Relato corto: Cuento para contar a los mismos niños cuando se hagan mayores (2ª parte)

      Bueno, pues aquí llega la 2ª y última parte del relato corto que empezó como un cuento de hadas y continúa… en fin, leedlo y descubridlo. Sólo os adelanto que reflexiona sobre la moral de los cuentos de hadas en nuestro mundo y sobre la idea de que los finales felices son historias inacabadas; en cualquier caso, ahora cuando leáis las dos partes podréis elegir si queréis que el cuento sólo esté formado por la primera parte o si os gustan las dos partes juntas; bueno, comenzamos:     

Cuento para contar a los mismos niños cuando se hagan mayores (2ª parte)

     Mucho tiempo después de la boda real, el Príncipe Lam aún seguía volando en su dragón, pues su insaciable codicia le impedía ver que el mundo de las hadas estaba justo bajo sus pies, obligando al dragón a volar incansablemente (y este no podía hacer otra cosa puesto que no podía bajar debido a que no podía habitar en un mundo de bien absoluto) y tan rápido y desesperado era su viaje hacia ningún sitio que empezó a perder las cosas que llevaba, pero la más importante, fue el último artilugio mágico que le había robado a la bruja: un collar que tenía el poder de transportar a la persona que se lo pusiera a un lugar totalmente opuesto al que estaba.

      Ese collar cayó en una aldea del reino, y los agentes de seguridad, tras tener el collar expuesto en el ayuntamiento y dar noticia de ello a todas las mujeres para saber a quien pertenecía, como no era reclamado y puesto que la belleza de la joya era increíble, decidieron ofrecérselo como regalo a su adorada soberana: la Reina Neib.

      Ella, naturalmente aceptó el obsequio y tras agradecérselo al alcalde, decidió esperar el momento adecuado para lucirlo. Tras un tiempo, esa ocasión llegó, eran el aniversario de la fundación del pueblo, y decidió ponérselo en medio del gran baile, para que todo el mundo pudiera admirarlo y ella pudiera agradecer el regalo públicamente.

      En la apertura de la danza, ella pronunció su discurso y se dispuso a ponerse el collar encima del vestido más bello que jamás se halla tejido, pero, tan pronto lo hizo… ¡desapareció!, para extrañeza de todos los invitados.

      Al principio creyeron que era parte de las sorpresas de la noche, pero rápidamente, la bruja que la había conocido cuando era Princesa, y que ahora formaba parte de la corte, se acercó corriendo al estupefacto monarca, pues conocía bien aquel objeto que había sido suyo.

-Señor –dijo mientras le hacía una reverencia- debemos hablar inmediatamente en privado.

      El Rey accedió, y a solas la anciana le desveló el poder de aquel poderoso objeto.

-Debéis saber, que ese collar tiene el poder de enviar a quien se lo ponga a un lugar que sea todo lo contrario del que está, y dado que nuestro mundo todo es bondad, generosidad, belleza y virtud, sólo puede ir a un mundo donde todo sea maldad, avaricia, fealdad y defecto.

-¡Pero eso es terrible! –dijo el monarca aterrado- las hadas no podemos pisar lugares donde haya malicia, ¡no podremos rescatarla de tan terrible lugar!.

      El soberano se sintió terriblemente triste, nunca se recuperó y sólo era capaz de sonreírle a sus hijos por sus alegrías y porque le recordaban a su desaparecida esposa.

      Efectivamente, Neib fue a parar hacia el lugar que había predicho la vieja, un mundo sin corazón, un lugar donde los sueños no se cumplen, donde la virtud nunca triunfa, donde no existen los finales felices: nuestro mundo.

      La Reina apareció en medio de un campo, vió una casa y decidió acercarse para poder preguntar donde estaba pues se sentía muy desconcertada. Cuando llegó llamó a la puerta y vio que había una especie de extraño agujero por el que un ojo la miraba, nadie abría por lo que ella volvió a llamar; finalmente una voz bramó tras la puerta:

-¿Quién es usted!, ¡lárguese son las tres de la mañana!

-Perdone señor –dijo Neib con su mejor educación- es que estoy perdida y me gustaría saber donde estoy y si puede darme cobijo o sabe de algún lugar donde pudiera quedarme.

