Relato corto: El sueño

     En fin, bajo mi misión de conseguir crear más relatos cortos, he publicado otro, y así ya podréis votarlos en las encuestas y comentar si os gustan más que los largos. Notaréis que tienen temáticas y estilos muy diferentes. En fin, a ver que os parece:
El sueño
      Alfonso acudió al teatro aquella noche, la gente iba a ver una obra por muchos motivos: ya fuera por pasar el rato, por hacer algo con tu pareja, porque un amigo te ha regalado las entradas… etc; pero los motivos de Alfonso para acudir a aquel gran musical eran muy distintos.
      Alfonso siempre había sido una persona soñadora; desde siempre había deseado grandes cosas y creía que tendría un gran destino.
      Todo comenzó desde pequeño, cuando conocía de pe a pa todas las más hermosas historias y siempre se imaginaba como el heroe de estas, creía que algún día sería aclamado por todo un reino por salvarles de un dragón.
       Luego fue al colegio, donde nadie entendía muy bien que clase de extraño mundo se inventaba una y otra vez; muchas veces jugaba solo, pero su imaginación hacía el resto. Sin embargo en aquella época se produjo el momento clave, la primera obra de teatro que hizo, y le descubrió su verdadera vocación: interpretar; él no quería ser un heroe, un mago, un animal o un ser de otra época, ¡él quería serlos todos!; y aún sin saberlo, pronto fue descubriendo que eso era precisamente lo que él quería hacer; siempre pensaba, por ejemplo, “algún día haré de vampiro”
       Se convirtió en el protagonista de todas las obras del colegio y empezó a documentarse sobre aquel mundo que le fascinaba tanto: cine, teatro, el método de Stanislawsky… nada escapaba a sus deseosas manos de aprender.
      Desgraciadamente, los sueños importan poco para algunas personas y pronto sus parientes vieron esa obsesión como algo peligroso; al fin y al cabo, el niño no podía dedicarse realmente a ese mundo del que sin duda no podría vivir, era mejor sacrificar su felicidad antes que arriesgarse. Y así se hizo, comenzaron a ocultarsele cosas relacionadas con ese mundo al joven Alfonso y a comentarle lo terrible que era, y, para asegurarse de que no tuviera más ideas extrañas, se le impusieron severas restricciones en todas sus actividades que tuvieran que ver un minimo con eso, ya no vería la televisión libremente, tampoco películas y mucho menos acudir al teatro. Protección lo llamaban.
      Pero por fin Alfonso vió un rayo de luz en el grupo de teatro del instituto, donde por fin podría desarrollarse como actor, su único sueño, y lo fue (a pesar de la clara oposición de sus progenitores), se convirtió en la estrella de las obras, lo que le dió una notable popularidad, pero se quedó ahí, amigo de todos amigo de nadie. Desgraciadamente para él, y siguiendo la estela de mala suerte que le acompañaría en la mayoría de su vida, el grupo se disolvió aquel mismo año. Él no lo sabía, pero nunca volvería a actuar para un público.
      Sin embargo, fue por aquel entonces cuando ya tuvo claro definitivamente lo que él quería ser, así que cuando se acercaba al bachillerato sus padres vieron esa aspiración como algo aún más peligroso y no como un simple sueño infantil que se empeñaban en creer que algún día desaparecería, al fin y al cabo, ¿no soñamos todos grandes cosas que luego con el tiempo olvidamos conformandonos con comer y dormir bien?, si ellos y tantas otras personas también habían alcanzado lo que creían que era la felicidad de ese modo, ¿porque no su hijo?. Sin embargo no dudaron ni por un minuto en asegurarse de sus buenas notas prometiendole una y otra vez que tan pronto acabara una carrera “normal” podría hacer su ansiado arte dramático. Eso nunca sucedería.
      Alfonso tuvo que elegir carrera, pero lo cierto es que no él sólo quería hacer una cosa, una sóla, ninguna otra: ser actor; así que decidió coger otra de puro despecho, básicamente por hacer algo; su amargura fue creciendo año a año y más cuando supo que sus padres no estaban realmente dispuestos a pagar su deseado sueño de hacer arte dramático.
      Quizá lo más practico para Alfonso hubiera sido que abandonase su sueño o lo dejara todo y se dedicara a perseguirlo, pero escogió la peor de las opciones: soñar, una y otra vez con que lo conseguiría, que todo se solucionaría, que algún día todos sus hermosos sueños se harían realidad, pero absolutamente nada viene por sí solo; y Álfonso seguía autoengañandose pues no tenía valor para dar un paso adelante, y cuanto más pasaba el tiempo peor era; mientras no dejaba de pensar “algún día haré ese papel”.
