizada distribuida en los años 30 de El nacimiento de una nación-, y aunque el director tenía cierta formación musical, probablemente no llegaba más allá de señalar los aspectos generales de la composición musical y algunas sugerencias sobre los fragmentos que se debían compilar.

      Finalmente, la partitura reunió más de cuarenta fragmentos de obras de compositores tan importantes como Rossini, Verdi, Wagner, Grieg, Chaiskowsky, Lizt o Beethoven. Pero además de clásicos, también se añadieron canciones populares como “Dixie” o “Marching through Georgia”; ya que todas ellas reforzaban el dramatismo de muchas escenas.

      Tras todas estas dificultades, por fin, la première de El nacimiento de una nación tuvo lugar el 8 de febrero de 1915 en el Auditórium Clune de Los Ángeles (en aquel momento con el título de El hombre del clan, es decir, el mismo que el de la novela y la obra de teatro); pero el estreno será en el teatro Liberty de Nueva York.

       Será de aquella cuando la N.A.A.C.P. que defendía los derechos del colectivo negro de los Estados Unidos; presione para que la película no fuera distribuida por su manifiesto racismo; ello provocó que la película pasara de los originales 1544 planos a 1375 planos, para eliminar varias secuencias en las que unos negros renegados abusan sexualmente de varias mujeres blancas, y un epílogo en el que se sugiere que los problemas del racismo en Estados Unidos se resolverían con la deportación de los negros a África.

      Y aunque como ya dije, las críticas llegaron por todos los lados, y hasta un miembro de la MPPC llegó a calificar la película de “una audaz monstruosidad condenada al fracaso de taquilla más estrepitoso”, como ya comenté, el filme se mantuvo en cartel ininterrumpidamente durante 48 semanas con un precio de taquilla fijado por Aitken de dos dólares la entrada; con lo que en tan sólo cinco años generó quince millones de dolares de recaudación de taquilla; y se calcula que hacia 1948 ya había recaudado en todo el mundo más de ciento cincuenta millones de dólares, siendo por tanto la película más rentable de la historia del cine hasta la fecha (aunque esto no deja de ser discutible, pues muchos dicen que ninguno de esos datos está muy claro, y hay otras tantas películas que aseguran ser la más taquillera, entre ellas El mago de Oz o Lo que el viento se llevó); no obstante, eso no significó que los beneficios llegaran a sus destinatarios lógicos, ya que Aitken pactó la venta de derechos a los distribuidores regionales, lo que provocó muchas perdidas a la Mutual e hizo millonarios a numerosos distribuidores independientes, algunos de ellos alcanzarían gran relevancia en el futuro dentro del campo del cine, como fue el caso de Louis B. Mayer (del que se calcula que gracias a El nacimiento de una nación ganó más de un millón de dólares en su distribución), que no muchos años después fundaría la Metro-Goldwyn-Mayer, estudio que sería archiconocido en todo el mundo por sus magníficos musicales y por tener “más estrellas que en el firmamento” (como decía su slogan).

      Llegados a este punto, es obvio que se debería incluír el argumento que dio origen al mito, y que básicamente combina una serie de elementos que resultan tópicos en el melodrama griffthiniano; es decir, el marco histórico de la guerra de secesión sirve de fondo épico para desarrollar una historia de amor entre dos jóvenes pertenecientes a cada uno de los bandos enfrentados; así, en el prologo se explica como el origen de la esclavitud se remonta a la época de los tratantes de esclavos ingleses del siglo XVII. A continuación, son presentadas las dos familias protagonistas del filme, las cuales son los Stoneman del norte y los Cameron del sur, los cuales van a vivir el drama de la guerra civil norteamericana. Pero entre los hijos de ambas familas se tejen relaciones afectivas, así; mientras Ben Cameron (Henry B. Walthall) se enamora de Elsie Stoneman (Lillian Gish; actriz que gracias a sus memorias tenemos una gran información sobre el director y que participaría en su siguiente proyecto Intolerancia en el papel de la mujer que mueve la cuna); y por su parte Phil Stoneman (Elmer Clifton) lo hace de Flora Cameron (Mae Marsh). Pero cuando la guerra estalla, los dos hijos primogénitos han de luchar en bandos contrarios (este es el momento en que Griffith comienza a reproducir algunos episodios míticos de la historia norteamericana –la película tiene varios-; como sería  el caso de la batalla de Petersburg, el incendio de Atlanta o la marcha de Sherman hacia el mar).