-Lo que faltaba, -gritó el hombre- ¡una puta vagabunda!, ¿pero de que vas disfrazada?, ¡largo de aquí o te hecho a patadas joder! –gritó mientras cogía un palo y se disponía a utilizarlo contra la asustada joven.

     Ella huyó llorando de miedo y no paró tras varias horas hasta caer rendida en un bosque medio cortado. La despertó un perro que ladraba y que estaba a punto de morderla sino fuera por un guardia de seguridad que le gritaba:

-¿Pero que coño hace una borracha aquí, oiga, como ha llegado?

      Neib se levantó viendo como su hermoso vestido había quedado horriblemente sucio y bastante destrozado por el día anterior y se lamentó pensando en el tiempo que pasarían sus modistas rehaciendo los adornos que con tanto cariño habían bordado.

-Estoy perdida, no se donde estoy –imploró la Reina- y tengo hambre.

-Claro, claro, lo que quieras, pero… un segundo, vale te doy algo de comer a cambio de la bisutería que llevas puesta, así tendré algo que regalarle a la parienta, que sino me echa de casa.

     Neib aceptó, confiando en que tales regalos lograrían despertar la generosidad de que aquel hombre y que la ayudara. No fue así.

-Bien, aquí tienes una magdalena, que todo eso no vale más –dijo el hombre, que aún sin conocer el valor exacto de las piezas sabía que valían incontablemente más- y ahora vete.

     La Reina estaba sorprendida por la escasa cortesía de aquel mundo, pero siguió andando hacia una carretera, por allí caminó esperando llegar a algún lugar y haciendo señas a los coches (que ella no sabía que eran pero veía a personas dentro) para que pararan y la ayudaran. Todos la miraron, pero nadie se detuvo, y sólo en uno se oyeron palabras de compasión hacia Neib:

-¡Mira papá!, ¡mira mamá! –dijo un niño- pobre señora, ¡parece una princesa de cuento! A lo mejor necesita ayuda, ¿paramos?

-Sí claro, que no tengo mejor cosa que hacer –dijo el padre- anda, cállate y escucha música, que para eso te compramos el mp4 de las narices.

-¡Pero pobrecita! –protestó el niño- ¿por qué…

-Cariño –contestó diplomáticamente la madre- tenemos prisa porque sino no llegaremos para el cumpleaños del jefe de papá y tenemos que llegar primeros y entregar el regalo; además esa señora no es una Princesa, sino una vagabunda mala y con enfermedades ¿y tu quieres que una mujer fea y peligrosa se meta aquí dentro y nos haga daño?.

-Pero ¿porque vamos? Si papá odia a su jefe, siempre lo dice…

-¿Ves como no teníamos que haber traído al niño?

-Tu calla, ¿que crees que el resto no van a restregar las familias perfectas?, anda que ya soltaremos lo del hijo que no acabó la universidad de tu compañero de departamento….

     Su discusión continuó hasta que llegaron a su destino, momento en que todos volvieron a sonreír como nunca.

     La Reina tuvo que seguir andando hacia una gran ciudad, algo como nunca había visto, ahora ya sólo le quedaba el collar culpable de su situación, y su deteriorado vestido. Pronto perdería uno de ellos, pero no sería lo que más lamentaría.

     Caminó por las calles de aquel lugar, y pronto descubrió que no se podía hacer absolutamente nada sin dinero, todo el mundo la trataba a patadas, al menos fue así hasta que una tasadora, que vio como la expulsaban de otro lugar más ante la risa o la indiferencia de la gente que pasaba; se acercó a ella puesto que había visto su collar y se preguntó si ella conocería el valor de la pieza.

-Señorita –preguntó el hombre- levántese por favor, quiere acompañarme, la llevaré a comer.

-Gracias buena mujer –dijo entre lagrimas Neib- ¿es que no hay piedad en este mundo que acabo de conocer?, me han dicho que necesito dinero.

-Claro, pero para eso hay que trabajar –respondió ella.

-Y lo he intentado, pero luego me piden algo así como un currículo y mi nacionalidad y no se que cosas y como yo no se nada y nadie me ayuda; no consigo nada.