       Cierto que hizo algunos vanos intentos por intentar dedicarse a eso, pero al no contar con el apoyo de nadie (de hecho sufría todo lo contrario), no fue capaz de seguir adelante por aquel tortuoso y complicado camino.
       Finalmente acabó la universidad odiando lo que había estudiado y una vez más, le dijeron que optara por lo más práctico. La suerte (por llamarlo de alguna manera) hizo que se presentara a unas oposiciones en las que había muchas plazas de funcionario y que las aprobara. Cuando vió la nota, se dió cuenta de que él mismo había cavado su propia tumba; ¿como iba a abandonar ahora un puesto seguro y para toda la vida por una inseguridad absoluta, por no saber si tendría pan para mañana?.
       En su realidad, Alfonso terminó resignandose a ser permanentemente infeliz, a hacer un trabajo que no le reportaba nada y a vivir el resto de su vida como si no la hubiese vidido, con un simple caminar hacia delante, al fin y al cabo, ¿que podía esperar ahora?. Pero en su fantasía todo era distinto, cuanto más pasaba el tiempo más necesidad tenía de creer en sus delirios de gloria artística, de fama desmedida, veía grandes obras de Broadway con su nombre en grandes luces de neón, películas que batían records de taquilla y oscares al mejor actor, veía una carrera magnífica que culminaba con todos sus sueños hechos realidad, forrado de dinero y con una gran mansión a la que llegaba siempre en limusina y en la que una conocida modelo le había dado varios hijos; todo ello lo pensaba cuando iba en metro a su destartalado apartamento que ni siquiera se molestaba en adecentar por la falta de visitas, y donde volvía a dormir a la espera de otro esteril día.
      Al principio se daba cuenta de que los años pasaban y que era imposible que sus sueños se hicieran realidad, sobre todo cuando sufrió una terrible fractura en una pierna que le dejo medio cojo para el resto de su vida, pero con el tiempo, decidió olvidar aquel accidente, y el sueño se hizo más poderoso que la realidad, ya no vivía en esta, sino que no dejaba e imaginar que todo se arreglaría y él protagonizaría los grandes musicales del momento.
      Ahora Alfonso gastaba la mayoría de su escaso sueldo de funcionario en sueños que lo distrajeran de su propio mundo que tanto odiaba, podía pasar días enteros sin comer con tal de comprar la mejor entrada para el teatro, donde, si le gustaba la obra, imaginaba que “algún día haré ese papel”, aunque ni siquiera tuviese las características adecuadas para el papel, no importaba, su fantasía lo arreglaba.
      Pero esto sólo le llevó a sufrir más, pues empezó a envidiar profundamente a todos aquellos que estaban donde el tanto había deseado siempre estar, los odiaba por tener todo lo que el deseaba; y por tanto, ver una de aquellas ficciones era a la vez una bendición y una maldición.
      Acudió a un psicologo, a un psiquiatra, puesto que le obligaron a coger la baja por depresión pero no había nada que hacer, y cuanto más solo estaba en casa, más se deprimía. Finalmente, Alfonso tomó la decisión de renegar de la realidad y vivir en su sueño, su único consuelo.
      Desde entonces estuvo como sedado y lo veía todo como un reflejo de lo que iba a pasar, como un fantasma.
      Alfonso se hizo viejo, y con 80 años, ya jubilado y totalmente solo, acudió al teatro en el que se representaba un gran musical en el que un chico de veinte años vivía una comedia de enredo cuando visitaba a su prima. Cuando terminó, y todo el mundo estaba saliendo comentando lo mucho  que le había gustado y que si la puesta en escena era espectacular o que esperaba más de la actriz protagonista; Alfonso se quedó sentado y entonces dijo refiriendose al personaje principal:
-Algún día haré ese papel -dijo con una sonrisa en los labios
      Nadie sabe exactamente como acabó su vida; la versión más piadosa es que murió en aquella misma butaca y con ese pensamiento en mente en un ataque al corazón; otra que fue atropellado por un coche (aunque siempre hay quien dice que él se tiró bajo el automovil); y  otra asegura que murió 20 años más tarde de manera natural, llorando por algo que nadie sabía, pero que él ahora entendía que nunca iba a suceder; pero, ¿realmente importa?.
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13 respuestas a Relato corto: El sueño

