La herencia del Rey loco: capítulo 3

      Y tal y como estaba prometido, hay dos capítulos antes del final de la semana (esto si que es un avance fulgurante), ¿que pasará ahora?, si lo quieres saber, sigue leyendo…

Capítulo 3:

      Una vez dentro pudo observar aquel patio tan poco común en un castillo (un pequeño primer patio conducía a unas escaleras que daban a un segundo patio desde el que había una enorme escalera hacia otra puerta situada en la fachada principal, en la cual había dibujos de S. Jorge y el dragón, algo muy apropiado y caballeresco para el soñador Luís II), quizás, porque realmente, no lo era, al fin y al cabo no había sido construido para defender absolutamente nada, sino con el objetivo de ser hermoso, estético, de concordar con los alrededores, de ser, un bello y gigante cisne blanco que emerge del lago que hay atrás, no en vano el castillo se llama Neuschwanstein, es decir “Nuevo cisne de piedra”;

“hay que reconocer que en romanticismo, ningún otro monumento puede igualar a esta maravilla” pensó una vez más Norberto mientras se dirigía a la taquilla para presentar sus acreditaciones, lugar donde siempre pensaba en lo curioso que resultaba que los descendientes de Luis II que vendieron el castillo al gobierno bávaro, pasando más tarde al alemán y lo bien que les había estado el hecho de que al final la cantidad por la que lo vendieron iguala a los ingresos anuales que el castillo obtiene de los turistas que vienen a visitarlo.

-Hola, soy Norberto Bosco Cortes –dijo en un inseguro y nervioso alemán- y, ¿ve usted? Tengo aquí un permiso que me autoriza a ir a los archivos del castillo…

La joven taquillera miró los informes sin demasiado detenimiento y con simpatía le dijo:

-Ya, verá, es que la conservadora que se ocupa de estas cosas ha salido en su descanso, tardará aproximadamente 45 minutos, así que le sugiero que haga tiempo por aquí, si quiere le dejo pasar al interior mientras espera y yo ya la avisaré cuando llegue de que está usted aquí.

-Bueno, lo he visto muchas veces, pero otra más será un placer.

Y así Norberto volvió a hacer el itinerario tantas veces visto, aunque esta vez era diferente, esta vez vería nuevos lugares, atravesaría esas misteriosas puertas cerradas a la visita pública que nadie había podido atravesar y aunque sabía bien que de las 360 estancias del castillo, sólo 14 llegaron a completarse, se moría por descubrir sus secretos.

Así pues volvió a empezar aquel recorrido que había hecho por todos los medios posibles: en fotos, virtualmente y finalmente por su propio pie; redescubriendo de nuevo aquel historicismo (algo tan típico en el XIX) en el que toda la decoración correspondía al S.XIV, lo cual no necesariamente significaba que concordara, pues el monarca había cogido estilos diferentes.

Pero el castillo no se quedaba en simple decoración o belleza artística, Luís II era un amante del progreso e incluyó en él todos los avances que pudo, que conocía y que llegó a inventar; de hecho, contiene una completa red de luz eléctrica, el primer teléfono móvil de la historia (con una cobertura de seis metros), e incluso tenía calefacción central desde 1884 lo cual se lograba mediante un sistema de conductos de ventilación por los que circulaba el aire caliente por las habitaciones de los pisos superiores. Había grandes estufas, situadas cerca de la cocina, y se empleaba un montacargas para facilitar el transporte de las enormes cantidades de leña.

Capítulo aparte merece la cocina, que aprovechaba el calor siguiendo reglas elaboradas por Leonardo da Vinci, Tenía agua caliente y fría y asadores giratorios automáticos para asar venados. Esto se lograba mediante el vapor caliente que ascendía por la chimenea y que movía una turbina; este movimiento giratorio se transmitía por medio de un engranaje al asador.

