La guerra de Daisy: capítulo 7

     Acabo de descubrir, para mi enorme sorpresa, que resulta que nunca llegué a estabilizar todos los capítulos en un mismo número, porque, ¡La guerra de Daisy va ni más ni menos que por el capítulo 7 cuando el resto no sólo llegan al 4!, visto esto, y teniendo en cuenta la menor popularidad de este relato, no dejaré de avanzar en los demás hasta alcanzar ese mismo número de capítulos, decisión que estoy seguro que será del agrado de muchos. En fin, ¿donde lo habíamos dejado? Ah, sí:

 

 

Capítulo 7:

 

     El inmenso trasatlántico cruzaba el océano majestuosamente, mientras Daisy, apoyada en una barandilla de estribor fumaba tranquilamente un cigarro con boquilla, mientras observaba el magnífico barco, el mar y de donde venían (aunque la tierra inglesa ya había quedado atrás hacía días) y a donde iban.

     A Daisy le encantaban aquellos barcos inmensos, sobre todo porque eran como un mundo cerrado, un lugar donde no puedes hacer realmente nada de lo que podrías hacer en el mundo exterior y que por unos días se paraba totalmente mientras uno tenía tiempo a relajarse, pensar… etc; allí no había que preocuparse por memorizar interminables coreografías o leer pesados contratos, y mucho menos en que el espionaje inglés pretendiera ficharla para averiguar algo de algún pasajero. No, allí todo era paz, tranquilidad y armonía, algo que a la joven le hacía falta desde hacía días, aunque a ella le daba la impresión de que habían sido meses, y no era para menos.

     Allí, mirando el negro e inabarcable mar apenas iluminado por la luna y las luces del trasatlántico podía recordar su feliz llegada a aquel barco que detendría el mundo para ella durante unos días. Recordó su llegada, y como inmediatamente dos pasajeros ingleses y otros norteamericanos la reconocieron y le pidieron un autógrafo; como llegó a su lujoso camarote de primera clase en el que dio la inmediata orden de que no le pasasen ningún mensaje y mucho menos si venía del telégrafo del barco; aquellos deliciosos baños oyendo el sonido del mar, mmm, ¿podía haber algo más maravilloso y relajante, mejor medicina para olvidar?, si, olvidar y descansar. Rememoró también como fue invitada a la mesa de un Lord, buen amigo de la Señora Henderson, y que había quedado admirado con la actuación de Daisy en Londres, y claro, como un barco es un sitio pequeño, como una diminuta sociedad en la que todo el mundo se conoce, rápidamente todos sabía quien era Daisy Grover y el enorme talento que tenía; pero a ella no le importaba ser reconocida, de hecho le encantaba, ¿para que se compra una ropa tan cara si no es para lucirla delante de alguien?, así pues, a sacar los grandes sombreros, las plumas y los collares largos casi hasta el suelo, los vestidos cortos y atrevidos, al menos tener la última oportunidad de ser frívola, porque Daisy vivía en parte ese viaje como sus últimos momentos.

     Y naturalmente, ser el centro de atención pronto llevó a que el propio capitán pidiera a la artista que actuara para todos ellos, ella se hizo de rogar, naturalmente, durante un par de días, pero finalmente cedió tal y como realmente deseaba. Su actuación fue memorable, y el periódico del barco pronto la transformó en el objeto de la mayoría de las noticias, más incluso que la boda celebrada a bordo de Sir Lionel Perrymore conde de Essex, y consiguió acaparar gran parte de la portada con los consejos de moda y de donde comprar las mejores prendas en América.

     Así, vivía una vida relajada entre largos baños, lecturas en su habitación, largos paseos por la enorme cubierta y fastuosas reuniones de sociedad, que, inteligente como era, podían ser muy útiles para conocer a la gente adecuada y asegurar inversores en futuros espectáculos o al menos, protectores si algo no iba bien.

     En todo esto pensaba Daisy, en lo afortunada que era por llevar esa maravillosa vida que terminaría al día siguiente, cuando desembarcarían en el mundo real, un mundo en el que ella había elegido estar sola, nadie la recogería al bajar del barco ni la acompañaría a su casa victoriana (una de las pocas calles que quedaban en la isla de Manhattan con ese tipo de edificaciones, pues la ciudad empezaba a optar cada vez más por los nuevos y altísimos edificios llamados rascacielos); por eso tampoco Daisy tenía demasiada prisa por llegar.

     Pero de repente, algo interrumpió sus pensamientos, era alguien al que no podía ver, y no sabía porqué, ya que cerca de allí había una potente luz, sin embargo, aquella persona de la que no lograba distinguir tan siquiera si era hombre o mujer, se movía de tal modo que su figura siempre quedaba en las sombras, y era imposible distinguir, ya no un rasgo de su cara, sino tan siquiera su físico. Su habilidad para esconderse y para el disimulo llamaron enormemente la atención de Daisy, que sintió un escalofrío que nada tenía que ver con la fría noche; decidió concentrarse de nuevo y pensar en algo alegre, se esforzó, pero no había manera, aquella figura no estaba dispuesta a irse de allí, pero decidió seguir ignorándola con la débil esperanza de que se marchara.

-¿Daisy Grover, verdad? –dijo la misteriosa figura.

-Lo lamento, se equivoca, pero creo haberla visto en el comedor hace un rato, vaya, seguro que la encuentra –dijo con seguridad absoluta, demostrando la magnífica actriz que es.