      Herido en el campo de batalla, Ben Cameron (apodado el pequeño Coronel) es ingresado en un hospital de Washington, donde Elsie Stoneman trabaja como enfermera. Mientras, el general Lee firma la rendición ante el general Grant. Mientras, el pequeño Coronel regresa a casa tras eludir una falsa acusación de traición, gracias a la intervención del propio Lincoln. Seguidamente es reconstruido el asesinato del presidente mientras asistía a una representación teatral (la cual es una de las secuencias más analizadas de toda la película por los historiadores del cine), y allí también se encuentran Phil y Elsie Stoneman.

      En el sur, todos lamentan la muerte del Presidente Abraham Lincoln; lugar a donde se trasladará la familia Stoneman, donde el padre, que es diputado, ha de supervisar el mantenimiento del orden y velar por la reconstrucción del país; su ayudante es Silas Lynch, que acaba siendo vicegobernador y utiliza su cargo para humillar a los blancos y para cometer excesos.

      Mientras, Flora Cameron es acosada por Gus (un sargento negro) de tal forma que se lanza por un precipicio y muere.

      Todo esto llevará a que el pequeño coronel entre en el Ku Klux Klan para vengar a su hermana y defender a los inermes blancos de los negros.

      Por su parte, Silas Lynch pretende casarse con Elsie Stoneman, y ante la oposición del padre, Lynch lo encierra en prisión y secuestra a la hija.

     A continuación los negros descubren que el pequeño Coronel se ha convertido en el líder del Ku Kux Klan, por lo que deciden acosar a su familia, la cual se ve obligada a huir a una cabaña; en donde acabarán siendo asediados por los negros, pero finalmente, son liberados por los jinetes encapuchados blancos en un trepidante, emocionante y memorable “rescate en último minuto”.

      Viendo esto, se nota como finalmente Griffith consiguió sintetizar los dos libros (probablemente ese fue uno de los factores de que se rodara tantísimo y que nunca se llegara a utilizar, incluso, es posible que dado que no había un guión como tal, Griffith utilizara como punto de apoyo ambas novelas durante el rodaje, lo cual llevaba a que nunca estuviera seguro –hasta que llegó la hora del montaje- de cuanto había rodado y de que era o no lo fundamental; pues de alguna manera había que sintetizarlo todo) que deseaba convertir en película, ya que consigue enlazar la guerra civil con el nacimiento del Ku Kux Klan de la manera más hábil y sin que la película resulte muy forzada.

      Por otra parte, dirigiéndonos a otro tema; ya hemos comentado que Griffith solía incluir grandes novedades técnicas en sus películas, y naturalmente, El nacimiento de una nación no es una excepción; puesto que en ella Griffith demuestra un absoluto dominio de la mayoría de las técnicas cinematográficas que había estado ensayando durante años; como los fundidos desde negro y a negro que son utilizados para puntuar las diferentes secuencias del la película, así, la planificación de la secuencia comienza con un plano general para posteriormente iniciar la fragmentación de la secuencia, definiendo nítidamente un eje de acción, así como las direcciones de las salidas y entradas de campo; por otra parte, los personajes poseen una profundidad psicológica plena que consiguen arrastrar al espectador al interior de la diéresis; también hay que destacar que el ritmo del montaje aumenta a medida que se aproxima el cierre narrativo del film, lo que se hace mediante el recurso habitual del “rescate en el último minuto” (que en este caso incluso alterna varias acciones distintas como el asedio de la cabaña donde se refugian los Cameron de los negros renegados, la confusión que reina en la ciudad, Elsie resistiéndose a Lynch y los jinetes del Klan que acuden a salvarles); también son importantes los virados, pues diferencian los espacios en los que transcurre la acción; los movimientos de cámara (que en esta película serán escasos, pero que  aumentarán en Intolerancia) que incluyen panorámicas y travellings; la cuidada iluminación está al servicio de la naturalización del espacio de representación… etc, todo lo cual contribuye ampliamente a espectacularizar la puesta en escena, especialmente porque todos estos recursos son empleados de una manera coherente y relacional y están al servicio del sistema del narrador en la medida en que la información narrativa está minuciosamente calculada para que nada escape a su control.