Todo esto pensaba Norberto mientras volvía a atravesar aquellas salas, en las que hasta los muebles de las habitaciones del servicio habían sido hechos con sumo cuidado y en el que los gustos del monarca estaban pintados en cada una de las paredes, todas aquellas leyendas germánicas que su amado Wagner había plasmado en grandilocuentes óperas estaban ahí: en el vestíbulo inferior Sigfrido daba la bienvenida; y sin tiempo para respirar se estaba ya en la sala del trono, de estilo bizantino, dorada, hermosa, de dos pisos, arriba de todo, la cúpula estrellada de la que colgaba una impresionante lampara, en apariencia de oro y piedras preciosas, pero que no era sino latón chapado en oro e incrustaciones de cristal teñido de bohemia; y en el mosaico del suelo representan la Tierra con sus plantas y animales; en las paredes se pueden ver a algunos representantes de imperios precristianos; las pinturas de la zona del ábside muestran a Cristo, a los doce Apóstoles y a seis reyes santos, y las pinturas murales presentan hechos de los anteriores y de otros santos; se continuaba con el impresionante comedor hecho en su gran mayoría con roble y Como en todas las estancias privadas del rey, los textiles están trabajados de manera muy lujosa, aquí de seda roja con bordado en oro y orla; pero todo ello era superado por el impresionante dormitorio en el que Tristan e Isolda vivían una y otra vez sus aventuras reflejadas para la inmortalidad en los muros y en el que una bandada de objetos-cisnes decoraban la habitación; una preciosa capilla que reflejaba su unión hacia la dinastía borbónica continuaba la visita; además de un vestidor, un salón en el que Lohegrin volvía a ser un heroe; e incluso una gruta que daba a un despacho que custodiaba Tannhäuser y tantas bellas salas para culminar en la impresionante sala de los cantores, el proyecto predilecto del Rey junto con la sala del trono, y que es todo un monumento a la cultura caballeresca medieval.

Fue entonces cuando Norberto se dio cuenta de que había pasado tanto tiempo revisando aquel hermoso lugar que el tiempo se le había pasado ampliamente, de hecho, iba llegar impuntual, y no había cosa que odiasen más los alemanes.

Así que atravesó la innovadora cocina y volvió a salir para dirigirse al lugar de inicio, en donde la taquillera le guió por una zona de oficinas, que naturalmente nunca había visto “¡el viaje acaba de comenzar!” pensó. Una vez dentro de un despacho, la conservadora, mujer de aspecto rudo, gruesa y en general muy alemana; sin mediar palabra le cogió los permisos y empezó a examinarlos con las gafas que llevaba colgadas de una cadenita, probablemente de oro.

-Espero que sepa el enorme privilegio que tiene accediendo a este lugar –dijo severamente y sin mirarle- aquí no se admite a cualquiera, y mucho menos a estudiantes; no obstante, los largos trámites burocráticos que inició casi desde su llegada a Alemania le han permitido llegar, debo reconocer que es usted un ejemplo de constancia, felicidades –dijo sin el menor sentimiento.

Norberto nunca se había parado a pensar demasiado en como serían esos archivos, había pasado demasiado tiempo intentando acceder a ellos, pero ahora se daba cuenta de que debía ser casi un lugar de máxima seguridad, a saber lo que habría dentro, debería tener cuidado sino quería meterse en un lío.

En ese momento una muchacha joven entró y tras saludarla le dejó una antigua llave encima de la mesa.

-Bien, ya la han traído, procedamos, sígame.

¡Hasta que punto debían ser importantes si hasta las personas que trabajaban dentro estaban encerradas! “¡esto ni la biblioteca del Congreso de los EEUU!” pensó Norberto.

Avanzaron por más oficinas hasta que ya se llegó a una parte claramente virgen, apenas tocada a partir de la muerte de Luís II, no había gran cosa pero las vistas eran una auténtica maravilla.

Tras atravesar un largo pasillo, por fin llegaron a unas dobles puertas en las que aparecía un cartel moderno en el que ponía “archivos”, la conservadora metió la llave, que chirrió dentro de la cerradura hasta que por fin cedió y se abrieron las puertas.

-Como es licenciado en Historia no debería tener que decírselo, pero siempre es mejor dejar claras las cosas, no ponga ningún documento bajo una luz demasiado fuerte, o se deteriorará, procure utilizarla de modo indirecto y mantenga las puertas cerradas.

Y dicho esto le entrego la llave, cerró las puertas y se marchó, pero Norberto apenas la había oído, lo que tenía delante, los míticos y ansiados archivos de Neuschwanstein le habían dejado estupefacto, y por nada positivo.

Lo que tenía delante no eran unos archivos, no era una biblioteca, ¡era un vulgar trastero!, una habitación sin ventanas, mal ventilada y claramente húmeda, muy poco apta para conservar nada, y mucho menos documentos importantes para la historia de un país; de repente comenzó a no extrañarle nada que no dejaran pasar a nadie, ¡aquello era una vergüenza!, ¡una auténtica infamia!. Fue entonces cuando toda la alegría que había sentido, la ansiedad que le corroía desde las pocas semanas antes en que le dieron la autorización empezó a derrumbarse totalmente “en esta situación, podría tardar meses, años, incluso décadas en encontrar algo minimamente interesante, y quizás, ni tan siquiera lo haya” pensó mientras miraba la horrible perspectiva de un lugar oscuro iluminado únicamente por una bombilla que le daba un aspecto aún más tétrico y deprimente a aquel lugar lleno de algunos muebles, cuadros y sobre todo de múltiples lonas blancas que cubrían cajas de cartón, probablemente llenas de archivos parroquiales amarillentos carentes de utilidad para él

Se sentó acongojado en una silla estilo imperio del XIX que no estaba en demasiado mal estado. Entonces tuvo la necesidad de llorar, y aunque intentó evitarlo, una lágrima salió de sus ojos y resbaló por toda su cara.