  1. gabriela dijo:

    La verdad es que me gustaría hacer una buena crítica pero… y no se trata de que sea ya una historia demasiado vista en la literatura y en el cine, es que estos personajes me dan repelús por sí mismos. "Yo quiero…", "Yo deseo…", "Yo necesito…", "yo, yo, yo…". Resulta que TODOS tenemos deseos, es decir, todas esas personas del mundo que parece que no nos comprenden tienen sus propios deseos, unos se rinden (la mayoría) y otros luchan, unos hacen de esa lucha su vida (y seguramente acaban comprendiendo que hay que temer que lo que uno desea se convierta en realidad) y otros simplemente viven y además luchan (en mi opinión, los más inteligentes). Supongo que mi filosofía de vida es "puedes vivir con el mundo y ser infeliz, puedes vivir contra el mundo y ser más infeliz todavía o puedes esforzarte por convivir" y eso supone que recibir es el resultado lógico de haber dado antes, porque en el sentido de nuestra existencia está aportar lo mejor de nosotros para recibir lo mejor de los demás e ir aprendiendo las correspondientes lecciones.Y es por ello que pienso que si estos personajes hubiesen recibido esta charla pseudofilosófica, se hubiesen parado a pensar en el sentido de la vida en Palestina o lo que el coltan puede hacer en el Congo, o el petróleo en Irak quizás habrían dejado su deplorable autocompadecencia, se hubiesen puesto guapos y venga… de paseo por la vida que hay que aprovecharla. De ser así Alfonso probablemente hubiese acabado haciendo teatro con los jóvenes del barrio, inculcándoles el amor al arte, estimulando su imaginación y sacándolos de perder el tiempo en cosas menos interesantes y algunas altamente perjudiciales.

