La muerte de las casas de la cultura

     Comienzo este nuevo artículo para protestar contra la gestión de las que tradicionalmente han sido “las casas de la cultura” (es decir, universidades, museos y bibliotecas; si alguien cree que no he citado alguna, que no dude en decirmelo), como una más de mis luchas culturales que tanto abundan en Universo de A. Lo cierto es que hacía mucho que deseaba publicar esto, pero varios acontecimientos que han sucedido últimamente por fin me han dado el último empujón (entre otros el museo del Prado -próximamente “casa de subastas prado”- con su obsesión por cobrar las entradas de las exposiciones temporales a precio de oro incluso a los estudiantes); en cualquier caso, este artículo nace con la idea de que la gente vea como se están capitalizando las distintas casas de la cultura y que reaccione contra ello, para que todos recordemos sus origenes y con que proposito fueron creadas y que hoy día tan lejos parece quedar, tanto que se ha olvidado y sobre todo para que el idealismo con el que fueron creadas prime sobre el vil metal; bueno, procedamos a analizar los distintos casos:

-Universidades:
     La que es sin duda la más decadente, corrupta y anquilosada de las casas de la cultura aporta día tras día una mayor vergüenza al nombre que cuando se fundó, era sólo sinónimo de valores positivos: cultura, libertad, tolerancia, justicia… etc; ¿qué queda de aquello? pues entre nada y absolutamente nada, la institución fundada en el siglo XIII (aunque no faltan los que dicen que se puede ir más atrás pues otras muchas culturas previas tuvieron instituciones parecidas), sólo posee hoy los más gandules funcionarios que uno imaginarse pueda (sí, aún más que cualquier otro funcionario), que se dedican a vivir de los impuestos que pagamos todos por ir un par de horas a la semana (cuando van, todo el mundo sabe que la abstinencia profesoral es de lo más frecuente) al sitio donde supuestamente trabajan y en donde sueltan discursos dedicados a su glorificación y a recordar lo muy superiores que son a los demás mortales por ser “catedráticos” o estar allí (y pensar que el derecho a la libertad de catedra fue creado para asegurar la libertad, una vez más convierten ese derecho fundamental en una infamia), cuando acaban, vuelven a sus despachos, no para dar las tutorías que tienen obligación de hacer y que en realidad nunca ofrecen, sino para rodearse de espejos que refuerzan su desmesurada egolatría (lo cual resulta divertido, pues una gran mayoría no llegaron a trabajar en lo que han estudiado, sino que son los favoritos de turno que consiguieron hacerles suficientemente la pelota a los profesores y que no han tocado instrumental especializado en su vida), imagen que es aumentada por los alumnos de doctorado que tienen a su servicio como criados permanentes. Después, todo son unas vacaciones permanentes, puesto que el resto de los días de la semana en los que no tienen clase son libres, si a eso sumamos unas vacaciones desmesuradas que ocupan todas las escolares (navidad, semana santa y verano), y como complemento el tiempo de interrupción de las clases para hacer exámenes (un mes por febrero y otro por junio), y demás días que cancelan las clases por que sí o por capricho, llegamos a la sorprendente conclusión de que si sumamos todas sus horas de trabajo, probablemente no pasen de una semana al año; y eso en años normales, porque luego están los tres que pueden coger para “investigación” (algo muy gracioso, puesto que todo el mundo sabe que en España la relación universidad-empresa no funciona) que no son sino unas vacaciones pagadas (sí, aún más) con la gran utilidad de tomar un reposo de tanto descanso. Bueno, perdón, a veces sí son bien empleadas, por ejemplo en la redacción de ridículas investigaciones de menos de 100 páginas, que podría realizar un niño de cinco años tanto por la obviedad de su contenido como por la ridiculez de sus conclusiones (no, bien pensado, el niño de cinco años sería más inteligente); o, aún mejor, en la creación de un libro que sólo editará la editorial de la facultad (puesto que nadie va a estar dispuesto a pagar la edición de semejante plomo) que al año siguiente el profesor de turno obligará a comprar a sus alumnos a precio de oro, en el cual se dedicará a contarnos lo listo que es y lo muchísimo que sabe del tema, incluso más que los expertos; y todo ello después de haberle pagado las vacaciones mencionadas. Eso sí, con Bolonia todo mejorará, pues ya sólo tendrán que dar una tutoría a la semana… ¡y a seguir viviendo a cuenta del contribuyente! (en serio, mantener a todas las cortes europeas del antiguo regimen con toda su aristocracia era más útil que esto); aunque bueno, siguen sus propias normas, según un profesor “hay que ser vagos y listos”.
