Quinta parte de Notas de aburrimiento

        ¡Y lo prometido es deuda!, dije que el siguiente volvería a ser Notas de aburrimiento y así es (muy especialmente después del éxito del especial de navidad); por lo tanto, preparaos para conocer lo que se nos cuenta en esta ocasión (próximo capítulo de lanzamiento será, por cierto, uno nuevo de La herencia del Rey loco):

 

Nota 15

 

Tengo que asumir que tengo que ir al instituto, seguro que recibí una impresión equivocada de todos, e incluso, probablemente Todaquemada no era ni tan asesino, ni tan gran inquisidor.

 

Nota 16

 

Creo que tengo algo de fiebre, ¿Dónde está el termómetro?

 

Nota 17

 

No me puedo creer que me esté poniendo excusas tan absurdas a mí mismo, he subestimado mi propia inteligencia.

 

Nota 18

 

Vale, seguro que, en realidad, lo que vi ayer, era producto de mi imaginación y de una indigestión con unos cereales de desayuno caducados.

 

Nota 19

 

Los cereales no están caducados, lo acabo de confirmar… no puedo creer que aquello fuera real, bueno se acabó, hay que ir igualmente.

 

Nota 20

 

¡Eh, quizás los he juzgado mal a todos!, resulta que cuando llegué, Mari estaba de lo más amable y encantadora:

-¡Hola Abe!, ¿Qué tal estás?; oye por cierto, se dice por ahí que tu hijo viene también a este instituto, ¿Quién es?.

-Se llama Ildefonso, pero llámale Fonso que sino se cabrea… pues sí, está en la ESO, y nos cambiamos juntos de instituto.

-Seguro que es tan encantador como tú… y como su mamá, que, por cierto, ¿no trabajará por aquí también? –dijo medio riéndose.

-La verdad es que no –dije sin incomodarme demasiado, es curioso, hoy en día ver a un padre soltero (no viudo, es distinto) es como ser un animal escapado del zoo, así que me he acostumbrado a los interrogatorios.

-¿Y en que trabaja tu encantadora esposa?, ¿o no estáis casados?, yo lo respeto absolutamente todo.

-Bueno, es una historia un tanto larga….

-Cuenta, no tengo nada que hacer –dijo mientras yo miraba unos cinco libros pendientes de fotocopiar.

-Pero no tienes que….

-¡Oh vamos, nene!, ni que fueras novato en lo de ser funcionario, ya se hará, a los libros no se les va correr la tinta, ¿no?, pues eso, además, me encantan las historias.

      Así que le conté todo lo que pasó con Julia, pidiéndole naturalmente, discreción y que tratáramos de evitar el tema, sobre todo por Ildefonso.

-¡Qué situación más curiosa la vuestra!, pero ahora debes irte, ¡tengo tanto trabajo por hacer y me has entretenido tanto tiempo!, además, ¿no deberías trabajar algo también?, ¡hay que ganarse el sueldo! –dijo en tono bromista- y quédate tranquilo, aquí nadie se mete en la vida de los demás, ¡ja, como si no tuvieramos nada mejor que hacer! –y dicho esto, me fui al despacho y a hacer diferentes tareas.

 

Nota 21

 

¡No puedo creerlo, juro que no puedo creerlo!, iba a ver a Mari para ayudarle con las fotocopias, y me la encontré hablando con la que, por lo visto, es la orientadora del instituto; decían:

-Pues sí, Visi, tal y como te lo cuento –decía Mari, mientras yo, no sé por qué, opté por oír la conversación.

-¿Me estás diciendo que la mujer lo abandonó según tuvo a su hijo?, ¡qué escándalo!, qué escándalo de verdad, me pinchan y no me sale sangre, ¡me has dejado helada! –dijo la otra.

-Tal cual lo oyes, yo creo que era una pelandusca de tres al cuarto –continúo la reprógrafa.

-Pues mira, yo creo que alguna culpa tiene él, una madre no deja a su hijo así como así… para mi que él la maltrataba, ¡a ella y al niño!.

-¿Pero qué dices?, ¡si el niño no había nacido!.

-Eso no importa, podían ser maltratos psicológicos, hazme caso que yo conozco muy bien a la gente….

-¡Ah, sí Visi, que tu tienes carrera y sabes mucho de la pisicología esa!, cuenta.