  2. A dijo:

    Supongo que es una crítica conjunta de los dos relatos cortos que se han publicado casi seguidos; así que la contestaré como tal. En primer lugar me alegro de que alabes mi orignalidad (básicamente porque eso no se había dado en casi nada de lo anteriormente publicado, como máximo en "Notas de aburrimiento". En segundo lugar, comentarte que a partir de ahí, comentes el error que ningún crítico debe cometer, implicarse personalmente y por eso pierdes objetividad. En cuanto a Ricardo, bueno, me resulta difícil juzgarlo, hay quien dice que el suicidio es lo más egoísta que existe, pero, ¿y si no tienes a nadie? entonces no le causas daño a nadie, además por usar un debate actual, ¿quien puede defender la eutanasia y no justificar el suicidio?. Es evidente que el personaje no podía seguir viviendo en este mundo e hizo lo que considero adecuado, yo no lo juzgo, ni siquiera como escritor (de hecho me he asegurado de no hacerlo) me interesaban otras cosas en esa narración, además de que queda muy abierta. Y Alfonso, ¿es egoísta? yo creo que no, todo lo contrario él dejo de lado sus sueños por hacer lo que le mandaban, lo máximo que puede achacarsele es una gran falta de caracter. Además , ninguno de los relatos está escrito en primera persona, con lo cual quien lo cuenta es absolutamente neutral. En cualquier caso, esa charla no les hubiese servido de nada a los personajes (siento decirlo), básicamente porque a Ricardo no se la podía dar nadie (uno de los motivos de su suicidio) y a Alfonso, estaba tan obsesionado con su único anhelo que no le hubiera solucionado nada, además, bien viste que hizo intentos por dedicarse a esas cosas. En cuanto a la situación internacional que mencionas, ya sabes lo que dicen "mal de muchos consuelo de tontos". Creo que la gran conclusión que se puede sacar, es en cierto modo, muy triste en ambos casos, ellos estaban marcados por un destino tan trágico como inevitable (tal como también lo estuvieron María Antonieta, María Estuardo o Sissí) ante el cual sucumbieron, uno acabó con su castigo antes y otro después, pero como acaba el último relato ¿realmente importa?. Quizás mi contestación te de las claves para una crítica menos personal; en cualquier caso, yo ya sabía que sería (al menos el de "El mundo ideal") serían relatos polémicos por los temas tan descarnados que tratan.

  3. gabriela dijo:

    Está bien… está bien… Crítica netamente literaria: el autor se aleja completamente del estilo fresco y novedoso que suponen las Notas de aburrimiento y del suspense correcto de la historia del Rey loco para ofrecernos un par de relatos escritos mil millones de veces (sin exagerar) y los favoritos de los adolescentes "yocontraelmundo" o "mamádéjamehacerloquemedalaganaoacabarésuicidándomecomoeldelahistoria". En cuanto al estilo del primer relato al menos su forma de contarlo un poco desordenada le da una pizca de interés pero el segundo es para quemarlo directamente porque no se salva ni estilísticamente (¿desde aquella?) – de hecho si me lo dan para leer sin conocer al autor, no se me ocurriría decir que es tuyo de lo mal escrito que está – Contado atropelladamente, sin matices… el personaje es tan plano que no despierta interés alguno.Salvaría el primer relato por su forma de contarlo y porque en cierto modo se atisba un toque de misterio en el personaje que no me deja del todo indiferente aunque no comparta subjetivamente sus criterios.La verdad he de confesar que me daba cosa hacer una crítica tan mala de este relato y por ello preferí tirar por otros derroteros más subjetivos, espero que lo comprendas.

  4. A dijo:

    Confieso que no he visto una crítica tan cruel desde la mía de "Oviedo express" o la de "María Antonieta", supongo que de vez en cuando viene bien que te den tu propia medicina (aunque yo no tenía nada personal en el asunto). Por cierto, te has dejado "La guerra de Daisy". He de confesar que nunca he leído un relato como los que he escrito, básicamente porque el suicidio es tema tabú, y a mi me interesaba explorarlo; el segundo, por su parte, es una historia trágica carente de una tragedia real, simplemente la historia de un perdedor, cosa que tampoco he leído. Te agradecería que me recomendaras alguna de esas lecturas escritas mil millones de veces y que, según describes, parece que son todo un género. En el primero, bueno, es un desorden muy ordenado, si te fijas, nada es aleatorio, y un parrafo hace referencia a otro; personalmente, no recuerdo nada que haya leído con esa estructura. El segundo, ruego que te fijes en como empieza la historia y como acaba, asociamos ir al teatro como algo bueno, sin embargo cuando acaba, vemos que es algo horrible, ahí está el juego (y que le pasa al "desde aquella"?). Y está contado de esa manera porque, más que contar algo, pretende transmitir una emoción, ya he dicho que en estes casos me centre menos en el contenido y más en la emoción, en el sentimiento… etc; es un relato corto, no tiene porque contar algo necesariamente. En cualquier caso no es cuestión de compartir algo, sino de entenderlo o poder compartir por un momento las mismas emociones del personaje; es decir, cuando tu lees "Las amistades peligrosas" porque te guste el personaje de Madame de Merteuil no significa que seas malo. Bueno, no me importa una mala crítica (siempre he dicho que los comentarios son como conversaciones y no en todas se está de acuerdo) aunque esta es la peor con diferencia (hemos empezado bien los relatos cortos); además, no soy de esas personas que sólo quiere oir alabanzas, me gusta conocer todos los puntos de vista (se ve que la publicación de estos relatos para celebrar el 2º aniversario quizás no fue tan buena idea).