      Pero desgraciadamente, las barbaridades de esta institución no se quedan ahí; la autojustificación de su propia corrupción no tiene límite, ya que y cito literalmente “si vas a escoger a alguien para trabajar, mejor que sea alguien que conozcas” (el “enchufe” idealizado) eso ya sin nombrar las distintas intrigas interiores del tipo de que tal alumna se acostó con tal profesor cuando hacía la tesis y ahora es profesora; y así historias innumerables en la que debía de ser el faro de la cultura y del idealismo que ha acabado convirtiendose en una nueva sodoma y gomorra donde el interés es lo que prima sobre cualquier cosa.
     Eso ya sin nombrar las materias, a cada cual más inútil que la anterior; puesto que en los primeros años sólo se dan generalidades absurdas y en los finales teorías desfasadas que no resultan nada prácticas puesto que sólo se dedican a analizar problemas del estilo de cual es el sexo de los ángeles y si fue antes el huevo o la gallina (aunque tras haber hablado de los profesores, esto ya no debe extrañar); y las notas es otro tema destacable, porque no hay explicación ni justificación a los suspensos masivos en un lugar al que la gente va porque quiere aprender (esto ya no es la educación obligatoria).
      Ni siquiera queda tolerancia, todo el mundo sabe que cada facultad suele ser de un signo político (derecho: derechas, cc.información: izquierdas… etc) y pobre del que vaya contra el status quo, ni debate ni intercambio de opiniones ni nada.
     El resultado de todo esto son unos alumnos desmotivados que tienen demasiado asumido que “la casa de la cultura” es en realidad “la casa del título” y que a pesar de llegar con mucha ilusión, esta es rápidamente machacada, pasando a una inmediata frustración y acabando en un extremado deseo de salir de una institución que es reconocida casi unanimemente como una perdida de tiempo.
      Y como no, a institución tan envilecida, le encanta el dinero, hasta ahora en forma de imposibles matriculas en las que volver a matricular una asignatura supone una fortuna; y en la que puedes comprar unos créditos de una o otra forma por distintos medios (seminarios, cursos… etc), eso sí, siempre pasándo por caja y desembolsando un dineral por un misero créduto y así evitar que, gracias al plan de curso, peor planificado imposible, tengas que coger hasta 19 optativas (y luego, las obligatorias).
      Si a todo lo anteriormente dicho sumamos el saber unánime de que en la universidad no se aprende nada y que incluso “mata la inteligencia” y que todo el mundo sabe que se va a por un papel firmado por el Rey y por el rector; llegamos a la conclusión inevitable e ineludible de que es absolutamente inútil en la actualidad, especialmente teniendo en cuenta que un título universitario no es en absoluto garantía de trabajo; por lo tanto, y dado que la universidad ha perdido totalmente las ideas idealistas con las que se fundó, que se ha corrompido a más no poder y que ya no tiene sentido en la actualidad; en mi opinión sólo hay dos soluciones posibles para salvar esta ex-casa de la cultura: 1) su inmediata abolición como centro de estudios superiores, puede seguir funcionando como academia privada (pero sus títulos no tendrán ninguna homologación ni apoyo estatal), como empresa particular y desde luego no en edificios estatales, de modo que los campus universitarios se puedan destinar a algo útil. En este caso, los estudios superiores pasarían a ser los de bachillerato, lo que es lógico, pues el último momento donde se aprendió algo. 2) esta opción, mucho más idealista y por tanto menos realista, comienza con la abolición de la universidad actual y la expulsión inmediata de todos cuantos forman parte de ella para comenzar desde cero con los mismos ideales con los que se fundó y por una nueva generación que los aprecie y que quiera guardarlos.
      En cualquier caso, lo que está claro, es que en la actualidad, la universidad no merece estar en este listado de casas de la cultura.