     La mujer no necesitaba más para darse cuenta de que no le iba a ser nada difícil conseguir la joya.

-Bien, yo la ayudaré –dijo con una sonrisa falsísima que cualquiera hubiera detectado excepto la ingenua Reina- le proporcionaré dinero por el collar que lleva, creo que podría valer… ¡un par de monedas!.

-¡De verdad! –dijo entusiasmada Neib!- ¿y eso es mucho?

-¡Muchísiiimo! –dijo la avida estafadora- ya verá como no se arrepentirá.

     De repente Neib tuvo sus reservas, sabía que aquel collar la había traído allí y a lo mejor tenía la formula para devolverla, así que le expuso eso a la mujer que tan generosamente la estaba ayudando.

-Querida, un objeto que tantas desgracias le ha causado debería de desaparecer inmediatamente de su vida, démelo y yo personalmente me desharé de él, y además, ¿sabe que? –dijo ya impaciente harta de tanta tontería- le mandaré a su domicilio dos monedas cada día para que pueda vivir como una Reina…

-¡Pero si eso es lo que soy!

-Perfecto –dijo cortante- ¿donde vive?

-En ningún sitio, ¿usted podría ayudarme en eso?

-Bueno, pues entonces le mandaré las dos monedas a este buzón.

-¡Vale! –dijo, y le entregó el collar y la mujer le dio dos monedas, las únicas que recibiría, a pesar de que Nieb volvería una y otra vez al buzón a mirar si llegaban más.

      En cualquier caso, tras ese encuentro se fue muy contenta a buscar casa a una inmobiliaria en la que no le dejaron entrar por su aspecto y a pesar de que ella gritaba una y otra vez “¡tengo dinero!, ¡tengo dos monedas!” para su desesperación la echaron una y otra vez de todos los sitios.

      Se hizo de noche y poco a poco fue quedando menos gente en la calle y cuando llegó a un puente, vio como un hombre bien vestido se subía a él, aunque no estaba muy segura de lo que iba a hacer, su naciente intuición se lo dijo y corrió gritando:

-¡No lo haga!, ¡no lo haga!

-Ja, ja, ja –rió el suicida con ganas- y eso me lo dices tú, un esperpento de las cloacas.

-Escúcheme, no debe hacerlo, no debe acabar con el regalo más preciado que le han dado.

-¡que regalo! –gritó el hombre- la crisis económica ha arruinado mi negocio, mi mujer se ha divorciado y exige una pensión que no puedo pagar, ¿acaso se puede sobrevivir sin dinero?, ¿acaso alguien me va a ayudar? –vociferó a los cuatro vientos- Asumámoslo, no.

     La Reina no pudo evitar quedarse callada, no sabía que contestar, sólo pudo mirar con tristeza al individuo; el cual, a continuación se tiró y se mató.

      Nieb aunque no podía justificar lo que había hecho el suicida, si terminó por comprenderlo.

      Entonces se puso a llover, y decidió refugiarse en un túnel que llevaba al metro, allí había un mendigo borracho que hablaba sólo y que se acercó a ella.

-Este mundo es una mierda, ¿no crees princesa?

-No creo que debiera hablar así señor, y no soy Princesa, sino Reina.

-Tú esta noche vas a ser las dos cosas guapa.

     Y dicho esto se lanzó sobre ella y la violó, pese a sus gritos desesperados, nadie acudió a su rescate; cuando el brutal hombre acabó, le dio un puñetazo y la dejó inconsciente, sólo una lágrima se movía bajando por su cara.

      Cuando recuperó la consciencia al día siguiente, decidió Seguir caminando para alejarse de aquel horrible lugar, hasta que tropezó y un estudiante, el cual, apiadándose de ella la ayudó a levantarse.

-Muchas gracias señor, llevo mucho tiempo caminando buscando un sitio en el que me admitan estas monedas y no sé si me desmayaré de cansancio.

     El estudiante la llevó a una cafetería donde sabía que ese presupuesto llegaría y acabó por invitarla, allí, ella le contó toda su historia. El estudiante sintió una enorme compasión, una parte de él la creía profundamente, pero su sentido de la realidad rápidamente se interpuso en la visión que le ofrecía su corazón, diciéndole que aquella mujer estaba loca.