  5. gabriela dijo:

    Puedo ser muuuuuuuuuy crueeeeel!!!! jajajaLa guerra de Daisy te he comentado muchas veces que ni fu ni fa, me la he dejado conscientemente.Sobre el primer relato, creo que no he sido tan crítica, de hecho creo que dejando al margen que no comparta el mensaje, mi crítica se ha centrado simplemente en el mensaje y he salvado el estilo, que realmente me parece interesante. Es cierto que es un desorden ordenado, se nota trabajado y ya he dicho que eso siempre despierta un cierto interés. Historias sencillas pueden ser pequeñas joyitas según como se cuenten.Sobre el segundo sigo manteniendo que está mal escrito. "Desde aquella" es un galleguismo como una casa, en castellano no existe ni "de aquella" ni "desde aquella", la forma correcta sería "desde entonces". Y no pasa nada, todos nos equivocamos…Ejemplos de temática similar irían desde el atalaya de escritores superextramegavendedores como Paulo Coelho en "Verónica decide morir" hasta aficionados con mucha ilusión como mi amiga Patricia que con 14 o 15 años escribió un relato en el cual una chica soñaba al lado de un establo con ser una estrella de Hollywood, y como estos bufff… "El club de los poetas muertos" si quieres un ejemplo cinematográfico. Evidentemente no pueden ser exactamente iguales porque en ese caso estaríamos hablando de plagio (delito contra la propiedad intelectual tipificado en el artículo 270 del Código Penal español). En realidad en este caso el problema no es que se revise un tema ampliamente tratado (ha habido revisiones de casi todas las obras, desde el Quijote hasta el Lazarillo de Tormes o el Ulises de Joyce), la raíz de la cuestión es que, mientras el primer relato si que nos aporta algo peculiar en su estructura, el segundo no hace lo mismo.Por otro lado, es una pena que no haya más comentaristas porque seguro que alguno me llevaría la contraria y se mostraría encantado de leer algo así (porque para gustos colores). Yo personalmente creo que puedes escribir mejor, perdona si eso resulta ofensivo…Finalmente, no te dejes llevar por tus derrotistas personajes, no se puede juzgar que estas publicaciones sean una mala idea, uno ha de experimentar, ha de probarse, ha de admitir victorias y derrotas, encajar críticas y hacer autocríticas, estar de acuerdo y en desacuerdo, defender su trabajo, reconocer sus errores… Si sigues pensando que este relato es bueno, defiéndelo pero nunca te cierres a las aportaciones de los demás.