-Museos:
     Si la anterior institución ya casi no tiene salvación, está aún hay tiempo de revivir su espíritu antes de que se convierta en un nido de codiciosos.
     Porque desengañemonos, la prohibición de hacer fotografías en los museos está muy lejos de tener algo que ver con la conservación de las obras, ya que, si bien es cierto que el flash daña las obras por los cambios de temperatura, la fotografía sin flash o el video no las alteran ni lo más mínimo; así que la única razón para esa obsesiva e injusta prohibición de  que te puedas llevar un recuerdo (o simplemente guardar un detalle que te pareció curioso o interesante) sin necesidad de pasar por la tienda de recuerdos donde se venden postales y demás merchadising (en algunos casos de lo más vulgar) a precios de atraco a mano armada; es la de (además de asegurarse de lo anterior) guardar bajo llave el copyright de las obras que tan bien se cobra cuando son famosas o cuando cualquiera las necesite para cualquier cosa; por qué, ¿para que están las obras sino es para sacarles un buen beneficio?, ¿qué importa la cultura, las ideas de la ilustración con las que esos museos fueron fundados de llevar el arte al pueblo y de que todo el mundo accediera a él?, ¡eso es absurdo!, umm, espera, pero si estamos hablando de museos publicos, es decir que es un patrimonio que nos pertenece a todos, o sea que un museo público no es ni una casa de subastas, ni una galería de arte, ni ningún tipo de fundación privada que bien podría funcionar bajo los valores anteriormente mencionados (en algunos casos es vergonzoso descubrir como las instituciones privadas parecen más preocupadas por el arte que las públicas), y que, según el diccionario de la RAE, y cito textualmente: “Museo: Institución, sin fines de lucro (atención a este detalle que es importante), abierta al público, cuya finalidad consiste en la adquisición, conservación, estudio y exposición de los objetos que mejor ilustran las actividades del hombre, o culturalmente importantes para el desarrollo de los conocimientos humanos.”; pues bien, por más que reviso esta definición una y otra vez, no encuentro el concepto de que la finalidad del museo es asegurarse de cobrar la entrada bien cobrada y que las cajas registradoras del interior hagan “clink”, será que esta institución no tiene nada que ver con eso.
      Y lo peor, es que esta tendencia de capitalismo a muerte ha llegado a los más altos y más representativos museos de nuestro país, para absoluta vergüenza nacional, de modo que podemos contemplar decepcionados como el arte que se puso ahí y que estaba destinado para que todo el mundo pudiera admirar la belleza según los ideales humanistas y así hacer el mundo mejor, ahora las grandes obras maestras son reducidas a cajeros automaticos; una vez más a costa de todos.
      ¿Solución? personalmente creo que todo lo público debería ser gratis, porque para eso es público, aunque también sé que mantener el patrimonio no es barato, por tanto, se debe optar por una salida intermedia; el estado está para garantizar el bien de todos y protegernos a todos por igual, pero como no todos estamos en las mismas condiciones, lógicamente, hay que adaptarse, así pues, son imperativos enormes descuentos o entradas gratuitas en diversos casos (estudiantes, jubilados… etc) y precios en ningún caso demasiado altos, y mucho menos en exposiciones temporales.

-Bibliotecas:
      ¡La única casa de la cultura que permanece inexpugnable! aunque a ver por cuanto tiempo, no olvidemos el asunto del prestamo de pago de hace unos años (leed este otro artículo de Universo de A para más detalles: http://universodea.spaces.live.com/blog/cns!41716E4AA9C70F65!2117.entry); ya que aunque ha sido admitida la petición de derogación de la Directiva del canon en la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo, ello no significa que las sociedades gestoras de derechos, acechando siempre cual buitres a ver de donde pueden sacar un euro más, se hallan rendido.
     En cualquier caso, de momento (y dejándo de lado el típico bibliotecario antipatiquísimo que parece que desayuna todos los días vinagre o bibliotecas de universidades que no permiten el préstamo según acabas en ellas, bueno, me equivoco, pagando sí, pagando se consigue todo -es realmente bochornoso que la segunda biblioteca más grande de España, es decir, la de la universidad Complutense de Madrid, con la universidad volvemos a parar; no permita el prestamo una vez acabados los estudios) estas instituciones suelen tener un buen funcionamiento y siguen con las máximas con que han sido creadas, es decir: la adquisición, estudio, conservación, la difusión de la cultura, el acceso de todos a ella y como centros de erudición básicos; habiendo (al contrario que las otras casas de la cultura) conseguido además reinventarse a sí misma y mejorar, porque la cultura no sólo está en los libros, también está en internet, en las películas, en los periodicos… etc; todo un auténtico logro digno de aplauso; un idealismo que se mantiene (y esperemos que se mantega) porque ni el saber ni la cultura deben ocupar lugar o tener límites.
     En fin, sólo esperemos que este artículo haya servido para concienciar a alguien, que entre todos podamos defender mejor nuestros derechos y que esas instituciones de las que he hablado nos los reconozcan y que cumplan sincera y orgullosamente con su deber.
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7 respuestas a La muerte de las casas de la cultura

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