-Entonces debe estar equivocada toda la tripulación –dijo una voz de hombre, pero eso era lo máximo que llegaba a distinguir, por si fuera poco, se había colocado de tal modo que ni siquiera se notaba que estuvieran teniendo una conversación, aquello iba de mal en peor pensaba Daisy.

-Mire, si quiere un autógrafo ahora no es el momento, ¿vale? –dijo y empezó a irse con paso rápido.

-Preferiría uno del jefe de Scotland Yard y otro del nuevo jefe del MI6, sino le importa –respondió con rapidez.

-Vale, dígame lo que quiera y déjeme en paz –dijo volviéndose e intentando ver tan siquiera la cara de su interlocutor, cosa de la que fue incapaz por más que lo intentó, aquel hombre, fuera quien fuera, era muy pero que muy hábil.

-Sé que tuvo una reunión con esas personas, quiero saber que sucedió exactamente.

-No sé de que me habla.

-Pues yo sí, le propusieron dedicarse a su negocio envenenado, ¿verdad? –dijo irónicamente- le han dicho que se lo piense y que de una respuesta definitiva pero realmente no le van a dejar pensarlo ni le van a dar opciones, ¿o no es acaso lo que hicieron en esa primera reunión ya empezando con la táctica del desconcierto arrastrándola a un tenebroso edificio oficial fuera de horario de oficina y justo después de su actuación?, no se deje engañar, ahí está todo muy previsto, muy calculado, son maestros en saber como actuarán las personas, en eso consiste su trabajo, muestra de ello es que la encontraron aún cuando intentó huir del teatro.

-Ya está bien –dijo enfadada- no se quien es usted, pero no quiero continuar esta conversación.

-Soy una persona que quiere ayudarla…

-Sí claro –dijo Daisy interrumpiéndole- como todos, últimamente me sobran las ayudas, ¡es fabuloso! –dijo sarcásticamente.

-Debe decir no.

-¿Perdón?

-A la propuesta que le van a hacer, debe dar un no rotundo y absoluto, sin dudas, sin vacilaciones, con una total seguridad, sino aún pensarán que pueden convencerla.

-Mire, creo que eso no es asunto suyo –dijo mientras intentaba marcharse de nuevo

-Escuche, cuando uno entra en ese negocio nunca sale, ser espía no es como en las novelas, no se acaba un caso y adiós muy buenas; eso nunca termina, sólo se van almacenando enemigos y más enemigos, de modo que se acaba huyendo de todo el mundo, ¿quiere usted pasarse la vida vigilando su espalda? Pues eso es lo que le espera.

     Daisy estaba muda, sin embargo alcanzó a decir:

-¿No le parece imprudente hablar de algo así aquí?

-¿Algo así?, sólo somos dos viajeros que contemplamos el mar y que, quizás de vez en cuando intercambiamos algún comentario sobre el tiempo, ¿Qué se creía usted?

     Daisy calló, seguía pensando que todo aquello le venía grande.

-¿Cómo sé que me puedo fiar de usted? Ni siquiera me deja saber quien es –insistió.

-Siga mis instrucciones –dijo en tono imperativo- cuando vea a quien le han mandado para obtener su respuesta insista en esto “sigo sin explicarme porque contactaron conmigo, yo soy norteamericana, no soy inglesa, no me interesa en absoluto esa isla”, insista en ello, es la clave para su salvación, tendrán que soltarla y buscar a otra. Aunque es evidente que están muy interesados en usted…

-Pero ¿por qué?

-Porqué es usted idónea en todos los aspectos, es la estrategia perfecta; ahora bien, no sé hasta que punto desean tenerla entre ellos, esa gente puede ser muy retorcida –y dicho esto empezó a marcharse- recuerde lo que le he dicho.

-¿Volveré a verle? –dijo Daisy sin saber realmente porqué lo preguntaba.

-Por su bien espero que no, o al menos no en esta situación; siga adelante señorita Grover, le deseo todo tipo de suerte en su carrera artística, pero asegúrese de que sea suya, y no de otros.

     Y dicho esto se marchó. Daisy podría haber empezado a ejercer de espía y buscarle, encontrar su camarote y descubrir quien era el misterioso extraño, pero en el fondo sabía que no serviría de nada; una persona que es capaz de ocultarse aún cerca de una potente lámpara, sabrá proteger muy bien sus pasos y sus datos, estaba claro que la artista no tenía nada que hacer en semejante situación.

     Al día siguiente llegó a Nueva York, la gran ciudad la recibía con una espesa niebla que daba un aire de misterio y un clima lluvioso que recordaba mucho al tiempo inglés, tal ambiente parecía simbólico, incluso uno de esos extraños juegos del destino.

 

Continuará…

 

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3 respuestas a La guerra de Daisy: capítulo 7

  1. alberte dijo:

    esta intrigante,este capitulo pide otro proto,bien.

  2. A dijo:

    muchas gracias, sin embargo eso no podrá ser; por dos motivos, 1 este es el relato menos popular, y por tanto, será más desplazado a partir de ahora (a menos que alguien pida lo contrario), y 2, aprovechando esto anterior, y teniendo en cuenta que La guerra de Daisy va por el capítulo 7 y el resto sólo van por el 4, hasta que todos lleguen al 7 no volveré a escribir un nuevo capítulo de este relato, no obstante, como consuelo, los nuevos capítulos de Notas de aburrimiento y La herencia del Rey loco van a ser muy buenos (¡y aparecerán pronto!)

  3. Pingback: Guía de capítulos de Grandes relatos | Universo de A

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