Relato corto: Cuento para contar a los niños (1ª parte)

      Por fin, tras mucho tiempo desde la última publicación, Universo de A vuelve a una de las secciones favoritas de este espacio, Grandes relatos. En este caso, es un relato corto dividido en dos partes inseparables; la primera de ellas, observaréis que es un cuento de hadas; lo que ha resultado muy emocionante de escribir, puesto que  es un género en el que la gente ya no se suele adentrar, si es que los grandes cuentistas, los hermanos Grimm, Perault, Andersen, Leprince Beaumont; ¡parecen pertenecer al pasado!, y por eso me encanta poder resucitar estas grandes historias que se quedan para siempre en nuestro imaginario. En fin, espero que lo disfrutéis, y no lo olvidéis, no puede ser comprendido totalmente sin la segunda parte que próximamente publicaré (post scriptum: ya publicada aquí); aquí comienza:

Cuento para contar a los niños (1ª parte)

     Erase una vez, hace mucho tiempo, en un lugar muy lejano un viejo Rey que sabía que pronto moriría, pero su gran problema era a quien dejarle el trono, pues tenía sólo dos hijos gemelos: el Príncipe Lam y la Princesa Neib; el primero era ambicioso y tramposo, pero era capaz de ocultar esas cualidades bajo una cuidada hipocresía, y escondía, entre otras cosas, el deseo de que su padre muriera para poder heredarle; por el contrario, su hermana era dulce e ingenua, adorada por todos por sus interminables virtudes.

     Un día, el Rey que conocía bien a sus hijos (sabía que su hijo podía imponer un sistema muy autoritario pero también sabía que su hija quizás era demasiado débil para el gobierno) tras pensarlo mucho, tomó una decisión, y llamó a sus herederos para comunicársela:

-Hijos míos, mi tiempo en este mundo se acaba, y ya he tomado una decisión acerca de mi sucesión. Sabréis sin duda que hace siglos nuestro mundo mortal y el reino de las hadas estaban muy unidos…

-Pero dinos padre –dijo el codicioso hijo- ¿Quién heredará todo tu poder?

-Sin embargo –prosiguió el anciano monarca- por alguna razón se perdió ese contacto con el tiempo, y de ello, sólo queda el anillo real –dijo mientras enseñaba la hermosa joya de su dedo- que fue realizado por los mágicos seres y que todos nuestros antepasados han llevado. Pues bien, en cuanto yo muera, el anillo se desvanecerá y volverá directamente a los que lo crearon. El de los dos que encuentre el reino de las hadas y por tanto el anillo podrá pedirle un deseo, que será, supongo, el de heredar el reino, y por tanto así será coronado el que sea más adecuado para el puesto, pues sólo el que posea las cualidades para ser el nuevo monarca podrá encontrarlo.

     El Rey sólo vivió unos meses más, y un día, que él ya esperaba, su profecía se cumplió, y todo el mundo supo que había muerto.

      Según sucedió, el Príncipe Lam, que llevaba meses esperando, planificando y buscando el paradero del reino de las hadas en secreto, le dijo a su competidora:

-Hermana, el reino no puede permanecer en el desgobierno, por tanto, me marcharé inmediatamente a buscar el anillo; pero tú debes quedarte y organizar los funerales de nuestro padre, un monarca tan glorioso debe de tener un prolongado duelo.

    La Princesa Neib, nada interesada en la corona no dudó en seguir el consejo de su hermano mientras él salía con un ejército a la búsqueda del mítico lugar. Neib llevo a cabo el duelo con sinceridad, y cada día que pasaba echaba más de menos a su padre; y su tristeza aumentó cuando supo que su hermano estaba arrasando todo el país en su búsqueda desesperada.

      Eso provocó que cada vez más personas dijeran que Lam no estaba preparado para reinar, además el reino estaba desgobernado porque Lam y sus corruptos partidarios no permitían el acceso a nada que tuviera que ver con dar algún tipo de orden a la hermana regia y los súbditos se quejaban continuamente de los desastres que estaba provocando el hijo del que fuera tan gran Rey; visto esto, la joven Princesa llego a la conclusión de que su hermano debía volver cuanto antes para que fuera consciente de la nefasta situación y pudiera arreglarla.

     Así pues, decidió salir a su busca, desgraciadamente, su hermano se había encargado de complicarle la salida, así que tuvo que ir con un reducidísimo séquito. En los caminos sólo oía, para su desesperación, el deseo de que volviese el anterior Rey y que con él nada de eso sucedía.

     Finalmente encontró a su hermano mientras saqueaba la casa de una mujer mayor.