-Pues yo creo que él, insultaba al niño a través de la barriga de la madre y le ponía música heavy metal en vez de clásica, te lo digo yo, lo tengo bien calado –continúo la tal Visi con todo descaro-… y vete a saber como tuvieron al hijo, ¡seguro que la violó y la secuestró!.

-No sé yo Visi, es que se casaron, y a mi él me parece bastante calzonazos, que quieres que te diga. Además, ¡ella se fue con una lesbiana!.

-¿Qué se casaron?, ¡Pero si ella era una furcia!, seguro que le quería por el dinero, ¡irse con una lesbiana!, menuda mujer, y él, ¿cómo está?

-Pues la verdad, me lo contó con mucha naturalidad….

-¡Claro, es que tiene un shock que no puede con él!, si es que necesita de mi revisión médica, pobre hombre, que trauma más grande, créeme, el sufrimiento lo lleva todo dentro… ya le veía yo cara de buena persona a la que le habían pasado cosas malas, hazme caso, que yo conozco muy bien a la gente.

      No podía creer lo que estaba viendo y oyendo: Mari no sólo se lo había contado todo a la orientadora, sino que habían rellenado la historia con datos totalmente desconocidos para mí, ¡esto es increíble!, ahora mismo entro e interrumpo la conversación.

 

Nota 22

 

Después de entrar, se quedaron mirándome con la misma compasión con la que se miraría a un niño harapiento, hasta que el silencio fue tan incómodo que la orientadora intervino:

-¡Siento tanto que su mujer se liara con una lesbiana travesti! –dijo como si me estuviera dando el pésame-, soy la orientadora, me llamo Visitación, pero llámeme Visi, y venga a hablar conmigo cuando pueda, debemos solucionar su terrible trauma.

-¡Y el de su hijo Visi, no te olvides del pobre huerfanito! –intervino Mari con todo descaro.

Aquello era demasiado, así que, dominando mi furia, dije:

-¡Mari, se suponía que no se lo ibas a contar a nadie!, y en todo caso, si alguien lo cuenta, ¡debería de ser yo!.

-¡Oye!, ¿por quién me tomas? –dijo Mari con la misma indignación que si la hubiese insultado- ¿por una cotilla de barrio?, lo que pasa es que Visi tiene mucha pisicología de esa, y lo ha adivinado todo con tan sólo mirarte, ¡hombre, por favor, no iba yo a tener mejor cosa que hacer que andar contando tu vida!.

-Tranquila Mari –dijo la orientadora conciliadora- ¿no ves que el pobre está sufriendo?, de vez en cuando tiene que soltar su rabia o explotará, ahora bien, debemos encontrar formas más positivas para sacarla, ¿no le parece Abelardo?.

-Bueno, -dijo la reprógrafa- le perdono porque está traumatizado, que si no…

No me puedo creer tanto descaro, estas personas tienen que creerse sus propias mentiras porque si no, no hay explicación.

 

Nota 23

La directora ha venido inmediatamente a hablar conmigo:

-¡Ay Abelardo!, mi buen Abelardo, no sabe cuánto siento su pérdida.

-¿Perdón?.

-He sabido lo de su dulce esposa, esa encantadora monjita que abandono los hábitos para casarse con usted, pero perdieron la inmensa fortuna de su padre, y ahora, por si no tuvieran ya bastantes desgracias, ¡ha muerto hace un mes!, parece de película….

-Y tanto –contesté yo.

-Le doy condolencias, por mi parte, y por la alta institución a la que represento; y no olvide que yo soy su buena amiga.

Y se fue. Creo que debería aclarar la verdad, aunque no estoy seguro de que nadie quiera saberla realmente.

 

Nota 24

       Ha venido la que faltaba, la jefa de estudios:

-¡Abelardo, Abelardo!, ¿Por qué no me dijo usted que era homosexual?, ¡si yo soy una gran defensora de las minorías!, no como cierta dictadora… eso sí, siento mucho que descubriera que el hombre travesti con el que se casó, fuera en realidad, ¡una mujer!, ¡que horror!, ¿es que ya nadie respeta nada?, con razón la mató….

-¿Pero qué está diciendo? –lo de la monja vale, pero esto ya es demasiado, debo aclararlo ahora mismo- no, mire… -da igual, sigue hablando y tanto le da lo que diga.

-Eso sí, ni se le ocurra enterrarla en su jardín, ¡pues será el primer sitio donde miren cuando le investiguen!, yo conozco un par de descampados que pueden ser útiles para ello, al final del día sin falta, le paso una lista… ¡chao!.