Continuará…

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7 respuestas a La herencia del Rey loco: capítulo 3

  1. gabriela dijo:

    ¡Ya estoy aquí!La cosa sigue por una buena senda, después de presentarnos al personaje se nos presenta el escenario de forma relajada y sin caer excesivamente en detalles pesados que, seguramente, no aportarían nada y aburrirían al lector hasta hacerle bostezar. Lo que resulta quizás  un poco sorprendente es que tanta seguridad vaya seguida de tanto desastre y mucho  menos en Alemania (en España todo puede pasar) pero al fin y al cabo es ficción y hay que permitirse ciertas licencias (esperemos que no un conflicto diplomático).

  2. A dijo:

           Ya estaba empezando a echar de menos a mi comentarista (ya no tan "compulsiva") favorita y nuestras conversaciones literarias a través de comentarios, pero ¡menos mal que acudió a comentar el nuevo capítulo!.
          Me alegro de que el último capítulo también te haya complacido, sobre todo porque cuando escribo (lo que es muy importante en este relato) sobre cuestiones históricas o artísticas siempre me encuentro en un no saber que hacer, por una parte, no puedo aburrir al lector con intensas descripciones que no vienen a mucho (y que tampoco podría hacer aunque quisiera, ya que visité el lugar una vez y para ser realmente fiel habría que volver allí); pero por otra parte siempre pienso que la persona no sabrá situarse en un lugar que es real sino le das una descripción, ya que no todo el mundo ha podido estar en el monumento, ¡en fin, que siempre tengo una lucha interior!, ¿que opinas?.
          Por cierto, ¿a que te refieres exactamente con "Lo que resulta quizás  un poco sorprendente es que tanta seguridad vaya seguida de tanto desastre y mucho  menos en Alemania"?
          En cualquier caso, sigues una manera de actuar muy española de automenosprecio que es absurda a mi modo de ver; en cuanto a la coservación, he estado en varios palacios de diversas actuales repúblicas y de monarquías y puedo asegurarte que no hay color, los de las segundas están mejor cuidados y realmente siguen teniendo "vida", tal vez, porque siguen teniendo sentido; y aunque en España hay cosas a este nivel que están mal (como la prohibición ridícula de hacer fotos para sacar rentabilidad al copyright de las obras) cosa que en diversos lugares de Alemania no era así, este castillo acumulaba todos los defectos del capitalismo turístico atroz (incluído lo de las fotos o la obligación de la visita guiada), de hecho, te recordaré un fragmento del capítulo 2:
    "Afortunadamente para Norberto, que odiaba profundamente a esos turistas de “información ligerita, foto y adios” (y que por encima eran los más frecuentes debido a las dificultades para llegar a ese lugar, con lo que los turistas iban gracias a los grandes grupos de viajes que organizaban excursiones másivas con horrendas visitas guiadas -que Norberto tuvo la oportunidad de vivir- en las que se iba a toda prisa, porque al fin y al cabo, detrás venía otro grupo) no estaban en temporada alta, con lo cual, tendría la oportunidad de revisitar esos paraísos de imaginación y soledad de Luis II tal como el monarca los había imaginado y deseado.
          Lo cierto es que, cada vez que iba allí y lo veía cargado de aquellos turistas no dejaba de pensar en la enorme vergüenza y horror que sentiría aquel Rey si viera sus parajes invadidos por semejante plebe inculta y sin ningún interés por aprender o entender; de hecho, Norberto había llegado a la cruel conclusión de que se había prostituido totalmente al monumento."
          En cuanto a los verdaderos archivos del castillo, ignoro si los hay realmente, esa parte es una de las pocas que es pura ficción, pero quizás no tanto, porque no me creo que más de 300 habitaciones estén totalmente desocupadas, porque lo que si es cierto, es que todos los museos tienen lugares para oficinas, restauración, archivos y almacenes donde dejar las obras de arte que no se consideran lo suficientemente buenas como para formar parte de la colección que está a la vista del público (aunque en mejor estado que el que vio Norberto, naturalmente, jajaja).
          Lo del conflicto diplomático lo pensé yo enseguida si se llegaba a publicar y difundir por una editorial (en internet no hay problemas de ese tipo), pero bueno, libros más escandalosos se han escrito, y además en otros ámbitos el lugar recibe muy buena publicidad, y las cosas malas, pueden servirles para mejorar, eso creo yo. En fin, que espero que ningún aleman se indigne con mi relato, que no es mi intención.