-Maldita vieja bruja –gritaba Lam- ¡dime donde está el reino de las hadas o confiscaré todos tus materiales mágicos y te haré quemar!

-¡No soy una bruja! -gritaba la desvalida- ¡por favor señor!

-¡Detente hermano, te lo ruego! –gritó la princesa- ¿no ves que no sabe nada? Ella no te podrá ayudar.

-¡Da igual!, nos llevaremos todos tus artilugios mágicos y así podremos averiguar algo, y tú, métete en tus asuntos,-dijo a Neib- y vuelve inmediatamente al castillo, aquí no estás segura podría pasarte algo, que no tenga que obligarte a cumplir mis ordenes –y dicho esto partió con todo su ejército.

     La Princesa en cambio se quedó consolando a la anciana y ayudó con su séquito a la reconstrucción de la casa.

-Que buena sois, deberíais ser nuestra Reina –dijo la anciana- sois como vuestro padre.

-No es así, pero cada vez veo que se le echa más de menos.

-En ese caso, deberíais de pedirle al anillo real su vuelta –dijo la vieja.

-¿Qué?, ¿cómo conocéis su poder?

-Yo lo sé todo.

-Entonces mi hermano tenía razón, sois una hechicera

-Así es –y dicho esto cogió su bastón, lo ondeó y su casa volvió a estar impecable- pero vuestro hermano es malvado y no le he ayudado, en cambio vos lo merecéis; vos debéis de conseguir el anillo y hacer lo que corresponda con él; por eso os favoreceré.

-Muchas gracias, longeva mujer, así mi padre podrá ayudar a mi hermano a ser el Rey que todos deseamos.

-¿Veis esta campana? Pues bien, tiene el poder de hacer desaparecer el mal, y como bien sabréis, el país de las hadas es un lugar de bien absoluto, así que según lleguéis a un lugar que sea perfecto, es seguro que según la hagáis tintinear, seréis inmediatamente trasladada a aquel reino, pues sobre lo muy bueno sólo está lo sublime. Pero, ¡ah!, sed prudente, puesto que la campana mágica sólo puede tocar tres veces, y a la tercera se le caerá el badajo y ya no podréis usar su poder nunca más.

     Dicho esto, la anciana dejo la campana a Neib y a continuación le guiñó un ojo mientras tanto ella como su casa desaparecían con un fuerte viento.

     La princesa se sintió alegre y triste a la vez, por una parte vio con claridad que podría ayudar a su reino, a su hermano y volver a ver a su amado padre, pero por otra, estaba asustada ante tan gran aventura; en cualquier caso, decidió continuar.

     Y así comenzó un largo viaje por el Reino, en el cual le preguntaba a todo el mundo si sabía de algún lugar ideal, que rozara la perfección para poder encontrar el reino de las hadas. Todo el mundo la reconocía, sabían que era su Princesa y deseaban ayudarla, pero desgraciadamente habían perdido ese conocimiento hacía mucho.

     Finalmente llegó a una ciudad principal en la que todos los habitantes lloraban porque el Príncipe había llegado y había convertido a todos los niños en gigantes, le contaron a la sorprendida Princesa como su hermano, usando unas hechicerías que había robado, había transformado a todos sus hijos para que formaran parte de su ejercito y así poder mirar por encima de los cielos y de las montañas.

     Neib sintió una enorme compasión por aquellas madres desesperadas así que, aunque los que la acompañaban se lo desaconsejaron, ella decidió tintinear la campana por primera vez.

     El sonido fue delicioso, celestial, y automáticamente unos rayos de luz bajaron del cielo, eran los niños que volvían a sus casas con su familia. La ciudad loca de agradecimiento gritó vivas a la Princesa y se comprometieron a ayudarla a buscar el reino, de modo que algunos pasaron a formar parte de su séquito.

     Sin embargo, la Princesa, pese a estar orgullosa de su acción no olvidaba que tenía menos oportunidades para volver a ver a su padre.

      Días después llegaron a un bosque totalmente en cenizas, Neib horrorizada, recordó por los mapas, que aquel era el lugar más verde de todo el reino, fue entonces cuando vio a unas ardillas llorando y se acercó a consolarlas.

-Es que –sollozó una de ellas- el Príncipe Lam liberó con algún tipo de magia un poderoso y terrible dragón y él con su fuego ha destruido nuestro hogar.