Y se fue tan campante. Voy a encerrarme en el despacho.

 

Nota 25

 

      Están llamando a la puerta del despacho de tal modo, que parece que vayan a tirarla… y aquí son capaces de hacerlo, será mejor que abra. Al abrir, ha aparecido la secretaria que dice que vaya inmediatamente a reprografía… ¡pues hala!, ¿por qué no?.

 

Nota 26

  

En reprografía me he encontrado a Mari, la directora y la jefa de estudios; la segunda ha preguntado inmediatamente:

-¡Oiga Abelardo!, ¿es cierto que esta –dijo señalando con desprecio- mujer ha ido a hablarle de su tragedia?.

-¡No, Abelardo!, ¿es cierto que esta, ha ido a hablarle de su tragedia?.

-Sí, vinieron las dos amablemente, pero en realidad, la historia que les contaron… -dije diplomático, y ya de paso, intentando contar la verdad.

-Esto no puede ser –gritó la directora- es un ultraje, ¿pero quién te has creído que eres?

-¡Una defensora de las minorías!, ¿verdad Abelardo?.

-¡Bruja!

-¡Furcia!

Y dicho esto, empezaron a tirarse de los pelos y a pegarse, hasta acabar revolcándose por el poco espacio de suelo libre que hay en reprografía, de modo que Mari y yo no nos podíamos ni mover; mientras, ellas seguían a lo suyo gritándose todo tipo de insultos. Entre tanto, un alumno llegó y dijo:

-Mari, dame las fotocopias de sociales anda.

-Sí claro –dijo ella con toda naturalidad, como si no pasara nada- aquí tienes, son 15 céntimos.

-¿Pero es que nadie va a hacer nada? –dije desesperado- ¡se van a matar!… o por lo menos a hacerse daño.

-Ja, ja, –rio el alumno- ¿este es el nuevo no?, tranquilo tío, hacen esto un par de veces al mes.

-Cuando se cansen, ya pararán –dijo Mari sonriente.

-Por cierto –dijo el alumno-, siento mucho lo de que tu novia resultase ser tu hermana y que justo después la cogiesen para un programa estatal espacial de diez años.

-No te preocupes, yo ya no lo hago –dije casi con indiferencia.

 

Nota 27

 

      Media hora después, aquellas dos mujeres se levantaron por fin del suelo.

-Esto no puede continuar así –dijo la directora.

-No, no puede seguir así –dijo la jefa de estudios.

-¡Y toda la culpa es suya Abelardo! –gritó la directora furiosa, mientras yo temblaba ante la posibilidad de que aún le quedaran fuerzas para pelear conmigo-, esto sucede porque usted no ha inclinado la balanza.

-Sí es verdad, ¿Cómo puede hacernos esto? –exclamó furiosa la jefa de estudios.

-Decídase, ¡tiene que decidirse ya! –dijeron a la vez- ¿a quién va a apoyar?

      A estas alturas estaba totalmente desconcertado, sin embargo, conseguí razonar lo suficiente como para decir:

-Lo siento, pero yo no quiero saber nada de esta guerra, soy neutral; no tengo intereses en ningún lado, ni los quiero tener –dije contundentemente.

-Un segundo –gritó Mari triunfal-, ¡eso es genial!, como es el único neutral, ¡es el mediador perfecto!, ¡servirá como juez y como ayuda para todas las acciones diplomáticas del instituto!.

-¡Tiene razón! –dijo Alicia.

-¡Es brillante! –gritó Almudena-; bien, en todo caso, para puesto tan honroso necesitaremos una gran ceremonia, de las grandes, ahora mismo me voy a constituir un gabinete de protocolo de instituto; ya hablaremos Abelardo, y por favor… cómprese ropa.

-Por cierto –dijo Alicia-, tratemos de ocultar en todo lo posible la historia de su mujer, ¿eh?, para un puesto así hay que parecer intachable y de una gran altura moral.

-Si usted lo dice –dije yo.

     Menudo día, menudo instituto.

 

Continuará…

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3 respuestas a Quinta parte de Notas de aburrimiento

  1. alberte dijo:

    esta gracioso a veces se enrrolla un poco pero me gusta.

  2. A dijo:

    Gracias, ser divertido y que haga reír a todo el que lo lea es su principal misión; al igual que compararlo con ciertas situaciones cotidianas muy exageradas.

  3. Pingback: Guía de capítulos de Grandes relatos | Universo de A

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