     Con el objetivo de ayudarla, decidió buscar la forma de internarla en un hospital psiquiátrico, enseguida llamó a la policía y aunque ella se resistió en principio a ir con los agentes, rápidamente se vio consolada por el estudiante que prometió visitarla y le aseguró que esos hombres la ayudarían.

     Efectivamente, meterla en ese centro médico no costó mucho, una afirmación tan rotunda de que ella era una Reina que había conseguido unir el reino mortal con el de las hadas no dejaba lugar a mucha duda, al menos no para esos hombres que la veían como un objeto de estudio.

      En el psiquiátrico la sometían a continuas preguntas y ella empezó a pensar que no la creían, por otra parte, aunque le ofrecían comida, también le daban pastillas que la hacían dormir mucho tiempo y las visitas del estudiante, que seguía preocupado por ella, no eran suficientes pues no parecía estar recabando información de cómo regresar a su reino, tal y como ella le había pedido. Frustrada, gritaba la cuerda entre los locos afirmando que era la Reina y que estaba segura de que volvería a ver a sus súbditos mortales y hadas muy pronto, momento en el cual la sedaban y dormía el resto del día.

     Un día decidió escapar, y lo hizo a pesar de las dificultades durante la noche; corrió por las calles con lo que quedaba del que fuera su vestido del baile con la esperanza de encontrar esta vez la forma de regresar, pero entonces, un hombre encapuchado la paró diciendo:

-¡La pasta o la vida! –decía mientras le temblaba la mano- ¡la pasta o la vida!, ¡necesito pincharme!, ¡estoy mu loco y muy desesperado!, ¡así que dame el dinero puta!

-Perdone señor, pero no le entiendo, ¿qué es pasta? –dijo la inocente Nieb.

-¿Me tomas el pelo chorba?, al Jona nadie le toma el pelo, ¡nadie! –y dicho esto le clavó el primer navajazo en todo el vientre, mientras una persona que pasaba por allí cambió el camino para volver a su casa no fuera a ser que también quedara implicado- y menos una puta como tu, ¿lo entiendes? –dijo mientras le clavaba una y otra vez la navaja brutalmente- ¡nadie!, ¡nadie!, ¡NADIE!.

     Nieb ni siquiera se molestó en gritar mientras era asesinada bestialmente; y, tras diez estocadas, el yonqui se cansó y se alejó gritando:

-La culpa es tuya, yo sólo quería el dinero, ¡maldita sea!.

      Al día siguiente los vecinos encontraron horrorizados el cuerpo muerto de la que no sabían, era la Reina de las hadas y de los mortales de un mundo mágico, el estudiante, que casualmente pasaba por allí para ir a clase, observó la escena con horror, y entonces oyó lo lógico que era que una mujer de su condición terminara así; entonces no pudo evitar gritar:
-Esta mujer probó ser más que virtuosa, pues no hay otra cosa que no sea bondad, lealtad, dulzura, compasión, constancia, valor, tolerancia, generosidad y otras innumerables cualidades que la honran enormemente, en un mundo en el que sólo existen un insaciable egoísmo, avaricia, codicia, soberbia, avaricia, envidia y crueldad infinita.

     ¡Ved!, -dijo el estudiante-, como el bien es siempre vencido por la maldad y la vileza, que siempre premian a quienes siguen sus dictados en nuestro mundo.

     Y nadie fue feliz

     Y colorín colorado, este cuento, continua todos y cada uno de los días.

Toda la ficción propia (relatos cortos, novelas por entregas, microrelatos…) publicada en Universo de A está reunida aquí, en el Índice-Guía de Grandes Relatos.

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13 respuestas a Relato corto: Cuento para contar a los mismos niños cuando se hagan mayores (2ª parte)

  1. alberte dijo:

    esta segunda parte esta un poco mas lograda, pero no me parece nada nuevo.

  2. A dijo:

    ¡Si la desnaturalización total del cuento de hadas no te parece nada novedoso!… no se que te lo parecerá, o acaso, ¿cuántos cuentos has leído que acaben así?