  6. A dijo:

    No ya, pero te falta ese toque de ironía que convierte a mis críticas en una crueldad realmente refinada. En cuanto al primer relato; el problema es que crees que hay un mensaje, ¿pero quien ha dicho eso?, ¿acaso está en mi estilo ponerme con moralinas?, ¿significa eso entonces que La guerra de Daisy esconde en realidad el oculto mensaje de lo peligroso que es el gobierno y una especie de mensaje anarquista?, ¿o que Notas de aburrimiento es una crítica a los funcionarios de la enseñanza?, ¿o incluso que La herencia del Rey loco no es sino una forma de manifestación literaria a favor de la monarquía en Alemania?; la verdad, tales teorías nunca se me han pasado por la mente, otra cosa es que los lectores interpreten una cosa o otra. Por otra parte me alegro que alabes el estilo pues no fue nada fácil conseguirlo y mantener la incógnita del suicidio hasta casi el penúltimo párrafo. Por cierto, ya he modificado el “desde aquella” como me sugeriste, ¡que barbaridad, los coges todos!. En cuanto a los ejemplos que pones, no me parecen similares aunque si que traten temas parecidos (aunque no conozco el de Coelho), porque el suicida lo hace por muchas razones que no tienen que ver con su trabajo, y Alfonso no se suicida, simplemente se dedica a vivir como si no viviera. Y en cuanto al segundo, ¿acaso no empezamos a ver con recelo ir al teatro después de conocer toda esa historia?, ya no suena tan bien como al principio, aunque, quizás no logré ese objetivo. Sí, es una pena, que no haya más (y por tanto muchas opiniones), pero tener una ya no está mal, teniendo en cuenta la cantidad de espacios que hay, por lo que no me quejo. Y como ya te dije, no me ofendo, me gusta escuchar opiniones aunque no sean como la mía (otra cosa es que las comparta y que intente defender mi punto de vista). En cuanto al relato, considero que es muy posible que no sea una obra maestra, ni tan siquiera lo mejor que he escrito, pero tengo muy claro que no es lo peor, y bueno, tal como tu dices, hay que experimentar (aunque algo te voy a decir, cada vez que me he metido en drama ha sido todo un fiasco; creo que debería admitir como Cary Grant que la comedia es lo mío)

  7. gabriela dijo:

    Digamos que inevitablemente detrás de todo relato corto se cuela una moralina. El relato corto es mucho más díficil de lo que la gente cree. He pensado leyéndote que quizás intentar resumir una vida en tan pocas palabras es lo que desencadenó el "pequeño desastre", por eso quizás el personaje es demasiado plano, quizás la emotividad hubiese quedado mejor planteada (si esa era tu finalidad) en la escena final de él en el teatro, con referencias a sus anhelos juveniles y demás. No sé si me explico bien: que todo el relato pendulase en torno a un momento concreto que pudiese definir el resto de su vida, pero concentrándose en una imagen. Para mí un auténtico mago del relato corto es Manuel Rivas (muchísimo mejor sus libros de relatos que su aclamada "O lapis do carpinteiro", en mi opinión claro…) porque precisamente transmite muchas emociones con muy pocas imágenes.Definitivamente, si te sientes mejor en la comedia deberías explotarlo, aunque eso tampoco significa que no haya derecho a recurso (hoy me ha dado por la vena legal jejeje). Simplemente hay momentos en los que uno todavía no está preparado para abordar ciertos géneros pero con el tiempo todo llegará (eso me digo también a mí misma), al fin y al cabo somos muy jóvenes, nos queda mucho que aprender y que explorar y el drama te llegará cuando tenga que llegarte. De todas las formas, la historia del Rey loco no es una comedia y lleva un muy buen camino. Por cierto, ¿para cuándo el próximo capítulo?