  3. gabriela dijo:

    Yo creo que la descripción no es un recurso literario tan fácil de manejar como puede parecer. No obstante, mi opinión es que describir es algo que le gusta más a los escritores que a la mayoría de lectores, que prefieren acción a pesadas descripciones que obedecen más a la necesidad de exhibicionismo del autor (¡oh! ¡cómo manejo el lenguaje! ¡soy un crack de las letras!) que a otra cosa (libros de doscientas páginas se convierten rápidamente en libros de quinientas).Con respecto a mi supuesto automenosprecio, es cierto que no conozco demasiado la situación alemana pero conozco perfectamente la situación de mi pueblo donde algunos edificios y construcciones históricas como el Pasatiempo que conoces bien se encuentran en una situación deplorable, por no hablar de una biblioteca ridícula que margina los archivos a una especie de sótano, por eso cada vez que se habla de conservar el patrimonio, en el que por supuesto incluyo el bibliográfico, se me ponen los pelos de punta y me indigno.

  4. A dijo:

          Totalmente de acuerdo en lo primero; en lo segundo ya tengo más reservas, personalmente, rara vez soporto leer descripciones, básicamente porque prefiero tener libertad de imaginación y, como habrás observado en los otros relatos de Universo de A, no es algo que me preocupe demasiado, de hecho, las descripciones aparecen muy tarde (en segundos capítulos, en Notas de aburrimiento ni siquiera las hay, aunque se debe sobre todo al formato) y las hice casi por obligación; pero La herencia del Rey loco es caso aparte, porque aquí no es que se describan unos sitios que el lector puede imaginar con cierta libertad sin necesidad de que el escritor le vaya llevando de la mano, sino que son sitios muy reales, y se mencionan obras muy concretas por motivos muy concretos (mi descripción del castillo, por ejemplo, no responde a divismo literario, sino que sirve para dar una imagen del monarca, sus gustos y su progresismo tecnológico, ahora bien, en tu opinión ¿lo he logrado o se ha quedado en una mera descripción?) y por eso estoy indeciso permanentemente, porque no todo el mundo tiene que conocer una obra de arte determinada. En cualquier caso, intento dar datos escuetos, digamos "pinceladas" de arte e historia para no aburrir, aunque estas son y serán, las grandes protagonistas de la historia (o eso pretendo).
          Sí bueno, pero eso sucede en todas partes, especialmente en los lugares menos visitados por los turistas donde la conservación del patrimonio importa bastante poco, ¡pero cuidado! es mejor eso que que lo derriben para construir una zona residencial o un centro comercial, lo que ha pasado mucho en muchos pueblos (y en ciudades, echa una ojeada a mi artículo de Noticias y política La caída de los palacios del cine).
          Y bueno, todos sabemos que los lugares que no generan beneficio de algún modo, los políticos se despistan (que por cierto, en mi última visita a ese parque no estaba tan mal, ¿que ha pasado?; por cierto, hablo de él en mi artículo de Viviendo en A Laberintos, laberintos, laberintos) y los descuidan, en Madrid por ejemplo, el poco conocido, y aún así hermoso Parque de la quinta de los molinos era un desastre la última vez que lo visité (y sin embargo verás El Retiro siempre impecable).
           Respecto a las cuestiones de conservación del patrimonio, dejo mi opinión muy clara en algunos artículos de la sección Turismo. 
           En cualquier caso, no creo (aunque no conozco la situación a la perfección) en absoluto que esas cuestiones estén mejor en Alemania, y si fuera así, es indudablemente porque tienen menos patrimonio artístico-histórico que nosotros (no olvides, que España es el segundo país con más patrimonio del mundo; sin mal no recuerdo)

  5. alberte dijo:

    me gusta,sigue interesandome,ya me tarda el siguiente capitulo.

  6. A dijo:

          Gracias, me alegro de poder conseguir mantener tu interés, algo muy importante en un relato por entregas, en cualquier caso, te aseguro que el capítulo 4 (si todo sale como tengo planificado) superará el interés de todos los anteriores (o eso espero)

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