  3. Melina dijo:

    Oooo por favor que deprimente!!! Me causó gracia cuando ella piensa en las pobres costureras, en la situación que estaba!! El como de la estupidez bondadoza, estuvo bien, la pobre si cruzó con la lacra de nuetra sociedad… (pero que no todo es negativo por acá no??) Igual yo me quedo con la idea de que como muríó, (su parte no carnal, como sea que la llamemos,) volvió al reino de las hadas, y colorín colorado…los cuentos nunca están acabados!!

  4. A dijo:

    Sí es cierto, no se porqué pero mis relatos cortos tienden a ser terriblemente deprimentes y trágicos (y aún te llevarás peor impresión cuando veas que el próximo artículo que voy a publicar –está en preparación-, en la sección Historia, se titula Reinas trágicas), aunque bueno, gracias a Dios mis relatos largos son maravillosos y optimistas (si es que todos tenemos dentro el eros y el tanatos ese, juejue) y han recibido buenas críticas por parte de otros lectores (de hecho si echas una ojeada verás que los otros relatos cortos trágicos no han recibido una buena acogida), ya hablamos de ellos, especialmente de La herencia del Rey loco; en fin, me alegro de que te haya gustado mi literatura, y ya sabes, está toda en la sección Grandes Relatos. Pero dirigiéndonos al tema del relato; el objetivo fue el saber como sería si la moral y la forma de actuar de los cuentos de hadas se aplicase en la realidad, y bueno, ese es el resultado; supongo que la principal reflexión (aunque hay otras muchas validas que sacar) es que nos contaron y enseñaron a través de esos cuentos (y Disney tiene bastante culpa) que el mundo era de una manera y luego lo descubrimos de otra; pero ¡cuidado!, como tu dices no todo es malo, no olvidemos, y eso es muy significativo, que hay pocas personas que se apiaden de la chica, pero las hay, y eso es una esperanza: un niño y un estudiante (una esperanza para el futuro, aunque si lo vemos de una forma negativa también podemos interpretar que no han sido suficientemente curtidos por la vida); en fin… hay cientos de reflexiones interesantes que se pueden hacer, puesto que cada uno tiene su versión y su visión de la vida, tu misma no has renunciado a aceptar esta última parte del cuento (podrías haber decidido quedarte sólo con la primera; pero prefieres afrontar la dura realidad), pero creas un final feliz a pesar de todo, porque tienes esperanza y crees en el triunfo del bien. Por cierto, ¡nunca había pensado en lo de las modistas como algo cómico! (supongo que la ingenuidad es siempre graciosa). Y otra cosa, ¿te has dado cuenta de que el final en ambos cuentos es exactamente el mismo?, tampoco es aleatorio, si te fijas, el Rey de las hadas y el estudiante dan exactamente el mismo discurso sólo que a la inversa, cada uno aplicado a su mundo.

  5. Melina dijo:

    Voy a tener que leer tu nuevo artículo cuando esté listo porque todo lo que sea historia-reinas-reyes-etc, me encanta!! (hay mucha tragedia en esas vidas, una hermosa metáfora de que no todo es felicidad entre coronas y oro) Lo del final me di cuanta, me pareció que quedó muy bien como cierre y para reflexionar, y los de los nombres la verdad que no me había dado cuenta!! Quizá entró como mensaje subliminal..

  6. A dijo:

    ¡Bien! Me encanta que Universo de A cause expectación (y que te guste tanto la historia como a mi; por cierto, ¿sabes que hay una sección llamada Historia no?, hay varios artículos con anécdotas muy interesantes); y además se podrá descubrir lo que tu dices de la jaula de oro; no obstante, está resultando más largo y complicado de hacer de lo que preveía, lo que está retrasando su publicación (era un artículo y he acabado dividiéndolo en dos partes), date cuenta de que he elegido cinco Reinas, por cierto ¿te atreves a acertar alguna?. Bueno, es un alivio que te dieras cuenta de lo del final, como escritor nunca estás seguro de si el resto del mundo percibirá lo que tu crees lógico, porque es un trabajo muy personal y a veces uno tiende a encerrarse en su mente y no ver que lo que uno ve claramente no necesariamente lo ven los demás; y ese final coincidente me parece muy importante para lo que tu dices, reflexionar.

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