     En seguida Neib vio como se acercaban más animales llorosos; así que, aún siendo consciente de lo que ello significaba, decidió tintinear por segunda vez la campana. El hermoso sonido volvió a surgir y automáticamente todo el bosque volvió a lucir como nunca antes, todos gritaron vivas a la Princesa, aunque una parte del séquito tenía miedo, sólo quedaba una oportunidad.

     Entonces todos vieron una terrible figura oscura en el cielo que empezó a bajar con enorme rapidez; al poco todos reconocieron lo que era y escaparon horrorizados: era el dragón y el Príncipe Lam iba montado en él demostrando su poder absoluto sobre la bestia. Nadie sabía que iba a pasar hasta que el dragón se lanzó sobre la Princesa mientras Lam gritaba:

-Ya te dije hermana que te metieras en tus asuntos, ¿crees que realmente me puedes arrebatar el trono? –vociferaba enloquecido mientras el monstruo atacaba a la vulnerable joven- ya te dije que si no volvías al castillo podría pasarte algo, ¡y ya ves! -dio mientras ría cruelmente.

     Neib sostenía con fuerza la campana, no quería tocarla aún a riesgo de su vida, porque sabía que sino nunca podría traer a su padre y ayudar a su hermano, por tanto se resignó a gritar de miedo y dolor.

     Pero eses lamentos llegaron inmediatamente a las personas y animales que habían huido y rápidamente dijeron:

-¿Acaso vamos a permitir que se ataque a nuestra Princesa?, ¿la que salvo a nuestros hijos, nuestros hogares y nuestro bosque?, ¡la salvaremos!

     Y llenos de buena voluntad también los aldeanos cercanos cogieron todo lo que tenían a mano pues ya sabían de las buenas acciones de Neib, así pues, todo el séquito, los aldeanos, plebeyos y nobles e incluso los animales del bosque atacaron al monstruo; este, agotado y rendido por el propio Príncipe que le había hecho recorrer miles de kilómetros diarios sin pensar en su descanso, tuvo que salir huyendo para no desfallecer.

     Todo el mundo gritó victoria y la Princesa se levantó diciendo:

-Mi hermano ha sido poseído por esa bestia, debemos de salvarlo cuanto antes.

     Y dicho esto continuó su camino, esta vez hacia el mar, para ver si allí conseguía encontrar ese mítico lugar perfecto.

     Finalmente llegó a una aldea donde toda la población lloraba a gritos porque Lam había dado de comer y de beber a su dragón en el río y ahora no quedaba ni agua ni peces, su principal medio de supervivencia y de comercio; por encima había saqueado el lugar y las casas habían sido destruidas por el dragón.

     La Princesa vio con rapidez que era lo correcto, su séquito la advirtió inmediatamente de lo que suponía salvar a esa aldea. Neib comenzó a llorar amargamente la decisión que debía de tomar, debía escoger entre volver a ver a su padre o dejar morir a sus subditos, finalmente, acabó dándose cuenta de cual era su deber Real, y pensó que tendría que seguir buscando el reino de las hadas sin la mágica campana.

     Así que tintineo por última vez el objeto, que sacó el más melodioso de todos los sonidos que se hayan escuchado jamás. Automáticamente, el pueblo volvió a ser más que perfecto, el río se llenó como nunca, los peces saltaban a las pescaderías del mercado y las casas parecían mansiones.

     Aunque todos le gritaron vivas y le juraron que la ayudarían a encontrar el mítico reino de las hadas, ella observó con tristeza como la predicción de la bruja se cumplía: el badajo de la campana se cayó al suelo.

     Y entonces de repente todo se transformó, una gran luz la iluminó para llevarla a otro lugar lleno de encanto y de una belleza absoluta, entonces algo que pronto se dio cuenta de que no era un hombre, sino un hada (puesto que tenía alas), se acercó a ella con toda una comitiva.

-Sed bienvenida Princesa Neib al reino de las hadas.

-Pero, ¿Cómo?, yo no lo desee y la campana se rompió.

-Cierto, pero, ¿es que acaso no sabéis que el modo de llegar al reino de las hadas no es ni por un camino, ni a través del aire, ni de otra forma que no sea mediante la virtud y la buena intención? Sí se tiene eso se entrará seguro, y nadie lo podía merecerlo más que vos. Pero además, cuando se cayó el badajo de la campana, sonó una última nota, que a pesar de no ser en principio lo suficientemente poderosa para conceder un deseo, se vio altamente incrementada por todo el bien que habíais hecho en vuestro reino que se había vuelto perfecto (además del deseo unánime de todos vuestros subditos de que nos encontraseis) y por tanto lo ha acercado al mundo de las hadas, que ahora podrán volver a pasear entre los mortales, pues sólo pueden tocar lugares donde el mal no exista.