  8. A dijo:

    Lamento decir que no estoy de acuerdo, la moralina la saca quien quiere (he leído a Manuel Rivas -que personalmente no me entusiasma, y mucho menos su hijo en El internado-, estoy pensando en “Un millón de vacas”, y si sacas una lección, tiene que ser muy forzadamente), porque por esa regla de tres, significa que yo estoy sacando como conclusión que es bueno suicidarse, y he insistido mucho en todos estos comentarios en que yo me he mantenido totalmente neutral, tanto como narrador como cómo persona, yo no quería decir bien o mal, sino evocar lo que debe sentir una persona antes de suicidarse y todo ello combinado con otras cosas que también me parecían hermosas narrativamente hablando. Lo que has definido, es exactamente lo que he hecho, concentrar alrededor de un acontecimiento toda una vida y el significado diferente que tiene ese mismo acontecimiento al comienzo y al final del relato; otra cosa es que no lo haya hecho bien. No es que me sienta mejor, es que parece ser lo más alabado de lo que he escrito durante toda mi vida; pero no sé, al final realmente, lo único que importa, es que a ti te guste lo que escribes, y más siendo una actividad creativa (pero bueno, como ya he dicho, me cuesta mucho menos escribir Notas de aburrimiento que los otros); y bueno, por otra parte, no se hasta que punto la juventud puede valer como disculpa, Mozart componía óperas a los 8 años y a los 12 óperas, o se tiene talento o no se tiene (aunque no todo depende de eso claro está). En cuanto a La herencia del Rey loco, no es una comedia… ¡hasta el próximo capítulo en el que se descubre que todo era una cámara oculta!, es broma, juejuejue (aunque no lo descarto como final alternativo, juejuejue), bueno aún queda un poco, primero habrá un nuevo capítulo de “La guerra de Daisy” (que debido al escaso entusiasmo por esta, estoy empezando a pensar en desplazarla y escribir nuevos capítulos mucho menos a menudo –cada dos o tres capítulos de los otros, por ejemplo, ¿que te parece?), luego otro de la aclamada “Notas de aburrimiento” y entonces llegará el nuevo capítulo; ¡ah!, ¡tanto que escribir y tan poco tiempo!

  9. gabriela dijo:

    Creo que no entendemos lo mismo por moralina. En fin, que realmente me refería al segundo relato al hablar de lo que me parecía mal contado (toda una vida en un relato corto) pero que en uno y otro nos encontramos una moralina muy parecida: abandona tus sueños -ríndete- y acabarás mal (el suicidio podría interpretarse como una metáfora de la frustración) y ahora puedes decirme que no era tu intención y blablablablebleblebliblibli. Pero un escritor no es (y no debe ser) un periodista que llega al lugar de los hechos y transcribe lo que ve, un escritor no juega en el campo de la objetividad (¡afortunadamente!), es un alquimista que coge los ingredientes y los mezcla a su manera (repito, a su manera) para conseguir oro o la vida eterna (o las dos cosas) y el que quiera ser objetivo que se vaya a escribir a algún periódico que últimamente andan escasos de objetividad y les vendría bien una buena dosis. Todo relato corto (poema, novela…) contiene una o varias lecciones del autor sobre la vida (¿conscientes? ¿inconscientes? poco importa…). He mencionado a Manolo Rivas porque para mí es el auténtico autor de las emociones, para mí su calidad no reside en las operaciones de marketing (en eso reside su éxito) ni en su extraordinario dominio del lenguaje, sino en su capacidad para transmitir lotes de emociones de forma muy natural y sin complicaciones.Bueno ya lo de mezclar literatura y música me deja así "¿?". Mozart compondría extraordinariamente bien a los 8 años pero Homero, Cervantes, Joyce, Lorca, Saramago o Umberto Eco no fueron tan precoces. Quizás es porque la literatura se hace de otra pasta muy diferente.Deja de contestarme y ponte a escribir nuevos capítulos ¡leches!