      No obstante, la película no está exenta de defectos, incluso en lo técnico, puesto que en ocasiones los recursos utilizados presentan una seria resistencia al fluir de la narración; ya que, aunque los primeros planos y los planos de detalles permiten componer una puesta en escena dramática, en ocasiones parecen dominar el avance del relato, suspendiendo de ese modo momentáneamente el fluir temporal.

      Por otra parte está la presencia del narrador en los carteles, el cual se permite enjuiciar moralmente los hechos descritos también es un elemento que empuja al espectador hacia el exterior de la diégesis; es más, el narrador de El nacimiento de una nación siente una clara debilidad por subrayar, a veces hasta el límite de lo creíble, los momentos de mayor emotividad; un ejemplo podría ser la secuencia del regreso a casa del pequeño Coronel, en la que Griffith consigue crear un clima de gran expectación en el encuentro de los dos hermanos mediante una alternancia de planos de Flora (en el interior de la casa) y de Ben Cameron (en el exterior), que se detiene bajo el umbral de la casa dilatando al máximo ese instante.

      También hay que decir que Griffith no consigue tener una gran habilidad a la hora de utilizar emplazamientos de cámara variados que ocupen las posiciones y los puntos de vista de los personajes; con lo que el filme no se puede inscribir en el paradigma de la ubicuidad de la cámara.

      Por mi parte, no me queda sino decir, que si bien El nacimiento de una nación puede considerarse una obra de arte por todo lo que supuso históricamente, tanto en el momento como todas las innovaciones técnicas que supuso y que ayudarían a mejorar el cine y a convertirlo en lo que conocemos hoy; lamento decir que no me entusiasmó, quizás porque ninguna película muda a conseguido llegarme del todo, tal vez porque le doy demasiada importancia a un guión (aunque ya se que también las películas mudas lo tenían) que tenga grandes diálogos y un argumento perfectamente planificado; ya que las películas mudas en general, me resultan extremadamente lentas (tal vez el que estemos tan acostumbrado al trepidante cine moderno en el que no se nos deja respirar ni por un segundo, influye en eso; aunque yo adoro muchas películas del cine clásico y estas no se caracterizan por su rapidez) y acaban por provocarme un enorme sopor (quiero destacar, que las que vemos en clase no son las únicas películas mudas que he visto, ya antes había visto unas cuantas).

      Todo esto quizás se debe a que en el momento que se hicieron era necesario dar tantísimos datos físicos (por otra parte también quiero decir que nunca me ha gustado la comedia física, tal vez eso también influya) para que un público de toda clase y condición consiguiera comprender la película; pero en la actualidad, acabas por perderte y perder interés con tanta grandilocuencia; eso sin nombrar la escasez de carteles para explicar la historia que hacen que tengas que deducir una gran parte tu solito, especialmente con la cantidad de personajes que llegan a aparecer en escena y los misteriosos diálogos que se empeñan en entablar y que eres incapaz de deducir ni aún intentando leerles los labios.

      Visto todo lo anterior, se entenderá como, si bien puedo mantener la atención con cierta facilidad durante la primera hora de la película (especialmente gracias a la magnífica dirección artística y de vestuario, que hacen que cada decorado te sorprenda y te resulte más hermoso que el anterior, de modo que puedes explorarlo mientras se desarrollan las larguísimas escenas), a continuación no puedo evitar perder el interés por los continuos intentos frustrados de obtener más información que la escasísima que unos carteles puestos cada media hora me proporcionan; con lo cual termino por rendirme y aburrirme.

       Frente a estos argumentos, Chaplin dijo una vez que la forma del cine como arte debía de ser muda y en blanco y negro (de hecho sólo hizo una película hablada, El gran dictador) y que todo lo demás le parecía una barbaridad y una vulgaridad. Sin embargo, gracias a Dios (o al menos yo lo veo así) el cine ha evolucionado, y gracias a gente como Griffith y su El nacimiento de una nación el cine es tal y como lo conocemos; así que, dejando de lado valoraciones personales que siempre son muy subjetivas y no aportan demasiado; no hay duda de que esta película debe ser considerada una obra de arte, básicamente porque nunca se podrá llegar al coche si antes no inventamos la rueda, y Griffith con esta película inventó el motor a vapor que nos llevaría directos a la siguiente etapa del cine y que es crucial para entender toda la historia del cine.

 

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