-Gracias por recibirme entonces, pero deseo reclamar el anillo real para poder resucitar a mi padre y así devolver el buen gobierno y ayudar a mi hermano que ha sido poseído por una bestia.

-Pero, ¿es que acaso no sabéis que cuando los mortales mueren viven en el reino de las hadas?, ¡Aquí está vuestro padre!

     La Princesa abrazó entre lagrimas a su amado padre y a su querida madre muerta ya hace más tiempo.

-Y como habéis probado ser más que virtuosa, pues no hay otra cosa que no sea bondad, lealtad, dulzura, compasión, constancia, valor, tolerancia, generosidad y otras innumerables cualidades que os honran enormemente, deberéis ser la Reina y yo os ofrezco además la corona de este reino para que gobernemos juntos ambos lugares y que nunca vuelvan a separarse; si me aceptáis por esposo, claro, puesto que yo soy el Rey de las hadas.

     La Princesa, que no había podido evitar enamorarse profundamente del apuesto desconocido, le respondió que sí, pero antes preguntó:

-¿Y mi hermano?, ¿no lo salvaremos de la malvada bestia?

-La bestia no es sino la encarnación de la maldad de vuestro hermano, y puesto que en nuestros reinos sólo puede existir el bien, no podrá bajar del cielo al que subió con el dragón hasta que se reforme de su insaciable egoísmo, avaricia, codicia, soberbia, avaricia, envidia y crueldad infinita por lo que mucho me temo que se quede allí para siempre.

     Los primogénitos de ambas Casas Reales se casaron en una magnífica boda en la que el anillo real fue utilizado como alianza y que fue recordada para siempre por ambos estados y a la que acudieron todos sus subditos en una celebración sin par.

-¡Ved!, -dijo el nuevo Rey de ambos reinos al final de la boda-, como el mal es siempre vencido por la bondad y la virtud, que siempre premian a quienes siguen sus dictados.

     Y todos fueron felices y comieron perdices gracias a aquel sabio consejo

     Y colorín colorado, este cuento, se ha acabado.

                                               

Toda la ficción propia (relatos cortos, novelas por entregas, microrelatos…) publicada en Universo de A está reunida aquí, en el Índice-Guía de Grandes Relatos.

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11 respuestas a Relato corto: Cuento para contar a los niños (1ª parte)

  1. alberte dijo:

    esta primera parte me parece muy vista, no esta mal pero como si la viera antes.mas de lo mismo.

  2. A dijo:

    Bueno, ese es el objetivo, crear un cuento de hadas y que parezca como los de siempre, lo que es todo un reto; pero si sigues determinadas pautas puede conseguirse. En cualquier caso, hay partes que me parecen demasiado complejas para una historia de ese tipo.

  3. Melina dijo:

    Que lindooooo!!! Yo no sentí que sea muy visto, obvio que ya me veía venir bastante de lo que venía cuando empezó con la campana, pero me mató lo del "hado", cambiamos el prícipe azul por un rey celestial, guauuuu, ahora quiero ver lo que sigue!! Me encantó!!

  4. A dijo:

    ¡Gracias!, a mi también me parece un cuento precioso (vale, dejo de echarme flores); hombre, visto, lo es hasta cierto punto, de hecho procuré que lo fuera; es que escribir un cuento de hadas es mucho más difícil de lo que parece, ya que tienen sus normas (Propp las sintetizó por fases en un libro sobre los cuentos maravillosos rusos; en mi caso utilicé lo de las pruebas y lo del hermano que no pasa la inicial) y como mi objetivo era que pareciera realmente un cuento, tuve que adaptarme en lo posible; de hecho, pensé que quizás era demasiado complejo o también estaba el hecho de que la Princesa hiciera demasiadas cosas (generalmente en los cuentos se dedican a ser las victimas de las circunstancias), en cierto modo es una princesa demasiado heroica (¡es una Princesa feminista!, ¡no necesita a un hombre para salvar a todo el Reino! Juejue). En fin, seguro que con lo que siguió te llevaste una sorpresa (no olvidemos que la primera parte era la más “infantil” y la segunda es para ser contada a los niños crecidos –puesto que los adultos ya conocen esa realidad y los desengañan de la idea del mundo como un cuento de hadas-), pero como ya puse en algún lado, cada persona puede elegir quedarse con una o con las dos partes del cuento. Por cierto, ¿te has finado en el nombre de los dos hermanos?, ¿les has dado la vuelta? (Neib-bien/Lam-mal); si es que aquí todo es simbólico juejue.

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