  10. A dijo:

    Entonces, se impone la pregunta de ¿que entiendes tú por moralina? Y lo que me resulta aún más intrigante, ¿Por qué está mal contar toda una vida en un relato corto? (observación que es de todos modos errónea, no se cuenta toda una vida sino un aspecto muy principal de ella). Resulta graciosa la moralina que has sacado ahora, en los primeros comentarios decías que era prácticamente una apología del suicidio, ¿y ahora es todo lo contrario?, te diré porque piensas eso, pues precisamente por la neutralidad y objetividad del narrador que no se pone de parte de nadie, permitiendo al lector sacar sus propias conclusiones. Por otra parte, creo que el escritor debe tener una absoluta libertad y así poder jugar en el campo que más le guste, y en cuanto a la objetividad, hay precedentes, ¿que es sino “Una serie de catastróficas desdichas” o “Crónica de una muerte anunciada” sino una visión neutral de los acontecimientos determinadas personas?. Ahora bien, tu puedes ser de esas personas que se obsesionan con buscarle un significado o un simbolismo a absolutamente todo, personalmente, creo que no es así. En cualquier caso, me alegro de que te chocara, si algo buscaban estos relatos era eso, sobre todo teniendo en cuenta el panorama anterior. Ahora que lo dices, no soy capaz de recordar niños prodigio de la literatura, y eso que los hay en todas las artes; sin duda nos has inducido a una reflexión muy interesante. Para finalizar, como comprenderás, es mucho más fácil contestar (y se acaba antes) que atravesar el proceso de “vale, que tengo que escribir, ¿que va en este capítulo?” recordar su estructura, asegurarse de que tiene la suficiente información, escribirlo, prestar atención a lo que escribes (que no se te olvide nada, porque luego probablemente no podrás meterlo en capítulos posteriores…), repasarlo (a nivel de contenido); no es como estas comentarios que se basan en mirar lo que has escrito y contestar. Por cierto, no contestaste a esta importante pregunta del anterior comentario: “que debido al escaso entusiasmo por esta (La guerra de Daisy), estoy empezando a pensar en desplazarla y escribir nuevos capítulos mucho menos a menudo –cada dos o tres capítulos de los otros, por ejemplo, ¿que te parece?”

  11. gabriela dijo:

    Está mal contar toda una vida en un relato corto (lo he dicho ya varias veces) porque el personaje queda absolutamente plano y, por lo tanto, anodino.En ningún momento he dicho cosas contradictorias, siguen una línea perfectamente lógica: una cosa es la actitud de los personajes y otra la consecuencia de sus actuaciones y eso compone el mosaico de mis opiniones. No hay niños prodigios de la literatura ni los habrá nunca y eso tiene una explicacion (iba a decir sencilla pero en realidad no es nada sencilla).En cuanto a lo de La guerra de Daisy que no despierte mi entusiasmo no significa que tengas que desplazarla (a alguien le gustará ¿no?) pero evidentemente si me preguntas a mí concretamente pues no te engaño, yo prefiero capítulos de los otros relatos.

  12. A dijo:

    Pero vamos a ver, en el relato no se cuenta realmente la vida de todo un personaje, sino un aspecto de ella (muy principal, pero un aspecto al fin y al cabo, es cierto que sólo se trata ese aspecto y por eso quizás te de la impresión de que sea plano.Bien, uso tus frases literales: "los favoritos de los adolescentes "yocontraelmundo" o "mamádéjamehacerloquemedalaganaoacabarésuicidándomecomoeldelahistoria"" o "es que estos personajes me dan repelús por sí mismos. "Yo quiero…", "Yo deseo…", "Yo necesito…", "yo, yo, yo…"." De este planteamiento de una apología del egoísmo y de la idea del niño mimado, pasas a "abandona tus sueños -ríndete- y acabarás mal (el suicidio podría interpretarse como una metáfora de la frustración)". Las conclusiones son radicalmente distintas, en una es un planteamiento egocéntrico y en otra se trata de una metáfora de porqué seguir soñando. No pretendas decirme que defendías lo mismo en el segundo comentario que en el último.¿Y cual es la explicación de que no haya niños prodigio en la literatura?.En cuanto a "La guerra de Daisy" es, según todas las encuestas, el menos popular de todos los relatos, además del que a mí personalmente me cuesta más escribir. No sé, no sé, tendré que pensar que hago, de momento es la siguiente en sacar capítulo, eso seguro.Por cierto; con este comentario se bate el record absoluto de comentarios en un mismo en un artículo, superando, curiosamente, al primer capítulo de “La herencia del Rey loco” que ostentaba tal honor; al final, la polémica ha servido para algo (¡resulta que es el artículo más exitoso!)

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